El documento discute la importancia de que los nombres de los creyentes estén escritos en el Libro de la Vida en los cielos para heredar la salvación eterna. Explica que solo aquellos que nacen de nuevo y obedecen a Dios a través de la fe y el bautismo están inscritos, y que los que pierden su primer amor o se vuelven tibios pueden ser borrados.