El senderismo puede ser un motor de desarrollo social al proporcionar beneficios de salud, educación ambiental y estímulos económicos en regiones rurales. En Europa, ejemplos como la ruta de Santiago han revitalizado áreas en desuso, mientras que en América Latina se requiere la creación de rutas y capacitación local para lograr un impacto positivo. Es fundamental que los habitantes reciban beneficios directos para fomentar la valoración de su entorno natural y cultural, reduciendo así la emigración hacia áreas urbanas.