El documento detalla la perspectiva bíblica sobre el cuidado del cuerpo humano, considerándolo como templo del Espíritu Santo y promoviendo la salud física y espiritual. Se citan principios sobre la alimentación, la abstención de bebidas alcohólicas y tabaco, y la importancia del arreglo personal en conformidad con normas cristianas. Además, se enfatiza vivir de acuerdo al ejemplo de Jesús y cuidar del cuerpo como un deber espiritual.