Virtualidad & Conocimiento




     Álvaro Cuadra (Compilador)
          Miguel Arredondo
           Reina Barroso
          Javiera Carmona
          Eduardo Hamuy
          Gumercindo Pinto
            Leticia Rojas
             Víctor Silva
            Carlos Tapia
TABLA DE CONTENIDOS
Presentación                                                                    3
Álvaro Cuadra


Primera Parte: Aproximaciones teóricas a lo virtual


Epistemocrítica de la e -comunicación                                           10
Álvaro Cuadra


Estudios visuales, virtualidad y e-comunicación
Devorando las miradas: iconofagia, y virtualidad en crisis de representación
Víctor Silva Echeto                                                             30

Los soportes de intermediación
Algunas consideraciones teóricas alrededor de docencia, arquitectura y
virtualidad                                                                     44
Carlos Tapia Martín


Etnografía de cibernativos o cuando el terreno está en pantalla                 70
Javiera Carmona


Segunda Parte: Virtualidad y Educación


El Cibercrimen
Una mirada crítica desde la pornografía infantil en Internet
Reina Barroso Toledo


Pensar la educación desde las luces y sombras de la sociedad de la
información
Miguel Ángel Arredondo


La gestión del conocimiento en comunidades del mundo e-learning
Generando conocimiento a través de un viaje a comunidades sin fronteras
Gumercindo Pinto Devia


La cortesía virtual en la autorización de los entornos de Español como Lengua
Extranjera (ELE)
Leticia Rojas Castro


¿Cómo riego cuando llueve?
Estrategias para cultivar la tecnología en la Educación Superior
Eduardo Hamuy


      CC eBook. Santiago de Chile. 2010.
                                       VERSON RESUMIDA.
       AUTORIZADA TODA REPRODUCCION CITANDO FUENTE Y AUTOR




                                             2
Presentación




Las páginas que constituyen esta compilación, y a la que hemos puesto el título de
Virtualidad & Conocimiento, reúne un conjunto de trabajos inéditos de académicos
e investigadores de diversas latitudes que comparten una misma inquietud: las
transformaciones culturales y epistemológicas derivadas de la irrupción de las
nuevas tecnologías digitales. Cada uno de los artículos se hace cargo, en efecto,
de una mirada particular que subraya aspectos específicos de la cuestión, sea
desde el ámbito propiamente teórico, sea desde las prácticas asociadas al
quehacer científico social y educacional.

Las nuevas tecnologías numéricas están demoliendo un “régimen de significación”
anclado en la escritura alfabética que nos acompañó durante los últimos tres
milenios, instituyendo una “economía- cultural” basada en el papel impreso
(periódicos, revistas, libros, bibliotecas) y un “modo de significación” que
regimentó el “sensorium” y el imaginario histórico social de varias generaciones.
En el límite, asistimos al nacimiento de una nueva civilización que se aleja de
aquella “grafósfera”, como principio de estructuralidad y se acerca aceleradamente
a la “videósfera”, mundo virtual e hipermedial. Un mundo donde la capilaridad de
una HÍperindustria Cultural cubre el planeta entero.

Las llamadas nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC’s) han
generado una desestabilización tanto ontológica como gnoseológica. Nuestra
concepción sobre la “realidad” es puesta en tensión por una mutación profunda de
nuestras categorías espacio-temporales, aquello que algunos han llamado
“compresión espacio-temporal”. Esta verdadera revolución de la percepción, nos
obliga a revisar nuestras posibilidades de representación de lo “real”, la noción
misma de “signo”, bien merece una revisión. Tal como lo anunciara J.F. Lyotard, el
“saber” mismo cambia de estatuto en esta nueva era hipermoderna.

En un mundo como el descrito, donde la comunicación adquiere la forma de
“Comunicación Mediada por Computador” (CMC), y los diversos dispositivos
tecnológicos catalizan fenómenos sociales y culturales a nivel global, la ciencia y,
en particular, las ciencias sociales, no podrían estar ajenas a esta revolución. Ya
hay en el mundo algunas iniciativas en torno a la e-Social Science y se están
llevando a cabo las primeras investigaciones en Etnografía Virtual, para explorar el



                                         3
nuevo mundo que se avizora. Las nuevas tecnologías están transformando las
ciencias sociales tanto en sus fundamentos epistemológicos, como en el proceso
mismo de creación, gestión, difusión y evaluación de nuevo conocimiento.

Las ciencias sociales en América Latina han comenzado ya a ocuparse,
tímidamente todavía, de este nuevo fenómeno tecno-socio-político y cultural. Con
cierta lentitud, los encuentros, conferencias y trabajos, comienzan a reflexionar
sobre el advenimiento de las tecnologías digitales. Del mismo modo, las políticas
públicas de los gobiernos de la región empiezan a ocuparse de estos temas,
asociados, como es natural a las desigualdades sociales implícitas en categorías
como, por ejemplo, “brecha digital”. Asimismo, instituciones internacionales como
el PNUD ha dedicado un extenso informe sobre el impacto social y cultural de las
TIC’s (PNUD Chile, 2006).

En el mundo académico, la investigación etnográfica virtual está en pañales, son
escasos aún los equipos dedicados a este campo, más escasas las publicaciones.
Los nuevos soportes tecnológicos, no obstante, crean las condiciones de
posibilidad, precisamente, para que la e-Social Science genere nuevas prácticas
científicas de carácter deslocalizado, descentralizado, colaborativo y en red. Así, el
intercambio de datos y documentos, la conformación de foros, la edición de textos
en formato eBook o de revistas electrónicas ha dejado de ser una utopía. En un
espacio desterritorializado, ha dejado de ser una ilusión que expertos de distintas
latitudes sumen sus esfuerzos en una empresa investigativa común. Esto posee,
sin duda, un importante alcance político, pues las nuevas redes de cientistas
sociales rompen, por decirlo así, la clásica hegemonía Norte-Sur, para avanzar en
un rico diálogo Sur-Sur.

Hemos organizado esta compilación en dos grandes ámbitos. En primer término
presentamos cuatro aportes teóricos sobre nociones como virtualidad, e-
comunicación e intermediaciones. En segundo lugar, se incluyen una serie de
artículos que buscan problematizar diversos aspectos relativos al e – learning y,
más ampliamente, la educación. Por su tremenda actualidad e importancia, hemos
incluido un trabajo en torno al cibercrímen. El primer artículo aborda directamente
el problema de los modelos comunicacionales en la era de la CMC y el
advenimiento de la e-Science. Este artículo se propone una aproximación de
inspiración etnográfica virtual a la llamada e-Ciencia. Tal empresa no es posible
sin atender antes a las condiciones de posibilidad que configuran este momento
histórico, a saber la convergencia tecnocientífica de la logística, las
telecomunicaciones y los lenguajes multimediales que se materializan en la CMC
(Comunicación Mediada por Computador). Las mutaciones en curso reconfiguran
tanto la dimensión epistemológica como política del quehacer científico en el siglo
XXI.

En el artículo sobre Estudios Visuales, Virtualidad y e-Comunicación, el
investigador uruguayo, doctorado doctor de la Universidad de Sevilla, Víctor Silva
Echeto sostiene: “Los estudios visuales, emergen como campo problemático de
investigación, en la medida en que diversos/as investigadores/as plantean la


                                          4
urgencia de pensar lo visual en crisis de representación. Esto es, como un traslado
de la mirada hacia un no lugar donde convergen el arte, la publicidad y la
informática”. Por su parte, el investigador español, Carlos Tapia, doctor arquitecto
de la Universidad de Sevilla escribe: “Si lo etnográfico para un grupo de carácter
virtual consistiría redundantemente en reflexionar sobre los datos que los
miembros del grupo aportan a su rasgo distintivo, la contribución de este trabajo
se distinguiría por donar un ámbito cualitativo, intensificador, en aquellos atributos
informacionales sobre los que todos los miembros reconocen su pertinencia. Así,
la cultura queda como marco referencial, donde insertar en ese soporte necesario
las nociones de comunicación, tecnología y desmaterialización, con todo lo que
conlleva: hipertextualidad, conectividad, accesibilidad, re-identidad y aparcando
por un momento algunos riesgos de fácil identificación como la confusión en lo
electrónico, cuando se hace pasar por virtual. Los dos atributos elegidos, que
podrían ser otros de entre los estudiados en una investigación realizada más
amplia, son el hipertexto y las palabras-clave”

Por último, la doctora en etnohistoria de la Universidad de Chile, Javiera Carmona
nos ofrece un notable estudio comparativo de índole teórico-metodológico en el
cual se contrasta la Etnografía Tradicional con la nueva Etnografía Virtual. El
ciberespacio constituye un universo técnico y cultural desconcertante que pone en
movimiento una variedad de relaciones y representaciones que afectan la
concepción misma de la etnografía, concebida tradicionalmente en un entorno
fuera de línea, en el que predomina las interacciones cara a cara, situadas en un
contexto. Considerar al ciberespacio como un lugar plausible para realizar el
trabajo de campo etnográfico es todo un desafío, pues implica pensar y plantear
bajo nuevos términos varios de los supuestos de la etnografía, como la noción de
espacio, observación participante, tratamiento de las relaciones de campo o los
principios éticos de la investigación, entre otros. Examinar la comunicación
mediada por computador (CMC) requiere un esfuerzo reflexivo constante sobre la
metodología cualitativa en uso, en el marco de un enfoque necesariamente tecno-
social. En este artículo se exploran algunas oposiciones que tensionan el debate
en torno a la etnografía virtual, como si es posible distinguir entre el ámbito on
line/off line que definiría la actividad investigadora, las estrategias y recursos para
la recolección de datos (observación participante y entrevistas en línea), y la
dimensión ética que enmarca esta práctica, elemento presente incluso en la
propuesta de una nueva forma de escritura etnográfica: la etnografía ditigal o
hipermedial.

Completan este libro los artículos de un grupo de investigadores que están
abordando interesantes temas ligados a las prácticas y modos concretos en que
se manifiesta la cibercultura en nuestros días. El doctor candidato, Gumercindo
Pinto, aborda los problemas planteados por el e-learning. La gestión del
conocimiento en comunidades del mundo e-learning explicita la realidad virtual en
beneficio de la e-docencia y del desarrollo humano. Este escenario proporciona
diferentes aproximaciones hacia el mundo de la educación, apreciables en
situaciones que permiten dimensionar la trascendencia y el significado del cómo
emerge el aprendizaje en los e-estudiantes que realizan procesos educativos en


                                          5
plataformas virtuales en beneficio de su propio desarrollo personal, institucional y
familiar. En el artículo se confrontan visiones teóricas y prácticas que intervienen
en la realidad virtual, desde el ámbito del e-saber, de la e-docencia, de la
interacción, en la desterritorialidad educativa que genera la metodología e-
learning, que navega en busca de las realidades que provoca el encuentro y la
vida en común del hombre, la tecnología, la educación y la sociedad.

La académica venezolana, Magíster en Comunicación, Reina Barroso nos
propone una exploración etnográfica un tema tan polémico como sensible y que
lleva por título “Cibercrímen: Una mirada crítica desde la pornografía infantil en
Internet”.El concepto cibercrimen aún no es definido con precisión en los ámbitos
del derecho y la criminalística, pero por lo general se usa para referirse a delitos
cometidos en o a través de medios informáticos, electrónicos que atenten contra
terceros en cuanto a integridad, confidencialidad o disponibilidad de información
en Internet. Así como el alcance del término es incierto y parte de un debate en
curso con distintas aristas en cada país, la misma condición vacilante está
presente para establecer una tipología de los ciber-delitos. Las fluctuaciones en
establecer los límites y marco del fenómeno de la delincuencia informática también
dificulta el desarrollo de iniciativas para combatirlo que en la actualidad se expresa
en la suscripción a las convenciones internacionales sobre ciberdelitos promovida
como instrumentos globales frente a los delitos en Internet. El caso particular de la
pornografía infantil es una preocupación a nivel mundial que no logra un marco
jurídico de consenso suficiente por la variabilidad de las normas jurídicas de cada
país basadas muchas en principios de territorialidad, sino también por las
características particulares del delito, donde destaca la enorme dificultad para la
detección y persecución del éste ante la posibilidad de anonimato que ofrece
Internet fuera de las coordenadas espacio-temporales con las que han sido
formuladas las leyes para los delitos “tradicionales”. La posición y medidas
adoptadas por los países latinoamericanos frente al delito de pornografía infantil
en la red se examina prestando atención a los indicadores que revelan las
características actuales del fenómeno.

El doctor de la Illinois University (Chicago, USA), Miguel Arredondo, indaga sobre
el lugar de la educación en la llamada sociedad de la información. Algunos de los
profetas sobre el futuro de las nuevas tecnologías en la sociedad de la información
sostienen que el aula del futuro no tendrá libros, pupitres ni lápices. Pero el
elemento que persiste en esta futura transformación es el profesor, figura que se
sitúa ante el oráculo tecnológico desde la actitud optimista pasando por la
indiferencia e incluso rechazo. Más allá del partido que el docente adopte, existe
un consenso en afirmar que el entorno social, económico y cultural que nos rodea
ha cambiado en forma sustantiva y radicalmente en los últimos cuarenta años. Tal
cambio ha sido incentivado por la presencia y hegemonía de las Nuevas
Tecnologías de Información y Comunicación (TIC’s); apreciable en las
transacciones económicas y comerciales, en el uso del tiempo libre y de ocio, en
la gestión interna de empresas e instituciones y en las actividades profesionales.
Las TIC’s comienzan a ser un hecho evidente e imparable en nuestras vidas
¿Cómo se está repensando la educación en este contexto de la sociedad de la


                                          6
información? Muchos especialistas plantean que se debe integrar las nuevas
tecnologías en el sistema y cultura escolar y que hay que reestructurar los fines y
métodos de la enseñanza. Asimismo, es preciso considerar nuevos roles para
docentes y alumnos, la formación a través de redes de computadores
(teleformación), revisar y replantear la formación ocupacional a la luz de las
nuevas exigencias sociolaborales impulsadas por las nuevas tecnologías y
desarrollar acciones de educación no formal: la alfabetización tecnológica para el
desarrollo social y comunitario.

La académica y doctorante, Leticia Rojas, aborda la cortesía virtual, un tema nada
desdeñable en los protocolos de la comunicación en la era de la CMC. La
dinámica agitada de las interacciones comunicacionales de corte impersonal,
efímero y precipitado pareciera que relega la cortesía a un segundo plano,
dejándolas para las conversaciones telefónicas y cara a cara. La comunicación
eficaz, cara a cara o mediada por computador, contempla el dominio de las
buenas maneras en los enunciados, compuestas por la cortesía, la discreción, la
formalidad y la ética.

Las formas de comportamiento, y la cortesía en general, varían de acuerdo a la
coordenada espacio-temporal, hecho que se magnifica cuando el espacio de
interacción es virtual. En el cas puntual del rol del tutor virtual de español como
lengua extranjera va más allá de la enseñanza del idioma pues se convierte en
difusor de una cibercortesía social que le permite al alumno desenvolverse
adecuadamente en el ejercicio de la lengua en un contexto cultural determinado
definido por formas de comportamiento predominantes. En la medida en que los
alumnos se apropian de cada fórmula de cortesía y la ponen en práctica no sólo
establecen mejores relaciones interpersonales, sino también se sumergen de
manera más plena en el marco cultural en el que se despliega una lengua. En el
ámbito de la educación propiamente tal, la mejor forma de enseñar la cortesía es
haciendo uso constante de ella en el aula, ya sea presencial o virtual. El desafío
está en introducir un “virus” que infecte mensajes, frases, preguntas, respuestas…
el virus de la cibercortesía.

Por último, el académico Eduardo Hamuy, Diseñador, Magíster en Educación y
Magíster en Didáctica Proyectual, merodea en torno a la tecnología como
herramienta de aprendizaje.Los esfuerzos que un país hace por integrar las TIC,
se dan tanto a nivel macro como micro, y se asemejan a regar.            Cultivar la
integración de las TIC en las instituciones y el país, requiere de una estrategia de
“riego” que se adapte al terreno, a los recursos disponibles (siempre escasos) y
resulte efectiva, es decir, aproveche los recursos de manera eficaz con la menor
pérdida. ¿Se trata de invertir en la distribución de muchos computadores e
infraestructura de redes, cómo un riego tendido? Un factor importante a considerar
son los aspectos de las culturas institucionales que les hacen en mayor o menor
grado permeables a aprovechar los recursos. Considerando lo volátil que resulta
la inversión en TIC por su rápida obsolescencia este aspecto es importante de
considerar.



                                         7
Si examinamos las instituciones de educación superior, podemos observar que
hay resistencias a los cambios que presenta la tecnología a sus prácticas
tradicionales. Las nuevas formas de participación que presenta el fenómeno
llamado la Web 2.0, genera gran adhesión en estudiantes y les empodera en su
proceso de aprendizaje. Estas nuevas tendencias se presentan como amenazas u
oportunidades para los académicos y los planificadores de políticas sociales. No
obstante, a pesar del entusiasmo que generan, aun no hay evidencias claras de
que estas redes sociales logren garantizar mejores aprendizajes sin la labor
orientadora y mediadora de los maestros.

Virtualidad y Conocimiento ha sido posible gracias a la colaboración de este
notable conjunto de académicos e investigadores que han sido convocados a esta
empresa por el Programa de Doctorado en Educación y Cultura en América
Latina, de la Escuela Latinoamericana de Postgrados (ELAP) de la Universidad de
Arte y Ciencias Sociales (ARCIS). A todos ellos, vayan pues nuestros más
profundos agradecimientos. Asimismo, no podemos dejar de mencionar y
agradecer a las autoridades de nuestra casa de estudios por el decidido y
permanente apoyo a la investigación y la difusión de nuevo conocimiento.




                                                        Dr. Álvaro Cuadra


Santiago de Chile, enero de 2010.




                                       8
Primera Parte:


Aproximaciones teóricas

      a lo virtual




           9
Epistemocrítica de la e-comunicación
 Elementos para una etnografía virtual de las prácticas científicas
                        en la era digital



                                                     Álvaro Cuadra




1. La CMC: Comunicación Mediada por Computador

1.1. Los modelos comunicacionales

Antes de emprender cualquier análisis comunicacional de cualquier índole, es
imprescindible esclarecer algunas de las mutaciones epistemológicas verificadas
en este campo disciplinario. Pensar los fenómenos comunicacionales exige una
revisión crítica de los supuestos y modelos al uso, poniendo en evidencia sus
límites e inconsistencias.

La cuestión puede ser planteada en toda su radicalidad si atendemos a la irrupción
de nuevos soportes tecnológicos que han abierto un extenso campo de reflexión.
En efecto, la llamada CMC (Computer Mediated Communication) es el objeto de
estudio de la llamada “Etnografía Virtual” (Hine 2004) que ha venido
desarrollándose desde hace algunos años en Gran Bretaña y otras partes del
mundo.

Una de las paradojas teóricas de nuestro tiempo, radica en el hecho de que junto a
las grandes mutaciones tecnocientíficas que redefinen el fenómeno de la
comunicación, los modelos que pretenden explicarlo son de inspiración logocéntrico
y literaria. Este déficit teórico ha sido advertido por autores como Jameson1, por

1En el momento histórico en que se produce la irrupción de lo mediático, es justamente el momento en que lo literario, el

logocentrismo, se convierte en el paradigma teórico e ideológico dominante en los estudios socio – comunicacionales. Enfrentamos,
pues, un déficit teórico – conceptual para dar cuenta de esta nueva cultura que emerge. En este contexto, adquieren inusitada
relevancia las categorías, todavía precarias y generales, como por ejemplo: videósfera, flujos, virtualización entre muchas otras, que
desde su opacidad remiten a un proceso de construcción metalingüística que recién comienza. Álvaro Cuadra. (2004). De la ciudad
letrada a la ciudad virtual. Santiago: LOM, p. 76. Véase, Fredrich Jameson. (1996). “El surrealismo si inconsciente”. En Teoría de la
postmodernidad. Madrid. Ed. Trotta. pp.97 y ss.


                                                                 10
ejemplo. Es claro que este desajuste es un peso a la hora de pensar lo
comunicacional, pues como muy bien nos lo recuerda Vilches: “El nuevo orden
social y cultural que ha comenzado a instalarse en el siglo XXI obligará a revisar las
teorías de la recepción y de la mediación que ponen el acento en conceptos como
identidad cultural, resistencia de los espectadores, hibridación cultural, etc. La
nueva realidad de migraciones de las empresas de telecomunicaciones hacen cada
vez más difícil sostener los discursos de integración de las audiencias con su
realidad nacional y cultural” (Vilches 2001:29).

El fenómeno comunicacional ya no resulta aprehensible desde los modelos al uso,
pues éstos, como todo constructo teórico es un producto histórico. De hecho, la
concepción misma de la noción de “modelo”2 es histórica en cuanto ha sido
definida en diversos momentos del desarrollo epistemológico de las ciencias
sociales. Hoy se entiende por modelo, toda estructura funcionalmente semejante e
isomorfa respecto del fenómeno estudiado: habría que decir entonces que los
modelos actuales ya no son funcionalmente semejantes ni isomorfos respecto del
fenómeno comunicacional tal como se verifica hoy.

De un modo u otro, hoy se anuncia el advenimiento de una nueva civilización cuyas
vigas maestras no son sino la comunicación y el consumo (Vattimo 1990). Lo
comunicacional emerge así como uno de los ejes en cualquier consideración en
torno a la sociedad, la ciencia y la cultura, lo que se ha traducido en las ciencias
humanas en el llamado “giro lingüístico”. Así, la lingüística se convirtió en ciencia
pionera de la antropología primero y de todas las ciencias sociales, más tarde3. Sin
embargo, tal preeminencia de lo comunicacional ha sido, en rigor, una
preeminencia logocéntrica. Este diagnóstico se hace evidente en la tradición
francesa, donde se verifica una estrecha relación de los aportes estructuralistas y la
lingüística de Ferdinand de Saussure. Lo mismo, empero, puede detectarse en los
desarrollos de Austin4 en la llamada filosofía del lenguaje, y los aportes ulteriores,
que ponen de manifiesto su raigambre pragmática lingüística en la taxonomía de
los speech acts (Searle 1969). La langue y la parole han sido las categorías
fundamentales de cualquier reflexión en torno a la comunicación humana.




2 Tanto la noción de modelo que propone Julia Kristeva como tarea a realizar por la semiótica, como la de simulacro de la que habla

Roland Barthes, nos lleva a plantearnos esta ciencia desde el punto de vista de su formalización. Según estos semiólogos, esta nueva
ciencia se encargaría de elaborar constructos, sistemas formales cuya estructura mantendría un isomorfismo con el sistema que se
está estudiando. Este simulacro o modelo representaría un nivel de axiomatización de los diversos sistemas significativos. Así, el nivel
de formalización sería un nivel semiótico. Dos advertencias: en primer lugar, se trata de una definición estructuralista, una de las
posibles, no la única. En segundo lugar, el concepto mismo de modelos escinde la realidad y su representación; podríamos resumir
este punto de vista con el aforismo: el mapa nunca es el territorio. Todo modelo es una representación de fenómenos. Para una
discusión más amplia del concepto de “modelo” en semiología, véase especialmente: D. Apresián. (1975). La lingüística estructural
soviética. Madrid: Akal; Julia Kristeva. (1985). Semiótica. Tomo I. Madrid: Ed. Fundamentos; Umberto Eco. (1981). Tratado de
semiótica general. Barcelona: Ed. Lumen; Roland Barthes. (1971). Elementos de semiología. Madrid: A. Corazón.
3 Para un análisis muy interesante de la relación entre ciencias sociales y la importancia de la lingüística como ciencia pionera, véase

a Claude Lévi-Strauss. (1958). Langage et parenté en Anthropologie Structurale. Paris: Ed. Plon.
4 Las ideas de J. Austin aparecen expuestas en el libro póstumo, compilado en 1962 por J.O. Urmson. How to Do Things with Words.

Oxford: O.U.P. Hay una excelente traducción al español de Carrió y Rabossi. (1971). Palabras y Acciones. Cómo hacer cosas con
palabras. Buenos Aires: Paidos Editorial.


                                                                  11
Tomaremos como modelos de referencia dos aportes teórico comunicacionales
relativamente recientes, a saber: el llamado modelo lingüístico de Roman Jakobson
(1975) y la Teoría de la Acción Comunicativa de Jürgen Habermas (1989)5. Ambos
modelos señalan lo que a nuestro entender han sido los vectores para pensar la
comunicación: Los modelos psicogenéticos y las teorías comunicativas
sociogenéticas.

Nuestra hipótesis de trabajo se instala en un nuevo vector para pensar el fenómeno
comunicacional: una teoría comunicacional en red de índole tecnogenética. Con
ello queremos subrayar el papel constitutivo de la tekhné en la fenomenología
comunicacional. Sostenemos que la actual convergencia tecnocientífica, tanto
logística como de transmisión, ha transformado no sólo los códigos y lenguajes de
la comunicación sino el fenómeno mismo de la comunicación, en su dimensión
psíquica y social.

Se impone una advertencia: no nos anima ninguna tentación “mediológica”6, ni
mucho menos un paradigma sistémico performativo. Desde un punto de vista
teórico, nuestro horizonte es menos ambicioso, queremos describir el papel cada
vez más preponderante de las tecnologías en el ámbito comunicacional, al punto de
transformar las dimensiones propiamente psicogenéticas del fenómeno así como
las prácticas e interacciones sociales asociadas a él.


1.2. Comunicación y memoria: el usuario

En el modelo comunicacional de Jakobson, la noción de “memoria” aparece de
modo tácito asociado al código lingüístico7 Se trata, por cierto de una memoria
inmanente al hablante, es decir, al psiquismo humano. Tanto es así que la “langue”
se define en la lingüística descriptiva como de naturaleza psíquica, mientras que el
habla se entiende como de naturaleza psicofísica. La memoria a la que remite
Jakobson es, en última instancia, una memoria psíquica.




5 Habermas, Jürgen. 1989. Teoría de la Acción Comunicativa. Ed. Taurus, Buenos Aires. Para los efectos de nuestra exposición
utilizamos fundamentalmente los interludios I y II. Interludio Primero: acción social actividad teleológica y comunicación, Tomo I, pp.
351-419. Interludio Segundo: sistema y mundo de la vida, Tomo II, pp. 161-261.
6 Hacemos referencia, desde luego, “mediología”, expuesta en la conocida obra: Régis Debray. (2001). Introducción a la mediología.

Barcelona: Paidós.
7 De hecho, para Ferdinand de Saussure, la lengua funcionaría sobre dos ejes: eje de selección y eje de combinación. El eje de

selección pone a disposición del hablante un repertorio de unidades combinables; por esto también se le llama reserva, memoria o
paradigma. El paradigma es una memoria asociativa en que se articulan oposiciones de modo contrastivo. Se trata, ciertamente, de
relacione in absentia. Un hablante elige los términos que utiliza contrastando unos con otros; así, construye un sintagma. El sintagma
es la combinación concreta de signos; es la actualización que establezca relaciones de contigüidad in praesentia.


                                                                 12
SITUACIÓN
                                        (F. situacional)
                                      ¿Cuándo y dónde lo
                                             dice?

                                          CONTEXTO
                                        (F. referencial)
                                       ¿De qué se está
                                          hablando?

                   EMISOR                MENSAJE                       RECEPTOR
                 (F. emotiva) CANAL     (F. poética)         CANAL    (F. conativa)
                  ¿Quién lo            ¿Cómo lo dice?                ¿A quién se lo
                     dice?                                                dice?

                                            CÓDIGO
                                      (F. metalingüística)
                                       ¿En qué lengua lo
                              Ruido          dice?           Ruido

                                          CONTACTO
                                           (F. fática)
                                            ¿Lo dice
                                      personalmente, por
                                        teléfono, etc.?

                                       Figura Nº 1

Hagamos notar que la oposición entre “paradigma” y “sintagma” remite a una
concepción mecánica en cuanto un “archivo” o “kardex” clasificatorio permitiría la
selección y elaboración de secuencias lineales o cadenas que se despliegan
temporalmente. Ha sido esta concepción la que de un modo u otro ha inspirado los
desarrollos posteriores en las nuevas teorías o gramáticas textuales hasta el
presente. Si bien constituyó un invaluable punto de partida, en la actualidad resulta
más que problemático pensar los “hipermedios” desde esta matriz.

En el modelo comunicacional de Habermas, hay por lo menos tres condiciones de
posibilidad para la comunicación, estas son: el lebenswelt o mundo de la vida, la
cultura toda y el lenguaje. De algún modo, se extiende la noción básica de código,
ya no basta el saber de diccionario, es decir el conjunto de competencias
lingüísticas sino que es imprescindible considerar el saber enciclopédico, esto es,
las competencias histórico-culturales que hacen posible la interacción. El portador
de este saber es, desde luego, un “actor social” capaz de ejecutar actos
comunicativos. Este actor social es pues el portador de una memoria lingüística y
cultural, una memoria psíquica que se expresa socialmente mediante un tramado
de acciones comunicativas cuyo fundamento se encuentra en el habla. La memoria
psíquica se actualiza como habla, es decir como realidad psicofísica que redunda
en actos de habla. Estos actos bien pueden ser de carácter dramatúrgico,
normativo o conversacional, según sea el nivel de referencialidad al que remitan.
Así, las acciones dramatúrgicas remiten al mundo subjetivo, las acciones
normativas al mundo social y las conversaciones al mundo objetivo.




                                           13
MUNDO DE LA VIDA
                                                               CULTURA

                                                               LENGUAJE
                                     A1                                        A2

               MUNDO SUBJETIVO                            COMUNICACIÓN                                   MUNDO
                                                                                                        SUBJETIVO
                       (A 1)                                                                              (A 2)
                                     AC1                                       AC2



                                     MUNDO OBJETIVO                             MUNDO SOCIAL
                                                                                 (A 1 + A 2))
                                                        MUNDO EXTERNO

                                                            Figura Nº 2

La memoria en el modelo comunicacional de Habermas posee dos dimensiones:
por una parte, es memoria psíquica inmanente al lenguaje y por otra, es cultura, es
decir “registro”: psíquica y social al mismo tiempo. La comunicación en este modelo
se concibe como un juego constante de actos de habla. Así entonces, lo social
queda definido como todo acto mediado por el lenguaje. El lenguaje, a su vez, es
memoria psíquica y condición de cualquier forma de memoria social.

Sea que concibamos al “emisor” como origen y fuente de carácter humano o como
“actor” en un tramado de juegos de lenguaje, la memoria aparece como una
facultad humana inmanente al psiquismo. Tal concepción aparece problemática a la
hora de pensar la comunicación en red.

Lo primero que llama la atención es la mutación que sufre el supuesto sujeto de la
comunicación que ha devenido, hoy por hoy, “usuario”. Esta noción sólo es
concebible como una función de sistema red, es decir, parte constitutiva de una red
de flujos interactivos y multidireccionales8. Usuario quiere decir “ser parte activa de”
la red, sea como emisor, sea como receptor, sea como actor o como mero
espectador. Como nuevos Ulises del siglo XXI, los “internautas” navegan por este
océano virtual, siendo red, un modo oblicuo de decir: siendo, “nadie”.

Cualquier modelo comunicacional en red debe hacerse cargo del usuario-nodo,
portador no sólo de una memoria psíquica y social sino que de una tecno –
memoria propia de su entorno. Esta nueva mnemotecnología existe hace más de
medio siglo y se llama, en concreto, disco duro y ha modificado radicalmente la
logística de las comunicaciones, es decir su capacidad de almacenamiento,
mediante los así llamados “sistemas retencionales terciarios”. Cada disco de una
PC es el reservorio tecnológico de una memoria potencial extendida al conjunto de
8 Pensarnos una “función del sistema” como la extensión de la noción de hiperindustrialización de la cultura a todos y cada uno de los

individuos-nodos que la alimentamos cotidianamente en cuanto modo de vida, consumo y deseo, en suma, como modo de ser.


                                                                 14
usuarios a nivel planetario. Es evidente que no todas las memorias son de libre
acceso, no obstante, el conjunto de datos almacenados en cada disco es, en rigor,
una memoria red que puede actualizarse en algún momento. Existe, no obstante,
una red especializada en la función logística, son aquellos nodos que ofrecen
diversas Bases de Datos, sea bajo la forma de bibliotecas virtuales u otras.

El usuario, en cuanto dispositivo funcional del sistema red no sólo lo es en cuanto
nodo interactivo en una red de telecomunicaciones sino también en cuanto reserva
de datos. Esta realidad se ha tornado más evidente con la irrupción de los llamados
blogs. Así, la noción de usuario es el eje de cualquier examen informático o
telecomunicacional (véase figura Nº3)

                            Figura Nº 3




                                                    MEMORIA LOCAL :SRT
                                                    A’
                         USUARIO
                             A                                FLUJOS M
                         EMISOR RECEPTOR
                         INTERACTIVO
                         COMPONENTE
                         FUNCIONAL



                                      CODIGO DIGITAL

                                      LENGUAJE AV

                                      MODALIDAD HIPERMEDIAL
                                      MULTIPOLAR
                                      TODOS A TODOS

                                      TRANSCONTEXTOS REFERENCIALES
                                      TRANSCONTEXTOS NO REFERENCIALES

                                      MEMORIA RED

                                      SISTEMA RETENCIONAL TERCIARIO
                                      LENGUAJE DE EQUIVALENCIA BINARIO DIGITAL




La “memoria local” (A’), contenida en un equipo-usuario (A) resulta ser un sistema
retencional terciario de dos dimensiones: un código base (código binario) y un
repertorio de lenguajes que incluye escritura alfanumérica, imágenes fijas,
imágenes en movimiento y sonido. Las posibilidades de lenguaje están
condicionadas por la “inteligencia” del equipo, mientras que las posibilidades de
comunicación están condicionadas por la calidad de la conexión a la red de
telecomunicaciones. Hagamos notar que si bien la “inteligencia” del equipo es
propia del PC, ésta es patrimonio de la red en cuanto ella hace posible los


                                           15
“lenguajes de equivalencia”, es decir la transmisibilidad (emisión/recepción) y
traducibilidad de los mensajes. En pocas palabras, la “memoria local” no es sino
una manifestación de la memoria red, desde todo punto de vista ésta ha sido
concebida como un “caso” de la memoria red. Por ello, un Modelo Comunicacional
en Red, sólo es concebible como una totalidad multipolar de nodos integrados entre
los cuales se verifican los flujos mensaje, como paquetes de información, según los
códigos y lenguajes patrimonio de la red.


1.3. Referencialidad: contextos y transcontextos

En el modelo lingüístico de Jakobson, se entiende el contexto comunicacional como
el asunto, tema del que trata un mensaje dado9. Se asocia a la función referencial
en cuanto uso denotativo y cognitivo del lenguaje. Todo mensaje porta, por tanto su
referencia. El referente es el objeto extralingüístico que se quiere designar. Es claro
que la asociación entre significado y referencia es bastante opaca, al punto de que
algunos autores redefinen la referencia como un “contenido cultural”10.

El modelo de la acción comunicativa, discrimina con mayor sutileza los diversos
niveles de referencia posibles. En este punto el modelo apela a las tesis de Kart
Popper y Jarvie, proponiendo tres mundos de referencia: el mundo subjetivo, el
mundo social y el mundo objetivo. De manera tal que los distintos actos de habla
van a actualizar, estatuyendo su validez. Por ejemplo, los “actos de habla
representativos”, aquellos susceptibles de ser verdaderos o falsos, adquieren
legitimidad en el mundo objetivo, estatuyendo su pretensión de validez en la
“verdad”, es decir en la conformidad o disconformidad de un enunciado respecto a
la referencia.

Las nuevas condiciones creadas por un nuevo sistema mnemotécnico en red, la
llamada e – Comunicación, ponen en cuestión la noción misma de referencialidad.
Basta pensar en entidades virtuales metafísicamente substantivadas, sea que los
llamemos simulacros o realidades virtuales (Baudrillard 2001). En el contexto
histórico y cultural de la hiperreproducibilidad digital y, por ende, de una
hiperindustrialización de la cultura, la videomorfización ha hecho posible la irrupción
de imágenes anopticas y arreferenciales que, no obstante, constituyen contenidos
culturales hipermasivos. La noción de referencialidad o contexto es desplazada por
la noción de “transcontextos virtuales”, esto es: constructos digitales que operan
como dispositivos en el espacio comunicacional. Al igual que el arte de las


9 El lingüista estadounidense Dell Hymes, ha introducido una modificación al modelo de Jakobson. El punto de Hymes es que la
noción de contexto se refiere tanto al tema o asunto tratado por un mensaje como a la situación o circunstancia concreta en que se da
el mensaje. Así, Hymes propone una séptima función del lenguaje que él llama función situacional, y que se refiere al cuándo y dónde
se efectúa la comunicación. El mismo Hymes sugiere una serie de preguntas para esclarecer un proceso de comunicación. De esta
manera, el modelo de Jakobson se torna mucho más operacional.
10 Estamos pensando, ciertamente, en Eco cuando señala: “Por tanto, si bien el referente puede ser el objeto nombrado o designado

por una expresión, cuando se usa el lenguaje para mencionar estados del mundo, hay que suponer, por otra parte, que en principio,
una expresión no designa un objeto, sino que transmite un contenido cultural”. Umberto Eco (1977). Tratado de semiótica general.
Barcelona: Lumen, p. 121.


                                                                16
vanguardias, la virtualidad emancipa al signo del lastre referencial, sin embargo, tal
emancipación no constituye la abolición de los contenidos culturales.

La cultura en red que adviene con el presente siglo ya no establece una relación
entre una serie sígnica y una serie fáctica admitida como real. Estaríamos más bien
ante una serie sígnica relativamente autónoma respecto de cualquier realidad. Los
transcontextos virtuales, inmanentes a la CMC, se instalan más allá del devenir,
entendido como calendariedad y cardinalidad: estamos ante un espacio ahistórico y
desterritorializado. El actual estadio de nuestro desarrollo cultural escinde la serie
sígnica, es decir el universo de los discursos, de la serie fáctica, entendida como
devenir.

La desestabilización de los sistemas retencionales tiene como consecuencia una
mutación en nuestra relación con los signos, una alteración de nuestra concepción
básica del espacio y del tiempo y una crisis profunda de nuestra noción de
representación. En suma, asistimos a la más radical revolución de nuestro régimen
de significación, tanto en su dimensión económico-cultural como en los modos de
significación11.

Este fenómeno tiene impensadas consecuencias en el mundo contemporáneo.
Pensemos, por ejemplo, en los verosímiles hipermediáticos que construyen héroes
y villanos alrededor del mundo, justificando o condenando guerras por doquier.
Pareciera que habitamos, ineluctablemente, realidades transcontextuales, sin poder
inteligir jamás contextos. Esta desrealización de lo real opera a diferentes niveles y
escalas, desde la intimidad de la vida cotidiana, programada por la publicidad,
hasta nuestros comportamientos y concepciones frente a fenómenos planetarios,
programado por una hiperindustria cultural. Esta suerte de neocolonialismo
mediático representa una regresión política y moral de la humanidad, cuyo
amenazante horizonte no podría ser sino la desestabilización de lo que hemos
llamado cultura, acaso la antesala a la barbarie.


1.4. Complejidad, convergencia e interdisciplinariedad

Al considerar el protagonismo de las comunicaciones, tanto en el campo teórico de
las ciencias sociales como en el decurso histórico de la llamada “sociedad de la
información”, tanto mayor parece el desafío por revisar algunos modelos y
conceptos cristalizados por la tradición académica hasta hoy.

Los modelos vigentes hoy en los estudios comunicacionales muestran sus
deficiencias al ser contrastados con una serie de fenómenos inéditos que irrumpen
gracias a un acelerado sistema mnemotecnológico de base tecnocientífica
inherente al tardocapitalismo mundializado.



11   Para una discusión más detallada de este punto, véase: Álvaro Cuadra. (2008). Hiperindusria Cultural. Santiago: Arcis.


                                                                   17
En la era de una hiperindustrialización de la cultura, en que la hiperreproducibilidad
digital se ha tornado en una práctica social generalizada, los fenómenos
comunicacionales adquieren un nivel de complejidad y alcance inimaginable hace
algunas décadas, las nociones básicas como “usuario” o “hipermedia”, son apenas
los primeros términos de un léxico que se incorpora día a día al uso cotidiano. La
cuestión central es, pues, hacer de dicha terminología un reticulado categorial que
nos permita pensar el fenómeno de la e-comunicación en el presente siglo.

Durante el siglo XX, algunos pensadores heterodoxos ya abrieron caminos. En
efecto, se ha producido una aproximación entre ciertos estudios teóricos del signo y
los creadores de la tecnología digital. Como muy certeramente nos advierte
Landow:

   “Cuando los diseñadores de programas informáticos examinan las páginas
   de Glas o de Of Grammatology (De la gramatología), se encuentran con un
   Derrida digitalizado e hipertextual; y, cuando los teóricos literarios hojean
   Literary Machines, se encuentran con un Nelson posestructuralista o
   desconstruccionista. Estos encuentros chocantes pueden darse porque
   durante las últimas décadas han ido convergiendo dos campos del saber,
   aparentemente sin conexión alguna: la teoría de la literatura y el hipertexto
   informático. Las declaraciones de los teóricos en literatura y del hipertexto
   han ido convergiendo en un grado notable. Trabajando a menudo, aunque
   no siempre, en completo desconocimiento unos de otros, los pensadores de
   ambos campos nos dan indicaciones que nos guían, en medio de los
   importantes cambios que están ocurriendo, hasta el episteme
   contemporáneo. Me atrevería a decir que se está produciendo un cambio de
   paradigma en los escritos de Jacques Derrida y de Theodor Nelson, y los de
   Roland Barthes y de Andries van Dam. Supongo que al menos un nombre
   de cada pareja le resultará desconocido al lector. Los que trabajan en el
   campo de los ordenadores conocerán bien las ideas de Nelson y de van
   Dam; y los que se dedican a la teoría cultural estarán familiarizados con las
   ideas de Derrida y de Barthes Los cuatro, como otros muchos especialistas
   en hipertexto y teoría cultural, postulan que deben abandonarse los actuales
   sistemas conceptuales basados en nociones como centro, margen, jerarquía
   y linealidad y sustituirlos por otras de multilinealidad, nodos, nexos y redes”
   (Landow 1995:13-49).

La convergencia entre los enfoques psicogenéticos, sociogenéticos y
tecnogenéticos da cuenta del papel constitutivo de la tekhné, ya no como una mera
reificación sino como sustrato de la conciencia contemporánea. De este modo, el
espacio fenoménico de la comunicación se abre a la complejidad antropológica que
trae consigo la era digital.

Cualquier consideración sobre la noción de “ciberespacio” debe considerar dos
aspectos fundamentales, su materialidad en cuanto conjunto de datos almacenados
en discos y su objetivación perceptual, es decir, como intuición de un espacio
tridimensional, abstracto o figurativo. Dicho en otros términos, la CMC y el


                                         18
ciberespacio cristalizan un nuevo régimen de significación, en cuanto disponen
datos transferibles que determinan la producción, la distribución y el eventual
consumo simbólico, es decir, reconfigura la economía cultural de nuestro tiempo. Al
mismo tiempo, sin embargo, el ciberespacio modifica los modos de significación,
transformando el sensorium y la experiencia perceptual de sus usuarios. Este
carácter peculiar del espacio virtual lo instala como un espacio atópico, lo que se
traduce en una de sus características más evidentes: la desterritorialización y el
Jetzei” de la experiencia.

La espacialidad atópica se nos presenta al mismo tiempo como una serie
potencialmente infinita de “paisajes” virtuales, bajo formas visuales o audiovisuales,
estáticas o en movimiento. En rigor, aquello que llamamos “espacio virtual” es un
“holos” del cual sólo aprehendemos “destellos”. En este sentido, la virtualidad se
nos ofrece como una experiencia del fragmento y de la discontinuidad. La condición
atópica y discontinua de la virtualidad la convierten en una compleja singularidad
teórica, acaso un desafío que reclama una epistemocrítica.

Los nuevos horizontes de comprensión de lo comunicacional no sólo se abren a la
multiplicidad de culturas sino a las inteligencias no humanas. Estos horizontes
plantean nuevas exigencias a la imaginación teórica, acaso una nueva episteme.
Las teorías y modelos comunicacionales en la era digital no podrían ser sino teorías
y modelos convergentes e interdisciplinarios, otra manera de nombrar la
complejidad. Las Nuevas Tecnologías de la Comunicación y la información (NTIC)
no hacen sino exteriorizar la convergencia tecnocientífica de los aspectos
logísticos, telecomunicacionales y de lenguaje que se advierten hoy. El
desplazamiento hacia la videósfera, el aumento en la capacidad de memoria y la
expansión del ancho de banda en las transmisiones marcan un momento histórico
que pone en jaque treinta siglos de comunicación alfabética, constituyendo la
mayor mutación civilizacional de la actualidad, cuyo alcance político apenas
comenzamos a barruntar.



2. La e-Ciencia: Límites epistemológicos y políticos

2.1. Tekhné y Saber

Pensar la e-Ciencia es pensar un presente histórico inmediato que, no obstante,
contiene en sí un a-presente en que el ahora nos muestra los ecos de un otrora,
convirtiendo el presente en el vértice de un cono temporal que se abre a los
posibles del porvenir. Lo arcaico y lo utópico de conjugan en una relación reflexiva
que cristaliza en una dialéctica de proyección y retrospección12. Como suele ocurrir

12Esta nueva etapa que apenas se inicia, despliega en el espacio virtual todos los tiempos de la cultura humana; una verdadera
enciclopedia viviente que se enriquece a cada segundo. Todos los signos se hacen presentes en una perpetuidad sin fronteras. Como
Funes, el memorioso imaginado por Borges, nos enfrentamos a la increíble posibilidad, soñada por tantos poetas, de vivir el siempre
ahora. La nueva percepción del espacio - tiempo, pone al sujeto en una relación de inmediatez con los mensajes, cuya procedencia
geográfica, histórica y social, resulta aplanada, en un collage de signos. Normalmente, este tipo de apreciación, lleva con facilidad al


                                                                  19
con todos los conceptos, cuanto más de cerca los examinamos, de mayor distancia
nos llegan los ecos de su pasado: “La propia verdad científica es histórica”13
(Wallerstein 1999: 3-76).

Las nuevas tecnologías no constituyen, ciertamente, una herramienta más en la
historia humana. Ellas nos obligan a repensar la tekhné en toda su radicalidad que
sólo la incuria de los filósofos ha desplazado a un segundo lugar. La tekhné,
insistamos, no puede ser pensada ya como “un elemento reificante y
desnaturalizador sino como sustrato constitutivo de la conciencia” (Sei 2004:337-
363).

La e-Ciencia ha sido definida por la Fundación Española de Ciencia y Tecnología
(FECYT) como: “…las actividades científicas a muy gran escala que deberán
desarrollarse cada vez más mediante colaboraciones globales distribuidas y
accesibles a través de Internet. Este tipo de actividad científica cooperativa
requerirá acceso a bancos de datos muy voluminosos y a recursos de computación
de muy gran escala, además de prestaciones de visualización de alta calidad y otro
tipo de herramientas" (Vallverdú 2008: 193-214).

La e-Ciencia es susceptible de ser entendida, en efecto, como el conjunto de
prácticas científicas en la era de la Comunicación Mediada por Computador (CMC).
Retomando el clásico concepto de Thomas Kuhn, se trataría, entonces, de un
nuevo “paradigma” en que se desenvuelve la ciencia. Esto es lo que nos explica
Jordi Vallverdú cuando escribe:

     “En el caso de la biología in silico, no siempre se parte de un laboratorio,
     sino que se realizan experimentos virtuales con la información existente en
     las bases de datos, a los que se aplican análisis computacionales, de
     manera que todo el proceso es virtual: los datos y las herramientas son bits
     de un espacio electrónico. Más fácil, más rápido, más barato. Por estas tres
     razones, situadas en su correcto contexto, la e-ciencia es el nuevo
     paradigma” (Vallverdú 2008:197).



neófito a dos prejuicios peligrosos. El primero se refiere a un pretendido fin de la historia; en la medida que los mensajes no son
datados linealmente sino que se integran en una red sincrónica, la historia como tal desaparecería de la conciencia. Existe, sin
embargo, una lectura que nos parece más adecuada; lo que entra en crisis, a propósito de la cibercultura, es una concepción posible
de la historia; aquella, justamente, que sostiene un tiempo lineal que marcha hacia un progreso ineluctable. Por el contrario,
sostenemos que la cibercultura no sólo no significa el fin de la historia sino, al revés, puede ser leída como la historizaión plena del
presente. Es concebible una visión caleidoscópica, como los cuadros de Delaunay, en que cada instante se conecta con muchos
tiempos históricos, en muchas dimensiones posibles.
El segundo prejuicio, se refiere a una reificación de las redes de información; en efecto, se tiende a disociar con mucha facilidad, las
nuevas tecnologías, sus usos y posibilidades; de los procesos históricos y sociales en que se inscriben. Es bueno no perder de vista
que el espacio virtual extiende y modifica el espacio sociocultural; en otras palabras, el ciberespacio significa el advenimiento de un
nuevo nivel de complejidad semiótica, que dinamiza los procesos históricos. En suma, lejos de abolir la historia, la cibercultura es un
nuevo estadio histórico de la humanidad. Álvaro Cuadra. (2003). De la ciudad letrada a la ciudad virtual. Santiago: Editorial LOM, p.
68.
13 Informe de la Comisión Gulbenkian, “La Construcción Histórica de las Ciencias Sociales Desde el Siglo XVIII Hasta 1945”, y

“Debates en las Ciencias Sociales de 1945 Hasta el Presente”, en Immanuel Wallerstein (Coord.). (1999). Abrir las Ciencias Sociales.
México: Siglo XXI Editores, pp. 3-76.


                                                                  20
La e-Ciencia resulta ser una forma inédita de crear, gestionar, evaluar y difundir el
conocimiento nuevo, es decir, se trata de un conjunto de prácticas científicas
asentadas en una infraestructura digital. Esta nueva realidad lleva a algunos
teóricos a celebrar el momento actual como nuevas formas de trabajo cooperativo:



   “Las tecnologías de la información y computación están modificando el modo
   de producir conocimiento, al mismo tiempo que ofrecen nuevas formas de
   trabajo cooperativo (trabajo en red a distancia, instrumentos virtuales,
   computación distribuida, middleware...). En suma: están desarrollando un
   papel fundamental en los procesos actuales de dinámica científica, en los
   que la sociedad civil quiere y desea participar cada vez con más intensidad.
   Gracias al cambio en el paradigma informacional y los modelos
   comunicativos, esto es ya posible” (Vallverdú 2008: 204). Véase figura Nº 4.


Si bien resulta del todo evidente que la tecno – lógica ha transformado las prácticas
científicas en todos sus aspectos, este fenómeno nos lleva a una cuestión histórica
de fondo, la convergencia tecnocientífica que se ha verificado a lo largo del siglo
XX. Podríamos sintetizar la situación señalando que el desarrollo de las fuerzas
productivas en el tardocapitalismo ha abolido toda noción de ciencia, a favor de un
vector inédito: la tecnociencia.

         PROCESO                                 CONCRECIONES

         Creación /Descubrimiento                Data Tsunami: Petabytes de datos.
                                                 Instrumentos virtuales.
                                                 Ontologías.
                                                 Inteligencia Artificial (IA).
         Gestión: búsqueda- acceso-traslado-     Bases de datos:
         manipulación- minería                   Complejas, jerárquicas, dinámicas,
                                                 inconsistentes.
                                                 Sqfware.
                                                 Middleware.
         Comprensión                             Modelización computarizada.
                                                 Visualización (entornos amigos).
                                                 Integración de la información (gen -sociedad).
         Evaluación                              Computacional, abierta.
         Comunicación                            Revistas electrónicas gratuitas.
         Trabajo                                 Deslocalizado.
                                                 En red.
                                                 Cooperativo.
                                                 Dinámico.
                                                 Interoperatividad.
                                                 Cognición socialmente distribuida.
         Financiación                            Publica-privada.
         Control                                 Evitando regulaciones nacionales.

                                               Figura Nº 4




                                                  21
En el marco de la e-Ciencia, debemos hacer una especial mención de la llamada e-
Social Science (e-SS), o si se prefiere, e-Ciencias Sociales. Se trata, a decir
verdad, de algo completamente nuevo que se encuentra todavía a nivel de
proyecto14. De hecho, tal como la e-Ciencia, se trata de prácticas científicas
inéditas en el ámbito de las ciencias sociales, de carácter cooperativo a distancia
basadas en tecnologías digitales. La irrupción de la e-SS abre un horizonte de
posibilidades de la mayor importancia política para la creación, la gestión y difusión
del conocimiento científico social. Esta nueva realidad nos obliga a repensar las
llamadas redes académicas e intelectuales, pues se abre la posibilidad cierta de
fortalecer las relaciones Sur-Sur, fortaleciendo las políticas de integración regional y
entre las naciones del mundo en desarrollo.

Esto significa que la nueva condición del saber en las sociedades hipermodernas
ya no le atribuye a éste una finalidad emancipadora, sino más bien reclama una
legitimación por la performatividad, forma de legitimación estatuido por el capital y
por el poder. Ya no se trata de la normatividad de ciertas leyes sino el control de los
contextos, la eficiencia, la consecución del efecto buscado, la performatividad de
las actuaciones. Dicho en términos concretos: “El Estado y/o la empresa abandona
el relato de legitimación idealista o humanista para justificar el nuevo objetivo: en la
discusión de los socios capitalistas de hoy en día, el único objetivo creíble es el
poder. No se compran savants, técnicos y aparatos para saber la verdad, sino para
incrementar el poder” (Lyotard 1987:87).

Por esta razón, grandes corporaciones como Monsanto, por ejemplo, contrata
expertos y despliega la más alta tecnología al servicio de la investigación
biotecnológica, buscando la eficacia y eficiencia para sus polémicos propósitos
comerciales.


2.2. Imagen: Mediación y Modelo


La irrupción de la imagen anóptica, mediación y modelo al mismo tiempo,
constituye una nueva relación perceptual con el conocimiento, un saber virtual. El
saber virtual, a nuestro entender, se funda precisamente sobre un modo de
significación tal en que lo sensible y lo inteligible se funden, la imagen se hace
modelo o, como afirma Martín Barbero: “La visibilidad de la imagen deviene
legibilidad, permitiéndole pasar del estatuto de “obstáculo epistemológico” al de
mediación discursiva de la fluidez (flujo) de la información y del poder virtual de lo
mental” (Barbero 2003:93). Este punto nos parece crucial, pues junto a su nueva
condición de modelo y, por ende, susceptible de legibilidad, la imagen digital
conjuga no sólo la espacialidad sino la temporalidad, superando el orden lógico
sintagmático del discurso. Si esta nueva condición se agrega la conjunción de
lenguajes diversos (audiovisuales) y la posibilidad cierta de trabajar

14   Véase una interesante iniciativa en www.ncess.ac.uk/ [Consultado 11-11-2009]


                                                                 22
interactivamente en arborizaciones hipertextuales, se inaugura un universo en que
los significantes, las superficies perceptuales, reconfiguran la intelección misma. Lo
lineal, sintagmático fundado en una lógica causal y temporal cede su primacía a
una lógica espacial y vincular en que lo lineal es desplazado por una nueva
topología reticular. En pocas palabras:

“Al trabajar interactivamente con sonidos, imágenes y textos escritos, el
hipertexto híbrida la densidad simbólica con la abstracción numérica haciendo
reencontrarse las dos, hasta ahora “opuestas”, partes del cerebro. De ahí que
de mediador universal del saber, el número esté pasando a ser mediación
técnica del hacer estético, lo que a su vez revela el paso de la primacía
sensorio-motriz a la sensorio simbólica” (Barbero 2003: 118).

La imagen 3D y la videomorfización han permitido fundir lo inteligible y lo sensible,
de suerte que se puede transmitir íntegramente un modelo. La imagen ha
alcanzado un nivel de complejidad, fineza y precisión que bien puede ser entendido
como una nueva “figura de la razón” , en los términos Martín Barbero: “Estamos
ante la emergencia de otra figura de la razón que exige pensar la imagen, de una
parte, desde su nueva configuración sociotécnica: la computadora no es un
instrumento con el que se producen objetos, sino un nuevo tipo de tecnicidad que
posibilita el procesamiento de informaciones, y cuya materia prima son
abstracciones y símbolos” (Barbero 2003:91). Esta tecnicidad a la que alude
nuestro autor ya no se enmarca en una pura relación instrumental sino que instala
una inmediatez psíquica y perceptual que redunda en lo que hemos llamado
nuevos modos de significación.

La e-Ciencia utiliza las simulaciones funcionales para visualizar fenómenos a
escala nanométrica. Como sostiene Vallverdú:” Aunque pueda parecer paradójico
lo que voy a decir, la incesante computarización de la ciencia y, por inclusión, de la
biología, ha supuesto una humanización de la misma. Diseñamos estas
herramientas para que sean sustitutos de nuestros sentidos más directos, y
propiciamos la creación de simulaciones que nos permiten 'ver' el micromundo para
pensarlo mejor. Somos una especie basada en la visión, primero, y en el lenguaje
simbólico, después” (Vallverdú 2008: 201).

La e-Ciencia, en tanto práctica científica en la era de la Comunicación Mediada por
Computador (CMC), estatuye una “comunidad científica” extensa o global, capaz, al
mismo tiempo, de poner a disposición de millones de usuarios algunos de sus
hallazgos y teorías. Las revistas científicas electrónicas logran de este modo
diseminar, parcialmente, el conocimiento. Como advierte con lucidez Jesús Martín
Barbero: “La diseminación nombra entonces el poderoso movimiento de
difuminación que desdibuja muchas de las modernas demarcaciones que el
racionalismo primero, la política académica después y la permanente necesidad de
legitimación del aparato escolar, fueron acumulando a lo largo de más de dos
siglos” (Barbero 2003: 68).



                                         23
Cabe introducir algunos matices y consideraciones a lo que sostiene este autor,
pues, si bien es indudable que el caudal de información se ha acrecentado a límites
inimaginables hace pocos años, no es menos cierto que una cosa es la información
disponible y otra muy distinta es el conocimiento posible de alcanzar con ella. Entre
información y conocimiento se establece un hiato determinado por las prácticas
sociales asociadas a las políticas educacionales y, ciertamente, a las políticas de
investigación científica y tecnológica de los diversos Estados. La creación de nuevo
conocimiento responde en última instancia a decisiones políticas concretas en
contextos históricos determinados. Sólo de este modo se puede establecer una
correlación dialéctica entre las nociones de información, conocimiento y acción.
Esta tríada resume muy bien la encrucijada actual en que se encuentran los países
latinoamericanos, esto es, cómo articular decisiones políticas en este momento
histórico para transformar el cúmulo de información disponible en un nuevo
conocimiento científico y tecnológico para nuestros pueblos, un conocimiento para
la acción en el seno de nuestras sociedades. Esto es de particular relevancia en el
ámbito educacional, pues las nuevas tecnologías están transformando muy
profundamente el proceso enseñanza –aprendizaje.


2.3. América Latina: Educación Ciencia y Tecnología

De manera silenciosa, casi inadvertida, la enseñanza tradicional va cediendo su
lugar ante la irrupción de las TICE: Tecnologías de la Información para la
Enseñanza. Las nuevas generaciones de estudiantes, verdaderos digital natives,
según la feliz expresión de M. Prensky, están familiarizados con las tecnologías
numéricas desde la primera infancia. La cuestión es cómo enseñar geografía
después de Google Earth.

Es claro que las paredes que encerraban el aula y la escuela se han tornado
transparentes. Las redes digitales llevan el mundo a la pantalla de un computador.
Resulta evidente, también, que la Información, otrora patrimonio y fuente de
autoridad del profesor, hoy está disponible en forma de D-Base en la red, lo que
pone en jaque el estatuto mismo de los maestros. Ya no se puede concebir la figura
de un profesor de aula como el portador exclusivo de una cantidad de información
sino más bien, debemos pensarlo como alguien que guía la búsqueda de fuentes
confiables y desarrolla el espíritu crítico frente al cúmulo de datos de que se
dispone. Al profesor le corresponde, precisamente, la delicada alquimia que
transforma la información en conocimiento y éste en acción.

La figura del profesor ha mutado esta última década, ello significa que es
imprescindible revisar una serie de conceptos asentados durante dos siglos de
práctica pedagógica. El problema puede ser planteado en toda su radicalidad al
tratar de conceptualizar lo que se entiende en la actualidad por “hacer una clase”, y
más todavía al tratar de explicarnos qué es la “escuela” y la “enseñanza” cuando el
aula se extiende al mundo entero gracias a los Entornos Numéricos de Trabajo
(ENT)


                                        24
El desarrollo científico y tecnológico en América Latina ha debido enfrentar la era
de la e-Ciencia de modos diversos. Sea que se privilegie el Estado o el Mercado, lo
cierto es que nuestra situación está signada por una creciente brecha respecto de
los países más avanzados. En su aspecto positivo, la e-Ciencia abre la posibilidad
de un contacto más próximo y rápido con la comunidad científica virtualizada, las
revistas científicas digitales y el periodismo científico facilitan el acceso a
información relevante. Sin embargo, bien lo sabemos, disponer de una gran
cantidad de información no implica, de buenas a primeras, acceder al
conocimiento15.

La e- Ciencia plantea a todos los países de la región una serie de inquietantes
cuestiones. Por de pronto, cabe plantear la interrogante acerca del tipo de ciencia
que se requiere para nuestros pueblos, sumidos en la pobreza con toda su secuela
de problemas médicos, nutricionales, energéticos y medioambientales sólo por
mencionar los más urgentes. El nuevo estadio histórico caracterizado por la e-
Comunicación y la e-Ciencia bien puede acrecentar la distancia respecto de los
desarrollos en los países ricos, transformando el concepto de “subdesarrollo” en
una “dependencia en red”.

La actual coyuntura histórica y política latinoamericana es particularmente compleja
en un escenario de crisis global del capitalismo. La e-Ciencia responde a
tecnologías desarrolladas en otras latitudes, cuya racionalidad inmanente nos
resulta muchas veces ajena. Como se ha señalado tantas veces:

“Los sistemas racionales de conocimiento tecnocientífico fueron legitimados
desde el punto de vista moral y político porque su finalidad era contribuir con el
desarrollo humano. Al discurso del progreso y los valores de la civilización que
estimularon los adelantos de la ciencia, se adhirió el signo de una catástrofe
universal representada por la degradación a gran escala de la biósfera,
incremento de la desigualdad social, empobrecimiento masivo y militarización
global de los conflictos derivados de estrategias económicas de expansión. Por
cierto, esta militarización está basada no sólo en el desarrollo y uso de un
arsenal tecnológico convencional, sino también bioquímico y nuclear
desplegado por la ciencia, y que superó las capacidades reales de control de
quienes los administran” (Carmona 2007:151)



15 Hace una década la formación de recursos humanos para la divulgación de la ciencia y la tecnología adquirió relevancia mundial.

En 1999, durante la Segunda Conferencia Mundial de Periodistas Científicos (Budapest), se hizo un llamado a la Unesco –y otros
organismos internacionales como el Banco Mundial- para que desarrollara una política de apoyo para la capacitación y entrenamiento
apropiado de los periodistas científicos. En esta petición se insistió también en que este respaldo fuera accesible para todas las
regiones y naciones, y así reflejar en todo el mundo las nuevas y complejas funciones del periodismo científico. Las inéditas, arduas y
problemáticas funciones que en la actualidad encara el periodismo científico son de carácter global y son los propios medios de
comunicación quienes han asistido la construcción de un “complejo colectivo de supervivencia”. Los paisajes mediáticos de
destrucción ecológica, devastación natural, catástrofes humanitarias (hambrunas, epidemias), miseria económica, inequidad social,
desastres y guerras son el límite para considerarnos “sobrevivientes” como una certeza. Javiera Carmona. (2007). “El perfil del
periodista científico: Una cuestión de humanidades”. Revista RE – Presentaciones Periodismo, Comunicación y Sociedad. Escuela de
Periodismo Universidad de Santiago, Año 2, Número 3 / junio-diciembre, pp. 151-166: 151


                                                                 25
Hasta la fecha, América Latina no ha sido capaz de generar una red científica
regional significativa con una infraestructura propia que propenda a la generación
de nuevos conocimientos para nuestro desarrollo. Fenómenos como la creciente
privatización y la baja calidad de nuestros centros de educación superior y de
postgrados, la escasa inversión de los gobiernos regionales en investigación, la
falta de expertos de alto nivel y de una tradición en diversas disciplinas empobrece
las prácticas científicas latinoamericanas, generalmente asociadas a programas de
investigación en Europa o los Estados Unidos.

Esta realidad no es nueva, pero se ve agravada por una crisis económica y por el
advenimiento de las redes digitalizadas como nueva modalidad de las prácticas
científicas. Las sociedades latinoamericanas acceden de manera muy parcial a las
nuevas tecnologías, con un promedio regional no superior al 22%, mientras en los
países desarrollados las cifras de penetración bordean o superan el 50%. (Véase
figura Nº 5).



             REGION                                     USUARIOS (Mills)                     PENETRACION
                                                                                                 (%)
                                                                     44.4                            4.7
             AFRICA
                                                                  510.5                                   13.7
             ASIA
                                                                  348.1                                   43.4
             EUROPA
                                                                     33.5                                 17.4
             MEDIO ORIENTE
                                                                  238.0                                   71.1
             NORTEAMERICA
                                                                  126.2                                   22.2
             LATINOAMERICA
                                                                     19.2                                 57.1
             OCEANIA

             TOTAL                                              1319.9                               20.0

                                                                         16
                                                         Figura Nº 5

Se ha detectado, recientemente, una brecha digital aún más sutil, en torno al ancho
de banda que determina la calidad de las conexiones. A todo esto se agrega un uso
muy discreto de las nuevas tecnologías, cuyo impacto en el PIB de los países
latinoamericanos es todavía muy marginal17. La e-Ciencia en América Latina se
16 Las estadísticas de uso de Internet son para el 31/12/2007. La información de internetworldstats.com es tomada de datos

publicados por Nielsen//NetRatings, la International Telecommunications Union, los NIC locales y otras fuentes fiables.
17 Según expertos de la ONU, reunidos en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Comercio y el Desarrollo 2007 (UNCTAD),

ha crecido la brecha digital, cuando es determinada primordialmente por el acceso a conexiones de alta velocidad para Internet entre
los países menos y los más desarrollados. Se estimó que el acceso a conexiones rápidas en los países desarrollados promedia 28%,
mientras que en los países en desarrollo sólo alcanza el 3%. Esto implica que estos últimos aún se encuentran muy desconectados de


                                                                26
practica todavía en centros de elite asociados a programas internacionales de
investigación financiados, en muchos casos, con fondos internacionales
provenientes de países desarrollados. América Latina está muy lejos todavía de
aproximarse a un nivel de desarrollo científico y tecnológico a la altura de sus
necesidades.

Esta realidad histórica inédita no sólo exige una revisión epistemológica como
marco conceptual para la legitimación y validación de las prácticas científicas sino,
y muy especialmente, una revisión de los supuestos políticos en que tales prácticas
se inscriben y se tornan legítimas en nuestro continente. De este modo, nociones
tan asentadas en el pensamiento europeo como “universalismo”, “progreso” y, en
particular, el concepto de “civilización” reclaman, por lo menos, una discusión en
nuestras sociedades. Pues, como ha escrito Immanuel Wallerstein:

“Civilización hace referencia a una serie de características sociales que son
contrastadas con el primitivismo y la barbarie. Europa Moderna se consideró
más que una simple ‘civilización’ entre diversas; se consideró —
excepcionalmente o al menos especialmente— “civilizada”. Lo que caracterizó
este estado de “civilización” no es algo sobre lo que haya un consenso obvio,
incluso entre los europeos. Para algunos, la civilización estaba englobada en la
“modernidad”, es decir, en el avance de la tecnología y el aumento de la
productividad, además de la creencia cultural en la existencia del desarrollo
histórico y del progreso. Para otros, significó la autonomía creciente de lo
“individual” con respecto a todos los otros actores sociales —la familia, la
comunidad, el Estado, las instituciones religiosas… Cuando los colonizadores
franceses en el siglo diecinueve hablaron de la “mission civilisatrice”, quisieron
decir que, por medio de la conquista colonial, Francia —o para ser más general
Europa— impondría sobre los pueblos no-europeos los valores y normas que
fueron abarcadas por estas definiciones de civilización. En nombre de tales
valores, varios grupos en los países occidentales hablaron, en los ‘90, del
“derecho a intervenir” en situaciones políticas en diversas partes del mundo, y
casi siempre en las partes no-occidentales”18 (Wallerstein 2001:95-115).

La e-Ciencia constituye una reconfiguración de las prácticas científicas en un nuevo
régimen de significación que entraña no sólo una nueva economía científico –
cultural (formas de producción, gestión, distribución y consumo de saberes) sino
además, una mutación mayor en el ámbito de los modos de significación.19 Se trata
de la mayor mutación científico técnica en la historia de la humanidad que ha
creado las condiciones para la e-Comunicación, inaugurando con ello un nuevo
momento histórico para las prácticas científicas de los próximos siglos. La e-
Ciencia plantea, empero, a los latinoamericanos una tarea mayúscula, la de
construir los fundamentos epistemológicos y políticos que definan la validez y

Internet o lo hacen con velocidades de conexión muy lentas, lo que repercute negativamente sobre la producción, educación y
sociedad de las naciones.
18 Wallerstein, Immanuel. (2001). “El Eurocentrismo y sus Avatares. Los Dilemas de la Ciencia Social”. En Walter Mignolo (Coord.).

(2001). Capitalismo y Geopolítica del Conocimiento. Buenos Aires: Ediciones Signos/Duke University, 2001,pp. 95-115.
19 Hemos desarrollado estos conceptos en nuestro libro Álvaro Cuadra. (2008). Hiperindustria Cultural. Santiago: Editorial Arcis.




                                                               27
legitimidad de su quehacer científico y tecnológico en los años venideros como uno
de los pilares de su propio sentido histórico en un mundo cada día más
interdependiente y complejo.

Si el presente establece una relación temporal respecto de nuestro pasado y
nuestro futuro, no podemos olvidar que el ahora establece relaciones históricas
respecto del otrora y del porvenir. Cuanto más nos acercamos al concepto de e-
Ciencia, surge de inmediato la imagen fantasma de la brecha digital, término tan
nuevo como equívoco para designar siglos de pobreza y de desigualdad. Lo
epistemológico y lo político se dan cita en el ahora de América Latina frente a la
irrupción de un nuevo régimen de significación que nos convoca, por cierto, a una
profunda reflexión, pero sobre todo a la acción. Si es cierto que la propia verdad
científica es histórica, quizás ha llegado el tiempo de volver nuestra mirada a
nuestra propia historia.-




                                       28
Referencias bibliográficas

APRESIAN, D. (1975). La lingüística estructural soviética. Madrid: Akal.
AUSTIN, John (1971).Palabras y Acciones. Cómo hacer cosas con palabras. Buenos Aires: Paidos
Editorial.
BARTHES, Roland (1971). Elementos de semiología. Madrid: A. Corazón.
BAUDRILLARD, Jean (2001). Cultura y simulacro. Barcelona: Editorial Kairós.
CARMONA, Javiera (2007). “El perfil del periodista científico: Una cuestión de humanidades”.
Revista RE – Presentaciones Periodismo, Comunicación y Sociedad. Escuela de Periodismo
Universidad de Santiago Año 2, Número 3 / junio-diciembre, pp.151-166.
CUADRA, Álvaro (2003). De la ciudad letrada a la ciudad virtual. Santiago: Editorial LOM.
CUADRA. Álvaro (2008). Hiperindustria Cultural. Santiago: Editorial Arcis.
DEBRAY, Régis (2001). Introducción a la mediología. Barcelona: Paidós.
DECLARATION OF THE SECOND WORLD CONFERENCE OF SCIENCE JOURNALISTS. World
Conference on Science. Budapest, 2 - 4 de julio de 1999. Disponible en
http://www.wfsj.org/conferences/page.php?id=43 [Consultado 01-11-2009]
ECO, Umberto (1977). Tratado de semiótica general. Barcelona: Editorial Lumen.
HABERMAS, Jürgen (1989). Teoría de la Acción Comunicativa. Buenos Aires: Ed. Taurus.
HINE, Christine. (2004). Etnografía Virtual. Barcelona: Editorial UOC.
JAKOBSON, Roman (1975). Ensayos de Lingüística General. Barcelona: Seix Barral.
JAMESON, Fredric (1996). Teoría de la postmodernidad. Madrid: Ed. Trotta.
KRISTEVA, Julia (1985). Semiótica (tomo I), Madrid: Ed. Fundamentos.
LANDOW, G. (1995). Hipertexto. Buenos Aires: Paidós.
LEVI-STRAUSS, Claude (1958). Langage et parenté en Anthropologie Structurale. Paris: Ed. Plon.
LYOTARD, Jean François. (1987). La Condición Postmoderna. Buenos Aires : REI.
MARTIN-BARBERO, Jesús. (2003). La educación desde la comunicación. Bogotá: Editorial Norma.
MARTÍN-BARBERO, Jesús (1991). De los Medios a las Mediaciones. Barcelona: Gustavo Gili.
MIGNOLO, Walter (Comp.). (2001). Capitalismo y Geopolítica del Conocimiento. Buenos Aires:
Ediciones del Signo.
SAUSSURE, Ferdinand de (1991). Curso de lingüística general. Madrid: Ediciones Akal.
SEARLE, John (1969). Speech Acts. An Essay in the Philosophy of Language. New York: C.U.P.
SEI, Mario (2004). “Técnica, memoria e individuación”. LOGOS. Anales del Seminario de Metafísica.
Vol. 37 (2004): 337-363.
VALLVERDU, Jordi (2008). “Apuntes epistemológicos a la e-ciencia”. Revista de Filosofía. Volumen
64, Santiago. Universidad de Chile, pp. 193-214. Disponible en
http://www.scielo.cl/pdf/rfilosof/v64/art13.pdf [Consultado 01-11-2009]
VATTIMO, Gianni (1990). La sociedad transparente. Barcelona: Paidós.
VILCHES, Lorenzo (2001). La migración digital. Barcelona: Gedisa.
WALLERSTEIN, Immanuel (1999). Abrir las Ciencias Sociales. México: Siglo XXI Editores.
WALLERSTEIN, Immanuel (2001). “El Eurocentrismo y sus Avatares. Los Dilemas de la Ciencia
Social”. En Mignolo Walter (Coord.). (2001) Capitalismo y Geopolítica del Conocimiento. Buenos
Aires: Ediciones Signos/Duke University.




                                              29
Estudios visuales, virtualidad y e-comunicación

        Devorando las miradas: iconofagia, y virtualidad en crisis de
                            representación20


                                                 Víctor Silva Echeto



1. Introducción


   Los estudios visuales, emergen como campo problemático de investigación, en la
   medida en que diversos/as investigadores/as plantean la urgencia de pensar lo
   visual en crisis de representación. Esto es, como un traslado de la mirada hacia un
   no lugar donde convergen el arte, la publicidad y la informática. Se podría
   mencionar, al respecto, el desvío de la mirada hacia un campo heterotópico,
   donde el espacio visual aparece como un lugar- otro y la propia mirada es
   atrapada por la estética de la pantalla. En este punto es preciso recordar la carga
   ambigua, contradictoria, que ha tenido este concepto a lo largo de la historia:
   desde que es incorporada como disciplina en un amplio tratado sobre ella -en
   1750- por Baumgarter y las derivas, posteriores, en Kant, Hegel, en la
   hermenéutica de Dilthey y en las siguientes contiendas en Heidegger, sin olvidar
   las ambigüedades que el concepto presenta en Walter Benjamin y su actualización
   en los debates sobre la ideología estética en De Man, Lyotard, Eagleton o Jay.

   Los principales teóricos de la teoría de la imagen y de los estudios visuales,
   parecen llegar a un acuerdo, de que los tempranos textos de análisis sobre lo
   visual aparecen a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX.
   Fundamentalmente alrededor de figuras como Aby Warburg (1866- 1929), y años
   después, Walter Benjamin (1892- 1940). En ambos se encuentra el
   cuestionamiento al concepto fuerte de estética, iniciando el estudio de la llamada
   ideología estética (De Man, 2006), o, en otra variante más actual, los análisis de
   la estética como ideología (Eagleton, 2006).




   20Este texto forma parte de la investigación Postdoctoral: La iconofagia como propuesta teórico- metodológica de análisis de las
   imágenes en crisis de representación. Investigación comparativa entre los ambientes de las imágenes en Aby Warburg, Walter
   Benjamin y Vilém Flusser.


                                                                 30
2. A modo de síntesis: Warburg, pasión de coleccionista y cuestionamiento a la
   estética

   La imagen nace paradójicamente cercana a la muerte. Genealógicamente, esta
   situación estaría cada cierto tiempo retornando, ya que la muerte vuelve una y otra
   vez al campo de lo imagónico. Los más recientes teóricos (Debray, 1994;
   Jameson, 1997; Baudrillard, 1996; Jay, 2003; Agamben, 2005; Baitello, 2008)
   retornan a esa discusión sobre la relación entre imagen y muerte. Más que un
   debate iconoclasta e iconofóbico, es la imposibilidad de atrapar en su totalidad a
   un objeto como la imagen, que se caracteriza por su fantasmagoría y
   espectralidad (Derrida, 1996). Por ello, para investigarlo, se requiere de la
   pregunta por su sobrevivencia, siendo uno de los objetos más antiguos y más
   jóvenes al mismo tiempo.

   Así, en Occidente, uno de los territorios donde se produce un largo y extenso
   debate iconoclasta e iconofóbico (recordar por ejemplo la importancia que tiene la
   imagen para las religiones politeístas y monoteístas y todas las polémicas que
   esto motiva21), hoy se vive atrapado entre imágenes, miradas y fantasmas del
   cine, la televisión, la informática, la publicidad, los carteles y galerías de consumo
   en las ciudades, los GPS, y una variedad de imágenes que contaminan
   visualmente los ambientes culturales.

   En ese contexto, investigar sobre las transformaciones que la virtualidad está
   produciendo en distintos períodos y ambientes de la imagen, considerando a dos
   teóricos que la interrogan inicialmente desde la relación (no sin conflictos) entre
   imagen y técnica, como son los casos de Aby Warburg y Walter Benjamin,
   permite conformar una “masa” de conocimientos críticos que, implican, no
   acercarse a la superficialidad del fenómeno sino a su arqueología (Foucault,
   1996a; Zielinski, 2006), a sus profundidades y a sus subsuelos (Baitello, 2008).
   Estos aspectos, posibilitan explicarse algunas de las mutaciones que se están
   produciendo actualmente, no simplemente como efecto de la metafísica de la
   técnica (Heidegger, 1996), sino como un extenso trayecto en la historia de la
   cultura.

   La pesadilla de Aby Warburg por la imagen, lo conduce, hasta sus últimos años, a
   estar obsesionado por las imágenes que lo asedian. Es así que entre 1921 y 1924,
   Warburg, internado en la clínica psiquiátrica de Kreuzlingen, bajo el tratamiento
   directo de Ludwig Binswanger, el psiquiatra que renovaría profundamente la
   aproximación al problema de las enfermedades mentales, es perseguido,
   asediado, buscado por las imágenes que no le permiten huir de ellas. Estos

   21Hay que recordar en el cristianismo la disputa que se produjo desde el Concilio de Nicea, en el año 787, entre los enemigos de las
   imágenes (iconómacos e iconoclastas) y los partidarios (iconófilos e iconódulos). Los primeros más numerosos en el clero secular, la
   corte y el ejército, mientras que los segundos lo eran en el clero regular, monjes y obispos. La guerra civil duró hasta el año 843 e
   implicó el triunfo de la ortodoxia. Para Régis Debray (1994: 65): “el occidente monoteísta recibió de Bizancio, a través del dogma de la
   Encarnación, el permiso de la imagen. Instruida por el dogma de la doble naturaleza de Jesucristo y por su propia experiencia
   misionera, la Iglesia cristiana estaba en buenas condiciones para comprender la ambigüedad de la imagen, a la vez suplemento de
   poder y desviación del espíritu. De ahí su ambivalencia respecto del icono, de la pintura, como hoy de lo audiovisual. ¿No es una
   muestra de sabiduría esa oscilación? Delante de una imagen, el agnóstico nunca será bastante cristiano”.


                                                                     31
hechos que fueron publicados en la historia clínica bajo el título de La curación
   infinita (2008), permiten acercarse, desde la iconofagia, a la obra de Warburg, ya
   que no solamente él fue un consecuente perseguidor y analista de las imágenes,
   sino que, además, éstas se lo intentan devorar en su persecución.

   Así, Warburg huye de las categorías rígidas “de la tradicional Historia del Arte y
   sus periodizaciones” (Baitello, 2009: 138), ampliando los ambientes, categorías y
   sistematizaciones de las imágenes, que van desde su uso mítico- religioso hasta
   las transformaciones que operan en las culturas mediáticas y postmediáticas. Esta
   situación lleva a que algunos de los teóricos del arte, como por ejemplo Gombrich
   (1970), no logre comprender en su total complejidad y apertura, los amplios
   intersticios que presenta su vida y obra.


2.1.            Trastornos de estilos y combates de rituales

   Warburg era un especialista alemán de arte del renacimiento y de arte y cultura
   pagana que estableció diversos puentes interpretativos entre América del Norte y
   Europa. Así, en imágenes de la región de los indios pueblos de Norteamérica,
   conferencia dictada en la clínica Kreuzlingen (Raulff, 2004), veintisiete años
   después de un viaje que realizó por Nuevo México y Arizona, le interesó, como
   historiador de la cultura, mostrar como “un país que había puesto la tecnología al
   alcance del ser humano”, conservaba residuos de una cultura primitiva y pagana
   (Warburg, 2004), y como se continuaban ejerciendo “con inconmovible firmeza sus
   prácticas mágicas de caza y agricultura, costumbres que los europeos” suelen
   juzgar “como síntomas del atraso humano”. Sin embargo, le llamó la atención al
   historiador de las imágenes22, como “la llamada superstición” en Norteamérica iba
   “de la mano de las actividades cotidianas” (Warburg, 2004: 10). Durante la misa, le
   interesó “el hecho de que los muros estuviesen cubiertos de símbolos
   cosmológicos- paganos” (Warburg, 2004: 26).

   Para Serge Gruzinski (2007: 17-18): “Warburg no había hecho un camino tan largo
   para preguntarse por la transformación o la ‘contaminación’ de las creencias”
   indígenas. Había descubierto la existencia de un vínculo entre la ‘cultura primitiva’
   de los indios y la civilización del Renacimiento”. Por su parte, Phillipe- Alain
   Michaud (1998: 196), sostiene la tesis de que “sin el estudio de su cultura
   primitiva”, Warburg “no hubiera sido capaz de darle un amplio fundamento a la
   psicología del Renacimiento”.

   Trastorno de estilos y combates de rituales, son esos cruces y encrucijadas de
   imágenes entre mundos supuestamente tan alejados y tan diferentes. En ese
   contexto, Warburg analizará la triple combinación entre fenómenos naturales,
   culturales y tecnológicos. Este estudio de los indígenas de Nueva México y de
   Arizona (los Pueblo), le permitió a Warburg darle un amplio y profundo sentido a la
   cultura antigua, al renacimiento y a las imágenes de su época. Pero no solamente

   22   “Soy historiador de la imagen (Bildhistoriker), no historiador del arte”, indicó Aby Warburg en su diario.


                                                                         32
es esa la comprensión que tenía Warburg de esos fenómenos, sino que, además,
para salir del encierro estético- artístico, tiene que considerar que analizar el
surgimiento de la mitología antigua es un problema psicológico, etnológico y
antropológico. Este elemento que, para Raulff (2004: 91), es uno de los que se le
ha prestado menos atención en la biografía de Warburg, le permitió –en momentos
en que todavía no había un desarrollo consistente de la etnología y de la
antropología-, considerar “el problema de la ‘supervivencia’ de los elementos de
las culturas más antiguas en el presente”. En un comentario al margen de la
conferencia sobre los indios pueblo de Norteamérica, Warburg sostiene: “no quiero
que se encuentre, en esta búsqueda comparativa del indio eternamente inmutable,
inherente al alma desamparada de la humanidad, el más mínimo rasgo de
blasfemia científica”.

La presentación de esas imágenes y discursos sobre los indígenas, explica
Warburg, “están destinadas a ayudar a las generaciones posteriores en su intento
de encontrar la claridad y superar la trágica disputa entre el pensamiento mágico
instintivo y la lógica discursiva. Esta es la conferencia de un esquizofrénico
(incurable), entregada a los archivos de los psiquiatras” (en Gombrich, 1992: 304).

Inicialmente Warburg, como muchos historiadores del arte de esa época (es decir,
de mitad y finales del siglo XIX), enfocó sus estudios en el arte del renacimiento.
Una época de importantes cruces entre las iconografías antiguas, tanto cristianas
como paganas. En esa época, el principal foco de análisis de Warburg fue la obra
de Sandro Botticelli. No obstante, con el pretexto de un viaje familiar a Estados
Unidos, para la boda de su hermano Paul, que “tuvo lugar el 1 de octubre de 1895
en Nueva York”, Warburg se encontrará con un mundo que le permitirá descubrir
un cruce entre imágenes y culturas. Estos hechos transformarán su propia
concepción sobre el arte y las imágenes. En los borradores de la conferencia de
Kreuzlingen, se encuentran algunas explicaciones del viaje, y de la huída de
Nueva York hacia Washington, “para visitar la Smithsonian Institution”, donde se
encontró con “el cerebro y la conciencia científica del este estadounidense”. Allí
estaban Cyrus Adler, Mr. Hodge, Franck Hamilton Cushing y James Mooney, así
como en Nueva York se encontraba Franz Boas, es decir, “los pioneros de la
investigación de los pueblos indígenas” (en Raulff, 2004: 74).

Otra hipótesis, más arriesgada, indicaba que ese envión de Warburg, surgió a
través “de un impulso psíquico” de su infancia” (Krieger, 2006). Así, durante unas
vacaciones en Ischl, Austria, “el joven Aby pidió prestadas de la biblioteca local
unas novelas” de indígenas. “La lectura le ayudó a escapar de una difícil realidad,
en la que él y sus hermanos tenían que repetir las monótonas oraciones judías
para la madre gravemente enferma” (Krieger, 2006). Este motivo psíquico “anticipa
el afán de Warburg de exponerse al contraste (de culturas) como motor del
conocimiento”. De ahí es que “surgió su interés en el cruce de culturas” a través
de las imágenes. “Las investigaciones del Bureau of American ethnology en la
Smithsonian institution de Washington, D.C.” (Krieger, 2006), le permitieron a
Warburg realizar investigaciones transculturales sobre la imagen y su relación con
las culturas antiguas, renacentistas y modernas.


                                        33
Un segundo ambiente arqueológico, que hay que resaltar de la obra de Warburg,
es el proyecto Mnemosyne. Atlas de las imágenes, que quedó inconcluso a su
muerte en octubre de 1929, estaba conformado por tablas de tela negra (de las
que se conservaron cuarenta) sobre las que estaban pegadas cerca de un millar
de fotografías. La pasión de coleccionista de Warburg, al igual que la de Walter
Benjamin23, los lleva a ambos a convertirse en antecedentes directos de la cultura
pop y de las culturas del rock, porque no solamente se encontraban iconografías
de sus temas de arte favoritos, sino que, además, incluyó afiches publicitarios de
una compañía de navegación, la imagen de una jugadora de golf y hasta la de
Mussolini y el Papa firmando el concordato. Así, “para la definición warburgiana de
una ‘Ciencia de la cultura’” o, mejor dicho, de una “ciencia de las imágenes”
(ciencia sin nombre), la “ampliación del fondo de objetos estudiados fue
fundamental”. En Mnemosyne hay libelos ilustrados, sellos, escenografías
efímeras y otros tipos de documentos visuales de distribución masiva. “La cultura
no se configura únicamente en el elevado nivel de la obra de arte”, sino que él
despliega su potencial —crítico o afirmativo— también en un sinnúmero de otras
imágenes visuales (Krieger, 2006).

“Pero Mnemosyne es algo más que una operación, más o menos orgánica, de los
motivos que han guiado la investigación de Warburg”, como indica Agamben
(2007: 172), es, según dijo el propio Warburg, una historia de fantasmas para
personas adultas.


3. Walter Benjamin: pasajes y coleccionismo

La relación entre imagen- arte- tecnología, cultura y consumo, en la obra de
Walter Benjamin (1892- 1940), implica, analizar, tanto las transformaciones
técnicas que se producen en las primeras décadas del siglo XX producto de su
reproducción (1972a), como el surgimiento de imágenes que construyen una
nueva visibilidad del consumo, transformando la mercancía en una fantasmagoría
y, por ello, dando un paso más en su fetichización (ya anunciada por Marx).

Así, las galerías comerciales, los escaparates, la moda, los espejos, las luces en
la ciudad, las expo mundiales y los bulevares parisinos, así como personajes
como el flâneur, construyen un nuevo tipo de imagen, donde comienza a confluir la
paradójica materialidad e inmaterialidad del objeto visual, su doble situación de
aparición y desaparición, de realidad y virtualidad, que llevó a Benjamin a realizar
el análisis textual, contextual, discursivo y visual, de uno de los fenómenos más
transformadores del siglo XX, como es la imagen. Benjamin, desde sus tempranos
escritos, tenía la intención de comprender las transformaciones culturales y


23 Sobre las similitudes entre Warburg y Benjamin, véase Cornelia Zumbusch, Wissenschaft In Bildern. Symbol und didaktisches Bild
in Aby Warburgs Mnemosyne-Atlas und Walter Benjamins Passagen-Werk, Berlín, AkademieVerlag, donde la autora explica el nuevo
concepto historiográfico más ilustrativo de los dos pensadores y Roland Kany, Mnemosyne als Programm: Geschichte, Erinnerung,
und die Andacht zum Unbedeutenden im Werk von Usener,Warburg, und Benjamin, The German Quarterly, 62, No. 2 (1989)


                                                              34
tecnológicas que se estaban ocurriendo en la imagen, sus derivas, desviaciones,
perdidas y encuentros.

Esas intenciones lo llevan a transformarse en un escritor (teórico- periodista-
ensayista- crítico) que desafía su época, con la “peligrosa idea” (Waters, 1999),
sobre tecnología, imagen y cultura, de difuminar las fronteras entre la tecnología y
la creación; entre la contracultura como práctica de subversión y la diseminación
interpretativa; entre la acción corporal y su multiplicación en rostros, simulacros y
mímicas.

Esas ideas de Benjamin se sostienen en sus análisis, desde los años ’30, de
fenómenos como el cine24, la fotografía, la caricatura, la publicidad, el jazz, los
escaparates de las tiendas comerciales, las galerías, todos ellos considerados
menores artísticamente por una élite que los definía –utilizando una terminología
aristocrática- como fenómenos subculturales. Sin embargo, detrás de la “peligrosa
idea de Walter Benjamin”, está la intuición de que en el subsuelo de estas formas
se está operando una revolución en la imagen y en cultura tradicional, que implica
un ascenso pujante de la contracultura desde los márgenes y los contra- límites de
lo establecido. Benjamin, a diferencia de algunos de los otros colegas suyos
judíos- alemanes con los que mantenía una estrecha relación, como, por ejemplo,
Adorno, tenía un vínculo concreto con las ciudades y sus relatos. Uno de los
ejemplos más notables es París y los cambios que en esta ciudad se estaban
produciendo.

Para Martin Jay (2003: 42): si se compara la posición que Horkheimer o Adorno
“ocupaban con la de amigos tales como Kracauer y Benjamin, quienes estaban
por completo fuera de la jerarquía académica, se pueden observar” los efectos de
la distancia de los primeros con referencia a su contexto de producción con
relación a los segundos. “No sorprende advertir que Kracauer y Benjamin
escribieran más frecuentemente sobre la cultura de masas y la vida urbana que
los integrantes del Instituto, y generalmente lo hacían con una apreciación más
sutil de sus implicaciones”.

En el caso de Benjamin, la imposibilidad de ingresar a la Universidad, lo lleva a
transformarse en traductor, crítico literario (y cultural), periodista y analista de su
época. Algunos de los principales textos que se conocen de Benjamin y que
implicaron algunos de los análisis más interesantes sobre la cultura de masas, el
periodismo, la literatura, la fotografía, la música y el cine, surgieron en esas
circunstancias. Cabe mencionar, entre otros, Breve historia de la fotografía, La
obra de arte en la época de la reproductibilidad técnica, El autor como productor,
y, finalmente, su obra inconclusa de los pasajes, París en el siglo XIX.


24 Con esta posición sobre Walter Benjamin, discreparía Susan Sontag (2005: 130), quien, pese a destacar su extraordinaria posición
como crítico literario, indica que, aunque, “escribió con igual brillantez sobre Goethe, Leskov y Baudelaire”, no “se ocupó de ningún
escritor de nuestro siglo. Y el cine, la única forma artísticamente importante de nuestro siglo verdaderamente nueva, a la que consagró
la mayor parte de un importante ensayo, fue singularmente mal comprendido y subestimado por Benjamin. (Pensó que el cine
encarnaba la abolición de la tradición y de la conciencia histórica, y, por ello, ¡una vez más!, el fascismo)”.


                                                                 35
Con referencia a la relación entre Benjamin y Warburg, es muy importante
   comprender que unos años antes que Walter Benjamin, este último, ya se había
   planteado la posibilidad de diseñar ese atlas de las imágenes, que albergara en su
   interior la “memoria visual” de Occidente y su relación con las culturas paganas.
   En esa memoria, no solo había lugar para el arte del renacimiento u otras épocas
   de occidente, sino, además, para imágenes de la publicidad, recortes de
   periódicos, publicidades y hechos políticos. Este segundo aspecto, será retomada
   por Benjamin, años después, en otra obra inconclusa: La obra de los pasajes:
   París en el siglo XIX.


4. Del cuestionamiento a la estética a la historia de las miradas

   Es en Roland Barthes (1995), por su parte, que aparece el planteamiento sobre la
   necesidad de una historia de las miradas, más que una historia de las imágenes.
   En ese contexto, Barthes ya ponía en cuestionamiento el concepto de imagen,
   propiciando – ¡algo extraño en un estructuralista!-, un estudio desde la subjetividad
   (mirada) de las llamadas “máquinas de visión” (Virilio, 1989).

   Pero ya estaban resonando esos ecos en la filosofía fuertemente visual de
   Nietzsche; en las derivas oculares de Heidegger, con su definición de la
   modernidad como la época de la imagen del mundo; en el temprano interés
   fenomenológico por la imaginación (Sartre, 2008); en los destellos del gran ojo
   como análisis de la vigilancia y el castigo en Foucault a partir de Bentham
   (panóptico); y, finalmente, en la consideración espejista de la filosofía pragmatista
   propuesta por Rorty (la filosofía como el espejo de la naturaleza).

   Gilles Deleuze (1993), tensa el debate con referencia al cine, llevando a Bergson a
   plantearse diversos acercamientos a la imagen- movimiento e incomodando la
   ecuación movimiento- trayecto. Martin Jay (2003), por su parte, realiza un extenso
   análisis sobre los “regímenes escópicos de la modernidad” y “la crisis del
   ocularcentrismo” tras el ascenso de la hermenéutica.

   En Vida y muerte de la imagen en Occidente. Historia de las miradas de Régis
   Debray (1994), aparece explícitamente la idea de muerte de la imagen, lo que
   implica el surgimiento, desde sus cenizas, de lo visual. Es la tercera edad de la
   mirada, caracterizada por la economía de lo visual, luego de las primeras edades,
   llamadas mágica (primera edad) y estética (segunda edad). “La evolución conjunta
   de las técnicas y de las creencias” conduce “a señalar tres momentos de la
   historia de lo visible: la mirada mágica, la mirada estética y, por último, la mirada
   económica. La primera suscitó el ídolo; la segunda el arte; la tercera lo visual. Es
   decir, más que visiones” hay organizaciones del mundo (Debray, 1994: 39). La
   primera es la organización logosfera, la segunda es la esfera grafosfera y la
   tercera es la mirada videosfera (Debray, 1994: 178- 179).

   Así las cosas, se podría discutir si los estudios visuales nacen al interior de los
   estudios culturales o si son, en definitiva, un eje paralelo de análisis que cruza por


                                            36
el arte, la filosofía estética y los estudios en comunicación. El temprano interés de
   Raymond Williams25 por la cultura de masas, la televisión y la tecnología, permiten
   fortalecer la primera hipótesis.

   No obstante, lo interesante de los estudios visuales, es que se plantean como un
   eje transversal que permite conjugar el arte, la filosofía y la comunicación, para
   considerar el análisis crítico de “las máquinas de visión”.

   Fredric Jameson (1997), realiza un detenido análisis sobre las diferentes etapas
   de la mirada. Planteándose, por lo menos, tres momentos históricos donde las
   miradas presentan características específicas. Así, mientras que la mirada colonial
   se caracteriza por su asimetría (el colonizado no mira los ojos del colonizador) y la
   mirada panóptica extiende el ojo por todo el campo disciplinario, es la mirada
   postmoderna o neobarroca la que es absorbida por la pantalla. Sin embargo, como
   indica Martín Jay (2003: 222), no hay un solo régimen visual en las diversas
   épocas, y menos aún, en la modernidad. Por ello, propone la idea de que “el mejor
   modo de entender el régimen escópico de la modernidad es concebirlo como un
   terreno en disputa, antes que como un conjunto armoniosamente integrado de
   teorías y de prácticas visuales”.


5. En el contexto de los estudios visuales: la iconofagia

   Esa mirada posmoderna y esquizofrénica, ya absorbida por lo visual, es devorada
   por las técnicas -¿ya sin logos?- de la imagen, que extienden el campo
   problemático de análisis de la imagen, de lo visual y de la virtualidad, en una
   nueva etapa en la larga historia de la crisis de la representación.

   Vinculado desde sus primeras obras al dadaísmo y a la antropofagia (vanguardia
   artística brasileña que está presente en la escena desde la década del ’20 del
   siglo pasado), Norval Baitello jr. (1993 y 2008) viene desarrollando una serie de
   investigaciones que, sacando al ícono de su dogmatismo semiótico- semiológico,
   plantea el incremento de la devoración de imágenes y visualidades en la cultura
   contemporánea y en la iconología postmoderna. Así, el debate sobre la
   iconografía y la iconología tiene una larga historia que se remonta a los seguidores
   de la obra de Aby Warburg. El debate entre las obras de Panofsky y Saxl, entre
   otros/otras integrantes de la primera generación de warburgianos, se extiende
   hasta Gombrich –segunda generación de warburgianos-, y la actualización
   contemporánea que involucra a diversos teóricos y críticos que están analizando
   la obra de Warburg, como, por ejemplo, Carlo Ginzburg, Giorgio Agamben y
   Baitello jr. No obstante, la formalidad iconográfica y la reducción de la imagen a un
   análisis formalista de su interioridad (iconografía) sin, tener en cuenta, los

   25Fredric Jameson (1996: 101) comenta una anécdota sobre el interés temprano que tenía Raymond Williams por la televisión. Indica,
   que en un encuentro sobre el tema organizado por The Kitchen en octubre de 1980, mientras los participantes “desfilaron en tropel
   hacia el podio sólo para quejarse de que no podían comprender por qué se les había invitado, ya que carecían de opiniones concretas
   sobre la televisión (que algunos admitían ver); muchos añadieron, como si se tratase de una ocurrencia posterior, que entre los
   conceptos que sobre la televisión se habían ‘producido’ sólo uno tenía cierta viabilidad: el ‘flujo total’ de Raymond Williams”.


                                                                  37
aspectos contextuales de la cultura (iconología) eran rechazados por Warburg. Es,
   por ello, que en diversas oportunidades se ha sostenido que los warburgianos
   traicionaron los métodos del crítico judío- alemán.

   En una São Paulo saturada de imágenes visuales26, Baitello jr. (2008), sostiene
   que pasamos de una subjetividad que devora imágenes a una subjetividad
   devorada por éstas. Es decir, se plantea la tesis de que la imagen se siente
   incapacitada para representar, ya que ella misma fue comida (fágicamente) por
   una visión sin mirada, y ésta, también, por lo tanto, fue absorbida por la pantalla,
   junto con los residuos de la subjetividad27.

   Estas tesis, que ya fueron llevadas al cine en películas como The Truman show,
   Ed Tv y, anteriormente, por Woody Allen en La rosa púrpura del Cairo, desafían a
   la semiótica audiovisual y a los estudios visuales, planteándosele la urgencia de
   diseñar metodologías, teorías y reflexiones críticas, sobre la intención y extensión
   de las técnicas visuales.

   En sus más recientes investigaciones, Baitello jr (2009), siguiendo el derrotero de
   Aby Warburg y de teóricos como Vilém Flusser, Siegfried Zielinski, Dietmar
   Kamper, entre otros, propone trasladar el eje de análisis del campo del arte al de
   la imagen. Discutiendo, junto con Warburg, de que tanto el arte y sus derivas
   iconográficas y sus ampliaciones iconológicas, no permiten dar cuenta de la
   profundidad arqueológica de lo visual, Baitello analiza críticamente los desajustes
   visuales que se producen en la mirada por una imagen que –en su proceso fágico
   o de devoración- no deja rastros ni residuos de lo comido. Como en El cocinero, el
   ladrón, su mujer y su amante, la imagen del amante- ladrón es el plato de cierre
   que nos tiene preparado el cocinero al final de la jornada.

   La idea de iconofagia (Baitello, 2008), por lo tanto, permite integrar todos esos
   conceptos y, además, plantearse una teoría crítica sobre la poderosa máquina de
   producir imágenes, cuestionando las ideas neofuncionalistas que celebran la
   explosión de imágenes y técnicas.


6. Iconofagia y virtualidad

   Así las cosas, se recorre el camino que se transita entre la teoría de la imagen y
   los estudios visuales, en el que se encuentra la ruptura de la mirada y la
   emergencia de subjetividades devoradas por lo visual. En ese contexto, la
   propuesta iconofágica, implica poner en cuestionamiento a la representación –una
   vez más-, ya que no solamente son las imágenes las que se devoran sino que,
   además, son los cuerpos los que son comidos en un festín del cual no quedan
   huellas, indicios, ni rastros. Las radicales formas de performances

   26 Hay que recordar que São Paulo era una de las ciudades del mundo más contaminadas visualmente, fundamentalmente, producto
   de los carteles de publicidad. En el año 2006 con el plan “cidade limpa”, el gobierno estadual diseñó un plan de limpieza de la ciudad
   de esa abundante cantidad de publicidad (Ogécia, 2009: 49- 64).
   27 Fredric Jameson (2004: 86) sostiene que la subjetividad es irrepresentable.




                                                                    38
contemporáneas como las que llevan a la práctica los artistas- antropófagos como
Günther von Hagens, quien en la exposición “Los mundos del cuerpo” (Museo de
la Técnica y el Trabajo-Mannheim-Alemania), expuso doscientos cadáveres
humanos, son un ejemplo de lo que se viene sosteniendo. Posteriormente, en el
año 2008, bajo el nombre de Bodies. The Exhibition, se presentó el médico- artista
von Hagens, en el “Espacio Kennedy” de Santiago de Chile. El éxito fue tan
rotundo que hubo que ampliar el periodo de exhibición de la misma.

Hay otros ejemplos que pueden sumarse y que implican una relación ya no de
saturación sino de rarefacción o de vacío con los objetos. En la bienal de São
Paulo del año 2008, el segundo piso del edificio de la bienal se encontraba con
sus paredes en blanco y con múltiples visitantes que –en muchos casos- quizás
por primera vez reconocían el edificio, sus paredes, sus ventanas y la naturaleza
externa. Se pasó en el año 2006 de la saturación de imágenes que cubrían la
avenida paulista a la “ciudad limpia”, y en el mismo año, la saturación de las obras
de arte de la bienal, con todo el espacio completo de obras, dejó paso dos años
después, a la experiencia de la rarefacción o del vacío.

Pero, también, se produce la saturación de imágenes y la devoración de
visualidades, en las formas que adquieren los usos informáticos de youtube,
facebook, y otras diversas posibilidades que se encuentran hoy, como ocurre con
el traslado del género del reality show a distintos campos comunicacionales
(como, por ejemplo, la televisión, la publicidad, la propaganda, la política o el
infoentretenimiento). Es decir, se produce esta radical asimilación de la imagen o,
mejor dicho de lo visual, su auto-referencia y auto-consistencia virtual.

De esa forma, iconofagia, virtualidad y visualidad, implican tres maneras de pensar
radicalmente la crisis de la representación y asumir una propuesta para pensar los
cuerpos desde sus indicios, huellas y rastros (Nancy, 2007).
Desde ese aparato teórico, se pone en cuestionamiento, además, la idea de que la
virtualidad se opone a la realidad. Lo virtual se opone a lo actual, pone en
entredicho la lógica del sentido y de la representación, como formas de paralizar el
acontecimiento. La virtualidad implica la ruptura nómada del acontecimiento. El
choque violento de la visualidad sin máscaras, el simulacro de la mímica y de la
transgresión.

Implica, en resumen, subvertir los signos, carnavalizar e invertir los sentidos,
desde los sinsentidos, desde el afuera constituyente de la inmanencia absoluta.
En definitiva, se proponen diversas formas de devorar (fagia) visiones sin
miradas, cuerpos despellejados y acontecimientos sinsentidos. Esto es, desde la
presubjetividad28 emergen las virtualidades. Es el desafío de los estudios visuales
de plantearse nuevas metodologías y teorías en crisis de representación, desde la
virtualidad y el acontecimiento de lo visual.



28   Hablar de presubjetividad es poner en tensión la idea cerrada de sujeto.


                                                                    39
7. Virtualidad: pensar la heterotopía de la mirada

   En definitiva, la virtualidad emerge como una problemática que le agrega
   preguntas a la compleja relación contemporánea entre imagen- visualidad y
   mirada. La noción de virtualidad es compleja desde sus primeros tratamientos. Si,
   además, le sumamos la relación que tiene (y ha tenido), históricamente, con los
   conceptos –también complicados- de simulación y de simulacro, se incrementan
   las complejidades.

   Lo primero que hay que asumir es, que lo virtual no es una solución –como sería
   lo actual-, sino una problemática que pone en tensión la ecuación: signo y
   realidad. Es la fantasmagoría de lo ausente- presente, de lo que aparece y
   desaparece, y, por lo tanto, no tiene un estatuto material claro. Esa situación,
   transformó a la virtualidad, en el temido fantasma que habitaba la caverna
   platónica, pero, también, en el rey asesinado que aparece y desaparece para
   vengar su muerte (Hamlet). Hoy, el temor a lo virtual se asimila en los mundos
   paralelos construidos (y deconstruidos) en la instantaneidad de los flujos de
   imágenes auto-referenciales.

   Así las cosas, la virtualidad tiene un doble estatuto –paradójico y no
   complementario-: por una parte, alimenta y sustenta el capitalismo tardío y sus
   técnicas postespectaculares de seducción y producción de deseos, pero,
   extrañamente, se transforma –por su entidad espectral, potencial y paradójica de
   aparición-desapariciente- en la entidad que desafía al propio sistema por su
   capacidad de mutación, transformación y cambio29.

   La virtualidad está hecha de acontecimientos y de singularidades. Lo que se llama
   virtualidad no es algo que carece de realidad sino algo que se compromete en un
   proceso de actualización siguiendo un plano que le da su realidad propia. “El
   acontecimiento inmanente se actualiza en un estado de cosas y en un estado
   vivido que permite su irrupción. El propio plano de inmanencia se actualiza en un
   sujeto y un objeto a los cuales se atribuye. Pero aún cuando no se puede separar
   de su actualización, el plano de inmanencia es virtual en sí mismo, así como los
   acontecimientos que lo pueblan son virtualidades” (Deleuze, 2009: s/n).

   La virtualidad se conforma en un espacio heterotópico, es decir, en un espacio-
   otro que pone en cuestionamiento la identidad del lugar. También, la heterotopía
   cuestiona la entidad representacional, asumiéndose como una performance que
   activa máscaras, rostros y mímicas… Es, en definitiva, la puesta en crisis y en
   tensión del nombre y de la identidad como universales, y la emergencia rizomática
   y subterránea de la singularidad y del acontecimiento.
   Los ejemplos de la hipertextualidad, y, aún más, de la hipermedialidad, activan un
   tránsito y un traslado entre textos, discursos, imágenes y cuerpos, que asumen el

   29 Un ejemplo de lo mencionado, es el análisis que realiza Jacques Derrida (1998) sobre la espectralidad- virtualidad del marxismo, y
   el desafío que se le produce, frente a esta situación, al capitalismo y a las teorías conservadoras que pensaron que el marxismo se
   había acabado. Virtualmente, desde sus cenizas, aparece y desaparece subvirtiendo el orden del sistema.


                                                                   40
viaje laberíntico en el entre de los intersticios de las fronteras, entre diversas
   prácticas significantes y asignificantes.

   El desafío es pensar, poniendo en tensión la iconofagia, la transgresión de lo
   virtual como puesta en cuestionamiento de la identidad del sistema y de las
   imágenes hiperreales.


8. A modo de conclusiones

   El ciberespacio abre diversas posibilidades, actualmente, para pensar lo virtual.
   No obstante, hay que incorporar en el análisis la compleja carga histórico-
   filosófica que tiene el concepto. Gilles Deleuze, en varios textos, llama la atención
   sobre las relaciones entre virtualidad, acontecimiento y singularidad. Desde sus
   análisis sobre el simulacro y la virtualidad en la filosofía platónica, pasando por su
   actualización en Lucrecio hasta llegar a la carga subversiva y transgresora que se
   encuentra en la literatura moderna y las rupturas artísticas que se producen en el
   siglo XX (Deleuze, 1994). El filósofo del acontecimiento, asume que la virtualidad
   implica una ruptura en la normalidad producida por el evento y en la coherencia
   enunciativa y significante (la singularidad del asignificante). Implica, además, una
   puesta en cuestionamiento de las entidades cerradas e identitarias: llámense
   sujeto, comunicación o Estado.

   Por ello, es que la virtualidad tiene una realidad propia que está actualizándose en
   cada acontecimiento o evento. Es interesante, al respecto y como vía de ejemplos,
   recordar las diversas utilizaciones artístico - políticas, que se realizan hoy de la
   virtualidad: desde la revolución zapatista, pasando por el trabajo de la imaginación
   que llevan a la práctica en el ciberespacio los migrantes, hasta llegar a los
   estudiantes secundarios chilenos que en el 2006 desafiaron al sistema consensual
   de la postdictadura instalado por la concertación, la alianza de partidos políticos de
   derecha y los medios de comunicación afines a ellos.

   Si la iconofagia da cuenta de la doble situación contemporánea donde las
   imágenes son devoradas por las subjetividades, y éstas a su vez son comidas por
   aquellas, poniendo en tensión y en crisis a las propias subjetividades y a las
   miradas que la sustentan, la virtualidad, por su parte, incrementa esa tensión.

   En definitiva, la virtualidad desarticula las formas de representación del poder,
   desestabilizando, por su condición potencial, la condición cerrada del cuerpo. En
   esta compleja situación del cuerpo como copia intangible pero, también, como
   mecanismo virtual de desestabilización del control, emergen diversas posibilidades
   de analizar los complejos y diferentes estatutos que va adquiriendo el cuerpo
   como espectáculo y postespectáculo, como simulacro y virtualidad.-




                                            41
Referencias bibliográficas

AGAMBEN, Giorgio (2007). La potencia del pensamiento. Buenos Aires: Adriana Hidalgo.
BAITELLO JR., Norval (1993). Dadá- Berlim. Des/montagem, São Paulo: Annablume.
BAITELLO JR., Norval (2008). La era de la iconofagia. Sevilla: Arcibel.
BAITELLO JR., Norval (2009). “La serpiente, la electricidad y la imagen mediática. Algunas
reflexiones para una teoría de la imagen a partir de Aby Warburg” en Diálogos culturales II. São
Paulo: Bluecom.
BARTHES, Roland (1995). La cámara lúcida. Nota sobre la fotografía. Barcelona: Paidós.
BENJAMIN, Walter (1972a). “La obra de arte en la época de la reproductibilidad técnica” en
Discursos Interrumpidos I. Madrid: Taurus.
BENJAMIN, Walter (1972b). “Tesis sobre la filosofía de la historia”. Madrid: Taurus.
BENJAMIN, Walter (2005). La obra de los pasajes. Madrid: Akal.
BENJAMIN, Walter (2006). Passagens. Minas Gerais: UFMG.
DELEUZE, Gilles (1993). Estudios sobre cine 1. La imagen- movimiento. Barcelona: Paidós.
DELEUZE, Gilles (1994). Lógica del sentido. Barcelona: Paidós.
DELEUZE, Gilles (2009). “La inmanencia: una vida”, en Antroposmoderno.
http://www.antroposmoderno.com/antro-articulo.php?id_articulo=980 [Consultado 17-11-2009].
DEBRAY, Régis (1994). Vida y muerte de la imagen en Occidente. Historia de la mirada en
Occidente. Barcelona: Paidós.
DERRIDA, Jacques (1998). Espectros de Marx. Madrid: Trotta.
DE MAN, Paul (1996). La ideología estética. Madrid: Cátedra.
EAGLETON, Terry (2006). La estética como ideología. Madrid: Trotta.
GINZBURG, Carlo (2008). “De Warburg a Gombrich, un problema de método” en Mitos, emblemas,
indicios. Morfología e historia. Barcelona: Gedisa.
GOMBRICH, Ernst H. (1992). Aby Warburg, una biografía intelectual. Madrid: Alianza.
GRUZINSKI, Serge (2007). El pensamiento mestizo. Cultura amerindia y civilización del
Renacimiento. Barcelona: Paidós.
JAMESON, Fredric (1997). La postmodernidad y lo visual. Valencia: Eutopías.
JAMESON, Fredric (2004). Una modernidad singular. Ensayo sobre la ontología del presente.
Barcelona: Gedisa.
JAY, Martin (2003). Campos de fuerza. Entre la historia intelectual y la crítica cultural. Buenos
Aires: Paidós.
KRIEGER, Peter (2006). “El ritual de la serpiente. Reflexiones sobre la actualidad de Aby Warburg,
en torno a la traducción al español de su libro Schlangenritual. Ein reiseberich” en Anales del
Instituto de Investigaciones Estéticas, primavera, año/vol. XXVIII, número 088. México (DF),
Universidad Nacional Autónoma de México
MICHAUD, Philippe (1998). Aby Warburg et l’ image en mouvement. París: Macula.
NANCY, Jean- Luc (2007). 58 indicios sobre el cuerpo. Extensión del alma. Buenos Aires: La
Cebra.
OGÉCIA DRIGO, Maria (2009). “Cidade invisibilidade e cidade/ estranhamento: São Paulo antes e
depois da lei ‘Cidade limpa’” en Galáxia, n° 17, junho 2009, São Paulo, PUCSP EDUC, pp. 49- 64.



                                                  42
RAULFF, Ulrich (2004). “Epílogo” en El ritual de la serpiente. México: sexto piso.
SARTRE, Jean- Paul (2008). A imaginacão. Porto Alegre: Pocket.
VIRILIO, Paul (1998). La máquina de visión. Madrid: Cátedra.
WARBURG, Aby (2004). El ritual de la serpiente. México (DF): sexto piso.
WARBURG, Aby y Ludwig Binswanger (2008). La curación infinita. Historia clínica de Aby Warburg.
Buenos Aires, Adriana Hidalgo.
WATERS, Lindsay (1999). “La peligros idea de Walter Benjamin” en Las culturas del rock.
Valencia: Pre-textos.
ZIELINSKI, Siegfried (2006). Arqueologia da mídia. São Paulo: Annablume.




                                                 43
Los soportes de intermediación

     Algunas consideraciones teóricas alrededor de docencia,
                    arquitectura y virtualidad


                              Carlos Tapia Martín




1. El hipertexto como soporte y a la vez, medio

Un pensador piensa porque escribe, no porque piensa, aunque desagrade a
Richard Rorty (1993). Es un ejercicio necesario, muy al pesar de Kant, pero no de
Heidegger, que escribía mejor que disertaba. Para poner en orden los
pensamientos, hay que sacarlos de una forma de producción que, aunque se
piense con las palabras de la lengua materna o habitual, no se estructuran
cabalmente como textos, como comprensión y transmisión.

Esto se conoce con el nombre de transliteración. Estos trasvases de forma, son
los que perseguimos. Dos, o más, dimensiones no conjugables, no equiparables
entre sí, que ahora puedan reunirse en los estados intermedios del tránsito.
Salirse de sí para no ser en ese instante uno, y reunirse con otro que tampoco es
él. Al tiempo, dar cuenta del proceso. Pensar mientras se está pensando, qué se
está pensado. No sólo sobre lo que se piensa, sino cómo se piensa. Y para
hacerlo hay que detener, interrumpir, el proceso general.

Hanna Arendt (2003) se preguntaba por el sitio donde quedamos al ponernos a
pensar y Manuel Delgado (2001), el antropólogo catalán, le respondería que no se
está, que si podemos hallar un lugar será porque no podrá ser entendido como tal,
y que si aceptamos dar un nombre debe ser uniéndolo a su negación, para no
dejar tangibilidades, un no-lugar, a medio camino entre lo posible y la voluntad de
representar el mundo. Es revelador darse cuenta y dar cuenta de esto, como lo
hace el pensador-escritor Jacques Derrida cuando atribuye a la escritura una
forma de habitar. En el habitar textual se dan rasgos de funcionalidad y de forma,
de escala y proporción, de relaciones y viviencialidades, de cobijo y de condición
de ser. Cuando Derrida (1997) piensa cuál es el tiempo de una tesis, se propone
para sí una lectura no del tema, sino de un concreto instante de sí en el tema, que
luego trasmuta en generalidad y pertenencia. Para poder decir, se tiene que tener


                                        44
ese tiempo de silencio, de distancia, de sentidos desconectados, de pérdida de los
referentes que impulsaron la escritura. “En el silencio de la palabra”, nos sitúa
Edmond Jabès (2000). No ser ni uno ni su resultado, ni su representación.

Jonathan Culler (1978), para bucear en la textualidad, buscará en la transparencia
de la escritura, para así contemplar directamente el pensamiento. Ni el cuerpo ni
su sombra. Estar en el medio. Así surge un conato de conciencia como en un
sueño, donde sólo hay unos instantes como para fijarlo y poder retenerlo. Pasados
estos segundos, el mundo soñado desaparece y no podemos recordarlo. Y si
finalmente somos capaces de hacerlo, se indiferencia lo real y lo soñado. Se
consigue una expansividad en la vivencia.

Vivir en el texto significa también apetencias e inconsciencias, o nuevos intereses,
o encontrarse con otros sentidos insospechados. El texto, inagotable, no se quiere
referir a sí mismo, sino a los miles de sí mismos que en él se encuentran. Derrida,
una vez que ya ha constituido el cuerpo de su tesis, se sale de ella, para poder
contar(se)la en el momento de su presentación. Disgrega, deriva, distrae. La tesis
ya no es ella, carece de entidad al constatar que toda investigación no se acaba,
sólo se interrumpe y es esto lo que hay que tratar de contar.

Existe en ese paréntesis continuo que es cualquier texto, múltiples dimensiones
que organizamos recurrentemente desde el lenguaje de diferentes maneras. Unas
veces, cuando tienen magnitudes articulables entre sí, se muestran con signos
alternativos: guiones, paréntesis, cursivas… Otras, menos conjugables, con notas
al pie o al final. Otro paso posterior posible es la cita de elementos bibliográficos
más distantes, o los comentarios ad marginem. Espacialmente cubren sólo una
dimensión, o como máximo, dos. En alguna ocasión traté de indagar sobre sus
posibilidades, de tal manera que la construcción del texto consistió más en leer en
los márgenes que en el propio discurso principal. Cuando uno lee una anotación
como derivación de una función principal, hay una interrupción de ésta que
necesita un esfuerzo cuando la anotación se acaba y debemos volver al texto
principal. En ese texto constantemente marginado, casi no había tema principal y
sí una sobreabundancia de anotaciones. En cualquier caso, lo interesante de
todos los textos, cualesquiera, es que siguen siendo paréntesis en su definición.

Félix Duque (1987), argumenta que este signo es exclusivo de la escritura, aunque
por los modos en que somos capaces de ver el presente, siempre
relacionalmente, siempre yendo de un lado a otro, se diría que no pertenece
únicamente a ella. Manteniendo el étimo que Duque propone –interposición,
intercalación-, la manera disponible de comprender el mundo se realiza por la
intensa disposición laminar que existe entre cada referente (o nodo). Su replegado
o desplegado es lo que confiere forma a ese mundo: da la comprensión. La
matización constante, como veremos más adelante para las Palabras Clave, da
una “coextensividad” a los argumentos propios, directos y de expectativa
proporcionados por los datos iniciales. Sin embargo, no sabremos con antelación
en qué terminará.



                                         45
Apelando a la manera con que el desaparecido arquitecto Enric Miralles abordaba
estas cuestiones, los campos mórficos interiores a cada línea proyectual surgirían
espontáneamente, derivando tales líneas hacia situaciones poco controlables. Tal
vez por ello, y al hablar de la forma como resultado, su dictum: “si tiene barba, San
Antón, y si no, la Inmaculada Concepción”. Con lo que la forma no es lo buscado,
sino lo inesperado del encuentro con ella en el momento de decidir que el proceso
se detiene, se silencia para sentirse, para pensarse mientras piensa.

Derrida apremia su texto iniciando con un paréntesis que consta de las siguientes
preguntas: “¿Debería hablarse de una época de la tesis? ¿De una tesis que
requeriría tiempo, mucho tiempo, o de una tesis a la que le habría pasado su
tiempo...? En una palabra, ¿hay un tiempo de la tesis? E incluso, ¿debería
hablarse de una edad de la tesis, o de una edad para la tesis?”

Aquí, las dimensiones no son de morfologías afines a la escritura, al tema de la
escritura. Se sitúan fuera de ella y se urden tensores de fijación para vencer la
resistencia dimensional y temporal. Lévinas (2001), situado justamente entre la
realidad y su sombra, propone para la obra de arte, toda obra de arte, una
condición, la de ser una “estatura [aclararía: una dimensión] que realiza la
paradoja de un instante que dura sin porvenir, sin descendencia, sin prole”.

Sujetos a esta circunstancia, un hecho no es sino el retirado de su continuidad
para así situarse en una instantaneidad exhalante de sentidos, dispuestos a
desaparecer con premura para volver al proceso. Este requerimiento
hermenéutico es el que proponemos como base de entendimiento de nuestros
supuestos. La posibilidad permanente de abrir los enormes abismos que se sitúan
entre los párrafos, colocando en ellos más y más argumentos que no deben
obediencia a un sentido prefigurado. El contenido tético, entonces, sólo se refiere
a toma de conciencias particularmente intensas en una momentaneidad
indeterminada, con riesgo, pero sin saber a dónde se quiere llegar. Este
movimiento continuo que es la no detención terminal, sino germinal, Tao, flujo,
confluencia de fuerzas, es el estar en camino que Heidegger diferencia de seguir
un camino, un método. El odos no es el methodos. Una acción no es la
determinación del movimiento que la conduce. Se hace camino al caminar, que se
dice el poeta. Por ello es maniobra y no método, y Derrida va de la mano de
Heidegger en tanto que equipara el trabajo del pensamiento a manera, a
maniobra, a manipulación, a procesos de cambio de entidad. La mano que
maneja, que acciona, o Handlung (Derrida 1996), interfiere profundamente en los
contenidos y en su aparición. No es una mano literal, sujeta su visibilidad a la
introducción de nuevas percepciones y reglas de juego por parte de la tecnología,
aunque su cariz de operatividad no sólo no se ve mermada sino centuplicada.
David Rothenberg (1993), clarinetista y profesor de humanidades para el Instituto
Tecnológico de Jersey, trata en su libro “Hand’s End” cómo la tecnología no da
cambios tan sustanciales en cuanto a la mejora de los procesos, esto es, en la
rapidez, la economía, o la posibilidad de hacer algo que antes no se podía, sino
que donde se sitúa el aspecto más relevante del cambio es en las cuestiones
consideradas laterales o adyacentes. Estas variables, que dejan de ser aledañas o


                                         46
resultantes, se tornan primordiales, como pensar que se puede concebir un mundo
contra el transcurso de su tiempo, manipulándolo con una nueva herramienta, al
modo en que un programa informático puede subsanar errores o lo que es más
revelador, que puede deshacer, al ir hacia atrás en el tiempo los pasos que han
configurado una figura anómala o un resultado inadecuado. Estas disposiciones,
que en el caso de Rothenberg consistirían en que los sonidos de su clarinete ya
no provinieran del movimiento de sus manos sino de una condición protésica a
caballo entre el cuerpo y el instrumento, darían una potencionalidad, cuando no
una dispersión completa de lo que hasta ahora ha sido constituido como la
organización sonora o musical. Al dar clarificación a lo que provocó el error –no
cerrar la tapa de la batidora- buscamos el botón de deshacer en el aparato para
que así se vayan las manchas de nuestra ropa. Al escribir, la manualidad del que
usa su mano sujeta a una pluma estilográfica desaparece cuando hoy la
sustituimos por una máquina. Pero no desaparece por retracción o hipertrofia, sino
por multiplicación. Ya son dos las manos que manejan, y nadie sabe cuántos –y
cuántas manos, por tanto- están detrás de quien escribe verificando sintaxis y
ortografía, organizando y dando forma al contenido, en un proceso que se vuelve
inacabable.

Si ya no hay tiempos de escritura, repaso, caligrafía, edición, publicación, sino que
todos se hacen al unísono, y si todos podemos ir engarzando cada vez más
relaciones con otros textos que se almacenan no lejos, o privilegiadamente cerca,
sino que son disponibles, accesibles, ¿dónde está el instante de la detención, del
silencio introspectivo? ¿Cuándo se ha de acabar, cuánto ha de durar el trabajo,
cuál es el tiempo del trabajo, de la tesis? Cómo enfatizar lo contenido en el ingente
telar, queriendo utilizarlo todo. La respuesta será dual. Por un lado, dando una
definición, un contenido a la detención. La propuesta que hacemos accionando el
presente será la introducción de la condición de interruptor. Por otro, proponer un
trabajo en camino, en proceso, que permita la múltiple vinculación, coextensiva,
cuyos despliegues pongan en forma los contenidos. Será una nueva noción,
abandonando el estado de larvario rudimento tecnológico en tránsito hacia el
ilimitado y recursivo rebuclaje de la hipertextualidad.


2. Interruptor. Acciones virtuales actualizadas

Iniciar el despliegue del contenido de interruptor, manualmente maquinado por
Derrida y urdido por nosotros, significa borrar la secuencia genética de lo que
sucede en el texto. Liberados de la nostálgica lectura por todo lo que pudo ser y
no fue, pero aferrados a las huellas que revelan como indicios un qué quiso ser, el
moldeado del contenido no puede ser reconstruido desde la incorporación del
software como articulador del texto, enfrentado a los procedimientos derivados del
empleo de la máquina.

El ordenador puede proceder para los arquitectos como delineante de infinita
precisión y reproductibilidad, cosa que no es muy meritoria, o puede ser
conceptualización proyectual, que trasciende la máquina. El arquitecto Josep


                                         47
Quetglas, investigando en los dibujos, no habría sido capaz de reconstituir,
vivificar, el espíritu corbuseano por las declinaciones de su acervo. En este trabajo
de rescate del interlineado en los bosquejos de las casas de Le Corbusier, el
arquitecto-detective que es el profesor balear, desenrolla el código de genes que,
convenientemente dispuestos, hubieran determinado –o quizá no- el proceder
arquitectónico de años de modernidad venideros. A partir de unos bocetos
desestimados por el arquitecto suizo-francés, Quetglas desenrolla cada una de las
líneas superpuestas que enmiendan a otras, que son más que líneas, hélices de
ADN y, de una parte, saca a la luz los objetivos no descritos como criterios de
proyecto, nunca sabidos, nunca revelados. Pero, de otra, imagina los efectos que
de haber tomado esa dirección hubiera provocado para los devenires
arquitectónicos, tanto por los retrasos que esos nuevos juicios podrían haber
supuesto o por las virtuales pérdidas por los avances no alcanzados. Este juego
temporal, lleno de paradojas, es el juego del arte mismo, que viene a detenerse
sin un claro, o motivado, o determinado compromiso. Son espectacularmente
propositivos los papeles sucios de Joyce y particularmente de George Orwell.
Tachaduras y enmiendas, renglones desechados y anotaciones de previsión de
continuación nunca retomadas. Los distintos finales de los procesos de Kafka, la
extracción del capítulo 22 de la “Naranja mecánica” en la edición norteamericana y
en la película de Kubrick, las grabaciones para el cierre de Blade Runner: suma de
contenidos que explicitan el mecanismo, el camino lo llamamos antes, del querer
decir. Empezar por cualquier sitio, terminar porque hay que hacerlo. Se detiene, se
interrumpe, aquí se deja. Su continuación vendrá desde otras instancias. Lo
habitual es que se enganchen por presencia y no por su variedad combinatoria
genética. Lo extraño es la operación de Quetglas, quien juega con el disco del
tiempo como un deejai en una master session, pero que abre un paréntesis ajeno
a la flecha lineal del tiempo, y desasido de los bordes, colma el hueco. El objeto
arquitectónico de Le Corbusier deviene ahora objetil, expresión de Deleuze
(Deleuze y Guattari, 2000) donde el objeto ya no proviene de un molde que trabaja
con la unión foma-materia, “sino con una modulación temporal que implica tanto
una puesta en variación continua de la materia como un desarrollo continuo de la
forma”.

En el poeta Paul Celan (Cuesta Abad 2001) está ese Unterhaltung,
entretenimiento, que consiste en una parada divertida y divagatoria, que distrae e
interrumpe, que en la interpretación de Cuesta Abad, “sin dejar pasar el presente,
no deja que sobrevenga algo, otra cosa, una presencia. La obra de arte es una
parálisis del instante, detiene el presente, lo entretiene fuera del devenir, lo
mantiene sin porvenir”. Y si cabe, algo más. La obra de arte es ya sólo arte, sin
obra, sin soporte, como lo es el texto, ya no depende del soporte papel, de la
linealidad de la lectura, sino de la multidimensionalidad de los recorridos que van
de un lugar a otro, siempre en movimiento.

Y recordaría aquí la Derridabase como ulterior extensión figurativa para este
ensayo, de lo que ya Benjamin quería para sí en sus Pasajes en 1939: "Nuestra
investigación se propone mostrar cómo, a resultas de esta representación de la
civilización en tanto que acumulación de cosas, las formas de vida nueva y las


                                         48
nuevas creaciones de base económica y técnica que debemos al pasado siglo
entran en el universo de la fantasmagoría. Estas creaciones son objetos de
'iluminación' no sólo de manera teórica, por una transposición ideológica, sino
sobre todo en inmediatez de la presencia sensible”. La presencia sensible de lo
que trasmuta en el tránsito de un sistema a otro y que deforma la concepción de la
realidad. Por ello no escribimos un texto, sino un metatexto, o texto de textos, una
asociación de miles de otros textos con este texto detenido o cesura en textos, sin
notas al pie o escolios, porque todo él es remitir, entre-tener o tener-entre,
expectantes de su posibilidad de llegar a ser, Lassen, dejar ser, hacer sitio. Hacer
sitio o espaciar, instantáneamente, para de nuevo volver a comenzar en el vértigo
del abismo que nunca se llena.

Para cuando la forma se forma, proviene de in-forma, de materia informada, de
atribuciones y contaminaciones sin que sea el fragor o el estruendo de millones de
presencias no asimilables, sino el puro silencio, el punto de la detención que
posibilita el inter-cambio. Edmond Jabès (Jabès, 2000) evacua del libro del
desierto al desierto de los libros –“una exploración de la nada a través de las
palabras”- el atributo de la hipertextualidad: “Toda página de escritura es nudo
desatado de silencio. El abismo es silencioso”. Se responde así a la pregunta de
John Cage (2002): “¿Existe de verdad el silencio?”. Sí, en estas condiciones, las
que están en Celán intercalado por Cuesta Abad: “cesura, la pura palabra, la
interrupción contrarrítmica que hace frente, desde su culmen o Summum, al
cambio precipitado de acciones, sentimientos y pensamientos, de manera que
aparezca, no ya el cambio de una representación a otra, sino la representación
misma”. Ésa es la investigación que se propone, dejar todo fuera, porque sólo así
se consigue tener todo dentro y generar un entre, un In-Between, cuyo continuo
despliegue y repliegue sea la forma.

Derrida, en este orden de cosas, indica que él no se opone a la noción de
interruptor, como podría pensarse al configurarse un opuesto entre sentidos en
esta palabra. Por un lado, al decir del filósofo español Mariano Peñalver (1998), la
proposición “entre” dibuja una contigüidad que no se pretende entre proposiciones.
Éstas sólo son indicativas de la posibilidad de la forma y sólo aparece –porque
desaparece- en los intersticios de la textualidad. Pero también, “entre” genera un
vacío o silencio, o una negación, de las posturas que se enlazan en el texto. Por
ello interesa a Derrida, por ser esta variabilidad de condición indeterminada lo que
configura el “germen de toda forma”.

El neologismo In-Between, que hay que ligar inequívocamente al arquitecto
norteamericano Peter Eisenman, constituye un amplio espectro de posibilidades
para la acción proyectual arquitectónica, pero también, como pasa siempre con
alguien se entromete en el trabajo de Eisenman, es fecundo para poder resolver
las cuestiones de actitud frente a los problemas que se puedan plantear en el
camino hacia el encuentro del presente. Su comportamiento, como una función
logarítmica, trata de colmar intervalos. Y esto, si se mantiene la atención férrea y
resignadamente en algunos libros de la pensadora social, mística y activista
política Simone Weil, se puede encontrar esta aportación de inter-mediación, que


                                        49
ella compara con el hacer de Platón para con el Alma del Mundo, siempre con
mediaciones, que resultan ser geométricas, y no aritméticas y armónicas. La
relación del In-Between de Eisenman con la matemática, proviene de lo borroso.
La “Blurring architecture” desdice toda referencia encaminada hacia un objetivo
previsible, para dejar emerger las condiciones, las estructuras profundas de la
génesis, de la morfogénesis, en el caminar escalonado, mejor escalante, que se
trata en la ambientación-obra del edificio para arte, diseño, arquitectura y
urbanismo en Cincinnati.

Mandelbrot, a propósito de geometrías topológicas, dictamina en su libro sobre
fractales la diferencia entre las figuras geométricas escalonadas y las escalantes.
Dentro la geometría fractal, el matemático de la IBM introduce en su glosario una
diferenciación entre ambas. Previamente a ello conviene decir que las fractales
son geometrías utilizadas para describir estructuras irregulares, caracterizadas por
autosimilitud, en una serie inacabable de mociones, dentro de otros motivos, que
se repiten en todas las escalas de longitud. Fractal, que es un término inventado
por Mandelbrot (1975) para su geometría que busca un modo descriptivo acorde
con el modo generativo más común en la naturaleza, proviene del latín fractus y
significa “interrumpido o irregular”. Así pues, las estructuras profundas de la
génesis, movidas por la matemática borrosa, y recreadas por la matemática fractal
constatan los inmensos espacios intermedios entre las proposiciones de mayor
visibilidad y presencia. Por ello, tanto el comportamiento textual de la escuela de
Diseño, arte, y arquitectura, DAAP, de Cincinnati, como la textualidad misma, la
hipertextualidad, se presenta de manera escalante, es decir, que sus partes tienen
la misma forma o estructura que el todo, pero con la particularidad de estar a
diferente escala y pueden estar ligeramente deformadas. Un interlineado se debe
a la estructura de pertenencia de las frases, pero su dimensionalidad propia,
cuando es desplegada, alcanza una direccionalidad autónoma, sin rumbo fijo. La
diferencia con el escalonado es que el texto se despliega linealmente, como
sucede cuando abrimos notas al pie o citamos. Mandelbrot dirá que el escalonado
se recepciona por el entendimiento de que la estructura está dominada por un
número muy pequeño de escalas intrínsecas muy diferenciadas. Lo fractal pone
en juego dimensionalidades desde la aproximación a la observancia del grado
entrópico de las cosas, como su actual forma de ser y no como su anomalía de
ser.

Lo que se nos presenta, después de lo dicho, es un interés especialmente atento a
poder encontrar en lo no principal, en los intervalos, en los intermedios, en las
detenciones, las interrupciones, en lo otro, en el “entre” en definitiva, tanto una
mayor capacidad de comprensión de los problemas estudiados como una actitud
proyectual de enorme relevancia. No sólo se vislumbra y ejemplifica en el DAAP
de Eisenman, que se comporta como un tránsito entre fases de la materia, como
un cristal líquido, sino que desde otras miradas, que antes se llamaban disciplinas,
también se constata este posicionamiento. Y la matemática da las vías de
aproximación. Si lo borroso o difuso trabaja en el ilimitado intervalo existente entre
el cero y el uno, que equivale a decir que está entre las infinitas posiciones que
existen entre lo verdadero y lo falso, y con ello se arbola una matriz relacional


                                         50
compleja en el proceso de elaboración del edificio de Cincinnati, el matemático
Zalamea (2004) introduce otras líneas, que particularmente a él, como profesor de
lógica matemática, les son de mayor provecho. Sus razones son pertinentes
porque lo borroso no ha dado lugar aún a nuevos cálculos lógicos, lo cual no
quiere decir que nosotros no podamos destacar su valor referencial por sus
constantes aplicaciones tecnológicas o conceptuales para la puesta en
funcionamiento de nuestro mundo presente. Sin embargo, merece detención,
interrumpirse en esta cuestión, para acercarse a otras lógicas contemporáneas
que han indagado con intensidad lo fronterizo y lo intermedio con la topología
como pegamiento y “transferencia de categorías y representatibilidad de un
sistema a otro”. Éstas serían lógicas como la intuicionista, lógica de los haces,
lógica categórica, interesadas todas ellas en modelizaciones que incluyen clases
de espacios topológicos para trazar fragmentos genéricos del continuo. No
entraremos en ellas, puesto que entraremos en la obra de Peter Eisenman apenas
con algunas de estas especificidades muy ligadas a empresas que no se
entrometerán en ningún caso en atribuciones y dominios que no nos son propios.
Lo que sí quisiéramos es deambular pacíficamente por la “segunda alianza” que
Prigogine (2001) alienta, no sin durísimos ataques de sus colegas, donde dialogan
las humanidades y los saberes fisico-matemáticos.

In-Between, lógica intersticial, como el estar-en-el-medio al decir del filósofo
alemán Peter Sloterdijk, donde capas múltiples y superimposiciones se usan para
amoldar el espacio, propone en arquitectura, además, otras posibilidades. Para
Eisenman, el arquitecto ha dejado de ser la mano y la herramienta, cuyos aires de
caducidad para demiurgos empujaban a Rothenberg. La arquitectura arraigada en
su condición tectónica, se hace sitio por resistencias a la apertura hacia otras
condiciones. Hacer sitio, que viene de sitiar, encerrar, generar un lugar, es una de
las normatividades de la arquitectura. Junto al lugar, el topos, estarían la forma, la
función, el material, el tiempo, etc. Claro que, estos son argumentos lineales, son
líneas en sí. Si ahondamos en sus entrelíneas y las desplegamos, el lugar tiene
precisamente un lugar en su encuentro con otras dimensiones de lugar. Luis
Castro Nogueira (1997) sitúa al topos alrededor de un no lugar, lo atópico. Sin
embargo, será en otro lugar, en lo que queda fuera de él, en el puro silencio de su
ser, en su cesura, donde encontramos su posibilidad de desarrollo, de despliegues
y repliegues. Fuera de sí, out topos, no lugar asimismo, o más allá: utopía, que no
son las viejas utopías modernas, tendentes a recapitular las figuraciones lineales o
de lugar como condición propia e inequívoca. Tampoco queremos arrogarnos la
afirmación de Augé (2004), aunque la compartimos y demandamos aquí, donde no
lugar es lo contrario de la utopía: existe y no postula ninguna sociedad orgánica.

Utopía, registrada su genealogía por los semiólogos, tiene que ver con nuestras
especulaciones sobre la multidimensionalidad en el interlineado en tanto que se
dispone para su aparición un recurso propio, lo descriptivo, que como indica la
semióloga Porras Medrano (1998), tiene “una explotación paradigmática: el
desarrollo lineal de la acción está destinado a posibilitar el despliegue de una
situación ejemplar que la configura siempre como práctica diegética”. Una práctica
diegética, esto es, una fuente interna a la propia representación, o dicho del revés,


                                         51
que no se trata de voz en off adosada a la representación principal, que exige una
escritura logarítmica, que se dirija hacia lo local, hacia el detalle, hacia el espacio
menudo que existe, contra la preponderancia de la totalidad, en la detección y el
éxtasis de segundas lecturas de coordenadas espaciales, que es lo que da sentido
y contenido a lo textual. Utopía no debe recabar para sí en este instante una
filiación ideológica, cuyas expresividades no son de ninguna manera síntomas
evidentes del comportamiento de nuestro presente, pero a tenor de la gran
cantidad de afirmaciones concernientes a este concepto y por la posibilidad de dar
un entendimiento a los valores que son relativos a nuestras preocupaciones,
queremos que se alcance con él el estadio donde la espacialidad ejerce como
significante en la escritura.

Las tensiones registrables entre lo uno y lo otro, el topos y el out topos, no dan a
resultas la supeditación de la nueva figuración inducida, sino que ambos deben
salirse de sí y provocar un encuentro dialógico que, de nuevo por Deleuze, se
establezca una “diferencia de potencial que produzca un tercero o algo nuevo”.
Tratar de hacer una sustitución en vez de un enfrentamiento de potencialidades no
nos daría cambio alguno.

Sigue Deleuze (Deleuze y Guattari 2000) diciendo que el entre implica “la
impotencia para pensar el todo como para pensarse a sí mismo, pensamiento
siempre petrificado, dislocado, derrumbado". A partir de ello, ya no más
identidades como unidades, sino tolerancias por mezcolanza o mestizaje.
Mixturas, entretejidas que llegan a conocerse por la interposición de soportes que
permiten la transducción entre sistemas diferenciados.

Quizá fuera mejor al revés, que cada lector introduzca sus lugares para, en el
silencio del vacío en el que detenerse y caer en la cuenta de su propia presencia,
desplegar las dimensiones que antes eran insondables y continuar, continuar de
nuevo. Pero cuidado, Derrida nos alerta; el entre no es un juego eminentemente
sintáctico. Superándolo, el entre, como hemos visto a propósito del tránsito de
Peñalver de la escucha hermenéutica hacia la escritura desconstructiva, hacer
presente su vacío semántico es, por contra, significante. Significante en cuanto a
“espaciamiento y a la articulación, tiene por sentido la posibilidad de la sintaxis y
ordena el juego del sentido. No es tendente a posicionarse al lado de lo sintáctico
ni al de lo semántico, sino que “señala la abertura articulada de esa oposición”. Ni
lugar, ni no lugar, sino del uno al otro y viceversa. Maurice Blanchot (López Gil y
Bonvecchi, 2004), dando cuenta del desdibujamiento del borde fronterizo, coloca
en lógica borrosa a los límites, a los extremos disociados y crecidos: “los límites se
borran en esta distinción maloliente del adentro y del afuera donde no hay más
espacio respirable. Contra esa amenaza de sofocación, el único recurso es el
vínculo y, sobre todo, el lenguaje. Contra el miedo de morir de sofocación,
intercambiar palabras”.

“Between the Lines” es el título dado por el arquitecto Daniel Libeskind a la
memoria que acompaña al proyecto ganador del concurso para el Museo Judío de
Berlín. Para la adosada linealidad de la textualidad con que el tiempo engarza la


                                          52
historia efectual, “entre líneas” no es para el inmenso vacío de los ausentes que se
invocan en este proyecto un juego de llamadas significantes metaforizadas, sino
literales, nuca mejor dicho, puesto que, y esto es literalmente transcrito de
Libeskind, “la sola idea de texto o la sola idea de destino tiene que ver con el
entretejido de las líneas”. Despliego de nuevo a Blanchot: intercambiar palabras,
intercambiar transarquitectónicamente, forma en trans-forma, exterioridad de lo
íntimo. Detenciones o interrupciones del reconocimiento del ser en el mundo,
como diría Heidegger, para dar paso a estar “entre las cosas”. Intercambiando e
indiferenciando sueño y vigilia, el sujeto está entre los objetos. Y Lévinas interfiere
en la condición del sujeto, retirando su presencia por el mero “espesor de ser” y
exigiendo, “un aquí, un algún sitio y conservando su libertad”. Este sitio, este lugar,
esta interrupción contrarrítmica, la pura palabra como potencialidad, la cesura
celaniana, el pliegue como escisión que recoge de Baltrusaitis el propio Deleuze,
es el (ou) topos descrito ya por mí y ahora por Cuesta Abad en Celan: “El
desenvolvimiento escalonado de palabras y versos, la diferente dimensión e
intensidad tonal de la tipografía, la alternancia interlineal de frases espaciadas por
intervalos de mayor o menor duración repliegan la superficie del poema de tal
modo que la sucesividad del lenguaje se convierte en la escansión rítmica de
instantes simultáneos sedimentados en distintos niveles del espacio. U-tópica o a-
tópica por excelencia, la escritura del poema sólo delimita el espacio de un futuro
anterior donde no habrá tenido lugar más que el lugar, el poema como el lugar
donde nada tiene lugar”.

Imagino la pálida cara de Eisenman, que no se la sentiría, como en una burbuja,
como en una cámara anecoica, desconectados los sentidos, conteniendo el aire,
en el momento de ver la carabina humeante de Dennis Oppenheim en manos de
Gordon Matta-Clark. Su acción, por muchos relatada (Corbeira, 2000), no
interesando ahora en exceso ni la reacción desmedida de Eisenman al comparar
la despiadada destrucción de las ventanas del Instituto de Arquitectura y Estudios
Urbanos de Nueva York con la noche de los cristales rotos del Berlín
nacionalsocialista, ni los maledicentes cotilleos sobre el supuesto estado ebrio del
artista en el momento de la celebrada intervención artística, puso en evidencia la
necesidad de entablar una relación, un estado intermedio entre el exterior y el
interior. Alguna definición con enjundia establece que lo que alumbra a lo diferente
que es lo exterior de lo interior es justamente lo que constituye la oportunidad de la
arquitectura. Arquitectura es lo que se sitúa entre lo interior y lo exterior. Llevado a
nuestra historia, no sólo en la linealidad e inmediatez de la destrucción de las
fronteras entre lo interior artificial de la institución que sirve a la proyectación de la
exterioridad desplegada de la ciudad, ni de contaminar los uterinos muros
introspectivos de la academia, sino que, como indica Peter Fend (Corbeira, 2000),
se trata de generar un espacio entre-puertas (Between-Doors).

Las ventanas fueron revestidas después de destruidas con fotocopias de ventanas
de barrios marginales, también rotas, para equiparar y aproximar esos espacios
escolares que iban a tratar de discutir sobre la condición de los vecindarios
desamparados.



                                           53
Entroncados con las psicogeografías situacionistas, Matta-Clark presta especial
atención a los espacios que llama de “interrupción” o de “movimiento” cotidianos y
así, el vídeo como expresión efectiva en Matta-Clark atestigua la prescripción de
las condiciones del espacio para someterlo a la compresión suficiente como para
desbaratar la diferencia entre interior y exterior y dejar fluir una nueva dimensión:
el “In-Between space”, nominalidad dada por el propio artista que queda recogida
en el escrito de Corinne Diserens. Como la cara de Eisenman, lívida, Michel
Serres señala en su atlas un lugar out, desencajado, out of joints. Coloca, y éste
es el nombre de su capítulo, un espacio en blanco entre lo cercano y lo lejano.
Para la aguda mirada de Serres, incisiva siempre, brotando por la hendidura
resultante los tuétanos del mundo, la preposición “entre” se coloca en un extraño
paréntesis –él lo llama esclusa- sobre el que giran las diferencias del mundo. El
vórtice de giro es un instante donde un nadador avezado encuentra que la
distancia que le falta para llegar a la otra orilla es la que mide su decisión, su
voluntad, ya que fluctúa en la ancha franja en la que no se percibe con garantías
el estar a tiempo de volverse o ser mejor continuar, ya que ese costado se
encuentra más cercano. Ese centro indiferenciado, que comparte de ambas orillas,
es donde se vierten los colores de cada uno por separado, y allí se mezcla y
genera una materia blanquecina, transparencia pálida que corresponde con el
color blanco: todos los colores están ahí pero su presencia lo hace invisible. Es el
entre de las interferencias el que traza en red el hálito del espacio.

Las rastas del espacio, citadas por Libeskind (2000) en sus escritos, que tienen la
misma acepción de malla o tejido si las descubrimos desde las culturas sánscritas,
es una fuerza que emana de un campo generado mediante líneas paralelas –
nueve- entre las que se genera una suerte de núcleo de fuerza blanca o vacía.
Estas tensiones, que ya hemos advertido y descrito en, por ejemplo, las urdimbres
con las que espacializamos nuestro conocimiento, pero en más nodos
diseminados por estas líneas, tienen la caracterización matemática de la
topología, en equivalencia al empleo de las preposiciones en el lenguaje. Serres
(1994) construye una serie de paridades entre ambas dimensiones espaciales que
no tienen medida ni correspondencia exacta pero que promueven relaciones: lo
cerrado (dentro), lo abierto (fuera), los intervalos (entre), la orientación y dirección
(hacia, delante, detrás), y así sucesivamente.

Sloterdijk30 precisamente así compromete filosóficamente a sus Esferas, dando
preponderancia pre-posicional a aquellas categorías tradicionalmente relegadas a
planos secundarios que han sido sin ir más lejos, “la relación, la conexión, la
fluctuación en un dentro-de-algo y en un con-algo, el estar-contenido en un entre,
y tratar las llamadas sustancias e individuos nada más que como momentos o
polos de una historia de la fluctuación”. Sloterdijk rehabilita la relación contra la
sustancia, lo accidental frente a lo esencial, la situación frente a los componentes,
es decir, ya no extremo singular, sino partir de un “entre autónomo” en el camino
que despeja Deleuze en el enfrentamiento de paridades, “no un pliegue en dos,


30 SLOTERDIJK, P. Trilogía “Esferas”. Siruela. 2003 (1998), 2004 (1999), 2006 (2004). Madrid.


                                                               54
sino un pliegue de dos, un entre-dos, en el sentido en que es la diferencia que se
diferencia”.

No obstante, de la búsqueda de respuesta a la pregunta de Derrida nos quedaba
otra noción por intensificar: la de hipertexto. Se arropa bien aquí el argumento de
la multidimensionalidad de los despliegues y repliegues en lo inter-no que es un
texto. No es que sea una negación sino claramente un espacio interior, un
intermedio, que, eso sí, deniega los extremos, los bordes, los puntos fijos. Siendo
una palabra reciente, no llega al medio siglo, ya se utiliza como hábito proveniente
de los largos e intensos roces con el “screen way of life” que se ha establecido por
derecho en todos los aspectos de la vida.

Cuando hemos retirado de la obra de arte su soporte, para hacer emerger su
textualidad, se podría haber continuado empujado por los aportes de energía que
Roland Barthes (2004) aplica a su trabajo. En Barthes, la obra tiene materialidad,
es asida por la mano. Sin embargo, el texto es un “campo metodológico” en
movimiento continuado y paradójico en el interior del lenguaje, donde el significado
no se encuentra, sino que está en permanente moción de aparecer. Su eterna
búsqueda es el contenido de su ser, no atrae polisemias, sino una pluralidad del
sentido, por lo que esa diversidad de sentido es más apropiadamente una
diseminación que una ambigüedad. En concreto y en relación con las figuraciones
espaciales que hemos propuesto en otros apartados, para Barthes, el texto es un
tejido compuesto, entretejido por referencias, ecos, citas y demás manifestaciones
culturales, siendo éstas tan sólo un marco de posibilidades en la vida cotidiana
“que los individuos utilizan desde perspectivas concretas, de acuerdo a sus
idiosincrasias” en palabras del catedrático en filosofía Jaime de Salas (2004).
Como cambio epistemológico, el leer no es subsecuente del escribir, o meramente
dos estados diferenciales. Compromete al lector el ejercicio de su propia
construcción en el texto, dentro de su cultura.

El Barthes que citamos es el que se aleja de la Hermenéutica -y por ello de
nosotros-, pero ser capaces de decir lo que es el hipertexto es ser parte implicada
en la lectura de sus libros, sobre todo los que indiferencian la S de la Z, que es
indiferenciar extrañamente estructuralismo de post-estructuralismo, como
sorprende a Culler cuando siega el bosque de Derrida para hacerse un calvero. Es
ahí, en su libro declaratorio “S/Z” donde el pensamiento-escritura de Barthes
establece la conexión más fuerte con lo que todos conocemos por hipertexto: texto
que se compone de elementos referenciales incluidos (texto, imágenes, tablas,
sonido, videos…) relacionados intermodalmente, abiertos, inacabados, e iterativos
sin término.

Barthes se empecina en explorar las diferencias encontradas en todo texto en
pugna consigo mismo, con su textualidad, superando los códigos en los que a la
postre de basa. El texto no es ya un producto acabado, ni una manifestación de
algo que lo trasciende, a lo que se refiere. Psicológicamente, los textos vistos por
los estructuralistas se comportaban como juegos para permitir descubrir y operar
con las formas del discurso literario que se ríen de sí mismas, que se contradicen


                                        55
entre sí. La hipertextualidad no es un recurso de mera conectividad entre distintos
textos, ni por sus nuevas relaciones digitales y masivas, sino que modifica a quien
se ve afecto en las redes. Es una deconstrucción intertextual (un producto
resultado del cruce de varios discursos culturales) que confirma las conexiones
más pertinente y enriquecedoramente.

Theodor Nelson31 es quien explicita y difunde un campo de significado para
hipertexto, queriendo precisar que se trata de una escritura “no secuencial, a un
texto que bifurca, que permite que el lector elija y que se lea mejor en una pantalla
interactiva. De acuerdo con la noción popular, se trata de una serie de bloques de
texto conectados entre sí por nexos, que forman diferentes itinerarios para el
usuario". Hay antecedentes a esta afirmación, no por ello menos elocuente, pero
que de alguna manera pone en comprensión un proceder anticipado, pero también
prolijamente elaborado desde principios del XX. Así, el neologismo “Memex” es
una palabra inventada por Vannevar Bush en los años 30 que trataba de encontrar
mecanismos de asociación informacional que se asemejaran a los procederes del
cerebro humano. Desde el Memex, se ensartarían diferentes tipos y modos de
llegar a la información, atravesando el campo del conocimiento del mundo con una
labor acorde con él. Serres recuerda que un campo labrado se dice en latín
“pagus”, que es para nosotros y desde ahí, página. Y proviene de ahí puesto que
en el ordenamiento territorial, los deslindes se hacen por yuxtaposición de páginas
o pagus. En el recorrido por esos campos, al pasar de una página a un infinito de
ellas, el deslinde no es yuxtaposición sino multidimensionalidad: hipertexto. Serres
insiste en que entonces, ese texto excedido por el prefijo hiper es un tejido
“provisto de cien mil pseudópodos posibles movedizos, recortados, en tiempo real,
sobre un patrón más amplio, y lanzado en el tiempo de los posibles”. Y Jabès
ensalza la capacidad de toda página de escritura al figurarla en nudo desatado de
silencio, en lapsus donde los tiempos no corren sino que están, o como ya dijimos,
abismados: “el abismo es silencioso”. Cuando el matemático alemán Richard
Dedekind, conocido por sus trabajos sobre estudios de la Continuidad y sobre los
números reales en lo que se conoce como “cortes de Dedekind”, escribió a Cantor
a cuenta de los imaginarios que podrían revelar sus infinitos, creyó que la mejor
figura que lo relataría estaría dispuesta en sacos, sacos interminables, sacas que
podrían estar siempre siendo llenadas. Parece adecuada esa figuración, por lo
que sirve a nuestros supuestos, donde lo ingente de lo que hay por hacer dentro
de un intervalo y lo que él te devuelve como argumentación y aproximación a las
claves del presente al tratarlo. Sin embargo, aún es más ilustrativa la respuesta de
Cantor, según cuenta Castoriadis (1999). Para Cantor, lo profundo, lo ilimitado y la
apertura que obtendríamos al comprender qué es un diminuto pellizco numérico-
espacial, semeja más psicológica y recurrentemente a un abismo, ocultas sus
anchuras, desconcertantes sus misterios. Aparece ahora refulgente un aspecto
que quedaba enterrado entre los alcores de las emergencias que hemos descrito y
tramado. El tiempo, percolado, como adjetivación inducida par Serres que expresa

31Nelson fundó el proyecto Xanadu en 1960, que consistía básicamente en concebir un documento global y único “docuverse”, que
cubra todo lo escrito en el mundo, mediante una gran cantidad de ordenadores interconectados, que contenga todo el conocimiento
existente o, mejor dicho, información en forma de hipertexto.


                                                             56
apego a sus circunstancias, como el tiempo paradójico en Barthes, tiene
afianzamientos que en el texto de Serres se ponen en evidencia. En todo caso,
hemos estado todo el rato siendo entre, situados en los intercambios que se
iniciaron con la pregunta de Derrida y que se hilaron con Deleuze y el propio
Serres. Justo es terminar ahora con Derrida, volviendo a él para cercar la
deformación que se produce en la dimensión temporal. Coligando hipertexto con el
tiempo, Derrida (1989), en sus “Márgenes de la filosofía”, establece el matiz por el
que esta textualidad hiperexcitada es un procedimiento de escritura del tiempo:
arquiescritura.

La relación arqueológica como escritura no es un empleo de los términos del
tiempo como historia de las acumulaciones objetuales de los hallazgos
rescatados. Existe una tendencia a confundir o a menospreciar la capacidad de
este término que incluso ha hecho que críticos tan perspicaces como Ignasi Solá-
Morales (Lazo, 2001) se hayan detenido a explicarlo. Tan pertinente para nuestras
suposiciones es esta fundamentación que, compartiendo lo dicho por el
desaparecido arquitecto, puede observarse su necesidad antes que su parangón.
Arqueología no infiere enclaustramiento en las presencias de lo real, sino que nos
encontramos antes un “sistema entrecruzado de lenguajes”, que evidencia la
necesidad de clarificación con la interposición de acciones desconstructivas, de
interpretación de los procesos de yuxtaposición y comprensión de los procesos.
Arqueología procede del estructuralismo francés en sus étimos mencionados
sobre todo desde Foucault y luego desde Derrida para servirnos de luz que haga
aparecer la legibilidad superpuesta de una realidad que ha perdido su propia
materialidad y dentro de la cual el arte recorre incansablemente las capas que la
constituyen. Asimismo, y esta es la intencionalidad más notoriamente perseguida
por nosotros, aduce a la consideración particular del tiempo; del tiempo pluriforme
por yuxtaposición.

Derrida dirá que el hipertexto posibilita que un único hilo, o si acaso algunos hilos
conductores, se congreguen en un tejido de interrelaciones donde la intensidad de
una conexión nace de la intercalación de muchas hebras en múltiples sinapsis
entre los temas, que difiere de ser un solo filamento atravesando muchos temas.
La arquiescritura es diseminación de la comunicación y su metonimia, como revela
Haraway, es el link, pluralidad extensiva y extensible que da indicios para aseverar
un recurrente tránsito de lo que consideramos real hacia lo virtual. Tiempo “out of
joint” fuera de quicio, de sus goznes, ya no cardinal sino ordinal, orden del tiempo
vacío y en silencio. Tanto Deleuze como Derrida utilizan esta expresión de
desencaje generalizado, de fantasmagoría benjaminiana. Leibniz lo adelantó y
sustituyendo la monadología por hipertextualidad, cada mónada contendría la
totalidad del mundo, un tercer infinito, puesto que su realidad es tan sólo su
desaparición en los múltiples linkages y rebuclajes.

Tiempos y espacios descoyuntados, cuyas inter-ferencias simultáneas de distinto
rango, orden y dimensión, que encaminan toda figuración del mundo hacia lo
virtual. Estar entre ambas realidades (no puede sino real ya lo virtual) constituye la
evidencia de que ni siquiera la arquitectura, necesitada de fisicidad, de


                                         57
materialidad, de tectonicidad, puede colocarse al margen o meramente
virtualizarse por mecanismos electrónicos. Los trabajos como los de Eisenman,
Karl Chu, Greg Lynn, Reiser+Umemoto, Marcos Novak, Diller+Scofidio y
Assymptote, entre otros, introducen en la cultura su parte de responsabilidad que
dibuja el campo de reconocimientos convergiendo junto a otros procederes desde
distintas ópticas.

Todos estos planteamientos se agrupan mediáticamente bajo el epígrafe de
Hiperarquitectura, en esa obsesión posmoderna que es el patológico empleo de
prefijos que inducen a ir más allá de lo imaginado o de lo meramente permitido por
la acepción a la que acompaña. Hyper, Súper, Mega, Giga, Tera… son
expresiones que darían juego al diagnóstico psicológico de nuestro tiempo, y que
no son sino el momento del trayecto en que se encuentran las filias de lo moderno
como sería acorde con este argumento envolverse con el término “Pantometrías” o
el paroxismo de querer medirlo todo. Así, a hiperarquitectura corresponderá una
no menor compañera, la superación del hipertexto por hipermedia, como se
constata después de darse un paseo por Internet o leer a Virilio, quien marca la
pauta de afirmaciones sintomáticas en el presente. De él, destaco el rescate y
pertinencia comparativa al entresacar del lugar sitiado por la ciencia como cultura,
no como aplicación, enfrentada al cine en relación al contenido del tiempo. Paul
Virilio (1988) hace coincidir los instantes perdidos en todo proceso que acaba
siendo acontecimiento, con el trabajo del cineasta Mèliés. Si hace unos años,
pocos, aparecía en un documental del National Geographic imágenes en directo
de la formación de una oreja de un feto alojado en el vientre de su madre, esos
instantes no observables, o si podemos ya dar cuenta del momento en que esa
manzana del árbol ha caído, cuando siempre nos la encontrábamos en el suelo (a
esto, insistir que con los programas televisivos de exhibición de vídeos
domésticos, donde dado un hombre, dada una cámara, no hace falta irse más
lejos, y seguiríamos estando dentro de lo definido como hipermedia), Virilio hará
coincidir con el trabajo de Mèliés su fundamento operacional, mostrando de la
realidad lo que “reacciona constantemente entre las ausencias de la realidad que
ha pasado. Es el Entre-dos de las ausencias lo que hace visible esas formas que
él califica como imposibles, sobrenaturales, maravillosas".

La anamorfosis, transformación, re-generación, es el descriptor de toda acción en
el presente. Pero para que pueda existir cambio, es necesario que haya un estado
sobre el que transgredir. Sin que pueda proponerse una estabilidad formal, lo que
nos queda será el movimiento, cuya sucesión de instantaneidades provee formas
interrumpidas sobre las que desplegar la constelación de posibles mundos
interiores que allí germinan.

“Si el hombre no cerrara de vez en cuando los ojos soberanamente, no habría
nada que mereciese contemplarse”: Sloterdijk nos acerca una luz para ver a René
Char con más intensidad y por más tiempo los “declinares del mundo intermedio”.




                                        58
3. Encontrarse en la virtualidad, colocando balizas o palabras-clave

Como condición de la cultura, el aparecer de términos que, como balizas, se
refieren más a la necesidad de ser localizado y no tanto a destacar de qué se
habla, alerta de una panoplia de atenciones que hay que cubrir, así como de un
síntoma de esa cultura. Ese síntoma no parece ser muy positivo, por la pérdida de
la noción de complejidad que hemos de acoger como fundamento. Por ello, en
esta parte del texto se establece la conveniencia por la que tener en cuenta las
llamadas, por parte de los medios de comunicación, “Palabras-Clave”.

La condición cultural que no se ve potenciada por su aparición a la que nos
referimos es la del consumo que regulan estos vocablos. Sólo es de interés aquel
grupo de términos que entran en relación con las incumbencias que puedan tener
en común con otras investigaciones que se quieren acordes entre sí. Por ello, se
trata de un contexto de pertenencia y exclusión, en contra del trenzado en red que
salta disciplinas.

No obstante, buscar la hebra que conduzca a la urdimbre más sensible y que a su
vez construya el tejido que habrá de ser el tamiz de la comprensión y la
comunicación, demanda en la explosión de contenidos que se nos ofrece, una
cierta organización. Es lo que finalmente consigue articular intercambios primarios
de palabras, una organización como estructura, que ahorre el esfuerzo de lecturas
interminables. Pero sería muy pobre dar tal argumento. Se ha de complementar
con otros. Se trata dar cuenta de este pragmatismo, de corte anglosajón, que,
aprendiendo de él, promulgue un aserto y dé coherencia a la hipótesis tética y a su
desarrollo.

En la extracción de contenidos para refundar exteriormente a la posición
pragmática de las palabras clave, que es reductiva, operativa, carente de matices,
encontramos que esta manera de actuar y de entender el comportamiento de las
palabras en los ámbitos en que se han de incardinar no es sólo un deseo de
particularizar privadamente los significados, aunque esto sea un caso registrable.
Esta operación de sustracción y realimentación semántica de las palabras, como
lenguajes de dominio conducentes a simular una posición nodal de alta frecuencia,
no es la que pretendemos para dar cabida a estas palabras clave. La que nos
interesa tiene que ver con el reconocimiento de los haces de fibras diferenciales
en la urdimbre estudiada. Estos haces no forman figuras simples de contenidos, ni
pertenecen a un único signo. Las palabras no son suficientes para dar satisfacción
a los imaginarios de definición posibles y necesarios. El físico Wagensberg (2004)
indica que un idioma moderno dispone de unas 85.000 palabras, de las que las de
uso cotidiano, a pesar de ser de una riqueza ingente y que, por cierto, están en
franca rebaja en la cultura, no son capaces de dar cuenta de la inmensa cantidad
de cosas que hay que definir, que usar, que manejar. Y es importante por cuanto
esas cosas de la cultura están en una parte, que casi domina su conjunto, que es
la material. La cultura material es la que más hemos desarrollado en las últimas
décadas y la variedad de usos que podemos hacer con sus objetos globalizados



                                        59
nos pide saber concretamente a qué nos referimos cuando queremos decir algo
con ellos.

Ciertamente, hablar de cultura material y no decir nada más peca de soberbia o de
impudicia, según se mire. Contradictoriamente, lo que puede decirse en el
presente es que no hay materia, al menos como hasta ahora la hemos concebido.
Félix Duque, en su libro “La Estrella Errante” (1997), en clara separación de
Focillon (1934) y más atrás, de J.B. Erhard (1795) alude en la constatación de lo
que el mundo es una intención de principio formal a éste y por tanto pura
materialidad. Sin embargo, se disuelve en lenguaje, con todas las inconveniencias
que ello conlleva, y a pesar del materialismo del mundo. Y serán los entornos los
que den las perspectivas necesarias para su entendimiento, aunque no haya
concreción. Estos entornos, que generan alodoxias en el sentido de Bourdieu,
serán los denominadores de estas palabras-clave. Así pues, si como pragmática
simplificativa y determinista no nos servían esas palabras, debemos arrimar hacia
una ambientación productiva su acepción.

En el mejor de los casos, encontramos que quien puede dar mejor respuesta
genérica y sin metaforizaciones, ni como atalayas inexpugnables, aunque sin nada
que defender tras ellas, es el lenguaje matemático. Desde su abstracción, pero
también desde su sensible constitución, que se compagina acorde con los
cambios del tiempo de su aparecer, la matemática ha sabido conjugar con
prestancia e incluso operatividad tecnológica lo que otros lenguajes no han
podido. Para ello, ha compartido y transgredido fronteras, asumiendo la “precisión
subjetiva” que la semiótica aporta en sus formulaciones. Como ejemplo, y aún no
siendo del agrado del matemático Zalamea (Zalamea, 2004) la ya referida “Fuzzy
Logic” o Matemática Difusa, que explicita desde el funcionamiento de los
componentes informáticos de una lavadora, sujetos a la personal apreciación del
grado de suciedad y de combinación cromática y material de una prenda, hasta
complejas reglas de macromercado bursátiles. Las palabras clave aquí incluidas
no serán en puridad desarrollos matemáticos sino mate-matizaciones. Referentes
lingüísticos subjetivos en cadenas lógicas con un fin “indeterminado”. Para
algunos, la matemática debería ser tratada como una urdimbre, sobre la que
depositar las tramas. Pero las matemáticas, y estoy leyendo al Lizcano (Lizcano,
2002) que lee a Wittgenstein, “no hablan de la realidad sino de sí mismas, por lo
que no están contaminadas por lo real ni, por tanto, por intereses sociales o
políticos”. Para nuestro estudio, lo que muestran las nuevas matemáticas –con un
siglo, aún siguen siendo nuevas- es que su aparecer es un ariete cuya
metodología es en sí misma sintomatología de la comprensión de las cosas del
presente. Michel Serres deja claro que las matemáticas ya no son un soporte por
sí, ni sirven de guía, sino que construyen un diccionario. El término "método" de
toda organización estructural retorna a su sentido elemental de transporte.

No obstante, no siempre es posible utilizar terminologías comunes para
contextualizarlas. En algunos casos, científicos en la mayoría de las veces, pero
no tiene por qué ser sólo exclusivo de la ciencia, se han de inventar lenguajes
nuevos. Su repercusión en el lenguaje cotidiano es proporcional al grado de


                                       60
interactuación con la cultura material, esto es, como tecnología. No siempre
aparecen palabras nuevas, sino neologismos cuyos étimos son reconocibles, pero
no así su comportamiento verbal. Este texto, sin ir más lejos, está lleno de
advertencias del procesador informático en que se ha creado para revisar la
ortografía. Normalmente, los errores gramaticales son resueltos por el propio
programa, incluso sin avisar. Pero hay otros que no se impide su emergencia,
puesto que se sabe que hay palabras maestras o palabras-madre, como células-
madre, que pueden ser, de facto, potenciales palabras otras. Serres, para hablar
de la locura en Foucault, demanda en primera instancia la elección de un lenguaje.
Y se puede elegir un lenguaje porque lo importante no está en las palabras, sino
en la forma de las palabras. Traducir será la condición para la captura del sentido.
Llevarnos del trino de un pájaro lo que pueda decirnos, sin imitar con gorgoritos de
glotis humana, implica alcanzar el límite de las cualidades del lenguaje o como
dice Serres, descifrar las ecuaciones de la luz negra, la que no contornea o figura
la evidencia de los objetos.

Esas palabras-madre son las de Artaud, sus palabras-soplo, espirituales,
alentadoras, enmascaradas y pneumáticas al glosar de Derrida, que reniegan de
las que traemos con nosotros –que Artaud llama precisamente maternas- para
constituir un lenguaje otro, un devenir-otro a la manera de Proust, que escapa de
una línea dominante. André Dhôtel da la clave, de psicológica –y esferológica-
individualidad, a la palabra de Deleuze (Deleuze 1993): “La única manera de
defender la lengua es atacarla… Cada escritor está obligado a hacerse su propia
lengua…”. Probablemente ése sea el límite asintáctico y pragmático hacia el que
tiende todo lenguaje, el de las exclusiones puras, el de las traducciones de lo
irracional.

Pragmática, por tanto, apropiadamente significaría “una adecuada integración de
diagramas, correlaciones, modalidades, contextos y fronteras entre el mundo y sus
diversos intérpretes”. Al modo en que Peirce define la pragmática, Zalamea
entiende que ésta se favorece de un “atento registro de contaminaciones y
ósmosis entre categorías y fronteras del conocer para articular coherentemente la
diversidad”.

El cifrar y descifrar del lenguaje, su “codificar”, si operamos –con cierta
precaución- desde en el contexto de Lévi-Strauss (Lévi-Strauss, 1998), significa
dar expresión coherente a la realidad no sólo entre dos lenguajes diferentes. La
traducción es también objeto de consideración en la recepción cerebral, por
ejemplo, a la hora de retirar del ambiente la noción de lo natural, la que se
enfrenta a lo artificial y dejarle disminuida posibilidad de existencia en ese
oxímoron permanente que es el de los “productos naturales”. Es la constatación
del lacerante paso de lo Natural a lo justamente Cultural.

Acercar el étimo de codificar a Lévi-Strauss te da con una mano lo que te puede
quitar con la otra, por eso requeríamos precaución, al insertar perspectivas que no
se entrelazan bien cuando se muestran junto a otras. Pero, ya que la mente
codifica con términos lingüísticos la estructura de la realidad, hay que estar alerta


                                         61
contra la completitud abarcable y discernible de las estructuras que pueden ser
recepcionadas. Que el mundo sea un conjunto de estructuras no es muy
aconsejable como aseveración que conjuga con otros reconocimientos, más
irracionales, más irrepresentables incluso, pero hemos de dar cuenta de lo que es
perceptible por el filtro de la cultura a la que queda sujeto todo discernimiento. Lo
más probable es que lleguemos a confundir la realidad con el modelo que generan
sus estructuras. Si es posible llegar a conocer, es debido a que hay una mínima
predisposición cultural subyacente. El largo camino que se recorrió, impulsados
por los planteamientos estructuralistas, no se ha terminado aún, colea y se
actualiza extrañamente.

Esto, alumbra una condición de sentido desde la base cultural por la que es
prudente reconocer dos “ambientaciones” cohabitantes que sustentan la
comprensión del presente. Una de ellas, la más cercana en tiempo, aunque no
posee su valor por reciente, sino por lo que aporta atravesándolo, será la apertura
que el filósofo alemán Sloterdijk ofrece. La misma palabra “ambientación” procede
de la transformación de sentidos propios de la palabra a una condición de su
querer decir, encaminada hacia sus intereses de textualidad.

La segunda es la herencia por la que el Estructuralismo en su ulterior extensión
nos define. El Postestructuralismo, y prueba de ello es la cantidad de referentes
incluidos en este texto a estos pensadores, los llamados continentales, abarca por
dimensión y fecundidad una buena parte de lo que filtra nuestra observación del
mundo. La distancia con que nos situamos de la percepción del mundo en Lévi-
Strauss como única realidad medida por lo que estructuralmente cuerpo y mente
aprecian, no entraña significativos conflictos a la hora de comprender que sea
atribuible al proceso de comprensión un comportamiento dual. Binario será el
término técnico empleado y le confiere en nosotros un marco de difuminación
interesante, que complejiza en vez de reducir el mundo a una Unidad.
Coincidente, quizá sea posible tal parangón, con la máquina cognitiva kantiana, la
lectura que Steiner (Steiner 2001) hace de los “Tristes Trópicos” del geólogo Lévi-
Strauss da a entender que todo lo que importa viene en conjunto de dos. Y si el
estructuralista no es ya referente como tal, cómo evitar la cercanía cultural y la
evidencia que desde otras instancias se observa. La máquina cognitiva, para Kant
(quien es reconocido repetidamente como un excelente materialista moderno), era
un DOS, un dispositivo que conecta, categoriza, mide y compara. El Soporte de
Intermediación, ya merece la pena que sea definido, consistiría y se definiría por
ello como una aglutinación diádica, esto es, que sanciona en términos de a dos el
reconocimiento del presente, como enfrentamiento de Obra y Cultura en la que
insertar esa obra. Holográmicamente, uno por lo otro, las palabras clave se
organizan de la misma manera, como cadenas de polaridades que reflejan
sentidos, acaso antinómicos, como picas que georreferencian los entramados
complejos de nuestro mundo y, al tiempo, dicen por dónde recorrerlos.

De nuevo, el sentido por la forma de su aparición, en una nueva carrera de relevos
donde lo psicológico toma el testigo recurrentemente. Piaget organiza la máquina
kantiana al dar la aptitud de manipular el mundo. Porque al categorizar, tematizar


                                         62
y abstraer no ya sobre objetos puestos a su contemplación sino sus propias
operaciones de manipulación, el modelo del conocimiento ya no es visual sino
accionante y, la máquina, se distingue como algo distinto y separado, en medio de
un mundo indiferenciado de objetos. Por esa misma razón, quien conoce el
mundo, el hombre, se enfrenta a una experiencia con él que es a todas luces
ajena y contradictoria, anticategórica y provisional, germinal y no terminal: dividida.
Dividida en dos, por supuesto.

En el campo psíquico íntimo de la individualidad, y éste es ya Sloterdijk,
amanecen formas esféricas “vagas y relativamente amorfas” en los que el Dos se
climatiza, se acondiciona mutuamente. Es posible insistir en la dispersión relativa
al reconocimiento del presente con la inclusión de varias palabras encadenadas
más; Sloterdijk lo hace en Esferas I hasta con cinco, pero insiste en que el cierre
anticategorial al UNO es posible en cuanto el dos escenifica una ontología
pluralista y minimalista. Esa ontología trata de rehabilitar la relación, frente a la
noción metafísica de sustancia. Y en ese orden de cuestiones, Sloterdijk reivindica
la situación (el balizamiento) frente a los componentes y lo accidental a costa de lo
esencial. Es algo que ocurre en el “entre” que sitúa a dos componentes a
interactuar, un entretenerse en el espacio que separa dos palabras, como el
Unterhaltung o entretenimiento de un poema de Paul Celan.

El mundo ya no es natural y objetivo, sino artificial, cultural, propiamente
maquínico. La máquina no se enfrenta a objetos sino a vínculos e interacciones en
un telar de telares. La máquina como tal no es atractiva sino que interesan sus
límites, sus zonas de intercambio, su ensamblaje con otras máquinas y con la
inconmensurable máquina social. Peter Eisenman al respecto: "lo mecánico se
refiere a una interrelación estructural de pequeñas partes que trabajan juntas de
una manera armoniosa para realizar una labor. Lo orgánico es el mismo modelo
de organización aplicado a un cuerpo vivo. Lo maquínico, por otra parte, se refiere
a una actividad más aleatoria, arbitraria e incluso caótica". Algo intermedio entre lo
mecánico y lo orgánico, donde lo fundamental parece ser el contexto, su proceso
como devenir en la acepción dada por Deleuze y Guattari. Para la arquitectura,
esto nos atañe en que no albergamos cuestiones formales, fijas y estables, sino
más bien en "las condiciones de espacio no estático, siempre en estado de
transformación". La complexión o conjunto de partes diversas interrelacionadas
será la significación que, de base, se traza en este mundo del presente. El mundo
complexo es asimismo complejo por cuanto no hay partes reconocibles. También
ellas, por definición de transformación, están en tránsito. La inconmensurable obra
que es la de Edgar Morin (Morin, 2000), dedicada a la teorización de la
complejidad en los manuales titulados “El Método”, recogen una aportación al
contenido de máquina que aquí expongo. Asociado a lo necesariamente repetitivo
-lo maquinal- está lo maquinante o inventivo, lo que aporta algo fuera de su
condición primera. Pero es que nombrar a Morin aquí no es sólo coadyuvante.
Morin encarna la mayor trabazón del interregno permanente que es el presente. Él
advierte del peligro reduccionista y disyuntivo del uso de palabras clave pero
también da un margen a su posibilidad. Lo que en principio se aposenta como un
muro, el muro enciclopédico, que encierra al presente en una caja cuyos otros


                                          63
muros son el epistemológico y el lógico, se torna aperturista y lleno de recursos
cuando cambia lo acumulativo de lo enciclopédico por saber en-ciclo. El bucle así
defendido permite reconocer el estatuto de una realidad que ensarta sus
propiedades mediante relaciones cíclicas, y daría un paso al frente en cuanto a la
definición de lo que es una palabra-clave.

“El bucle se sustituye por la palabra-maestra vacía, soberana, primera, terminal;
no es una palabra-maestra, a menos que se reifique el bucle en fórmula, es decir,
que se le haga caer en la simplificación: es una mediación necesaria, es la
invitación a un pensamiento generativo”.

Esta pulsión que exige el reflorecimiento conceptual como viático en los procesos
de transformación que rigen sin descanso el mundo puede ser vislumbrada con
esfuerzos que desde distintas perspectivas se han producido. Koselleck (Lozano
2004) inició la confección de un léxico de conceptos históricos fundamentales de
la lengua político-social alemana en 1972, junto con Werner Conze y el
medievalista Otto Brunner. Un centenar de palabras que eran estudiadas en miles
de páginas. Pero también, la proliferación de nuevos diccionarios que den cuenta
de las apreciaciones semánticas que los viejos no son capaces de suplir. O el
propio arquitecto Rem Koolhaas (Koolhaas et al, 1997), y la que fue su empresa
editorial AMO, que dio el aldabonazo de salida a los enormes tomos con que
hemos serpenteado por el estudio de la arquitectura en los últimos años. Es de
resaltar el grosor de esos libros, pero sobre todo, destacar el valor de enorme
como lo e-norme, lo fuera de norma, donde lexicográficos particularizados se
desvinculan de la presencia gravitatoria y mediadora de las academias de la
lengua.

El concepto de estructura, y por ello revisitábamos a Lévi-Strauss, asociado a
estos preceptos, se hace ineludible y, por tanto, contraproducente para afianzar la
tesis propuesta. Serres, siempre atento, condiciona la concepción de estructura a,
meramente, ser una noción formal. Es un conjunto operacional con significación
indefinida (un arquetipo es conjunto concreto con significación sobredefinida), que
agrupa elementos, en número cualquiera, de los que no se especifica el contenido,
y relaciones, de número finito, de las que no se especifica naturaleza, pero de las
que se define la función y ciertos resultados relativos a los elementos. Arrimado a
esto, el concepto de estructura no interfiere inconvenientemente con los
planteamientos previstos. El diccionario estructural no es sincrónico, sino que en el
rebuclaje de las innumerables otras lenguas que moviliza en sus múltiples
traducciones, se hace diacrónico, “etimológico, prospectivo y genético”.

Estos estiramientos encarnan lo uno y lo múltiple de la palabra, en cíclicas
iteraciones que con-figuran su forma. Las hacen clave, esconden códigos o llaves
que los descifran. Un diagrama lógico de Ramón Llul (1232?-1315) sería su
correlato. Zalamea (Zalamea, 2004) describe el “Libro de la Contemplación” de
Llul desde la invención de “correlativos” en su léxico, desde las figuras que sus
arracimados de formas simbólicas construyen, o desde los conceptos, que se
entretejen por contacto de sus infinitos repliegues.


                                         64
Desde la condición académica, son necesarios los estudios sociológicos sobre lo
científico que tienen estos planteamientos. Recurrir a la ciencia significa que ella
misma habrá de poseer también el grado de reconocimiento de desacralización de
los medios e instrumentos que se utilizan habitualmente. A propósito del oficio de
científico, Pierre Bourdieu (Bourdieu, 2003), en una polémica abierta con otra
colega que no interesa como tal al caso, se enfrenta a ella por trasladar el sentido
de sus propias palabras en citas que no son del agrado del sociólogo francés. Los
contendientes, en fuego cruzado, confirman que como instrumental básico, los
diccionarios, son meros abusos de autoridad, que dictaminan reglas ocultas en
sus descripciones y que, al unísono, el trabajo de los historiadores en ciertos
casos comete la misma impertinencia. Incluso, según Sloterdijk, la metafísica
clásica es por él reconocida como una “suerte de biblioteca de aserciones” que
trabajan como sistema inmunitario en la totalidad del mundo. El distanciamiento
que sobre el fijar de las palabras necesita hacer todo aquél que se comprometa
con su presente, un ontólogo actual, un historiador, un sociólogo, un arquitecto,
todos ellos de la mano, deja paso a la interactuación en ambientaciones o globos,
que en extremo se comporta con histeria y vehemencia en lo que reconocemos
como globalización. Este extremo, que en realidad son dos, como bifurcación de
un mismo camino, no puede ser desestimado. A los motivos ya vistos que
empujan a tener en cuenta la organización apocopada en palabras clave del
mundo inserto en múltiples mundos, en los que lo mismo encontramos razones
desencaminadas o favorables, pero nunca opuestas y excluyentes mas sí posibles
a un tiempo, con tan solo pasear nuestras miradas a diestra o a siniestra, se
adhieren mociones que denuncian la tesaurización impuesta por la globalización.
Este primer ramal es conducido por el inmenso ojo de Virilio, que pospondremos
un momento.

El otro confluente se deja ver por el dictamen que puede realizarse cuando
valoramos estructuralmente el comportamiento de la palabra. La paridad signo-
significante manifiesta una conducta diferente por la sobreactuación de uno de sus
componentes. Si incrementamos el valor sintáctico, para así promover una
renovación léxica, el extremo que describimos destituye a la raíz como
fundamento del significado. Esto ya lo teníamos cercado con antelación. El origen
no se sitúa en su étimo, sino en su a-rimar. Pero Deleuze organiza saltos entre
palabras, que ahora se llaman palabras-valija, sensibles a su geometría y sintaxis,
balbuceantes y constituidas por sus desplazamientos lógicos. Palabras híbridas o
injertadas, cuyos frutos están siempre pendientes de ser degustados. Dentro de
ello aparecen rarezas, extrañezas, constructos, que acogen y escinden, proyectan
y recogen, estiran y encogen, desbrozan y empañan formas y contenidos. Cómo
no ser referente a lo polisémico en el mundo de múltiple direccionalidad, proclive a
la indeterminación, su real azar, donde la contemporaneidad alcanza su diferencia
y vigor.

Transducción de sentidos y formas, por imperativo de ley: dejar que asomen los
invisibles simples de un presente visible complicado, mediante trenzados de redes
complexivas y complejas que surgen por las maneras de acceder a los contenidos.


                                        65
No por vías reductivas sino acoplando interfaces, traductores, chismes, máquinas,
devices, soportes de intermediación, cuyos resultados contaminados por los
propios filtros serán más interesantes y acordes en el extrañamiento que en la
pureza.

Y, otra vez, ¿podemos servirnos hoy de algunas de las apreciaciones de Lévi-
Strauss? Él aduce, busca, un significante flotante, aunque pudiera conllevar
lateralmente determinación, como en los lenguajes de dominio, pero que esa
indeterminación sea la prenda, la vestidura, el tejido que arropa todo “arte, toda
poesía, toda invención mítica y estética… un valor en sí mismo vacío de sentido y
por ello susceptible de recibir cualquier sentido”. Su definición de algo, aliquid, es
precisamente eso, que se llena, que se maneja, un trasto, una máquina, un
chisme. El chisme-soporte: la palabra-clave. Es una despensa, un viático, unas
alforjas, un grado cero de la escritura.

Nos quedaba Virilio. Dejado para el final establece el contrapunto a la aliteración
consonante de refrendos de la hipótesis. Este multivocal y espontáneo recitar de
convergencias hacia la reafirmación y necesidad de organización en palabras
clave no está exento de peligros, a pesar de todo. Si algo he podido constatar en
el desarrollo de este trabajo, en la búsqueda de un perfilado de sus márgenes, es
que no hay sino anfractuosidades -y no fronteras- que evidencian la convivencia
de mundos diversos. Esta observancia prolija, refinada y afinada es tan
consideración, tan evidencia, como sus otras, antinómicas. Para el pensador y
arquitecto francés, el hombre fabrica su doble, Doppelganger monstruoso, “su
espectro inteligente, y confía la tesaurización de su saber a un reflejo”. Esta
vacuidad de la asunción del sentido por la ingente cantidad de la información
disponible no deja al hombre indemne. En cada “incidente” con el lenguaje,
priorizando alguno de sus componentes, vía signo, vía significado, el rebuclaje
expele un flujo de sentidos que no se diluyen instantáneamente, apresurados a
vaciarse para poder volver a cargarse. Esto lo impone el consumo, lo organiza la
moda, lo sentencia el “Kapital”. El síntoma de pérdida, que es franco retroceso
para lo cultural, vendría por el desuso de la memoria. Según su libro “Estética de
la desaparición”, la pantalla acogerá la interactuación de los acontecimientos, que
ya no serán tales, ya que la experiencia no acontecerá jamás. Paradójicamente, a
más suministros de información, más desiertos extenderemos alrededor nuestro.
El miedo a la pérdida de la riqueza de los instantes, que advierte Bachelard en
forma de “tesaurización consciente”, que es el miedo -de Lyotard (Lyotard, 1994)-
a conformar las potencialidades de los conocimientos y las informaciones cuya
reserva constituida por inagotables enunciados posibles del lenguaje, siendo un
temor fundado, no debe impedir, y no lo hace, que podamos comprender y
accionar nuestro presente desde lo ajeno de la dislocación de las referencias y sí
desde lo indeterminado de su manejo.

En arquitectura estas consideraciones no son ajenas, ni aplicables desde
estatizaciones o desde construcciones paralelas que traten de adherir con
justificación forzada lo que por otras disciplinas se constata. Éste es un argumento
proyectual y sintomatológico del presente, que salta las inconveniencias y por sí,


                                         66
por su puesta en reflexión y combinatoria, se constituye la presencia anatómica
del corpus arquitectónico. Benard Tschumi, para el proyecto del Parque de La
Villete, en París ofrece una lista de parejas de opuestos en abstracción, distorsión,
disyunción, dislocación, disociación, que reconstruyen toda posibilidad de volver a
querer ser la arquitectura una síntesis armoniosa:

De-construir/Componer;           Desintegrar/Integrar;                                      Desarreglar/Reglar;
Explosión/Unidad;       Fragmentación/Globalidad;                                       Ambigüedades/Certezas;
Contradicción/Verdad Ideal; Diferencias/Jerarquía;                                      Permutación/Centralidad;
Dislocación/Síntesis; Juego/Objetividad.

Las palabras son un conjunto de voces cargadas de valores. Para Bajtín
(Sánchez-Mesa Martínez, 1996), se trata de ideologías asociadas e indisolubles al
sistema lingüístico, en cuyo cruce se sitúa el sujeto social, evidenciando en el
choque que se atiende un texto al modo de una polifonía translingüística, que se
opone a lo monológico de un sistema cerrado. Todo signo opera por dialogía, y
también Bajtín lo califica como ideológico, refractando la urdimbre social y
dependiendo del contexto. La naturaleza ambigua de la palabra y la efectiva
fecundidad del lenguaje en su mutabilidad y en su dimensión histórica se conjugan
dentro de esa heteroglosia en una pragmática comunicativa que se persigue –y
creemos que se consigue- mediante el empleo de las llamadas palabras-clave32.-



Referencias bibliográficas
ARENDT, Hannah. (2003) [1954]. Entre el pasado y el futuro. Ocho ejercicios sobre la reflexión
política. Barcelona: Ediciones de Bolsillo.
AUGÉ, Marc. (2004) [1992]. Los "no lugares". Espacios del anonimato. Una antropología de la
sobremodernidad. Madrid: Gedisa.
BARTHES, Roland. (2004). S/Z. Buenos Aires: Siglo XXI.
BOURDIEU, Pierre. (2003) [2001]. El oficio de científico. Ciencia de la ciencia y reflexividad..
Barcelona: Anagrama.
CAGE, J. (2002). Silencio. Sevilla: Árdora Ediciones.
CASTORIADIS, Cornelius. (1999). Figuras de lo pensable. Madrid: Cátedra.
CASTRO NOGUEIRA, L. (1997). La risa del espacio. Madrid: Técnos.
CORBEIRA, D. (compilador) (2000). ¿Construir... O Deconstruir? Textos sobre Gordon Matta-
Clark. Salamanca: Universidad de Salamanca.
CUESTA ABAD, J. M. (2001). La palabra tardía. Hacia Paul Celan. Madrid: Trotta.
CULLER, J. (1978) [1975]. La poética estructuralista. El estructuralismo, la lingüística y el estudio
de la literatura. Barcelona: Anagrama.


32 Sería de interés poder seguir la argumentación si pudiéramos tener más datos del comportamiento de los nuevos buscadores de
Internet Wolfram Alpha, o Microsoft Bing, para ser comparado con el de Google. Unos y otro, de bases lingüísticas, trabajan con
palabras-clave. Google rastrea mediante algoritmos la página que mejor se ajuste a los términos de la búsqueda (Page Rank), los
otros, dan la información directamente, extraídas de ellas pero sin páginas de por medio.


                                                             67
De SALAS, J. (2004). “Leibniz y nuestro tiempo”. Revista de Occidente, 282. Fundación Ortega y
Gasset, (Noviembre). Madrid.
DELEUZE, Gilles. (1993). Crítica y Clínica. Madrid: Anagrama.
DELEUZE, Gilles y Félix GUATTARI. (2000). Mil Mesetas. Capitalismo y Esquizofrenia. Valencia:
Pre-Textos.
DELGADO, M. (2001). Memoria y Lugar. El espacio público como crisis de significado. Valencia:
Ediciones Generales de la Construcción.
DERRIDA, Jacques. (1997). El tiempo de una tesis. Deconstrucción e implicaciones conceptuales.
Barcelona: Proyecto A Ediciones.
DERRIDA, Jacques (1989). Márgenes de la filosofía. Madrid: Cátedra.
DERRIDA, Jacques (1996). “El 'Tratamiento' Del Texto. Entrevista con Béatrice y Louis Seguin,” La
quinzaine littéraire, 698, agosto.
DUQUE, F. (1987). “Sentido de la verdad como desvelamiento”. Revista de Filosofía ER (Invierno).
Sevilla.
DUQUE, F. (1997). La Estrella Errante. Estudios sobre la apoteosis romántica de la historia.
Madrid: Akal.
JABÈS, E. (2000). Del desierto al libro. Entrevista con Marcel Cohen. Madrid: Trotta.
KOOLHAAS, R. WERLEMANN, H. y MAU, B. 1997 [1994]. S, M, L, XL. New York: The Monacelli
Press.
LAZO, P. (2001). “Un espacio para la reflexión. Entrevista a Ignasi Solá-Morales”. Rev. Pasajes,
32. Madrid: AméricaIbérica.
LÉVINAS, E. (2001) [1994]. La realidad y su sombra. Libertad y mandato, Trascendencia y altura.
Madrid: Trotta.
LÉVI-STRAUSS, Claude. (1998). Mirar, escuchar, leer. Madrid: Siruela.
LIBESKIND, Daniel. (2000). Space of encounter. Olsen, Richard (Editor). New York: Universe
Publishing.
LIZCANO, E. (2002). “La ideología científica”. Nomadas. Revista Crítica de Ciencias Sociales y
Jurídicas, 0. Facultad de Ciencias Políticas y Sociología Universidad Complutense Madrid.
Disponible en http://www.ucm.es/info/nomadas/0/elizcano.htm [Consultado 17-11-2009]
LÓPEZ GIL y L. M. BONVECCHI. (2004). La imposible amistad. Maurice Blanchot y Emmanuel
Levinas. Buenos Aires: Adriana Hidalgo Editora.
LOZANO, J. “Reinhart Koselleck. (2004). Articulando la historia sobre el tiempo”. Revista de
Occidente, 282, (Noviembre). Madrid: Fundación Ortega y Gasset.
LYOTARD, J. F. (1994). “Zona”. En Otra mirada sobre la época. Murcia: COAAT Murcia. Colección
de Arquitectura.
MANDELBROT, B. (1975). Los objetos fractales. Barcelona: Tusquets.
MORIN, Edgar. (2000) [1977]. El Método. Madrid: Cátedra.
PEÑALVER, M. (1998). “Entre la escucha hermenéutica y la escritura reconstructiva”. Cuaderno
Gris, 3. Diálogo y deconstrucción. Los límites del encuentro entre Gadamer y Derrida. Madrid:
Departamento de Filosofía de la Facultad de Filosofía y Letras de la U.A.M.
PORRAS MEDRANO, A. (1998). “En torno al concepto de utopía”. Rev. Discurso. 3/4. Sevilla:
Asociación Andaluza de Semiótica.
PRIGOGINE, I. (2001) [1997]. El fin de las certidumbres. Madrid: Taurus.




                                                68
RORTY, R. (1993) [1991]. Ensayos sobre Heidegger y otros pensadores contemporáneos.
Barcelona: Paidós Básica.
ROTHENBERG, D. (1993). Hand's End: Technology and the Limits of Nature. L.A: University of
California Press.
SÁNCHEZ-MESA MARTÍNEZ, D. (1996). “Dialogía y Différance. Batjin y el pensamiento de la
escritura”. Rev. Discurso, 9/10. Sevilla: Asociación Andaluza de Semiótica.
SERRES, M. (1994). Atlas. Madrid: Cátedra.
SLOTERDIJK, P. (2003) [1998]. Trilogía "Esferas". Madrid: Siruela.
STEINER, G. (2001). Gramáticas de la creación. Madrid: Siruela.
VIRILIO, Paul (1988) [1980]. Estética de la desaparición. Barcelona: Anagrama.
WAGENSBERG, J. (2004). La rebelión de las formas. O cómo perseverar cuando la incertidumbre
aprieta. Barcelona: Tusquets.
ZALAMEA, F. (2004). Ariadna y Penélope. Redes y mixturas en el mundo contemporáneo. Oviedo:
Ediciones Nobel.



Lecturas recomendadas:

CADOZ, Claude. 1995 [1994). Las realidades virtuales. Madrid: Libro Debate. Dominós
CUADRA, Álvaro. (2004). Paisajes virtuales. Imágenes y simulacros del hombre imaginario.
Santiago de Chile: Inédito.
DERRIDA, Jacques. (1999). No escribo sin luz artificial. Valladolid: Libro Cuatro Ediciones.
DÍAZ MORENO, Cristina y Efren García Grinda. (2004). Atmósfera. Material del jardinero digital.
Madrid: Circo, 121 Rojo, Mansilla, Tuñón.
EISENMAN, Peter. (1996). Sucesos desplegables. Madrid: Incorporaciones Cátedra
EISENMAN, Peter. (1993) [1989]. Obras y proyectos. Milan: Electa.
FOUCAULT, Michel. (1999) [1973]. El orden del discurso. Barcelona: Libro Tusquets Fábula.
HARAWAY, Dona. (2000). La feminización del Cyborg. Castellón: Catálogo Espai d'art de Castelló.
NEGT, Oskar. (2004). “¿Qué es eso de la cultura?”. Revista de Occidente, 282, Noviembre.
Madrid: Fundación Ortega y Gasset.
PORTILLO, Eloy y Juan Hartza. (1995). “Los sujetos ante el mundo digital”. Archipiélago, 23 ,
Noviembre. Barcelona: Editorial Archipiélago.
TURKLE, Sherry. (1997) [1995]. La vida en la pantalla. La construcción de la identidad en la era de
Internet. Barcelona: Libro Paidós.
VAN BERKEL, Ben y Caroline Bos. (2004). “Efectos radiantes sintéticos”. Oeste, 17. Efectos
especiales . (II Época). Cáceres: Colegio de Arquitectos de Extremadura.




                                                69
Etnografía de cibernativos o cuando el terreno está
                       en pantalla


                                 Javiera Carmona J.



1. Introducción

   En 1922, Bronislaw Malinowski propuso en Los Argonautas del Pacífico Occidental
   los tres principios metodológicos de la “magia del etnógrafo” para captar el espíritu
   de los nativos: conocer las normas y criterios de la etnografía moderna a partir de
   una motivación exclusivamente científica; concitar óptimas condiciones para su
   trabajo -es decir, convivir con los nativos- y por último, emplear una metodología
   precisa para recabar, tratar y establecer la información científica (Malinowski,
   2001). Las palabras de Malinowski resonaban en las paredes de la “antropología
   de gabinete” que encerrada en cuatro paredes utilizaba datos ineficientes, e
   insuficientes, obtenidos por estudiosos privados de la vivencia empírica de primera
   mano.

   En las páginas de Los Argonautas del Pacífico Occidental, Malinowski recrea de
   manera ejemplar su “terreno”, que se inicia con la desolación de un heroísmo
   romántico que no hace más que definir el marco objetivo en el que se desarrollan
   los principios de la etnografía que él propone: “Imagínese que de repente está en
   tierra, rodeado de todos sus pertrechos, solo en una playa tropical cerca de un
   poblado indígena, mientras ve alejarse hasta desaparecer la lancha que le ha
   llevado” (Malinowski, 2001).

   Desde Los Argonautas del Pacífico Occidental la etnografía se ha transformado
   mucho y cumplir con la premisa malinowskiana que demanda el conocimiento
   acabado de las normas y criterios de la etnografía moderna se vuelve arduo. Las
   perspectivas de la etnografía se han transformado y abarcan aspectos que
   superan el exotismo de otras épocas. La vida en las ciudades, medios de
   comunicación, salas de clases, producción de ciencia y tecnología, fenómenos
   religiosos y un largo etcétera son algunos de los tópicos etnográficos que hoy son
   usuales. De las descripciones totalizantes y omnicomprensivas de lugares remotos
   y exóticos se ha pasado a los estudios focalizados en temas limitados, más
   cercanos, e incluso “microscópicos”, como los escolares usuarios del chat o los


                                            70
pacientes de los servicios de salud pública de una ciudad o una familia de un
barrio. Desde esta perspectiva, los temas de la etnografía se revelan como nodos
de una intrincada trama contemporánea y su metodología por momentos se
tambalea frente a este nuevo escenario.

La “magia del etnógrafo” que Malinowski pudo establecer con envidiable certeza a
principios del siglo XX, vive la tensión de su adaptación a nuevos terrenos, como
el ciberespacio. Internet no es propiamente un lugar, es más bien un “locus”
alrededor del que se fusionan hipertexto, textos, modos de interacción social,
intereses comerciales y otras prácticas discursivas e imaginativas (Kolko,
Nakamura y Rodman, 2000). El ciberespacio constituye un universo técnico y
cultural desconcertante. Pone en movimiento una variedad de relaciones y
representaciones que afectan la concepción misma de la etnografía, concebida
hasta el momento en un entorno fuera de línea, en las que predominan las
interacciones cara a cara situadas en un contexto.

Considerar al ciberespacio como un lugar plausible para realizar el trabajo de
campo es todo un desafío pues implica pensar y plantear bajo nuevos términos
varios de los supuestos de la etnografía, como la noción de espacio, observación
participante, tratamiento de las relaciones de campo o los principios éticos de la
investigación, entre otros. Examinar la comunicación mediada por computador
(CMC) requiere un esfuerzo reflexivo constante sobre la metodología cualitativa en
uso, en el marco de un enfoque necesariamente tecno-social.

La discusión en ciencias sociales sobre el impacto de las tecnologías ha sido
analizada desde bandos opuestos, que claman por dos variedades de
determinismo: el técnico o el social. El análisis de Internet se inició estableciendo
comparaciones con lo que sucedía en la comunicación cara a cara, en el que la
mediación tecnológica aparecía como un elemento secundario que favorece o
dificulta el despliegue de la comunicación. En la actualidad hay una suerte de
consenso que reconoce que la actividad en el ciberespacio (CMC) es un
fenómeno que se debate entre la esfera técnica y social, al punto que se le
caracterizar como un “dispositivo socio-técnico” en cuanto funcionan para el
usuario no sólo como instrumentos para la comunicación, sino que además
proponen al usuario modelos de sociabilidad (Gálvez, Ardèvol, Núñez y González,
2003). La interacción en línea se articula como dispositivo sociotécnico, de modo
que la configuración y definición del uso de los espacios electrónicos invoca
elementos propiamente tecnológicos, psicológicos y sociales que tienen que ver
no sólo con el usuario sino con el resto de actores y acciones que participan del
fenómeno, como diseñadores, programadores, normas, licencias, decisiones
políticas y económicas. Estos últimos son los nuevos nativos, los “cibernativos”.

Ni la tecnología actúa de manera independiente de lo social para finalmente
moldearla, ni lo social se erige como el responsable del desarrollo tecnológico. La
tecnología no es eficiente por sí misma ni es impermeable a los factores sociales
en juego. Del mismo modo, desde el ámbito de lo social se puede señalar que la
aceptación, rechazo y modalidades particulares que adopta una tecnología al ser


                                         71
incorporada en una sociedad actúa de manera probabilística y no conducida. La
noción de dispositivo socio-técnico es especialmente oportuna para referirse a
Internet en cuanto implica un enfoque heterogéneo, no determinista, de modo que
la manipulación de lo social implica lo técnico y viceversa. “Tecnología y sociedad
se co-producen continuamente” (Gálvez et al., 2003). En otras palabras, el análisis
del ciberespacio evidencia el engranaje entre una economía cultural definida por
los procesos tecno-productivos, de distribución, consumo, y un modo de
significación que experiencia socio-cultural y perceptual de los involucrados en el
fenómeno Internet (Cuadra, 2008).

El estudio de foros virtuales bajo la noción de dispositivo socio-técnico permite
apreciar que en las decisiones técnicas que adopta un programador o ingeniero en
la creación del medio -o en la incorporación de innovaciones en él- imperan
criterios que superan ampliamente el ámbito de lo técnico, actuando como
“verdaderos diseñadores de sociedad” (Gálvez et al., 2003). “Sus problemas
siempre desbordan lo meramente técnico. Se enfrentan a interrogantes cuya
solución exige actuaciones en otro plano. Devienen lo que Callon denomina
“científicos-entrepreneurs” (Callon, 1998)”. La voluntad o deseos de los usuarios
no definen absolutamente al artefacto técnico puesto a su servicio. Es un
constructor cultural y una realidad social en el que se cruza lo técnico y lo cultural.
Es un “tejido sin costuras” en la que se cuestiona la división entre lo social y lo
tecnológico como algo estable o factual. “No plantea que no sea posible establecer
distinciones entre ambos, sino, más bien, que esas distinciones son un producto,
un resultado, algo que debe ser explicado, y no un punto de partida que opere
como trampolín para construir explicaciones” (Gálvez et al., 2003).

Desde la perspectiva del usuario, la interacción con el dispositivo socio-técnico
exige la voluntad de someterse a un proceso de adiestramiento o aprendizaje. Si
bien la CMC amplía las relaciones entre las personas sin la restricción de la
realidad física, también obliga a los usuarios a aprender nuevos códigos y
lenguajes para comunicarse en un entorno des contextualizado. Lo que se puede
hacer con el artefacto no depende de las cualidades intrínsecas a él, sino de otro
elementos de orden diverso que determina el tipo de interacción a la los
internautas están dispuestos a experimentar. Las normas de la cibercortesía,
netiquette, netiqueta o de cortesía en la red, que a diferencia del gran tratado de
comportamiento del siglo XVIII, El Manual de Carreño, no están preconstituidas
obedecen a las expectativas de los usuarios sobre el tipo de participación
deseada, su apropiación y las características de cada medio. Cada comunidad
virtual las significa (García Landa, 2007) y elabora una conceptualización de la
sociabilidad esperada en el espacio.

En principio, se puede asumir que la cortesía es una estrategia y un principio
regulador de la actividad social en el chat, en primera instancia, manifestada
explícitamente en las reglas del canal. No obstante, lo que es apropiado o
adecuado varía un tanto según cada medio de reproducción tecnológica del
discurso. Finalmente, es la propia comunidad la que produce y transmite las
normas que rigen su interacción. En el caso de los jóvenes, por ejemplo, se piensa


                                          72
que no utilizan ningún protocolo de cortesía en la comunicación que establecen en
   el ciberespacio. Sin embargo, Palazzo explica luego de precisar el
   comportamiento en un chat de jóvenes tucumanos, que la cortesía que asumen
   estos usuarios no tiene que ver con la manifestación de estrategias en el discurso,
   sino con un efecto discursivo que se fundamenta en el mantenimiento de las
   relaciones afectivas personales y grupales. Para ello funciona la cortesía en el
   sentido "positivo" de incorporar al otro e interesarse por sus él manifestando
   anticortesía o aparente agresividad en los enunciados. Los actos anticorteses,
   entonces, son aquellos que tienen forma descortés -desde la normativa adulta-
   pero funcionan estratégicamente como refuerzos en la construcción de la imagen
   personal y grupal juvenil. En síntesis, el efecto perlocutivo de cortesía se obtiene a
   través de estrategia de cortesía tradicionales y con estrategias de anticortesía
   (Palazzo 2005).

   Junto con la noción de dispositivo socio-técnico que sume en cierta medida a
   Internet como un artefacto (socio-facto), el ciberespacio además permite
   considerarlo como un “lugar” (Augé, 1992) en el que se gesta cultura (Hine, 2004).
   En la década de 1980 se planteó que en Internet no había construcción de
   significaciones ni simbolización; no era posible desarrollar la identidad y las
   relaciones genuinas. Dos décadas después el fuerte desarrollo de la reflexión
   etnográfica y la acumulación de estudios sobre diversas herramientas que
   constituyen el ciberespacio acusan que éste es en verdad un “espacio
   antropológico”, totalmente opuesto a un “no lugar”, pues hay una construcción
   simbólica del espacio y los internautas pueden establecer auténticas relaciones en
   línea que de alguna manera mantienen un vinculo con dimensiones concretas de
   su vida fuera de línea.

2. Etnografía on line/off line

   En cierta forma, la etnografía virtual33 pareciera una vuelta a la etnografía de
   gabinete con la salvedad que el investigador en su despacho padece la misma
   desolación romántica que describió Malinowski para el etnógrafo que encara el
   “estar allí”. En su escritorio, rodeado de todos sus pertrechos, solo frente a la
   brillante pantalla del computador, próximo a millones de poblados de
   “cibernativos”, constata que no ve nada transparente. Experimenta la misma
   sensación de ver alejarse la lancha que lo trajo a un lugar extraño, señal del inicio
   de su terreno y constatación de estar lejos de su civilización.

   La inmersión –desde un punto de vista social, no tecnológico ni informacional- en
   una experiencia virtual en ocasiones no permite establecer con tanta claridad el

   33 Junto con la denominación “etnografía virtual” circulan otras denominaciones para aludir a los mismos planteamientos, como
   “etnografías de lo digital”, que designan las formas de hacer etnográfico en Internet y las tecnologías digitales (teléfonos móviles,
   fotografía digital, redes inalámbricas, etc. El concepto de “etnografías de lo digital” para algunos aglutina la etnografía virtual (Hine
   2000), la etnografía del ciberespacio (Hakken 1999), la etnografía de/en/a través de Internet (Ver Beaulieu, A. (2004). “Mediating
   Ethnography: Objectivity and the Making of Ethnographies of the Internet”. Social Epistemology, 18(2-3), 139–163. En
   http://www.virtualknowledgestudio.nl/en/vks_members/homepage_anne_beaulieu/publications_presentations/publications_2004/mediat
   ing_ethnography/N:%5CSEC%5CNERDI%5CWebsite%5Cmediating+ethnography.pdf ; la ciber-etnografía (Escobar, A. (1994).
   “Welcome to Cyberia. Notes on the Anthropology of Cyberculture”, Current Anthropology, 35 (3), 211-231), etc.


                                                                     73
arribo y abandono del terreno etnográfico, pues la definición del mismo ya resulta
problemática. Para algunos investigadores revisar las páginas webs o los
intercambios de opiniones en un foro bajo el anonimato de un mirón, sin participar
de tal espacio, u ocultando la presencia de un “extraño”, no significa “estar” en el
terreno. Es más bien una operación semejante a la revisión de documentos en una
hemeroteca pues no permite determinar la significación de la experiencia virtual de
los miembros de un colectivo que confluyen en torno a determinados soportes
(blogs, chats, redes sociales, foros de discusión, listas de correo, grupos de
noticias). Estar en terreno exige que el investigador se convierta en usuario y
experimente lo particular de la CMC. La “observación participante” de la
interacción “digital” entre personas no es equivalente a la revisión de las
expresiones que dejaron cristalizadas en soportes electrónicos. Asimismo, los
límites y características del terreno no están dadas por los rasgos de la tecnología
a estudiar, sino por la significación que los colectivos a examinar les imprimen y
esto sólo se puede percibir en el “estar allí” digital. No es el uso de una clave o
password lo que indica el inicio del trabajo de campo. Visto así, determinar cuando
se está en el terreno o fuera de él se establece desde la interacción del
observador con las colectividades virtuales y no por el soporte electrónico a
examinar. A menudo una misma comunidad o buena parte de sus miembros
durante la observación remiten al investigador a múltiples soportes ligados entre sí
(fotologs con sitios web con blogs y cuentas de redes sociales, por ejemplo) y a
espacios de la vida off line, como se verá más adelante.

En general, el compromiso característico de la etnografía –como un método de
investigación social- consiste en “la participación del etnógrafo, sea abierta o
encubiertamente, en la vida cotidiana de las personas, durante un período
prolongado de tiempo, observando lo que sucede, haciendo preguntas –de hecho,
recopilando cualquier dato que esté disponible para arrojar luz sobre los temas de
su investigación” (Hammersley y Atkinson, 1994). Sin embargo, a esta declaración
de tipo más bien práctico, se puede agregar que el objetivo último del etnógrafo es
de tipo interpretativo; es buscar significaciones (estructuras de significaciones)
socialmente establecidas y que no son evidentes en la “superficie” de las
expresiones sociales. Esta perspectiva formulada por Geertz, asume la etnografía
como “descripción densa” (Geertz, 1987).

La tradición antropológica distinguía tres operaciones consecutivas en la
descripción etnográfica: observar, registrar y analizar. Según Geertz, en la
“descripción densa” las tres acciones no son autónomas, sino simultáneas e
imposibles de distinguir entre sí. El énfasis está en la observación; en ver y
describir lo que la gente hace e interpretarlo, y no en participar como un espía o
tratar de convertirse en nativo o imitarlos. La “observación participante” es tan sólo
observación, pero del tipo agudo que implica mucha conversación, y atención a la
posición en la que se construyó la significación, sostiene Geertz, lugar que no está
en la exterioridad en la que se sitúa el etnógrafo, sino “puertas adentro”.

En la etnografía de culturas virtuales una de las condiciones fundamentales es la
participación del investigador, pero el contexto particular de cada experiencia de


                                         74
campo define el tipo de participación que se debe emprender. En el caso de la
práctica etnográfica en ambientes mediados por la tecnología se considera tanto la
producción como el consumo de los artefactos tecnológicos y las prácticas socio-
culturales asociadas. Esto implica que el comportamiento y actividades
desarrolladas no provienen de los rasgos del artefacto sino de las condiciones o
contextos culturales y sociales en los que el artefacto ha sido creado, usado y
significado; como el espacio que se constituye para dar lugar a las relaciones.
Para tales casos, el investigador viene a ser usuario y elaborador de ambientes
que se estudian para examinar la vida, trabajo y cosas que se hacen “con” el
ambiente y “en” el ambiente virtual (Rybas y Gajjala, 2007). Ingresar al mundo
virtual permite por ejemplo determinar que para los adolescentes, el valor del
fotolog, y los entornos digitales en general, está en generar (crear) un espacio con
información que le permite identificarse con sus pares y compartir creencias,
intereses y deseos semejantes, en lugar de privilegiarlo como un medio de
transmisión de información, como un medio de comunicación (Burset y Sánchez,
2009). De manera semejante, Mayans sostiene que lo que lleva la gente a los
‘chats’ no es que sean entornos tecnológicos interactivos, que permitan una
comunicación bidireccional, sino que sean entornos de interactividad social
(Mayans, 2002).

El proceso de inmersión en el terreno del investigador se aprecia en toda su
dimensión en esta entrada del diario de campo de Elisenda Ardèvol y colegas en
su estudio del chat:

“A medida que íbamos ganando dominio sobre la tecnología y conociendo las
posibilidades de los distintos programas de chat, no sólo iba siendo más rica
nuestra comunicación como chateras, sino que nuestra visión como
observadoras participantes se iban ampliando y las notas de campo ganaban
en detalle. Este mayor conocimiento del artefacto sociotécnico (Bijker, 1995)
nos proporcionaba una mayor seguridad como investigadoras y un mayor
conocimiento de las claves interpretativas relacionadas con el uso de la
tecnología, repercutiendo en un mayor conocimiento de nuestro objeto de
estudio, que a su vez, necesariamente, implicaba un constante ejercicio de
autoreflexividad sobre el proceso etnográfico”. (Ardèvol et al., 2003)

Derivado de lo anterior, surge una cuestión problemática del estudio de la
cibercultura: distinguir la oposición entre un estudio “on line” (en el ambiente
virtual) y “off line” (en un ambiente actual, tangible, no virtual). En este mundo
urbano, globalizado e imbricado, asumir la etnografía virtual sólo como el estudio
de la vida on line es negar que las relaciones no se limitan a una comunidad
cerrada. Este rasgo lo comparten tanto la etnografía del mundo off line como el on
line. Hay investigaciones sobre los juegos de rol on line en los que se revela que
los jugadores tienen el hábito de mantener en el computador una ventana abierta
al juego durante las horas de actividad laboral, de modo que revisan
distraídamente la situación del juego prestando mayor atención a su trabajo. Esto
indica de manera obvia que la actividad de jugar no está completamente separada
de la vida cotidiana, de la vida off line (Isabella 2007).


                                        75
Experiencias y prácticas aprendidas en múltiples contextos socio-económicos y
culturales no deben ser desestimadas al observar el comportamiento virtual. Si
bien en un principio los estudios cualitativos sobre Internet aseguraban que ésta
era un nuevo espacio democratizador y deshinibidor pues permitía liberar a los
usuarios de las marcas socio-culturales y biológicas que los definían en el mundo
off line y encarnar una “vida secundaria”, al cabo de unos años se constató lo
contrario. Los marcadores se manifestaban con igual fuerza en el espacio on line
que en la vida fuera de la red, constituyendo intersecciones online/offline (Rybas y
Gajjala 2007).

En el caso de las redes sociales (Facebook, MySpace, Orkut), en juegos on line,
incluso en la simple navegación a través de sitios, se aprecia que las identidades
construidas en tales espacios no quedan totalmente liberadas del “mundo de la
identidad real”, aunque los usuarios apuestan a una autorepresentación que deje
atrás su cuerpo. Lo que sucede en el tiempo on line ya está modelado por asuntos
de la vida off line, como el género, nacionalidad, edad, cuestiones raciales,
experiencias, conocimientos y valores que no se esfuman al ingresar al
ciberespacio. Por ejemplo, en un estudio sobre redes sociales y la comprensión de
identidades mediadas digitalmente, Rybas y Gajjala detectan que la adscripción a
una “raza” entre adolescentes mexico-estadounidenses revela un proceso de
construcción de identidades, o empleo de “identidades turistas”, complejo y
matizado. Los jóvenes estudiados asumen la experiencia virtual como una forma
de vivir “de verdad” en otro género o cuerpo, pero respondiendo a nociones de
estereotipos ya instaladas en el mundo off line que se propagan hacia el espacio
on line como ciberestereotipos (Rybas y Gajjala, 2007).

Vale señalar que el estudio de las redes sociales en Internet recoge las tendencias
desarrolladas a partir de los años de 1990 para el estudio de redes sociales en
general, marcadas por un fuerte acento multidisciplinario y distante del énfasis
estructural que predominó entre los 70 y 80 con la incorporación de la teoría de los
grafos. En la actualidad, la investigación de una red virtual, como una en el
espacio fuera de línea, tienen en común el enfoque que admite pensar las
organizaciones sociales con la atención centrada en los vínculos entre los
elementos que la conforman donde se imbrican lo local y global, lo particular y
universal, como responsables de la interconexión de las identidades en el
escenario contemporáneo. En definitiva, una red social en Internet es un conjunto
de personas conectadas por un conjunto de relaciones significativas (Dutra, 2007).

Otro ejemplo significativo sobre la relación on line/off line presente en el
ciberespacio la aportan lo estudios de juegos de roles on line. Isabella (2007)
observó que la identidad que construyen los participantes no se funda en las
particularidades individuales, sino que está basada en la pertenencia a una
comunidad en juego. “This means that her/his whole existence is strictly tied to
belonging to the community; she/he cannot choose freely her/his own destiny,
which remains tightly dependent on decisions that the community make for each
member” (Isabella 2007: 3). La idea de que los jugadores al conectarse escapan


                                        76
del mundo off line se desdibuja al advertir que más bien logran conciliar ambos
mundos de manera semejante al tránsito por “áreas intermedias” propias de las
actividades artísticas y esfuerzos científicos. Para Isabella, es el rol o papel que
asumen los jugadores el “objeto transicional” que media la relación entre el mundo
físico (off line) en el que viven los jugadores y el de ficción (on line) en el que
participan como actores en un escenario virtual de juego (Isabella, 2007). Es
posible examinar en qué medida un nickname puede asumir una función
semejante en otros espacios virtuales como blogs o redes sociales. En otro
espacio, como es el chat, Ardèvol constató en la investigación sobre las usuarias
de chats femeninos, que el uso de un nickname (rostro virtual) o sobrenombre que
aludiera claramente al género o de tipo ambiguo se obtienen reacciones distintas
del resto de los participantes de la sala de conversación, más o menos
sexualizadas (Ardèvol et al., 2003: 6), lo que apunta a la presencia de las
significaciones del mundo fuera de línea en el on line.

Durante la primera década del desarrollo de los distintos medios que hoy forman
Internet abundaron las formulaciones a priori radicales, que catalogaron estos
medios como en esencia armónicos y democráticos, que favorecían el encuentro
entre    iguales,   o    responsables     del   aislamiento,     incomunicación     y
desestructuradores de lo social. Ambas perspectivas extremas hoy han sido
matizadas a partir del acumulado de estudios disponibles de corte cualitativo sobre
el fenómeno Internet. Asimismo, en oposición a las primeras concepciones que en
los años 80 se difundieron sobre el ciberespacio como un espacio social
desvinculado de la realidad local, y que apuntaban hacia la universalización y la
constitución de una cultura global planetaria, en la actualidad se observa que los
contextos locales no se diluyen en el espacio virtual sino más bien tienden a
reproducirse. Por ejemplo, Miller y Slater (2000) notan que en al isla de Trinidad la
gente usa Internet para revalidar sus identidades colectivas y adscripción a grupos
étnicos. En el ciberespacio exhiben su identidad local por sobre una cultura global.
Tori Holmes en tanto constata al revisar la cultura digital de las favelas de Río de
Janeiro que el uso de plataformas de redes sociales, en especial Orkut, establece
referencias constantes a los vecinos del espacio físico en el que viven. Se trata de
una etnografía que comenzó en el espacio off line (favelas) hacia el on line y
finalmente el espacio geográfico determinó el contexto local para interpretar las
prácticas en el mundo virtual (Holmes 2009). Desde esta perspectiva, la cultura
local no solo se limita a entornos sociales. Lo local puede trascender estos
entornos y establecer “localidades” en la red impulsadas por formas geográficas
de afiliación y como material para la construcción de alternativas virtuales a las
localidades espaciales (Ballantyne, 2002).

En un principio, la etnografía virtual se asumió como el estudio de la práctica on
line. En la actualidad, lo que prevalece es un enfoque holístico en el que se
superponen los campos on line y off line (Hine, 2004). En definitiva, la etnografía
virtual es un híbrido, en cuanto apunta a grupos en línea relacionados con
situaciones fuera de línea. La metáfora del “Cyborg”, como un híbrido de humano
y no humano, es la inspiración para denominarla también como “cyberethnogaphy”
(Teli et al., 2007). Es decir, seres humanos y agentes no humanos (tecnología


                                         77
digital) que constituyen actores y entidades en red que hablan y producen
significados (Teli et al., 2007). Desde esta perspectiva los cyborg hace mucho
están con nosotros, o tal vez siempre hemos sido Cyborg (Hakken, 1999), el punto
está en determinar las formas que han adquirido. Una de ellas está en la CMC.


3. Estrategias y desafíos en la recolección de datos on line

En principio, el etnógrafo recoge las dichos de los informantes en las
conversaciones que sostienen con él, o entre ellos. En la conversación el
etnógrafo indaga, elabora un relato y la representación de la existencia de su
informante. El informante construye en tanto una imagen de sí mismo, que
comprende las representaciones que los demás se forjan de él, y las propias.
Todo lo dicho por el informante son interpretaciones de los mismos actores, son
interpretaciones de primer orden y todas “verdaderas” en cuanto proponen al
mismo tiempo una imagen de la sociedad en la que vive. Desde este punto de
vista, lo que sucede en Internet es esencialmente usuarios en actividad, en
interacción, y no es irreal. Por el contrario, es muy real aunque carezca de toda
ligazón temporo-espacial. El “desanclaje” que ofrece el ciberespacio o
desprendimiento de lugares de espacios contextualizados y del tiempo (Giddens,
1990) no invalida su condición de real. Es virtual pues tiene la capacidad de ser
potencialmente actual. Virtualidad y actualidad son sólo dos modos distintos de la
realidad (Levy, 2001). La etnografía de relaciones “virtuales”, como la interacción a
través de un chat, lleva al investigador desde el cibermundo a contextos
necesariamente más terrenales, como co-partícipe de la construcción del canal de
chat y construcción de la propia identidad como “chateador”/investigador. Dentro
de la variedad de contextos y situaciones que propone la etnografía virtual, lo que
tienen en común es el ejercicio auto-reflexivo que modifica la propia práctica
etnográfica on line y permite construir el objeto de estudio más allá del ámbito en
línea para plantear la etnografía virtual como una posibilidad de reformular el
método etnográfico (Ardèvol et al 2003). El compromiso ciberetnográfico que se
asume es un proceso orientado de manera multimodal (Rybas y Gajjala, 2007).

Hay información que se obtiene fácilmente con sólo observar, como las dinámicas
grupales. Pero hay otra que requiere hacer entrevistas, como por ejemplo las
percepciones subjetivas y el significado que se cada participante le atribuye al
medio en el que se desenvuelve. Por lo general, la entrevista no direccionada se
organiza a partir de una guía construida desde las impresiones y datos recogidos
en la observación, siempre manteniendo coherencia con los objetivos principales
del estudio y el tema a investigar. Muchos investigadores estructuran esta guía
desde aspectos o tópicos generales hasta abordar los más específicos. Para que
las respuestas sean abiertas algunos comienzan con una “pregunta anzuelo” y
una seguidilla de preguntas de respaldo por si no funciona al primer intento. Como
se puede apreciar, la lógica de la etnografía off line (cara a cara) impera en esta
estrategia de entrevista no direccionada que no se ajusta a la naturaleza de la
interacción on line, mediada por computador. La diferencia fundamental está en el



                                         78
tiempo para preguntar y responder, en el ritmo de la “conversación” que permite
cada soporte tecnológico.

En el caso del chat hay tres tópicos a considerar: el carácter textual de la
interacción, el ritmo acelerado de ésta y la definición del contexto de la
conversación en línea (Ardèvol et al. 2003).

El predominio del formato textual en el chat se convirtió en el rasgo fundamental
para definir el tipo de comunicación que favorece. Visto así, la textualidad es lo
que caracteriza al chat y por tanto se ubica en la tipología de medio escrito. Sin
embargo, en el plano práctico, el chat funciona como el habla, es decir, prevalece
la conversación espontánea, es estructuralmente desordenada, poco reflexiva, no
se da un código comunicativo formal, y de manera contradictoria hay componentes
artificiales que intentan suplir la ausencia de los elementos gestuales no verbales
(entonación, mirada, gestos, ambiente, etc) de la conversación cara a cara. Esta
última es la carencia o particularidad más distintiva del chat en comparación con la
comunicación oral. Siguiendo la terminología de Geertz, Mayans i Planells define
al chat como un “género confuso” (Mayans 2000, 2002) que merece el
reconocimiento de un “nombre propio” en cuanto poseen condiciones propias y de
desarrollo que le confiere autonomía. La comparación con otros medios no resulta
apropiada dada la singularidad del nuevo medio, así como el descrédito en el que
ha caído al ser encasillado como un medio que empobrece la comunicación.

Otro elemento característico del chat es el ritmo de la conversación, la que sólo
admite expresiones cortas y respuestas inmediatas, pues la atención del
interlocutor al diálogo vive la amenaza de conversaciones paralelas, sin contar con
que siempre la habilidad para teclear en pantalla es más lenta que la velocidad del
pensamiento y la expresión oral. Aquí aparece la pesadilla de los profesores que
se quejan del deterioro del lenguaje escrito promovido por el chat con sus
incorrecciones gramaticales, ortográficas y tipográficas voluntarias y deliberadas34.
No obstante, se puede sostener que tal lenguaje constituye un código propio y
exclusivo del medio, basado en cierta economía del lenguaje. En el chat no hay
espacio ni tiempo para la excesiva retórica de la escritura. Vale señalar además
que los usuarios distinguen el cambio del código comunicativo entre el chat y otros
medios asincrónicos, reconociéndolo como un género distinto.

Para Mayans el chat textual encarna una cultura distinta y un ethos
comunicacional que encuentra su particularidad en el modo textual puro (Mayans,
2002)

“De este modo, como decimos, el discurso en un ‘chat’ es una obra colectiva,
fragmentaria y vital. En ella participan, en su proceso de creación, varias
personas. A ello cabría añadir los que sólo leen, ya sea por estar en otra/s

34 Las incorrecciones en el uso del lenguaje en el chat son en su mayoría voluntarias. Para Miyans no refleja ignorancia sobre el uso
formal de la lengua sino un uso premeditadamente descuidado, informal. Así, la lengua escrita adquiere una vivacidad, flexibilidad y
expresividad más propias de las interacciones orales que de las escritas. Además de estas incorrecciones existen otras con cargas
simbólicas diferentes, como escribir con mayúscula que equivale a gritar en el canal, por ejemplo (Miyans 2000).


                                                                79
conversación/es o por el simple hecho de no querer participar activamente en la
que está en marcha. Los contenidos del discurso se dispersan y se
redireccionan por obra y gracia del medio, que favorece esta fragmentación. Y
su vitalidad, su espontaneidad, son fácilmente identificables, por el carácter
inmediato de su divulgación local. Es, en definitiva, el más segmentado,
participativo y ‘oral’ de los registros escritos” (Mayans, 2000).

Por último, el contexto de la conversación por chat es un aspecto que está fuera
de alcance determinar y el que resulta más difícil de precisar para el usuario como
para el que emprende un estudio cualitativo. Junto a la textualidad y ritmo
acelerado que caracteriza el chat, la ausencia de contexto de conversación son los
rasgos que delimitan el marco al que se deben ajustar los instrumentos empleados
en la etnografía para obtener información de los informantes, como es el caso de
las entrevistas. Visto así, el conocimiento profundo del medio, del código que
impera, es imprescindible para el investigador, y será lo que le permita ajustar sus
instrumentos de recolección de datos a las condiciones propias del medio y
objetivos planteados a estudiar. Por ejemplo, acordar con el entrevistado en chat
que informe si mientras transcurre la entrevista avise si entabla conversaciones
paralelas o si hay distracciones en el lugar son medidas que permiten al
investigador incorporar información contextual del diálogo (Ardèvol et al., 2003).
Convenir también en informar a qué se debe la posible demora en la respuesta le
permite al investigador asumir la espera con menos incertidumbre sobre lo que
está pasando en la interacción. “Para evitar la incertidumbre, una pauta utilizada
era que si comenzaba una frase pero ésta no era la respuesta completa, escribiera
unos puntos suspensivos o cualquier otro signo al final de la frase para saber que
seguiría escribiendo y que no era el momento de pasar a la siguiente pregunta”
(Ardèvol et al., 2003).

Una tarea que aparentemente estaría resuelta en el estudio del chat es la
transcripción de las conversaciones informales y las entrevistas concertadas pues
bastaría con copiar el registro dejado en el chat sobre el diálogo. Sin embargo, la
naturaleza libre de la conversación en chat, entrecortada, difusa y fragmentada
requiere la reconstrucción del momento del diálogo en que los fragmentos fueron
inteligibles y tuvieron sentido para el investigador. En cambio, la entrevista puede
sorpresivamente mostrar una reflexión más articulada, ordenada y cuidada que la
conversación cara a cara o en línea (Ardèvol et al., 2003).

En la investigación sobre el chat que realizaron Ardèvol, Bertrán y Callén, la pauta
de entrevista que comenzaba con una “pregunta anzuelo” se convirtió en una larga
lista de interrogantes precisas. La entrevista en el chat fue muy distinta a la
dinámica de la entrevista cara a cara, organizada temáticamente para favorecer la
libre expresión del informante. De las preguntas cortas y concretas se obtienen
respuestas cortas, de no más de 6 palabras en promedio. Este estudio le permitió
concluir al equipo de investigación que las usuarias del chat viven de manera tan
naturalizada su experiencia que no experimentan una distancia que motive una
visión reflexiva de lo vivido y la elaboración de un discurso al respecto. “Las



                                        80
entrevistadas no tienen una narrativa estructurada sobre la experiencia en línea"
(Ardèvol et al., 2003: 89).

La distinción entre medios que favorecen la comunicación asincrónica y la
sincrónica dejar ver tipos de interacción distintas, tal como lo señalan las
investigaciones revisadas. Tal parece que la interacción asincrónica viene
determinada, en la mayor parte de los casos, por un discurso más reflexivo y
generado a partir de la ausencia de instantaneidad. Es decir, la eliminación del
marco temporal compartido aminora la presión recíproca de dar una respuesta
instantánea al interlocutor (Arriazu, 2007).

El estudio que en el año 2001 realizaron Veerman y Veldhuis-Diermanse sobre
medios on line sincrónicos y asincrónicos en la educación académica, determinó
que a diferencia del chat, el foro promovía una mejor organización, discusión y
predisposición a la reflexión y creación de conocimiento entre los estudiantes. La
instantaneidad del chat limitaba en buena medida estas mismas habilidades
(Veerman y Veldhuis-Diermanse, 2001). No obstante, en el caso del chat y foro se
aprecia como denominador común la primacía del texto, de la comunicación
textual. Pero este rasgo logra articular formas de socialización distintas en ambos
medios.

En el foro de discusión por ejemplo, así como en otros medios de comunicación
asincrónica (blog), se puede acceder a interacciones sociales más estructuradas e
introspectivas. "Los foros electrónicos son un buen ejemplo de dispositivo socio-
técnico en el sentido de que son artefactos construidos para el desarrollo de la
interacción social en línea" (Gálvez et al., 2003: 3). Para algunos, la fuerza del foro
está en que es una herramienta capaz de vertebrar la socialización en el
ciberespacio. A su vez, los foros son espacios donde afloran un conjunto de
discursos textuales sumativos e interactivos de carácter social y comunitario. Este
rasgo es preeminente en el diseño de las entrevistas a realizar a los usuarios de
un foro.

En el caso del blog hay que considerar que el estudio ya no se restringe a la
dimensión textual de los usuarios sino a la integración de variados objetos
digitales elaborados por los sujetos y relacionados entre sí, dispositivos y
artefactos como imágenes, videos y repositorios de enlaces favoritos. Además, los
límites del campo son menos nítidos que en el caso de un chat o una “comunidad
virtual” dada por un foro de discusión. Pese a este rasgo de sofisticación del medio
blog se disponen de estudios cualitativos etnográficos que no implican mayor
innovación en las estrategias de investigación y recolección de información. Por
ejemplo, en 2005 Takhteyev y Hall estudiaron las motivaciones que llevan a una
persona a involucrarse con la práctica de crear y mantener un blog en un centro
de investigación universitario, una comunidad off-line. A partir de entrevistas
abiertas, cara a cara, los informantes discutieron sus experiencias y hábitos de
lectura de blogs, así como de mantenimiento de las cuentas que poseen. La
muestra resultó sumamente variada pues participaron bloggers experimentados y
recientes, activos y “desertores”, uno que analizaba la posibilidad de crear uno, y


                                          81
algunos que rechazaban directamente la idea de mantener y leer blogs. En la
investigación Takhteyev y Hall destacan el lugar primordial que ocupan los
vínculos entre la interacción on line y off line que revela cómo la participación en el
“mundo blog” depende de las amistades que están involucradas activamente en el
medio (Takhteyev y Hall, 2005).

Otro estudio emblemático sobre blogs fue realizado en el año 2003, por Lilia
Efimova, quien realizó un estudio exploratorio sobre los diferentes usos de los blog
con propósitos profesionales para observar el “trabajo del conocimiento”
(knowledge work). A partir de un cuestionario cualitativo on line, que respondieron
62 bloggers y 20 personas sin blog, se consultó sobre las motivaciones para crear
un blog, así como el contexto, tecnología y características personales que apoyan
la actividad del blogger. Efimova propone finalmente realizar el mismo estudio
pero en diferentes contextos para ampliar la comprensión del uso del blog, y
además incorporar un enfoque multidisciplinario que atienda a la relación entre la
dimensión individual, de comunidades y redes, y de ideas, presentes en el uso del
blog (Efimova, 2004).

A diferencia de Efimova, la estrategia de investigación de Estalella y Ardèvol en
2007 para estudiar los blogs comenzó con la creación de un “blog de campo”
propio -muy distinto a un diario de campo- que contribuyera con la orientación de
la investigación a través de la propia experiencia del investigador, permitiera
establecer un vínculo o rapport con los blogger, que dotara de credibilidad al
investigador ante los sujetos estudiados y que colaborara con dejar una
constancia pública de la realización de la investigación como imperativo ético
establecido (Estalella y Ardèvol, 2007). El blog le permitió a los investigadores
construir una identidad como blogger y establecer relación con los usuarios. En el
blog de campo se dejó registro de la información procedente de diversos
dispositivos en torno a una misma persona y los datos aportados por su propio
blog. Con ello se visibilizó la presencia de los investigadores en el terreno y
favoreció la construcción de relaciones estrechas manifestadas en la interacción
entre bloggers y en las entrevistas. Estas fueron cuestionarios dirigidos a bloggers
identificados así como a otros desconocidos remitidos por terceros. La estrategia
asumida es equivalente a la propuesta de Michael Wesch en su estudio del
servicio de video YouTube al abrir un canal en el que informa de su investigación
de manera regular y con detalles a través de videos de docencia y en el que se
presenta el equipo de investigación (Wesch, 2008). El principio de esta estrategia
así como la del blog de campo es “construir alguna forma de co-presencia a través
de Internet mediante los mismos dispositivos y prácticas de aquellos a quienes se
estudia” (Estalella y Ardèvol, 2007).

Bajo la idea de la copresencia y reciprocidad, en 2005, Telli, Pisanu y Hakken
desarrollaron el proyecto Floss para estudiar una comunidad virtual vinculada a la
creación de software libre denominada OpenSolaris. Comenzaron con la creación
de un sitio web presentando el estudio y a los miembros del equipo de
investigación. Inspirado en la idea de “reciprocidad”, a través de los posteos en
este medio obtuvieron las percepciones y opiniones de los informantes sobre su


                                          82
participación en la investigación en respuesta al vínculo fuera de línea que
entablaron previamente con algunos de ellos, así como los puntos de vista de
aquellos con los que sólo mantuvieron relaciones on line. Los mensajes en una
lista de correos fue uno de los elementos fundamentales para recolectar
información y datos de la comunidad y así desentrañar la manera en que la
licencia del software funciona en una comunidad de programadores. Este
elemento “no humano” (la licencia), mediador entre los miembros del grupo, opera
como si estuviesen sometidos al mismo sistema de software de derechos de autor,
concluye el estudio (Telli, Pisanu y Hakken, 2005). La comprensión del grupo en
estudio determina en última instancia los límites de las listas de correo y permite
cuestionar la aplicación de una solución a priori (uso de la “caja negra”).

La revisión de algunas estrategias, consideraciones y herramientas de recolección
de datos e información adoptados por diversos investigadores según el medio que
abordan conduce de manera manifiesta a dilemas éticos sobre el papel del
investigador en el terreno, la responsabilidad que le cabe sobre la información
proporcionada por los informantes y aspectos relacionados con la escritura
etnográfica y tecnologías digitales.


4. De la ética de campo a la escritura etnográfica

Son varias las dudas sobre lo lícito, ético y hasta políticamente correcto e
incorrecto que rondan una investigación etnográfíca, todo ello porque el trabajo de
investigación se realiza con personas a las que hay que respetar en su dignidad.
Por ello, se espera que todo estudio considere en su diseño, ejecución y
publicación la responsabilidad social que le cabe en cuanto su apego al rigor
científico pero sin que esta adhesión perjudique o lesione de algún modo a los
grupos o sujetos estudiados, que viole su privacidad o que ponga en riesgo su
seguridad.

Como respuesta a estos imperativos, se acostumbra mantener en el anonimato los
datos personales de los informantes y a solicitar el consentimiento de los
participantes en el estudio luego de informarles sobre el objetivo y detalles de la
investigación. Algunos consideran que al responder una entrevista o cuestionario
implícitamente el informante ha consentido en ser parte del estudio. En el caso de
la observación participante solicitar la aprobación de cada persona con la que se
interactúa es un proceso engorroso e intrusivo, que puede alterar la misma
observación. El dilema que se plantea a menudo se refiere entonces a lo
adecuado o necesario de revelarles a los informantes que se está realizando un
estudio o mantenerse oculto sin declarar las intenciones de la observación, de
manera semejante a la de un espía o policía. Algunos sugieren una negociación
constante del consentimiento durante todo el trabajo de campo, de manera que en
toda instancia o etapa los participantes están de acuerdo en colaborar de manera
más tácita que formal. Otro punto que apela al discernimiento del investigador es
en el límite de lo registrado en la observación, siempre cuidando de mantener la
seguridad de los informantes.


                                         83
En general, se pueden considerar dos dimensiones al distinguir lo público de lo
privado en estudios on line como off line. La primera es si el investigador
interactúa con la gente durante la investigación (aunque ésta se realice en una
plaza pública, debe solicitar el consentimiento informado), y la segunda es sobre el
tipo de registro que se realiza en cuanto si es permanente (como grabaciones de
audio o de video), caso en que debe al menos informarse a las personas de que
están siendo grabadas. Desde este punto de vista, la etnografía virtual requiere la
evaluación de ambas condiciones para cada medio en particular con el que se
trabaje (Estalella y Ardèvol, 2007).

En el ciberespacio los principios éticos que acechan la investigación etnográfica
están definidos por la compleja discusión sobre lo privado y lo público. Se puede
considerar que por estar en Internet toda la información es pública siempre y
cuando no se solicite una clave de acceso a determinado medio. En el caso de las
redes sociales este punto ha sido especialmente debatido por la opinión pública
ante la facilidad con que se pueden obtener grandes cantidades de datos de
personas. Los profesores y padres se quejan de las redes porque ofrecen
demasiada información personal que es privada y pública al mismo tiempo. El
investigador también puede disponer de muchos datos de los sujetos investigados
(repositorios de fotografías, etc) revisando blogs, sitios web y redes sociales,
situación que le impele a “exponerse” a sí mismo siguiendo las premisas de
reciprocidad de una observación participante on line.

Sin embargo, las dos condiciones ya revisadas (interacción del investigador con
los informantes y registro de la información) problematizan la discusión sobre la
aplicación mecánica de los principios éticos señalados en cualquier situación on
line35. Estalella y Ardèvol proponen tres reflexiones a tomar en cuenta en cada
dilema ético que se le presente al investigador en el marco de estudios
particulares y situados, según la categoría de los dispositivos a examinar:

En primer lugar, la percepción de lo público y lo privado puede variar según la
posición del sujeto observador (externa o interna al colectivo) y por tanto, no
podemos juzgar "desde fuera" sin tener en cuenta la percepción de los actores.
En segundo lugar, el tipo de tecnología o la arquitectura tecnológica, no
determina el carácter privado o público de un espacio de interacción, depende
una vez más de la percepción que tienen los usuarios sobre lo que están
haciendo, es resultado de la negociación y del sentido que le atribuyen a esas
interacciones cada colectivo. En tercer lugar, y como corolario, lo público y lo
privado no son categorías absolutas que podamos determinar "a priori" en

35 Sobre la discusión de los principios éticos a seguir en el estudio cualitativo de Internet ver: Peden, Blaine F. & Flashinski, Douglas P.

(2004). “Virtual research ethics: A content analysis of surveys and experiments online”. En Elizabeth Buchanan (Ed.), Readings in
virtual research ethics: Issues and controversies (pp.1-26). Londres: Information Science Pub Walther; Joseph B. (2002). “Research
ethics in Internet-enabled research: Human subjects issues and methodological myopia”. Ethics and Information Technology, 4(3), 205-
216; , Elgesem, Dag (2002). “What is special about the ethical issues in online research?”, Ethics and Information Technology, 4(3),
195-203; y Allen, Christina (1996). “What's wrong with the ‘Golden Rule’? Conundrums of conducting ethical research in cyberspace”.
Information Society, 12, 175-187; entre otros.


                                                                    84
relación a las interacciones de internet, son contextuales y dependen de la
negociación que cada colectivo lleve a cabo. (Estalella y Ardèvol 2007)

El énfasis está en que la etnografía virtual está situada, y que cada
emprendimiento de investigación como de solución a dilemas éticos requiere
adaptación a la especificidad de los contextos y tipo de dispositivo tecnológico
usado. La ética dialógica, como una forma de diálogo y negociación que atiende a
las relaciones concretas que se establecen entre individuos y dispositivos que
colaboran en una investigación es un procedimiento ético, teórico y metodológico
que tiene como sustrato fundamental la co-presencia, reciprocidad o mutualidad
del investigador en el campo y la constitución de relaciones simétricas con los
informantes al participar del mismo medio. Esta podría ser uno de los rasgos que
caracterizarían a la etnografía virtual y la diferenciaría del resto de la etnografía
conocida hasta el momento: una actividad que implica una ética irrenunciable.

Una discusión ética que en pocas ocasiones se aborda con escaso interés entre
los investigadores es la divulgación de la investigación concluida. La pregunta que
ronda es entonces ¿para quién es el conocimiento antropológico?

Si bien hay actividades intelectuales que se definen y reconocen al servicio de un
público masivo (periodismo, literatura, artes visuales), en la etnografía no hay un
reconocimiento semejante. No existe la lealtad con el gran público (fidelidad con lo
que realmente ocurrió, con los datos y con las consecuencias), porque lo que
predomina es la probidad con la élite de expertos. El escrito etnográfico es parte
del mundo social que intenta revelar, he ahí su carácter reflexivo.

Vale recordar que el etnógrafo obtiene y produce datos a través de la observación
y las entrevistas, luego los fija en un documento en el que emprende una
interpretación de segundo orden y hasta tercer orden (interpretación de
interpretaciones primarias). El etnógrafo cristaliza, atrapa un momento único en el
relato, en el texto etnográfico que elabora y que puede ser Consultado y revisado
más allá del tiempo en que sucedió. Es un acto de construcción en el que
interviene la memoria, las notas del diario de campo, las entrevistas formales
hechas y las conversaciones sostenidas en un chat o los posteos en un blog.

Esta construcción, el escrito etnográfico, es también es en cierta forma una ficción
(ficción en el sentido de algo elaborado, hecho, compuesto): los actores y los
hechos son reales y ocurrieron, pero hay un “acto imaginativo” en el etnógrafo al
seleccionar, plasmar, aclarar lo que sucede y contar una historia que ha sido
interpretada en función de los supuestos que obtuvo en la experiencia y que le
permitieron elaborar un marco interpretativo. Desde este punto de vista, el “pacto
de la no-ficción” que el investigador le propone al lector (voy a contarle una historia
y esa historia es cierta, ocurrió y yo me enteré de eso) siempre será quebrantado
más allá de la veracidad de los hechos y la fidelidad con que se relaten.

En la etnografía off line se suma a la presión del pacto incumplido de “no ficción”
descrito, la condición particular de desarrollar una investigación que tiene una


                                          85
dimensión mediada absoluta. Esta dimensión mediada se mantiene a lo largo de
una investigación etnográfica. Si bien, lo específico en ella es que hay una
mediación tecnológica, ésta se halla presente en todo el proceso etnográfico: en la
observación participante, en el registro y construcción de los datos, y hasta en la
presentación final de la investigación. La mediación técnica (el registro textual, en
audio, fotografía o vídeo) es clave en la investigación etnográfica porque fija la
experiencia y descontextualiza la memoria del observador, creando un nuevo
contexto para el análisis (Ardèvol et al., 2003). La etnografía hipermedia o
etnografía digital no apunta al sitio o lugar del trabajo de campo. Se refieren
entonces a la presentación de los resultados etnográficos; al reemplazo del escrito
etnográfico tradicional monográfico por dispositivos tecnológicos en Internet.

A partir de una etnografía tradicional realizada en la Plaza de Cataluña en
Barcelona, Nadja Monnet se planteó equilibrar la preminencia acostumbrada del
texto en las etnografías tradicionales por una en que éste se articulara al ambiente
sonoro e imágenes que emergieron del trabajo de campo (Monnet 2007). Monnet
además se planteó la necesidad de convertir en destinatarios del conocimiento
antropológico a los no expertos (Monnet 2008: 71-77). En este cometido, Internet
ofrece nuevas posibilidades para que el conocimiento antropológico desborde los
límites especializados de su disciplina, bien sea construyendo una etnografía en
una página web que contenga registros textuales, fotográficos y sonoros del
campo, o con un documental etnográfico on line. Este conocimiento antropológico
eventualmente puede ser incorporado de manera directa y activa por los
ciudadanos. Incluso puede promover el desarrollo de una conciencia sociológica, o
más bien, antropológica. Informantes y protagonistas pueden tomar conciencia de
los roles que desarrollan en su vida cotidiana, hasta papeles tan sofisticados como
mediadores sociales de su comunidad (Robles, 2008).

Es imprescindible recordar que asumir una escritura etnográfica más allá de lo
textual exige reconocer los aspectos inherentes al uso de registro audiovisual en el
trabajo de campo; al efecto de la cámara ante los informantes (inhibidor,
transformador de la cotidianidad, etc) y cómo orienta la mirada del investigador.
Asimismo, el uso posterior a la etnografía de las imágenes y registros obtenidos
tiene implicancias éticas que ya se han señalado.

La gran paradoja que pone en relieve la etnografía digital o hipermedia resulta del
énfasis con el que las ciencias sociales en general -y ahora la antropología en
particular- abordan el espacio virtual plagado de imágenes y sonidos, pero no
llevan a la práctica estas nuevas formas de representación no escrita.

El uso de Internet en la presentación de las investigaciones etnográficas es una
expresión más de los cambios que las TIC’s están introduciendo en la producción
tecno-científica y la apertura de la e-science al ciber conocimiento en ciencias
sociales, que rara vez se le considera en este marco de cambios. Los desafíos
para las e-social science que establece este panorama en desarrollo sobrepasan
el uso de recursos informáticos en el tratamiento de datos de forma masiva y de
plataformas digitales de colaboración y comunicación entre investigadores. Junto


                                         86
con las nuevas infraestructuras materiales, serán imperiosas nuevas habilidades
sociotécnicas para la investigación, presión sobre las prácticas científicas y
académicas existentes y la consideración de nuevas políticas científicas con
objetivos estratégicos y destinación de recursos.-



Referencias bibliográficas

ARDÈVOL, Elisenda, Marta Bertrán, Blanca Callén, Carmen Pérez. (2003). “Etnografía virtualizada:
la observación participante y la entrevista semiestructurada en línea”. Athenea Digital, núm. 3: 72-
92 (primavera 2003) 75. Disponible en http://antalya.uab.es/athenea/num3/ardevol.pdf [Consultado
01-11-2009]
ARDÈVOL, Elisenda y Antoni Roig (2009). “Els media a través de les pràctiques: una aproximació
etnogràfica als estudis de comunicación”. Digithum. Núm. 11. UOC. Disponible en
http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=3041351&orden=221647&info=link [Consultado 01-
11-2009]
ARRIAZU, Rubén (2007). “¿Nuevos medios o nuevas formas de indagación?: Una propuesta
metodológica para la investigación social on-line a través del foro de discusión”. Forum Qualitative
Sozialforschung / Forum: Qualitative Social Research, 8(3), Art. 37. Disponible en http://nbn-
resolving.de/urn:nbn:de:0114-fqs0703374 [Consultado 01-11-2009]
AUGÉ, Marc. (1992). Los no lugares. Espacios del anonimato. Barcelona: Gedisa.
BALLANTYNE, P. (2002, May). “Collecting and Propagating Local Development Content: Synthesis
and Conclusions”. IICD Research Report, No. 7. The Hague: International Institute for
Communication and Development. 2007 May. Disponible en
http://www.ftpiicd.org/files/research/reports/report8.doc [Consultado 01-11-2009]
BURSET, Silvia y Lydia Sánchez. (2009). “Adolescentes y fotoblogs: la construcción de la identidad
mediante el juego”. Digithum. N.º 11. UOC. Disponible en
http://www.uoc.edu/ojs/index.php/digithum/article/viewFile/n11_burset/n11_burset_esp [Consultado
01-11-2009]
CALLEN, Blanca y Elisenda Ardèvol. (2003). “Experiencia etnográfica en chats: Identidad y
Participación”. Encuentros en Psicología Social, 2003, 1(5): 219-223.
CUADRA, Álvaro. (2008). Hiperindustria Cultural. Santiago: Editorial Arcis.
DUTRA, Liliane. (2007) “Redes sociales de inmigrantes e integración ciudadana: un estudio sobre
usos de Internet por latinoamericanos residentes en Barcelona.” EMIGRA Working Papers, 53.
Disponible en Internet: http:
http://webs2002.uab.es/antropologia/emigra/Emigra%20Working%20Papers%20pdf/Emigra%20Wo
rking%20Papers_53,%20Dutra%20et%20al..pdf [Consultado 01-11-2009]
EFIMOVA, Liliana. (2004). “Discovering the iceberg of knowledge work: A weblog case”. Disponible
en https://doc.novay.nl/dsweb/Get/Document-34786/ [Consultado 01-11-2009]
ESTALELLA, Adolfo y Elisenda Ardèvol. (2007). “Ética de campo: hacia una ética situada para la
investigación etnográfica de Internet”. Forum Qualitative Sozialforschung / Forum Qualitative Social
Research, 8(3), Art. 2. Disponible en http://nbn-resolving.de/urn:nbn:de:0114-fqs070328
[Consultado 01-11-2009]
ETCHEVERS, Nicole. (2005). "Ruta Etnográfica para la Comprensión de la Comunicación On-line".
Revista electrónica DIM, Año 1, nº 1, Junio del 2005. Disponible en el ARCHIVO del Observatorio
para la CiberSociedad en http://www.cibersociedad.net/archivo/articulo.php?art=204 [Consultado
01-11-2009]



                                                 87
GALVEZ, Ana María; Ardèvol, Elisenda; Nuñez, Francesc y González, Isaac (2003). “Los espacios
de interacción virtual como dispositivos sociotécnicos”.
http://cv.uoc.edu/~grc0_000199_web/pagina_personal/Dispositivo.pdf [Consultado 01-11-2009]
GARCÍA LANDA, José Angel. (2007). “Netiquette, Politeness, Strategy and Wisdom”. (November 1,
2007). Disponible en http://ssrn.com/abstract=1030361 [Consultado 01-11-2009]
GEERTZ, Clifford. (1987). La Interpretación de las Culturas. México: Gedisa.
GIDDENS, Anthony. (1990). The Consequences of Modernity. Cambridge: Polity.
HAKKEN, David. (1999). Cyborg@Cyberspace. An ethnographer looks to the future. New York:
Routledge.
HAKKEN, David. (2003). The knowledge landscapes of cyberspace. New York: Routledge.
HAMMERSLEY, Martin y Paul Atkinson. (1994). Etnografía. Barcelona: Ediciones Paidos.
HINE, Christine. (2000). Etnografía virtual. UOC, Barcelona.
HOLMES, Tori (2009). “Local content in Brazil: conceptual framework and methodological
implications”. En: E. ARDÈVOL y A. ROIG (coords.).“Researching media through practices: an
ethnographic approach”. Digithum. Iss. 11. UOC. Disponible en
http://www.raco.cat/index.php/Digit/article/view/138102/188780 [Consultado 01-11-2009]
KOLKO, B. E. L. Nakamura y G.B. Rodman. (eds.) (2000). Race in Cyberspace. New York:
Routledge.
LEVY, Pierre. (2001). Cibercultura. Santiago: Editorial Dolmen.
MALINOWSKY, Bronislaw. (2001) [1922]. Los Argonautas del Pacífico Ooccidental. Ediciones
Península, Barcelona.
MAYANS I PLANELLS, Joan. (2000). “Género confuso: género chat”. Revista TEXTOS de la
CiberSociedad, 1. Temática Variada. Disponible en
http://www.cibersociedad.net/textos/articulo.php?art=22 [Consultado 01-11-2009]
MAYANS I PLANELLS, Joan. (2002). Género chat: o cómo la etnografía puso un pie en el
ciberespacio. Barcelona: Editorial Gedisa.
MILLER, D. y D. Slater. (2000). The Internet: An Ethnographic Approach. Oxford: Berg.
MILLER, D.y D. Slater. (2004). “Etnografia on e off-line: cibercafés em Trinidad”. Horizontes
Antropológicos. Vol. 10, iss. 21, pp. 41-65.
MONNET, Nadja (2007) La Ciudad, instrucciones de uso; esbozos barceloneses, Barcelone,
Universitat de Barcelone. Disponible en http://www.tesisenxarxa.net/TDX-1010107-130510/
[Consultado 01-11-2009]
MONNET, Nadja. (2008). “Tecnologías digitales y escritura etnográfica”. En Elisenda Ardèvol,
Adolfo Estalella y Daniel Domínguez (coord). La mediación tecnológica en la práctica etnográfica.
ANKULEGI antropologia elkartea. Disponible en http://mediacciones.es/wp-
content/uploads/05_volumen_mediaciones.pdf#page=65 [Consultado 01-11-2009]
RYBAS, Natalia y Radhika Gajjala. (2007). “Developing Cyberethnographic Research Methods for
Understanding Digitally Mediated Identities”. Forum Qualitative Sozialforschung / Forum: Qualitative
Social Research, 8(3), Art. 35. Disponible en http://www.qualitative-
research.net/index.php/fqs/article/viewArticle/282/619 [Consultado 01-11-2009]
ROBLES, Juan Ignacio (2008). “Publicaciones digitales: oportunidad y riesgo para la difusión de la
producción etnográfica audiovisual”. En Elisenda Ardèvol, Adolfo Estalella y Daniel Domínguez
(coord). La mediación tecnológica en la práctica etnográfica. ANKULEGI antropologia elkartea.
Disponible en http://mediacciones.es/wp-content/uploads/05_volumen_mediaciones.pdf#page=65
[Consultado 01-11-2009]




                                                 88
PALAZZO, Gabriela. (2005) “¿Son corteses los jóvenes en el chat? Estudio de estrategias de
interacción en la conversación virtual”. Revista TEXTOS de la CiberSociedad, 5. Temática Variada.
Disponible en http://www.cibersociedad.net/textos/articulo.php?art=60 [Consultado 01-11-2009]
SIMONA, Isabella (2007). “Ethnography of Online Role-playing Games: The Role of Virtual and
Real Contest in the Construction of the Field”. Forum Qualitative Sozialforschung / Forum
Qualitative Social Research. 8(3), Art. 36. Disponible en http://nbn-resolving.de/urn:nbn:de:0114-
fqs0703367 [Consultado 01-11-2009]
TAKHTEYEV, Yuri y Joseph Hall. (2005). “Blogging together: Digital expression in a real-life
community”. Disponible en
http://www.takhteyev.org/papers/Takhteyev_Hall_2005_Blogging_Together.pdf [Consultado 01-11-
2009]
TELI, Maurizio, Francesco Pisanu y David Hakken (2007). “The Internet as a Library-of-People: For
a Cyberethnography of Online Groups”. Forum Qualitative Sozialforschung / Forum Qualitative
Social Research. 8(3), Art. 33. Disponible en http://nbn-resolving.de/urn:nbn:de:0114-fqs0703338
[Consultado 01-11-2009]
VEERMAN, Arja y Else Veldhuis-Diermanse. (2001). “Collaborative learning through computer-
mediated communication in academic Education”. Proceedings European Perspectives on
Computer Supported Collaborative Learning : Euro-CSCL. - Maastricht : Maastricht McLuhan
Institute, 2001,pp. 625-632. Disponible en
http://library.wur.nl/file/wurpubs/LUWPUBRD_00357798_A502_001.pdf [Consultado 01-11-2009]
WESCH, Michael. (2008). An Anthropological Introduction to YouTube by Michael Wesch and the
Digital Ethnography Working Group. Disponible en Internet:
http://www.youtube.com/watch?v=TPAO-lZ4_hU [Consultado 01-11-2009]




                                                 89
SOBRE LOS AUTORES

Álvaro Cuadra Rojas es licenciado y Magister en Letras (Pontificia Universidad
Católica de Chile) y Doctor de La Sorbona en Semiología y Letras (Paris). Profesor de las
cáteras de Comunicación social y Teoría de la Cultura en diversas universidades públicas
y privadas. Sus artículos han sido publicados en numerosas revistas académicas de
Chile, Argentina, México y Brasil. En los últimos años, su investigación se ha concentrado
en examinar las transformaciones culturales en Chile desde la expansión tecnológica y
massmediática, plasmada en las publicaciones De la Ciudad Letrada a la Ciudad Virtual”
(Lom, Santiago, 2003), Paisajes Virtuales (2005) e Hiperindustria Cultural (Arcis,
Santiago, 2008). Su más reciente obra, de pronta publicación, Opticas de la Modernidad,
explora la constitución de una sociedad de la seducción durante la segunda mitad del
siglo XIX en Paris, una que hoy nos es tan familiar como es la sociedad de consumo.


Víctor Silva Echeto es licenciado en Ciencias de la Comunicación (Universidad de la
República- Uruguay), licenciado en periodismo (Universidad de Sevilla- España), Magíster
en Comunicación Audiovisual (Universidad Internacional de Andalucía- España)) y Doctor
en Estudios Culturales: Literatura y Comunicación (Universidad de Sevilla- España).
Investigador Postdoctoral de las Universidades Paulista (Brasil), Pontificia Católica de Sao
Paulo (Brasil) y de Ginebra (Suiza). Es profesor del Departamento de Ciencias de la
Comunicación y de la Información de la Universidad de Playa Ancha (Valparaíso),
coordinador del Magíster en Comunicación de la misma Universidad y profesor del
Doctorado en Cultura y Educación (ELAP-Universidad Arcis, Santiago). Entre sus
numerosas publicaciones destacan obras en coautoría (La comunicación en la era de la
mundialización de las culturas (Universidad de la República, Montevideo, 2009), y su
último libro Antropofagias. Las indisciplinas de la comunicación (Biblioteca Nueva, Madrid,
2007).


Carlos Tapia Martín es arquitecto, investigador y Doctor Arquitecto (Universidad de
Sevilla). En la actualidad es miembro académico del Máster oficial “Ciudad y Arquitectura
Sostenibles” y profesor colaborador doctor del Departamento de Historia, Teoría y
Composición Arquitectónicas de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la
Universidad de Sevilla. Ha ocupado cargos directivos y ha sido asesor del Centro de las
Artes de Sevilla. Por su obra arquitectónica ha sido galardonado algunos premios y
reconocimientos. Sus publicaciones en revistas especializadas son numerosas, así como
en catálogos de exposiciones (Bienal de Arte Contemporáneo de Sevilla, 2009). Se
destaca su último libro El presente de los procesos socioespaciales. Soportes para lo
común e identitario (UNIA, Sevilla, 2009).


Javiera Carmona Jiménez es periodista y licenciada en Comunicación Social
(Universidad Arcis, Santiago), Magister en Arqueología (Universidad de Chile) y candidata
a Doctora en Historia (Universidad de Chile) y se desempeña como profesora de la
Escuela de Periodismo de la Universidad de Santiago de Chile. Entre sus publicaciones
se cuentan crónicas periodísticas y artículos sobre los vínculos entre la comunicación
social, el periodismo y ámbitos específicos de las ciencias sociales contemporáneas, así
como de la historia cultural colonial. Su último artículo próximo a publicarse, Periodismo y



                                            90
Antropología: lealtades y ficciones (Revista Re-Presentaciones), explora los puentes entre
la etnografía tradicional (teoría, método y escritura) y la crónica periodística
latinoamericana actual.


Reina Barroso Toledo es licenciada en Comunicación Social, mención periodismo
audiovisual (Universidad Santa María, Caracas) y está por egresar del Magister en
Comunicación Política (ELAP-Universidad Arcis, Santiago) con una investigación
etnográfica virtual sobre el cibercrimen en la red y sus incidencias en la pornografía
infantil. En el año 2005 recibió el Premio Monseñor Pellín por un reportaje sobre los niños
en riesgo social del Estado Vargas (Venezuela). Es autora de numerosos reportajes
audiovisuales y radiales de corte social, y en los últimos años sus investigaciones se han
concentrado en la revisión de las transformaciones sociales de Venezuela y América
Latina con énfasis en las denuncias y demandas ciudadanas.


Miguel Ángel Arredondo es teólogo, licenciado en Ciencias Religiosas (Pontificia
Universidad Católica de Chile), Magister en Educación (Universidad Metropolitana de
Ciencias de la Educación, Santiago) y Doctor candidato en Educación (Universidad de
Illinois, Chicago). Cuenta con una dilatada trayectoria en investigación en educación, y es
autor de numerosas publicaciones en Chile y el extranjero sobre los efectos y condiciones
de la introducción de las tecnologías de la información en el ámbito escolar y de la
educación superior. Se desempeña como profesor del Magister en Educación de la
Universidad Arcis (Santiago) y de la Universidad de Los Lagos (Santiago).


Gumercindo Pinto Devia es profesor ETP (Universidad de Los Lagos, Santiago),
licenciado en Educación (Universidad Técnica Metropolitana, Santiago) y Magíster en
Educación (Universidad ARCIS) y candidato a Doctor en Cultura y Educación (ELAP-
Universidad Arcis, Santiago). Desde el año 2000 se desempeña en ambientes e-learning
como diseñador curricular, formador de formadores virtuales, coordinador y tutor en
plataformas LMS, Moodle y aulas virtuales en procesos e-learning. Implementó y
desarrolló el sistema e-learning en la Escuela Técnica Aeronáutica de Chile, y
actualmente es el encargado de Investigación y Desarrollo de esta institución. Sus
publicaciones abarcan el ámbito de la literatura y la poesía, junto con la reflexión sobre el
futuro de la educación virtual. Entre sus publicaciones se cuentan “e-learning, Formación
de tutores, (2004) (ETA-DGAC), Técnicas de Instrucción (2003). (TELEDUC-EPS,
Santiago). E-book “Docencia en Educación Superior” (2006), Universidad Mayor de San
Andrés, Bolivia.

Leticia Rojas Castro es licenciada en Lengua y Literatura Hispánica (Pontificia
Universidad Católica de Valparaíso) y Magíster en Formación de Profesores de Español
como Lengua Extranjera (Universidad de León, España). Especialista en tutorías e-
learning en el área de formación de profesores de español, actualmente cursa el
Doctorado en Cultura y Educación (Universidad Arcis, Santiago).


Eduardo Hamuy es Diseñador Gráfico, Magister en Educación mención Informática
Educativa (Universidad de Chile) y Magister en Didáctica Proyectual (Universidad del
Biobio). Administra los sistemas de aulas virtuales de la Universidad Arcis (Santiago) y de



                                             91
la Escuela de Postgrado de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile
(Santiago), donde también se desempeña como docente. Es miembro del Comité
Ejecutivo Internacional de la Sociedad Iberoamericana de Gráfica Digital, en la cual
participa desde el 2005. Asimismo, es profesor asistente e investigador en la Facultad de
Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Chile. Su investigación sobre la plataforma
Moodle ha sido recientemente publicada en Computers & Education, una de las revistas
ISI de mayor impacto en el área de la educación. Su línea de trabajo le ha facultado para
asesorar, dirigir, desarrollar e implementar proyectos de educación virtual.




                                           92

Más contenido relacionado

PDF
J Mart N Culturas Tecnicidades Comunicaci N
DOC
Resumen tesis doctoral r rueda
PDF
Fieles en-red-ados
DOC
Tp viralidad -Primer parcial- Grupo 4
DOCX
Trabajo de articulo cientifico
PDF
Presentacion Actividad1
PDF
El yo saturado
PDF
La educacion digital
J Mart N Culturas Tecnicidades Comunicaci N
Resumen tesis doctoral r rueda
Fieles en-red-ados
Tp viralidad -Primer parcial- Grupo 4
Trabajo de articulo cientifico
Presentacion Actividad1
El yo saturado
La educacion digital

La actualidad más candente (17)

DOC
Tp parcial (1)
PDF
Trayectoria tecnológica Web y el orden digital en Latinoamérica: reflexiones ...
PDF
Bravo Andres Seyla_Arte y Resistencia Digital
DOCX
Comunicación en linea
PPTX
Comunicación digital - Roxana Cinthia Aguilar
DOCX
LA SOCIEDAD CREATIVA: ANTICIPA, INNOVA Y PARTICIPA.
PDF
1.documental audiovisual secc1 pres
PDF
Educacion
PPTX
Resumen del libro geekonomia
PDF
Los fronterizos digitales el caso de la upn
PDF
Signo y Pensamiento
PDF
Sociedad de red
PPTX
Sociedades de la Ignorancia
DOC
Parcial viralidad[1][1]
PDF
Lectura 2 nuevas tecnologias en la enseñanza
Tp parcial (1)
Trayectoria tecnológica Web y el orden digital en Latinoamérica: reflexiones ...
Bravo Andres Seyla_Arte y Resistencia Digital
Comunicación en linea
Comunicación digital - Roxana Cinthia Aguilar
LA SOCIEDAD CREATIVA: ANTICIPA, INNOVA Y PARTICIPA.
1.documental audiovisual secc1 pres
Educacion
Resumen del libro geekonomia
Los fronterizos digitales el caso de la upn
Signo y Pensamiento
Sociedad de red
Sociedades de la Ignorancia
Parcial viralidad[1][1]
Lectura 2 nuevas tecnologias en la enseñanza
Publicidad

Destacado (20)

PPTX
Asepsiayantisepsia
PPSX
Circuito Yerbatero
PDF
Guanabana contra el cancer
PPTX
TERCNOLOGIAS DE APOYO A LA LOGISTICA: TECNOLOGIA WIFI
PDF
Análisis de Impacto Antrópico en área de influencia de un ducto aplicando Arc...
PDF
Los MOOC: ¿Una innovación en la educación a distancia o una adaptación del ce...
DOCX
Repaso matematicas 10_a_quinto
 
DOCX
Informe de equipos financieros sobre superávits universidades 2013
DOCX
Conocimiento
PPTX
Introduccion A Php
 
PPTX
La evaluación al servicio del que aprende. tarea módulo 5
PPT
SLAE UABC
DOC
Como Funciona La Energia Y Que Aplicaciones Tiene
PDF
Identificación de plásticos I
PPSX
Publicidad e ingenio
ODP
A EVOLUCIÓN
 
PDF
Planeta Imaginario Sesion 4
PDF
Revista tu barrio
Asepsiayantisepsia
Circuito Yerbatero
Guanabana contra el cancer
TERCNOLOGIAS DE APOYO A LA LOGISTICA: TECNOLOGIA WIFI
Análisis de Impacto Antrópico en área de influencia de un ducto aplicando Arc...
Los MOOC: ¿Una innovación en la educación a distancia o una adaptación del ce...
Repaso matematicas 10_a_quinto
 
Informe de equipos financieros sobre superávits universidades 2013
Conocimiento
Introduccion A Php
 
La evaluación al servicio del que aprende. tarea módulo 5
SLAE UABC
Como Funciona La Energia Y Que Aplicaciones Tiene
Identificación de plásticos I
Publicidad e ingenio
A EVOLUCIÓN
 
Planeta Imaginario Sesion 4
Revista tu barrio
Publicidad

Similar a Virtualidad & Conocimiento (20)

PDF
Art comunicacion-cultura-educacion
PDF
Cibercultura
PDF
Saber y Cultura en la Era Digital
PPTX
La Red De Las Hipermediaciones En Lo Cultural.Pptx Original
PPTX
La Red De Las Hipermediaciones En Lo Cultural.Pptx Original
PPTX
Los sistemas educativos en el marco de un
DOC
La Cultura De La Virtualidad Real
PDF
Revisión teórica para comprender la realidad virtual
PDF
04 etnografia virtual pp 67 96
PPTX
PDF
Clase Tosello RILab 2014
DOC
DOCX
La cultura virtual
PDF
Competencias gerenciales. sybil caballero
PPTX
Hipermediaciones (25 30) Diapositivas
PPTX
Hipermediaciones
PPTX
Primer Encuentro de Capacitación
PDF
Actividad evaluativa.pdf ensayo seminario sociedad del conocimiento cibercul...
PDF
Redes sociales y_comunidades_virtuales._tarea_2
Art comunicacion-cultura-educacion
Cibercultura
Saber y Cultura en la Era Digital
La Red De Las Hipermediaciones En Lo Cultural.Pptx Original
La Red De Las Hipermediaciones En Lo Cultural.Pptx Original
Los sistemas educativos en el marco de un
La Cultura De La Virtualidad Real
Revisión teórica para comprender la realidad virtual
04 etnografia virtual pp 67 96
Clase Tosello RILab 2014
La cultura virtual
Competencias gerenciales. sybil caballero
Hipermediaciones (25 30) Diapositivas
Hipermediaciones
Primer Encuentro de Capacitación
Actividad evaluativa.pdf ensayo seminario sociedad del conocimiento cibercul...
Redes sociales y_comunidades_virtuales._tarea_2

Más de SoyJoaquin (6)

PPS
Método de estudio
PDF
La Biblioteca De Babel Memoria Y Tecnología
PDF
Plan de Estudio
PDF
DOC
Jauretche, Arturo Manual De Zonceras Argentinas V1 1
PDF
Freire Las Virtudes Del Educador
Método de estudio
La Biblioteca De Babel Memoria Y Tecnología
Plan de Estudio
Jauretche, Arturo Manual De Zonceras Argentinas V1 1
Freire Las Virtudes Del Educador

Virtualidad & Conocimiento

  • 1. Virtualidad & Conocimiento Álvaro Cuadra (Compilador) Miguel Arredondo Reina Barroso Javiera Carmona Eduardo Hamuy Gumercindo Pinto Leticia Rojas Víctor Silva Carlos Tapia
  • 2. TABLA DE CONTENIDOS Presentación 3 Álvaro Cuadra Primera Parte: Aproximaciones teóricas a lo virtual Epistemocrítica de la e -comunicación 10 Álvaro Cuadra Estudios visuales, virtualidad y e-comunicación Devorando las miradas: iconofagia, y virtualidad en crisis de representación Víctor Silva Echeto 30 Los soportes de intermediación Algunas consideraciones teóricas alrededor de docencia, arquitectura y virtualidad 44 Carlos Tapia Martín Etnografía de cibernativos o cuando el terreno está en pantalla 70 Javiera Carmona Segunda Parte: Virtualidad y Educación El Cibercrimen Una mirada crítica desde la pornografía infantil en Internet Reina Barroso Toledo Pensar la educación desde las luces y sombras de la sociedad de la información Miguel Ángel Arredondo La gestión del conocimiento en comunidades del mundo e-learning Generando conocimiento a través de un viaje a comunidades sin fronteras Gumercindo Pinto Devia La cortesía virtual en la autorización de los entornos de Español como Lengua Extranjera (ELE) Leticia Rojas Castro ¿Cómo riego cuando llueve? Estrategias para cultivar la tecnología en la Educación Superior Eduardo Hamuy CC eBook. Santiago de Chile. 2010. VERSON RESUMIDA. AUTORIZADA TODA REPRODUCCION CITANDO FUENTE Y AUTOR 2
  • 3. Presentación Las páginas que constituyen esta compilación, y a la que hemos puesto el título de Virtualidad & Conocimiento, reúne un conjunto de trabajos inéditos de académicos e investigadores de diversas latitudes que comparten una misma inquietud: las transformaciones culturales y epistemológicas derivadas de la irrupción de las nuevas tecnologías digitales. Cada uno de los artículos se hace cargo, en efecto, de una mirada particular que subraya aspectos específicos de la cuestión, sea desde el ámbito propiamente teórico, sea desde las prácticas asociadas al quehacer científico social y educacional. Las nuevas tecnologías numéricas están demoliendo un “régimen de significación” anclado en la escritura alfabética que nos acompañó durante los últimos tres milenios, instituyendo una “economía- cultural” basada en el papel impreso (periódicos, revistas, libros, bibliotecas) y un “modo de significación” que regimentó el “sensorium” y el imaginario histórico social de varias generaciones. En el límite, asistimos al nacimiento de una nueva civilización que se aleja de aquella “grafósfera”, como principio de estructuralidad y se acerca aceleradamente a la “videósfera”, mundo virtual e hipermedial. Un mundo donde la capilaridad de una HÍperindustria Cultural cubre el planeta entero. Las llamadas nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC’s) han generado una desestabilización tanto ontológica como gnoseológica. Nuestra concepción sobre la “realidad” es puesta en tensión por una mutación profunda de nuestras categorías espacio-temporales, aquello que algunos han llamado “compresión espacio-temporal”. Esta verdadera revolución de la percepción, nos obliga a revisar nuestras posibilidades de representación de lo “real”, la noción misma de “signo”, bien merece una revisión. Tal como lo anunciara J.F. Lyotard, el “saber” mismo cambia de estatuto en esta nueva era hipermoderna. En un mundo como el descrito, donde la comunicación adquiere la forma de “Comunicación Mediada por Computador” (CMC), y los diversos dispositivos tecnológicos catalizan fenómenos sociales y culturales a nivel global, la ciencia y, en particular, las ciencias sociales, no podrían estar ajenas a esta revolución. Ya hay en el mundo algunas iniciativas en torno a la e-Social Science y se están llevando a cabo las primeras investigaciones en Etnografía Virtual, para explorar el 3
  • 4. nuevo mundo que se avizora. Las nuevas tecnologías están transformando las ciencias sociales tanto en sus fundamentos epistemológicos, como en el proceso mismo de creación, gestión, difusión y evaluación de nuevo conocimiento. Las ciencias sociales en América Latina han comenzado ya a ocuparse, tímidamente todavía, de este nuevo fenómeno tecno-socio-político y cultural. Con cierta lentitud, los encuentros, conferencias y trabajos, comienzan a reflexionar sobre el advenimiento de las tecnologías digitales. Del mismo modo, las políticas públicas de los gobiernos de la región empiezan a ocuparse de estos temas, asociados, como es natural a las desigualdades sociales implícitas en categorías como, por ejemplo, “brecha digital”. Asimismo, instituciones internacionales como el PNUD ha dedicado un extenso informe sobre el impacto social y cultural de las TIC’s (PNUD Chile, 2006). En el mundo académico, la investigación etnográfica virtual está en pañales, son escasos aún los equipos dedicados a este campo, más escasas las publicaciones. Los nuevos soportes tecnológicos, no obstante, crean las condiciones de posibilidad, precisamente, para que la e-Social Science genere nuevas prácticas científicas de carácter deslocalizado, descentralizado, colaborativo y en red. Así, el intercambio de datos y documentos, la conformación de foros, la edición de textos en formato eBook o de revistas electrónicas ha dejado de ser una utopía. En un espacio desterritorializado, ha dejado de ser una ilusión que expertos de distintas latitudes sumen sus esfuerzos en una empresa investigativa común. Esto posee, sin duda, un importante alcance político, pues las nuevas redes de cientistas sociales rompen, por decirlo así, la clásica hegemonía Norte-Sur, para avanzar en un rico diálogo Sur-Sur. Hemos organizado esta compilación en dos grandes ámbitos. En primer término presentamos cuatro aportes teóricos sobre nociones como virtualidad, e- comunicación e intermediaciones. En segundo lugar, se incluyen una serie de artículos que buscan problematizar diversos aspectos relativos al e – learning y, más ampliamente, la educación. Por su tremenda actualidad e importancia, hemos incluido un trabajo en torno al cibercrímen. El primer artículo aborda directamente el problema de los modelos comunicacionales en la era de la CMC y el advenimiento de la e-Science. Este artículo se propone una aproximación de inspiración etnográfica virtual a la llamada e-Ciencia. Tal empresa no es posible sin atender antes a las condiciones de posibilidad que configuran este momento histórico, a saber la convergencia tecnocientífica de la logística, las telecomunicaciones y los lenguajes multimediales que se materializan en la CMC (Comunicación Mediada por Computador). Las mutaciones en curso reconfiguran tanto la dimensión epistemológica como política del quehacer científico en el siglo XXI. En el artículo sobre Estudios Visuales, Virtualidad y e-Comunicación, el investigador uruguayo, doctorado doctor de la Universidad de Sevilla, Víctor Silva Echeto sostiene: “Los estudios visuales, emergen como campo problemático de investigación, en la medida en que diversos/as investigadores/as plantean la 4
  • 5. urgencia de pensar lo visual en crisis de representación. Esto es, como un traslado de la mirada hacia un no lugar donde convergen el arte, la publicidad y la informática”. Por su parte, el investigador español, Carlos Tapia, doctor arquitecto de la Universidad de Sevilla escribe: “Si lo etnográfico para un grupo de carácter virtual consistiría redundantemente en reflexionar sobre los datos que los miembros del grupo aportan a su rasgo distintivo, la contribución de este trabajo se distinguiría por donar un ámbito cualitativo, intensificador, en aquellos atributos informacionales sobre los que todos los miembros reconocen su pertinencia. Así, la cultura queda como marco referencial, donde insertar en ese soporte necesario las nociones de comunicación, tecnología y desmaterialización, con todo lo que conlleva: hipertextualidad, conectividad, accesibilidad, re-identidad y aparcando por un momento algunos riesgos de fácil identificación como la confusión en lo electrónico, cuando se hace pasar por virtual. Los dos atributos elegidos, que podrían ser otros de entre los estudiados en una investigación realizada más amplia, son el hipertexto y las palabras-clave” Por último, la doctora en etnohistoria de la Universidad de Chile, Javiera Carmona nos ofrece un notable estudio comparativo de índole teórico-metodológico en el cual se contrasta la Etnografía Tradicional con la nueva Etnografía Virtual. El ciberespacio constituye un universo técnico y cultural desconcertante que pone en movimiento una variedad de relaciones y representaciones que afectan la concepción misma de la etnografía, concebida tradicionalmente en un entorno fuera de línea, en el que predomina las interacciones cara a cara, situadas en un contexto. Considerar al ciberespacio como un lugar plausible para realizar el trabajo de campo etnográfico es todo un desafío, pues implica pensar y plantear bajo nuevos términos varios de los supuestos de la etnografía, como la noción de espacio, observación participante, tratamiento de las relaciones de campo o los principios éticos de la investigación, entre otros. Examinar la comunicación mediada por computador (CMC) requiere un esfuerzo reflexivo constante sobre la metodología cualitativa en uso, en el marco de un enfoque necesariamente tecno- social. En este artículo se exploran algunas oposiciones que tensionan el debate en torno a la etnografía virtual, como si es posible distinguir entre el ámbito on line/off line que definiría la actividad investigadora, las estrategias y recursos para la recolección de datos (observación participante y entrevistas en línea), y la dimensión ética que enmarca esta práctica, elemento presente incluso en la propuesta de una nueva forma de escritura etnográfica: la etnografía ditigal o hipermedial. Completan este libro los artículos de un grupo de investigadores que están abordando interesantes temas ligados a las prácticas y modos concretos en que se manifiesta la cibercultura en nuestros días. El doctor candidato, Gumercindo Pinto, aborda los problemas planteados por el e-learning. La gestión del conocimiento en comunidades del mundo e-learning explicita la realidad virtual en beneficio de la e-docencia y del desarrollo humano. Este escenario proporciona diferentes aproximaciones hacia el mundo de la educación, apreciables en situaciones que permiten dimensionar la trascendencia y el significado del cómo emerge el aprendizaje en los e-estudiantes que realizan procesos educativos en 5
  • 6. plataformas virtuales en beneficio de su propio desarrollo personal, institucional y familiar. En el artículo se confrontan visiones teóricas y prácticas que intervienen en la realidad virtual, desde el ámbito del e-saber, de la e-docencia, de la interacción, en la desterritorialidad educativa que genera la metodología e- learning, que navega en busca de las realidades que provoca el encuentro y la vida en común del hombre, la tecnología, la educación y la sociedad. La académica venezolana, Magíster en Comunicación, Reina Barroso nos propone una exploración etnográfica un tema tan polémico como sensible y que lleva por título “Cibercrímen: Una mirada crítica desde la pornografía infantil en Internet”.El concepto cibercrimen aún no es definido con precisión en los ámbitos del derecho y la criminalística, pero por lo general se usa para referirse a delitos cometidos en o a través de medios informáticos, electrónicos que atenten contra terceros en cuanto a integridad, confidencialidad o disponibilidad de información en Internet. Así como el alcance del término es incierto y parte de un debate en curso con distintas aristas en cada país, la misma condición vacilante está presente para establecer una tipología de los ciber-delitos. Las fluctuaciones en establecer los límites y marco del fenómeno de la delincuencia informática también dificulta el desarrollo de iniciativas para combatirlo que en la actualidad se expresa en la suscripción a las convenciones internacionales sobre ciberdelitos promovida como instrumentos globales frente a los delitos en Internet. El caso particular de la pornografía infantil es una preocupación a nivel mundial que no logra un marco jurídico de consenso suficiente por la variabilidad de las normas jurídicas de cada país basadas muchas en principios de territorialidad, sino también por las características particulares del delito, donde destaca la enorme dificultad para la detección y persecución del éste ante la posibilidad de anonimato que ofrece Internet fuera de las coordenadas espacio-temporales con las que han sido formuladas las leyes para los delitos “tradicionales”. La posición y medidas adoptadas por los países latinoamericanos frente al delito de pornografía infantil en la red se examina prestando atención a los indicadores que revelan las características actuales del fenómeno. El doctor de la Illinois University (Chicago, USA), Miguel Arredondo, indaga sobre el lugar de la educación en la llamada sociedad de la información. Algunos de los profetas sobre el futuro de las nuevas tecnologías en la sociedad de la información sostienen que el aula del futuro no tendrá libros, pupitres ni lápices. Pero el elemento que persiste en esta futura transformación es el profesor, figura que se sitúa ante el oráculo tecnológico desde la actitud optimista pasando por la indiferencia e incluso rechazo. Más allá del partido que el docente adopte, existe un consenso en afirmar que el entorno social, económico y cultural que nos rodea ha cambiado en forma sustantiva y radicalmente en los últimos cuarenta años. Tal cambio ha sido incentivado por la presencia y hegemonía de las Nuevas Tecnologías de Información y Comunicación (TIC’s); apreciable en las transacciones económicas y comerciales, en el uso del tiempo libre y de ocio, en la gestión interna de empresas e instituciones y en las actividades profesionales. Las TIC’s comienzan a ser un hecho evidente e imparable en nuestras vidas ¿Cómo se está repensando la educación en este contexto de la sociedad de la 6
  • 7. información? Muchos especialistas plantean que se debe integrar las nuevas tecnologías en el sistema y cultura escolar y que hay que reestructurar los fines y métodos de la enseñanza. Asimismo, es preciso considerar nuevos roles para docentes y alumnos, la formación a través de redes de computadores (teleformación), revisar y replantear la formación ocupacional a la luz de las nuevas exigencias sociolaborales impulsadas por las nuevas tecnologías y desarrollar acciones de educación no formal: la alfabetización tecnológica para el desarrollo social y comunitario. La académica y doctorante, Leticia Rojas, aborda la cortesía virtual, un tema nada desdeñable en los protocolos de la comunicación en la era de la CMC. La dinámica agitada de las interacciones comunicacionales de corte impersonal, efímero y precipitado pareciera que relega la cortesía a un segundo plano, dejándolas para las conversaciones telefónicas y cara a cara. La comunicación eficaz, cara a cara o mediada por computador, contempla el dominio de las buenas maneras en los enunciados, compuestas por la cortesía, la discreción, la formalidad y la ética. Las formas de comportamiento, y la cortesía en general, varían de acuerdo a la coordenada espacio-temporal, hecho que se magnifica cuando el espacio de interacción es virtual. En el cas puntual del rol del tutor virtual de español como lengua extranjera va más allá de la enseñanza del idioma pues se convierte en difusor de una cibercortesía social que le permite al alumno desenvolverse adecuadamente en el ejercicio de la lengua en un contexto cultural determinado definido por formas de comportamiento predominantes. En la medida en que los alumnos se apropian de cada fórmula de cortesía y la ponen en práctica no sólo establecen mejores relaciones interpersonales, sino también se sumergen de manera más plena en el marco cultural en el que se despliega una lengua. En el ámbito de la educación propiamente tal, la mejor forma de enseñar la cortesía es haciendo uso constante de ella en el aula, ya sea presencial o virtual. El desafío está en introducir un “virus” que infecte mensajes, frases, preguntas, respuestas… el virus de la cibercortesía. Por último, el académico Eduardo Hamuy, Diseñador, Magíster en Educación y Magíster en Didáctica Proyectual, merodea en torno a la tecnología como herramienta de aprendizaje.Los esfuerzos que un país hace por integrar las TIC, se dan tanto a nivel macro como micro, y se asemejan a regar. Cultivar la integración de las TIC en las instituciones y el país, requiere de una estrategia de “riego” que se adapte al terreno, a los recursos disponibles (siempre escasos) y resulte efectiva, es decir, aproveche los recursos de manera eficaz con la menor pérdida. ¿Se trata de invertir en la distribución de muchos computadores e infraestructura de redes, cómo un riego tendido? Un factor importante a considerar son los aspectos de las culturas institucionales que les hacen en mayor o menor grado permeables a aprovechar los recursos. Considerando lo volátil que resulta la inversión en TIC por su rápida obsolescencia este aspecto es importante de considerar. 7
  • 8. Si examinamos las instituciones de educación superior, podemos observar que hay resistencias a los cambios que presenta la tecnología a sus prácticas tradicionales. Las nuevas formas de participación que presenta el fenómeno llamado la Web 2.0, genera gran adhesión en estudiantes y les empodera en su proceso de aprendizaje. Estas nuevas tendencias se presentan como amenazas u oportunidades para los académicos y los planificadores de políticas sociales. No obstante, a pesar del entusiasmo que generan, aun no hay evidencias claras de que estas redes sociales logren garantizar mejores aprendizajes sin la labor orientadora y mediadora de los maestros. Virtualidad y Conocimiento ha sido posible gracias a la colaboración de este notable conjunto de académicos e investigadores que han sido convocados a esta empresa por el Programa de Doctorado en Educación y Cultura en América Latina, de la Escuela Latinoamericana de Postgrados (ELAP) de la Universidad de Arte y Ciencias Sociales (ARCIS). A todos ellos, vayan pues nuestros más profundos agradecimientos. Asimismo, no podemos dejar de mencionar y agradecer a las autoridades de nuestra casa de estudios por el decidido y permanente apoyo a la investigación y la difusión de nuevo conocimiento. Dr. Álvaro Cuadra Santiago de Chile, enero de 2010. 8
  • 10. Epistemocrítica de la e-comunicación Elementos para una etnografía virtual de las prácticas científicas en la era digital Álvaro Cuadra 1. La CMC: Comunicación Mediada por Computador 1.1. Los modelos comunicacionales Antes de emprender cualquier análisis comunicacional de cualquier índole, es imprescindible esclarecer algunas de las mutaciones epistemológicas verificadas en este campo disciplinario. Pensar los fenómenos comunicacionales exige una revisión crítica de los supuestos y modelos al uso, poniendo en evidencia sus límites e inconsistencias. La cuestión puede ser planteada en toda su radicalidad si atendemos a la irrupción de nuevos soportes tecnológicos que han abierto un extenso campo de reflexión. En efecto, la llamada CMC (Computer Mediated Communication) es el objeto de estudio de la llamada “Etnografía Virtual” (Hine 2004) que ha venido desarrollándose desde hace algunos años en Gran Bretaña y otras partes del mundo. Una de las paradojas teóricas de nuestro tiempo, radica en el hecho de que junto a las grandes mutaciones tecnocientíficas que redefinen el fenómeno de la comunicación, los modelos que pretenden explicarlo son de inspiración logocéntrico y literaria. Este déficit teórico ha sido advertido por autores como Jameson1, por 1En el momento histórico en que se produce la irrupción de lo mediático, es justamente el momento en que lo literario, el logocentrismo, se convierte en el paradigma teórico e ideológico dominante en los estudios socio – comunicacionales. Enfrentamos, pues, un déficit teórico – conceptual para dar cuenta de esta nueva cultura que emerge. En este contexto, adquieren inusitada relevancia las categorías, todavía precarias y generales, como por ejemplo: videósfera, flujos, virtualización entre muchas otras, que desde su opacidad remiten a un proceso de construcción metalingüística que recién comienza. Álvaro Cuadra. (2004). De la ciudad letrada a la ciudad virtual. Santiago: LOM, p. 76. Véase, Fredrich Jameson. (1996). “El surrealismo si inconsciente”. En Teoría de la postmodernidad. Madrid. Ed. Trotta. pp.97 y ss. 10
  • 11. ejemplo. Es claro que este desajuste es un peso a la hora de pensar lo comunicacional, pues como muy bien nos lo recuerda Vilches: “El nuevo orden social y cultural que ha comenzado a instalarse en el siglo XXI obligará a revisar las teorías de la recepción y de la mediación que ponen el acento en conceptos como identidad cultural, resistencia de los espectadores, hibridación cultural, etc. La nueva realidad de migraciones de las empresas de telecomunicaciones hacen cada vez más difícil sostener los discursos de integración de las audiencias con su realidad nacional y cultural” (Vilches 2001:29). El fenómeno comunicacional ya no resulta aprehensible desde los modelos al uso, pues éstos, como todo constructo teórico es un producto histórico. De hecho, la concepción misma de la noción de “modelo”2 es histórica en cuanto ha sido definida en diversos momentos del desarrollo epistemológico de las ciencias sociales. Hoy se entiende por modelo, toda estructura funcionalmente semejante e isomorfa respecto del fenómeno estudiado: habría que decir entonces que los modelos actuales ya no son funcionalmente semejantes ni isomorfos respecto del fenómeno comunicacional tal como se verifica hoy. De un modo u otro, hoy se anuncia el advenimiento de una nueva civilización cuyas vigas maestras no son sino la comunicación y el consumo (Vattimo 1990). Lo comunicacional emerge así como uno de los ejes en cualquier consideración en torno a la sociedad, la ciencia y la cultura, lo que se ha traducido en las ciencias humanas en el llamado “giro lingüístico”. Así, la lingüística se convirtió en ciencia pionera de la antropología primero y de todas las ciencias sociales, más tarde3. Sin embargo, tal preeminencia de lo comunicacional ha sido, en rigor, una preeminencia logocéntrica. Este diagnóstico se hace evidente en la tradición francesa, donde se verifica una estrecha relación de los aportes estructuralistas y la lingüística de Ferdinand de Saussure. Lo mismo, empero, puede detectarse en los desarrollos de Austin4 en la llamada filosofía del lenguaje, y los aportes ulteriores, que ponen de manifiesto su raigambre pragmática lingüística en la taxonomía de los speech acts (Searle 1969). La langue y la parole han sido las categorías fundamentales de cualquier reflexión en torno a la comunicación humana. 2 Tanto la noción de modelo que propone Julia Kristeva como tarea a realizar por la semiótica, como la de simulacro de la que habla Roland Barthes, nos lleva a plantearnos esta ciencia desde el punto de vista de su formalización. Según estos semiólogos, esta nueva ciencia se encargaría de elaborar constructos, sistemas formales cuya estructura mantendría un isomorfismo con el sistema que se está estudiando. Este simulacro o modelo representaría un nivel de axiomatización de los diversos sistemas significativos. Así, el nivel de formalización sería un nivel semiótico. Dos advertencias: en primer lugar, se trata de una definición estructuralista, una de las posibles, no la única. En segundo lugar, el concepto mismo de modelos escinde la realidad y su representación; podríamos resumir este punto de vista con el aforismo: el mapa nunca es el territorio. Todo modelo es una representación de fenómenos. Para una discusión más amplia del concepto de “modelo” en semiología, véase especialmente: D. Apresián. (1975). La lingüística estructural soviética. Madrid: Akal; Julia Kristeva. (1985). Semiótica. Tomo I. Madrid: Ed. Fundamentos; Umberto Eco. (1981). Tratado de semiótica general. Barcelona: Ed. Lumen; Roland Barthes. (1971). Elementos de semiología. Madrid: A. Corazón. 3 Para un análisis muy interesante de la relación entre ciencias sociales y la importancia de la lingüística como ciencia pionera, véase a Claude Lévi-Strauss. (1958). Langage et parenté en Anthropologie Structurale. Paris: Ed. Plon. 4 Las ideas de J. Austin aparecen expuestas en el libro póstumo, compilado en 1962 por J.O. Urmson. How to Do Things with Words. Oxford: O.U.P. Hay una excelente traducción al español de Carrió y Rabossi. (1971). Palabras y Acciones. Cómo hacer cosas con palabras. Buenos Aires: Paidos Editorial. 11
  • 12. Tomaremos como modelos de referencia dos aportes teórico comunicacionales relativamente recientes, a saber: el llamado modelo lingüístico de Roman Jakobson (1975) y la Teoría de la Acción Comunicativa de Jürgen Habermas (1989)5. Ambos modelos señalan lo que a nuestro entender han sido los vectores para pensar la comunicación: Los modelos psicogenéticos y las teorías comunicativas sociogenéticas. Nuestra hipótesis de trabajo se instala en un nuevo vector para pensar el fenómeno comunicacional: una teoría comunicacional en red de índole tecnogenética. Con ello queremos subrayar el papel constitutivo de la tekhné en la fenomenología comunicacional. Sostenemos que la actual convergencia tecnocientífica, tanto logística como de transmisión, ha transformado no sólo los códigos y lenguajes de la comunicación sino el fenómeno mismo de la comunicación, en su dimensión psíquica y social. Se impone una advertencia: no nos anima ninguna tentación “mediológica”6, ni mucho menos un paradigma sistémico performativo. Desde un punto de vista teórico, nuestro horizonte es menos ambicioso, queremos describir el papel cada vez más preponderante de las tecnologías en el ámbito comunicacional, al punto de transformar las dimensiones propiamente psicogenéticas del fenómeno así como las prácticas e interacciones sociales asociadas a él. 1.2. Comunicación y memoria: el usuario En el modelo comunicacional de Jakobson, la noción de “memoria” aparece de modo tácito asociado al código lingüístico7 Se trata, por cierto de una memoria inmanente al hablante, es decir, al psiquismo humano. Tanto es así que la “langue” se define en la lingüística descriptiva como de naturaleza psíquica, mientras que el habla se entiende como de naturaleza psicofísica. La memoria a la que remite Jakobson es, en última instancia, una memoria psíquica. 5 Habermas, Jürgen. 1989. Teoría de la Acción Comunicativa. Ed. Taurus, Buenos Aires. Para los efectos de nuestra exposición utilizamos fundamentalmente los interludios I y II. Interludio Primero: acción social actividad teleológica y comunicación, Tomo I, pp. 351-419. Interludio Segundo: sistema y mundo de la vida, Tomo II, pp. 161-261. 6 Hacemos referencia, desde luego, “mediología”, expuesta en la conocida obra: Régis Debray. (2001). Introducción a la mediología. Barcelona: Paidós. 7 De hecho, para Ferdinand de Saussure, la lengua funcionaría sobre dos ejes: eje de selección y eje de combinación. El eje de selección pone a disposición del hablante un repertorio de unidades combinables; por esto también se le llama reserva, memoria o paradigma. El paradigma es una memoria asociativa en que se articulan oposiciones de modo contrastivo. Se trata, ciertamente, de relacione in absentia. Un hablante elige los términos que utiliza contrastando unos con otros; así, construye un sintagma. El sintagma es la combinación concreta de signos; es la actualización que establezca relaciones de contigüidad in praesentia. 12
  • 13. SITUACIÓN (F. situacional) ¿Cuándo y dónde lo dice? CONTEXTO (F. referencial) ¿De qué se está hablando? EMISOR MENSAJE RECEPTOR (F. emotiva) CANAL (F. poética) CANAL (F. conativa) ¿Quién lo ¿Cómo lo dice? ¿A quién se lo dice? dice? CÓDIGO (F. metalingüística) ¿En qué lengua lo Ruido dice? Ruido CONTACTO (F. fática) ¿Lo dice personalmente, por teléfono, etc.? Figura Nº 1 Hagamos notar que la oposición entre “paradigma” y “sintagma” remite a una concepción mecánica en cuanto un “archivo” o “kardex” clasificatorio permitiría la selección y elaboración de secuencias lineales o cadenas que se despliegan temporalmente. Ha sido esta concepción la que de un modo u otro ha inspirado los desarrollos posteriores en las nuevas teorías o gramáticas textuales hasta el presente. Si bien constituyó un invaluable punto de partida, en la actualidad resulta más que problemático pensar los “hipermedios” desde esta matriz. En el modelo comunicacional de Habermas, hay por lo menos tres condiciones de posibilidad para la comunicación, estas son: el lebenswelt o mundo de la vida, la cultura toda y el lenguaje. De algún modo, se extiende la noción básica de código, ya no basta el saber de diccionario, es decir el conjunto de competencias lingüísticas sino que es imprescindible considerar el saber enciclopédico, esto es, las competencias histórico-culturales que hacen posible la interacción. El portador de este saber es, desde luego, un “actor social” capaz de ejecutar actos comunicativos. Este actor social es pues el portador de una memoria lingüística y cultural, una memoria psíquica que se expresa socialmente mediante un tramado de acciones comunicativas cuyo fundamento se encuentra en el habla. La memoria psíquica se actualiza como habla, es decir como realidad psicofísica que redunda en actos de habla. Estos actos bien pueden ser de carácter dramatúrgico, normativo o conversacional, según sea el nivel de referencialidad al que remitan. Así, las acciones dramatúrgicas remiten al mundo subjetivo, las acciones normativas al mundo social y las conversaciones al mundo objetivo. 13
  • 14. MUNDO DE LA VIDA CULTURA LENGUAJE A1 A2 MUNDO SUBJETIVO COMUNICACIÓN MUNDO SUBJETIVO (A 1) (A 2) AC1 AC2 MUNDO OBJETIVO MUNDO SOCIAL (A 1 + A 2)) MUNDO EXTERNO Figura Nº 2 La memoria en el modelo comunicacional de Habermas posee dos dimensiones: por una parte, es memoria psíquica inmanente al lenguaje y por otra, es cultura, es decir “registro”: psíquica y social al mismo tiempo. La comunicación en este modelo se concibe como un juego constante de actos de habla. Así entonces, lo social queda definido como todo acto mediado por el lenguaje. El lenguaje, a su vez, es memoria psíquica y condición de cualquier forma de memoria social. Sea que concibamos al “emisor” como origen y fuente de carácter humano o como “actor” en un tramado de juegos de lenguaje, la memoria aparece como una facultad humana inmanente al psiquismo. Tal concepción aparece problemática a la hora de pensar la comunicación en red. Lo primero que llama la atención es la mutación que sufre el supuesto sujeto de la comunicación que ha devenido, hoy por hoy, “usuario”. Esta noción sólo es concebible como una función de sistema red, es decir, parte constitutiva de una red de flujos interactivos y multidireccionales8. Usuario quiere decir “ser parte activa de” la red, sea como emisor, sea como receptor, sea como actor o como mero espectador. Como nuevos Ulises del siglo XXI, los “internautas” navegan por este océano virtual, siendo red, un modo oblicuo de decir: siendo, “nadie”. Cualquier modelo comunicacional en red debe hacerse cargo del usuario-nodo, portador no sólo de una memoria psíquica y social sino que de una tecno – memoria propia de su entorno. Esta nueva mnemotecnología existe hace más de medio siglo y se llama, en concreto, disco duro y ha modificado radicalmente la logística de las comunicaciones, es decir su capacidad de almacenamiento, mediante los así llamados “sistemas retencionales terciarios”. Cada disco de una PC es el reservorio tecnológico de una memoria potencial extendida al conjunto de 8 Pensarnos una “función del sistema” como la extensión de la noción de hiperindustrialización de la cultura a todos y cada uno de los individuos-nodos que la alimentamos cotidianamente en cuanto modo de vida, consumo y deseo, en suma, como modo de ser. 14
  • 15. usuarios a nivel planetario. Es evidente que no todas las memorias son de libre acceso, no obstante, el conjunto de datos almacenados en cada disco es, en rigor, una memoria red que puede actualizarse en algún momento. Existe, no obstante, una red especializada en la función logística, son aquellos nodos que ofrecen diversas Bases de Datos, sea bajo la forma de bibliotecas virtuales u otras. El usuario, en cuanto dispositivo funcional del sistema red no sólo lo es en cuanto nodo interactivo en una red de telecomunicaciones sino también en cuanto reserva de datos. Esta realidad se ha tornado más evidente con la irrupción de los llamados blogs. Así, la noción de usuario es el eje de cualquier examen informático o telecomunicacional (véase figura Nº3) Figura Nº 3 MEMORIA LOCAL :SRT A’ USUARIO A FLUJOS M EMISOR RECEPTOR INTERACTIVO COMPONENTE FUNCIONAL CODIGO DIGITAL LENGUAJE AV MODALIDAD HIPERMEDIAL MULTIPOLAR TODOS A TODOS TRANSCONTEXTOS REFERENCIALES TRANSCONTEXTOS NO REFERENCIALES MEMORIA RED SISTEMA RETENCIONAL TERCIARIO LENGUAJE DE EQUIVALENCIA BINARIO DIGITAL La “memoria local” (A’), contenida en un equipo-usuario (A) resulta ser un sistema retencional terciario de dos dimensiones: un código base (código binario) y un repertorio de lenguajes que incluye escritura alfanumérica, imágenes fijas, imágenes en movimiento y sonido. Las posibilidades de lenguaje están condicionadas por la “inteligencia” del equipo, mientras que las posibilidades de comunicación están condicionadas por la calidad de la conexión a la red de telecomunicaciones. Hagamos notar que si bien la “inteligencia” del equipo es propia del PC, ésta es patrimonio de la red en cuanto ella hace posible los 15
  • 16. “lenguajes de equivalencia”, es decir la transmisibilidad (emisión/recepción) y traducibilidad de los mensajes. En pocas palabras, la “memoria local” no es sino una manifestación de la memoria red, desde todo punto de vista ésta ha sido concebida como un “caso” de la memoria red. Por ello, un Modelo Comunicacional en Red, sólo es concebible como una totalidad multipolar de nodos integrados entre los cuales se verifican los flujos mensaje, como paquetes de información, según los códigos y lenguajes patrimonio de la red. 1.3. Referencialidad: contextos y transcontextos En el modelo lingüístico de Jakobson, se entiende el contexto comunicacional como el asunto, tema del que trata un mensaje dado9. Se asocia a la función referencial en cuanto uso denotativo y cognitivo del lenguaje. Todo mensaje porta, por tanto su referencia. El referente es el objeto extralingüístico que se quiere designar. Es claro que la asociación entre significado y referencia es bastante opaca, al punto de que algunos autores redefinen la referencia como un “contenido cultural”10. El modelo de la acción comunicativa, discrimina con mayor sutileza los diversos niveles de referencia posibles. En este punto el modelo apela a las tesis de Kart Popper y Jarvie, proponiendo tres mundos de referencia: el mundo subjetivo, el mundo social y el mundo objetivo. De manera tal que los distintos actos de habla van a actualizar, estatuyendo su validez. Por ejemplo, los “actos de habla representativos”, aquellos susceptibles de ser verdaderos o falsos, adquieren legitimidad en el mundo objetivo, estatuyendo su pretensión de validez en la “verdad”, es decir en la conformidad o disconformidad de un enunciado respecto a la referencia. Las nuevas condiciones creadas por un nuevo sistema mnemotécnico en red, la llamada e – Comunicación, ponen en cuestión la noción misma de referencialidad. Basta pensar en entidades virtuales metafísicamente substantivadas, sea que los llamemos simulacros o realidades virtuales (Baudrillard 2001). En el contexto histórico y cultural de la hiperreproducibilidad digital y, por ende, de una hiperindustrialización de la cultura, la videomorfización ha hecho posible la irrupción de imágenes anopticas y arreferenciales que, no obstante, constituyen contenidos culturales hipermasivos. La noción de referencialidad o contexto es desplazada por la noción de “transcontextos virtuales”, esto es: constructos digitales que operan como dispositivos en el espacio comunicacional. Al igual que el arte de las 9 El lingüista estadounidense Dell Hymes, ha introducido una modificación al modelo de Jakobson. El punto de Hymes es que la noción de contexto se refiere tanto al tema o asunto tratado por un mensaje como a la situación o circunstancia concreta en que se da el mensaje. Así, Hymes propone una séptima función del lenguaje que él llama función situacional, y que se refiere al cuándo y dónde se efectúa la comunicación. El mismo Hymes sugiere una serie de preguntas para esclarecer un proceso de comunicación. De esta manera, el modelo de Jakobson se torna mucho más operacional. 10 Estamos pensando, ciertamente, en Eco cuando señala: “Por tanto, si bien el referente puede ser el objeto nombrado o designado por una expresión, cuando se usa el lenguaje para mencionar estados del mundo, hay que suponer, por otra parte, que en principio, una expresión no designa un objeto, sino que transmite un contenido cultural”. Umberto Eco (1977). Tratado de semiótica general. Barcelona: Lumen, p. 121. 16
  • 17. vanguardias, la virtualidad emancipa al signo del lastre referencial, sin embargo, tal emancipación no constituye la abolición de los contenidos culturales. La cultura en red que adviene con el presente siglo ya no establece una relación entre una serie sígnica y una serie fáctica admitida como real. Estaríamos más bien ante una serie sígnica relativamente autónoma respecto de cualquier realidad. Los transcontextos virtuales, inmanentes a la CMC, se instalan más allá del devenir, entendido como calendariedad y cardinalidad: estamos ante un espacio ahistórico y desterritorializado. El actual estadio de nuestro desarrollo cultural escinde la serie sígnica, es decir el universo de los discursos, de la serie fáctica, entendida como devenir. La desestabilización de los sistemas retencionales tiene como consecuencia una mutación en nuestra relación con los signos, una alteración de nuestra concepción básica del espacio y del tiempo y una crisis profunda de nuestra noción de representación. En suma, asistimos a la más radical revolución de nuestro régimen de significación, tanto en su dimensión económico-cultural como en los modos de significación11. Este fenómeno tiene impensadas consecuencias en el mundo contemporáneo. Pensemos, por ejemplo, en los verosímiles hipermediáticos que construyen héroes y villanos alrededor del mundo, justificando o condenando guerras por doquier. Pareciera que habitamos, ineluctablemente, realidades transcontextuales, sin poder inteligir jamás contextos. Esta desrealización de lo real opera a diferentes niveles y escalas, desde la intimidad de la vida cotidiana, programada por la publicidad, hasta nuestros comportamientos y concepciones frente a fenómenos planetarios, programado por una hiperindustria cultural. Esta suerte de neocolonialismo mediático representa una regresión política y moral de la humanidad, cuyo amenazante horizonte no podría ser sino la desestabilización de lo que hemos llamado cultura, acaso la antesala a la barbarie. 1.4. Complejidad, convergencia e interdisciplinariedad Al considerar el protagonismo de las comunicaciones, tanto en el campo teórico de las ciencias sociales como en el decurso histórico de la llamada “sociedad de la información”, tanto mayor parece el desafío por revisar algunos modelos y conceptos cristalizados por la tradición académica hasta hoy. Los modelos vigentes hoy en los estudios comunicacionales muestran sus deficiencias al ser contrastados con una serie de fenómenos inéditos que irrumpen gracias a un acelerado sistema mnemotecnológico de base tecnocientífica inherente al tardocapitalismo mundializado. 11 Para una discusión más detallada de este punto, véase: Álvaro Cuadra. (2008). Hiperindusria Cultural. Santiago: Arcis. 17
  • 18. En la era de una hiperindustrialización de la cultura, en que la hiperreproducibilidad digital se ha tornado en una práctica social generalizada, los fenómenos comunicacionales adquieren un nivel de complejidad y alcance inimaginable hace algunas décadas, las nociones básicas como “usuario” o “hipermedia”, son apenas los primeros términos de un léxico que se incorpora día a día al uso cotidiano. La cuestión central es, pues, hacer de dicha terminología un reticulado categorial que nos permita pensar el fenómeno de la e-comunicación en el presente siglo. Durante el siglo XX, algunos pensadores heterodoxos ya abrieron caminos. En efecto, se ha producido una aproximación entre ciertos estudios teóricos del signo y los creadores de la tecnología digital. Como muy certeramente nos advierte Landow: “Cuando los diseñadores de programas informáticos examinan las páginas de Glas o de Of Grammatology (De la gramatología), se encuentran con un Derrida digitalizado e hipertextual; y, cuando los teóricos literarios hojean Literary Machines, se encuentran con un Nelson posestructuralista o desconstruccionista. Estos encuentros chocantes pueden darse porque durante las últimas décadas han ido convergiendo dos campos del saber, aparentemente sin conexión alguna: la teoría de la literatura y el hipertexto informático. Las declaraciones de los teóricos en literatura y del hipertexto han ido convergiendo en un grado notable. Trabajando a menudo, aunque no siempre, en completo desconocimiento unos de otros, los pensadores de ambos campos nos dan indicaciones que nos guían, en medio de los importantes cambios que están ocurriendo, hasta el episteme contemporáneo. Me atrevería a decir que se está produciendo un cambio de paradigma en los escritos de Jacques Derrida y de Theodor Nelson, y los de Roland Barthes y de Andries van Dam. Supongo que al menos un nombre de cada pareja le resultará desconocido al lector. Los que trabajan en el campo de los ordenadores conocerán bien las ideas de Nelson y de van Dam; y los que se dedican a la teoría cultural estarán familiarizados con las ideas de Derrida y de Barthes Los cuatro, como otros muchos especialistas en hipertexto y teoría cultural, postulan que deben abandonarse los actuales sistemas conceptuales basados en nociones como centro, margen, jerarquía y linealidad y sustituirlos por otras de multilinealidad, nodos, nexos y redes” (Landow 1995:13-49). La convergencia entre los enfoques psicogenéticos, sociogenéticos y tecnogenéticos da cuenta del papel constitutivo de la tekhné, ya no como una mera reificación sino como sustrato de la conciencia contemporánea. De este modo, el espacio fenoménico de la comunicación se abre a la complejidad antropológica que trae consigo la era digital. Cualquier consideración sobre la noción de “ciberespacio” debe considerar dos aspectos fundamentales, su materialidad en cuanto conjunto de datos almacenados en discos y su objetivación perceptual, es decir, como intuición de un espacio tridimensional, abstracto o figurativo. Dicho en otros términos, la CMC y el 18
  • 19. ciberespacio cristalizan un nuevo régimen de significación, en cuanto disponen datos transferibles que determinan la producción, la distribución y el eventual consumo simbólico, es decir, reconfigura la economía cultural de nuestro tiempo. Al mismo tiempo, sin embargo, el ciberespacio modifica los modos de significación, transformando el sensorium y la experiencia perceptual de sus usuarios. Este carácter peculiar del espacio virtual lo instala como un espacio atópico, lo que se traduce en una de sus características más evidentes: la desterritorialización y el Jetzei” de la experiencia. La espacialidad atópica se nos presenta al mismo tiempo como una serie potencialmente infinita de “paisajes” virtuales, bajo formas visuales o audiovisuales, estáticas o en movimiento. En rigor, aquello que llamamos “espacio virtual” es un “holos” del cual sólo aprehendemos “destellos”. En este sentido, la virtualidad se nos ofrece como una experiencia del fragmento y de la discontinuidad. La condición atópica y discontinua de la virtualidad la convierten en una compleja singularidad teórica, acaso un desafío que reclama una epistemocrítica. Los nuevos horizontes de comprensión de lo comunicacional no sólo se abren a la multiplicidad de culturas sino a las inteligencias no humanas. Estos horizontes plantean nuevas exigencias a la imaginación teórica, acaso una nueva episteme. Las teorías y modelos comunicacionales en la era digital no podrían ser sino teorías y modelos convergentes e interdisciplinarios, otra manera de nombrar la complejidad. Las Nuevas Tecnologías de la Comunicación y la información (NTIC) no hacen sino exteriorizar la convergencia tecnocientífica de los aspectos logísticos, telecomunicacionales y de lenguaje que se advierten hoy. El desplazamiento hacia la videósfera, el aumento en la capacidad de memoria y la expansión del ancho de banda en las transmisiones marcan un momento histórico que pone en jaque treinta siglos de comunicación alfabética, constituyendo la mayor mutación civilizacional de la actualidad, cuyo alcance político apenas comenzamos a barruntar. 2. La e-Ciencia: Límites epistemológicos y políticos 2.1. Tekhné y Saber Pensar la e-Ciencia es pensar un presente histórico inmediato que, no obstante, contiene en sí un a-presente en que el ahora nos muestra los ecos de un otrora, convirtiendo el presente en el vértice de un cono temporal que se abre a los posibles del porvenir. Lo arcaico y lo utópico de conjugan en una relación reflexiva que cristaliza en una dialéctica de proyección y retrospección12. Como suele ocurrir 12Esta nueva etapa que apenas se inicia, despliega en el espacio virtual todos los tiempos de la cultura humana; una verdadera enciclopedia viviente que se enriquece a cada segundo. Todos los signos se hacen presentes en una perpetuidad sin fronteras. Como Funes, el memorioso imaginado por Borges, nos enfrentamos a la increíble posibilidad, soñada por tantos poetas, de vivir el siempre ahora. La nueva percepción del espacio - tiempo, pone al sujeto en una relación de inmediatez con los mensajes, cuya procedencia geográfica, histórica y social, resulta aplanada, en un collage de signos. Normalmente, este tipo de apreciación, lleva con facilidad al 19
  • 20. con todos los conceptos, cuanto más de cerca los examinamos, de mayor distancia nos llegan los ecos de su pasado: “La propia verdad científica es histórica”13 (Wallerstein 1999: 3-76). Las nuevas tecnologías no constituyen, ciertamente, una herramienta más en la historia humana. Ellas nos obligan a repensar la tekhné en toda su radicalidad que sólo la incuria de los filósofos ha desplazado a un segundo lugar. La tekhné, insistamos, no puede ser pensada ya como “un elemento reificante y desnaturalizador sino como sustrato constitutivo de la conciencia” (Sei 2004:337- 363). La e-Ciencia ha sido definida por la Fundación Española de Ciencia y Tecnología (FECYT) como: “…las actividades científicas a muy gran escala que deberán desarrollarse cada vez más mediante colaboraciones globales distribuidas y accesibles a través de Internet. Este tipo de actividad científica cooperativa requerirá acceso a bancos de datos muy voluminosos y a recursos de computación de muy gran escala, además de prestaciones de visualización de alta calidad y otro tipo de herramientas" (Vallverdú 2008: 193-214). La e-Ciencia es susceptible de ser entendida, en efecto, como el conjunto de prácticas científicas en la era de la Comunicación Mediada por Computador (CMC). Retomando el clásico concepto de Thomas Kuhn, se trataría, entonces, de un nuevo “paradigma” en que se desenvuelve la ciencia. Esto es lo que nos explica Jordi Vallverdú cuando escribe: “En el caso de la biología in silico, no siempre se parte de un laboratorio, sino que se realizan experimentos virtuales con la información existente en las bases de datos, a los que se aplican análisis computacionales, de manera que todo el proceso es virtual: los datos y las herramientas son bits de un espacio electrónico. Más fácil, más rápido, más barato. Por estas tres razones, situadas en su correcto contexto, la e-ciencia es el nuevo paradigma” (Vallverdú 2008:197). neófito a dos prejuicios peligrosos. El primero se refiere a un pretendido fin de la historia; en la medida que los mensajes no son datados linealmente sino que se integran en una red sincrónica, la historia como tal desaparecería de la conciencia. Existe, sin embargo, una lectura que nos parece más adecuada; lo que entra en crisis, a propósito de la cibercultura, es una concepción posible de la historia; aquella, justamente, que sostiene un tiempo lineal que marcha hacia un progreso ineluctable. Por el contrario, sostenemos que la cibercultura no sólo no significa el fin de la historia sino, al revés, puede ser leída como la historizaión plena del presente. Es concebible una visión caleidoscópica, como los cuadros de Delaunay, en que cada instante se conecta con muchos tiempos históricos, en muchas dimensiones posibles. El segundo prejuicio, se refiere a una reificación de las redes de información; en efecto, se tiende a disociar con mucha facilidad, las nuevas tecnologías, sus usos y posibilidades; de los procesos históricos y sociales en que se inscriben. Es bueno no perder de vista que el espacio virtual extiende y modifica el espacio sociocultural; en otras palabras, el ciberespacio significa el advenimiento de un nuevo nivel de complejidad semiótica, que dinamiza los procesos históricos. En suma, lejos de abolir la historia, la cibercultura es un nuevo estadio histórico de la humanidad. Álvaro Cuadra. (2003). De la ciudad letrada a la ciudad virtual. Santiago: Editorial LOM, p. 68. 13 Informe de la Comisión Gulbenkian, “La Construcción Histórica de las Ciencias Sociales Desde el Siglo XVIII Hasta 1945”, y “Debates en las Ciencias Sociales de 1945 Hasta el Presente”, en Immanuel Wallerstein (Coord.). (1999). Abrir las Ciencias Sociales. México: Siglo XXI Editores, pp. 3-76. 20
  • 21. La e-Ciencia resulta ser una forma inédita de crear, gestionar, evaluar y difundir el conocimiento nuevo, es decir, se trata de un conjunto de prácticas científicas asentadas en una infraestructura digital. Esta nueva realidad lleva a algunos teóricos a celebrar el momento actual como nuevas formas de trabajo cooperativo: “Las tecnologías de la información y computación están modificando el modo de producir conocimiento, al mismo tiempo que ofrecen nuevas formas de trabajo cooperativo (trabajo en red a distancia, instrumentos virtuales, computación distribuida, middleware...). En suma: están desarrollando un papel fundamental en los procesos actuales de dinámica científica, en los que la sociedad civil quiere y desea participar cada vez con más intensidad. Gracias al cambio en el paradigma informacional y los modelos comunicativos, esto es ya posible” (Vallverdú 2008: 204). Véase figura Nº 4. Si bien resulta del todo evidente que la tecno – lógica ha transformado las prácticas científicas en todos sus aspectos, este fenómeno nos lleva a una cuestión histórica de fondo, la convergencia tecnocientífica que se ha verificado a lo largo del siglo XX. Podríamos sintetizar la situación señalando que el desarrollo de las fuerzas productivas en el tardocapitalismo ha abolido toda noción de ciencia, a favor de un vector inédito: la tecnociencia. PROCESO CONCRECIONES Creación /Descubrimiento Data Tsunami: Petabytes de datos. Instrumentos virtuales. Ontologías. Inteligencia Artificial (IA). Gestión: búsqueda- acceso-traslado- Bases de datos: manipulación- minería Complejas, jerárquicas, dinámicas, inconsistentes. Sqfware. Middleware. Comprensión Modelización computarizada. Visualización (entornos amigos). Integración de la información (gen -sociedad). Evaluación Computacional, abierta. Comunicación Revistas electrónicas gratuitas. Trabajo Deslocalizado. En red. Cooperativo. Dinámico. Interoperatividad. Cognición socialmente distribuida. Financiación Publica-privada. Control Evitando regulaciones nacionales. Figura Nº 4 21
  • 22. En el marco de la e-Ciencia, debemos hacer una especial mención de la llamada e- Social Science (e-SS), o si se prefiere, e-Ciencias Sociales. Se trata, a decir verdad, de algo completamente nuevo que se encuentra todavía a nivel de proyecto14. De hecho, tal como la e-Ciencia, se trata de prácticas científicas inéditas en el ámbito de las ciencias sociales, de carácter cooperativo a distancia basadas en tecnologías digitales. La irrupción de la e-SS abre un horizonte de posibilidades de la mayor importancia política para la creación, la gestión y difusión del conocimiento científico social. Esta nueva realidad nos obliga a repensar las llamadas redes académicas e intelectuales, pues se abre la posibilidad cierta de fortalecer las relaciones Sur-Sur, fortaleciendo las políticas de integración regional y entre las naciones del mundo en desarrollo. Esto significa que la nueva condición del saber en las sociedades hipermodernas ya no le atribuye a éste una finalidad emancipadora, sino más bien reclama una legitimación por la performatividad, forma de legitimación estatuido por el capital y por el poder. Ya no se trata de la normatividad de ciertas leyes sino el control de los contextos, la eficiencia, la consecución del efecto buscado, la performatividad de las actuaciones. Dicho en términos concretos: “El Estado y/o la empresa abandona el relato de legitimación idealista o humanista para justificar el nuevo objetivo: en la discusión de los socios capitalistas de hoy en día, el único objetivo creíble es el poder. No se compran savants, técnicos y aparatos para saber la verdad, sino para incrementar el poder” (Lyotard 1987:87). Por esta razón, grandes corporaciones como Monsanto, por ejemplo, contrata expertos y despliega la más alta tecnología al servicio de la investigación biotecnológica, buscando la eficacia y eficiencia para sus polémicos propósitos comerciales. 2.2. Imagen: Mediación y Modelo La irrupción de la imagen anóptica, mediación y modelo al mismo tiempo, constituye una nueva relación perceptual con el conocimiento, un saber virtual. El saber virtual, a nuestro entender, se funda precisamente sobre un modo de significación tal en que lo sensible y lo inteligible se funden, la imagen se hace modelo o, como afirma Martín Barbero: “La visibilidad de la imagen deviene legibilidad, permitiéndole pasar del estatuto de “obstáculo epistemológico” al de mediación discursiva de la fluidez (flujo) de la información y del poder virtual de lo mental” (Barbero 2003:93). Este punto nos parece crucial, pues junto a su nueva condición de modelo y, por ende, susceptible de legibilidad, la imagen digital conjuga no sólo la espacialidad sino la temporalidad, superando el orden lógico sintagmático del discurso. Si esta nueva condición se agrega la conjunción de lenguajes diversos (audiovisuales) y la posibilidad cierta de trabajar 14 Véase una interesante iniciativa en www.ncess.ac.uk/ [Consultado 11-11-2009] 22
  • 23. interactivamente en arborizaciones hipertextuales, se inaugura un universo en que los significantes, las superficies perceptuales, reconfiguran la intelección misma. Lo lineal, sintagmático fundado en una lógica causal y temporal cede su primacía a una lógica espacial y vincular en que lo lineal es desplazado por una nueva topología reticular. En pocas palabras: “Al trabajar interactivamente con sonidos, imágenes y textos escritos, el hipertexto híbrida la densidad simbólica con la abstracción numérica haciendo reencontrarse las dos, hasta ahora “opuestas”, partes del cerebro. De ahí que de mediador universal del saber, el número esté pasando a ser mediación técnica del hacer estético, lo que a su vez revela el paso de la primacía sensorio-motriz a la sensorio simbólica” (Barbero 2003: 118). La imagen 3D y la videomorfización han permitido fundir lo inteligible y lo sensible, de suerte que se puede transmitir íntegramente un modelo. La imagen ha alcanzado un nivel de complejidad, fineza y precisión que bien puede ser entendido como una nueva “figura de la razón” , en los términos Martín Barbero: “Estamos ante la emergencia de otra figura de la razón que exige pensar la imagen, de una parte, desde su nueva configuración sociotécnica: la computadora no es un instrumento con el que se producen objetos, sino un nuevo tipo de tecnicidad que posibilita el procesamiento de informaciones, y cuya materia prima son abstracciones y símbolos” (Barbero 2003:91). Esta tecnicidad a la que alude nuestro autor ya no se enmarca en una pura relación instrumental sino que instala una inmediatez psíquica y perceptual que redunda en lo que hemos llamado nuevos modos de significación. La e-Ciencia utiliza las simulaciones funcionales para visualizar fenómenos a escala nanométrica. Como sostiene Vallverdú:” Aunque pueda parecer paradójico lo que voy a decir, la incesante computarización de la ciencia y, por inclusión, de la biología, ha supuesto una humanización de la misma. Diseñamos estas herramientas para que sean sustitutos de nuestros sentidos más directos, y propiciamos la creación de simulaciones que nos permiten 'ver' el micromundo para pensarlo mejor. Somos una especie basada en la visión, primero, y en el lenguaje simbólico, después” (Vallverdú 2008: 201). La e-Ciencia, en tanto práctica científica en la era de la Comunicación Mediada por Computador (CMC), estatuye una “comunidad científica” extensa o global, capaz, al mismo tiempo, de poner a disposición de millones de usuarios algunos de sus hallazgos y teorías. Las revistas científicas electrónicas logran de este modo diseminar, parcialmente, el conocimiento. Como advierte con lucidez Jesús Martín Barbero: “La diseminación nombra entonces el poderoso movimiento de difuminación que desdibuja muchas de las modernas demarcaciones que el racionalismo primero, la política académica después y la permanente necesidad de legitimación del aparato escolar, fueron acumulando a lo largo de más de dos siglos” (Barbero 2003: 68). 23
  • 24. Cabe introducir algunos matices y consideraciones a lo que sostiene este autor, pues, si bien es indudable que el caudal de información se ha acrecentado a límites inimaginables hace pocos años, no es menos cierto que una cosa es la información disponible y otra muy distinta es el conocimiento posible de alcanzar con ella. Entre información y conocimiento se establece un hiato determinado por las prácticas sociales asociadas a las políticas educacionales y, ciertamente, a las políticas de investigación científica y tecnológica de los diversos Estados. La creación de nuevo conocimiento responde en última instancia a decisiones políticas concretas en contextos históricos determinados. Sólo de este modo se puede establecer una correlación dialéctica entre las nociones de información, conocimiento y acción. Esta tríada resume muy bien la encrucijada actual en que se encuentran los países latinoamericanos, esto es, cómo articular decisiones políticas en este momento histórico para transformar el cúmulo de información disponible en un nuevo conocimiento científico y tecnológico para nuestros pueblos, un conocimiento para la acción en el seno de nuestras sociedades. Esto es de particular relevancia en el ámbito educacional, pues las nuevas tecnologías están transformando muy profundamente el proceso enseñanza –aprendizaje. 2.3. América Latina: Educación Ciencia y Tecnología De manera silenciosa, casi inadvertida, la enseñanza tradicional va cediendo su lugar ante la irrupción de las TICE: Tecnologías de la Información para la Enseñanza. Las nuevas generaciones de estudiantes, verdaderos digital natives, según la feliz expresión de M. Prensky, están familiarizados con las tecnologías numéricas desde la primera infancia. La cuestión es cómo enseñar geografía después de Google Earth. Es claro que las paredes que encerraban el aula y la escuela se han tornado transparentes. Las redes digitales llevan el mundo a la pantalla de un computador. Resulta evidente, también, que la Información, otrora patrimonio y fuente de autoridad del profesor, hoy está disponible en forma de D-Base en la red, lo que pone en jaque el estatuto mismo de los maestros. Ya no se puede concebir la figura de un profesor de aula como el portador exclusivo de una cantidad de información sino más bien, debemos pensarlo como alguien que guía la búsqueda de fuentes confiables y desarrolla el espíritu crítico frente al cúmulo de datos de que se dispone. Al profesor le corresponde, precisamente, la delicada alquimia que transforma la información en conocimiento y éste en acción. La figura del profesor ha mutado esta última década, ello significa que es imprescindible revisar una serie de conceptos asentados durante dos siglos de práctica pedagógica. El problema puede ser planteado en toda su radicalidad al tratar de conceptualizar lo que se entiende en la actualidad por “hacer una clase”, y más todavía al tratar de explicarnos qué es la “escuela” y la “enseñanza” cuando el aula se extiende al mundo entero gracias a los Entornos Numéricos de Trabajo (ENT) 24
  • 25. El desarrollo científico y tecnológico en América Latina ha debido enfrentar la era de la e-Ciencia de modos diversos. Sea que se privilegie el Estado o el Mercado, lo cierto es que nuestra situación está signada por una creciente brecha respecto de los países más avanzados. En su aspecto positivo, la e-Ciencia abre la posibilidad de un contacto más próximo y rápido con la comunidad científica virtualizada, las revistas científicas digitales y el periodismo científico facilitan el acceso a información relevante. Sin embargo, bien lo sabemos, disponer de una gran cantidad de información no implica, de buenas a primeras, acceder al conocimiento15. La e- Ciencia plantea a todos los países de la región una serie de inquietantes cuestiones. Por de pronto, cabe plantear la interrogante acerca del tipo de ciencia que se requiere para nuestros pueblos, sumidos en la pobreza con toda su secuela de problemas médicos, nutricionales, energéticos y medioambientales sólo por mencionar los más urgentes. El nuevo estadio histórico caracterizado por la e- Comunicación y la e-Ciencia bien puede acrecentar la distancia respecto de los desarrollos en los países ricos, transformando el concepto de “subdesarrollo” en una “dependencia en red”. La actual coyuntura histórica y política latinoamericana es particularmente compleja en un escenario de crisis global del capitalismo. La e-Ciencia responde a tecnologías desarrolladas en otras latitudes, cuya racionalidad inmanente nos resulta muchas veces ajena. Como se ha señalado tantas veces: “Los sistemas racionales de conocimiento tecnocientífico fueron legitimados desde el punto de vista moral y político porque su finalidad era contribuir con el desarrollo humano. Al discurso del progreso y los valores de la civilización que estimularon los adelantos de la ciencia, se adhirió el signo de una catástrofe universal representada por la degradación a gran escala de la biósfera, incremento de la desigualdad social, empobrecimiento masivo y militarización global de los conflictos derivados de estrategias económicas de expansión. Por cierto, esta militarización está basada no sólo en el desarrollo y uso de un arsenal tecnológico convencional, sino también bioquímico y nuclear desplegado por la ciencia, y que superó las capacidades reales de control de quienes los administran” (Carmona 2007:151) 15 Hace una década la formación de recursos humanos para la divulgación de la ciencia y la tecnología adquirió relevancia mundial. En 1999, durante la Segunda Conferencia Mundial de Periodistas Científicos (Budapest), se hizo un llamado a la Unesco –y otros organismos internacionales como el Banco Mundial- para que desarrollara una política de apoyo para la capacitación y entrenamiento apropiado de los periodistas científicos. En esta petición se insistió también en que este respaldo fuera accesible para todas las regiones y naciones, y así reflejar en todo el mundo las nuevas y complejas funciones del periodismo científico. Las inéditas, arduas y problemáticas funciones que en la actualidad encara el periodismo científico son de carácter global y son los propios medios de comunicación quienes han asistido la construcción de un “complejo colectivo de supervivencia”. Los paisajes mediáticos de destrucción ecológica, devastación natural, catástrofes humanitarias (hambrunas, epidemias), miseria económica, inequidad social, desastres y guerras son el límite para considerarnos “sobrevivientes” como una certeza. Javiera Carmona. (2007). “El perfil del periodista científico: Una cuestión de humanidades”. Revista RE – Presentaciones Periodismo, Comunicación y Sociedad. Escuela de Periodismo Universidad de Santiago, Año 2, Número 3 / junio-diciembre, pp. 151-166: 151 25
  • 26. Hasta la fecha, América Latina no ha sido capaz de generar una red científica regional significativa con una infraestructura propia que propenda a la generación de nuevos conocimientos para nuestro desarrollo. Fenómenos como la creciente privatización y la baja calidad de nuestros centros de educación superior y de postgrados, la escasa inversión de los gobiernos regionales en investigación, la falta de expertos de alto nivel y de una tradición en diversas disciplinas empobrece las prácticas científicas latinoamericanas, generalmente asociadas a programas de investigación en Europa o los Estados Unidos. Esta realidad no es nueva, pero se ve agravada por una crisis económica y por el advenimiento de las redes digitalizadas como nueva modalidad de las prácticas científicas. Las sociedades latinoamericanas acceden de manera muy parcial a las nuevas tecnologías, con un promedio regional no superior al 22%, mientras en los países desarrollados las cifras de penetración bordean o superan el 50%. (Véase figura Nº 5). REGION USUARIOS (Mills) PENETRACION (%) 44.4 4.7 AFRICA 510.5 13.7 ASIA 348.1 43.4 EUROPA 33.5 17.4 MEDIO ORIENTE 238.0 71.1 NORTEAMERICA 126.2 22.2 LATINOAMERICA 19.2 57.1 OCEANIA TOTAL 1319.9 20.0 16 Figura Nº 5 Se ha detectado, recientemente, una brecha digital aún más sutil, en torno al ancho de banda que determina la calidad de las conexiones. A todo esto se agrega un uso muy discreto de las nuevas tecnologías, cuyo impacto en el PIB de los países latinoamericanos es todavía muy marginal17. La e-Ciencia en América Latina se 16 Las estadísticas de uso de Internet son para el 31/12/2007. La información de internetworldstats.com es tomada de datos publicados por Nielsen//NetRatings, la International Telecommunications Union, los NIC locales y otras fuentes fiables. 17 Según expertos de la ONU, reunidos en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Comercio y el Desarrollo 2007 (UNCTAD), ha crecido la brecha digital, cuando es determinada primordialmente por el acceso a conexiones de alta velocidad para Internet entre los países menos y los más desarrollados. Se estimó que el acceso a conexiones rápidas en los países desarrollados promedia 28%, mientras que en los países en desarrollo sólo alcanza el 3%. Esto implica que estos últimos aún se encuentran muy desconectados de 26
  • 27. practica todavía en centros de elite asociados a programas internacionales de investigación financiados, en muchos casos, con fondos internacionales provenientes de países desarrollados. América Latina está muy lejos todavía de aproximarse a un nivel de desarrollo científico y tecnológico a la altura de sus necesidades. Esta realidad histórica inédita no sólo exige una revisión epistemológica como marco conceptual para la legitimación y validación de las prácticas científicas sino, y muy especialmente, una revisión de los supuestos políticos en que tales prácticas se inscriben y se tornan legítimas en nuestro continente. De este modo, nociones tan asentadas en el pensamiento europeo como “universalismo”, “progreso” y, en particular, el concepto de “civilización” reclaman, por lo menos, una discusión en nuestras sociedades. Pues, como ha escrito Immanuel Wallerstein: “Civilización hace referencia a una serie de características sociales que son contrastadas con el primitivismo y la barbarie. Europa Moderna se consideró más que una simple ‘civilización’ entre diversas; se consideró — excepcionalmente o al menos especialmente— “civilizada”. Lo que caracterizó este estado de “civilización” no es algo sobre lo que haya un consenso obvio, incluso entre los europeos. Para algunos, la civilización estaba englobada en la “modernidad”, es decir, en el avance de la tecnología y el aumento de la productividad, además de la creencia cultural en la existencia del desarrollo histórico y del progreso. Para otros, significó la autonomía creciente de lo “individual” con respecto a todos los otros actores sociales —la familia, la comunidad, el Estado, las instituciones religiosas… Cuando los colonizadores franceses en el siglo diecinueve hablaron de la “mission civilisatrice”, quisieron decir que, por medio de la conquista colonial, Francia —o para ser más general Europa— impondría sobre los pueblos no-europeos los valores y normas que fueron abarcadas por estas definiciones de civilización. En nombre de tales valores, varios grupos en los países occidentales hablaron, en los ‘90, del “derecho a intervenir” en situaciones políticas en diversas partes del mundo, y casi siempre en las partes no-occidentales”18 (Wallerstein 2001:95-115). La e-Ciencia constituye una reconfiguración de las prácticas científicas en un nuevo régimen de significación que entraña no sólo una nueva economía científico – cultural (formas de producción, gestión, distribución y consumo de saberes) sino además, una mutación mayor en el ámbito de los modos de significación.19 Se trata de la mayor mutación científico técnica en la historia de la humanidad que ha creado las condiciones para la e-Comunicación, inaugurando con ello un nuevo momento histórico para las prácticas científicas de los próximos siglos. La e- Ciencia plantea, empero, a los latinoamericanos una tarea mayúscula, la de construir los fundamentos epistemológicos y políticos que definan la validez y Internet o lo hacen con velocidades de conexión muy lentas, lo que repercute negativamente sobre la producción, educación y sociedad de las naciones. 18 Wallerstein, Immanuel. (2001). “El Eurocentrismo y sus Avatares. Los Dilemas de la Ciencia Social”. En Walter Mignolo (Coord.). (2001). Capitalismo y Geopolítica del Conocimiento. Buenos Aires: Ediciones Signos/Duke University, 2001,pp. 95-115. 19 Hemos desarrollado estos conceptos en nuestro libro Álvaro Cuadra. (2008). Hiperindustria Cultural. Santiago: Editorial Arcis. 27
  • 28. legitimidad de su quehacer científico y tecnológico en los años venideros como uno de los pilares de su propio sentido histórico en un mundo cada día más interdependiente y complejo. Si el presente establece una relación temporal respecto de nuestro pasado y nuestro futuro, no podemos olvidar que el ahora establece relaciones históricas respecto del otrora y del porvenir. Cuanto más nos acercamos al concepto de e- Ciencia, surge de inmediato la imagen fantasma de la brecha digital, término tan nuevo como equívoco para designar siglos de pobreza y de desigualdad. Lo epistemológico y lo político se dan cita en el ahora de América Latina frente a la irrupción de un nuevo régimen de significación que nos convoca, por cierto, a una profunda reflexión, pero sobre todo a la acción. Si es cierto que la propia verdad científica es histórica, quizás ha llegado el tiempo de volver nuestra mirada a nuestra propia historia.- 28
  • 29. Referencias bibliográficas APRESIAN, D. (1975). La lingüística estructural soviética. Madrid: Akal. AUSTIN, John (1971).Palabras y Acciones. Cómo hacer cosas con palabras. Buenos Aires: Paidos Editorial. BARTHES, Roland (1971). Elementos de semiología. Madrid: A. Corazón. BAUDRILLARD, Jean (2001). Cultura y simulacro. Barcelona: Editorial Kairós. CARMONA, Javiera (2007). “El perfil del periodista científico: Una cuestión de humanidades”. Revista RE – Presentaciones Periodismo, Comunicación y Sociedad. Escuela de Periodismo Universidad de Santiago Año 2, Número 3 / junio-diciembre, pp.151-166. CUADRA, Álvaro (2003). De la ciudad letrada a la ciudad virtual. Santiago: Editorial LOM. CUADRA. Álvaro (2008). Hiperindustria Cultural. Santiago: Editorial Arcis. DEBRAY, Régis (2001). Introducción a la mediología. Barcelona: Paidós. DECLARATION OF THE SECOND WORLD CONFERENCE OF SCIENCE JOURNALISTS. World Conference on Science. Budapest, 2 - 4 de julio de 1999. Disponible en http://www.wfsj.org/conferences/page.php?id=43 [Consultado 01-11-2009] ECO, Umberto (1977). Tratado de semiótica general. Barcelona: Editorial Lumen. HABERMAS, Jürgen (1989). Teoría de la Acción Comunicativa. Buenos Aires: Ed. Taurus. HINE, Christine. (2004). Etnografía Virtual. Barcelona: Editorial UOC. JAKOBSON, Roman (1975). Ensayos de Lingüística General. Barcelona: Seix Barral. JAMESON, Fredric (1996). Teoría de la postmodernidad. Madrid: Ed. Trotta. KRISTEVA, Julia (1985). Semiótica (tomo I), Madrid: Ed. Fundamentos. LANDOW, G. (1995). Hipertexto. Buenos Aires: Paidós. LEVI-STRAUSS, Claude (1958). Langage et parenté en Anthropologie Structurale. Paris: Ed. Plon. LYOTARD, Jean François. (1987). La Condición Postmoderna. Buenos Aires : REI. MARTIN-BARBERO, Jesús. (2003). La educación desde la comunicación. Bogotá: Editorial Norma. MARTÍN-BARBERO, Jesús (1991). De los Medios a las Mediaciones. Barcelona: Gustavo Gili. MIGNOLO, Walter (Comp.). (2001). Capitalismo y Geopolítica del Conocimiento. Buenos Aires: Ediciones del Signo. SAUSSURE, Ferdinand de (1991). Curso de lingüística general. Madrid: Ediciones Akal. SEARLE, John (1969). Speech Acts. An Essay in the Philosophy of Language. New York: C.U.P. SEI, Mario (2004). “Técnica, memoria e individuación”. LOGOS. Anales del Seminario de Metafísica. Vol. 37 (2004): 337-363. VALLVERDU, Jordi (2008). “Apuntes epistemológicos a la e-ciencia”. Revista de Filosofía. Volumen 64, Santiago. Universidad de Chile, pp. 193-214. Disponible en http://www.scielo.cl/pdf/rfilosof/v64/art13.pdf [Consultado 01-11-2009] VATTIMO, Gianni (1990). La sociedad transparente. Barcelona: Paidós. VILCHES, Lorenzo (2001). La migración digital. Barcelona: Gedisa. WALLERSTEIN, Immanuel (1999). Abrir las Ciencias Sociales. México: Siglo XXI Editores. WALLERSTEIN, Immanuel (2001). “El Eurocentrismo y sus Avatares. Los Dilemas de la Ciencia Social”. En Mignolo Walter (Coord.). (2001) Capitalismo y Geopolítica del Conocimiento. Buenos Aires: Ediciones Signos/Duke University. 29
  • 30. Estudios visuales, virtualidad y e-comunicación Devorando las miradas: iconofagia, y virtualidad en crisis de representación20 Víctor Silva Echeto 1. Introducción Los estudios visuales, emergen como campo problemático de investigación, en la medida en que diversos/as investigadores/as plantean la urgencia de pensar lo visual en crisis de representación. Esto es, como un traslado de la mirada hacia un no lugar donde convergen el arte, la publicidad y la informática. Se podría mencionar, al respecto, el desvío de la mirada hacia un campo heterotópico, donde el espacio visual aparece como un lugar- otro y la propia mirada es atrapada por la estética de la pantalla. En este punto es preciso recordar la carga ambigua, contradictoria, que ha tenido este concepto a lo largo de la historia: desde que es incorporada como disciplina en un amplio tratado sobre ella -en 1750- por Baumgarter y las derivas, posteriores, en Kant, Hegel, en la hermenéutica de Dilthey y en las siguientes contiendas en Heidegger, sin olvidar las ambigüedades que el concepto presenta en Walter Benjamin y su actualización en los debates sobre la ideología estética en De Man, Lyotard, Eagleton o Jay. Los principales teóricos de la teoría de la imagen y de los estudios visuales, parecen llegar a un acuerdo, de que los tempranos textos de análisis sobre lo visual aparecen a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX. Fundamentalmente alrededor de figuras como Aby Warburg (1866- 1929), y años después, Walter Benjamin (1892- 1940). En ambos se encuentra el cuestionamiento al concepto fuerte de estética, iniciando el estudio de la llamada ideología estética (De Man, 2006), o, en otra variante más actual, los análisis de la estética como ideología (Eagleton, 2006). 20Este texto forma parte de la investigación Postdoctoral: La iconofagia como propuesta teórico- metodológica de análisis de las imágenes en crisis de representación. Investigación comparativa entre los ambientes de las imágenes en Aby Warburg, Walter Benjamin y Vilém Flusser. 30
  • 31. 2. A modo de síntesis: Warburg, pasión de coleccionista y cuestionamiento a la estética La imagen nace paradójicamente cercana a la muerte. Genealógicamente, esta situación estaría cada cierto tiempo retornando, ya que la muerte vuelve una y otra vez al campo de lo imagónico. Los más recientes teóricos (Debray, 1994; Jameson, 1997; Baudrillard, 1996; Jay, 2003; Agamben, 2005; Baitello, 2008) retornan a esa discusión sobre la relación entre imagen y muerte. Más que un debate iconoclasta e iconofóbico, es la imposibilidad de atrapar en su totalidad a un objeto como la imagen, que se caracteriza por su fantasmagoría y espectralidad (Derrida, 1996). Por ello, para investigarlo, se requiere de la pregunta por su sobrevivencia, siendo uno de los objetos más antiguos y más jóvenes al mismo tiempo. Así, en Occidente, uno de los territorios donde se produce un largo y extenso debate iconoclasta e iconofóbico (recordar por ejemplo la importancia que tiene la imagen para las religiones politeístas y monoteístas y todas las polémicas que esto motiva21), hoy se vive atrapado entre imágenes, miradas y fantasmas del cine, la televisión, la informática, la publicidad, los carteles y galerías de consumo en las ciudades, los GPS, y una variedad de imágenes que contaminan visualmente los ambientes culturales. En ese contexto, investigar sobre las transformaciones que la virtualidad está produciendo en distintos períodos y ambientes de la imagen, considerando a dos teóricos que la interrogan inicialmente desde la relación (no sin conflictos) entre imagen y técnica, como son los casos de Aby Warburg y Walter Benjamin, permite conformar una “masa” de conocimientos críticos que, implican, no acercarse a la superficialidad del fenómeno sino a su arqueología (Foucault, 1996a; Zielinski, 2006), a sus profundidades y a sus subsuelos (Baitello, 2008). Estos aspectos, posibilitan explicarse algunas de las mutaciones que se están produciendo actualmente, no simplemente como efecto de la metafísica de la técnica (Heidegger, 1996), sino como un extenso trayecto en la historia de la cultura. La pesadilla de Aby Warburg por la imagen, lo conduce, hasta sus últimos años, a estar obsesionado por las imágenes que lo asedian. Es así que entre 1921 y 1924, Warburg, internado en la clínica psiquiátrica de Kreuzlingen, bajo el tratamiento directo de Ludwig Binswanger, el psiquiatra que renovaría profundamente la aproximación al problema de las enfermedades mentales, es perseguido, asediado, buscado por las imágenes que no le permiten huir de ellas. Estos 21Hay que recordar en el cristianismo la disputa que se produjo desde el Concilio de Nicea, en el año 787, entre los enemigos de las imágenes (iconómacos e iconoclastas) y los partidarios (iconófilos e iconódulos). Los primeros más numerosos en el clero secular, la corte y el ejército, mientras que los segundos lo eran en el clero regular, monjes y obispos. La guerra civil duró hasta el año 843 e implicó el triunfo de la ortodoxia. Para Régis Debray (1994: 65): “el occidente monoteísta recibió de Bizancio, a través del dogma de la Encarnación, el permiso de la imagen. Instruida por el dogma de la doble naturaleza de Jesucristo y por su propia experiencia misionera, la Iglesia cristiana estaba en buenas condiciones para comprender la ambigüedad de la imagen, a la vez suplemento de poder y desviación del espíritu. De ahí su ambivalencia respecto del icono, de la pintura, como hoy de lo audiovisual. ¿No es una muestra de sabiduría esa oscilación? Delante de una imagen, el agnóstico nunca será bastante cristiano”. 31
  • 32. hechos que fueron publicados en la historia clínica bajo el título de La curación infinita (2008), permiten acercarse, desde la iconofagia, a la obra de Warburg, ya que no solamente él fue un consecuente perseguidor y analista de las imágenes, sino que, además, éstas se lo intentan devorar en su persecución. Así, Warburg huye de las categorías rígidas “de la tradicional Historia del Arte y sus periodizaciones” (Baitello, 2009: 138), ampliando los ambientes, categorías y sistematizaciones de las imágenes, que van desde su uso mítico- religioso hasta las transformaciones que operan en las culturas mediáticas y postmediáticas. Esta situación lleva a que algunos de los teóricos del arte, como por ejemplo Gombrich (1970), no logre comprender en su total complejidad y apertura, los amplios intersticios que presenta su vida y obra. 2.1. Trastornos de estilos y combates de rituales Warburg era un especialista alemán de arte del renacimiento y de arte y cultura pagana que estableció diversos puentes interpretativos entre América del Norte y Europa. Así, en imágenes de la región de los indios pueblos de Norteamérica, conferencia dictada en la clínica Kreuzlingen (Raulff, 2004), veintisiete años después de un viaje que realizó por Nuevo México y Arizona, le interesó, como historiador de la cultura, mostrar como “un país que había puesto la tecnología al alcance del ser humano”, conservaba residuos de una cultura primitiva y pagana (Warburg, 2004), y como se continuaban ejerciendo “con inconmovible firmeza sus prácticas mágicas de caza y agricultura, costumbres que los europeos” suelen juzgar “como síntomas del atraso humano”. Sin embargo, le llamó la atención al historiador de las imágenes22, como “la llamada superstición” en Norteamérica iba “de la mano de las actividades cotidianas” (Warburg, 2004: 10). Durante la misa, le interesó “el hecho de que los muros estuviesen cubiertos de símbolos cosmológicos- paganos” (Warburg, 2004: 26). Para Serge Gruzinski (2007: 17-18): “Warburg no había hecho un camino tan largo para preguntarse por la transformación o la ‘contaminación’ de las creencias” indígenas. Había descubierto la existencia de un vínculo entre la ‘cultura primitiva’ de los indios y la civilización del Renacimiento”. Por su parte, Phillipe- Alain Michaud (1998: 196), sostiene la tesis de que “sin el estudio de su cultura primitiva”, Warburg “no hubiera sido capaz de darle un amplio fundamento a la psicología del Renacimiento”. Trastorno de estilos y combates de rituales, son esos cruces y encrucijadas de imágenes entre mundos supuestamente tan alejados y tan diferentes. En ese contexto, Warburg analizará la triple combinación entre fenómenos naturales, culturales y tecnológicos. Este estudio de los indígenas de Nueva México y de Arizona (los Pueblo), le permitió a Warburg darle un amplio y profundo sentido a la cultura antigua, al renacimiento y a las imágenes de su época. Pero no solamente 22 “Soy historiador de la imagen (Bildhistoriker), no historiador del arte”, indicó Aby Warburg en su diario. 32
  • 33. es esa la comprensión que tenía Warburg de esos fenómenos, sino que, además, para salir del encierro estético- artístico, tiene que considerar que analizar el surgimiento de la mitología antigua es un problema psicológico, etnológico y antropológico. Este elemento que, para Raulff (2004: 91), es uno de los que se le ha prestado menos atención en la biografía de Warburg, le permitió –en momentos en que todavía no había un desarrollo consistente de la etnología y de la antropología-, considerar “el problema de la ‘supervivencia’ de los elementos de las culturas más antiguas en el presente”. En un comentario al margen de la conferencia sobre los indios pueblo de Norteamérica, Warburg sostiene: “no quiero que se encuentre, en esta búsqueda comparativa del indio eternamente inmutable, inherente al alma desamparada de la humanidad, el más mínimo rasgo de blasfemia científica”. La presentación de esas imágenes y discursos sobre los indígenas, explica Warburg, “están destinadas a ayudar a las generaciones posteriores en su intento de encontrar la claridad y superar la trágica disputa entre el pensamiento mágico instintivo y la lógica discursiva. Esta es la conferencia de un esquizofrénico (incurable), entregada a los archivos de los psiquiatras” (en Gombrich, 1992: 304). Inicialmente Warburg, como muchos historiadores del arte de esa época (es decir, de mitad y finales del siglo XIX), enfocó sus estudios en el arte del renacimiento. Una época de importantes cruces entre las iconografías antiguas, tanto cristianas como paganas. En esa época, el principal foco de análisis de Warburg fue la obra de Sandro Botticelli. No obstante, con el pretexto de un viaje familiar a Estados Unidos, para la boda de su hermano Paul, que “tuvo lugar el 1 de octubre de 1895 en Nueva York”, Warburg se encontrará con un mundo que le permitirá descubrir un cruce entre imágenes y culturas. Estos hechos transformarán su propia concepción sobre el arte y las imágenes. En los borradores de la conferencia de Kreuzlingen, se encuentran algunas explicaciones del viaje, y de la huída de Nueva York hacia Washington, “para visitar la Smithsonian Institution”, donde se encontró con “el cerebro y la conciencia científica del este estadounidense”. Allí estaban Cyrus Adler, Mr. Hodge, Franck Hamilton Cushing y James Mooney, así como en Nueva York se encontraba Franz Boas, es decir, “los pioneros de la investigación de los pueblos indígenas” (en Raulff, 2004: 74). Otra hipótesis, más arriesgada, indicaba que ese envión de Warburg, surgió a través “de un impulso psíquico” de su infancia” (Krieger, 2006). Así, durante unas vacaciones en Ischl, Austria, “el joven Aby pidió prestadas de la biblioteca local unas novelas” de indígenas. “La lectura le ayudó a escapar de una difícil realidad, en la que él y sus hermanos tenían que repetir las monótonas oraciones judías para la madre gravemente enferma” (Krieger, 2006). Este motivo psíquico “anticipa el afán de Warburg de exponerse al contraste (de culturas) como motor del conocimiento”. De ahí es que “surgió su interés en el cruce de culturas” a través de las imágenes. “Las investigaciones del Bureau of American ethnology en la Smithsonian institution de Washington, D.C.” (Krieger, 2006), le permitieron a Warburg realizar investigaciones transculturales sobre la imagen y su relación con las culturas antiguas, renacentistas y modernas. 33
  • 34. Un segundo ambiente arqueológico, que hay que resaltar de la obra de Warburg, es el proyecto Mnemosyne. Atlas de las imágenes, que quedó inconcluso a su muerte en octubre de 1929, estaba conformado por tablas de tela negra (de las que se conservaron cuarenta) sobre las que estaban pegadas cerca de un millar de fotografías. La pasión de coleccionista de Warburg, al igual que la de Walter Benjamin23, los lleva a ambos a convertirse en antecedentes directos de la cultura pop y de las culturas del rock, porque no solamente se encontraban iconografías de sus temas de arte favoritos, sino que, además, incluyó afiches publicitarios de una compañía de navegación, la imagen de una jugadora de golf y hasta la de Mussolini y el Papa firmando el concordato. Así, “para la definición warburgiana de una ‘Ciencia de la cultura’” o, mejor dicho, de una “ciencia de las imágenes” (ciencia sin nombre), la “ampliación del fondo de objetos estudiados fue fundamental”. En Mnemosyne hay libelos ilustrados, sellos, escenografías efímeras y otros tipos de documentos visuales de distribución masiva. “La cultura no se configura únicamente en el elevado nivel de la obra de arte”, sino que él despliega su potencial —crítico o afirmativo— también en un sinnúmero de otras imágenes visuales (Krieger, 2006). “Pero Mnemosyne es algo más que una operación, más o menos orgánica, de los motivos que han guiado la investigación de Warburg”, como indica Agamben (2007: 172), es, según dijo el propio Warburg, una historia de fantasmas para personas adultas. 3. Walter Benjamin: pasajes y coleccionismo La relación entre imagen- arte- tecnología, cultura y consumo, en la obra de Walter Benjamin (1892- 1940), implica, analizar, tanto las transformaciones técnicas que se producen en las primeras décadas del siglo XX producto de su reproducción (1972a), como el surgimiento de imágenes que construyen una nueva visibilidad del consumo, transformando la mercancía en una fantasmagoría y, por ello, dando un paso más en su fetichización (ya anunciada por Marx). Así, las galerías comerciales, los escaparates, la moda, los espejos, las luces en la ciudad, las expo mundiales y los bulevares parisinos, así como personajes como el flâneur, construyen un nuevo tipo de imagen, donde comienza a confluir la paradójica materialidad e inmaterialidad del objeto visual, su doble situación de aparición y desaparición, de realidad y virtualidad, que llevó a Benjamin a realizar el análisis textual, contextual, discursivo y visual, de uno de los fenómenos más transformadores del siglo XX, como es la imagen. Benjamin, desde sus tempranos escritos, tenía la intención de comprender las transformaciones culturales y 23 Sobre las similitudes entre Warburg y Benjamin, véase Cornelia Zumbusch, Wissenschaft In Bildern. Symbol und didaktisches Bild in Aby Warburgs Mnemosyne-Atlas und Walter Benjamins Passagen-Werk, Berlín, AkademieVerlag, donde la autora explica el nuevo concepto historiográfico más ilustrativo de los dos pensadores y Roland Kany, Mnemosyne als Programm: Geschichte, Erinnerung, und die Andacht zum Unbedeutenden im Werk von Usener,Warburg, und Benjamin, The German Quarterly, 62, No. 2 (1989) 34
  • 35. tecnológicas que se estaban ocurriendo en la imagen, sus derivas, desviaciones, perdidas y encuentros. Esas intenciones lo llevan a transformarse en un escritor (teórico- periodista- ensayista- crítico) que desafía su época, con la “peligrosa idea” (Waters, 1999), sobre tecnología, imagen y cultura, de difuminar las fronteras entre la tecnología y la creación; entre la contracultura como práctica de subversión y la diseminación interpretativa; entre la acción corporal y su multiplicación en rostros, simulacros y mímicas. Esas ideas de Benjamin se sostienen en sus análisis, desde los años ’30, de fenómenos como el cine24, la fotografía, la caricatura, la publicidad, el jazz, los escaparates de las tiendas comerciales, las galerías, todos ellos considerados menores artísticamente por una élite que los definía –utilizando una terminología aristocrática- como fenómenos subculturales. Sin embargo, detrás de la “peligrosa idea de Walter Benjamin”, está la intuición de que en el subsuelo de estas formas se está operando una revolución en la imagen y en cultura tradicional, que implica un ascenso pujante de la contracultura desde los márgenes y los contra- límites de lo establecido. Benjamin, a diferencia de algunos de los otros colegas suyos judíos- alemanes con los que mantenía una estrecha relación, como, por ejemplo, Adorno, tenía un vínculo concreto con las ciudades y sus relatos. Uno de los ejemplos más notables es París y los cambios que en esta ciudad se estaban produciendo. Para Martin Jay (2003: 42): si se compara la posición que Horkheimer o Adorno “ocupaban con la de amigos tales como Kracauer y Benjamin, quienes estaban por completo fuera de la jerarquía académica, se pueden observar” los efectos de la distancia de los primeros con referencia a su contexto de producción con relación a los segundos. “No sorprende advertir que Kracauer y Benjamin escribieran más frecuentemente sobre la cultura de masas y la vida urbana que los integrantes del Instituto, y generalmente lo hacían con una apreciación más sutil de sus implicaciones”. En el caso de Benjamin, la imposibilidad de ingresar a la Universidad, lo lleva a transformarse en traductor, crítico literario (y cultural), periodista y analista de su época. Algunos de los principales textos que se conocen de Benjamin y que implicaron algunos de los análisis más interesantes sobre la cultura de masas, el periodismo, la literatura, la fotografía, la música y el cine, surgieron en esas circunstancias. Cabe mencionar, entre otros, Breve historia de la fotografía, La obra de arte en la época de la reproductibilidad técnica, El autor como productor, y, finalmente, su obra inconclusa de los pasajes, París en el siglo XIX. 24 Con esta posición sobre Walter Benjamin, discreparía Susan Sontag (2005: 130), quien, pese a destacar su extraordinaria posición como crítico literario, indica que, aunque, “escribió con igual brillantez sobre Goethe, Leskov y Baudelaire”, no “se ocupó de ningún escritor de nuestro siglo. Y el cine, la única forma artísticamente importante de nuestro siglo verdaderamente nueva, a la que consagró la mayor parte de un importante ensayo, fue singularmente mal comprendido y subestimado por Benjamin. (Pensó que el cine encarnaba la abolición de la tradición y de la conciencia histórica, y, por ello, ¡una vez más!, el fascismo)”. 35
  • 36. Con referencia a la relación entre Benjamin y Warburg, es muy importante comprender que unos años antes que Walter Benjamin, este último, ya se había planteado la posibilidad de diseñar ese atlas de las imágenes, que albergara en su interior la “memoria visual” de Occidente y su relación con las culturas paganas. En esa memoria, no solo había lugar para el arte del renacimiento u otras épocas de occidente, sino, además, para imágenes de la publicidad, recortes de periódicos, publicidades y hechos políticos. Este segundo aspecto, será retomada por Benjamin, años después, en otra obra inconclusa: La obra de los pasajes: París en el siglo XIX. 4. Del cuestionamiento a la estética a la historia de las miradas Es en Roland Barthes (1995), por su parte, que aparece el planteamiento sobre la necesidad de una historia de las miradas, más que una historia de las imágenes. En ese contexto, Barthes ya ponía en cuestionamiento el concepto de imagen, propiciando – ¡algo extraño en un estructuralista!-, un estudio desde la subjetividad (mirada) de las llamadas “máquinas de visión” (Virilio, 1989). Pero ya estaban resonando esos ecos en la filosofía fuertemente visual de Nietzsche; en las derivas oculares de Heidegger, con su definición de la modernidad como la época de la imagen del mundo; en el temprano interés fenomenológico por la imaginación (Sartre, 2008); en los destellos del gran ojo como análisis de la vigilancia y el castigo en Foucault a partir de Bentham (panóptico); y, finalmente, en la consideración espejista de la filosofía pragmatista propuesta por Rorty (la filosofía como el espejo de la naturaleza). Gilles Deleuze (1993), tensa el debate con referencia al cine, llevando a Bergson a plantearse diversos acercamientos a la imagen- movimiento e incomodando la ecuación movimiento- trayecto. Martin Jay (2003), por su parte, realiza un extenso análisis sobre los “regímenes escópicos de la modernidad” y “la crisis del ocularcentrismo” tras el ascenso de la hermenéutica. En Vida y muerte de la imagen en Occidente. Historia de las miradas de Régis Debray (1994), aparece explícitamente la idea de muerte de la imagen, lo que implica el surgimiento, desde sus cenizas, de lo visual. Es la tercera edad de la mirada, caracterizada por la economía de lo visual, luego de las primeras edades, llamadas mágica (primera edad) y estética (segunda edad). “La evolución conjunta de las técnicas y de las creencias” conduce “a señalar tres momentos de la historia de lo visible: la mirada mágica, la mirada estética y, por último, la mirada económica. La primera suscitó el ídolo; la segunda el arte; la tercera lo visual. Es decir, más que visiones” hay organizaciones del mundo (Debray, 1994: 39). La primera es la organización logosfera, la segunda es la esfera grafosfera y la tercera es la mirada videosfera (Debray, 1994: 178- 179). Así las cosas, se podría discutir si los estudios visuales nacen al interior de los estudios culturales o si son, en definitiva, un eje paralelo de análisis que cruza por 36
  • 37. el arte, la filosofía estética y los estudios en comunicación. El temprano interés de Raymond Williams25 por la cultura de masas, la televisión y la tecnología, permiten fortalecer la primera hipótesis. No obstante, lo interesante de los estudios visuales, es que se plantean como un eje transversal que permite conjugar el arte, la filosofía y la comunicación, para considerar el análisis crítico de “las máquinas de visión”. Fredric Jameson (1997), realiza un detenido análisis sobre las diferentes etapas de la mirada. Planteándose, por lo menos, tres momentos históricos donde las miradas presentan características específicas. Así, mientras que la mirada colonial se caracteriza por su asimetría (el colonizado no mira los ojos del colonizador) y la mirada panóptica extiende el ojo por todo el campo disciplinario, es la mirada postmoderna o neobarroca la que es absorbida por la pantalla. Sin embargo, como indica Martín Jay (2003: 222), no hay un solo régimen visual en las diversas épocas, y menos aún, en la modernidad. Por ello, propone la idea de que “el mejor modo de entender el régimen escópico de la modernidad es concebirlo como un terreno en disputa, antes que como un conjunto armoniosamente integrado de teorías y de prácticas visuales”. 5. En el contexto de los estudios visuales: la iconofagia Esa mirada posmoderna y esquizofrénica, ya absorbida por lo visual, es devorada por las técnicas -¿ya sin logos?- de la imagen, que extienden el campo problemático de análisis de la imagen, de lo visual y de la virtualidad, en una nueva etapa en la larga historia de la crisis de la representación. Vinculado desde sus primeras obras al dadaísmo y a la antropofagia (vanguardia artística brasileña que está presente en la escena desde la década del ’20 del siglo pasado), Norval Baitello jr. (1993 y 2008) viene desarrollando una serie de investigaciones que, sacando al ícono de su dogmatismo semiótico- semiológico, plantea el incremento de la devoración de imágenes y visualidades en la cultura contemporánea y en la iconología postmoderna. Así, el debate sobre la iconografía y la iconología tiene una larga historia que se remonta a los seguidores de la obra de Aby Warburg. El debate entre las obras de Panofsky y Saxl, entre otros/otras integrantes de la primera generación de warburgianos, se extiende hasta Gombrich –segunda generación de warburgianos-, y la actualización contemporánea que involucra a diversos teóricos y críticos que están analizando la obra de Warburg, como, por ejemplo, Carlo Ginzburg, Giorgio Agamben y Baitello jr. No obstante, la formalidad iconográfica y la reducción de la imagen a un análisis formalista de su interioridad (iconografía) sin, tener en cuenta, los 25Fredric Jameson (1996: 101) comenta una anécdota sobre el interés temprano que tenía Raymond Williams por la televisión. Indica, que en un encuentro sobre el tema organizado por The Kitchen en octubre de 1980, mientras los participantes “desfilaron en tropel hacia el podio sólo para quejarse de que no podían comprender por qué se les había invitado, ya que carecían de opiniones concretas sobre la televisión (que algunos admitían ver); muchos añadieron, como si se tratase de una ocurrencia posterior, que entre los conceptos que sobre la televisión se habían ‘producido’ sólo uno tenía cierta viabilidad: el ‘flujo total’ de Raymond Williams”. 37
  • 38. aspectos contextuales de la cultura (iconología) eran rechazados por Warburg. Es, por ello, que en diversas oportunidades se ha sostenido que los warburgianos traicionaron los métodos del crítico judío- alemán. En una São Paulo saturada de imágenes visuales26, Baitello jr. (2008), sostiene que pasamos de una subjetividad que devora imágenes a una subjetividad devorada por éstas. Es decir, se plantea la tesis de que la imagen se siente incapacitada para representar, ya que ella misma fue comida (fágicamente) por una visión sin mirada, y ésta, también, por lo tanto, fue absorbida por la pantalla, junto con los residuos de la subjetividad27. Estas tesis, que ya fueron llevadas al cine en películas como The Truman show, Ed Tv y, anteriormente, por Woody Allen en La rosa púrpura del Cairo, desafían a la semiótica audiovisual y a los estudios visuales, planteándosele la urgencia de diseñar metodologías, teorías y reflexiones críticas, sobre la intención y extensión de las técnicas visuales. En sus más recientes investigaciones, Baitello jr (2009), siguiendo el derrotero de Aby Warburg y de teóricos como Vilém Flusser, Siegfried Zielinski, Dietmar Kamper, entre otros, propone trasladar el eje de análisis del campo del arte al de la imagen. Discutiendo, junto con Warburg, de que tanto el arte y sus derivas iconográficas y sus ampliaciones iconológicas, no permiten dar cuenta de la profundidad arqueológica de lo visual, Baitello analiza críticamente los desajustes visuales que se producen en la mirada por una imagen que –en su proceso fágico o de devoración- no deja rastros ni residuos de lo comido. Como en El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante, la imagen del amante- ladrón es el plato de cierre que nos tiene preparado el cocinero al final de la jornada. La idea de iconofagia (Baitello, 2008), por lo tanto, permite integrar todos esos conceptos y, además, plantearse una teoría crítica sobre la poderosa máquina de producir imágenes, cuestionando las ideas neofuncionalistas que celebran la explosión de imágenes y técnicas. 6. Iconofagia y virtualidad Así las cosas, se recorre el camino que se transita entre la teoría de la imagen y los estudios visuales, en el que se encuentra la ruptura de la mirada y la emergencia de subjetividades devoradas por lo visual. En ese contexto, la propuesta iconofágica, implica poner en cuestionamiento a la representación –una vez más-, ya que no solamente son las imágenes las que se devoran sino que, además, son los cuerpos los que son comidos en un festín del cual no quedan huellas, indicios, ni rastros. Las radicales formas de performances 26 Hay que recordar que São Paulo era una de las ciudades del mundo más contaminadas visualmente, fundamentalmente, producto de los carteles de publicidad. En el año 2006 con el plan “cidade limpa”, el gobierno estadual diseñó un plan de limpieza de la ciudad de esa abundante cantidad de publicidad (Ogécia, 2009: 49- 64). 27 Fredric Jameson (2004: 86) sostiene que la subjetividad es irrepresentable. 38
  • 39. contemporáneas como las que llevan a la práctica los artistas- antropófagos como Günther von Hagens, quien en la exposición “Los mundos del cuerpo” (Museo de la Técnica y el Trabajo-Mannheim-Alemania), expuso doscientos cadáveres humanos, son un ejemplo de lo que se viene sosteniendo. Posteriormente, en el año 2008, bajo el nombre de Bodies. The Exhibition, se presentó el médico- artista von Hagens, en el “Espacio Kennedy” de Santiago de Chile. El éxito fue tan rotundo que hubo que ampliar el periodo de exhibición de la misma. Hay otros ejemplos que pueden sumarse y que implican una relación ya no de saturación sino de rarefacción o de vacío con los objetos. En la bienal de São Paulo del año 2008, el segundo piso del edificio de la bienal se encontraba con sus paredes en blanco y con múltiples visitantes que –en muchos casos- quizás por primera vez reconocían el edificio, sus paredes, sus ventanas y la naturaleza externa. Se pasó en el año 2006 de la saturación de imágenes que cubrían la avenida paulista a la “ciudad limpia”, y en el mismo año, la saturación de las obras de arte de la bienal, con todo el espacio completo de obras, dejó paso dos años después, a la experiencia de la rarefacción o del vacío. Pero, también, se produce la saturación de imágenes y la devoración de visualidades, en las formas que adquieren los usos informáticos de youtube, facebook, y otras diversas posibilidades que se encuentran hoy, como ocurre con el traslado del género del reality show a distintos campos comunicacionales (como, por ejemplo, la televisión, la publicidad, la propaganda, la política o el infoentretenimiento). Es decir, se produce esta radical asimilación de la imagen o, mejor dicho de lo visual, su auto-referencia y auto-consistencia virtual. De esa forma, iconofagia, virtualidad y visualidad, implican tres maneras de pensar radicalmente la crisis de la representación y asumir una propuesta para pensar los cuerpos desde sus indicios, huellas y rastros (Nancy, 2007). Desde ese aparato teórico, se pone en cuestionamiento, además, la idea de que la virtualidad se opone a la realidad. Lo virtual se opone a lo actual, pone en entredicho la lógica del sentido y de la representación, como formas de paralizar el acontecimiento. La virtualidad implica la ruptura nómada del acontecimiento. El choque violento de la visualidad sin máscaras, el simulacro de la mímica y de la transgresión. Implica, en resumen, subvertir los signos, carnavalizar e invertir los sentidos, desde los sinsentidos, desde el afuera constituyente de la inmanencia absoluta. En definitiva, se proponen diversas formas de devorar (fagia) visiones sin miradas, cuerpos despellejados y acontecimientos sinsentidos. Esto es, desde la presubjetividad28 emergen las virtualidades. Es el desafío de los estudios visuales de plantearse nuevas metodologías y teorías en crisis de representación, desde la virtualidad y el acontecimiento de lo visual. 28 Hablar de presubjetividad es poner en tensión la idea cerrada de sujeto. 39
  • 40. 7. Virtualidad: pensar la heterotopía de la mirada En definitiva, la virtualidad emerge como una problemática que le agrega preguntas a la compleja relación contemporánea entre imagen- visualidad y mirada. La noción de virtualidad es compleja desde sus primeros tratamientos. Si, además, le sumamos la relación que tiene (y ha tenido), históricamente, con los conceptos –también complicados- de simulación y de simulacro, se incrementan las complejidades. Lo primero que hay que asumir es, que lo virtual no es una solución –como sería lo actual-, sino una problemática que pone en tensión la ecuación: signo y realidad. Es la fantasmagoría de lo ausente- presente, de lo que aparece y desaparece, y, por lo tanto, no tiene un estatuto material claro. Esa situación, transformó a la virtualidad, en el temido fantasma que habitaba la caverna platónica, pero, también, en el rey asesinado que aparece y desaparece para vengar su muerte (Hamlet). Hoy, el temor a lo virtual se asimila en los mundos paralelos construidos (y deconstruidos) en la instantaneidad de los flujos de imágenes auto-referenciales. Así las cosas, la virtualidad tiene un doble estatuto –paradójico y no complementario-: por una parte, alimenta y sustenta el capitalismo tardío y sus técnicas postespectaculares de seducción y producción de deseos, pero, extrañamente, se transforma –por su entidad espectral, potencial y paradójica de aparición-desapariciente- en la entidad que desafía al propio sistema por su capacidad de mutación, transformación y cambio29. La virtualidad está hecha de acontecimientos y de singularidades. Lo que se llama virtualidad no es algo que carece de realidad sino algo que se compromete en un proceso de actualización siguiendo un plano que le da su realidad propia. “El acontecimiento inmanente se actualiza en un estado de cosas y en un estado vivido que permite su irrupción. El propio plano de inmanencia se actualiza en un sujeto y un objeto a los cuales se atribuye. Pero aún cuando no se puede separar de su actualización, el plano de inmanencia es virtual en sí mismo, así como los acontecimientos que lo pueblan son virtualidades” (Deleuze, 2009: s/n). La virtualidad se conforma en un espacio heterotópico, es decir, en un espacio- otro que pone en cuestionamiento la identidad del lugar. También, la heterotopía cuestiona la entidad representacional, asumiéndose como una performance que activa máscaras, rostros y mímicas… Es, en definitiva, la puesta en crisis y en tensión del nombre y de la identidad como universales, y la emergencia rizomática y subterránea de la singularidad y del acontecimiento. Los ejemplos de la hipertextualidad, y, aún más, de la hipermedialidad, activan un tránsito y un traslado entre textos, discursos, imágenes y cuerpos, que asumen el 29 Un ejemplo de lo mencionado, es el análisis que realiza Jacques Derrida (1998) sobre la espectralidad- virtualidad del marxismo, y el desafío que se le produce, frente a esta situación, al capitalismo y a las teorías conservadoras que pensaron que el marxismo se había acabado. Virtualmente, desde sus cenizas, aparece y desaparece subvirtiendo el orden del sistema. 40
  • 41. viaje laberíntico en el entre de los intersticios de las fronteras, entre diversas prácticas significantes y asignificantes. El desafío es pensar, poniendo en tensión la iconofagia, la transgresión de lo virtual como puesta en cuestionamiento de la identidad del sistema y de las imágenes hiperreales. 8. A modo de conclusiones El ciberespacio abre diversas posibilidades, actualmente, para pensar lo virtual. No obstante, hay que incorporar en el análisis la compleja carga histórico- filosófica que tiene el concepto. Gilles Deleuze, en varios textos, llama la atención sobre las relaciones entre virtualidad, acontecimiento y singularidad. Desde sus análisis sobre el simulacro y la virtualidad en la filosofía platónica, pasando por su actualización en Lucrecio hasta llegar a la carga subversiva y transgresora que se encuentra en la literatura moderna y las rupturas artísticas que se producen en el siglo XX (Deleuze, 1994). El filósofo del acontecimiento, asume que la virtualidad implica una ruptura en la normalidad producida por el evento y en la coherencia enunciativa y significante (la singularidad del asignificante). Implica, además, una puesta en cuestionamiento de las entidades cerradas e identitarias: llámense sujeto, comunicación o Estado. Por ello, es que la virtualidad tiene una realidad propia que está actualizándose en cada acontecimiento o evento. Es interesante, al respecto y como vía de ejemplos, recordar las diversas utilizaciones artístico - políticas, que se realizan hoy de la virtualidad: desde la revolución zapatista, pasando por el trabajo de la imaginación que llevan a la práctica en el ciberespacio los migrantes, hasta llegar a los estudiantes secundarios chilenos que en el 2006 desafiaron al sistema consensual de la postdictadura instalado por la concertación, la alianza de partidos políticos de derecha y los medios de comunicación afines a ellos. Si la iconofagia da cuenta de la doble situación contemporánea donde las imágenes son devoradas por las subjetividades, y éstas a su vez son comidas por aquellas, poniendo en tensión y en crisis a las propias subjetividades y a las miradas que la sustentan, la virtualidad, por su parte, incrementa esa tensión. En definitiva, la virtualidad desarticula las formas de representación del poder, desestabilizando, por su condición potencial, la condición cerrada del cuerpo. En esta compleja situación del cuerpo como copia intangible pero, también, como mecanismo virtual de desestabilización del control, emergen diversas posibilidades de analizar los complejos y diferentes estatutos que va adquiriendo el cuerpo como espectáculo y postespectáculo, como simulacro y virtualidad.- 41
  • 42. Referencias bibliográficas AGAMBEN, Giorgio (2007). La potencia del pensamiento. Buenos Aires: Adriana Hidalgo. BAITELLO JR., Norval (1993). Dadá- Berlim. Des/montagem, São Paulo: Annablume. BAITELLO JR., Norval (2008). La era de la iconofagia. Sevilla: Arcibel. BAITELLO JR., Norval (2009). “La serpiente, la electricidad y la imagen mediática. Algunas reflexiones para una teoría de la imagen a partir de Aby Warburg” en Diálogos culturales II. São Paulo: Bluecom. BARTHES, Roland (1995). La cámara lúcida. Nota sobre la fotografía. Barcelona: Paidós. BENJAMIN, Walter (1972a). “La obra de arte en la época de la reproductibilidad técnica” en Discursos Interrumpidos I. Madrid: Taurus. BENJAMIN, Walter (1972b). “Tesis sobre la filosofía de la historia”. Madrid: Taurus. BENJAMIN, Walter (2005). La obra de los pasajes. Madrid: Akal. BENJAMIN, Walter (2006). Passagens. Minas Gerais: UFMG. DELEUZE, Gilles (1993). Estudios sobre cine 1. La imagen- movimiento. Barcelona: Paidós. DELEUZE, Gilles (1994). Lógica del sentido. Barcelona: Paidós. DELEUZE, Gilles (2009). “La inmanencia: una vida”, en Antroposmoderno. http://www.antroposmoderno.com/antro-articulo.php?id_articulo=980 [Consultado 17-11-2009]. DEBRAY, Régis (1994). Vida y muerte de la imagen en Occidente. Historia de la mirada en Occidente. Barcelona: Paidós. DERRIDA, Jacques (1998). Espectros de Marx. Madrid: Trotta. DE MAN, Paul (1996). La ideología estética. Madrid: Cátedra. EAGLETON, Terry (2006). La estética como ideología. Madrid: Trotta. GINZBURG, Carlo (2008). “De Warburg a Gombrich, un problema de método” en Mitos, emblemas, indicios. Morfología e historia. Barcelona: Gedisa. GOMBRICH, Ernst H. (1992). Aby Warburg, una biografía intelectual. Madrid: Alianza. GRUZINSKI, Serge (2007). El pensamiento mestizo. Cultura amerindia y civilización del Renacimiento. Barcelona: Paidós. JAMESON, Fredric (1997). La postmodernidad y lo visual. Valencia: Eutopías. JAMESON, Fredric (2004). Una modernidad singular. Ensayo sobre la ontología del presente. Barcelona: Gedisa. JAY, Martin (2003). Campos de fuerza. Entre la historia intelectual y la crítica cultural. Buenos Aires: Paidós. KRIEGER, Peter (2006). “El ritual de la serpiente. Reflexiones sobre la actualidad de Aby Warburg, en torno a la traducción al español de su libro Schlangenritual. Ein reiseberich” en Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas, primavera, año/vol. XXVIII, número 088. México (DF), Universidad Nacional Autónoma de México MICHAUD, Philippe (1998). Aby Warburg et l’ image en mouvement. París: Macula. NANCY, Jean- Luc (2007). 58 indicios sobre el cuerpo. Extensión del alma. Buenos Aires: La Cebra. OGÉCIA DRIGO, Maria (2009). “Cidade invisibilidade e cidade/ estranhamento: São Paulo antes e depois da lei ‘Cidade limpa’” en Galáxia, n° 17, junho 2009, São Paulo, PUCSP EDUC, pp. 49- 64. 42
  • 43. RAULFF, Ulrich (2004). “Epílogo” en El ritual de la serpiente. México: sexto piso. SARTRE, Jean- Paul (2008). A imaginacão. Porto Alegre: Pocket. VIRILIO, Paul (1998). La máquina de visión. Madrid: Cátedra. WARBURG, Aby (2004). El ritual de la serpiente. México (DF): sexto piso. WARBURG, Aby y Ludwig Binswanger (2008). La curación infinita. Historia clínica de Aby Warburg. Buenos Aires, Adriana Hidalgo. WATERS, Lindsay (1999). “La peligros idea de Walter Benjamin” en Las culturas del rock. Valencia: Pre-textos. ZIELINSKI, Siegfried (2006). Arqueologia da mídia. São Paulo: Annablume. 43
  • 44. Los soportes de intermediación Algunas consideraciones teóricas alrededor de docencia, arquitectura y virtualidad Carlos Tapia Martín 1. El hipertexto como soporte y a la vez, medio Un pensador piensa porque escribe, no porque piensa, aunque desagrade a Richard Rorty (1993). Es un ejercicio necesario, muy al pesar de Kant, pero no de Heidegger, que escribía mejor que disertaba. Para poner en orden los pensamientos, hay que sacarlos de una forma de producción que, aunque se piense con las palabras de la lengua materna o habitual, no se estructuran cabalmente como textos, como comprensión y transmisión. Esto se conoce con el nombre de transliteración. Estos trasvases de forma, son los que perseguimos. Dos, o más, dimensiones no conjugables, no equiparables entre sí, que ahora puedan reunirse en los estados intermedios del tránsito. Salirse de sí para no ser en ese instante uno, y reunirse con otro que tampoco es él. Al tiempo, dar cuenta del proceso. Pensar mientras se está pensando, qué se está pensado. No sólo sobre lo que se piensa, sino cómo se piensa. Y para hacerlo hay que detener, interrumpir, el proceso general. Hanna Arendt (2003) se preguntaba por el sitio donde quedamos al ponernos a pensar y Manuel Delgado (2001), el antropólogo catalán, le respondería que no se está, que si podemos hallar un lugar será porque no podrá ser entendido como tal, y que si aceptamos dar un nombre debe ser uniéndolo a su negación, para no dejar tangibilidades, un no-lugar, a medio camino entre lo posible y la voluntad de representar el mundo. Es revelador darse cuenta y dar cuenta de esto, como lo hace el pensador-escritor Jacques Derrida cuando atribuye a la escritura una forma de habitar. En el habitar textual se dan rasgos de funcionalidad y de forma, de escala y proporción, de relaciones y viviencialidades, de cobijo y de condición de ser. Cuando Derrida (1997) piensa cuál es el tiempo de una tesis, se propone para sí una lectura no del tema, sino de un concreto instante de sí en el tema, que luego trasmuta en generalidad y pertenencia. Para poder decir, se tiene que tener 44
  • 45. ese tiempo de silencio, de distancia, de sentidos desconectados, de pérdida de los referentes que impulsaron la escritura. “En el silencio de la palabra”, nos sitúa Edmond Jabès (2000). No ser ni uno ni su resultado, ni su representación. Jonathan Culler (1978), para bucear en la textualidad, buscará en la transparencia de la escritura, para así contemplar directamente el pensamiento. Ni el cuerpo ni su sombra. Estar en el medio. Así surge un conato de conciencia como en un sueño, donde sólo hay unos instantes como para fijarlo y poder retenerlo. Pasados estos segundos, el mundo soñado desaparece y no podemos recordarlo. Y si finalmente somos capaces de hacerlo, se indiferencia lo real y lo soñado. Se consigue una expansividad en la vivencia. Vivir en el texto significa también apetencias e inconsciencias, o nuevos intereses, o encontrarse con otros sentidos insospechados. El texto, inagotable, no se quiere referir a sí mismo, sino a los miles de sí mismos que en él se encuentran. Derrida, una vez que ya ha constituido el cuerpo de su tesis, se sale de ella, para poder contar(se)la en el momento de su presentación. Disgrega, deriva, distrae. La tesis ya no es ella, carece de entidad al constatar que toda investigación no se acaba, sólo se interrumpe y es esto lo que hay que tratar de contar. Existe en ese paréntesis continuo que es cualquier texto, múltiples dimensiones que organizamos recurrentemente desde el lenguaje de diferentes maneras. Unas veces, cuando tienen magnitudes articulables entre sí, se muestran con signos alternativos: guiones, paréntesis, cursivas… Otras, menos conjugables, con notas al pie o al final. Otro paso posterior posible es la cita de elementos bibliográficos más distantes, o los comentarios ad marginem. Espacialmente cubren sólo una dimensión, o como máximo, dos. En alguna ocasión traté de indagar sobre sus posibilidades, de tal manera que la construcción del texto consistió más en leer en los márgenes que en el propio discurso principal. Cuando uno lee una anotación como derivación de una función principal, hay una interrupción de ésta que necesita un esfuerzo cuando la anotación se acaba y debemos volver al texto principal. En ese texto constantemente marginado, casi no había tema principal y sí una sobreabundancia de anotaciones. En cualquier caso, lo interesante de todos los textos, cualesquiera, es que siguen siendo paréntesis en su definición. Félix Duque (1987), argumenta que este signo es exclusivo de la escritura, aunque por los modos en que somos capaces de ver el presente, siempre relacionalmente, siempre yendo de un lado a otro, se diría que no pertenece únicamente a ella. Manteniendo el étimo que Duque propone –interposición, intercalación-, la manera disponible de comprender el mundo se realiza por la intensa disposición laminar que existe entre cada referente (o nodo). Su replegado o desplegado es lo que confiere forma a ese mundo: da la comprensión. La matización constante, como veremos más adelante para las Palabras Clave, da una “coextensividad” a los argumentos propios, directos y de expectativa proporcionados por los datos iniciales. Sin embargo, no sabremos con antelación en qué terminará. 45
  • 46. Apelando a la manera con que el desaparecido arquitecto Enric Miralles abordaba estas cuestiones, los campos mórficos interiores a cada línea proyectual surgirían espontáneamente, derivando tales líneas hacia situaciones poco controlables. Tal vez por ello, y al hablar de la forma como resultado, su dictum: “si tiene barba, San Antón, y si no, la Inmaculada Concepción”. Con lo que la forma no es lo buscado, sino lo inesperado del encuentro con ella en el momento de decidir que el proceso se detiene, se silencia para sentirse, para pensarse mientras piensa. Derrida apremia su texto iniciando con un paréntesis que consta de las siguientes preguntas: “¿Debería hablarse de una época de la tesis? ¿De una tesis que requeriría tiempo, mucho tiempo, o de una tesis a la que le habría pasado su tiempo...? En una palabra, ¿hay un tiempo de la tesis? E incluso, ¿debería hablarse de una edad de la tesis, o de una edad para la tesis?” Aquí, las dimensiones no son de morfologías afines a la escritura, al tema de la escritura. Se sitúan fuera de ella y se urden tensores de fijación para vencer la resistencia dimensional y temporal. Lévinas (2001), situado justamente entre la realidad y su sombra, propone para la obra de arte, toda obra de arte, una condición, la de ser una “estatura [aclararía: una dimensión] que realiza la paradoja de un instante que dura sin porvenir, sin descendencia, sin prole”. Sujetos a esta circunstancia, un hecho no es sino el retirado de su continuidad para así situarse en una instantaneidad exhalante de sentidos, dispuestos a desaparecer con premura para volver al proceso. Este requerimiento hermenéutico es el que proponemos como base de entendimiento de nuestros supuestos. La posibilidad permanente de abrir los enormes abismos que se sitúan entre los párrafos, colocando en ellos más y más argumentos que no deben obediencia a un sentido prefigurado. El contenido tético, entonces, sólo se refiere a toma de conciencias particularmente intensas en una momentaneidad indeterminada, con riesgo, pero sin saber a dónde se quiere llegar. Este movimiento continuo que es la no detención terminal, sino germinal, Tao, flujo, confluencia de fuerzas, es el estar en camino que Heidegger diferencia de seguir un camino, un método. El odos no es el methodos. Una acción no es la determinación del movimiento que la conduce. Se hace camino al caminar, que se dice el poeta. Por ello es maniobra y no método, y Derrida va de la mano de Heidegger en tanto que equipara el trabajo del pensamiento a manera, a maniobra, a manipulación, a procesos de cambio de entidad. La mano que maneja, que acciona, o Handlung (Derrida 1996), interfiere profundamente en los contenidos y en su aparición. No es una mano literal, sujeta su visibilidad a la introducción de nuevas percepciones y reglas de juego por parte de la tecnología, aunque su cariz de operatividad no sólo no se ve mermada sino centuplicada. David Rothenberg (1993), clarinetista y profesor de humanidades para el Instituto Tecnológico de Jersey, trata en su libro “Hand’s End” cómo la tecnología no da cambios tan sustanciales en cuanto a la mejora de los procesos, esto es, en la rapidez, la economía, o la posibilidad de hacer algo que antes no se podía, sino que donde se sitúa el aspecto más relevante del cambio es en las cuestiones consideradas laterales o adyacentes. Estas variables, que dejan de ser aledañas o 46
  • 47. resultantes, se tornan primordiales, como pensar que se puede concebir un mundo contra el transcurso de su tiempo, manipulándolo con una nueva herramienta, al modo en que un programa informático puede subsanar errores o lo que es más revelador, que puede deshacer, al ir hacia atrás en el tiempo los pasos que han configurado una figura anómala o un resultado inadecuado. Estas disposiciones, que en el caso de Rothenberg consistirían en que los sonidos de su clarinete ya no provinieran del movimiento de sus manos sino de una condición protésica a caballo entre el cuerpo y el instrumento, darían una potencionalidad, cuando no una dispersión completa de lo que hasta ahora ha sido constituido como la organización sonora o musical. Al dar clarificación a lo que provocó el error –no cerrar la tapa de la batidora- buscamos el botón de deshacer en el aparato para que así se vayan las manchas de nuestra ropa. Al escribir, la manualidad del que usa su mano sujeta a una pluma estilográfica desaparece cuando hoy la sustituimos por una máquina. Pero no desaparece por retracción o hipertrofia, sino por multiplicación. Ya son dos las manos que manejan, y nadie sabe cuántos –y cuántas manos, por tanto- están detrás de quien escribe verificando sintaxis y ortografía, organizando y dando forma al contenido, en un proceso que se vuelve inacabable. Si ya no hay tiempos de escritura, repaso, caligrafía, edición, publicación, sino que todos se hacen al unísono, y si todos podemos ir engarzando cada vez más relaciones con otros textos que se almacenan no lejos, o privilegiadamente cerca, sino que son disponibles, accesibles, ¿dónde está el instante de la detención, del silencio introspectivo? ¿Cuándo se ha de acabar, cuánto ha de durar el trabajo, cuál es el tiempo del trabajo, de la tesis? Cómo enfatizar lo contenido en el ingente telar, queriendo utilizarlo todo. La respuesta será dual. Por un lado, dando una definición, un contenido a la detención. La propuesta que hacemos accionando el presente será la introducción de la condición de interruptor. Por otro, proponer un trabajo en camino, en proceso, que permita la múltiple vinculación, coextensiva, cuyos despliegues pongan en forma los contenidos. Será una nueva noción, abandonando el estado de larvario rudimento tecnológico en tránsito hacia el ilimitado y recursivo rebuclaje de la hipertextualidad. 2. Interruptor. Acciones virtuales actualizadas Iniciar el despliegue del contenido de interruptor, manualmente maquinado por Derrida y urdido por nosotros, significa borrar la secuencia genética de lo que sucede en el texto. Liberados de la nostálgica lectura por todo lo que pudo ser y no fue, pero aferrados a las huellas que revelan como indicios un qué quiso ser, el moldeado del contenido no puede ser reconstruido desde la incorporación del software como articulador del texto, enfrentado a los procedimientos derivados del empleo de la máquina. El ordenador puede proceder para los arquitectos como delineante de infinita precisión y reproductibilidad, cosa que no es muy meritoria, o puede ser conceptualización proyectual, que trasciende la máquina. El arquitecto Josep 47
  • 48. Quetglas, investigando en los dibujos, no habría sido capaz de reconstituir, vivificar, el espíritu corbuseano por las declinaciones de su acervo. En este trabajo de rescate del interlineado en los bosquejos de las casas de Le Corbusier, el arquitecto-detective que es el profesor balear, desenrolla el código de genes que, convenientemente dispuestos, hubieran determinado –o quizá no- el proceder arquitectónico de años de modernidad venideros. A partir de unos bocetos desestimados por el arquitecto suizo-francés, Quetglas desenrolla cada una de las líneas superpuestas que enmiendan a otras, que son más que líneas, hélices de ADN y, de una parte, saca a la luz los objetivos no descritos como criterios de proyecto, nunca sabidos, nunca revelados. Pero, de otra, imagina los efectos que de haber tomado esa dirección hubiera provocado para los devenires arquitectónicos, tanto por los retrasos que esos nuevos juicios podrían haber supuesto o por las virtuales pérdidas por los avances no alcanzados. Este juego temporal, lleno de paradojas, es el juego del arte mismo, que viene a detenerse sin un claro, o motivado, o determinado compromiso. Son espectacularmente propositivos los papeles sucios de Joyce y particularmente de George Orwell. Tachaduras y enmiendas, renglones desechados y anotaciones de previsión de continuación nunca retomadas. Los distintos finales de los procesos de Kafka, la extracción del capítulo 22 de la “Naranja mecánica” en la edición norteamericana y en la película de Kubrick, las grabaciones para el cierre de Blade Runner: suma de contenidos que explicitan el mecanismo, el camino lo llamamos antes, del querer decir. Empezar por cualquier sitio, terminar porque hay que hacerlo. Se detiene, se interrumpe, aquí se deja. Su continuación vendrá desde otras instancias. Lo habitual es que se enganchen por presencia y no por su variedad combinatoria genética. Lo extraño es la operación de Quetglas, quien juega con el disco del tiempo como un deejai en una master session, pero que abre un paréntesis ajeno a la flecha lineal del tiempo, y desasido de los bordes, colma el hueco. El objeto arquitectónico de Le Corbusier deviene ahora objetil, expresión de Deleuze (Deleuze y Guattari, 2000) donde el objeto ya no proviene de un molde que trabaja con la unión foma-materia, “sino con una modulación temporal que implica tanto una puesta en variación continua de la materia como un desarrollo continuo de la forma”. En el poeta Paul Celan (Cuesta Abad 2001) está ese Unterhaltung, entretenimiento, que consiste en una parada divertida y divagatoria, que distrae e interrumpe, que en la interpretación de Cuesta Abad, “sin dejar pasar el presente, no deja que sobrevenga algo, otra cosa, una presencia. La obra de arte es una parálisis del instante, detiene el presente, lo entretiene fuera del devenir, lo mantiene sin porvenir”. Y si cabe, algo más. La obra de arte es ya sólo arte, sin obra, sin soporte, como lo es el texto, ya no depende del soporte papel, de la linealidad de la lectura, sino de la multidimensionalidad de los recorridos que van de un lugar a otro, siempre en movimiento. Y recordaría aquí la Derridabase como ulterior extensión figurativa para este ensayo, de lo que ya Benjamin quería para sí en sus Pasajes en 1939: "Nuestra investigación se propone mostrar cómo, a resultas de esta representación de la civilización en tanto que acumulación de cosas, las formas de vida nueva y las 48
  • 49. nuevas creaciones de base económica y técnica que debemos al pasado siglo entran en el universo de la fantasmagoría. Estas creaciones son objetos de 'iluminación' no sólo de manera teórica, por una transposición ideológica, sino sobre todo en inmediatez de la presencia sensible”. La presencia sensible de lo que trasmuta en el tránsito de un sistema a otro y que deforma la concepción de la realidad. Por ello no escribimos un texto, sino un metatexto, o texto de textos, una asociación de miles de otros textos con este texto detenido o cesura en textos, sin notas al pie o escolios, porque todo él es remitir, entre-tener o tener-entre, expectantes de su posibilidad de llegar a ser, Lassen, dejar ser, hacer sitio. Hacer sitio o espaciar, instantáneamente, para de nuevo volver a comenzar en el vértigo del abismo que nunca se llena. Para cuando la forma se forma, proviene de in-forma, de materia informada, de atribuciones y contaminaciones sin que sea el fragor o el estruendo de millones de presencias no asimilables, sino el puro silencio, el punto de la detención que posibilita el inter-cambio. Edmond Jabès (Jabès, 2000) evacua del libro del desierto al desierto de los libros –“una exploración de la nada a través de las palabras”- el atributo de la hipertextualidad: “Toda página de escritura es nudo desatado de silencio. El abismo es silencioso”. Se responde así a la pregunta de John Cage (2002): “¿Existe de verdad el silencio?”. Sí, en estas condiciones, las que están en Celán intercalado por Cuesta Abad: “cesura, la pura palabra, la interrupción contrarrítmica que hace frente, desde su culmen o Summum, al cambio precipitado de acciones, sentimientos y pensamientos, de manera que aparezca, no ya el cambio de una representación a otra, sino la representación misma”. Ésa es la investigación que se propone, dejar todo fuera, porque sólo así se consigue tener todo dentro y generar un entre, un In-Between, cuyo continuo despliegue y repliegue sea la forma. Derrida, en este orden de cosas, indica que él no se opone a la noción de interruptor, como podría pensarse al configurarse un opuesto entre sentidos en esta palabra. Por un lado, al decir del filósofo español Mariano Peñalver (1998), la proposición “entre” dibuja una contigüidad que no se pretende entre proposiciones. Éstas sólo son indicativas de la posibilidad de la forma y sólo aparece –porque desaparece- en los intersticios de la textualidad. Pero también, “entre” genera un vacío o silencio, o una negación, de las posturas que se enlazan en el texto. Por ello interesa a Derrida, por ser esta variabilidad de condición indeterminada lo que configura el “germen de toda forma”. El neologismo In-Between, que hay que ligar inequívocamente al arquitecto norteamericano Peter Eisenman, constituye un amplio espectro de posibilidades para la acción proyectual arquitectónica, pero también, como pasa siempre con alguien se entromete en el trabajo de Eisenman, es fecundo para poder resolver las cuestiones de actitud frente a los problemas que se puedan plantear en el camino hacia el encuentro del presente. Su comportamiento, como una función logarítmica, trata de colmar intervalos. Y esto, si se mantiene la atención férrea y resignadamente en algunos libros de la pensadora social, mística y activista política Simone Weil, se puede encontrar esta aportación de inter-mediación, que 49
  • 50. ella compara con el hacer de Platón para con el Alma del Mundo, siempre con mediaciones, que resultan ser geométricas, y no aritméticas y armónicas. La relación del In-Between de Eisenman con la matemática, proviene de lo borroso. La “Blurring architecture” desdice toda referencia encaminada hacia un objetivo previsible, para dejar emerger las condiciones, las estructuras profundas de la génesis, de la morfogénesis, en el caminar escalonado, mejor escalante, que se trata en la ambientación-obra del edificio para arte, diseño, arquitectura y urbanismo en Cincinnati. Mandelbrot, a propósito de geometrías topológicas, dictamina en su libro sobre fractales la diferencia entre las figuras geométricas escalonadas y las escalantes. Dentro la geometría fractal, el matemático de la IBM introduce en su glosario una diferenciación entre ambas. Previamente a ello conviene decir que las fractales son geometrías utilizadas para describir estructuras irregulares, caracterizadas por autosimilitud, en una serie inacabable de mociones, dentro de otros motivos, que se repiten en todas las escalas de longitud. Fractal, que es un término inventado por Mandelbrot (1975) para su geometría que busca un modo descriptivo acorde con el modo generativo más común en la naturaleza, proviene del latín fractus y significa “interrumpido o irregular”. Así pues, las estructuras profundas de la génesis, movidas por la matemática borrosa, y recreadas por la matemática fractal constatan los inmensos espacios intermedios entre las proposiciones de mayor visibilidad y presencia. Por ello, tanto el comportamiento textual de la escuela de Diseño, arte, y arquitectura, DAAP, de Cincinnati, como la textualidad misma, la hipertextualidad, se presenta de manera escalante, es decir, que sus partes tienen la misma forma o estructura que el todo, pero con la particularidad de estar a diferente escala y pueden estar ligeramente deformadas. Un interlineado se debe a la estructura de pertenencia de las frases, pero su dimensionalidad propia, cuando es desplegada, alcanza una direccionalidad autónoma, sin rumbo fijo. La diferencia con el escalonado es que el texto se despliega linealmente, como sucede cuando abrimos notas al pie o citamos. Mandelbrot dirá que el escalonado se recepciona por el entendimiento de que la estructura está dominada por un número muy pequeño de escalas intrínsecas muy diferenciadas. Lo fractal pone en juego dimensionalidades desde la aproximación a la observancia del grado entrópico de las cosas, como su actual forma de ser y no como su anomalía de ser. Lo que se nos presenta, después de lo dicho, es un interés especialmente atento a poder encontrar en lo no principal, en los intervalos, en los intermedios, en las detenciones, las interrupciones, en lo otro, en el “entre” en definitiva, tanto una mayor capacidad de comprensión de los problemas estudiados como una actitud proyectual de enorme relevancia. No sólo se vislumbra y ejemplifica en el DAAP de Eisenman, que se comporta como un tránsito entre fases de la materia, como un cristal líquido, sino que desde otras miradas, que antes se llamaban disciplinas, también se constata este posicionamiento. Y la matemática da las vías de aproximación. Si lo borroso o difuso trabaja en el ilimitado intervalo existente entre el cero y el uno, que equivale a decir que está entre las infinitas posiciones que existen entre lo verdadero y lo falso, y con ello se arbola una matriz relacional 50
  • 51. compleja en el proceso de elaboración del edificio de Cincinnati, el matemático Zalamea (2004) introduce otras líneas, que particularmente a él, como profesor de lógica matemática, les son de mayor provecho. Sus razones son pertinentes porque lo borroso no ha dado lugar aún a nuevos cálculos lógicos, lo cual no quiere decir que nosotros no podamos destacar su valor referencial por sus constantes aplicaciones tecnológicas o conceptuales para la puesta en funcionamiento de nuestro mundo presente. Sin embargo, merece detención, interrumpirse en esta cuestión, para acercarse a otras lógicas contemporáneas que han indagado con intensidad lo fronterizo y lo intermedio con la topología como pegamiento y “transferencia de categorías y representatibilidad de un sistema a otro”. Éstas serían lógicas como la intuicionista, lógica de los haces, lógica categórica, interesadas todas ellas en modelizaciones que incluyen clases de espacios topológicos para trazar fragmentos genéricos del continuo. No entraremos en ellas, puesto que entraremos en la obra de Peter Eisenman apenas con algunas de estas especificidades muy ligadas a empresas que no se entrometerán en ningún caso en atribuciones y dominios que no nos son propios. Lo que sí quisiéramos es deambular pacíficamente por la “segunda alianza” que Prigogine (2001) alienta, no sin durísimos ataques de sus colegas, donde dialogan las humanidades y los saberes fisico-matemáticos. In-Between, lógica intersticial, como el estar-en-el-medio al decir del filósofo alemán Peter Sloterdijk, donde capas múltiples y superimposiciones se usan para amoldar el espacio, propone en arquitectura, además, otras posibilidades. Para Eisenman, el arquitecto ha dejado de ser la mano y la herramienta, cuyos aires de caducidad para demiurgos empujaban a Rothenberg. La arquitectura arraigada en su condición tectónica, se hace sitio por resistencias a la apertura hacia otras condiciones. Hacer sitio, que viene de sitiar, encerrar, generar un lugar, es una de las normatividades de la arquitectura. Junto al lugar, el topos, estarían la forma, la función, el material, el tiempo, etc. Claro que, estos son argumentos lineales, son líneas en sí. Si ahondamos en sus entrelíneas y las desplegamos, el lugar tiene precisamente un lugar en su encuentro con otras dimensiones de lugar. Luis Castro Nogueira (1997) sitúa al topos alrededor de un no lugar, lo atópico. Sin embargo, será en otro lugar, en lo que queda fuera de él, en el puro silencio de su ser, en su cesura, donde encontramos su posibilidad de desarrollo, de despliegues y repliegues. Fuera de sí, out topos, no lugar asimismo, o más allá: utopía, que no son las viejas utopías modernas, tendentes a recapitular las figuraciones lineales o de lugar como condición propia e inequívoca. Tampoco queremos arrogarnos la afirmación de Augé (2004), aunque la compartimos y demandamos aquí, donde no lugar es lo contrario de la utopía: existe y no postula ninguna sociedad orgánica. Utopía, registrada su genealogía por los semiólogos, tiene que ver con nuestras especulaciones sobre la multidimensionalidad en el interlineado en tanto que se dispone para su aparición un recurso propio, lo descriptivo, que como indica la semióloga Porras Medrano (1998), tiene “una explotación paradigmática: el desarrollo lineal de la acción está destinado a posibilitar el despliegue de una situación ejemplar que la configura siempre como práctica diegética”. Una práctica diegética, esto es, una fuente interna a la propia representación, o dicho del revés, 51
  • 52. que no se trata de voz en off adosada a la representación principal, que exige una escritura logarítmica, que se dirija hacia lo local, hacia el detalle, hacia el espacio menudo que existe, contra la preponderancia de la totalidad, en la detección y el éxtasis de segundas lecturas de coordenadas espaciales, que es lo que da sentido y contenido a lo textual. Utopía no debe recabar para sí en este instante una filiación ideológica, cuyas expresividades no son de ninguna manera síntomas evidentes del comportamiento de nuestro presente, pero a tenor de la gran cantidad de afirmaciones concernientes a este concepto y por la posibilidad de dar un entendimiento a los valores que son relativos a nuestras preocupaciones, queremos que se alcance con él el estadio donde la espacialidad ejerce como significante en la escritura. Las tensiones registrables entre lo uno y lo otro, el topos y el out topos, no dan a resultas la supeditación de la nueva figuración inducida, sino que ambos deben salirse de sí y provocar un encuentro dialógico que, de nuevo por Deleuze, se establezca una “diferencia de potencial que produzca un tercero o algo nuevo”. Tratar de hacer una sustitución en vez de un enfrentamiento de potencialidades no nos daría cambio alguno. Sigue Deleuze (Deleuze y Guattari 2000) diciendo que el entre implica “la impotencia para pensar el todo como para pensarse a sí mismo, pensamiento siempre petrificado, dislocado, derrumbado". A partir de ello, ya no más identidades como unidades, sino tolerancias por mezcolanza o mestizaje. Mixturas, entretejidas que llegan a conocerse por la interposición de soportes que permiten la transducción entre sistemas diferenciados. Quizá fuera mejor al revés, que cada lector introduzca sus lugares para, en el silencio del vacío en el que detenerse y caer en la cuenta de su propia presencia, desplegar las dimensiones que antes eran insondables y continuar, continuar de nuevo. Pero cuidado, Derrida nos alerta; el entre no es un juego eminentemente sintáctico. Superándolo, el entre, como hemos visto a propósito del tránsito de Peñalver de la escucha hermenéutica hacia la escritura desconstructiva, hacer presente su vacío semántico es, por contra, significante. Significante en cuanto a “espaciamiento y a la articulación, tiene por sentido la posibilidad de la sintaxis y ordena el juego del sentido. No es tendente a posicionarse al lado de lo sintáctico ni al de lo semántico, sino que “señala la abertura articulada de esa oposición”. Ni lugar, ni no lugar, sino del uno al otro y viceversa. Maurice Blanchot (López Gil y Bonvecchi, 2004), dando cuenta del desdibujamiento del borde fronterizo, coloca en lógica borrosa a los límites, a los extremos disociados y crecidos: “los límites se borran en esta distinción maloliente del adentro y del afuera donde no hay más espacio respirable. Contra esa amenaza de sofocación, el único recurso es el vínculo y, sobre todo, el lenguaje. Contra el miedo de morir de sofocación, intercambiar palabras”. “Between the Lines” es el título dado por el arquitecto Daniel Libeskind a la memoria que acompaña al proyecto ganador del concurso para el Museo Judío de Berlín. Para la adosada linealidad de la textualidad con que el tiempo engarza la 52
  • 53. historia efectual, “entre líneas” no es para el inmenso vacío de los ausentes que se invocan en este proyecto un juego de llamadas significantes metaforizadas, sino literales, nuca mejor dicho, puesto que, y esto es literalmente transcrito de Libeskind, “la sola idea de texto o la sola idea de destino tiene que ver con el entretejido de las líneas”. Despliego de nuevo a Blanchot: intercambiar palabras, intercambiar transarquitectónicamente, forma en trans-forma, exterioridad de lo íntimo. Detenciones o interrupciones del reconocimiento del ser en el mundo, como diría Heidegger, para dar paso a estar “entre las cosas”. Intercambiando e indiferenciando sueño y vigilia, el sujeto está entre los objetos. Y Lévinas interfiere en la condición del sujeto, retirando su presencia por el mero “espesor de ser” y exigiendo, “un aquí, un algún sitio y conservando su libertad”. Este sitio, este lugar, esta interrupción contrarrítmica, la pura palabra como potencialidad, la cesura celaniana, el pliegue como escisión que recoge de Baltrusaitis el propio Deleuze, es el (ou) topos descrito ya por mí y ahora por Cuesta Abad en Celan: “El desenvolvimiento escalonado de palabras y versos, la diferente dimensión e intensidad tonal de la tipografía, la alternancia interlineal de frases espaciadas por intervalos de mayor o menor duración repliegan la superficie del poema de tal modo que la sucesividad del lenguaje se convierte en la escansión rítmica de instantes simultáneos sedimentados en distintos niveles del espacio. U-tópica o a- tópica por excelencia, la escritura del poema sólo delimita el espacio de un futuro anterior donde no habrá tenido lugar más que el lugar, el poema como el lugar donde nada tiene lugar”. Imagino la pálida cara de Eisenman, que no se la sentiría, como en una burbuja, como en una cámara anecoica, desconectados los sentidos, conteniendo el aire, en el momento de ver la carabina humeante de Dennis Oppenheim en manos de Gordon Matta-Clark. Su acción, por muchos relatada (Corbeira, 2000), no interesando ahora en exceso ni la reacción desmedida de Eisenman al comparar la despiadada destrucción de las ventanas del Instituto de Arquitectura y Estudios Urbanos de Nueva York con la noche de los cristales rotos del Berlín nacionalsocialista, ni los maledicentes cotilleos sobre el supuesto estado ebrio del artista en el momento de la celebrada intervención artística, puso en evidencia la necesidad de entablar una relación, un estado intermedio entre el exterior y el interior. Alguna definición con enjundia establece que lo que alumbra a lo diferente que es lo exterior de lo interior es justamente lo que constituye la oportunidad de la arquitectura. Arquitectura es lo que se sitúa entre lo interior y lo exterior. Llevado a nuestra historia, no sólo en la linealidad e inmediatez de la destrucción de las fronteras entre lo interior artificial de la institución que sirve a la proyectación de la exterioridad desplegada de la ciudad, ni de contaminar los uterinos muros introspectivos de la academia, sino que, como indica Peter Fend (Corbeira, 2000), se trata de generar un espacio entre-puertas (Between-Doors). Las ventanas fueron revestidas después de destruidas con fotocopias de ventanas de barrios marginales, también rotas, para equiparar y aproximar esos espacios escolares que iban a tratar de discutir sobre la condición de los vecindarios desamparados. 53
  • 54. Entroncados con las psicogeografías situacionistas, Matta-Clark presta especial atención a los espacios que llama de “interrupción” o de “movimiento” cotidianos y así, el vídeo como expresión efectiva en Matta-Clark atestigua la prescripción de las condiciones del espacio para someterlo a la compresión suficiente como para desbaratar la diferencia entre interior y exterior y dejar fluir una nueva dimensión: el “In-Between space”, nominalidad dada por el propio artista que queda recogida en el escrito de Corinne Diserens. Como la cara de Eisenman, lívida, Michel Serres señala en su atlas un lugar out, desencajado, out of joints. Coloca, y éste es el nombre de su capítulo, un espacio en blanco entre lo cercano y lo lejano. Para la aguda mirada de Serres, incisiva siempre, brotando por la hendidura resultante los tuétanos del mundo, la preposición “entre” se coloca en un extraño paréntesis –él lo llama esclusa- sobre el que giran las diferencias del mundo. El vórtice de giro es un instante donde un nadador avezado encuentra que la distancia que le falta para llegar a la otra orilla es la que mide su decisión, su voluntad, ya que fluctúa en la ancha franja en la que no se percibe con garantías el estar a tiempo de volverse o ser mejor continuar, ya que ese costado se encuentra más cercano. Ese centro indiferenciado, que comparte de ambas orillas, es donde se vierten los colores de cada uno por separado, y allí se mezcla y genera una materia blanquecina, transparencia pálida que corresponde con el color blanco: todos los colores están ahí pero su presencia lo hace invisible. Es el entre de las interferencias el que traza en red el hálito del espacio. Las rastas del espacio, citadas por Libeskind (2000) en sus escritos, que tienen la misma acepción de malla o tejido si las descubrimos desde las culturas sánscritas, es una fuerza que emana de un campo generado mediante líneas paralelas – nueve- entre las que se genera una suerte de núcleo de fuerza blanca o vacía. Estas tensiones, que ya hemos advertido y descrito en, por ejemplo, las urdimbres con las que espacializamos nuestro conocimiento, pero en más nodos diseminados por estas líneas, tienen la caracterización matemática de la topología, en equivalencia al empleo de las preposiciones en el lenguaje. Serres (1994) construye una serie de paridades entre ambas dimensiones espaciales que no tienen medida ni correspondencia exacta pero que promueven relaciones: lo cerrado (dentro), lo abierto (fuera), los intervalos (entre), la orientación y dirección (hacia, delante, detrás), y así sucesivamente. Sloterdijk30 precisamente así compromete filosóficamente a sus Esferas, dando preponderancia pre-posicional a aquellas categorías tradicionalmente relegadas a planos secundarios que han sido sin ir más lejos, “la relación, la conexión, la fluctuación en un dentro-de-algo y en un con-algo, el estar-contenido en un entre, y tratar las llamadas sustancias e individuos nada más que como momentos o polos de una historia de la fluctuación”. Sloterdijk rehabilita la relación contra la sustancia, lo accidental frente a lo esencial, la situación frente a los componentes, es decir, ya no extremo singular, sino partir de un “entre autónomo” en el camino que despeja Deleuze en el enfrentamiento de paridades, “no un pliegue en dos, 30 SLOTERDIJK, P. Trilogía “Esferas”. Siruela. 2003 (1998), 2004 (1999), 2006 (2004). Madrid. 54
  • 55. sino un pliegue de dos, un entre-dos, en el sentido en que es la diferencia que se diferencia”. No obstante, de la búsqueda de respuesta a la pregunta de Derrida nos quedaba otra noción por intensificar: la de hipertexto. Se arropa bien aquí el argumento de la multidimensionalidad de los despliegues y repliegues en lo inter-no que es un texto. No es que sea una negación sino claramente un espacio interior, un intermedio, que, eso sí, deniega los extremos, los bordes, los puntos fijos. Siendo una palabra reciente, no llega al medio siglo, ya se utiliza como hábito proveniente de los largos e intensos roces con el “screen way of life” que se ha establecido por derecho en todos los aspectos de la vida. Cuando hemos retirado de la obra de arte su soporte, para hacer emerger su textualidad, se podría haber continuado empujado por los aportes de energía que Roland Barthes (2004) aplica a su trabajo. En Barthes, la obra tiene materialidad, es asida por la mano. Sin embargo, el texto es un “campo metodológico” en movimiento continuado y paradójico en el interior del lenguaje, donde el significado no se encuentra, sino que está en permanente moción de aparecer. Su eterna búsqueda es el contenido de su ser, no atrae polisemias, sino una pluralidad del sentido, por lo que esa diversidad de sentido es más apropiadamente una diseminación que una ambigüedad. En concreto y en relación con las figuraciones espaciales que hemos propuesto en otros apartados, para Barthes, el texto es un tejido compuesto, entretejido por referencias, ecos, citas y demás manifestaciones culturales, siendo éstas tan sólo un marco de posibilidades en la vida cotidiana “que los individuos utilizan desde perspectivas concretas, de acuerdo a sus idiosincrasias” en palabras del catedrático en filosofía Jaime de Salas (2004). Como cambio epistemológico, el leer no es subsecuente del escribir, o meramente dos estados diferenciales. Compromete al lector el ejercicio de su propia construcción en el texto, dentro de su cultura. El Barthes que citamos es el que se aleja de la Hermenéutica -y por ello de nosotros-, pero ser capaces de decir lo que es el hipertexto es ser parte implicada en la lectura de sus libros, sobre todo los que indiferencian la S de la Z, que es indiferenciar extrañamente estructuralismo de post-estructuralismo, como sorprende a Culler cuando siega el bosque de Derrida para hacerse un calvero. Es ahí, en su libro declaratorio “S/Z” donde el pensamiento-escritura de Barthes establece la conexión más fuerte con lo que todos conocemos por hipertexto: texto que se compone de elementos referenciales incluidos (texto, imágenes, tablas, sonido, videos…) relacionados intermodalmente, abiertos, inacabados, e iterativos sin término. Barthes se empecina en explorar las diferencias encontradas en todo texto en pugna consigo mismo, con su textualidad, superando los códigos en los que a la postre de basa. El texto no es ya un producto acabado, ni una manifestación de algo que lo trasciende, a lo que se refiere. Psicológicamente, los textos vistos por los estructuralistas se comportaban como juegos para permitir descubrir y operar con las formas del discurso literario que se ríen de sí mismas, que se contradicen 55
  • 56. entre sí. La hipertextualidad no es un recurso de mera conectividad entre distintos textos, ni por sus nuevas relaciones digitales y masivas, sino que modifica a quien se ve afecto en las redes. Es una deconstrucción intertextual (un producto resultado del cruce de varios discursos culturales) que confirma las conexiones más pertinente y enriquecedoramente. Theodor Nelson31 es quien explicita y difunde un campo de significado para hipertexto, queriendo precisar que se trata de una escritura “no secuencial, a un texto que bifurca, que permite que el lector elija y que se lea mejor en una pantalla interactiva. De acuerdo con la noción popular, se trata de una serie de bloques de texto conectados entre sí por nexos, que forman diferentes itinerarios para el usuario". Hay antecedentes a esta afirmación, no por ello menos elocuente, pero que de alguna manera pone en comprensión un proceder anticipado, pero también prolijamente elaborado desde principios del XX. Así, el neologismo “Memex” es una palabra inventada por Vannevar Bush en los años 30 que trataba de encontrar mecanismos de asociación informacional que se asemejaran a los procederes del cerebro humano. Desde el Memex, se ensartarían diferentes tipos y modos de llegar a la información, atravesando el campo del conocimiento del mundo con una labor acorde con él. Serres recuerda que un campo labrado se dice en latín “pagus”, que es para nosotros y desde ahí, página. Y proviene de ahí puesto que en el ordenamiento territorial, los deslindes se hacen por yuxtaposición de páginas o pagus. En el recorrido por esos campos, al pasar de una página a un infinito de ellas, el deslinde no es yuxtaposición sino multidimensionalidad: hipertexto. Serres insiste en que entonces, ese texto excedido por el prefijo hiper es un tejido “provisto de cien mil pseudópodos posibles movedizos, recortados, en tiempo real, sobre un patrón más amplio, y lanzado en el tiempo de los posibles”. Y Jabès ensalza la capacidad de toda página de escritura al figurarla en nudo desatado de silencio, en lapsus donde los tiempos no corren sino que están, o como ya dijimos, abismados: “el abismo es silencioso”. Cuando el matemático alemán Richard Dedekind, conocido por sus trabajos sobre estudios de la Continuidad y sobre los números reales en lo que se conoce como “cortes de Dedekind”, escribió a Cantor a cuenta de los imaginarios que podrían revelar sus infinitos, creyó que la mejor figura que lo relataría estaría dispuesta en sacos, sacos interminables, sacas que podrían estar siempre siendo llenadas. Parece adecuada esa figuración, por lo que sirve a nuestros supuestos, donde lo ingente de lo que hay por hacer dentro de un intervalo y lo que él te devuelve como argumentación y aproximación a las claves del presente al tratarlo. Sin embargo, aún es más ilustrativa la respuesta de Cantor, según cuenta Castoriadis (1999). Para Cantor, lo profundo, lo ilimitado y la apertura que obtendríamos al comprender qué es un diminuto pellizco numérico- espacial, semeja más psicológica y recurrentemente a un abismo, ocultas sus anchuras, desconcertantes sus misterios. Aparece ahora refulgente un aspecto que quedaba enterrado entre los alcores de las emergencias que hemos descrito y tramado. El tiempo, percolado, como adjetivación inducida par Serres que expresa 31Nelson fundó el proyecto Xanadu en 1960, que consistía básicamente en concebir un documento global y único “docuverse”, que cubra todo lo escrito en el mundo, mediante una gran cantidad de ordenadores interconectados, que contenga todo el conocimiento existente o, mejor dicho, información en forma de hipertexto. 56
  • 57. apego a sus circunstancias, como el tiempo paradójico en Barthes, tiene afianzamientos que en el texto de Serres se ponen en evidencia. En todo caso, hemos estado todo el rato siendo entre, situados en los intercambios que se iniciaron con la pregunta de Derrida y que se hilaron con Deleuze y el propio Serres. Justo es terminar ahora con Derrida, volviendo a él para cercar la deformación que se produce en la dimensión temporal. Coligando hipertexto con el tiempo, Derrida (1989), en sus “Márgenes de la filosofía”, establece el matiz por el que esta textualidad hiperexcitada es un procedimiento de escritura del tiempo: arquiescritura. La relación arqueológica como escritura no es un empleo de los términos del tiempo como historia de las acumulaciones objetuales de los hallazgos rescatados. Existe una tendencia a confundir o a menospreciar la capacidad de este término que incluso ha hecho que críticos tan perspicaces como Ignasi Solá- Morales (Lazo, 2001) se hayan detenido a explicarlo. Tan pertinente para nuestras suposiciones es esta fundamentación que, compartiendo lo dicho por el desaparecido arquitecto, puede observarse su necesidad antes que su parangón. Arqueología no infiere enclaustramiento en las presencias de lo real, sino que nos encontramos antes un “sistema entrecruzado de lenguajes”, que evidencia la necesidad de clarificación con la interposición de acciones desconstructivas, de interpretación de los procesos de yuxtaposición y comprensión de los procesos. Arqueología procede del estructuralismo francés en sus étimos mencionados sobre todo desde Foucault y luego desde Derrida para servirnos de luz que haga aparecer la legibilidad superpuesta de una realidad que ha perdido su propia materialidad y dentro de la cual el arte recorre incansablemente las capas que la constituyen. Asimismo, y esta es la intencionalidad más notoriamente perseguida por nosotros, aduce a la consideración particular del tiempo; del tiempo pluriforme por yuxtaposición. Derrida dirá que el hipertexto posibilita que un único hilo, o si acaso algunos hilos conductores, se congreguen en un tejido de interrelaciones donde la intensidad de una conexión nace de la intercalación de muchas hebras en múltiples sinapsis entre los temas, que difiere de ser un solo filamento atravesando muchos temas. La arquiescritura es diseminación de la comunicación y su metonimia, como revela Haraway, es el link, pluralidad extensiva y extensible que da indicios para aseverar un recurrente tránsito de lo que consideramos real hacia lo virtual. Tiempo “out of joint” fuera de quicio, de sus goznes, ya no cardinal sino ordinal, orden del tiempo vacío y en silencio. Tanto Deleuze como Derrida utilizan esta expresión de desencaje generalizado, de fantasmagoría benjaminiana. Leibniz lo adelantó y sustituyendo la monadología por hipertextualidad, cada mónada contendría la totalidad del mundo, un tercer infinito, puesto que su realidad es tan sólo su desaparición en los múltiples linkages y rebuclajes. Tiempos y espacios descoyuntados, cuyas inter-ferencias simultáneas de distinto rango, orden y dimensión, que encaminan toda figuración del mundo hacia lo virtual. Estar entre ambas realidades (no puede sino real ya lo virtual) constituye la evidencia de que ni siquiera la arquitectura, necesitada de fisicidad, de 57
  • 58. materialidad, de tectonicidad, puede colocarse al margen o meramente virtualizarse por mecanismos electrónicos. Los trabajos como los de Eisenman, Karl Chu, Greg Lynn, Reiser+Umemoto, Marcos Novak, Diller+Scofidio y Assymptote, entre otros, introducen en la cultura su parte de responsabilidad que dibuja el campo de reconocimientos convergiendo junto a otros procederes desde distintas ópticas. Todos estos planteamientos se agrupan mediáticamente bajo el epígrafe de Hiperarquitectura, en esa obsesión posmoderna que es el patológico empleo de prefijos que inducen a ir más allá de lo imaginado o de lo meramente permitido por la acepción a la que acompaña. Hyper, Súper, Mega, Giga, Tera… son expresiones que darían juego al diagnóstico psicológico de nuestro tiempo, y que no son sino el momento del trayecto en que se encuentran las filias de lo moderno como sería acorde con este argumento envolverse con el término “Pantometrías” o el paroxismo de querer medirlo todo. Así, a hiperarquitectura corresponderá una no menor compañera, la superación del hipertexto por hipermedia, como se constata después de darse un paseo por Internet o leer a Virilio, quien marca la pauta de afirmaciones sintomáticas en el presente. De él, destaco el rescate y pertinencia comparativa al entresacar del lugar sitiado por la ciencia como cultura, no como aplicación, enfrentada al cine en relación al contenido del tiempo. Paul Virilio (1988) hace coincidir los instantes perdidos en todo proceso que acaba siendo acontecimiento, con el trabajo del cineasta Mèliés. Si hace unos años, pocos, aparecía en un documental del National Geographic imágenes en directo de la formación de una oreja de un feto alojado en el vientre de su madre, esos instantes no observables, o si podemos ya dar cuenta del momento en que esa manzana del árbol ha caído, cuando siempre nos la encontrábamos en el suelo (a esto, insistir que con los programas televisivos de exhibición de vídeos domésticos, donde dado un hombre, dada una cámara, no hace falta irse más lejos, y seguiríamos estando dentro de lo definido como hipermedia), Virilio hará coincidir con el trabajo de Mèliés su fundamento operacional, mostrando de la realidad lo que “reacciona constantemente entre las ausencias de la realidad que ha pasado. Es el Entre-dos de las ausencias lo que hace visible esas formas que él califica como imposibles, sobrenaturales, maravillosas". La anamorfosis, transformación, re-generación, es el descriptor de toda acción en el presente. Pero para que pueda existir cambio, es necesario que haya un estado sobre el que transgredir. Sin que pueda proponerse una estabilidad formal, lo que nos queda será el movimiento, cuya sucesión de instantaneidades provee formas interrumpidas sobre las que desplegar la constelación de posibles mundos interiores que allí germinan. “Si el hombre no cerrara de vez en cuando los ojos soberanamente, no habría nada que mereciese contemplarse”: Sloterdijk nos acerca una luz para ver a René Char con más intensidad y por más tiempo los “declinares del mundo intermedio”. 58
  • 59. 3. Encontrarse en la virtualidad, colocando balizas o palabras-clave Como condición de la cultura, el aparecer de términos que, como balizas, se refieren más a la necesidad de ser localizado y no tanto a destacar de qué se habla, alerta de una panoplia de atenciones que hay que cubrir, así como de un síntoma de esa cultura. Ese síntoma no parece ser muy positivo, por la pérdida de la noción de complejidad que hemos de acoger como fundamento. Por ello, en esta parte del texto se establece la conveniencia por la que tener en cuenta las llamadas, por parte de los medios de comunicación, “Palabras-Clave”. La condición cultural que no se ve potenciada por su aparición a la que nos referimos es la del consumo que regulan estos vocablos. Sólo es de interés aquel grupo de términos que entran en relación con las incumbencias que puedan tener en común con otras investigaciones que se quieren acordes entre sí. Por ello, se trata de un contexto de pertenencia y exclusión, en contra del trenzado en red que salta disciplinas. No obstante, buscar la hebra que conduzca a la urdimbre más sensible y que a su vez construya el tejido que habrá de ser el tamiz de la comprensión y la comunicación, demanda en la explosión de contenidos que se nos ofrece, una cierta organización. Es lo que finalmente consigue articular intercambios primarios de palabras, una organización como estructura, que ahorre el esfuerzo de lecturas interminables. Pero sería muy pobre dar tal argumento. Se ha de complementar con otros. Se trata dar cuenta de este pragmatismo, de corte anglosajón, que, aprendiendo de él, promulgue un aserto y dé coherencia a la hipótesis tética y a su desarrollo. En la extracción de contenidos para refundar exteriormente a la posición pragmática de las palabras clave, que es reductiva, operativa, carente de matices, encontramos que esta manera de actuar y de entender el comportamiento de las palabras en los ámbitos en que se han de incardinar no es sólo un deseo de particularizar privadamente los significados, aunque esto sea un caso registrable. Esta operación de sustracción y realimentación semántica de las palabras, como lenguajes de dominio conducentes a simular una posición nodal de alta frecuencia, no es la que pretendemos para dar cabida a estas palabras clave. La que nos interesa tiene que ver con el reconocimiento de los haces de fibras diferenciales en la urdimbre estudiada. Estos haces no forman figuras simples de contenidos, ni pertenecen a un único signo. Las palabras no son suficientes para dar satisfacción a los imaginarios de definición posibles y necesarios. El físico Wagensberg (2004) indica que un idioma moderno dispone de unas 85.000 palabras, de las que las de uso cotidiano, a pesar de ser de una riqueza ingente y que, por cierto, están en franca rebaja en la cultura, no son capaces de dar cuenta de la inmensa cantidad de cosas que hay que definir, que usar, que manejar. Y es importante por cuanto esas cosas de la cultura están en una parte, que casi domina su conjunto, que es la material. La cultura material es la que más hemos desarrollado en las últimas décadas y la variedad de usos que podemos hacer con sus objetos globalizados 59
  • 60. nos pide saber concretamente a qué nos referimos cuando queremos decir algo con ellos. Ciertamente, hablar de cultura material y no decir nada más peca de soberbia o de impudicia, según se mire. Contradictoriamente, lo que puede decirse en el presente es que no hay materia, al menos como hasta ahora la hemos concebido. Félix Duque, en su libro “La Estrella Errante” (1997), en clara separación de Focillon (1934) y más atrás, de J.B. Erhard (1795) alude en la constatación de lo que el mundo es una intención de principio formal a éste y por tanto pura materialidad. Sin embargo, se disuelve en lenguaje, con todas las inconveniencias que ello conlleva, y a pesar del materialismo del mundo. Y serán los entornos los que den las perspectivas necesarias para su entendimiento, aunque no haya concreción. Estos entornos, que generan alodoxias en el sentido de Bourdieu, serán los denominadores de estas palabras-clave. Así pues, si como pragmática simplificativa y determinista no nos servían esas palabras, debemos arrimar hacia una ambientación productiva su acepción. En el mejor de los casos, encontramos que quien puede dar mejor respuesta genérica y sin metaforizaciones, ni como atalayas inexpugnables, aunque sin nada que defender tras ellas, es el lenguaje matemático. Desde su abstracción, pero también desde su sensible constitución, que se compagina acorde con los cambios del tiempo de su aparecer, la matemática ha sabido conjugar con prestancia e incluso operatividad tecnológica lo que otros lenguajes no han podido. Para ello, ha compartido y transgredido fronteras, asumiendo la “precisión subjetiva” que la semiótica aporta en sus formulaciones. Como ejemplo, y aún no siendo del agrado del matemático Zalamea (Zalamea, 2004) la ya referida “Fuzzy Logic” o Matemática Difusa, que explicita desde el funcionamiento de los componentes informáticos de una lavadora, sujetos a la personal apreciación del grado de suciedad y de combinación cromática y material de una prenda, hasta complejas reglas de macromercado bursátiles. Las palabras clave aquí incluidas no serán en puridad desarrollos matemáticos sino mate-matizaciones. Referentes lingüísticos subjetivos en cadenas lógicas con un fin “indeterminado”. Para algunos, la matemática debería ser tratada como una urdimbre, sobre la que depositar las tramas. Pero las matemáticas, y estoy leyendo al Lizcano (Lizcano, 2002) que lee a Wittgenstein, “no hablan de la realidad sino de sí mismas, por lo que no están contaminadas por lo real ni, por tanto, por intereses sociales o políticos”. Para nuestro estudio, lo que muestran las nuevas matemáticas –con un siglo, aún siguen siendo nuevas- es que su aparecer es un ariete cuya metodología es en sí misma sintomatología de la comprensión de las cosas del presente. Michel Serres deja claro que las matemáticas ya no son un soporte por sí, ni sirven de guía, sino que construyen un diccionario. El término "método" de toda organización estructural retorna a su sentido elemental de transporte. No obstante, no siempre es posible utilizar terminologías comunes para contextualizarlas. En algunos casos, científicos en la mayoría de las veces, pero no tiene por qué ser sólo exclusivo de la ciencia, se han de inventar lenguajes nuevos. Su repercusión en el lenguaje cotidiano es proporcional al grado de 60
  • 61. interactuación con la cultura material, esto es, como tecnología. No siempre aparecen palabras nuevas, sino neologismos cuyos étimos son reconocibles, pero no así su comportamiento verbal. Este texto, sin ir más lejos, está lleno de advertencias del procesador informático en que se ha creado para revisar la ortografía. Normalmente, los errores gramaticales son resueltos por el propio programa, incluso sin avisar. Pero hay otros que no se impide su emergencia, puesto que se sabe que hay palabras maestras o palabras-madre, como células- madre, que pueden ser, de facto, potenciales palabras otras. Serres, para hablar de la locura en Foucault, demanda en primera instancia la elección de un lenguaje. Y se puede elegir un lenguaje porque lo importante no está en las palabras, sino en la forma de las palabras. Traducir será la condición para la captura del sentido. Llevarnos del trino de un pájaro lo que pueda decirnos, sin imitar con gorgoritos de glotis humana, implica alcanzar el límite de las cualidades del lenguaje o como dice Serres, descifrar las ecuaciones de la luz negra, la que no contornea o figura la evidencia de los objetos. Esas palabras-madre son las de Artaud, sus palabras-soplo, espirituales, alentadoras, enmascaradas y pneumáticas al glosar de Derrida, que reniegan de las que traemos con nosotros –que Artaud llama precisamente maternas- para constituir un lenguaje otro, un devenir-otro a la manera de Proust, que escapa de una línea dominante. André Dhôtel da la clave, de psicológica –y esferológica- individualidad, a la palabra de Deleuze (Deleuze 1993): “La única manera de defender la lengua es atacarla… Cada escritor está obligado a hacerse su propia lengua…”. Probablemente ése sea el límite asintáctico y pragmático hacia el que tiende todo lenguaje, el de las exclusiones puras, el de las traducciones de lo irracional. Pragmática, por tanto, apropiadamente significaría “una adecuada integración de diagramas, correlaciones, modalidades, contextos y fronteras entre el mundo y sus diversos intérpretes”. Al modo en que Peirce define la pragmática, Zalamea entiende que ésta se favorece de un “atento registro de contaminaciones y ósmosis entre categorías y fronteras del conocer para articular coherentemente la diversidad”. El cifrar y descifrar del lenguaje, su “codificar”, si operamos –con cierta precaución- desde en el contexto de Lévi-Strauss (Lévi-Strauss, 1998), significa dar expresión coherente a la realidad no sólo entre dos lenguajes diferentes. La traducción es también objeto de consideración en la recepción cerebral, por ejemplo, a la hora de retirar del ambiente la noción de lo natural, la que se enfrenta a lo artificial y dejarle disminuida posibilidad de existencia en ese oxímoron permanente que es el de los “productos naturales”. Es la constatación del lacerante paso de lo Natural a lo justamente Cultural. Acercar el étimo de codificar a Lévi-Strauss te da con una mano lo que te puede quitar con la otra, por eso requeríamos precaución, al insertar perspectivas que no se entrelazan bien cuando se muestran junto a otras. Pero, ya que la mente codifica con términos lingüísticos la estructura de la realidad, hay que estar alerta 61
  • 62. contra la completitud abarcable y discernible de las estructuras que pueden ser recepcionadas. Que el mundo sea un conjunto de estructuras no es muy aconsejable como aseveración que conjuga con otros reconocimientos, más irracionales, más irrepresentables incluso, pero hemos de dar cuenta de lo que es perceptible por el filtro de la cultura a la que queda sujeto todo discernimiento. Lo más probable es que lleguemos a confundir la realidad con el modelo que generan sus estructuras. Si es posible llegar a conocer, es debido a que hay una mínima predisposición cultural subyacente. El largo camino que se recorrió, impulsados por los planteamientos estructuralistas, no se ha terminado aún, colea y se actualiza extrañamente. Esto, alumbra una condición de sentido desde la base cultural por la que es prudente reconocer dos “ambientaciones” cohabitantes que sustentan la comprensión del presente. Una de ellas, la más cercana en tiempo, aunque no posee su valor por reciente, sino por lo que aporta atravesándolo, será la apertura que el filósofo alemán Sloterdijk ofrece. La misma palabra “ambientación” procede de la transformación de sentidos propios de la palabra a una condición de su querer decir, encaminada hacia sus intereses de textualidad. La segunda es la herencia por la que el Estructuralismo en su ulterior extensión nos define. El Postestructuralismo, y prueba de ello es la cantidad de referentes incluidos en este texto a estos pensadores, los llamados continentales, abarca por dimensión y fecundidad una buena parte de lo que filtra nuestra observación del mundo. La distancia con que nos situamos de la percepción del mundo en Lévi- Strauss como única realidad medida por lo que estructuralmente cuerpo y mente aprecian, no entraña significativos conflictos a la hora de comprender que sea atribuible al proceso de comprensión un comportamiento dual. Binario será el término técnico empleado y le confiere en nosotros un marco de difuminación interesante, que complejiza en vez de reducir el mundo a una Unidad. Coincidente, quizá sea posible tal parangón, con la máquina cognitiva kantiana, la lectura que Steiner (Steiner 2001) hace de los “Tristes Trópicos” del geólogo Lévi- Strauss da a entender que todo lo que importa viene en conjunto de dos. Y si el estructuralista no es ya referente como tal, cómo evitar la cercanía cultural y la evidencia que desde otras instancias se observa. La máquina cognitiva, para Kant (quien es reconocido repetidamente como un excelente materialista moderno), era un DOS, un dispositivo que conecta, categoriza, mide y compara. El Soporte de Intermediación, ya merece la pena que sea definido, consistiría y se definiría por ello como una aglutinación diádica, esto es, que sanciona en términos de a dos el reconocimiento del presente, como enfrentamiento de Obra y Cultura en la que insertar esa obra. Holográmicamente, uno por lo otro, las palabras clave se organizan de la misma manera, como cadenas de polaridades que reflejan sentidos, acaso antinómicos, como picas que georreferencian los entramados complejos de nuestro mundo y, al tiempo, dicen por dónde recorrerlos. De nuevo, el sentido por la forma de su aparición, en una nueva carrera de relevos donde lo psicológico toma el testigo recurrentemente. Piaget organiza la máquina kantiana al dar la aptitud de manipular el mundo. Porque al categorizar, tematizar 62
  • 63. y abstraer no ya sobre objetos puestos a su contemplación sino sus propias operaciones de manipulación, el modelo del conocimiento ya no es visual sino accionante y, la máquina, se distingue como algo distinto y separado, en medio de un mundo indiferenciado de objetos. Por esa misma razón, quien conoce el mundo, el hombre, se enfrenta a una experiencia con él que es a todas luces ajena y contradictoria, anticategórica y provisional, germinal y no terminal: dividida. Dividida en dos, por supuesto. En el campo psíquico íntimo de la individualidad, y éste es ya Sloterdijk, amanecen formas esféricas “vagas y relativamente amorfas” en los que el Dos se climatiza, se acondiciona mutuamente. Es posible insistir en la dispersión relativa al reconocimiento del presente con la inclusión de varias palabras encadenadas más; Sloterdijk lo hace en Esferas I hasta con cinco, pero insiste en que el cierre anticategorial al UNO es posible en cuanto el dos escenifica una ontología pluralista y minimalista. Esa ontología trata de rehabilitar la relación, frente a la noción metafísica de sustancia. Y en ese orden de cuestiones, Sloterdijk reivindica la situación (el balizamiento) frente a los componentes y lo accidental a costa de lo esencial. Es algo que ocurre en el “entre” que sitúa a dos componentes a interactuar, un entretenerse en el espacio que separa dos palabras, como el Unterhaltung o entretenimiento de un poema de Paul Celan. El mundo ya no es natural y objetivo, sino artificial, cultural, propiamente maquínico. La máquina no se enfrenta a objetos sino a vínculos e interacciones en un telar de telares. La máquina como tal no es atractiva sino que interesan sus límites, sus zonas de intercambio, su ensamblaje con otras máquinas y con la inconmensurable máquina social. Peter Eisenman al respecto: "lo mecánico se refiere a una interrelación estructural de pequeñas partes que trabajan juntas de una manera armoniosa para realizar una labor. Lo orgánico es el mismo modelo de organización aplicado a un cuerpo vivo. Lo maquínico, por otra parte, se refiere a una actividad más aleatoria, arbitraria e incluso caótica". Algo intermedio entre lo mecánico y lo orgánico, donde lo fundamental parece ser el contexto, su proceso como devenir en la acepción dada por Deleuze y Guattari. Para la arquitectura, esto nos atañe en que no albergamos cuestiones formales, fijas y estables, sino más bien en "las condiciones de espacio no estático, siempre en estado de transformación". La complexión o conjunto de partes diversas interrelacionadas será la significación que, de base, se traza en este mundo del presente. El mundo complexo es asimismo complejo por cuanto no hay partes reconocibles. También ellas, por definición de transformación, están en tránsito. La inconmensurable obra que es la de Edgar Morin (Morin, 2000), dedicada a la teorización de la complejidad en los manuales titulados “El Método”, recogen una aportación al contenido de máquina que aquí expongo. Asociado a lo necesariamente repetitivo -lo maquinal- está lo maquinante o inventivo, lo que aporta algo fuera de su condición primera. Pero es que nombrar a Morin aquí no es sólo coadyuvante. Morin encarna la mayor trabazón del interregno permanente que es el presente. Él advierte del peligro reduccionista y disyuntivo del uso de palabras clave pero también da un margen a su posibilidad. Lo que en principio se aposenta como un muro, el muro enciclopédico, que encierra al presente en una caja cuyos otros 63
  • 64. muros son el epistemológico y el lógico, se torna aperturista y lleno de recursos cuando cambia lo acumulativo de lo enciclopédico por saber en-ciclo. El bucle así defendido permite reconocer el estatuto de una realidad que ensarta sus propiedades mediante relaciones cíclicas, y daría un paso al frente en cuanto a la definición de lo que es una palabra-clave. “El bucle se sustituye por la palabra-maestra vacía, soberana, primera, terminal; no es una palabra-maestra, a menos que se reifique el bucle en fórmula, es decir, que se le haga caer en la simplificación: es una mediación necesaria, es la invitación a un pensamiento generativo”. Esta pulsión que exige el reflorecimiento conceptual como viático en los procesos de transformación que rigen sin descanso el mundo puede ser vislumbrada con esfuerzos que desde distintas perspectivas se han producido. Koselleck (Lozano 2004) inició la confección de un léxico de conceptos históricos fundamentales de la lengua político-social alemana en 1972, junto con Werner Conze y el medievalista Otto Brunner. Un centenar de palabras que eran estudiadas en miles de páginas. Pero también, la proliferación de nuevos diccionarios que den cuenta de las apreciaciones semánticas que los viejos no son capaces de suplir. O el propio arquitecto Rem Koolhaas (Koolhaas et al, 1997), y la que fue su empresa editorial AMO, que dio el aldabonazo de salida a los enormes tomos con que hemos serpenteado por el estudio de la arquitectura en los últimos años. Es de resaltar el grosor de esos libros, pero sobre todo, destacar el valor de enorme como lo e-norme, lo fuera de norma, donde lexicográficos particularizados se desvinculan de la presencia gravitatoria y mediadora de las academias de la lengua. El concepto de estructura, y por ello revisitábamos a Lévi-Strauss, asociado a estos preceptos, se hace ineludible y, por tanto, contraproducente para afianzar la tesis propuesta. Serres, siempre atento, condiciona la concepción de estructura a, meramente, ser una noción formal. Es un conjunto operacional con significación indefinida (un arquetipo es conjunto concreto con significación sobredefinida), que agrupa elementos, en número cualquiera, de los que no se especifica el contenido, y relaciones, de número finito, de las que no se especifica naturaleza, pero de las que se define la función y ciertos resultados relativos a los elementos. Arrimado a esto, el concepto de estructura no interfiere inconvenientemente con los planteamientos previstos. El diccionario estructural no es sincrónico, sino que en el rebuclaje de las innumerables otras lenguas que moviliza en sus múltiples traducciones, se hace diacrónico, “etimológico, prospectivo y genético”. Estos estiramientos encarnan lo uno y lo múltiple de la palabra, en cíclicas iteraciones que con-figuran su forma. Las hacen clave, esconden códigos o llaves que los descifran. Un diagrama lógico de Ramón Llul (1232?-1315) sería su correlato. Zalamea (Zalamea, 2004) describe el “Libro de la Contemplación” de Llul desde la invención de “correlativos” en su léxico, desde las figuras que sus arracimados de formas simbólicas construyen, o desde los conceptos, que se entretejen por contacto de sus infinitos repliegues. 64
  • 65. Desde la condición académica, son necesarios los estudios sociológicos sobre lo científico que tienen estos planteamientos. Recurrir a la ciencia significa que ella misma habrá de poseer también el grado de reconocimiento de desacralización de los medios e instrumentos que se utilizan habitualmente. A propósito del oficio de científico, Pierre Bourdieu (Bourdieu, 2003), en una polémica abierta con otra colega que no interesa como tal al caso, se enfrenta a ella por trasladar el sentido de sus propias palabras en citas que no son del agrado del sociólogo francés. Los contendientes, en fuego cruzado, confirman que como instrumental básico, los diccionarios, son meros abusos de autoridad, que dictaminan reglas ocultas en sus descripciones y que, al unísono, el trabajo de los historiadores en ciertos casos comete la misma impertinencia. Incluso, según Sloterdijk, la metafísica clásica es por él reconocida como una “suerte de biblioteca de aserciones” que trabajan como sistema inmunitario en la totalidad del mundo. El distanciamiento que sobre el fijar de las palabras necesita hacer todo aquél que se comprometa con su presente, un ontólogo actual, un historiador, un sociólogo, un arquitecto, todos ellos de la mano, deja paso a la interactuación en ambientaciones o globos, que en extremo se comporta con histeria y vehemencia en lo que reconocemos como globalización. Este extremo, que en realidad son dos, como bifurcación de un mismo camino, no puede ser desestimado. A los motivos ya vistos que empujan a tener en cuenta la organización apocopada en palabras clave del mundo inserto en múltiples mundos, en los que lo mismo encontramos razones desencaminadas o favorables, pero nunca opuestas y excluyentes mas sí posibles a un tiempo, con tan solo pasear nuestras miradas a diestra o a siniestra, se adhieren mociones que denuncian la tesaurización impuesta por la globalización. Este primer ramal es conducido por el inmenso ojo de Virilio, que pospondremos un momento. El otro confluente se deja ver por el dictamen que puede realizarse cuando valoramos estructuralmente el comportamiento de la palabra. La paridad signo- significante manifiesta una conducta diferente por la sobreactuación de uno de sus componentes. Si incrementamos el valor sintáctico, para así promover una renovación léxica, el extremo que describimos destituye a la raíz como fundamento del significado. Esto ya lo teníamos cercado con antelación. El origen no se sitúa en su étimo, sino en su a-rimar. Pero Deleuze organiza saltos entre palabras, que ahora se llaman palabras-valija, sensibles a su geometría y sintaxis, balbuceantes y constituidas por sus desplazamientos lógicos. Palabras híbridas o injertadas, cuyos frutos están siempre pendientes de ser degustados. Dentro de ello aparecen rarezas, extrañezas, constructos, que acogen y escinden, proyectan y recogen, estiran y encogen, desbrozan y empañan formas y contenidos. Cómo no ser referente a lo polisémico en el mundo de múltiple direccionalidad, proclive a la indeterminación, su real azar, donde la contemporaneidad alcanza su diferencia y vigor. Transducción de sentidos y formas, por imperativo de ley: dejar que asomen los invisibles simples de un presente visible complicado, mediante trenzados de redes complexivas y complejas que surgen por las maneras de acceder a los contenidos. 65
  • 66. No por vías reductivas sino acoplando interfaces, traductores, chismes, máquinas, devices, soportes de intermediación, cuyos resultados contaminados por los propios filtros serán más interesantes y acordes en el extrañamiento que en la pureza. Y, otra vez, ¿podemos servirnos hoy de algunas de las apreciaciones de Lévi- Strauss? Él aduce, busca, un significante flotante, aunque pudiera conllevar lateralmente determinación, como en los lenguajes de dominio, pero que esa indeterminación sea la prenda, la vestidura, el tejido que arropa todo “arte, toda poesía, toda invención mítica y estética… un valor en sí mismo vacío de sentido y por ello susceptible de recibir cualquier sentido”. Su definición de algo, aliquid, es precisamente eso, que se llena, que se maneja, un trasto, una máquina, un chisme. El chisme-soporte: la palabra-clave. Es una despensa, un viático, unas alforjas, un grado cero de la escritura. Nos quedaba Virilio. Dejado para el final establece el contrapunto a la aliteración consonante de refrendos de la hipótesis. Este multivocal y espontáneo recitar de convergencias hacia la reafirmación y necesidad de organización en palabras clave no está exento de peligros, a pesar de todo. Si algo he podido constatar en el desarrollo de este trabajo, en la búsqueda de un perfilado de sus márgenes, es que no hay sino anfractuosidades -y no fronteras- que evidencian la convivencia de mundos diversos. Esta observancia prolija, refinada y afinada es tan consideración, tan evidencia, como sus otras, antinómicas. Para el pensador y arquitecto francés, el hombre fabrica su doble, Doppelganger monstruoso, “su espectro inteligente, y confía la tesaurización de su saber a un reflejo”. Esta vacuidad de la asunción del sentido por la ingente cantidad de la información disponible no deja al hombre indemne. En cada “incidente” con el lenguaje, priorizando alguno de sus componentes, vía signo, vía significado, el rebuclaje expele un flujo de sentidos que no se diluyen instantáneamente, apresurados a vaciarse para poder volver a cargarse. Esto lo impone el consumo, lo organiza la moda, lo sentencia el “Kapital”. El síntoma de pérdida, que es franco retroceso para lo cultural, vendría por el desuso de la memoria. Según su libro “Estética de la desaparición”, la pantalla acogerá la interactuación de los acontecimientos, que ya no serán tales, ya que la experiencia no acontecerá jamás. Paradójicamente, a más suministros de información, más desiertos extenderemos alrededor nuestro. El miedo a la pérdida de la riqueza de los instantes, que advierte Bachelard en forma de “tesaurización consciente”, que es el miedo -de Lyotard (Lyotard, 1994)- a conformar las potencialidades de los conocimientos y las informaciones cuya reserva constituida por inagotables enunciados posibles del lenguaje, siendo un temor fundado, no debe impedir, y no lo hace, que podamos comprender y accionar nuestro presente desde lo ajeno de la dislocación de las referencias y sí desde lo indeterminado de su manejo. En arquitectura estas consideraciones no son ajenas, ni aplicables desde estatizaciones o desde construcciones paralelas que traten de adherir con justificación forzada lo que por otras disciplinas se constata. Éste es un argumento proyectual y sintomatológico del presente, que salta las inconveniencias y por sí, 66
  • 67. por su puesta en reflexión y combinatoria, se constituye la presencia anatómica del corpus arquitectónico. Benard Tschumi, para el proyecto del Parque de La Villete, en París ofrece una lista de parejas de opuestos en abstracción, distorsión, disyunción, dislocación, disociación, que reconstruyen toda posibilidad de volver a querer ser la arquitectura una síntesis armoniosa: De-construir/Componer; Desintegrar/Integrar; Desarreglar/Reglar; Explosión/Unidad; Fragmentación/Globalidad; Ambigüedades/Certezas; Contradicción/Verdad Ideal; Diferencias/Jerarquía; Permutación/Centralidad; Dislocación/Síntesis; Juego/Objetividad. Las palabras son un conjunto de voces cargadas de valores. Para Bajtín (Sánchez-Mesa Martínez, 1996), se trata de ideologías asociadas e indisolubles al sistema lingüístico, en cuyo cruce se sitúa el sujeto social, evidenciando en el choque que se atiende un texto al modo de una polifonía translingüística, que se opone a lo monológico de un sistema cerrado. Todo signo opera por dialogía, y también Bajtín lo califica como ideológico, refractando la urdimbre social y dependiendo del contexto. La naturaleza ambigua de la palabra y la efectiva fecundidad del lenguaje en su mutabilidad y en su dimensión histórica se conjugan dentro de esa heteroglosia en una pragmática comunicativa que se persigue –y creemos que se consigue- mediante el empleo de las llamadas palabras-clave32.- Referencias bibliográficas ARENDT, Hannah. (2003) [1954]. Entre el pasado y el futuro. Ocho ejercicios sobre la reflexión política. Barcelona: Ediciones de Bolsillo. AUGÉ, Marc. (2004) [1992]. Los "no lugares". Espacios del anonimato. Una antropología de la sobremodernidad. Madrid: Gedisa. BARTHES, Roland. (2004). S/Z. Buenos Aires: Siglo XXI. BOURDIEU, Pierre. (2003) [2001]. El oficio de científico. Ciencia de la ciencia y reflexividad.. Barcelona: Anagrama. CAGE, J. (2002). Silencio. Sevilla: Árdora Ediciones. CASTORIADIS, Cornelius. (1999). Figuras de lo pensable. Madrid: Cátedra. CASTRO NOGUEIRA, L. (1997). La risa del espacio. Madrid: Técnos. CORBEIRA, D. (compilador) (2000). ¿Construir... O Deconstruir? Textos sobre Gordon Matta- Clark. Salamanca: Universidad de Salamanca. CUESTA ABAD, J. M. (2001). La palabra tardía. Hacia Paul Celan. Madrid: Trotta. CULLER, J. (1978) [1975]. La poética estructuralista. El estructuralismo, la lingüística y el estudio de la literatura. Barcelona: Anagrama. 32 Sería de interés poder seguir la argumentación si pudiéramos tener más datos del comportamiento de los nuevos buscadores de Internet Wolfram Alpha, o Microsoft Bing, para ser comparado con el de Google. Unos y otro, de bases lingüísticas, trabajan con palabras-clave. Google rastrea mediante algoritmos la página que mejor se ajuste a los términos de la búsqueda (Page Rank), los otros, dan la información directamente, extraídas de ellas pero sin páginas de por medio. 67
  • 68. De SALAS, J. (2004). “Leibniz y nuestro tiempo”. Revista de Occidente, 282. Fundación Ortega y Gasset, (Noviembre). Madrid. DELEUZE, Gilles. (1993). Crítica y Clínica. Madrid: Anagrama. DELEUZE, Gilles y Félix GUATTARI. (2000). Mil Mesetas. Capitalismo y Esquizofrenia. Valencia: Pre-Textos. DELGADO, M. (2001). Memoria y Lugar. El espacio público como crisis de significado. Valencia: Ediciones Generales de la Construcción. DERRIDA, Jacques. (1997). El tiempo de una tesis. Deconstrucción e implicaciones conceptuales. Barcelona: Proyecto A Ediciones. DERRIDA, Jacques (1989). Márgenes de la filosofía. Madrid: Cátedra. DERRIDA, Jacques (1996). “El 'Tratamiento' Del Texto. Entrevista con Béatrice y Louis Seguin,” La quinzaine littéraire, 698, agosto. DUQUE, F. (1987). “Sentido de la verdad como desvelamiento”. Revista de Filosofía ER (Invierno). Sevilla. DUQUE, F. (1997). La Estrella Errante. Estudios sobre la apoteosis romántica de la historia. Madrid: Akal. JABÈS, E. (2000). Del desierto al libro. Entrevista con Marcel Cohen. Madrid: Trotta. KOOLHAAS, R. WERLEMANN, H. y MAU, B. 1997 [1994]. S, M, L, XL. New York: The Monacelli Press. LAZO, P. (2001). “Un espacio para la reflexión. Entrevista a Ignasi Solá-Morales”. Rev. Pasajes, 32. Madrid: AméricaIbérica. LÉVINAS, E. (2001) [1994]. La realidad y su sombra. Libertad y mandato, Trascendencia y altura. Madrid: Trotta. LÉVI-STRAUSS, Claude. (1998). Mirar, escuchar, leer. Madrid: Siruela. LIBESKIND, Daniel. (2000). Space of encounter. Olsen, Richard (Editor). New York: Universe Publishing. LIZCANO, E. (2002). “La ideología científica”. Nomadas. Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas, 0. Facultad de Ciencias Políticas y Sociología Universidad Complutense Madrid. Disponible en http://www.ucm.es/info/nomadas/0/elizcano.htm [Consultado 17-11-2009] LÓPEZ GIL y L. M. BONVECCHI. (2004). La imposible amistad. Maurice Blanchot y Emmanuel Levinas. Buenos Aires: Adriana Hidalgo Editora. LOZANO, J. “Reinhart Koselleck. (2004). Articulando la historia sobre el tiempo”. Revista de Occidente, 282, (Noviembre). Madrid: Fundación Ortega y Gasset. LYOTARD, J. F. (1994). “Zona”. En Otra mirada sobre la época. Murcia: COAAT Murcia. Colección de Arquitectura. MANDELBROT, B. (1975). Los objetos fractales. Barcelona: Tusquets. MORIN, Edgar. (2000) [1977]. El Método. Madrid: Cátedra. PEÑALVER, M. (1998). “Entre la escucha hermenéutica y la escritura reconstructiva”. Cuaderno Gris, 3. Diálogo y deconstrucción. Los límites del encuentro entre Gadamer y Derrida. Madrid: Departamento de Filosofía de la Facultad de Filosofía y Letras de la U.A.M. PORRAS MEDRANO, A. (1998). “En torno al concepto de utopía”. Rev. Discurso. 3/4. Sevilla: Asociación Andaluza de Semiótica. PRIGOGINE, I. (2001) [1997]. El fin de las certidumbres. Madrid: Taurus. 68
  • 69. RORTY, R. (1993) [1991]. Ensayos sobre Heidegger y otros pensadores contemporáneos. Barcelona: Paidós Básica. ROTHENBERG, D. (1993). Hand's End: Technology and the Limits of Nature. L.A: University of California Press. SÁNCHEZ-MESA MARTÍNEZ, D. (1996). “Dialogía y Différance. Batjin y el pensamiento de la escritura”. Rev. Discurso, 9/10. Sevilla: Asociación Andaluza de Semiótica. SERRES, M. (1994). Atlas. Madrid: Cátedra. SLOTERDIJK, P. (2003) [1998]. Trilogía "Esferas". Madrid: Siruela. STEINER, G. (2001). Gramáticas de la creación. Madrid: Siruela. VIRILIO, Paul (1988) [1980]. Estética de la desaparición. Barcelona: Anagrama. WAGENSBERG, J. (2004). La rebelión de las formas. O cómo perseverar cuando la incertidumbre aprieta. Barcelona: Tusquets. ZALAMEA, F. (2004). Ariadna y Penélope. Redes y mixturas en el mundo contemporáneo. Oviedo: Ediciones Nobel. Lecturas recomendadas: CADOZ, Claude. 1995 [1994). Las realidades virtuales. Madrid: Libro Debate. Dominós CUADRA, Álvaro. (2004). Paisajes virtuales. Imágenes y simulacros del hombre imaginario. Santiago de Chile: Inédito. DERRIDA, Jacques. (1999). No escribo sin luz artificial. Valladolid: Libro Cuatro Ediciones. DÍAZ MORENO, Cristina y Efren García Grinda. (2004). Atmósfera. Material del jardinero digital. Madrid: Circo, 121 Rojo, Mansilla, Tuñón. EISENMAN, Peter. (1996). Sucesos desplegables. Madrid: Incorporaciones Cátedra EISENMAN, Peter. (1993) [1989]. Obras y proyectos. Milan: Electa. FOUCAULT, Michel. (1999) [1973]. El orden del discurso. Barcelona: Libro Tusquets Fábula. HARAWAY, Dona. (2000). La feminización del Cyborg. Castellón: Catálogo Espai d'art de Castelló. NEGT, Oskar. (2004). “¿Qué es eso de la cultura?”. Revista de Occidente, 282, Noviembre. Madrid: Fundación Ortega y Gasset. PORTILLO, Eloy y Juan Hartza. (1995). “Los sujetos ante el mundo digital”. Archipiélago, 23 , Noviembre. Barcelona: Editorial Archipiélago. TURKLE, Sherry. (1997) [1995]. La vida en la pantalla. La construcción de la identidad en la era de Internet. Barcelona: Libro Paidós. VAN BERKEL, Ben y Caroline Bos. (2004). “Efectos radiantes sintéticos”. Oeste, 17. Efectos especiales . (II Época). Cáceres: Colegio de Arquitectos de Extremadura. 69
  • 70. Etnografía de cibernativos o cuando el terreno está en pantalla Javiera Carmona J. 1. Introducción En 1922, Bronislaw Malinowski propuso en Los Argonautas del Pacífico Occidental los tres principios metodológicos de la “magia del etnógrafo” para captar el espíritu de los nativos: conocer las normas y criterios de la etnografía moderna a partir de una motivación exclusivamente científica; concitar óptimas condiciones para su trabajo -es decir, convivir con los nativos- y por último, emplear una metodología precisa para recabar, tratar y establecer la información científica (Malinowski, 2001). Las palabras de Malinowski resonaban en las paredes de la “antropología de gabinete” que encerrada en cuatro paredes utilizaba datos ineficientes, e insuficientes, obtenidos por estudiosos privados de la vivencia empírica de primera mano. En las páginas de Los Argonautas del Pacífico Occidental, Malinowski recrea de manera ejemplar su “terreno”, que se inicia con la desolación de un heroísmo romántico que no hace más que definir el marco objetivo en el que se desarrollan los principios de la etnografía que él propone: “Imagínese que de repente está en tierra, rodeado de todos sus pertrechos, solo en una playa tropical cerca de un poblado indígena, mientras ve alejarse hasta desaparecer la lancha que le ha llevado” (Malinowski, 2001). Desde Los Argonautas del Pacífico Occidental la etnografía se ha transformado mucho y cumplir con la premisa malinowskiana que demanda el conocimiento acabado de las normas y criterios de la etnografía moderna se vuelve arduo. Las perspectivas de la etnografía se han transformado y abarcan aspectos que superan el exotismo de otras épocas. La vida en las ciudades, medios de comunicación, salas de clases, producción de ciencia y tecnología, fenómenos religiosos y un largo etcétera son algunos de los tópicos etnográficos que hoy son usuales. De las descripciones totalizantes y omnicomprensivas de lugares remotos y exóticos se ha pasado a los estudios focalizados en temas limitados, más cercanos, e incluso “microscópicos”, como los escolares usuarios del chat o los 70
  • 71. pacientes de los servicios de salud pública de una ciudad o una familia de un barrio. Desde esta perspectiva, los temas de la etnografía se revelan como nodos de una intrincada trama contemporánea y su metodología por momentos se tambalea frente a este nuevo escenario. La “magia del etnógrafo” que Malinowski pudo establecer con envidiable certeza a principios del siglo XX, vive la tensión de su adaptación a nuevos terrenos, como el ciberespacio. Internet no es propiamente un lugar, es más bien un “locus” alrededor del que se fusionan hipertexto, textos, modos de interacción social, intereses comerciales y otras prácticas discursivas e imaginativas (Kolko, Nakamura y Rodman, 2000). El ciberespacio constituye un universo técnico y cultural desconcertante. Pone en movimiento una variedad de relaciones y representaciones que afectan la concepción misma de la etnografía, concebida hasta el momento en un entorno fuera de línea, en las que predominan las interacciones cara a cara situadas en un contexto. Considerar al ciberespacio como un lugar plausible para realizar el trabajo de campo es todo un desafío pues implica pensar y plantear bajo nuevos términos varios de los supuestos de la etnografía, como la noción de espacio, observación participante, tratamiento de las relaciones de campo o los principios éticos de la investigación, entre otros. Examinar la comunicación mediada por computador (CMC) requiere un esfuerzo reflexivo constante sobre la metodología cualitativa en uso, en el marco de un enfoque necesariamente tecno-social. La discusión en ciencias sociales sobre el impacto de las tecnologías ha sido analizada desde bandos opuestos, que claman por dos variedades de determinismo: el técnico o el social. El análisis de Internet se inició estableciendo comparaciones con lo que sucedía en la comunicación cara a cara, en el que la mediación tecnológica aparecía como un elemento secundario que favorece o dificulta el despliegue de la comunicación. En la actualidad hay una suerte de consenso que reconoce que la actividad en el ciberespacio (CMC) es un fenómeno que se debate entre la esfera técnica y social, al punto que se le caracterizar como un “dispositivo socio-técnico” en cuanto funcionan para el usuario no sólo como instrumentos para la comunicación, sino que además proponen al usuario modelos de sociabilidad (Gálvez, Ardèvol, Núñez y González, 2003). La interacción en línea se articula como dispositivo sociotécnico, de modo que la configuración y definición del uso de los espacios electrónicos invoca elementos propiamente tecnológicos, psicológicos y sociales que tienen que ver no sólo con el usuario sino con el resto de actores y acciones que participan del fenómeno, como diseñadores, programadores, normas, licencias, decisiones políticas y económicas. Estos últimos son los nuevos nativos, los “cibernativos”. Ni la tecnología actúa de manera independiente de lo social para finalmente moldearla, ni lo social se erige como el responsable del desarrollo tecnológico. La tecnología no es eficiente por sí misma ni es impermeable a los factores sociales en juego. Del mismo modo, desde el ámbito de lo social se puede señalar que la aceptación, rechazo y modalidades particulares que adopta una tecnología al ser 71
  • 72. incorporada en una sociedad actúa de manera probabilística y no conducida. La noción de dispositivo socio-técnico es especialmente oportuna para referirse a Internet en cuanto implica un enfoque heterogéneo, no determinista, de modo que la manipulación de lo social implica lo técnico y viceversa. “Tecnología y sociedad se co-producen continuamente” (Gálvez et al., 2003). En otras palabras, el análisis del ciberespacio evidencia el engranaje entre una economía cultural definida por los procesos tecno-productivos, de distribución, consumo, y un modo de significación que experiencia socio-cultural y perceptual de los involucrados en el fenómeno Internet (Cuadra, 2008). El estudio de foros virtuales bajo la noción de dispositivo socio-técnico permite apreciar que en las decisiones técnicas que adopta un programador o ingeniero en la creación del medio -o en la incorporación de innovaciones en él- imperan criterios que superan ampliamente el ámbito de lo técnico, actuando como “verdaderos diseñadores de sociedad” (Gálvez et al., 2003). “Sus problemas siempre desbordan lo meramente técnico. Se enfrentan a interrogantes cuya solución exige actuaciones en otro plano. Devienen lo que Callon denomina “científicos-entrepreneurs” (Callon, 1998)”. La voluntad o deseos de los usuarios no definen absolutamente al artefacto técnico puesto a su servicio. Es un constructor cultural y una realidad social en el que se cruza lo técnico y lo cultural. Es un “tejido sin costuras” en la que se cuestiona la división entre lo social y lo tecnológico como algo estable o factual. “No plantea que no sea posible establecer distinciones entre ambos, sino, más bien, que esas distinciones son un producto, un resultado, algo que debe ser explicado, y no un punto de partida que opere como trampolín para construir explicaciones” (Gálvez et al., 2003). Desde la perspectiva del usuario, la interacción con el dispositivo socio-técnico exige la voluntad de someterse a un proceso de adiestramiento o aprendizaje. Si bien la CMC amplía las relaciones entre las personas sin la restricción de la realidad física, también obliga a los usuarios a aprender nuevos códigos y lenguajes para comunicarse en un entorno des contextualizado. Lo que se puede hacer con el artefacto no depende de las cualidades intrínsecas a él, sino de otro elementos de orden diverso que determina el tipo de interacción a la los internautas están dispuestos a experimentar. Las normas de la cibercortesía, netiquette, netiqueta o de cortesía en la red, que a diferencia del gran tratado de comportamiento del siglo XVIII, El Manual de Carreño, no están preconstituidas obedecen a las expectativas de los usuarios sobre el tipo de participación deseada, su apropiación y las características de cada medio. Cada comunidad virtual las significa (García Landa, 2007) y elabora una conceptualización de la sociabilidad esperada en el espacio. En principio, se puede asumir que la cortesía es una estrategia y un principio regulador de la actividad social en el chat, en primera instancia, manifestada explícitamente en las reglas del canal. No obstante, lo que es apropiado o adecuado varía un tanto según cada medio de reproducción tecnológica del discurso. Finalmente, es la propia comunidad la que produce y transmite las normas que rigen su interacción. En el caso de los jóvenes, por ejemplo, se piensa 72
  • 73. que no utilizan ningún protocolo de cortesía en la comunicación que establecen en el ciberespacio. Sin embargo, Palazzo explica luego de precisar el comportamiento en un chat de jóvenes tucumanos, que la cortesía que asumen estos usuarios no tiene que ver con la manifestación de estrategias en el discurso, sino con un efecto discursivo que se fundamenta en el mantenimiento de las relaciones afectivas personales y grupales. Para ello funciona la cortesía en el sentido "positivo" de incorporar al otro e interesarse por sus él manifestando anticortesía o aparente agresividad en los enunciados. Los actos anticorteses, entonces, son aquellos que tienen forma descortés -desde la normativa adulta- pero funcionan estratégicamente como refuerzos en la construcción de la imagen personal y grupal juvenil. En síntesis, el efecto perlocutivo de cortesía se obtiene a través de estrategia de cortesía tradicionales y con estrategias de anticortesía (Palazzo 2005). Junto con la noción de dispositivo socio-técnico que sume en cierta medida a Internet como un artefacto (socio-facto), el ciberespacio además permite considerarlo como un “lugar” (Augé, 1992) en el que se gesta cultura (Hine, 2004). En la década de 1980 se planteó que en Internet no había construcción de significaciones ni simbolización; no era posible desarrollar la identidad y las relaciones genuinas. Dos décadas después el fuerte desarrollo de la reflexión etnográfica y la acumulación de estudios sobre diversas herramientas que constituyen el ciberespacio acusan que éste es en verdad un “espacio antropológico”, totalmente opuesto a un “no lugar”, pues hay una construcción simbólica del espacio y los internautas pueden establecer auténticas relaciones en línea que de alguna manera mantienen un vinculo con dimensiones concretas de su vida fuera de línea. 2. Etnografía on line/off line En cierta forma, la etnografía virtual33 pareciera una vuelta a la etnografía de gabinete con la salvedad que el investigador en su despacho padece la misma desolación romántica que describió Malinowski para el etnógrafo que encara el “estar allí”. En su escritorio, rodeado de todos sus pertrechos, solo frente a la brillante pantalla del computador, próximo a millones de poblados de “cibernativos”, constata que no ve nada transparente. Experimenta la misma sensación de ver alejarse la lancha que lo trajo a un lugar extraño, señal del inicio de su terreno y constatación de estar lejos de su civilización. La inmersión –desde un punto de vista social, no tecnológico ni informacional- en una experiencia virtual en ocasiones no permite establecer con tanta claridad el 33 Junto con la denominación “etnografía virtual” circulan otras denominaciones para aludir a los mismos planteamientos, como “etnografías de lo digital”, que designan las formas de hacer etnográfico en Internet y las tecnologías digitales (teléfonos móviles, fotografía digital, redes inalámbricas, etc. El concepto de “etnografías de lo digital” para algunos aglutina la etnografía virtual (Hine 2000), la etnografía del ciberespacio (Hakken 1999), la etnografía de/en/a través de Internet (Ver Beaulieu, A. (2004). “Mediating Ethnography: Objectivity and the Making of Ethnographies of the Internet”. Social Epistemology, 18(2-3), 139–163. En http://www.virtualknowledgestudio.nl/en/vks_members/homepage_anne_beaulieu/publications_presentations/publications_2004/mediat ing_ethnography/N:%5CSEC%5CNERDI%5CWebsite%5Cmediating+ethnography.pdf ; la ciber-etnografía (Escobar, A. (1994). “Welcome to Cyberia. Notes on the Anthropology of Cyberculture”, Current Anthropology, 35 (3), 211-231), etc. 73
  • 74. arribo y abandono del terreno etnográfico, pues la definición del mismo ya resulta problemática. Para algunos investigadores revisar las páginas webs o los intercambios de opiniones en un foro bajo el anonimato de un mirón, sin participar de tal espacio, u ocultando la presencia de un “extraño”, no significa “estar” en el terreno. Es más bien una operación semejante a la revisión de documentos en una hemeroteca pues no permite determinar la significación de la experiencia virtual de los miembros de un colectivo que confluyen en torno a determinados soportes (blogs, chats, redes sociales, foros de discusión, listas de correo, grupos de noticias). Estar en terreno exige que el investigador se convierta en usuario y experimente lo particular de la CMC. La “observación participante” de la interacción “digital” entre personas no es equivalente a la revisión de las expresiones que dejaron cristalizadas en soportes electrónicos. Asimismo, los límites y características del terreno no están dadas por los rasgos de la tecnología a estudiar, sino por la significación que los colectivos a examinar les imprimen y esto sólo se puede percibir en el “estar allí” digital. No es el uso de una clave o password lo que indica el inicio del trabajo de campo. Visto así, determinar cuando se está en el terreno o fuera de él se establece desde la interacción del observador con las colectividades virtuales y no por el soporte electrónico a examinar. A menudo una misma comunidad o buena parte de sus miembros durante la observación remiten al investigador a múltiples soportes ligados entre sí (fotologs con sitios web con blogs y cuentas de redes sociales, por ejemplo) y a espacios de la vida off line, como se verá más adelante. En general, el compromiso característico de la etnografía –como un método de investigación social- consiste en “la participación del etnógrafo, sea abierta o encubiertamente, en la vida cotidiana de las personas, durante un período prolongado de tiempo, observando lo que sucede, haciendo preguntas –de hecho, recopilando cualquier dato que esté disponible para arrojar luz sobre los temas de su investigación” (Hammersley y Atkinson, 1994). Sin embargo, a esta declaración de tipo más bien práctico, se puede agregar que el objetivo último del etnógrafo es de tipo interpretativo; es buscar significaciones (estructuras de significaciones) socialmente establecidas y que no son evidentes en la “superficie” de las expresiones sociales. Esta perspectiva formulada por Geertz, asume la etnografía como “descripción densa” (Geertz, 1987). La tradición antropológica distinguía tres operaciones consecutivas en la descripción etnográfica: observar, registrar y analizar. Según Geertz, en la “descripción densa” las tres acciones no son autónomas, sino simultáneas e imposibles de distinguir entre sí. El énfasis está en la observación; en ver y describir lo que la gente hace e interpretarlo, y no en participar como un espía o tratar de convertirse en nativo o imitarlos. La “observación participante” es tan sólo observación, pero del tipo agudo que implica mucha conversación, y atención a la posición en la que se construyó la significación, sostiene Geertz, lugar que no está en la exterioridad en la que se sitúa el etnógrafo, sino “puertas adentro”. En la etnografía de culturas virtuales una de las condiciones fundamentales es la participación del investigador, pero el contexto particular de cada experiencia de 74
  • 75. campo define el tipo de participación que se debe emprender. En el caso de la práctica etnográfica en ambientes mediados por la tecnología se considera tanto la producción como el consumo de los artefactos tecnológicos y las prácticas socio- culturales asociadas. Esto implica que el comportamiento y actividades desarrolladas no provienen de los rasgos del artefacto sino de las condiciones o contextos culturales y sociales en los que el artefacto ha sido creado, usado y significado; como el espacio que se constituye para dar lugar a las relaciones. Para tales casos, el investigador viene a ser usuario y elaborador de ambientes que se estudian para examinar la vida, trabajo y cosas que se hacen “con” el ambiente y “en” el ambiente virtual (Rybas y Gajjala, 2007). Ingresar al mundo virtual permite por ejemplo determinar que para los adolescentes, el valor del fotolog, y los entornos digitales en general, está en generar (crear) un espacio con información que le permite identificarse con sus pares y compartir creencias, intereses y deseos semejantes, en lugar de privilegiarlo como un medio de transmisión de información, como un medio de comunicación (Burset y Sánchez, 2009). De manera semejante, Mayans sostiene que lo que lleva la gente a los ‘chats’ no es que sean entornos tecnológicos interactivos, que permitan una comunicación bidireccional, sino que sean entornos de interactividad social (Mayans, 2002). El proceso de inmersión en el terreno del investigador se aprecia en toda su dimensión en esta entrada del diario de campo de Elisenda Ardèvol y colegas en su estudio del chat: “A medida que íbamos ganando dominio sobre la tecnología y conociendo las posibilidades de los distintos programas de chat, no sólo iba siendo más rica nuestra comunicación como chateras, sino que nuestra visión como observadoras participantes se iban ampliando y las notas de campo ganaban en detalle. Este mayor conocimiento del artefacto sociotécnico (Bijker, 1995) nos proporcionaba una mayor seguridad como investigadoras y un mayor conocimiento de las claves interpretativas relacionadas con el uso de la tecnología, repercutiendo en un mayor conocimiento de nuestro objeto de estudio, que a su vez, necesariamente, implicaba un constante ejercicio de autoreflexividad sobre el proceso etnográfico”. (Ardèvol et al., 2003) Derivado de lo anterior, surge una cuestión problemática del estudio de la cibercultura: distinguir la oposición entre un estudio “on line” (en el ambiente virtual) y “off line” (en un ambiente actual, tangible, no virtual). En este mundo urbano, globalizado e imbricado, asumir la etnografía virtual sólo como el estudio de la vida on line es negar que las relaciones no se limitan a una comunidad cerrada. Este rasgo lo comparten tanto la etnografía del mundo off line como el on line. Hay investigaciones sobre los juegos de rol on line en los que se revela que los jugadores tienen el hábito de mantener en el computador una ventana abierta al juego durante las horas de actividad laboral, de modo que revisan distraídamente la situación del juego prestando mayor atención a su trabajo. Esto indica de manera obvia que la actividad de jugar no está completamente separada de la vida cotidiana, de la vida off line (Isabella 2007). 75
  • 76. Experiencias y prácticas aprendidas en múltiples contextos socio-económicos y culturales no deben ser desestimadas al observar el comportamiento virtual. Si bien en un principio los estudios cualitativos sobre Internet aseguraban que ésta era un nuevo espacio democratizador y deshinibidor pues permitía liberar a los usuarios de las marcas socio-culturales y biológicas que los definían en el mundo off line y encarnar una “vida secundaria”, al cabo de unos años se constató lo contrario. Los marcadores se manifestaban con igual fuerza en el espacio on line que en la vida fuera de la red, constituyendo intersecciones online/offline (Rybas y Gajjala 2007). En el caso de las redes sociales (Facebook, MySpace, Orkut), en juegos on line, incluso en la simple navegación a través de sitios, se aprecia que las identidades construidas en tales espacios no quedan totalmente liberadas del “mundo de la identidad real”, aunque los usuarios apuestan a una autorepresentación que deje atrás su cuerpo. Lo que sucede en el tiempo on line ya está modelado por asuntos de la vida off line, como el género, nacionalidad, edad, cuestiones raciales, experiencias, conocimientos y valores que no se esfuman al ingresar al ciberespacio. Por ejemplo, en un estudio sobre redes sociales y la comprensión de identidades mediadas digitalmente, Rybas y Gajjala detectan que la adscripción a una “raza” entre adolescentes mexico-estadounidenses revela un proceso de construcción de identidades, o empleo de “identidades turistas”, complejo y matizado. Los jóvenes estudiados asumen la experiencia virtual como una forma de vivir “de verdad” en otro género o cuerpo, pero respondiendo a nociones de estereotipos ya instaladas en el mundo off line que se propagan hacia el espacio on line como ciberestereotipos (Rybas y Gajjala, 2007). Vale señalar que el estudio de las redes sociales en Internet recoge las tendencias desarrolladas a partir de los años de 1990 para el estudio de redes sociales en general, marcadas por un fuerte acento multidisciplinario y distante del énfasis estructural que predominó entre los 70 y 80 con la incorporación de la teoría de los grafos. En la actualidad, la investigación de una red virtual, como una en el espacio fuera de línea, tienen en común el enfoque que admite pensar las organizaciones sociales con la atención centrada en los vínculos entre los elementos que la conforman donde se imbrican lo local y global, lo particular y universal, como responsables de la interconexión de las identidades en el escenario contemporáneo. En definitiva, una red social en Internet es un conjunto de personas conectadas por un conjunto de relaciones significativas (Dutra, 2007). Otro ejemplo significativo sobre la relación on line/off line presente en el ciberespacio la aportan lo estudios de juegos de roles on line. Isabella (2007) observó que la identidad que construyen los participantes no se funda en las particularidades individuales, sino que está basada en la pertenencia a una comunidad en juego. “This means that her/his whole existence is strictly tied to belonging to the community; she/he cannot choose freely her/his own destiny, which remains tightly dependent on decisions that the community make for each member” (Isabella 2007: 3). La idea de que los jugadores al conectarse escapan 76
  • 77. del mundo off line se desdibuja al advertir que más bien logran conciliar ambos mundos de manera semejante al tránsito por “áreas intermedias” propias de las actividades artísticas y esfuerzos científicos. Para Isabella, es el rol o papel que asumen los jugadores el “objeto transicional” que media la relación entre el mundo físico (off line) en el que viven los jugadores y el de ficción (on line) en el que participan como actores en un escenario virtual de juego (Isabella, 2007). Es posible examinar en qué medida un nickname puede asumir una función semejante en otros espacios virtuales como blogs o redes sociales. En otro espacio, como es el chat, Ardèvol constató en la investigación sobre las usuarias de chats femeninos, que el uso de un nickname (rostro virtual) o sobrenombre que aludiera claramente al género o de tipo ambiguo se obtienen reacciones distintas del resto de los participantes de la sala de conversación, más o menos sexualizadas (Ardèvol et al., 2003: 6), lo que apunta a la presencia de las significaciones del mundo fuera de línea en el on line. Durante la primera década del desarrollo de los distintos medios que hoy forman Internet abundaron las formulaciones a priori radicales, que catalogaron estos medios como en esencia armónicos y democráticos, que favorecían el encuentro entre iguales, o responsables del aislamiento, incomunicación y desestructuradores de lo social. Ambas perspectivas extremas hoy han sido matizadas a partir del acumulado de estudios disponibles de corte cualitativo sobre el fenómeno Internet. Asimismo, en oposición a las primeras concepciones que en los años 80 se difundieron sobre el ciberespacio como un espacio social desvinculado de la realidad local, y que apuntaban hacia la universalización y la constitución de una cultura global planetaria, en la actualidad se observa que los contextos locales no se diluyen en el espacio virtual sino más bien tienden a reproducirse. Por ejemplo, Miller y Slater (2000) notan que en al isla de Trinidad la gente usa Internet para revalidar sus identidades colectivas y adscripción a grupos étnicos. En el ciberespacio exhiben su identidad local por sobre una cultura global. Tori Holmes en tanto constata al revisar la cultura digital de las favelas de Río de Janeiro que el uso de plataformas de redes sociales, en especial Orkut, establece referencias constantes a los vecinos del espacio físico en el que viven. Se trata de una etnografía que comenzó en el espacio off line (favelas) hacia el on line y finalmente el espacio geográfico determinó el contexto local para interpretar las prácticas en el mundo virtual (Holmes 2009). Desde esta perspectiva, la cultura local no solo se limita a entornos sociales. Lo local puede trascender estos entornos y establecer “localidades” en la red impulsadas por formas geográficas de afiliación y como material para la construcción de alternativas virtuales a las localidades espaciales (Ballantyne, 2002). En un principio, la etnografía virtual se asumió como el estudio de la práctica on line. En la actualidad, lo que prevalece es un enfoque holístico en el que se superponen los campos on line y off line (Hine, 2004). En definitiva, la etnografía virtual es un híbrido, en cuanto apunta a grupos en línea relacionados con situaciones fuera de línea. La metáfora del “Cyborg”, como un híbrido de humano y no humano, es la inspiración para denominarla también como “cyberethnogaphy” (Teli et al., 2007). Es decir, seres humanos y agentes no humanos (tecnología 77
  • 78. digital) que constituyen actores y entidades en red que hablan y producen significados (Teli et al., 2007). Desde esta perspectiva los cyborg hace mucho están con nosotros, o tal vez siempre hemos sido Cyborg (Hakken, 1999), el punto está en determinar las formas que han adquirido. Una de ellas está en la CMC. 3. Estrategias y desafíos en la recolección de datos on line En principio, el etnógrafo recoge las dichos de los informantes en las conversaciones que sostienen con él, o entre ellos. En la conversación el etnógrafo indaga, elabora un relato y la representación de la existencia de su informante. El informante construye en tanto una imagen de sí mismo, que comprende las representaciones que los demás se forjan de él, y las propias. Todo lo dicho por el informante son interpretaciones de los mismos actores, son interpretaciones de primer orden y todas “verdaderas” en cuanto proponen al mismo tiempo una imagen de la sociedad en la que vive. Desde este punto de vista, lo que sucede en Internet es esencialmente usuarios en actividad, en interacción, y no es irreal. Por el contrario, es muy real aunque carezca de toda ligazón temporo-espacial. El “desanclaje” que ofrece el ciberespacio o desprendimiento de lugares de espacios contextualizados y del tiempo (Giddens, 1990) no invalida su condición de real. Es virtual pues tiene la capacidad de ser potencialmente actual. Virtualidad y actualidad son sólo dos modos distintos de la realidad (Levy, 2001). La etnografía de relaciones “virtuales”, como la interacción a través de un chat, lleva al investigador desde el cibermundo a contextos necesariamente más terrenales, como co-partícipe de la construcción del canal de chat y construcción de la propia identidad como “chateador”/investigador. Dentro de la variedad de contextos y situaciones que propone la etnografía virtual, lo que tienen en común es el ejercicio auto-reflexivo que modifica la propia práctica etnográfica on line y permite construir el objeto de estudio más allá del ámbito en línea para plantear la etnografía virtual como una posibilidad de reformular el método etnográfico (Ardèvol et al 2003). El compromiso ciberetnográfico que se asume es un proceso orientado de manera multimodal (Rybas y Gajjala, 2007). Hay información que se obtiene fácilmente con sólo observar, como las dinámicas grupales. Pero hay otra que requiere hacer entrevistas, como por ejemplo las percepciones subjetivas y el significado que se cada participante le atribuye al medio en el que se desenvuelve. Por lo general, la entrevista no direccionada se organiza a partir de una guía construida desde las impresiones y datos recogidos en la observación, siempre manteniendo coherencia con los objetivos principales del estudio y el tema a investigar. Muchos investigadores estructuran esta guía desde aspectos o tópicos generales hasta abordar los más específicos. Para que las respuestas sean abiertas algunos comienzan con una “pregunta anzuelo” y una seguidilla de preguntas de respaldo por si no funciona al primer intento. Como se puede apreciar, la lógica de la etnografía off line (cara a cara) impera en esta estrategia de entrevista no direccionada que no se ajusta a la naturaleza de la interacción on line, mediada por computador. La diferencia fundamental está en el 78
  • 79. tiempo para preguntar y responder, en el ritmo de la “conversación” que permite cada soporte tecnológico. En el caso del chat hay tres tópicos a considerar: el carácter textual de la interacción, el ritmo acelerado de ésta y la definición del contexto de la conversación en línea (Ardèvol et al. 2003). El predominio del formato textual en el chat se convirtió en el rasgo fundamental para definir el tipo de comunicación que favorece. Visto así, la textualidad es lo que caracteriza al chat y por tanto se ubica en la tipología de medio escrito. Sin embargo, en el plano práctico, el chat funciona como el habla, es decir, prevalece la conversación espontánea, es estructuralmente desordenada, poco reflexiva, no se da un código comunicativo formal, y de manera contradictoria hay componentes artificiales que intentan suplir la ausencia de los elementos gestuales no verbales (entonación, mirada, gestos, ambiente, etc) de la conversación cara a cara. Esta última es la carencia o particularidad más distintiva del chat en comparación con la comunicación oral. Siguiendo la terminología de Geertz, Mayans i Planells define al chat como un “género confuso” (Mayans 2000, 2002) que merece el reconocimiento de un “nombre propio” en cuanto poseen condiciones propias y de desarrollo que le confiere autonomía. La comparación con otros medios no resulta apropiada dada la singularidad del nuevo medio, así como el descrédito en el que ha caído al ser encasillado como un medio que empobrece la comunicación. Otro elemento característico del chat es el ritmo de la conversación, la que sólo admite expresiones cortas y respuestas inmediatas, pues la atención del interlocutor al diálogo vive la amenaza de conversaciones paralelas, sin contar con que siempre la habilidad para teclear en pantalla es más lenta que la velocidad del pensamiento y la expresión oral. Aquí aparece la pesadilla de los profesores que se quejan del deterioro del lenguaje escrito promovido por el chat con sus incorrecciones gramaticales, ortográficas y tipográficas voluntarias y deliberadas34. No obstante, se puede sostener que tal lenguaje constituye un código propio y exclusivo del medio, basado en cierta economía del lenguaje. En el chat no hay espacio ni tiempo para la excesiva retórica de la escritura. Vale señalar además que los usuarios distinguen el cambio del código comunicativo entre el chat y otros medios asincrónicos, reconociéndolo como un género distinto. Para Mayans el chat textual encarna una cultura distinta y un ethos comunicacional que encuentra su particularidad en el modo textual puro (Mayans, 2002) “De este modo, como decimos, el discurso en un ‘chat’ es una obra colectiva, fragmentaria y vital. En ella participan, en su proceso de creación, varias personas. A ello cabría añadir los que sólo leen, ya sea por estar en otra/s 34 Las incorrecciones en el uso del lenguaje en el chat son en su mayoría voluntarias. Para Miyans no refleja ignorancia sobre el uso formal de la lengua sino un uso premeditadamente descuidado, informal. Así, la lengua escrita adquiere una vivacidad, flexibilidad y expresividad más propias de las interacciones orales que de las escritas. Además de estas incorrecciones existen otras con cargas simbólicas diferentes, como escribir con mayúscula que equivale a gritar en el canal, por ejemplo (Miyans 2000). 79
  • 80. conversación/es o por el simple hecho de no querer participar activamente en la que está en marcha. Los contenidos del discurso se dispersan y se redireccionan por obra y gracia del medio, que favorece esta fragmentación. Y su vitalidad, su espontaneidad, son fácilmente identificables, por el carácter inmediato de su divulgación local. Es, en definitiva, el más segmentado, participativo y ‘oral’ de los registros escritos” (Mayans, 2000). Por último, el contexto de la conversación por chat es un aspecto que está fuera de alcance determinar y el que resulta más difícil de precisar para el usuario como para el que emprende un estudio cualitativo. Junto a la textualidad y ritmo acelerado que caracteriza el chat, la ausencia de contexto de conversación son los rasgos que delimitan el marco al que se deben ajustar los instrumentos empleados en la etnografía para obtener información de los informantes, como es el caso de las entrevistas. Visto así, el conocimiento profundo del medio, del código que impera, es imprescindible para el investigador, y será lo que le permita ajustar sus instrumentos de recolección de datos a las condiciones propias del medio y objetivos planteados a estudiar. Por ejemplo, acordar con el entrevistado en chat que informe si mientras transcurre la entrevista avise si entabla conversaciones paralelas o si hay distracciones en el lugar son medidas que permiten al investigador incorporar información contextual del diálogo (Ardèvol et al., 2003). Convenir también en informar a qué se debe la posible demora en la respuesta le permite al investigador asumir la espera con menos incertidumbre sobre lo que está pasando en la interacción. “Para evitar la incertidumbre, una pauta utilizada era que si comenzaba una frase pero ésta no era la respuesta completa, escribiera unos puntos suspensivos o cualquier otro signo al final de la frase para saber que seguiría escribiendo y que no era el momento de pasar a la siguiente pregunta” (Ardèvol et al., 2003). Una tarea que aparentemente estaría resuelta en el estudio del chat es la transcripción de las conversaciones informales y las entrevistas concertadas pues bastaría con copiar el registro dejado en el chat sobre el diálogo. Sin embargo, la naturaleza libre de la conversación en chat, entrecortada, difusa y fragmentada requiere la reconstrucción del momento del diálogo en que los fragmentos fueron inteligibles y tuvieron sentido para el investigador. En cambio, la entrevista puede sorpresivamente mostrar una reflexión más articulada, ordenada y cuidada que la conversación cara a cara o en línea (Ardèvol et al., 2003). En la investigación sobre el chat que realizaron Ardèvol, Bertrán y Callén, la pauta de entrevista que comenzaba con una “pregunta anzuelo” se convirtió en una larga lista de interrogantes precisas. La entrevista en el chat fue muy distinta a la dinámica de la entrevista cara a cara, organizada temáticamente para favorecer la libre expresión del informante. De las preguntas cortas y concretas se obtienen respuestas cortas, de no más de 6 palabras en promedio. Este estudio le permitió concluir al equipo de investigación que las usuarias del chat viven de manera tan naturalizada su experiencia que no experimentan una distancia que motive una visión reflexiva de lo vivido y la elaboración de un discurso al respecto. “Las 80
  • 81. entrevistadas no tienen una narrativa estructurada sobre la experiencia en línea" (Ardèvol et al., 2003: 89). La distinción entre medios que favorecen la comunicación asincrónica y la sincrónica dejar ver tipos de interacción distintas, tal como lo señalan las investigaciones revisadas. Tal parece que la interacción asincrónica viene determinada, en la mayor parte de los casos, por un discurso más reflexivo y generado a partir de la ausencia de instantaneidad. Es decir, la eliminación del marco temporal compartido aminora la presión recíproca de dar una respuesta instantánea al interlocutor (Arriazu, 2007). El estudio que en el año 2001 realizaron Veerman y Veldhuis-Diermanse sobre medios on line sincrónicos y asincrónicos en la educación académica, determinó que a diferencia del chat, el foro promovía una mejor organización, discusión y predisposición a la reflexión y creación de conocimiento entre los estudiantes. La instantaneidad del chat limitaba en buena medida estas mismas habilidades (Veerman y Veldhuis-Diermanse, 2001). No obstante, en el caso del chat y foro se aprecia como denominador común la primacía del texto, de la comunicación textual. Pero este rasgo logra articular formas de socialización distintas en ambos medios. En el foro de discusión por ejemplo, así como en otros medios de comunicación asincrónica (blog), se puede acceder a interacciones sociales más estructuradas e introspectivas. "Los foros electrónicos son un buen ejemplo de dispositivo socio- técnico en el sentido de que son artefactos construidos para el desarrollo de la interacción social en línea" (Gálvez et al., 2003: 3). Para algunos, la fuerza del foro está en que es una herramienta capaz de vertebrar la socialización en el ciberespacio. A su vez, los foros son espacios donde afloran un conjunto de discursos textuales sumativos e interactivos de carácter social y comunitario. Este rasgo es preeminente en el diseño de las entrevistas a realizar a los usuarios de un foro. En el caso del blog hay que considerar que el estudio ya no se restringe a la dimensión textual de los usuarios sino a la integración de variados objetos digitales elaborados por los sujetos y relacionados entre sí, dispositivos y artefactos como imágenes, videos y repositorios de enlaces favoritos. Además, los límites del campo son menos nítidos que en el caso de un chat o una “comunidad virtual” dada por un foro de discusión. Pese a este rasgo de sofisticación del medio blog se disponen de estudios cualitativos etnográficos que no implican mayor innovación en las estrategias de investigación y recolección de información. Por ejemplo, en 2005 Takhteyev y Hall estudiaron las motivaciones que llevan a una persona a involucrarse con la práctica de crear y mantener un blog en un centro de investigación universitario, una comunidad off-line. A partir de entrevistas abiertas, cara a cara, los informantes discutieron sus experiencias y hábitos de lectura de blogs, así como de mantenimiento de las cuentas que poseen. La muestra resultó sumamente variada pues participaron bloggers experimentados y recientes, activos y “desertores”, uno que analizaba la posibilidad de crear uno, y 81
  • 82. algunos que rechazaban directamente la idea de mantener y leer blogs. En la investigación Takhteyev y Hall destacan el lugar primordial que ocupan los vínculos entre la interacción on line y off line que revela cómo la participación en el “mundo blog” depende de las amistades que están involucradas activamente en el medio (Takhteyev y Hall, 2005). Otro estudio emblemático sobre blogs fue realizado en el año 2003, por Lilia Efimova, quien realizó un estudio exploratorio sobre los diferentes usos de los blog con propósitos profesionales para observar el “trabajo del conocimiento” (knowledge work). A partir de un cuestionario cualitativo on line, que respondieron 62 bloggers y 20 personas sin blog, se consultó sobre las motivaciones para crear un blog, así como el contexto, tecnología y características personales que apoyan la actividad del blogger. Efimova propone finalmente realizar el mismo estudio pero en diferentes contextos para ampliar la comprensión del uso del blog, y además incorporar un enfoque multidisciplinario que atienda a la relación entre la dimensión individual, de comunidades y redes, y de ideas, presentes en el uso del blog (Efimova, 2004). A diferencia de Efimova, la estrategia de investigación de Estalella y Ardèvol en 2007 para estudiar los blogs comenzó con la creación de un “blog de campo” propio -muy distinto a un diario de campo- que contribuyera con la orientación de la investigación a través de la propia experiencia del investigador, permitiera establecer un vínculo o rapport con los blogger, que dotara de credibilidad al investigador ante los sujetos estudiados y que colaborara con dejar una constancia pública de la realización de la investigación como imperativo ético establecido (Estalella y Ardèvol, 2007). El blog le permitió a los investigadores construir una identidad como blogger y establecer relación con los usuarios. En el blog de campo se dejó registro de la información procedente de diversos dispositivos en torno a una misma persona y los datos aportados por su propio blog. Con ello se visibilizó la presencia de los investigadores en el terreno y favoreció la construcción de relaciones estrechas manifestadas en la interacción entre bloggers y en las entrevistas. Estas fueron cuestionarios dirigidos a bloggers identificados así como a otros desconocidos remitidos por terceros. La estrategia asumida es equivalente a la propuesta de Michael Wesch en su estudio del servicio de video YouTube al abrir un canal en el que informa de su investigación de manera regular y con detalles a través de videos de docencia y en el que se presenta el equipo de investigación (Wesch, 2008). El principio de esta estrategia así como la del blog de campo es “construir alguna forma de co-presencia a través de Internet mediante los mismos dispositivos y prácticas de aquellos a quienes se estudia” (Estalella y Ardèvol, 2007). Bajo la idea de la copresencia y reciprocidad, en 2005, Telli, Pisanu y Hakken desarrollaron el proyecto Floss para estudiar una comunidad virtual vinculada a la creación de software libre denominada OpenSolaris. Comenzaron con la creación de un sitio web presentando el estudio y a los miembros del equipo de investigación. Inspirado en la idea de “reciprocidad”, a través de los posteos en este medio obtuvieron las percepciones y opiniones de los informantes sobre su 82
  • 83. participación en la investigación en respuesta al vínculo fuera de línea que entablaron previamente con algunos de ellos, así como los puntos de vista de aquellos con los que sólo mantuvieron relaciones on line. Los mensajes en una lista de correos fue uno de los elementos fundamentales para recolectar información y datos de la comunidad y así desentrañar la manera en que la licencia del software funciona en una comunidad de programadores. Este elemento “no humano” (la licencia), mediador entre los miembros del grupo, opera como si estuviesen sometidos al mismo sistema de software de derechos de autor, concluye el estudio (Telli, Pisanu y Hakken, 2005). La comprensión del grupo en estudio determina en última instancia los límites de las listas de correo y permite cuestionar la aplicación de una solución a priori (uso de la “caja negra”). La revisión de algunas estrategias, consideraciones y herramientas de recolección de datos e información adoptados por diversos investigadores según el medio que abordan conduce de manera manifiesta a dilemas éticos sobre el papel del investigador en el terreno, la responsabilidad que le cabe sobre la información proporcionada por los informantes y aspectos relacionados con la escritura etnográfica y tecnologías digitales. 4. De la ética de campo a la escritura etnográfica Son varias las dudas sobre lo lícito, ético y hasta políticamente correcto e incorrecto que rondan una investigación etnográfíca, todo ello porque el trabajo de investigación se realiza con personas a las que hay que respetar en su dignidad. Por ello, se espera que todo estudio considere en su diseño, ejecución y publicación la responsabilidad social que le cabe en cuanto su apego al rigor científico pero sin que esta adhesión perjudique o lesione de algún modo a los grupos o sujetos estudiados, que viole su privacidad o que ponga en riesgo su seguridad. Como respuesta a estos imperativos, se acostumbra mantener en el anonimato los datos personales de los informantes y a solicitar el consentimiento de los participantes en el estudio luego de informarles sobre el objetivo y detalles de la investigación. Algunos consideran que al responder una entrevista o cuestionario implícitamente el informante ha consentido en ser parte del estudio. En el caso de la observación participante solicitar la aprobación de cada persona con la que se interactúa es un proceso engorroso e intrusivo, que puede alterar la misma observación. El dilema que se plantea a menudo se refiere entonces a lo adecuado o necesario de revelarles a los informantes que se está realizando un estudio o mantenerse oculto sin declarar las intenciones de la observación, de manera semejante a la de un espía o policía. Algunos sugieren una negociación constante del consentimiento durante todo el trabajo de campo, de manera que en toda instancia o etapa los participantes están de acuerdo en colaborar de manera más tácita que formal. Otro punto que apela al discernimiento del investigador es en el límite de lo registrado en la observación, siempre cuidando de mantener la seguridad de los informantes. 83
  • 84. En general, se pueden considerar dos dimensiones al distinguir lo público de lo privado en estudios on line como off line. La primera es si el investigador interactúa con la gente durante la investigación (aunque ésta se realice en una plaza pública, debe solicitar el consentimiento informado), y la segunda es sobre el tipo de registro que se realiza en cuanto si es permanente (como grabaciones de audio o de video), caso en que debe al menos informarse a las personas de que están siendo grabadas. Desde este punto de vista, la etnografía virtual requiere la evaluación de ambas condiciones para cada medio en particular con el que se trabaje (Estalella y Ardèvol, 2007). En el ciberespacio los principios éticos que acechan la investigación etnográfica están definidos por la compleja discusión sobre lo privado y lo público. Se puede considerar que por estar en Internet toda la información es pública siempre y cuando no se solicite una clave de acceso a determinado medio. En el caso de las redes sociales este punto ha sido especialmente debatido por la opinión pública ante la facilidad con que se pueden obtener grandes cantidades de datos de personas. Los profesores y padres se quejan de las redes porque ofrecen demasiada información personal que es privada y pública al mismo tiempo. El investigador también puede disponer de muchos datos de los sujetos investigados (repositorios de fotografías, etc) revisando blogs, sitios web y redes sociales, situación que le impele a “exponerse” a sí mismo siguiendo las premisas de reciprocidad de una observación participante on line. Sin embargo, las dos condiciones ya revisadas (interacción del investigador con los informantes y registro de la información) problematizan la discusión sobre la aplicación mecánica de los principios éticos señalados en cualquier situación on line35. Estalella y Ardèvol proponen tres reflexiones a tomar en cuenta en cada dilema ético que se le presente al investigador en el marco de estudios particulares y situados, según la categoría de los dispositivos a examinar: En primer lugar, la percepción de lo público y lo privado puede variar según la posición del sujeto observador (externa o interna al colectivo) y por tanto, no podemos juzgar "desde fuera" sin tener en cuenta la percepción de los actores. En segundo lugar, el tipo de tecnología o la arquitectura tecnológica, no determina el carácter privado o público de un espacio de interacción, depende una vez más de la percepción que tienen los usuarios sobre lo que están haciendo, es resultado de la negociación y del sentido que le atribuyen a esas interacciones cada colectivo. En tercer lugar, y como corolario, lo público y lo privado no son categorías absolutas que podamos determinar "a priori" en 35 Sobre la discusión de los principios éticos a seguir en el estudio cualitativo de Internet ver: Peden, Blaine F. & Flashinski, Douglas P. (2004). “Virtual research ethics: A content analysis of surveys and experiments online”. En Elizabeth Buchanan (Ed.), Readings in virtual research ethics: Issues and controversies (pp.1-26). Londres: Information Science Pub Walther; Joseph B. (2002). “Research ethics in Internet-enabled research: Human subjects issues and methodological myopia”. Ethics and Information Technology, 4(3), 205- 216; , Elgesem, Dag (2002). “What is special about the ethical issues in online research?”, Ethics and Information Technology, 4(3), 195-203; y Allen, Christina (1996). “What's wrong with the ‘Golden Rule’? Conundrums of conducting ethical research in cyberspace”. Information Society, 12, 175-187; entre otros. 84
  • 85. relación a las interacciones de internet, son contextuales y dependen de la negociación que cada colectivo lleve a cabo. (Estalella y Ardèvol 2007) El énfasis está en que la etnografía virtual está situada, y que cada emprendimiento de investigación como de solución a dilemas éticos requiere adaptación a la especificidad de los contextos y tipo de dispositivo tecnológico usado. La ética dialógica, como una forma de diálogo y negociación que atiende a las relaciones concretas que se establecen entre individuos y dispositivos que colaboran en una investigación es un procedimiento ético, teórico y metodológico que tiene como sustrato fundamental la co-presencia, reciprocidad o mutualidad del investigador en el campo y la constitución de relaciones simétricas con los informantes al participar del mismo medio. Esta podría ser uno de los rasgos que caracterizarían a la etnografía virtual y la diferenciaría del resto de la etnografía conocida hasta el momento: una actividad que implica una ética irrenunciable. Una discusión ética que en pocas ocasiones se aborda con escaso interés entre los investigadores es la divulgación de la investigación concluida. La pregunta que ronda es entonces ¿para quién es el conocimiento antropológico? Si bien hay actividades intelectuales que se definen y reconocen al servicio de un público masivo (periodismo, literatura, artes visuales), en la etnografía no hay un reconocimiento semejante. No existe la lealtad con el gran público (fidelidad con lo que realmente ocurrió, con los datos y con las consecuencias), porque lo que predomina es la probidad con la élite de expertos. El escrito etnográfico es parte del mundo social que intenta revelar, he ahí su carácter reflexivo. Vale recordar que el etnógrafo obtiene y produce datos a través de la observación y las entrevistas, luego los fija en un documento en el que emprende una interpretación de segundo orden y hasta tercer orden (interpretación de interpretaciones primarias). El etnógrafo cristaliza, atrapa un momento único en el relato, en el texto etnográfico que elabora y que puede ser Consultado y revisado más allá del tiempo en que sucedió. Es un acto de construcción en el que interviene la memoria, las notas del diario de campo, las entrevistas formales hechas y las conversaciones sostenidas en un chat o los posteos en un blog. Esta construcción, el escrito etnográfico, es también es en cierta forma una ficción (ficción en el sentido de algo elaborado, hecho, compuesto): los actores y los hechos son reales y ocurrieron, pero hay un “acto imaginativo” en el etnógrafo al seleccionar, plasmar, aclarar lo que sucede y contar una historia que ha sido interpretada en función de los supuestos que obtuvo en la experiencia y que le permitieron elaborar un marco interpretativo. Desde este punto de vista, el “pacto de la no-ficción” que el investigador le propone al lector (voy a contarle una historia y esa historia es cierta, ocurrió y yo me enteré de eso) siempre será quebrantado más allá de la veracidad de los hechos y la fidelidad con que se relaten. En la etnografía off line se suma a la presión del pacto incumplido de “no ficción” descrito, la condición particular de desarrollar una investigación que tiene una 85
  • 86. dimensión mediada absoluta. Esta dimensión mediada se mantiene a lo largo de una investigación etnográfica. Si bien, lo específico en ella es que hay una mediación tecnológica, ésta se halla presente en todo el proceso etnográfico: en la observación participante, en el registro y construcción de los datos, y hasta en la presentación final de la investigación. La mediación técnica (el registro textual, en audio, fotografía o vídeo) es clave en la investigación etnográfica porque fija la experiencia y descontextualiza la memoria del observador, creando un nuevo contexto para el análisis (Ardèvol et al., 2003). La etnografía hipermedia o etnografía digital no apunta al sitio o lugar del trabajo de campo. Se refieren entonces a la presentación de los resultados etnográficos; al reemplazo del escrito etnográfico tradicional monográfico por dispositivos tecnológicos en Internet. A partir de una etnografía tradicional realizada en la Plaza de Cataluña en Barcelona, Nadja Monnet se planteó equilibrar la preminencia acostumbrada del texto en las etnografías tradicionales por una en que éste se articulara al ambiente sonoro e imágenes que emergieron del trabajo de campo (Monnet 2007). Monnet además se planteó la necesidad de convertir en destinatarios del conocimiento antropológico a los no expertos (Monnet 2008: 71-77). En este cometido, Internet ofrece nuevas posibilidades para que el conocimiento antropológico desborde los límites especializados de su disciplina, bien sea construyendo una etnografía en una página web que contenga registros textuales, fotográficos y sonoros del campo, o con un documental etnográfico on line. Este conocimiento antropológico eventualmente puede ser incorporado de manera directa y activa por los ciudadanos. Incluso puede promover el desarrollo de una conciencia sociológica, o más bien, antropológica. Informantes y protagonistas pueden tomar conciencia de los roles que desarrollan en su vida cotidiana, hasta papeles tan sofisticados como mediadores sociales de su comunidad (Robles, 2008). Es imprescindible recordar que asumir una escritura etnográfica más allá de lo textual exige reconocer los aspectos inherentes al uso de registro audiovisual en el trabajo de campo; al efecto de la cámara ante los informantes (inhibidor, transformador de la cotidianidad, etc) y cómo orienta la mirada del investigador. Asimismo, el uso posterior a la etnografía de las imágenes y registros obtenidos tiene implicancias éticas que ya se han señalado. La gran paradoja que pone en relieve la etnografía digital o hipermedia resulta del énfasis con el que las ciencias sociales en general -y ahora la antropología en particular- abordan el espacio virtual plagado de imágenes y sonidos, pero no llevan a la práctica estas nuevas formas de representación no escrita. El uso de Internet en la presentación de las investigaciones etnográficas es una expresión más de los cambios que las TIC’s están introduciendo en la producción tecno-científica y la apertura de la e-science al ciber conocimiento en ciencias sociales, que rara vez se le considera en este marco de cambios. Los desafíos para las e-social science que establece este panorama en desarrollo sobrepasan el uso de recursos informáticos en el tratamiento de datos de forma masiva y de plataformas digitales de colaboración y comunicación entre investigadores. Junto 86
  • 87. con las nuevas infraestructuras materiales, serán imperiosas nuevas habilidades sociotécnicas para la investigación, presión sobre las prácticas científicas y académicas existentes y la consideración de nuevas políticas científicas con objetivos estratégicos y destinación de recursos.- Referencias bibliográficas ARDÈVOL, Elisenda, Marta Bertrán, Blanca Callén, Carmen Pérez. (2003). “Etnografía virtualizada: la observación participante y la entrevista semiestructurada en línea”. Athenea Digital, núm. 3: 72- 92 (primavera 2003) 75. Disponible en http://antalya.uab.es/athenea/num3/ardevol.pdf [Consultado 01-11-2009] ARDÈVOL, Elisenda y Antoni Roig (2009). “Els media a través de les pràctiques: una aproximació etnogràfica als estudis de comunicación”. Digithum. Núm. 11. UOC. Disponible en http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=3041351&orden=221647&info=link [Consultado 01- 11-2009] ARRIAZU, Rubén (2007). “¿Nuevos medios o nuevas formas de indagación?: Una propuesta metodológica para la investigación social on-line a través del foro de discusión”. Forum Qualitative Sozialforschung / Forum: Qualitative Social Research, 8(3), Art. 37. Disponible en http://nbn- resolving.de/urn:nbn:de:0114-fqs0703374 [Consultado 01-11-2009] AUGÉ, Marc. (1992). Los no lugares. Espacios del anonimato. Barcelona: Gedisa. BALLANTYNE, P. (2002, May). “Collecting and Propagating Local Development Content: Synthesis and Conclusions”. IICD Research Report, No. 7. The Hague: International Institute for Communication and Development. 2007 May. Disponible en http://www.ftpiicd.org/files/research/reports/report8.doc [Consultado 01-11-2009] BURSET, Silvia y Lydia Sánchez. (2009). “Adolescentes y fotoblogs: la construcción de la identidad mediante el juego”. Digithum. N.º 11. UOC. Disponible en http://www.uoc.edu/ojs/index.php/digithum/article/viewFile/n11_burset/n11_burset_esp [Consultado 01-11-2009] CALLEN, Blanca y Elisenda Ardèvol. (2003). “Experiencia etnográfica en chats: Identidad y Participación”. Encuentros en Psicología Social, 2003, 1(5): 219-223. CUADRA, Álvaro. (2008). Hiperindustria Cultural. Santiago: Editorial Arcis. DUTRA, Liliane. (2007) “Redes sociales de inmigrantes e integración ciudadana: un estudio sobre usos de Internet por latinoamericanos residentes en Barcelona.” EMIGRA Working Papers, 53. Disponible en Internet: http: http://webs2002.uab.es/antropologia/emigra/Emigra%20Working%20Papers%20pdf/Emigra%20Wo rking%20Papers_53,%20Dutra%20et%20al..pdf [Consultado 01-11-2009] EFIMOVA, Liliana. (2004). “Discovering the iceberg of knowledge work: A weblog case”. Disponible en https://doc.novay.nl/dsweb/Get/Document-34786/ [Consultado 01-11-2009] ESTALELLA, Adolfo y Elisenda Ardèvol. (2007). “Ética de campo: hacia una ética situada para la investigación etnográfica de Internet”. Forum Qualitative Sozialforschung / Forum Qualitative Social Research, 8(3), Art. 2. Disponible en http://nbn-resolving.de/urn:nbn:de:0114-fqs070328 [Consultado 01-11-2009] ETCHEVERS, Nicole. (2005). "Ruta Etnográfica para la Comprensión de la Comunicación On-line". Revista electrónica DIM, Año 1, nº 1, Junio del 2005. Disponible en el ARCHIVO del Observatorio para la CiberSociedad en http://www.cibersociedad.net/archivo/articulo.php?art=204 [Consultado 01-11-2009] 87
  • 88. GALVEZ, Ana María; Ardèvol, Elisenda; Nuñez, Francesc y González, Isaac (2003). “Los espacios de interacción virtual como dispositivos sociotécnicos”. http://cv.uoc.edu/~grc0_000199_web/pagina_personal/Dispositivo.pdf [Consultado 01-11-2009] GARCÍA LANDA, José Angel. (2007). “Netiquette, Politeness, Strategy and Wisdom”. (November 1, 2007). Disponible en http://ssrn.com/abstract=1030361 [Consultado 01-11-2009] GEERTZ, Clifford. (1987). La Interpretación de las Culturas. México: Gedisa. GIDDENS, Anthony. (1990). The Consequences of Modernity. Cambridge: Polity. HAKKEN, David. (1999). Cyborg@Cyberspace. An ethnographer looks to the future. New York: Routledge. HAKKEN, David. (2003). The knowledge landscapes of cyberspace. New York: Routledge. HAMMERSLEY, Martin y Paul Atkinson. (1994). Etnografía. Barcelona: Ediciones Paidos. HINE, Christine. (2000). Etnografía virtual. UOC, Barcelona. HOLMES, Tori (2009). “Local content in Brazil: conceptual framework and methodological implications”. En: E. ARDÈVOL y A. ROIG (coords.).“Researching media through practices: an ethnographic approach”. Digithum. Iss. 11. UOC. Disponible en http://www.raco.cat/index.php/Digit/article/view/138102/188780 [Consultado 01-11-2009] KOLKO, B. E. L. Nakamura y G.B. Rodman. (eds.) (2000). Race in Cyberspace. New York: Routledge. LEVY, Pierre. (2001). Cibercultura. Santiago: Editorial Dolmen. MALINOWSKY, Bronislaw. (2001) [1922]. Los Argonautas del Pacífico Ooccidental. Ediciones Península, Barcelona. MAYANS I PLANELLS, Joan. (2000). “Género confuso: género chat”. Revista TEXTOS de la CiberSociedad, 1. Temática Variada. Disponible en http://www.cibersociedad.net/textos/articulo.php?art=22 [Consultado 01-11-2009] MAYANS I PLANELLS, Joan. (2002). Género chat: o cómo la etnografía puso un pie en el ciberespacio. Barcelona: Editorial Gedisa. MILLER, D. y D. Slater. (2000). The Internet: An Ethnographic Approach. Oxford: Berg. MILLER, D.y D. Slater. (2004). “Etnografia on e off-line: cibercafés em Trinidad”. Horizontes Antropológicos. Vol. 10, iss. 21, pp. 41-65. MONNET, Nadja (2007) La Ciudad, instrucciones de uso; esbozos barceloneses, Barcelone, Universitat de Barcelone. Disponible en http://www.tesisenxarxa.net/TDX-1010107-130510/ [Consultado 01-11-2009] MONNET, Nadja. (2008). “Tecnologías digitales y escritura etnográfica”. En Elisenda Ardèvol, Adolfo Estalella y Daniel Domínguez (coord). La mediación tecnológica en la práctica etnográfica. ANKULEGI antropologia elkartea. Disponible en http://mediacciones.es/wp- content/uploads/05_volumen_mediaciones.pdf#page=65 [Consultado 01-11-2009] RYBAS, Natalia y Radhika Gajjala. (2007). “Developing Cyberethnographic Research Methods for Understanding Digitally Mediated Identities”. Forum Qualitative Sozialforschung / Forum: Qualitative Social Research, 8(3), Art. 35. Disponible en http://www.qualitative- research.net/index.php/fqs/article/viewArticle/282/619 [Consultado 01-11-2009] ROBLES, Juan Ignacio (2008). “Publicaciones digitales: oportunidad y riesgo para la difusión de la producción etnográfica audiovisual”. En Elisenda Ardèvol, Adolfo Estalella y Daniel Domínguez (coord). La mediación tecnológica en la práctica etnográfica. ANKULEGI antropologia elkartea. Disponible en http://mediacciones.es/wp-content/uploads/05_volumen_mediaciones.pdf#page=65 [Consultado 01-11-2009] 88
  • 89. PALAZZO, Gabriela. (2005) “¿Son corteses los jóvenes en el chat? Estudio de estrategias de interacción en la conversación virtual”. Revista TEXTOS de la CiberSociedad, 5. Temática Variada. Disponible en http://www.cibersociedad.net/textos/articulo.php?art=60 [Consultado 01-11-2009] SIMONA, Isabella (2007). “Ethnography of Online Role-playing Games: The Role of Virtual and Real Contest in the Construction of the Field”. Forum Qualitative Sozialforschung / Forum Qualitative Social Research. 8(3), Art. 36. Disponible en http://nbn-resolving.de/urn:nbn:de:0114- fqs0703367 [Consultado 01-11-2009] TAKHTEYEV, Yuri y Joseph Hall. (2005). “Blogging together: Digital expression in a real-life community”. Disponible en http://www.takhteyev.org/papers/Takhteyev_Hall_2005_Blogging_Together.pdf [Consultado 01-11- 2009] TELI, Maurizio, Francesco Pisanu y David Hakken (2007). “The Internet as a Library-of-People: For a Cyberethnography of Online Groups”. Forum Qualitative Sozialforschung / Forum Qualitative Social Research. 8(3), Art. 33. Disponible en http://nbn-resolving.de/urn:nbn:de:0114-fqs0703338 [Consultado 01-11-2009] VEERMAN, Arja y Else Veldhuis-Diermanse. (2001). “Collaborative learning through computer- mediated communication in academic Education”. Proceedings European Perspectives on Computer Supported Collaborative Learning : Euro-CSCL. - Maastricht : Maastricht McLuhan Institute, 2001,pp. 625-632. Disponible en http://library.wur.nl/file/wurpubs/LUWPUBRD_00357798_A502_001.pdf [Consultado 01-11-2009] WESCH, Michael. (2008). An Anthropological Introduction to YouTube by Michael Wesch and the Digital Ethnography Working Group. Disponible en Internet: http://www.youtube.com/watch?v=TPAO-lZ4_hU [Consultado 01-11-2009] 89
  • 90. SOBRE LOS AUTORES Álvaro Cuadra Rojas es licenciado y Magister en Letras (Pontificia Universidad Católica de Chile) y Doctor de La Sorbona en Semiología y Letras (Paris). Profesor de las cáteras de Comunicación social y Teoría de la Cultura en diversas universidades públicas y privadas. Sus artículos han sido publicados en numerosas revistas académicas de Chile, Argentina, México y Brasil. En los últimos años, su investigación se ha concentrado en examinar las transformaciones culturales en Chile desde la expansión tecnológica y massmediática, plasmada en las publicaciones De la Ciudad Letrada a la Ciudad Virtual” (Lom, Santiago, 2003), Paisajes Virtuales (2005) e Hiperindustria Cultural (Arcis, Santiago, 2008). Su más reciente obra, de pronta publicación, Opticas de la Modernidad, explora la constitución de una sociedad de la seducción durante la segunda mitad del siglo XIX en Paris, una que hoy nos es tan familiar como es la sociedad de consumo. Víctor Silva Echeto es licenciado en Ciencias de la Comunicación (Universidad de la República- Uruguay), licenciado en periodismo (Universidad de Sevilla- España), Magíster en Comunicación Audiovisual (Universidad Internacional de Andalucía- España)) y Doctor en Estudios Culturales: Literatura y Comunicación (Universidad de Sevilla- España). Investigador Postdoctoral de las Universidades Paulista (Brasil), Pontificia Católica de Sao Paulo (Brasil) y de Ginebra (Suiza). Es profesor del Departamento de Ciencias de la Comunicación y de la Información de la Universidad de Playa Ancha (Valparaíso), coordinador del Magíster en Comunicación de la misma Universidad y profesor del Doctorado en Cultura y Educación (ELAP-Universidad Arcis, Santiago). Entre sus numerosas publicaciones destacan obras en coautoría (La comunicación en la era de la mundialización de las culturas (Universidad de la República, Montevideo, 2009), y su último libro Antropofagias. Las indisciplinas de la comunicación (Biblioteca Nueva, Madrid, 2007). Carlos Tapia Martín es arquitecto, investigador y Doctor Arquitecto (Universidad de Sevilla). En la actualidad es miembro académico del Máster oficial “Ciudad y Arquitectura Sostenibles” y profesor colaborador doctor del Departamento de Historia, Teoría y Composición Arquitectónicas de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad de Sevilla. Ha ocupado cargos directivos y ha sido asesor del Centro de las Artes de Sevilla. Por su obra arquitectónica ha sido galardonado algunos premios y reconocimientos. Sus publicaciones en revistas especializadas son numerosas, así como en catálogos de exposiciones (Bienal de Arte Contemporáneo de Sevilla, 2009). Se destaca su último libro El presente de los procesos socioespaciales. Soportes para lo común e identitario (UNIA, Sevilla, 2009). Javiera Carmona Jiménez es periodista y licenciada en Comunicación Social (Universidad Arcis, Santiago), Magister en Arqueología (Universidad de Chile) y candidata a Doctora en Historia (Universidad de Chile) y se desempeña como profesora de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Santiago de Chile. Entre sus publicaciones se cuentan crónicas periodísticas y artículos sobre los vínculos entre la comunicación social, el periodismo y ámbitos específicos de las ciencias sociales contemporáneas, así como de la historia cultural colonial. Su último artículo próximo a publicarse, Periodismo y 90
  • 91. Antropología: lealtades y ficciones (Revista Re-Presentaciones), explora los puentes entre la etnografía tradicional (teoría, método y escritura) y la crónica periodística latinoamericana actual. Reina Barroso Toledo es licenciada en Comunicación Social, mención periodismo audiovisual (Universidad Santa María, Caracas) y está por egresar del Magister en Comunicación Política (ELAP-Universidad Arcis, Santiago) con una investigación etnográfica virtual sobre el cibercrimen en la red y sus incidencias en la pornografía infantil. En el año 2005 recibió el Premio Monseñor Pellín por un reportaje sobre los niños en riesgo social del Estado Vargas (Venezuela). Es autora de numerosos reportajes audiovisuales y radiales de corte social, y en los últimos años sus investigaciones se han concentrado en la revisión de las transformaciones sociales de Venezuela y América Latina con énfasis en las denuncias y demandas ciudadanas. Miguel Ángel Arredondo es teólogo, licenciado en Ciencias Religiosas (Pontificia Universidad Católica de Chile), Magister en Educación (Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación, Santiago) y Doctor candidato en Educación (Universidad de Illinois, Chicago). Cuenta con una dilatada trayectoria en investigación en educación, y es autor de numerosas publicaciones en Chile y el extranjero sobre los efectos y condiciones de la introducción de las tecnologías de la información en el ámbito escolar y de la educación superior. Se desempeña como profesor del Magister en Educación de la Universidad Arcis (Santiago) y de la Universidad de Los Lagos (Santiago). Gumercindo Pinto Devia es profesor ETP (Universidad de Los Lagos, Santiago), licenciado en Educación (Universidad Técnica Metropolitana, Santiago) y Magíster en Educación (Universidad ARCIS) y candidato a Doctor en Cultura y Educación (ELAP- Universidad Arcis, Santiago). Desde el año 2000 se desempeña en ambientes e-learning como diseñador curricular, formador de formadores virtuales, coordinador y tutor en plataformas LMS, Moodle y aulas virtuales en procesos e-learning. Implementó y desarrolló el sistema e-learning en la Escuela Técnica Aeronáutica de Chile, y actualmente es el encargado de Investigación y Desarrollo de esta institución. Sus publicaciones abarcan el ámbito de la literatura y la poesía, junto con la reflexión sobre el futuro de la educación virtual. Entre sus publicaciones se cuentan “e-learning, Formación de tutores, (2004) (ETA-DGAC), Técnicas de Instrucción (2003). (TELEDUC-EPS, Santiago). E-book “Docencia en Educación Superior” (2006), Universidad Mayor de San Andrés, Bolivia. Leticia Rojas Castro es licenciada en Lengua y Literatura Hispánica (Pontificia Universidad Católica de Valparaíso) y Magíster en Formación de Profesores de Español como Lengua Extranjera (Universidad de León, España). Especialista en tutorías e- learning en el área de formación de profesores de español, actualmente cursa el Doctorado en Cultura y Educación (Universidad Arcis, Santiago). Eduardo Hamuy es Diseñador Gráfico, Magister en Educación mención Informática Educativa (Universidad de Chile) y Magister en Didáctica Proyectual (Universidad del Biobio). Administra los sistemas de aulas virtuales de la Universidad Arcis (Santiago) y de 91
  • 92. la Escuela de Postgrado de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile (Santiago), donde también se desempeña como docente. Es miembro del Comité Ejecutivo Internacional de la Sociedad Iberoamericana de Gráfica Digital, en la cual participa desde el 2005. Asimismo, es profesor asistente e investigador en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Chile. Su investigación sobre la plataforma Moodle ha sido recientemente publicada en Computers & Education, una de las revistas ISI de mayor impacto en el área de la educación. Su línea de trabajo le ha facultado para asesorar, dirigir, desarrollar e implementar proyectos de educación virtual. 92