1. 8 cosas que tu Biblia dice sobre sí misma
1. La Biblia es inspirada
Cuando los cristianos afirman que la Escritura es “inspirada”, ¿qué quieren decir? La
inspiración se refiere a la relación entre Dios y los autores de la Biblia. Estos hombres
no fueron inspirados en la forma en que típicamente usamos la palabra hoy; no es
como si el apóstol Pablo viera una hermosa puesta de sol y luego escribiera Gálatas.
Tampoco significa que entraría en algún estado catatónico, recitaría un montón de
palabras a un amigo, luego tomaría el pergamino y dijera: “¡Veamos lo que Dios
escribió!”.
Ante todo, la inspiración tiene que ver con el hecho de que el autor supremo de la
Biblia es Dios.
“Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para
corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto,
equipado para toda buena obra”, 2 Timoteo 3:16-17.
La totalidad de la Biblia es “inspirada por Dios”, exhalada por Dios. No es de extrañar
que se le refiera comúnmente como la Palabra de Dios.
Sin embargo, si Dios es su autor, entonces, ¿qué estaban haciendo Moisés, David,
Pablo, Juan, y todos los demás? ¿No estaban ellos escribiendo también las Sagrada
Escrituras? Exactamente. La Biblia fue escrita por Dios y por humanos o, más
precisamente, por Dios a través de los humanos. El apóstol Pedro lo explica de esta
manera:
“Pero ante todo sepan esto, que ninguna profecía de la Escritura es asunto de
interpretación personal, pues ninguna profecía fue dada jamás por un acto de
voluntad humana, sino que hombres inspirados por el Espíritu Santo hablaron de
parte de Dios”, 2 Pedro 1:20-21.
En otras palabras, Dios se aseguró de que los autores humanos escribieran
exactamente lo que Él quería que escribieran, nada más ni nada menos.
Sin embargo, estos autores no eran robots pasivos. Dios no borró sus personalidades
ni se apoderó de sus mentes. Escribieron como seres humanos que piensan y
sienten. Dios trabajó a través de sus personalidades únicas, educaciones,
antecedentes, y experiencias, para capacitarlos, para inspirarlos, a escribir la verdad
divina.
2. La Biblia es verdad
2. La Palabra de Dios es verdadera porque el carácter de Dios es verdadero. Él no es un
mentiroso; el Dios de verdad no puede decir palabras falsas. Dudar de la veracidad
de la Palabra de Dios es dudar de la veracidad de Dios mismo.
Algunas personas piensan que si bien los conceptos “espirituales” de la Biblia son lo
suficientemente verdaderos, gran parte del otro contenido (por ejemplo, detalles
históricos o geográficos) probablemente no lo sea. Pero esta suposición es falsa,
porque la Escritura no hace “ninguna restricción sobre los tipos de temas de los que
habla con veracidad”. Además, si la Biblia no es totalmente confiable en cada punto,
¿cómo podemos estar seguros de que es totalmente confiable en cualquiera de ellos?
Si la Biblia no es totalmente confiable en cada punto, ¿cómo podemos estar seguros
de que es totalmente confiable en cualquiera de ellos?
Mirando en la misma Escritura, encontramos numerosas afirmaciones sobre su
veracidad total (por ejemplo, Sal. 12:6; 19:7-9; 119:160; Pr. 30:5-6; Jn. 10:35; 17:17).
Cada palabra es descrita como perfecta (Sal. 12:6; Pr. 30:5), eterna (Sal. 119:89; Is.
40:8; Mt. 24:35), inquebrantable (Jn. 10:35), ilimitada en perfección (Sal. 119:96), y
completamente confiable (2 P. 1:19). Jesús lo afirmó concisamente: “Tu palabra es
verdad” (Jn. 17:17). La veracidad de las Escrituras es asumida de manera tan
completa, de hecho, que argumentos enteros pueden depender de apelaciones a
una sola palabra (Mt. 22:45), el número de un sustantivo (Gá. 3:16), incluso el tiempo
de un verbo (Mt. 22:32).
Cuando se interpreta correctamente, la Biblia nunca te engañará. Lo que dice, Dios
dice.
3. La Biblia es autoritaria
Dios es dueño del universo que Él verbalizó a existencia. Y su autoridad amorosa,
destinada para nuestro bien, se ejerce a través de su Palabra. De hecho, Dios se ha
identificado de tal manera con las Escrituras que no creer o desobedecerla es no
creer o desobedecerle a Él.
Es cierto, la Biblia no es la única autoridad. Hay otras autoridades legítimas como:
padres (Ef. 6:1-2), pastores (Heb. 13:17; 1 P. 5:5), y funcionarios del gobierno (Ro. 13:1-
7; 1 P. 2:13-14). Ninguno, sin embargo, está por encima de la Palabra de Dios. La
Biblia es la corte suprema. Esto significa que la exactitud de cada creencia, valor,
opinión, declaración, y sermón se resuelve finalmente con la pregunta: ¿qué dice la
Biblia? Jesús mismo apeló “a cada parte de la Escritura, y a cada elemento de la
Escritura, como a una autoridad irreprochable”.
3. La sumisión a la Palabra de Dios es donde se encuentra la verdadera vida y libertad
Los reyes no dan consejos, dan órdenes. La obediencia a la Palabra de Dios, por lo
tanto, no es opcional. “Sean hacedores de la palabra y no solamente oidores que se
engañan a sí mismos”, dice el apóstol Santiago. “Haz lo que dice” (Stg. 1:22).
Como dijo J. C. Ryle: “¡Feliz es el hombre que tiene una Biblia! ¡Más feliz es quién la
escudriña! Pero, el más feliz de todos es el que después de escudriñarla, la obedece”.
Aunque pueda apreciarse como algo contracultural y contradictorio, la sumisión a la
Palabra de Dios es donde se encuentra la verdadera vida y libertad.
4. La Biblia es clara
La Biblia es un documento antiguo. Puede sentirse extraña. Algunas partes son
confusas (2 P. 3:16). Sin embargo, la Biblia es bastante clara. Como dice el salmista:
“La exposición de Tus palabras imparte luz; da entendimiento a los sencillos” (Sal.
119:130). Dios manda a los padres que enseñen la Biblia a sus hijos (Dt. 6:6-7).
He oído decir que la Escritura es lo suficientemente superficial como para que un
niño camine sobre ella, pero lo suficientemente profunda como para que un elefante
pueda nadar. Creo que eso es profundamente correcto.
A veces la Escritura es difícil de entender porque habla de cosas complicadas. A
menudo, sin embargo, es difícil de entender porque simplemente no nos gusta lo
que dice. Como Mark Twain bromeó: “No son las partes que no puedo entender de la
Biblia las que me molestan; son aquellas partes que sí entiendo”. A menudo no es
que la Biblia no sea clara, sino que no somos receptivos.
5. La Biblia es suficiente
La Escritura contiene todas las palabras de Dios que necesitamos para conocerlo
verdaderamente, confiar en Él plenamente, obedecerlo perfectamente, y disfrutarlo
abundantemente. Pedro dice que Dios nos ha dado “todo cuanto concierne a la vida y
a la piedad” a través del conocimiento disponible en las Escrituras (2 P. 1:3). Del
mismo modo, dice Pablo, la Biblia es tan completa que a través de ella podemos
estar “enteramente preparado para toda buena obra”; “enteramente” y “toda”, no
“parcialmente” y “la mayoría” (2 T. 3:16-17 RV60). No puede ser más completa de ahí.
Aunque la Biblia no nos dice todo lo que queremos saber, sí nos dice todo lo que
necesitamos saber. Su verdad no es exhaustiva, pero es suficiente (Dt. 29:29; Pr. 25:2).
Contiene todo lo que necesitamos saber para ser salvos (2 Ti. 3:15; Stg. 1:18, 21; 1 P.
1:23) y para obedecer a Dios en fe (2 Ti. 3:16; 2 P. 1:3-4). No es de extrañar que
4. advertencias severas acompañen el agregar o quitar cualquiera de sus palabras (Dt.
4:2, 12:32; Pr. 30:5-6).
“Se puede argumentar que toda corrupción del cristianismo bíblico comienza
comprometiendo el principio de la suficiencia [de las Escrituras]”, observó un autor.
“Toda desviación del cristianismo establecida por Cristo y los apóstoles comienza al
agregar a la Biblia o al quitar de ella. Cada desviación es la Biblia más o menos algo”.
6. La Biblia es poderosa
La Escritura contiene todas las palabras de Dios que necesitamos para conocerlo
verdaderamente, confiar en Él plenamente, obedecerlo perfectamente, y disfrutarlo
abundantemente
Puesto que el autor supremo de la Biblia es Dios, es un libro de poder sin igual. Sus
palabras son lo suficientemente fuertes como para derretir corazones (Jer. 23:29) y
cambiar vidas (Jn. 17:17; cf. Ro. 1:16; 1 Ts. 1:4-5). El libro de Hebreos dice:
“Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de
dos filos. Penetra hasta la división del alma y del espíritu, de las coyunturas y los
tuétanos, y es poderosa para discernir los pensamientos y las intenciones del
corazón”, Hebreos 4:12.
Decir que la Biblia es poderosa es otra manera de decir que es efectiva. El Espíritu
Santo la usa para cumplir sus planes (Is. 55:10-11). El libro es un instrumento de
acción en la mano todopoderosa de Dios.
Es importante darse cuenta de que Dios tiene la intención no solo de ocupar nuestras
mentes con su Palabra, sino también de cambiar nuestros corazones. Como dijo una
persona: “La Biblia no fue escrita para satisfacer tu curiosidad; fue escrita para
transformar tu vida”.
7. La Biblia está centrada en Cristo
Contrario a la creencia popular, la Biblia no es simplemente una colección de
principios éticos, tópicos morales, o lecciones abstractas de la vida. Es una historia
emocionante.
Y la historia no es en última instancia sobre ti y sobre mí. En Lucas 24, el Salvador
resucitado aparece a dos seguidores en el camino a Emaús. Lucas cuenta lo que
pasó:
5. “¡Entonces Jesús les dijo: ‘¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que
los profetas han dicho! ¿No era necesario que el Cristo padeciera todas estas cosas y
entrara en Su gloria?’. Comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas,
les explicó lo referente a Él en todas las Escrituras”, Lucas 24:25-27.
Más tarde, después de aparecer a sus 11 discípulos, Jesús les dice:
“‘Esto es lo que Yo les decía cuando todavía estaba con ustedes: que era necesario
que se cumpliera todo lo que sobre Mí está escrito en la ley de Moisés, en los
profetas y en los Salmos’. Entonces les abrió la mente para que comprendieran las
Escrituras”, Lucas 24:44-45.
Sin embargo, no fue únicamente después de su resurrección que Jesús habló de esta
manera. Durante su ministerio terrenal, explicó a los “expertos de la Biblia” de la
época su lugar central en la gran historia:
“Ustedes examinan las Escrituras porque piensan tener en ellas la vida eterna. ¡Y son
ellas las que dan testimonio de Mí! Pero ustedes no quieren venir a Mí para que
tengan esa vida… Porque si creyeran a Moisés, me creerían a Mí, porque de Mí
escribió él”, Juan 5:39-40, 46.
Se ha dicho con razón que el Antiguo Testamento es “Jesucristo oculto”, y el Nuevo
Testamento es “Jesucristo revelado”. De principio a fin, desde Génesis a Apocalipsis, la
trama de la Escritura anticipa, pone de relieve, y encuentra su resolución final en el
Hijo redentor de Dios. Y quizás lo más impresionante de esta historia es que el
personaje central nos ama.
8. La Biblia es preciosa
La Biblia es el tesoro más valioso del universo. Es nuestro alimento (Jer. 15:16),
nuestra vida (Dt. 32:46-47), nuestro consuelo (Sal. 119:50), nuestra fuerza (Sal.
119:28), nuestra guía (Sal. 119:105), nuestro deseo (Sal. 119:20), nuestra esperanza
(Sal. 130:5), nuestro amor (Sal. 119:97), nuestro gozo (Jn. 15:11), y nuestro tesoro (Sal.
119:72).
6. ¿Sabías que aún Levítico, Crónicas, y Abdías fueron escritos para animarte?
“Porque todo lo que fue escrito en tiempos pasados, para nuestra enseñanza se
escribió, a fin de que por medio de la paciencia y del consuelo de las Escrituras
tengamos esperanza”, Romanos 15:4.
Todo. Pablo va tan lejos como para afirmar que todo el Antiguo Testamento fue
escrito para ti: para instruirte, para animarte, para ayudarte a soportar, y para
inundar tu corazón de esperanza.
Y aunque debemos evitar la “bibliolatría”, atesorar la Escritura más que su Autor, es
sorprendente notar cuán inseparablemente conectada está la Palabra de Dios con
Dios mismo (Sal. 56:4; 119:48). De hecho, abandonar la Palabra es abandonar a Dios.
Hasta que Jesús regrese y nuestra fe se convierta en vista, debemos vivir en la “era
del oído”. “Por ahora”, dijo Agustín, “trata la Escritura de Dios como el rostro de Dios.
Derrítete en su presencia”. O como dijo un gran predicador: “Para mí la Biblia no es
Dios, sino la voz de Dios, y no la escucho sin asombro”.
La Biblia es un baúl sin fondo de tesoros de belleza y maravilla. Afirma ser inspirada,
verdadera, autoritaria, clara, suficiente, poderosa, centrada en Cristo, y preciosa. Que
Dios nos ayude a tratarla como tal.