Los frutos cumplen tres funciones principales: contener y proteger las semillas, contribuir a su dispersión una vez maduras, y atraer animales que favorezcan su dispersión. Están formados por el pericarpio, que envuelve a la semilla, y la semilla misma. Los frutos simples se originan de una única flor, mientras que los frutos compuestos se forman a partir de varias flores. Las semillas contienen el embrión de la nueva planta y sirven para dispersar y reproducir las especies vegetales.