El documento aborda la importancia de la formación ética del abogado como docente, resaltando su responsabilidad en la formación de nuevas generaciones y su papel en la justicia social. Se enfatiza que la calidad de los profesores influye en la ética y profesionalismo de los estudiantes de derecho. Además, se sugiere que el abogado-docente debe fomentar un ambiente de respeto y fraternidad en el aula, manteniendo altos estándares éticos en su práctica educativa.