Este documento resume los principales puntos de un libro sobre las dificultades con los hermanos protestantes desde una perspectiva católica. El autor argumenta que la Iglesia católica ya no debe ver a los protestantes como "los malos", sino como hermanos separados, y promueve un ecumenismo sano basado en el respeto mutuo y la búsqueda de los valores compartidos más que las diferencias. El Concilio Vaticano II marcó un cambio hacia esta visión más positiva de los protestantes.