Este documento establece las bases de la revelación divina y su transmisión. Resume que Dios se reveló a sí mismo progresivamente a través de la historia, culminando en Cristo. Los apóstoles transmitieron esta revelación oralmente y por escrito en la Sagrada Escritura. Ambas, la Tradición y la Escritura, son vehículos de la Palabra de Dios y deben recibirse con igual veneración. La Iglesia, guiada por el Espíritu Santo, garantiza la transmisión fiel de la revelación a lo largo de los