BREVE HISTORIA DE LA ZARZUELA
Los inicios barrocos
La zarzuela nació en el siglo XVII en el pabellón de caza del Palacio de la Zarzuela
(lugar llamado así por el gran número de zarzas que lo rodeaban) en la época de
Felipe IV. Gran amante del teatro, éste monarca era aficionado a los espectáculos
musicales cargados de efectos; así, gustaba de celebrar representaciones nocturnas,
fiestas cortesanas, con música. Aprovechando los momentos de descanso con sus
cortesanos, y para distraerse, contrataba compañías madrileñas que representaban
obras donde se alternaba el canto con pasajes hablados. Las primeras zarzuelas
nacieron como pequeños experimentos, un género musical que se situaba entre el
teatro, el concierto, el sainete y la tonadilla.
El jardín de Falerina (1648), La fiera, el rayo y la piedra (1652), Fortunas de
Andrómeda y Perseo (1653), El golfo de las Sirenas y El laurel de Apolo, todas de
Pedro Calderón de la Barca, son consideradas las primeras zarzuelas.
Los temas de estas primeras zarzuelas son mitológicos. El golfo de las Sirenas,
estrenada en 1657 en el Palacio de la Zarzuela, está basada en dos episodios de La
Odisea de Homero. El laurel de Apolo, estrenada el 4 de marzo de 1658 para celebrar
el nacimiento del príncipe heredero Felipe Próspero y La púrpura de la rosa, también
de Calderón y estrenada en el coliseo del Buen Retiro, el 17 de enero de 1660, están
basados en fábulas de Ovidio de su obra Metamorfosis.
El músico Juan Hidalgo, autor “oficial” de música teatral para la corte, puso música
a la obra de Calderón Celos aún del aire matan, estrenada en el coliseo del Buen
Retiro, el 5 de diciembre de 1660; su argumento está basado en la fábula de Céfalo y
Procris de las Metamorfosis de Ovidio. Otras obras de Calderón son: Eco y Narciso
(1661), Ni amor se libra de amor (1662), El asno de oro, La estatua de Prometeo...,
todas basadas en temas clásicos y mitológicos.
El siglo XVIII
La zarzuela tuvo su auge a finales del siglo XVII y decayó en el siglo XVIII debido a la
invasión de música italiana durante la época de los primeros Borbones. Felipe V
prefería la música cantada en italiano al desconocer la lengua española. La zarzuela
tuvo que dejar paso a la ópera, representada por las compañías italianas que Felipe V
trajo a España. Entonces, la zarzuela trató de adaptarse a la manera italiana debido
a la preferencia del público por la ópera, fracasando.
Aunque los italianos triunfan, destaca en este tiempo el éxito de la zarzuela barroca
Viento es la dicha de amor (1743) de José de Nebra y Antonio de Zamora.
Con su sucesor al trono, Fernando VI (1746-1759) aumenta el esplendor de la ópera
italiana y el hundimiento de la zarzuela. A Fernando VI, le sucede Carlos III, que no
es muy aficionado a la música italiana y prefiere las óperas menores, las zarzuelas
mitológicas y costumbristas. Don Ramón de la Cruz es el primer autor que abandona
los temas mitológicos para centrarse en temas costumbristas madrileños que se
acercan más a las zarzuelas que hoy conocemos. Quien complace a la deidad acierta
a sacrificar (1557) fue su primera zarzuela.
Don Ramón de la Cruz y el compositor Antonio Rodríguez de Hita formaron un
importante dúo en cuanto a composición de zarzuelas. Sus obras se representaban en
funciones nocturnas veraniegas a beneficio de los cómicos, destacan: Las segadoras
de Vallecas (1768) y Las labradoras de Murcia. A finales del siglo XVIII la zarzuela está
a punto de desaparecer, sustituida por la “tonadilla escénica” (género lírico-
dramático menor con melodías populares españolas y temas costumbristas y
humorísticos).
Aunque este tipo de teatro cantado, marcadamente cómico, de corta duración, ya
contaba con antecedentes en el siglo XVII (las tonadillas formaban parte de las
grandes piezas teatrales, comedias, óperas, tragedias o zarzuelas), no es hasta la
segunda mitad del siglo XVIII cuando la tonadilla escénica, como género
independiente, alcanza su mayor popularidad.
El auge de la tonadilla escénica, y el apogeo de la ópera italiana, está íntimamente
relacionado con el reinado de Carlos III (1759-1789). Este monarca, después de haber
reinado en Nápoles durante 25 años, se instaló en España e impuso como moda el
cantar tonadillas en las comedias.
La tonadilla se diferencia del sainete en que el segundo es una pieza hablada y la
tonadilla es cantada, literariamente ambos son similares. Su argumento es simple,
predomina el personaje y apenas hay acción, ésta es expuesta por los personajes. La
finalidad del texto es divertir al público, provocar su risa, y al mismo tiempo,
exponer una crítica social y transmitir alguna moraleja de lo representado. La
estructura musical está fuertemente relacionada con el texto, así consta de tres
partes: Introducción, en la que se expone el asunto, dirigiéndose directamente al
público habitualmente. Sección central, en la que se fija la acción del argumento.
Sección final, que a menudo no guarda relación con el argumento, soliendo ser unas
seguidillas y un número de despedida. Este esquema no fue rígido y a medida que la
tonadilla evolucionó fue cambiando. Cuatro ejemplos de tonadilla escénica son los
que actualmente se representan en el Teatro de la Zarzuela: El majo y la italiana
fingida (1778), Garrido enfermo y su testamento (1785), Lección de música y bolero
(1803) y La cantada vida y muerte del general Mambrú (1785).
Napoleón al invadir España (1808-1814) barrió la ópera italiana, trayendo la ópera
cómica francesa, que no triunfó. Al término de la guerra regresó la ópera italiana que
triunfaba en toda España, a excepción de Madrid y otras ciudades donde esta lengua
provocaba rechazo.
La zarzuela en el siglo XIX
Con la llegada del Romanticismo, el nacionalismo musical español quiso imitar la
ópera italiana en lengua castellana, con temas mitológicos, heroicos que pronto se
abandonaron por una temática basada en la lengua castellana. La zarzuela resurgía.
A mediados del siglo XIX comienzan a proliferar las zarzuelas. Los compositores
Hernando, Barbieri, Gaztambide, Oudrid, Inzenga, Salas y otros, fundan la Sociedad
Artístico Musical de Socorros Mutuos, difusora de la zarzuela por toda España. Luis de
Olona será el presidente, Gaztambide el director de orquesta, Barbieri director de
coros y Francisco Salas director de escena. De esta sociedad destacan los éxitos:
Jugar con fuego, estrenada en 1851 en el Teatro del Circo y Los diamantes de la
corona (1854), ambas de Francisco Asenjo Barbieri, y Catalina, de J. Gaztambide,
iniciándose una nueva etapa para la zarzuela.
En 1853 Emilio Arrieta se pasó a la zarzuela, estrenando con gran éxito su primera
obra, El dominó azul, con libreto de Francisco Camprodón, en el Teatro del Circo.
Ese mismo año, el 6 de junio Arrieta estrena El grumete. Arrieta se incorporó a la
Sociedad Artístico Musical de Socorros Mutuos, al tiempo que tres de sus
componentes iniciales, Oudrid, Inzenga y Hernando, salieron de ella debido a una
ampliación de capital que no se pudieron permitir. Arrieta reforzó económicamente
la Sociedad Artística al tiempo que su aspecto musical se dejó llevar por tendencias
italianizantes. Un año después de su marcha Oudrid solicitó su reingreso pudiendo
aportar el capital requerido.
1854 es el año en que triunfan: Aventura de un cantante y Los diamantes de la
corona, de Barbieri; Catalina y El alma de Cecilia de Gaztambide. En 1885 Fernández
Caballero estrena en el Teatro del Circo La vergonzosa de Palacio; este mismo año
Arrieta estrena Guerra y muerte y, el 21 de septiembre, su más famosa obra: Marina.
Este éxito de la zarzuela en Madrid pronto se extiende a otras capitales españolas.
Nicolau Manent y Francesc Porcell estrenan en el Liceo de Barcelona La tapada del
Retiro y No más zarzuela, respectivamente. En estos tiempos, las zarzuelas estaban
influenciadas por la ópera italiana y la ópera cómica francesa, no tardando en
adaptarse al folclore regional y más en particular al folclore local, pasando a estar
protagonizada por personajes de la calle que hablan el lenguaje del pueblo. Por
ejemplo, en la zarzuela madrileña, tópicos como la forma castiza de expresarse,
situaciones y lugares madrileños, el uso de ritmos musicales como el chotis, la
mazurca (aunque ninguno de estos tiene origen madrileño, el schottisch, es una
danza alemana de origen escocés y la mazurca es una danza polaca)...
¿Qué es el “género chico”?
La principal diferencia entre el “género chico” y la zarzuela es el tiempo de duración
y el número de actos. La zarzuela suele tener dos o tres actos y el “género chico”
solo uno. Su nacimiento se sitúa en El Recreo (1867), un pequeño teatro de la
madrileña calle de la Flor.
El “género chico” fue promovido por empresarios y creado por un grupo de actores
cómicos, Juan José Luján, Antonio Riquelme y José Vallés, para impulsar el teatro
por horas en el que, en una misma velada, se representaban varias obras.
La menor duración de las obras (menos de una hora) abarataba el coste de las
localidades, llegando hasta las clases humildes que abarrotaron el teatro. Las
recaudaciones aumentaron espectacularmente, así como la producción de obras.
Este fue el nacimiento del “género chico”, llamado así no por ser un teatro de menor
calidad, sino más breve. También se ha denominado, erróneamente, a la zarzuela en
general “género chico” en contraposición a la ópera.
Una de las mayores diferencias entre el “género chico” y la zarzuela es el
argumento. La zarzuela grande se basa en temas dramáticos o cómicos de acción
complicada, “el género chico” trata el teatro costumbrista, reflejando la vida
cotidiana madrileña. Respecto a la música, esta es pegadiza, tarareable, hecha para
servir al texto. Sus melodías van desde lo bailable, gracioso, hasta lo sentimental y
amoroso. Toda su música está basada en el folclore español: boleros, jotas,
seguidillas, soleás, pasacalles, fandangos, habaneras, valses, mazurcas, polkas y, por
supuesto, el chotis.
La crítica denostó este nuevo teatro pero el público lo aplaudió, creándose tres
nuevos teatros: el teatro Martín, el teatro Lara y el Eslava. Más tarde, los inventores
de este nuevo tipo de teatro se trasladarán de El Recreo al teatro Variedades, situado
en la calle de la Magdalena. En 1873 se inaugura el Teatro Apolo, que será el
verdadero templo del “género chico”.
En sus inicios (1844) el “género chico” se representaba sin música. La primera obra
que incorporaba música fue La canción de la Lola (libreto de Ricardo de Vega, música
de Chueca y Valverde), estrenada en 1880 en el teatro Alhambra, en la calle de la
Libertad.
El “género chico” llegó a su máximo esplendor en 1886 con el estreno de La Gran Vía
(Chueca y Valverde) el 2 de julio en el Teatro Felipe (Madrid). Algunos de los
compositores del “género chico” son: Manuel Nieto, Ruperto Chapí, Federico
Chueca... En cuanto a obras maestras: El Santo de la Isidra, La fiesta de San Antón,
Chateau Margaux, El pobre Valbuena, La alegría de la huerta, La verbena de la
Paloma, La canción de la Lola, Agua, azucarillos y aguardiente, La revoltosa...
El teatro Apolo fue construido en el antiguo solar del convento del Carmen, con una
capacidad para dos mil quinientos espectadores. Fue inaugurado el 23 de marzo de
1873 con la intención de representar comedia española. Sus inicios no fueron del
todo buenos debido al excesivo precio de la entrada (dieciocho reales) y a que estaba
un poco alejado del centro de la ciudad.
La consagración de este teatro no le llegó hasta diez años después cuando se orientó
hacia el "género chico" y el llamado “teatro por horas”. Estrenándose en él las obras
cumbre de este género: La verbena de la Paloma, El año pasado por agua, El dúo de
la africana, La revoltosa, Cádiz, Agua, azucarillos y aguardiente, La reina mora...
El éxito de este teatro obligó a los empresarios a mantener los espectáculos de
zarzuela durante todo el año, incluso en verano; dando origen a los llamados teatros
estivales construidos en madera, al aire libre y generalmente en lugares poblados de
árboles. Destacan el teatro Recoletos, Felipe, Eldorado, Maravillas y Tívoli.
El teatro Felipe, llamado así por su fundador, Felipe Ducazcal, estaba situado en el
paseo del Prado, cerca del Palacio de Correos y Telecomunicaciones, fue inaugurado
en mayo de 1885 por la compañía de cómicos del teatro Variedades. En este teatro se
estrenó en 1886 La Gran Vía. Otras obras representadas en el teatro Felipe son: Los
valientes, de Javier de Burgos, ¡Al agua, patos! de Jackson Veyán y Angel Rubio, De
Madrid a París, de Veyán y Chueca, y El chaleco blanco de Ramos Carrión y Chueca.
El teatro Felipe fue trasladado a la calle Bailén y posteriormente desapareció.
En el teatro Recoletos, situado en la calle de Olózaga, destaca el estreno de Los
bandos de Villafrita, caricatura de los políticos más conocidos de aquella época, con
texto de Navarro Gonzalvo y música de Caballero. Este teatro se cerró en 1894 y
poco después sufrió un incendio que lo hizo desaparecer.
El teatro Príncipe Alfonso fue construido para circo en 1863. En él se representaron
muy distintos géneros, conciertos sinfónicos de la Sociedad de Conciertos, y obras
como Certamen nacional, con libreto de Perrín y Palacios y música de Nieto;
Trafalgar, texto de Javier de Burgos y música de Gerónimo Giménez; y Los
voluntarios, de Irayzoz y Giménez.
El teatro Eldorado estaba situado en el solar donde se encuentra hoy la Bolsa de
Madrid. Se inauguró en 1897 y se cerró en 1903 a causa de un incendio. Sobre sus
ruinas se construyó el Tívoli. En Eldorado se estrenaron obras como El pobre diablo
de Celso Lucio, Quinito Valverde y Torregrosa; y El Barquillero de López Silva y
Chapí.
El teatro Maravillas se inauguró en 1886. En este teatro se estrenó la obra de Chapí y
Estremera Las hijas del Zebedeo. Otros teatros menores en los que se presentaron
obras del género chico fueron el Novedades, el Moderno, el Cómico y el Romea.
También fue importante el teatro Eslava ya que durante algún tiempo incluyó al
género chico entre sus representaciones. Fue construido en 1871 por Bonifacio
Eslava, hermano del músico Hilarión Eslava. En sus comienzos estuvo destinado a
salón de conciertos y almacén de instrumentos musicales. En 1873 José Leyva lo
arrienda y reconvierte la planta baja en un gran café, sobre el cual se construyó un
teatro de dos pisos en el que se cultivaba el género atrevido, calificado entonces
como subido de color. Este café fue tan famoso que llegó a ser citado en La Gran Vía:
"Te espero en el Eslava tomando café".
Más tarde, Bonifacio Eslava trata de lavar la cara al local y dignificar su nombre. Es
cuando comienzan a estrenarse zarzuelas de un acto, de calidad bastante alta.
Triunfaron obras como: A la plaza, Ya somos tres, Torear por lo fino, De Cádiz al
Puerto, Cómo está la sociedad, Toros de puntas y Coro de señoras.
En 1894, con el Eslava, Chapí se aventura como empresario. En su primera temporada
se representaron cuatro obras, las tres primeras pasaron sin pena ni gloria y la cuarta
alcanzó gran éxito. Fueron Flores de mayo, El moro Muza, Una aventura en Oriente y
la aclamada El Tambor de Granaderos. Posteriormente, y hasta su cierre, se
representaron: El cortejo de Irene, La alegría de la huerta y Viaje de instrucción.
El Teatro de la Zarzuela
El 6 de marzo de 1856 la Sociedad Artístico Musical de Socorros Mutuos decidió
emprender la construcción de un nuevo teatro, destinado exclusivamente a la música
lírico-escénica, abandonando el Teatro del Circo, lugar que empezaba a quedarse
pequeño. El dinero para comenzar las obras lo aportó el banquero Francisco de las
Rivas. Levantaron el teatro en un solar cercano a la Carrera de San Jerónimo, detrás
del Congreso de los Diputados.
Desde un primer momento tuvieron claro el nombre: Teatro de la Zarzuela, aunque
éste nombre produjo discusiones entre favorables a la palabra "zarzuela" para
designar a este nuevo teatro (durante mucho tiempo fue conocido como el Teatro
Jovellanos), y desfavorables que hubieran preferido designarle de la Ópera Cómica o
Lírico Español.
El teatro se inauguró el 10 de octubre. Por fin la zarzuela tenía una sala que
dignificara el género; unas excelentes cualidades acústicas, cuatro plantas y
capacidad para 2.500 espectadores. El diablo en el poder, con música de Barbieri, y
letra de Francisco Camprodón, estrenada el 14 de diciembre de 1846, fue el primer
éxito en este nuevo edificio. Otras obras estrenadas serán: Un tesoro escondido
(Barbieri, 1861), Pan y Toros (Barbieri y José Picón, 1864) y un largo número de obras
de Arrieta, Gaztambide, Oudrid... Otro nuevo compositor que se sumó al resto fue
Manuel Fernández Caballero, su debut como compositor fue una obra, escrita en
colaboración con Barbieri, no muy exitosa: Cuando ahorcaron a Quevedo.
En sus comienzos, un tanto accidentados, el Teatro de la Zarzuela repartía los
estrenos con el Teatro del Circo, hasta que fue totalmente abandonado.
Mientras el Teatro de la Zarzuela fue el templo de la zarzuela grande, el Apolo lo fue
del género chico. Las penurias económicas que los españoles padecen durante la
segunda mitad de los sesenta reduce la asistencia de público y el estreno de
zarzuelas, haciendo aparición un nuevo fenómeno que triunfó grandemente pero que
pronto pasaría al olvido barrido por el género chico: los Bufos Madrileños.
Los Bufos fueron creados por Francisco Ardierus (1836-1896), son pequeñas piezas
cómicas copia de las operetas francesas de Offenbach. El 22 de septiembre de 1866
se estrenó en el Teatro Variedades la primera obra: El joven Telémaco a la que se
definió como "pasaje mitológico-lirico -burlesco".
El siglo XX
Con la llegada del nuevo siglo la zarzuela va a experimentar un cambio significativo.
Se rescata la zarzuela “grande”, olvidada durante el siglo XIX, pero inspirada en los
patrones del “género chico”. Aunque durante la primera década del siglo continúan
estrenándose obras del “género chico”, este género inicia su declive. Muchos de los
grandes autores estrenarán sus últimas obras antes de morir.
Aun así, la primera década nos ofrece importantes estrenos. Destacan El puñao de
rosas de Chapí (30-X-1902, Teatro Apolo, con libreto de López Silva y Jackson Veyán);
Chueca estrena sus últimas obras, entre otras: La alegría de la huerta (20-I-1900,
Teatro Eslava, libreto de Antonio Paso y Enrique García Álvarez), El bateo (7-XI-1901,
Teatro de la Zarzuela, libreto de Antonio Paso y Antonio Domínguez). Gerónimo
Giménez estrena La tempranica (19-IX-1900, Teatro de la Zarzuela, con libreto de
Julián Romea), en colaboración con Nieto, El barbero de Sevilla (5-II-1901, Teatro de
la Zarzuela, con libreto de Perrín y Palacios) y en colaboración con Vives, La gatita
blanca (23-XII-1905, Teatro Cómico, libreto de Jackson Veyán y Jacinto Capella).
Amadeo Vives estrena Bohemios (24-III-1904, Teatro de la Zarzuela, con texto de
Perrín y Palacios).
Con el “género chico” agonizando, el público se decanta cada vez más por zarzuelas
“grandes”, de más de un acto. Aparecen nuevos compositores: José Serrano, La
canción del olvido (17-XI-1906, Teatro Lírico de Valencia, libreto de Federico Romero
y Guillermo Fernández Shaw); Pablo Luna, Molinos de viento (2-XII-1910, Teatro
Cervantes de Sevilla, texto de Luis Pascual Frutos); Francisco Alonso; José María
Usandizaga, Las golondrinas (5-II-1914, Teatro Price); Vicente Lleó y La corte de
faraón (21-I-1910, Teatro Eslava, texto de Perrín y Palacios).
A finales de la segunda década desaparecen dos teatros. En 1928 se incendia el
Teatro Novedades y un año más tarde cierra sus puertas el Teatro Apolo, síntoma del
estado en que se encontraba el “género chico”.
Las obras de los nuevos compositores confirmarán el auge de la zarzuela “grande”.
Federico Moreno Torroba, Luisa Fernanda (26-III-1932, Teatro Calderón, zarzuela
“grande” con libreto de Federico Romero y Guillermo Fernández Shaw); Jacinto
Guerrero, Los Gavilanes (7-XII-1923, Teatro de la Zarzuela, tres actos, libreto de José
Ramos Martín), El huésped del Sevillano (3-XII-1926, Teatro Apolo, libreto de Enrique
Reoyo y Juan Ignacio Luca de Tena), La rosa del azafrán (14-III-1930, Teatro
Calderón, texto de Federico Romero y Guillermo Fernández Shaw). En la década de
los años treinta aparece uno de los últimos y más grandes compositores: Pablo
Sorozábal (1897-1988); destacan: Katiuska, La del manojo de rosas, Black el payaso,
La tabernera del puerto y Don Manolito.
La guerra civil no supondrá un intermedio para la zarzuela, aunque con más
dificultades todavía continuarán estrenándose y representándose obras. Este género
lentamente torna su fin hasta los años ochenta. ¿Las causas? La aparición de otras
formas de entretenimiento: la revista, el cine, la televisión.
Siempre se ha querido comparar a la zarzuela con la ópera sin tener en cuenta que,
aunque ambas sean teatro cantado, se trata de distintos géneros musicales.
Entre la zarzuela y la ópera existen diferencias. La zarzuela es típicamente española,
y no se ha extendido fuera de nuestras fronteras, a excepción de Hispanoamérica. Ha
conseguido resistir la influencia operística italiana y vienesa. La ópera es totalmente
cantada, mientras que en la zarzuela se alternan escenas cantadas con pasajes
hablados. Pero, la causa que impidió a la zarzuela traspasar fronteras fueron los
temas locales y el folclore popular. Así mismo, la zarzuela asimila cantos y danzas
populares que el pueblo siente como suyos; la zarzuela tiene carácter popular, es
asequible a las clases bajas, lo que ha provocado el desprecio de muchos.

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  • 1. BREVE HISTORIA DE LA ZARZUELA Los inicios barrocos La zarzuela nació en el siglo XVII en el pabellón de caza del Palacio de la Zarzuela (lugar llamado así por el gran número de zarzas que lo rodeaban) en la época de Felipe IV. Gran amante del teatro, éste monarca era aficionado a los espectáculos musicales cargados de efectos; así, gustaba de celebrar representaciones nocturnas, fiestas cortesanas, con música. Aprovechando los momentos de descanso con sus cortesanos, y para distraerse, contrataba compañías madrileñas que representaban obras donde se alternaba el canto con pasajes hablados. Las primeras zarzuelas nacieron como pequeños experimentos, un género musical que se situaba entre el teatro, el concierto, el sainete y la tonadilla. El jardín de Falerina (1648), La fiera, el rayo y la piedra (1652), Fortunas de Andrómeda y Perseo (1653), El golfo de las Sirenas y El laurel de Apolo, todas de Pedro Calderón de la Barca, son consideradas las primeras zarzuelas. Los temas de estas primeras zarzuelas son mitológicos. El golfo de las Sirenas, estrenada en 1657 en el Palacio de la Zarzuela, está basada en dos episodios de La Odisea de Homero. El laurel de Apolo, estrenada el 4 de marzo de 1658 para celebrar el nacimiento del príncipe heredero Felipe Próspero y La púrpura de la rosa, también de Calderón y estrenada en el coliseo del Buen Retiro, el 17 de enero de 1660, están basados en fábulas de Ovidio de su obra Metamorfosis. El músico Juan Hidalgo, autor “oficial” de música teatral para la corte, puso música a la obra de Calderón Celos aún del aire matan, estrenada en el coliseo del Buen Retiro, el 5 de diciembre de 1660; su argumento está basado en la fábula de Céfalo y Procris de las Metamorfosis de Ovidio. Otras obras de Calderón son: Eco y Narciso (1661), Ni amor se libra de amor (1662), El asno de oro, La estatua de Prometeo..., todas basadas en temas clásicos y mitológicos. El siglo XVIII La zarzuela tuvo su auge a finales del siglo XVII y decayó en el siglo XVIII debido a la invasión de música italiana durante la época de los primeros Borbones. Felipe V prefería la música cantada en italiano al desconocer la lengua española. La zarzuela tuvo que dejar paso a la ópera, representada por las compañías italianas que Felipe V trajo a España. Entonces, la zarzuela trató de adaptarse a la manera italiana debido a la preferencia del público por la ópera, fracasando. Aunque los italianos triunfan, destaca en este tiempo el éxito de la zarzuela barroca Viento es la dicha de amor (1743) de José de Nebra y Antonio de Zamora. Con su sucesor al trono, Fernando VI (1746-1759) aumenta el esplendor de la ópera italiana y el hundimiento de la zarzuela. A Fernando VI, le sucede Carlos III, que no es muy aficionado a la música italiana y prefiere las óperas menores, las zarzuelas mitológicas y costumbristas. Don Ramón de la Cruz es el primer autor que abandona los temas mitológicos para centrarse en temas costumbristas madrileños que se
  • 2. acercan más a las zarzuelas que hoy conocemos. Quien complace a la deidad acierta a sacrificar (1557) fue su primera zarzuela. Don Ramón de la Cruz y el compositor Antonio Rodríguez de Hita formaron un importante dúo en cuanto a composición de zarzuelas. Sus obras se representaban en funciones nocturnas veraniegas a beneficio de los cómicos, destacan: Las segadoras de Vallecas (1768) y Las labradoras de Murcia. A finales del siglo XVIII la zarzuela está a punto de desaparecer, sustituida por la “tonadilla escénica” (género lírico- dramático menor con melodías populares españolas y temas costumbristas y humorísticos). Aunque este tipo de teatro cantado, marcadamente cómico, de corta duración, ya contaba con antecedentes en el siglo XVII (las tonadillas formaban parte de las grandes piezas teatrales, comedias, óperas, tragedias o zarzuelas), no es hasta la segunda mitad del siglo XVIII cuando la tonadilla escénica, como género independiente, alcanza su mayor popularidad. El auge de la tonadilla escénica, y el apogeo de la ópera italiana, está íntimamente relacionado con el reinado de Carlos III (1759-1789). Este monarca, después de haber reinado en Nápoles durante 25 años, se instaló en España e impuso como moda el cantar tonadillas en las comedias. La tonadilla se diferencia del sainete en que el segundo es una pieza hablada y la tonadilla es cantada, literariamente ambos son similares. Su argumento es simple, predomina el personaje y apenas hay acción, ésta es expuesta por los personajes. La finalidad del texto es divertir al público, provocar su risa, y al mismo tiempo, exponer una crítica social y transmitir alguna moraleja de lo representado. La estructura musical está fuertemente relacionada con el texto, así consta de tres partes: Introducción, en la que se expone el asunto, dirigiéndose directamente al público habitualmente. Sección central, en la que se fija la acción del argumento. Sección final, que a menudo no guarda relación con el argumento, soliendo ser unas seguidillas y un número de despedida. Este esquema no fue rígido y a medida que la tonadilla evolucionó fue cambiando. Cuatro ejemplos de tonadilla escénica son los que actualmente se representan en el Teatro de la Zarzuela: El majo y la italiana fingida (1778), Garrido enfermo y su testamento (1785), Lección de música y bolero (1803) y La cantada vida y muerte del general Mambrú (1785). Napoleón al invadir España (1808-1814) barrió la ópera italiana, trayendo la ópera cómica francesa, que no triunfó. Al término de la guerra regresó la ópera italiana que triunfaba en toda España, a excepción de Madrid y otras ciudades donde esta lengua provocaba rechazo. La zarzuela en el siglo XIX Con la llegada del Romanticismo, el nacionalismo musical español quiso imitar la ópera italiana en lengua castellana, con temas mitológicos, heroicos que pronto se abandonaron por una temática basada en la lengua castellana. La zarzuela resurgía.
  • 3. A mediados del siglo XIX comienzan a proliferar las zarzuelas. Los compositores Hernando, Barbieri, Gaztambide, Oudrid, Inzenga, Salas y otros, fundan la Sociedad Artístico Musical de Socorros Mutuos, difusora de la zarzuela por toda España. Luis de Olona será el presidente, Gaztambide el director de orquesta, Barbieri director de coros y Francisco Salas director de escena. De esta sociedad destacan los éxitos: Jugar con fuego, estrenada en 1851 en el Teatro del Circo y Los diamantes de la corona (1854), ambas de Francisco Asenjo Barbieri, y Catalina, de J. Gaztambide, iniciándose una nueva etapa para la zarzuela. En 1853 Emilio Arrieta se pasó a la zarzuela, estrenando con gran éxito su primera obra, El dominó azul, con libreto de Francisco Camprodón, en el Teatro del Circo. Ese mismo año, el 6 de junio Arrieta estrena El grumete. Arrieta se incorporó a la Sociedad Artístico Musical de Socorros Mutuos, al tiempo que tres de sus componentes iniciales, Oudrid, Inzenga y Hernando, salieron de ella debido a una ampliación de capital que no se pudieron permitir. Arrieta reforzó económicamente la Sociedad Artística al tiempo que su aspecto musical se dejó llevar por tendencias italianizantes. Un año después de su marcha Oudrid solicitó su reingreso pudiendo aportar el capital requerido. 1854 es el año en que triunfan: Aventura de un cantante y Los diamantes de la corona, de Barbieri; Catalina y El alma de Cecilia de Gaztambide. En 1885 Fernández Caballero estrena en el Teatro del Circo La vergonzosa de Palacio; este mismo año Arrieta estrena Guerra y muerte y, el 21 de septiembre, su más famosa obra: Marina. Este éxito de la zarzuela en Madrid pronto se extiende a otras capitales españolas. Nicolau Manent y Francesc Porcell estrenan en el Liceo de Barcelona La tapada del Retiro y No más zarzuela, respectivamente. En estos tiempos, las zarzuelas estaban influenciadas por la ópera italiana y la ópera cómica francesa, no tardando en adaptarse al folclore regional y más en particular al folclore local, pasando a estar protagonizada por personajes de la calle que hablan el lenguaje del pueblo. Por ejemplo, en la zarzuela madrileña, tópicos como la forma castiza de expresarse, situaciones y lugares madrileños, el uso de ritmos musicales como el chotis, la mazurca (aunque ninguno de estos tiene origen madrileño, el schottisch, es una danza alemana de origen escocés y la mazurca es una danza polaca)... ¿Qué es el “género chico”? La principal diferencia entre el “género chico” y la zarzuela es el tiempo de duración y el número de actos. La zarzuela suele tener dos o tres actos y el “género chico” solo uno. Su nacimiento se sitúa en El Recreo (1867), un pequeño teatro de la madrileña calle de la Flor. El “género chico” fue promovido por empresarios y creado por un grupo de actores cómicos, Juan José Luján, Antonio Riquelme y José Vallés, para impulsar el teatro por horas en el que, en una misma velada, se representaban varias obras. La menor duración de las obras (menos de una hora) abarataba el coste de las localidades, llegando hasta las clases humildes que abarrotaron el teatro. Las recaudaciones aumentaron espectacularmente, así como la producción de obras.
  • 4. Este fue el nacimiento del “género chico”, llamado así no por ser un teatro de menor calidad, sino más breve. También se ha denominado, erróneamente, a la zarzuela en general “género chico” en contraposición a la ópera. Una de las mayores diferencias entre el “género chico” y la zarzuela es el argumento. La zarzuela grande se basa en temas dramáticos o cómicos de acción complicada, “el género chico” trata el teatro costumbrista, reflejando la vida cotidiana madrileña. Respecto a la música, esta es pegadiza, tarareable, hecha para servir al texto. Sus melodías van desde lo bailable, gracioso, hasta lo sentimental y amoroso. Toda su música está basada en el folclore español: boleros, jotas, seguidillas, soleás, pasacalles, fandangos, habaneras, valses, mazurcas, polkas y, por supuesto, el chotis. La crítica denostó este nuevo teatro pero el público lo aplaudió, creándose tres nuevos teatros: el teatro Martín, el teatro Lara y el Eslava. Más tarde, los inventores de este nuevo tipo de teatro se trasladarán de El Recreo al teatro Variedades, situado en la calle de la Magdalena. En 1873 se inaugura el Teatro Apolo, que será el verdadero templo del “género chico”. En sus inicios (1844) el “género chico” se representaba sin música. La primera obra que incorporaba música fue La canción de la Lola (libreto de Ricardo de Vega, música de Chueca y Valverde), estrenada en 1880 en el teatro Alhambra, en la calle de la Libertad. El “género chico” llegó a su máximo esplendor en 1886 con el estreno de La Gran Vía (Chueca y Valverde) el 2 de julio en el Teatro Felipe (Madrid). Algunos de los compositores del “género chico” son: Manuel Nieto, Ruperto Chapí, Federico Chueca... En cuanto a obras maestras: El Santo de la Isidra, La fiesta de San Antón, Chateau Margaux, El pobre Valbuena, La alegría de la huerta, La verbena de la Paloma, La canción de la Lola, Agua, azucarillos y aguardiente, La revoltosa... El teatro Apolo fue construido en el antiguo solar del convento del Carmen, con una capacidad para dos mil quinientos espectadores. Fue inaugurado el 23 de marzo de 1873 con la intención de representar comedia española. Sus inicios no fueron del todo buenos debido al excesivo precio de la entrada (dieciocho reales) y a que estaba un poco alejado del centro de la ciudad. La consagración de este teatro no le llegó hasta diez años después cuando se orientó hacia el "género chico" y el llamado “teatro por horas”. Estrenándose en él las obras cumbre de este género: La verbena de la Paloma, El año pasado por agua, El dúo de la africana, La revoltosa, Cádiz, Agua, azucarillos y aguardiente, La reina mora... El éxito de este teatro obligó a los empresarios a mantener los espectáculos de zarzuela durante todo el año, incluso en verano; dando origen a los llamados teatros estivales construidos en madera, al aire libre y generalmente en lugares poblados de árboles. Destacan el teatro Recoletos, Felipe, Eldorado, Maravillas y Tívoli. El teatro Felipe, llamado así por su fundador, Felipe Ducazcal, estaba situado en el paseo del Prado, cerca del Palacio de Correos y Telecomunicaciones, fue inaugurado en mayo de 1885 por la compañía de cómicos del teatro Variedades. En este teatro se estrenó en 1886 La Gran Vía. Otras obras representadas en el teatro Felipe son: Los
  • 5. valientes, de Javier de Burgos, ¡Al agua, patos! de Jackson Veyán y Angel Rubio, De Madrid a París, de Veyán y Chueca, y El chaleco blanco de Ramos Carrión y Chueca. El teatro Felipe fue trasladado a la calle Bailén y posteriormente desapareció. En el teatro Recoletos, situado en la calle de Olózaga, destaca el estreno de Los bandos de Villafrita, caricatura de los políticos más conocidos de aquella época, con texto de Navarro Gonzalvo y música de Caballero. Este teatro se cerró en 1894 y poco después sufrió un incendio que lo hizo desaparecer. El teatro Príncipe Alfonso fue construido para circo en 1863. En él se representaron muy distintos géneros, conciertos sinfónicos de la Sociedad de Conciertos, y obras como Certamen nacional, con libreto de Perrín y Palacios y música de Nieto; Trafalgar, texto de Javier de Burgos y música de Gerónimo Giménez; y Los voluntarios, de Irayzoz y Giménez. El teatro Eldorado estaba situado en el solar donde se encuentra hoy la Bolsa de Madrid. Se inauguró en 1897 y se cerró en 1903 a causa de un incendio. Sobre sus ruinas se construyó el Tívoli. En Eldorado se estrenaron obras como El pobre diablo de Celso Lucio, Quinito Valverde y Torregrosa; y El Barquillero de López Silva y Chapí. El teatro Maravillas se inauguró en 1886. En este teatro se estrenó la obra de Chapí y Estremera Las hijas del Zebedeo. Otros teatros menores en los que se presentaron obras del género chico fueron el Novedades, el Moderno, el Cómico y el Romea. También fue importante el teatro Eslava ya que durante algún tiempo incluyó al género chico entre sus representaciones. Fue construido en 1871 por Bonifacio Eslava, hermano del músico Hilarión Eslava. En sus comienzos estuvo destinado a salón de conciertos y almacén de instrumentos musicales. En 1873 José Leyva lo arrienda y reconvierte la planta baja en un gran café, sobre el cual se construyó un teatro de dos pisos en el que se cultivaba el género atrevido, calificado entonces como subido de color. Este café fue tan famoso que llegó a ser citado en La Gran Vía: "Te espero en el Eslava tomando café". Más tarde, Bonifacio Eslava trata de lavar la cara al local y dignificar su nombre. Es cuando comienzan a estrenarse zarzuelas de un acto, de calidad bastante alta. Triunfaron obras como: A la plaza, Ya somos tres, Torear por lo fino, De Cádiz al Puerto, Cómo está la sociedad, Toros de puntas y Coro de señoras. En 1894, con el Eslava, Chapí se aventura como empresario. En su primera temporada se representaron cuatro obras, las tres primeras pasaron sin pena ni gloria y la cuarta alcanzó gran éxito. Fueron Flores de mayo, El moro Muza, Una aventura en Oriente y la aclamada El Tambor de Granaderos. Posteriormente, y hasta su cierre, se representaron: El cortejo de Irene, La alegría de la huerta y Viaje de instrucción. El Teatro de la Zarzuela El 6 de marzo de 1856 la Sociedad Artístico Musical de Socorros Mutuos decidió emprender la construcción de un nuevo teatro, destinado exclusivamente a la música lírico-escénica, abandonando el Teatro del Circo, lugar que empezaba a quedarse
  • 6. pequeño. El dinero para comenzar las obras lo aportó el banquero Francisco de las Rivas. Levantaron el teatro en un solar cercano a la Carrera de San Jerónimo, detrás del Congreso de los Diputados. Desde un primer momento tuvieron claro el nombre: Teatro de la Zarzuela, aunque éste nombre produjo discusiones entre favorables a la palabra "zarzuela" para designar a este nuevo teatro (durante mucho tiempo fue conocido como el Teatro Jovellanos), y desfavorables que hubieran preferido designarle de la Ópera Cómica o Lírico Español. El teatro se inauguró el 10 de octubre. Por fin la zarzuela tenía una sala que dignificara el género; unas excelentes cualidades acústicas, cuatro plantas y capacidad para 2.500 espectadores. El diablo en el poder, con música de Barbieri, y letra de Francisco Camprodón, estrenada el 14 de diciembre de 1846, fue el primer éxito en este nuevo edificio. Otras obras estrenadas serán: Un tesoro escondido (Barbieri, 1861), Pan y Toros (Barbieri y José Picón, 1864) y un largo número de obras de Arrieta, Gaztambide, Oudrid... Otro nuevo compositor que se sumó al resto fue Manuel Fernández Caballero, su debut como compositor fue una obra, escrita en colaboración con Barbieri, no muy exitosa: Cuando ahorcaron a Quevedo. En sus comienzos, un tanto accidentados, el Teatro de la Zarzuela repartía los estrenos con el Teatro del Circo, hasta que fue totalmente abandonado. Mientras el Teatro de la Zarzuela fue el templo de la zarzuela grande, el Apolo lo fue del género chico. Las penurias económicas que los españoles padecen durante la segunda mitad de los sesenta reduce la asistencia de público y el estreno de zarzuelas, haciendo aparición un nuevo fenómeno que triunfó grandemente pero que pronto pasaría al olvido barrido por el género chico: los Bufos Madrileños. Los Bufos fueron creados por Francisco Ardierus (1836-1896), son pequeñas piezas cómicas copia de las operetas francesas de Offenbach. El 22 de septiembre de 1866 se estrenó en el Teatro Variedades la primera obra: El joven Telémaco a la que se definió como "pasaje mitológico-lirico -burlesco". El siglo XX Con la llegada del nuevo siglo la zarzuela va a experimentar un cambio significativo. Se rescata la zarzuela “grande”, olvidada durante el siglo XIX, pero inspirada en los patrones del “género chico”. Aunque durante la primera década del siglo continúan estrenándose obras del “género chico”, este género inicia su declive. Muchos de los grandes autores estrenarán sus últimas obras antes de morir. Aun así, la primera década nos ofrece importantes estrenos. Destacan El puñao de rosas de Chapí (30-X-1902, Teatro Apolo, con libreto de López Silva y Jackson Veyán); Chueca estrena sus últimas obras, entre otras: La alegría de la huerta (20-I-1900, Teatro Eslava, libreto de Antonio Paso y Enrique García Álvarez), El bateo (7-XI-1901, Teatro de la Zarzuela, libreto de Antonio Paso y Antonio Domínguez). Gerónimo Giménez estrena La tempranica (19-IX-1900, Teatro de la Zarzuela, con libreto de Julián Romea), en colaboración con Nieto, El barbero de Sevilla (5-II-1901, Teatro de
  • 7. la Zarzuela, con libreto de Perrín y Palacios) y en colaboración con Vives, La gatita blanca (23-XII-1905, Teatro Cómico, libreto de Jackson Veyán y Jacinto Capella). Amadeo Vives estrena Bohemios (24-III-1904, Teatro de la Zarzuela, con texto de Perrín y Palacios). Con el “género chico” agonizando, el público se decanta cada vez más por zarzuelas “grandes”, de más de un acto. Aparecen nuevos compositores: José Serrano, La canción del olvido (17-XI-1906, Teatro Lírico de Valencia, libreto de Federico Romero y Guillermo Fernández Shaw); Pablo Luna, Molinos de viento (2-XII-1910, Teatro Cervantes de Sevilla, texto de Luis Pascual Frutos); Francisco Alonso; José María Usandizaga, Las golondrinas (5-II-1914, Teatro Price); Vicente Lleó y La corte de faraón (21-I-1910, Teatro Eslava, texto de Perrín y Palacios). A finales de la segunda década desaparecen dos teatros. En 1928 se incendia el Teatro Novedades y un año más tarde cierra sus puertas el Teatro Apolo, síntoma del estado en que se encontraba el “género chico”. Las obras de los nuevos compositores confirmarán el auge de la zarzuela “grande”. Federico Moreno Torroba, Luisa Fernanda (26-III-1932, Teatro Calderón, zarzuela “grande” con libreto de Federico Romero y Guillermo Fernández Shaw); Jacinto Guerrero, Los Gavilanes (7-XII-1923, Teatro de la Zarzuela, tres actos, libreto de José Ramos Martín), El huésped del Sevillano (3-XII-1926, Teatro Apolo, libreto de Enrique Reoyo y Juan Ignacio Luca de Tena), La rosa del azafrán (14-III-1930, Teatro Calderón, texto de Federico Romero y Guillermo Fernández Shaw). En la década de los años treinta aparece uno de los últimos y más grandes compositores: Pablo Sorozábal (1897-1988); destacan: Katiuska, La del manojo de rosas, Black el payaso, La tabernera del puerto y Don Manolito. La guerra civil no supondrá un intermedio para la zarzuela, aunque con más dificultades todavía continuarán estrenándose y representándose obras. Este género lentamente torna su fin hasta los años ochenta. ¿Las causas? La aparición de otras formas de entretenimiento: la revista, el cine, la televisión. Siempre se ha querido comparar a la zarzuela con la ópera sin tener en cuenta que, aunque ambas sean teatro cantado, se trata de distintos géneros musicales. Entre la zarzuela y la ópera existen diferencias. La zarzuela es típicamente española, y no se ha extendido fuera de nuestras fronteras, a excepción de Hispanoamérica. Ha conseguido resistir la influencia operística italiana y vienesa. La ópera es totalmente cantada, mientras que en la zarzuela se alternan escenas cantadas con pasajes hablados. Pero, la causa que impidió a la zarzuela traspasar fronteras fueron los temas locales y el folclore popular. Así mismo, la zarzuela asimila cantos y danzas populares que el pueblo siente como suyos; la zarzuela tiene carácter popular, es asequible a las clases bajas, lo que ha provocado el desprecio de muchos.