El documento discute el destino de los niños que mueren sin bautismo, planteando la posibilidad de que puedan ser salvados y alcanzar la felicidad eterna en el cielo, a pesar de la creencia anterior de que iban al limbo. Con base en la declaración de la comisión teológica internacional, se sugiere que, aunque no se ha llegado a una conclusión formal, hay esperanza para la salvación de estos niños a través de la oración y la misericordia divina. Además, se señala la inmoralidad de la muerte de millones de embriones y niños por diversas prácticas, así como la preocupación por la creciente deshumanización en el tratamiento de la vida humana.