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Templo y liturgia
(07/03/2023)
Leodany Erazo Ramos
1) Introducción
En esta oportunidad haremos la meditación a partir del libro de los Salmos o “Salterio”.
ellos expresan la fe de Israel y también la nuestra.
Quisiera comenzar con un testimonio del mundo hebreo. Pues, este mundo es como el
primer vientre donde se gesta, nace y florece el salterio. El aforismo judaico dice:
«El mundo es como el ojo: el mar es el blanco, la tierra el iris, Jerusalén es la pupila y la
imagen que ella refleja es el templo» (Aforismo judaico).
Esta imagen es muy significativa, pues, constituye una especie de gran zum fotográfico que
delinea toda una realidad esencial. Por ende, no es sólo Jerusalén el centro de interés sino el
Templo. Porque aquí, precisamente en el Templo se da la gran manifestación (o epifanía) de Dios
en la Liturgia.
Naturalmente se considera la liturgia, así como emerge del interior de los salmos, ósea,
como una comunicación del hombre con Dios, pero, en la práctica ella expresa también nuestra
realidad y nuestra experiencia. Ella constituye la materia y el contenido fundamental de la vida de
nuestra Iglesia católica, pues sin liturgia no es posible tener una relación con Dios. (Benedicto
XVI) Diversamente la Reforma protestante, niega el valor absoluto de la liturgia, pues, para ellos
la relación entre el hombre y Dios es inmediata. Ellos hacen culto, pero no hacen liturgia, esto
viene de su doctrina de la justificación, donde no existe la realidad ontológica de la Gracia. Por
tanto, los protestantes como otras religiones no tienen necesidad de la liturgia. Para nosotros, sin
liturgia no hay Iglesia, no existe la presencia del único mediador, Jesucristo.
Comienzo recordando que todo el salterio es un libro que ha estado unido a la fundación
del templo y de la liturgia. Seguramente la liturgia del segundo templo construido
aproximadamente entre los años 537 al 516 a. de C., es el que fue reconstruido después de la caída
de Jerusalén que tuvo lugar en el 586 a. de C. Allí, en el templo se lleva a plenitud el ardor (o
anhelo espiritual) de Israel, por tal motivo, es considerado su corazón espiritual. Por eso, el
Salmista confiesa:
«Señor yo amo la belleza de la casa donde tu habitas, el lugar donde se asienta tu gloria»
(Sal. 26, 8).
«Tus siervos aman sus piedras, sienten compasión de sus ruinas» (Sal 102, 15) Este salmo
102 se refiere a las piedras del Templo de Sión destruido en el año 586 a. de C.
2) Cantos de ascensión
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Ahora, vamos a referirnos a los cantos de la subida al Templo. Que comprenden los
Salmos del 120 al 134, en ellos se expresa la sensación de alegría del peregrino, algo semejante a
lo que nosotros deseamos experimentar al venir al templo, que muchas veces no la alcanzamos a
vivir de manera plena, por determinados factores internos o externos que se interponen en la
voluntad y a la vida espiritual, aunque no faltan las ganas de experimentar la alegría de aquellos
que peregrinan a tu recito santo.
En estos días del inicio de la Cuaresma sería interesante plantearnos algunas interrogantes:
¿Cómo vamos al templo? ¿Cómo entramos al templo? ¿Cómo suelen entrar los que vienen
de lejos, los turistas? ¿Por ejemplo, como se debe entrar a una Catedral o/a un Santuario o una
ermita? ¿Como entran a nuestros templos los peregrinos que vienen de lejos o de cerca?
¿Podríamos ayudar a otros a tener las disposiciones adecuadas para entrar al Templo? En todas
estas experiencias, encontramos representado el pueblo fiel hebreo, que viene de todos los rincones
de la tierra a celebrar las fiestas del Señor. Al respecto el Salmo 122, exclama:
«Que alegría cuando me dijeron: ¡vamos a la casa del Señor! ¡Ya están pisando nuestros
pies tus umbrales Jerusalén!» (Sal 122, 1-2).
Por otra parte, el Salmo 84 presenta aquel hermoso cuadro; él del peregrino que está por
dejar el templo, después de haber estado algunos días en Jerusalén. Da una última mirada al alero
del templo, y ve allí, los nidos de los pájaros, de la golondrina y del gorrión. Y dice para sí,
«afortunados ellos que pueden permanecer aquí, pues, yo me tengo que marchar, pero ellos se
pueden quedar y, más dichosos vosotros sacerdotes que vais a continuar realizando el culto en
este lugar». En efecto, dice el Salmo:
«Hasta el gorrión ha encontrado una casa, para sí la golondrina un nido donde poner a
sus crías: Ante tus altares, Señor de los ejércitos, mi Rey y mi Dios. Dichosos los que viven
en tu casa y sin fin cantan tus alabanzas (acá se refiere a los sacerdotes). Dichoso el
hombre que encuentra en ti su refugio y tiene tus caminos en su corazón (aquí el salmista
expresa el deseo de regresar algún día al templo)» (Sal. 84, 4-6).
3) Dos miradas
Una vez realizada la composición de lugar, vamos a meditar sobre dos consideraciones de
la liturgia. Quiero comenzar con una frase que se encuentra en el libro: Diálogos con Pablo VI,
(1967) del filósofo francés Jean Guitton. Nuestro filósofo dice que la liturgia debe tener siempre
dos características. ¿Vosotros imagináis cuáles pueden ser?
Jean Gitton, al hablar de la liturgia, dice que «La liturgia cristiana debe saber combinar
numen et lumen, ósea misterio y visibilidad, trascendencia y comunión de la asamblea» (Jean
Guitto).
Entonces: «Numen»: significa misterio, trascendencia, presencia de la divinidad en medio
de nosotros. Y por otra parte «lumen», puesto que la liturgia debe ser comprensible, entonces,
debe ser iluminante, debe ser una señal abierta a la asamblea que participa.
3
En consecuencia, estas dos dimensiones, presentan a Dios y al hombre juntos. Además, no
es contradictorio, que el Templo sea definido de manera formidable en el Antiguo Testamento.
Primero, existieron los lugares sagrados donde invocaban el nombre del Señor (época
patriarcal), después la Tienda del Encuentro (santuario portátil, del éxodo, arca de la alianza) y,
finalmente el Templo de Jerusalén (David “deseado” - Salomón “construido”) que es llamado en
hebreo: oel moet, que significa la tienda del encuentro. Donde dos se encuentran, Dios y el
hombre fiel.
También hoy si nos fijamos bien en la liturgia, es sin duda alguna, una mirada a estas dos
realidades; hacia el numen, hacia la trascendencia, el misterio, hacia Dios, hacia Cristo, hacia su
palabra. Por otra parte, es una mirada hacia lumen, es decir, a los hermanos. Pensemos en las veces
que se saluda dentro de la liturgia. Cuantas veces se dice «El Señor esté con vosotros». El Obispo,
por su parte, usa el mismo saludo de Jesús «Shalom», la paz sea con vosotros. Además, ya podemos
nuevamente estrechar las manos, dar el abrazo de paz.
Igualmente, debo señalar que debe haber un equilibrio o contrapeso en estas dos
dimensiones, pues, si sólo se tiene la verticalidad, se corre el riesgo de llegar a una situación que
puede desencadenar únicamente en puro rito mágico, sólo magia o superstición. Es decir, tener
sólo «sacralismo». Recordemos que los profetas fueron implacables al confrontar la magia y la
superstición.
Tampoco, se puede permitir que la liturgia se convierta, únicamente, en una reunión
asamblearia como la de un partido político o club social, ósea, algo sólo comunitario. Eso sería no
sólo inconveniente sino algo errado, porque crearía una situación que puede degenerar en un
verdadero desequilibrio por algún extremo, justamente, en el cruce de la línea vertical con la
horizontal. Siendo una asamblea o más horizontal o vertical. Difícilmente, de esta manera se podría
configurar la gran cruz de la liturgia.
4) La mirada horizontal
Hemos dicho que la segunda mirada «el lumen», se dirige hacia lo visible, hacia la
asamblea, en particular hacia los hermanos, esa es una mirada horizontal. Acerca de este segundo
aspecto, el salterio nos ofrece una luz especial con unos rayos que llegan de manera particular
hasta el cristianismo. No sé si habéis escuchado que dentro del salterio están las llamadas «liturgias
de ingreso».
A este propósito, meditaremos el Salmo 24 y el Salmo 15. En la práctica estos dos salmos
equivalen al acto penitencial de nuestra liturgia eucarística. Allá, en el Antiguo Testamento era
una procesión. La procesión al umbral del templo. Los levitas exigen a los fieles un examen de
consciencia antes de pasar ese umbral. Estos salmos suelen expresar la exigencia exterior, así
como también la interior, o la del «corazón contrito y humillado» para participar del sacrificio.
El Salmo 24 dice:
4
«¿Quién puede subir al monte del Señor?, ¿Quién podrá estar en su recinto santo? Esa es
la pregunta del fiel.
Luego, el levita responde: «El de manos limpias y puro corazón, el que no busca ídolos ni
jura con engaño».
Se ve claramente que las condiciones previas para acceder a los actos cultuales. No son
exclusivamente de tipo externo o extrínseco, ósea, de tipo ritual, aunque también hay algo de esto.
No podemos olvidar toda la legislación del libro del Levítico relativa a el aspecto ritual (Cfr. Lev
6, 3 ss.) o las vestimentas del Sumo Sacerdote (Cfr. Éx 28), son un componente que no deja de
tener su importancia. Sin embargo, el elemento principal, necesario, para participar en la liturgia
hebraica era: «el examen de conciencia y el análisis del corazón».
Por otra parte, en el Salmo 15, encontramos la pregunta de admisión y la respuesta del
levita, formulada con 11 elementos o enunciados.
El Talmud tenía esta frase. «David ha reducido a 11 todos los 613 mandamientos de la
“Torah”», como se conoce, divididos en 365 negativos que corresponden al número de días del
año solar y los 248 positivos o la cantidad de huesos y órganos importantes del cuerpo humano
que se conocían en la antigüedad.
Cristo ha ido más allá de los escribas porque ha reducido a uno (reductio ad unum) toda la
ley de una manera muy particular cuando dice. «El primero es: escucha, Israel: El Señor nuestro
Dios, es el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con
toda tu mente y con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No
existe otro mandamiento mayor que éstos» (Mc 12, 29-31).
Veamos, ahora el examen de consciencia o acto penitencial que ofrece el Salmo 15:
«Señor, ¿Quién vivirá en tu tienda? ¿quién habitará en tu monte santo?»
Entonces, encontramos tres empeños de tipo general, que deberían ser practicados por todos:
1) Caminar con integridad, es decir, tener una conducta integra.
2) La práctica de la justicia.
3) Anteponer la verdad o la sinceridad del corazón.
Cómo se puede ver, estos son elementos estructurales de fondo. Delinean una existencia vivida
y cumplida en plenitud.
Después se especifica esta existencia de manera general. Son 8 empeños que se refieren a la
vida social. Es decir, una vez definida la pureza de la religión se pasa a los compromisos caritativos
o sociales.
5
Que son los siguiente:
1) La lucha contra la calumnia.
2) El respeto del prójimo.
3) El cuidado de la dignidad de la persona.
4) El rechazo de todo negocio o transacción con el mal.
5) La elección del bien y de la fe.
6) El rechazo de cualquier fraude.
7) La cancelación de la usura.
8) La eliminación de la plaga de la corrupción.
Podemos ver en concreto, que se trata de una advertencia. Aquí tenemos propiamente el
«kerigma» o anuncio profético. Es decir, aquel anuncio profético que fue representado de manera
particular por Amos, Oseas, Isaías, Miqueas. Nosotros en estos días de la cuaresma lo recordamos
con la frase que Jesús cita dos veces: «quiero amor y no sacrificios» (Os. 6,6)
De este anuncio, los exegetas o conocedores de la Biblia decían que era una negación dialéctica
o contradictoria, es decir, que para deducir bien en el mensaje no se debe interpretar de manera
literal (en otras palabras, no se puede decir: «amor, tan sólo amor es lo que necesitamos, y más
nada»), lo que dice el profeta Oseas es que necesitamos «si, amor, pero también sacrificios en la
justa medida».
Así mismo, es conveniente leer la predicación que hace Isaías al inicio de su libro. No
olvidemos que Isaías era un sacerdote de la aristocracia, de alto nivel y habla a los príncipes en esa
ocasión, con una vehemencia impresionante. Decía: «Oíd la palabra de Dios, príncipes de
Sodoma, prestad oído a la ley de nuestro Dios, jefes de Gomorra» (Is 1, 10 ss.)
Luego, podemos leer toda una lista, referida a la liturgia. Se trata del culto que es sólo
sacralismo u oblaciones vanas. Isaías llega a decir, que Dios detesta las ofrendas y sacrificio
superficiales. Que Dios se tapa los ojos para no ver las manos levantadas, si esas están llenas de
sangre. Llega hasta decir con vehemencia ¿por qué venís a pisotear mis atrios? O ¿Quién os ha
solicitado que andéis pateando mis atrios? (v.12) (Cfr. Is 1, 10-20). Según Isaías, Dios no tolera
que delito y culto estén juntos. Al respecto, responderá Amós: «qué fluya como un río la justicia
y como un torrente el derecho» (Cfr. Amos 5,24) Esto, hablando contra el culto meramente
exterior.
Por lo tanto, como respuesta a la Palabra de Dios es conviene hacer nuestro acto
penitencial, practicar al sacramento de la reconciliación. Como un componente que permite
necesariamente acceder al culto con autenticidad.
En ese sentido, Jesús tiene su propia liturgia de ingreso. ¿Vosotros la recordáis? Es una
liturgia centrada en aquel único mandamiento, que es el mandamiento del amor.
«Entonces, si al momento de presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas de que tu hermano
tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a
6
reconciliarte con tu hermano. Luego vuelves y presentas tu ofrenda». (Cfr. Mt. 5, 23-24).
Ese es el discurso de la Montaña en el Capítulo 5to de Mateo, versículos 23-24.
Además, San Pablo tiene su liturgia de ingreso. La aplica propiamente a la Eucaristía. En
la Primera Carta a los Corintios en el Capítulo 11, 27.
«Por tanto, quien coma el pan o beba el cáliz del Señor indignamente, será reo del cuerpo
y de la sangre de Cristo. Así que cada cual se examine interiormente antes de comer el pan
y beber del cáliz, pues quien come y bebe sin discernir el Cuerpo (sin reconocer el Cuerpo
de Señor), come y bebe su propia condena» (1Cor 11,27-29)
También, allí en la Iglesia de Corintio la ley del amor había representado un desequilibrio,
porque el ágape, la cena, dentro de la cual estaba incrustada la Eucaristía, revelaba la división que
existía dentro de la comunidad. He aquí, que, para ir a la comunión con Dios, con un solo pan, con
un solo cáliz, se necesita un solo Cuerpo. Es decir, se necesita la comunión entre nosotros como
hermanos.
5) La mirada vertical
Esta dimensión vertical es una presencia viva, es presencia viva porque atrae a todos los
pueblos. Por eso, está el gran canto de Sión que encontramos en el Capítulo 2do de Isaías, los
primeros 5 versículos. Isaías, el Dante de la poesía hebrea. Representa un tipo de grande sudario
que se extiende por todo el mundo. De improviso hay un rayo de luz en Sión, un monte que no es
el más grande, es un monte modesto. Pero se siente un gentío que va en procesión a Sión y de Sión
sale la Palabra de Dios. Estos pueblos que eran enemigos entre sí dejan caer las espadas, las lanzas
que los hacías hostiles si ponen a construir arados y podaderas. Es decir, de la guerra pasan a la
paz, la armonía que los hace a todos hermanos. Esto es posible porque en la liturgia del templo
está presente Dios.
«Visión que tuvo Isaías, hijo de Amós, tocante a Judá y Jerusalén. Sucederá en días
futuros: el monte de la Casa del Señor se afianzará en la cima de los montes, se alzará por
encima de las colinas. Confluirán a él todas las naciones, acudirán pueblos numerosos.
Dirán: “venid, subamos al monte del Señor, a la Casa del Dios de Jacob, para que él nos
enseñe sus caminos y nosotros sigamos sus senderos” Pues de Sión saldrá la Ley, de
Jerusalén la palabra de Señor. Juzgará entre las gentes, será árbitro de pueblos
numerosos. Forjarán de sus lanzas podaderas. No levantará la espada nación contra
nación, ni se ejercitarán para la guerra. Adelante, Casa Jacob, caminemos a la luz del
Señor» (Is 2, 1-5)
Luego, esta luz nos hace mirar la gran figura que está delante de nosotros. Jesucristo, en su
presencia real en la Hostia consagrada. Que completa estas imágenes a partir de Sofonías. Y llega
al Templo de Carne o carnal. Todos sabemos del concepto de Logos (Verbo o Palabra) en el
Evangelio de San Juan 1, 14.
«Y la Palabra se hizo carne y puso su Morada entre nosotros» (Jn 1,14).
7
El verbo S K N; ESKENE’ que significa poner la tienda, SHEKINAH, morada. Entonces,
la carne de Cristo es el nuevo templo. Pero, hay algo más que insinúa San Juan. Él entre otras cosas
es un autor refinado. Si se miran las tres consonantes de la palabra ESKENOSEN de la palabra,
poner la tienda: son S K N, los hebreos cuando definían a Dios en el Templo para evitar de llamarlo
con el nombre sagrado, lo definían con la SHEKINÁ, S K N. Por lo cual, podemos decir, a pesar
de la imagen evidente, que quizá hay una conexión o continuidad con la antigua alianza. Cristo es
la presencia suprema. En su carne. La tienda perfecta, el verdadero templo del encuentro definitivo
con el Padre.
Yo concluyo esta reflexión con dos imágenes y una nota final.
Dentro del salterio la Biblia usa tantas imágenes. Unas muy significativas para representar
la importancia de la liturgia y el templo. El amor por la liturgia y por el templo tiene tantas facetas
y colores. Yo me acuerdo de dos. La primera: Señor mi roca. Salmo 18.
«Te amo, Señor, mi fortaleza, Señor, mi roca y mi baluarte, mi liberador y mi Dios; la roca
en que me amparo, mi escudo y mi fuerza salvadora, mi ciudadela y mi refugio. Invoco al
Señor, digno de alabanza, y me veo libre de mis enemigos» (Sal 18, 3-4).
Este fragmento, es el inicio de un salmo que probablemente es del Rey David, este Salmo
18. Es una letanía de títulos divinos que representan una referencia directa al Templo, como lugar
sagrado, lugar seguro, zona franca. Es decir, quien entraba allí no podía ser arrestado ni condenado
a muerte, era el espacio de protección por excelencia. Esta imagen es muy hermosa y con un
sentido también para nuestro tiempo. Encontrar ahora un lugar seguro, una roca.
Diversamente a lo seguro y estable, el pensamiento actual se expresa con las palabras de
Sociólogo Polaco Zygmunt Bauman, «Modernidad liquida» o sociedad liquida. Donde todo es
líquido, todo es cambiante. Todo es inconsistente, todo es volátil. La mente del hombre de hoy
divaga tantas veces por el pensamiento débil. Todo está sujeto al flujo de las emociones inmediatas.
La moral es una moral emocional. No conoce normas objetivas, sólo elecciones espontáneas,
instintivas.
Pero Señor tu eres solidez, estabilidad, firmeza, verdad. Tu Palabra es una palabra de
ternura, pues,
«Como un águila que vigila a su cría, volando sobre su descendencia, El Señor extendió
sus alas los cogió y los levantó sobre sus alas». (Cfr. Dt. 32, 11).
Gracias Señor, porque tú nos llenas de confianza, esa confianza la encontramos
participando aquí y ahora de esta liturgia. Entrando en tu templo con más consciencia. Volviendo
a encontrar la paz del alma. Estar delante de ti, es algo que emociona y me hace vivir realidades
profundas.

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  • 1. 1 Templo y liturgia (07/03/2023) Leodany Erazo Ramos 1) Introducción En esta oportunidad haremos la meditación a partir del libro de los Salmos o “Salterio”. ellos expresan la fe de Israel y también la nuestra. Quisiera comenzar con un testimonio del mundo hebreo. Pues, este mundo es como el primer vientre donde se gesta, nace y florece el salterio. El aforismo judaico dice: «El mundo es como el ojo: el mar es el blanco, la tierra el iris, Jerusalén es la pupila y la imagen que ella refleja es el templo» (Aforismo judaico). Esta imagen es muy significativa, pues, constituye una especie de gran zum fotográfico que delinea toda una realidad esencial. Por ende, no es sólo Jerusalén el centro de interés sino el Templo. Porque aquí, precisamente en el Templo se da la gran manifestación (o epifanía) de Dios en la Liturgia. Naturalmente se considera la liturgia, así como emerge del interior de los salmos, ósea, como una comunicación del hombre con Dios, pero, en la práctica ella expresa también nuestra realidad y nuestra experiencia. Ella constituye la materia y el contenido fundamental de la vida de nuestra Iglesia católica, pues sin liturgia no es posible tener una relación con Dios. (Benedicto XVI) Diversamente la Reforma protestante, niega el valor absoluto de la liturgia, pues, para ellos la relación entre el hombre y Dios es inmediata. Ellos hacen culto, pero no hacen liturgia, esto viene de su doctrina de la justificación, donde no existe la realidad ontológica de la Gracia. Por tanto, los protestantes como otras religiones no tienen necesidad de la liturgia. Para nosotros, sin liturgia no hay Iglesia, no existe la presencia del único mediador, Jesucristo. Comienzo recordando que todo el salterio es un libro que ha estado unido a la fundación del templo y de la liturgia. Seguramente la liturgia del segundo templo construido aproximadamente entre los años 537 al 516 a. de C., es el que fue reconstruido después de la caída de Jerusalén que tuvo lugar en el 586 a. de C. Allí, en el templo se lleva a plenitud el ardor (o anhelo espiritual) de Israel, por tal motivo, es considerado su corazón espiritual. Por eso, el Salmista confiesa: «Señor yo amo la belleza de la casa donde tu habitas, el lugar donde se asienta tu gloria» (Sal. 26, 8). «Tus siervos aman sus piedras, sienten compasión de sus ruinas» (Sal 102, 15) Este salmo 102 se refiere a las piedras del Templo de Sión destruido en el año 586 a. de C. 2) Cantos de ascensión
  • 2. 2 Ahora, vamos a referirnos a los cantos de la subida al Templo. Que comprenden los Salmos del 120 al 134, en ellos se expresa la sensación de alegría del peregrino, algo semejante a lo que nosotros deseamos experimentar al venir al templo, que muchas veces no la alcanzamos a vivir de manera plena, por determinados factores internos o externos que se interponen en la voluntad y a la vida espiritual, aunque no faltan las ganas de experimentar la alegría de aquellos que peregrinan a tu recito santo. En estos días del inicio de la Cuaresma sería interesante plantearnos algunas interrogantes: ¿Cómo vamos al templo? ¿Cómo entramos al templo? ¿Cómo suelen entrar los que vienen de lejos, los turistas? ¿Por ejemplo, como se debe entrar a una Catedral o/a un Santuario o una ermita? ¿Como entran a nuestros templos los peregrinos que vienen de lejos o de cerca? ¿Podríamos ayudar a otros a tener las disposiciones adecuadas para entrar al Templo? En todas estas experiencias, encontramos representado el pueblo fiel hebreo, que viene de todos los rincones de la tierra a celebrar las fiestas del Señor. Al respecto el Salmo 122, exclama: «Que alegría cuando me dijeron: ¡vamos a la casa del Señor! ¡Ya están pisando nuestros pies tus umbrales Jerusalén!» (Sal 122, 1-2). Por otra parte, el Salmo 84 presenta aquel hermoso cuadro; él del peregrino que está por dejar el templo, después de haber estado algunos días en Jerusalén. Da una última mirada al alero del templo, y ve allí, los nidos de los pájaros, de la golondrina y del gorrión. Y dice para sí, «afortunados ellos que pueden permanecer aquí, pues, yo me tengo que marchar, pero ellos se pueden quedar y, más dichosos vosotros sacerdotes que vais a continuar realizando el culto en este lugar». En efecto, dice el Salmo: «Hasta el gorrión ha encontrado una casa, para sí la golondrina un nido donde poner a sus crías: Ante tus altares, Señor de los ejércitos, mi Rey y mi Dios. Dichosos los que viven en tu casa y sin fin cantan tus alabanzas (acá se refiere a los sacerdotes). Dichoso el hombre que encuentra en ti su refugio y tiene tus caminos en su corazón (aquí el salmista expresa el deseo de regresar algún día al templo)» (Sal. 84, 4-6). 3) Dos miradas Una vez realizada la composición de lugar, vamos a meditar sobre dos consideraciones de la liturgia. Quiero comenzar con una frase que se encuentra en el libro: Diálogos con Pablo VI, (1967) del filósofo francés Jean Guitton. Nuestro filósofo dice que la liturgia debe tener siempre dos características. ¿Vosotros imagináis cuáles pueden ser? Jean Gitton, al hablar de la liturgia, dice que «La liturgia cristiana debe saber combinar numen et lumen, ósea misterio y visibilidad, trascendencia y comunión de la asamblea» (Jean Guitto). Entonces: «Numen»: significa misterio, trascendencia, presencia de la divinidad en medio de nosotros. Y por otra parte «lumen», puesto que la liturgia debe ser comprensible, entonces, debe ser iluminante, debe ser una señal abierta a la asamblea que participa.
  • 3. 3 En consecuencia, estas dos dimensiones, presentan a Dios y al hombre juntos. Además, no es contradictorio, que el Templo sea definido de manera formidable en el Antiguo Testamento. Primero, existieron los lugares sagrados donde invocaban el nombre del Señor (época patriarcal), después la Tienda del Encuentro (santuario portátil, del éxodo, arca de la alianza) y, finalmente el Templo de Jerusalén (David “deseado” - Salomón “construido”) que es llamado en hebreo: oel moet, que significa la tienda del encuentro. Donde dos se encuentran, Dios y el hombre fiel. También hoy si nos fijamos bien en la liturgia, es sin duda alguna, una mirada a estas dos realidades; hacia el numen, hacia la trascendencia, el misterio, hacia Dios, hacia Cristo, hacia su palabra. Por otra parte, es una mirada hacia lumen, es decir, a los hermanos. Pensemos en las veces que se saluda dentro de la liturgia. Cuantas veces se dice «El Señor esté con vosotros». El Obispo, por su parte, usa el mismo saludo de Jesús «Shalom», la paz sea con vosotros. Además, ya podemos nuevamente estrechar las manos, dar el abrazo de paz. Igualmente, debo señalar que debe haber un equilibrio o contrapeso en estas dos dimensiones, pues, si sólo se tiene la verticalidad, se corre el riesgo de llegar a una situación que puede desencadenar únicamente en puro rito mágico, sólo magia o superstición. Es decir, tener sólo «sacralismo». Recordemos que los profetas fueron implacables al confrontar la magia y la superstición. Tampoco, se puede permitir que la liturgia se convierta, únicamente, en una reunión asamblearia como la de un partido político o club social, ósea, algo sólo comunitario. Eso sería no sólo inconveniente sino algo errado, porque crearía una situación que puede degenerar en un verdadero desequilibrio por algún extremo, justamente, en el cruce de la línea vertical con la horizontal. Siendo una asamblea o más horizontal o vertical. Difícilmente, de esta manera se podría configurar la gran cruz de la liturgia. 4) La mirada horizontal Hemos dicho que la segunda mirada «el lumen», se dirige hacia lo visible, hacia la asamblea, en particular hacia los hermanos, esa es una mirada horizontal. Acerca de este segundo aspecto, el salterio nos ofrece una luz especial con unos rayos que llegan de manera particular hasta el cristianismo. No sé si habéis escuchado que dentro del salterio están las llamadas «liturgias de ingreso». A este propósito, meditaremos el Salmo 24 y el Salmo 15. En la práctica estos dos salmos equivalen al acto penitencial de nuestra liturgia eucarística. Allá, en el Antiguo Testamento era una procesión. La procesión al umbral del templo. Los levitas exigen a los fieles un examen de consciencia antes de pasar ese umbral. Estos salmos suelen expresar la exigencia exterior, así como también la interior, o la del «corazón contrito y humillado» para participar del sacrificio. El Salmo 24 dice:
  • 4. 4 «¿Quién puede subir al monte del Señor?, ¿Quién podrá estar en su recinto santo? Esa es la pregunta del fiel. Luego, el levita responde: «El de manos limpias y puro corazón, el que no busca ídolos ni jura con engaño». Se ve claramente que las condiciones previas para acceder a los actos cultuales. No son exclusivamente de tipo externo o extrínseco, ósea, de tipo ritual, aunque también hay algo de esto. No podemos olvidar toda la legislación del libro del Levítico relativa a el aspecto ritual (Cfr. Lev 6, 3 ss.) o las vestimentas del Sumo Sacerdote (Cfr. Éx 28), son un componente que no deja de tener su importancia. Sin embargo, el elemento principal, necesario, para participar en la liturgia hebraica era: «el examen de conciencia y el análisis del corazón». Por otra parte, en el Salmo 15, encontramos la pregunta de admisión y la respuesta del levita, formulada con 11 elementos o enunciados. El Talmud tenía esta frase. «David ha reducido a 11 todos los 613 mandamientos de la “Torah”», como se conoce, divididos en 365 negativos que corresponden al número de días del año solar y los 248 positivos o la cantidad de huesos y órganos importantes del cuerpo humano que se conocían en la antigüedad. Cristo ha ido más allá de los escribas porque ha reducido a uno (reductio ad unum) toda la ley de una manera muy particular cuando dice. «El primero es: escucha, Israel: El Señor nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No existe otro mandamiento mayor que éstos» (Mc 12, 29-31). Veamos, ahora el examen de consciencia o acto penitencial que ofrece el Salmo 15: «Señor, ¿Quién vivirá en tu tienda? ¿quién habitará en tu monte santo?» Entonces, encontramos tres empeños de tipo general, que deberían ser practicados por todos: 1) Caminar con integridad, es decir, tener una conducta integra. 2) La práctica de la justicia. 3) Anteponer la verdad o la sinceridad del corazón. Cómo se puede ver, estos son elementos estructurales de fondo. Delinean una existencia vivida y cumplida en plenitud. Después se especifica esta existencia de manera general. Son 8 empeños que se refieren a la vida social. Es decir, una vez definida la pureza de la religión se pasa a los compromisos caritativos o sociales.
  • 5. 5 Que son los siguiente: 1) La lucha contra la calumnia. 2) El respeto del prójimo. 3) El cuidado de la dignidad de la persona. 4) El rechazo de todo negocio o transacción con el mal. 5) La elección del bien y de la fe. 6) El rechazo de cualquier fraude. 7) La cancelación de la usura. 8) La eliminación de la plaga de la corrupción. Podemos ver en concreto, que se trata de una advertencia. Aquí tenemos propiamente el «kerigma» o anuncio profético. Es decir, aquel anuncio profético que fue representado de manera particular por Amos, Oseas, Isaías, Miqueas. Nosotros en estos días de la cuaresma lo recordamos con la frase que Jesús cita dos veces: «quiero amor y no sacrificios» (Os. 6,6) De este anuncio, los exegetas o conocedores de la Biblia decían que era una negación dialéctica o contradictoria, es decir, que para deducir bien en el mensaje no se debe interpretar de manera literal (en otras palabras, no se puede decir: «amor, tan sólo amor es lo que necesitamos, y más nada»), lo que dice el profeta Oseas es que necesitamos «si, amor, pero también sacrificios en la justa medida». Así mismo, es conveniente leer la predicación que hace Isaías al inicio de su libro. No olvidemos que Isaías era un sacerdote de la aristocracia, de alto nivel y habla a los príncipes en esa ocasión, con una vehemencia impresionante. Decía: «Oíd la palabra de Dios, príncipes de Sodoma, prestad oído a la ley de nuestro Dios, jefes de Gomorra» (Is 1, 10 ss.) Luego, podemos leer toda una lista, referida a la liturgia. Se trata del culto que es sólo sacralismo u oblaciones vanas. Isaías llega a decir, que Dios detesta las ofrendas y sacrificio superficiales. Que Dios se tapa los ojos para no ver las manos levantadas, si esas están llenas de sangre. Llega hasta decir con vehemencia ¿por qué venís a pisotear mis atrios? O ¿Quién os ha solicitado que andéis pateando mis atrios? (v.12) (Cfr. Is 1, 10-20). Según Isaías, Dios no tolera que delito y culto estén juntos. Al respecto, responderá Amós: «qué fluya como un río la justicia y como un torrente el derecho» (Cfr. Amos 5,24) Esto, hablando contra el culto meramente exterior. Por lo tanto, como respuesta a la Palabra de Dios es conviene hacer nuestro acto penitencial, practicar al sacramento de la reconciliación. Como un componente que permite necesariamente acceder al culto con autenticidad. En ese sentido, Jesús tiene su propia liturgia de ingreso. ¿Vosotros la recordáis? Es una liturgia centrada en aquel único mandamiento, que es el mandamiento del amor. «Entonces, si al momento de presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a
  • 6. 6 reconciliarte con tu hermano. Luego vuelves y presentas tu ofrenda». (Cfr. Mt. 5, 23-24). Ese es el discurso de la Montaña en el Capítulo 5to de Mateo, versículos 23-24. Además, San Pablo tiene su liturgia de ingreso. La aplica propiamente a la Eucaristía. En la Primera Carta a los Corintios en el Capítulo 11, 27. «Por tanto, quien coma el pan o beba el cáliz del Señor indignamente, será reo del cuerpo y de la sangre de Cristo. Así que cada cual se examine interiormente antes de comer el pan y beber del cáliz, pues quien come y bebe sin discernir el Cuerpo (sin reconocer el Cuerpo de Señor), come y bebe su propia condena» (1Cor 11,27-29) También, allí en la Iglesia de Corintio la ley del amor había representado un desequilibrio, porque el ágape, la cena, dentro de la cual estaba incrustada la Eucaristía, revelaba la división que existía dentro de la comunidad. He aquí, que, para ir a la comunión con Dios, con un solo pan, con un solo cáliz, se necesita un solo Cuerpo. Es decir, se necesita la comunión entre nosotros como hermanos. 5) La mirada vertical Esta dimensión vertical es una presencia viva, es presencia viva porque atrae a todos los pueblos. Por eso, está el gran canto de Sión que encontramos en el Capítulo 2do de Isaías, los primeros 5 versículos. Isaías, el Dante de la poesía hebrea. Representa un tipo de grande sudario que se extiende por todo el mundo. De improviso hay un rayo de luz en Sión, un monte que no es el más grande, es un monte modesto. Pero se siente un gentío que va en procesión a Sión y de Sión sale la Palabra de Dios. Estos pueblos que eran enemigos entre sí dejan caer las espadas, las lanzas que los hacías hostiles si ponen a construir arados y podaderas. Es decir, de la guerra pasan a la paz, la armonía que los hace a todos hermanos. Esto es posible porque en la liturgia del templo está presente Dios. «Visión que tuvo Isaías, hijo de Amós, tocante a Judá y Jerusalén. Sucederá en días futuros: el monte de la Casa del Señor se afianzará en la cima de los montes, se alzará por encima de las colinas. Confluirán a él todas las naciones, acudirán pueblos numerosos. Dirán: “venid, subamos al monte del Señor, a la Casa del Dios de Jacob, para que él nos enseñe sus caminos y nosotros sigamos sus senderos” Pues de Sión saldrá la Ley, de Jerusalén la palabra de Señor. Juzgará entre las gentes, será árbitro de pueblos numerosos. Forjarán de sus lanzas podaderas. No levantará la espada nación contra nación, ni se ejercitarán para la guerra. Adelante, Casa Jacob, caminemos a la luz del Señor» (Is 2, 1-5) Luego, esta luz nos hace mirar la gran figura que está delante de nosotros. Jesucristo, en su presencia real en la Hostia consagrada. Que completa estas imágenes a partir de Sofonías. Y llega al Templo de Carne o carnal. Todos sabemos del concepto de Logos (Verbo o Palabra) en el Evangelio de San Juan 1, 14. «Y la Palabra se hizo carne y puso su Morada entre nosotros» (Jn 1,14).
  • 7. 7 El verbo S K N; ESKENE’ que significa poner la tienda, SHEKINAH, morada. Entonces, la carne de Cristo es el nuevo templo. Pero, hay algo más que insinúa San Juan. Él entre otras cosas es un autor refinado. Si se miran las tres consonantes de la palabra ESKENOSEN de la palabra, poner la tienda: son S K N, los hebreos cuando definían a Dios en el Templo para evitar de llamarlo con el nombre sagrado, lo definían con la SHEKINÁ, S K N. Por lo cual, podemos decir, a pesar de la imagen evidente, que quizá hay una conexión o continuidad con la antigua alianza. Cristo es la presencia suprema. En su carne. La tienda perfecta, el verdadero templo del encuentro definitivo con el Padre. Yo concluyo esta reflexión con dos imágenes y una nota final. Dentro del salterio la Biblia usa tantas imágenes. Unas muy significativas para representar la importancia de la liturgia y el templo. El amor por la liturgia y por el templo tiene tantas facetas y colores. Yo me acuerdo de dos. La primera: Señor mi roca. Salmo 18. «Te amo, Señor, mi fortaleza, Señor, mi roca y mi baluarte, mi liberador y mi Dios; la roca en que me amparo, mi escudo y mi fuerza salvadora, mi ciudadela y mi refugio. Invoco al Señor, digno de alabanza, y me veo libre de mis enemigos» (Sal 18, 3-4). Este fragmento, es el inicio de un salmo que probablemente es del Rey David, este Salmo 18. Es una letanía de títulos divinos que representan una referencia directa al Templo, como lugar sagrado, lugar seguro, zona franca. Es decir, quien entraba allí no podía ser arrestado ni condenado a muerte, era el espacio de protección por excelencia. Esta imagen es muy hermosa y con un sentido también para nuestro tiempo. Encontrar ahora un lugar seguro, una roca. Diversamente a lo seguro y estable, el pensamiento actual se expresa con las palabras de Sociólogo Polaco Zygmunt Bauman, «Modernidad liquida» o sociedad liquida. Donde todo es líquido, todo es cambiante. Todo es inconsistente, todo es volátil. La mente del hombre de hoy divaga tantas veces por el pensamiento débil. Todo está sujeto al flujo de las emociones inmediatas. La moral es una moral emocional. No conoce normas objetivas, sólo elecciones espontáneas, instintivas. Pero Señor tu eres solidez, estabilidad, firmeza, verdad. Tu Palabra es una palabra de ternura, pues, «Como un águila que vigila a su cría, volando sobre su descendencia, El Señor extendió sus alas los cogió y los levantó sobre sus alas». (Cfr. Dt. 32, 11). Gracias Señor, porque tú nos llenas de confianza, esa confianza la encontramos participando aquí y ahora de esta liturgia. Entrando en tu templo con más consciencia. Volviendo a encontrar la paz del alma. Estar delante de ti, es algo que emociona y me hace vivir realidades profundas.