El documento analiza la relación entre la globalización y el currículum educativo, defendiendo enfoques integrados que contrarrestan la enseñanza memorística, basándose en las ideas de John Dewey y Jean Piaget sobre la importancia de la experiencia y la acción en el aprendizaje. Asimismo, se discute cómo la educación debe adaptarse a un mundo interdependiente, enfatizando procesos que permitan a los estudiantes desarrollar una comprensión crítica y reflexiva de su realidad. El autor argumenta que el currículum debe ser flexible y abierto, respondiendo a las necesidades e intereses de los alumnos en un contexto social y cultural determinado.
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