1. UNIVERSIDAD DEL ISTMO
Licenciatura en Administración de Empresas
Sociología de las Organizaciones
Actividad #2
Informe de Investigación:
Analizar y explicar cómo las organizaciones sociales formales y no formales
ejercen control social en el siglo XXI.
Integrante:
José Urrutia 8-840-1410
Profesor:
Arcegio Peñalba
26 de marzo de 2025
2. Introducción
En el siglo XXI, el concepto de control social ha adquirido nuevas dimensiones y
formas de manifestación, influenciado por la globalización, el avance tecnológico y
el cambio en las estructuras sociales. Las organizaciones sociales, tanto formales
como no formales, han tomado un papel crucial en la forma en que se regula el
comportamiento social, se fomenta la cohesión comunitaria y se promueven
normas y valores. En este ensayo, se analizará cómo estas organizaciones
ejercen control social en el contexto contemporáneo, explorando sus
características, funciones, estrategias y la interacción entre ambos tipos de
organización.
3. Definición de control social
El control social se puede definir como el conjunto de mecanismos y estrategias a
través de los cuales la sociedad regula la conducta de sus miembros. Este control
puede ser ejercido de manera formal e informal, a través de instituciones, normas
y conductas sociales. En el contexto de organizaciones sociales, el control social
se transforma, ya que estas organizaciones actúan como mediadoras que
interpretan y aplican normas dentro de un marco social y cultural particular.
Organizaciones sociales formales
Las organizaciones sociales formales son aquellas constituidas oficialmente,
legalmente reconocidas y con estructuras organizativas bien definidas. Estas
incluyen ONG, sindicatos, asociaciones comunitarias, y grupos de interés. Estas
entidades tienen varias funciones que influyen en el control social.
1. Establecimiento de normas y valores: Las organizaciones formales tienden a
crear y promover un conjunto de normas y valores que guían el comportamiento
de sus miembros. A menudo, esto se traduce en códigos de conducta y
regulaciones que los individuos deben seguir. A través de capacitaciones, talleres
y campañas de concientización, estas organizaciones influyen en la forma en que
las personas perciben y actúan en relación con temas cruciales como la justicia
social, el medio ambiente y la equidad de género.
2. Mecanismos de sanción: A diferencia de las normas informales, que pueden
ser más difusas, las organizaciones formales a menudo cuentan con sistemas de
sanción para aquellos que infringen sus normas. Esto puede incluir desde la
expulsión de un miembro hasta acciones legales en casos graves. De esta
manera, se establecen consecuencias claras para comportamientos no deseados,
lo que garantiza que los integrantes se adhieran a las pautas colectivas.
4. 3. Red de apoyo y solidaridad: A través de su estructura, las organizaciones
formales promueven un sentido de comunidad y pertenencia. Este aspecto es vital
para el control social, ya que las relaciones interpersonales y el apoyo mutuo
generan un entorno en el que las personas se sienten responsables no solo ante
sí mismas, sino también ante sus pares. La presión grupal puede ser un poderoso
motivador para cumplir con las normas establecidas.
4. Promoción de la participación ciudadana: Muchas organizaciones sociales
formales trabajan en la esfera política y cívica, instando a la participación activa y
la toma de decisiones comunitarias. Este aspecto no solo promueve la inclusión
social, sino que también fomenta un tipo de control social en el que los individuos
son empoderados para influir en su entorno, creando un ciclo virtuoso de normas,
participación y cohesión.
Organizaciones sociales no formales
Por otro lado, las organizaciones sociales no formales son aquellas que no tienen
una estructura jerárquica definida o un reconocimiento oficial por parte del estado.
Ejemplos incluyen grupos de vecinos, colectivos artísticos, movimientos sociales y
plataformas digitales. A pesar de su naturaleza informal, ejercen control social de
formas igualmente importantes.
1. Flexibilidad y adaptabilidad: Una de las características que diferencia a las
organizaciones no formales es su capacidad para adaptarse rápidamente a las
realidades cambiantes de la sociedad. Esta flexibilidad les permite responder a
problemáticas emergentes y movilizar a la comunidad en torno a causas
relevantes, lo que intensifica el control social a través de una participación activa y
comprometida.
5. 2. Creación de redes informales: Estas organizaciones a menudo generan redes
de apoyo que son esenciales para la cohesión social. Las relaciones construidas
entre miembros de estas organizaciones crean un sentido de pertenencia que
puede ser igual o más influyente que el perteneciente a organizaciones formales.
Las redes informales permiten la transmisión de normas y valores, y son un medio
efectivo para la socialización de nuevas generaciones.
3. Uso de plataformas digitales: En el siglo XXI, las redes sociales han
transformado la forma en que se organiza la comunidad. Los movimientos sociales
pueden utilizar plataformas digitales para coordinar acciones, informar sobre
injusticias y movilizar a personas en cuestión de horas. Esto modifica la manera en
que se ejerce el control social, ya que las normativas pueden difundirse
rápidamente y alcanzar audiencias masivas.
4. Activismo y resistencia: Muchas organizaciones no formales se dedican a
desafiar y cuestionar las estructuras de poder. A través de prácticas de activismo,
estos grupos pueden generar conciencia sobre temas sociales urgentes,
ejerciendo presión sobre instituciones y políticos. La resistencia activa a normas
consideradas injustas contribuye al reexamen y a la evolución del control social.
Interacción entre organizaciones formales y no formales
Es crucial reconocer que las organizaciones sociales formales y no formales no
operan en el vacío ni de manera aislada. En el siglo XXI, estas estructuras se
entrelazan y complementan, creando un ecosistema dinámico de control social.
Por ejemplo, un movimiento social puede surgir de un grupo informal, pero con el
tiempo buscar la legitimidad mediante la creación de una organización formal. Este
proceso no solo amplía su alcance, sino que también le otorga una mayor
capacidad para influir en políticas y gestionar recursos.
6. Además, los líderes de las organizaciones formales pueden colaborar con grupos
no formales en campañas de concientización, creando vínculos entre
generaciones más jóvenes y las estructuras establecidas. De esta manera, el
control social se convierte en una responsabilidad compartida, donde diferentes
actores interactúan y se interrelacionan.
El control social es un concepto fundamental que se refiere a las maneras en que
las instituciones, normas y valores regulan el comportamiento de los individuos
dentro de una sociedad. En el siglo XXI, las organizaciones sociales, tanto
formales como no formales, desempeñan un papel crucial en el ejercicio de este
control. Este ensayo analizará cómo estas organizaciones afectan la cohesión
social, la participación ciudadana y la promoción de cambios sociales a través de
sus distintos mecanismos de control.
Las organizaciones sociales formales incluyen asociaciones, grupos comunitarios
y organismos no gubernamentales. Estas entidades suelen tener estructuras
definidas, regulaciones y objetivos establecidos. Por otro lado, las organizaciones
sociales no formales, como grupos informales y redes sociales, actúan a menudo
de manera más flexible y espontánea. Ambas formas de organización contribuyen
al control social a través de la construcción de redes de apoyo, la promoción de la
rendición de cuentas y la implementación de valores compartidos.
Un ejemplo del impacto de las organizaciones sociales formales es el trabajo que
realizan las ONG en áreas como la educación y la salud. Estas organizaciones
establecen programas que no solo buscan resolver problemas inmediatos, sino
que también fomentan un sentido de responsabilidad comunitaria. Por ejemplo,
ONG como Médicos Sin Fronteras llevan a cabo esfuerzos humanitarios globales
que no solo mejoran las condiciones sanitarias, sino que también promueven
estándares éticos de cuidado y solidaridad.
7. En contraste, las organizaciones no formales han ganado auge en la era digital.
Plataformas como Facebook, Twitter e Instagram permiten que los grupos
informales se organicen, creen conciencia sobre problemas sociales y movilicen a
las personas rápidamente para causas específicas. Un ejemplo destacado de esto
es el movimiento #MeToo, que se originó en redes sociales y ha ejercido una
presión significativa sobre instituciones y culturas en todo el mundo,
transformando la conversación sobre el acoso y la violencia de género.
La manera en que estas organizaciones ejercen control social también varía según
el contexto cultural y político. En países con una democracia débil, las
organizaciones sociales pueden convertirse en una vía de resistencia e influencia,
promoviendo derechos humanos y luchando contra prácticas injustas. Por
ejemplo, en países como Venezuela, las organizaciones no formales han sido
cruciales para brindar ayuda humanitaria en medio de crisis, al mismo tiempo que
señalan las fallas del gobierno.
Por otro lado, en sociedades más consolidadas, el control social ejercido por estas
organizaciones puede adoptar formas más sutiles. Esto se puede ver en la
promoción de políticas de sostenibilidad o inclusión social, que son impulsadas por
iniciativas formales y respaldadas por datos. Aquí, el control no se manifiesta a
través de la coacción, sino por la creación de un consenso y la normalización de
nuevas conductas y valores.
Influyentes teóricos como Michel Foucault han analizado el concepto del control
social desde una perspectiva crítica. Foucault argumenta que la sociedad moderna
se basa en mecanismos de vigilancia y disciplina que se internalizan en los
individuos, haciendo que se autocontrolen. Esta idea resuena con el papel que
juegan las organizaciones sociales en el siglo XXI, donde los individuos tienden a
actuar de acuerdo con las normas promovidas por estas organizaciones para
evitar la condena social.
8. El impacto de las organizaciones sociales también se manifiesta en su capacidad
para facilitar la participación ciudadana. Al proporcionar plataformas para que las
voces sean escuchadas, estas organizaciones promueven un sentido de
pertenencia y responsabilidad entre los ciudadanos. Esto es especialmente
relevante en la era digital, donde las redes sociales son utilizadas para organizar
protestas y para involucrar a los jóvenes en procesos democráticos. La Primavera
Árabe es un ejemplo de cómo las plataformas digitales permitieron la movilización
de grandes masas en favor de cambios políticos, evidenciando el poder del control
social ejercido por estas instancias.
De cara al futuro, es probable que el papel de las organizaciones sociales en el
control social evolucione aún más. Con el aumento de la tecnología y la
interconectividad global, se esperan cambios significativos en la manera en que
estas organizaciones operan. Las nuevas herramientas digitales podrán potenciar
la comunicación y la coordinación, permitiendo un control social más efectivo en
términos de alcance y transparencia. Sin embargo, también existirán desafíos
como la desinformación y el control estatal sobre las plataformas digitales, que
podrían limitar la efectividad de estas organizaciones.
11. Conclusión
En conclusión, las organizaciones sociales, tanto formales como no formales,
juegan un papel fundamental en el ejercicio del control social en el siglo XXI. A
través de la creación de normas, la promoción de la participación, la flexibilidad y
adaptabilidad, y el uso de plataformas digitales, estos grupos regulan
comportamientos, fomentan la cohesión social y desafían las injusticias. La
interacción entre estas organizaciones crea un contexto vibrante y complejo que
redefine la forma en que los individuos se relacionan entre sí y con las estructuras
de poder. En un mundo en constante cambio, el estudio de estas dinámicas se
torna esencial para comprender el desarrollo social y la construcción de
comunidades más justas e inclusivas.
12. Bibliografía
Bourdieu, P. (1991). Language and Symbolic Power. Harvard University Press.
Foucault, M. (1995). Discipline and Punish: The Birth of the Prison. Vintage Books.
Tilly, C. (2004). Social Movements, 1768-2004. Paradigm Publishers.