organizan apoya
un lugar entre el xix y el xx
m
u
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d
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c
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l
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m
b
i
a
museo nacional de colombia
Fabricante desconocido
Vestido de día que perteneció a María de la Torre de Herrera
Ca. 1855
Brocado de seda con cuello y puños en organdí cosidos a mano
(detalle)
un lugar entre el xix y el xx
Del 13 de abril al 24 de junio de 2018
©	Ministerio de Cultura
	 Museo Nacional de Colombia
	 ISBN 978-958-753-281-4
	 bogotá, mayo de 2018
Curaduría
Ángela Gómez Cely
Samuel León Iglesias
Corrección de textos
catálogo y exposición
Natalia Iriarte Guillén
Traducción de
textos exposición
Sally Station
Diseño catálogo
Neftalí Vanegas Menguán
Preprensa
Javier Tibocha Maldonado
Fotografía
Ernesto Monsalve
María José Echeverri
Jairo Gómez
Carlos Muñoz
Juan Camilo Segura
Sergio Trujillo
Gustavo Pérez
Ángela Gómez
Samuel Monsalve
Impresión
Legis
Presentación
| 3 |
Para el caso de Occidente, el concepto de modernidad ha sido un fenómeno que ha suscitado
un sinnúmero de debates en los entornos académicos, donde se discute recurrentemente
cuál ha sido su momento y lugar exacto de origen: por una parte hay quienes argumentan que
la transición entre el final de la Edad Media y el paso al Renacimiento debe ser vista como la
primera modernidad debido a la serie de transferencias e intercambios producto de los viajes de
exploración trasatlántica. Otros señalan el final del siglo XIX como otro momento de origen
de ese tiempo moderno, relacionado con la creación de muchos Estados nación y los efectos de
las prácticas capitalistas y de industrialización que fueron acogidas por muchos de esos nuevos
países de acuerdo con sus posibilidades políticas y sociales. Un tercer grupo identifica la irrupción
de la modernidad en la primera mitad del siglo XX, en especial entre las décadas de 1940 a 1960,
producto de los efectos de restauración social, política y económica que derivaron luego de la
culminación de la segunda guerra mundial.
En cualquiera de esos momentos, la entidad museo puede ser vista como un agente transversal,
unas veces más activo y otras más pasivo, de ese sinfín de transformaciones sociales: desde
los gabinetes de curiosidades renacentistas como espacios de presentación de los objetos
exóticos resultados de la exploración de nuevas geografías que acompañaban otras muestras
que subrayaban el ejercicio del poder emanado de nobles y reyes, pero también como espacios
ya abiertos al amplio público, donde sin embargo prevalecía el gusto de las élites y que fueron
utilizados como herramientas de una educación dirigida a moldear los comportamientos de
los ciudadanos decimonónicos. Igualmente, como lugares concebidos desde su inicio como
entidades con un carácter eminentemente moderno, cuando su objetivo fue precisamente
convertirse en espacios de circulación exclusiva del arte que intentaba expresar el espíritu del
tiempo de esa primera mitad del siglo XX, reflejado en los productos de las vanguardias artísticas.
Todos los puntos anteriores son por ende elementos de inspiración de esta muestra en la que
el Museo Nacional de Colombia le abre sus puertas al Museo del Siglo XIX, para señalar que
la responsabilidad del cuidado de sus colecciones que le fue encomendada en el año 2011
continúa activa y vigente, hasta tanto se lleve a cabo la reapertura en su nueva sede en el
centro de Bogotá durante los próximos años.
Así mismo, al presentar una selección de su acervo patrimonial a la luz de una refrescante y
renovada aproximación a los efectos de una de esas modernidades señaladas anteriormente,
el Museo Nacional de Colombia quiere honrar la memoria de Aída Martínez Carreño y Rosaema
Arenas Abello, quienes desde la dirección del Museo del Siglo XIX señalaron la necesidad de
concentrar la mirada en muchos de los fenómenos sociales, políticos y culturales acaecidos
durante la mayor parte del siglo XIX y las primeras décadas del XX en nuestro país, tarea que
quedó materializada en una rica colección y en una serie de exposiciones temáticas, al igual que
en un repertorio de publicaciones que son hoy referente ineludible sobre ese periodo histórico.
El museo en el museo como un lugar que vaya más allá de un exclusivo ejercicio de nostalgia por
un tiempo ido, que supere la volátil inmediatez con la que vivimos el presente y que además
avizore un futuro propicio y esperanzador para una institución museal que amerita volver a ver
la luz, acompañada de los intereses de las ciudadanías del presente milenio en su necesidad de
dialogar con la historia y los patrimonios culturales que le dan su forma y sentido.
da n i e l c a s t r o b e n í t e z
Director
Museo Nacional de Colombia
Agradecimientos
Archivo General de la Nación
Fundación Patrimonio Fílmico
Instituto Caro y Cuervo
Villegas Editores
Margarita Guevara Ruiz
María Victoria Gálvez Izquierdo
Naila Katherine Flor Ortega
Santiago Robledo Páez
Sergio Trujillo Dávila
EL MUSEO DEL SIGLO
XIX: UNA CASA PARA
UN MUSEO Y UN
MUSEO PARA
UNA ÉPOCA
Ángela Gómez Cely y
Samuel León Iglesias
pág. 10
CON-
TE-
NIDO
COLOMBIA1880- 1930:
ENTRE LA
MODERNIDAD
POLÍTICA, LA
CIVILIZACIÓN Y LA
MODERNIZACIÓN
ECONÓMICA
Naila Katherine Flor Ortega
pág. 26
EXPORTAR PARA
CIVILIZAR E
IMPORTAR
EL PROGRESO
Santiago Robledo Páez y
Naila Katherine Flor Ortega
pág. 36
LOS MODERNOS DEL
900. LOS LUGARES
DE LO PÚBLICO
Y LO PRIVADO
Ángela Gómez Cely y
Samuel León Iglesias
pág. 46
DE REVISTAS,
PAISAJES, MANTILLAS
Y RUANAS: MOMENTOS
DE LA MODERNIDAD
EN BOGOTÁ (1880 - 1930)
Samuel León Iglesias
pág. 62
CATÁLOGO
pág. 74
BIBLIOGRAFÍA
pág. 120
LISTA DE IMÁGENES
pág. 126
capítulo 1 capítulo 2
capítulo 3
capítulo 4 capítulo 5
Abanico de plumas de avestruz | detalle |
Introducción
| 7 |
EL MUSEO EN EL MUSEO.
UN LUGAR ENTRE
EL XIX Y EL XX
Esta exposición está construida como una especie de palimpsesto en el cual tiempos
y lugares se interrelacionan y construyen un universo múltiple que tiene como escenario
al museo. La muestra está articulada en cuatro nociones –desear ser, trabajar para tener, tener
para ser y ser o no ser– que buscan reinterpretar algunas de las formas en que la sociedad
colombiana entró a la modernidad a partir de diversas prácticas culturales, sociales y políticas
entre el final del siglo XIX y el comienzo del siglo XX, así como la tarea que el Museo del Siglo
XIX llevó a cabo durante más de tres décadas.
Por otra parte, el Museo Nacional de Colombia tiene un reto al poner de presente la
responsabilidad de señalar un tiempo futuro para el Museo del Siglo XIX, el cual, por su vocación
original, estuvo dedicado a una época específica y cuenta con un rico y variado conjunto
patrimonial. Por ello, se quiere mostrar variadas posibilidades interpretativas de ese periodo
histórico al igual que otras formas de abordar una selección de sus colecciones, las cuales le
dieron al museo invitado una personalidad propia y le permitieron desarrollar una
febril actividad.
A continuación, y como un preámbulo a los ensayos sobre el Museo y el periodo histórico
investigado, se estructuran una serie de frases a partir de las temáticas mencionadas, las cuales
pueden ser leídas de manera secuencial o aleatoria y constituyen un punto de entrada de este
museo que contiene a otro museo, a través de un juego de interrelaciones y reinterpretaciones
de tiempos y lugares:
Entre el
XIX y XX
el tiempo y lugar del
desear ser
fue dejar un pasado oscuro y “bárbaro” e ir en pos de la luz de la
civilización, así como buscar mi lugar en el mundo y otorgarle lugares
diferentes a los otros.
En el XXI el
desear ser
es buscar el vacío y el vértigo en medio del permanente tedio.
Entre el XIX y XX
el tiempo y lugar del
trabajar para tener
era alcanzar distinción social y construir mi lugar sin el otro.
El museo en el museo
| 8 |
En el XXI el
trabajar para tener
es ocuparse en acumular para desechar.
Entre el XIX y XX
el tiempo y lugar del
tener para ser
era marcar las diferencias y buscar un lugar para compartir solo con
mis pares.
En el XXI
tener para ser
es aceptar y reivindicar las diferencias, así como transitar por todos los
lugares sin barreras.
Entre el XIX y XX
el tiempo y lugar del
ser o no ser
era pertenecer solo a mi lugar y ser dueño de mi tiempo.
En el XXI
ser o no ser
es relativizar el tiempo y estar en muchos sitios para no
estar en ninguno.
Con lo anterior se propone que ese Museo del Siglo XIX, ya inscrito en
el XXI, pueda ser un tiempo y espacio en el que
Desear ser
proponga una manera inédita de interpretar y leer el pasado que el
Museo ha decidido convertir en su fuente de inspiración para conjurar
el tedio y afrontar el vértigo,
Trabajar para tener
permita aprovechar el variado universo de sus colecciones para ser
interrogadas con nuevos y curiosos ojos y mentes,
Tener para ser
active el reconocimiento de las diferencias más que la homologación
de lo similar y
Ser o no ser
cuestione las maneras en que un país lee y se comporta dentro de un
tiempo histórico y hace su horizonte de expectativa.
Esperamos, por lo tanto, que este ejercicio permita a nuestros espacios museales, así como al
ciudadano, reconocer que una institución cultural del siglo XXI tiene la obligación de ser un
espacio de convergencias, tiempos, lugares, experiencias e indagaciones sobre lo que hemos
sido, lo que somos y lo que seremos. Allí será posible y necesario mantener viva la tarea de
preservación patrimonial, al igual que la de incentivar una vocación crítica que redunde en una
construcción de ciudadanía plural, diversa y sensible por medio de una lectura palimpséstica,
múltiple y polisémica de la historia.
Abanico de plumas de avestruz | detalle |
Salón del retrato | detalle |
El Museo del Siglo XIX: una casa para un museo y un museo para una época
| 11 |
EL MUSEO DEL SIGLO XIX:
UNA CASA PARA UN MUSEO
Y UN MUSEO PARA
UNA ÉPOCA
Ángela Gómez Cely y Samuel León Iglesias
Curaduría de Arte
Museo Nacional de Colombia
Con el fin de favorecer la recuperación de un sector del barrio La Candelaria cercano
a la Casa de Nariño, el Fondo Cultural Cafetero adquirió una casa de estilo republicano
para su funcionamiento, que presentaba un desafío inmediato: su restauración integral y su
respectiva adecuación. Sin embargo, no existía en la época de esa decisión información muy
precisa sobre aspectos cotidianos del siglo XIX colombiano, y tampoco había instituciones que
trabajaran aquellos temas, por lo que se imponía la necesidad de investigar sobre el tipo de
construcción de la casa y su periodo de uso doméstico entre 1880 y 1920 aproximadamente.
Las características propias del inmueble, unidas a la documentación sobre su historia, condujeron
a la idea de crear un museo que diera cuenta de varios aspectos de la época en la que fue
habitada la propiedad, entre finales del siglo XIX y las tres primeras décadas del XX.
El objetivo del Museo del Siglo XIX, creado el 14 de agosto de 1980, consistió entonces en
“impulsar un proceso de comprensión, reconocimiento y valoración del código que para la vida,
la cultura y las relaciones humanas fue adoptándose lejos del patrón español y que se extiende
hasta 1930 aproximadamente”1
. Dicho propósito fue enriquecido por la constante investigación
histórica del periodo de estudio del Museo, la organización de exposiciones temáticas, las
actividades del Departamento Educativo y la biblioteca que, además de un fondo bibliográfico
especializado en el siglo XIX, contaba con un banco de imágenes y material audiovisual para el
trabajo de mediación con los públicos.
El Fondo Cultural Cafetero realizó una serie de publicaciones para divulgar los aportes a la historia
del periodo que el Museo iba llevando a cabo. De esta manera, el Fondo se convirtió en una
editorial de constante estímulo a las investigaciones especializadas en variados aspectos del
siglo XIX, las cuales contribuyeron a nutrir las labores académicas y despertaron el interés del
público general en aspectos históricos y de la vida cotidiana, no abordados en un principio por la
historiografía tradicional.
Dado el marcado interés por dar cuenta de la vida cotidiana de finales del XIX, la casa se
constituyó también en una pieza central de la colección, ya que podía reflejar los ambientes
originales de las residencias del periodo, sus usos, distribución y caracterización arquitectónica.
La historiadora Aída Martínez Carreño (1940 - 2009) trabajó desde 1971 para el Banco Cafetero
y luego pasó a dirigir el Fondo Cultural Cafetero en 1975, tres años después de la fundación del
mismo. Durante quince años dirigió el Museo en compañía de un equipo de asesores, integrado por
historiadores como Pilar Moreno de Ángel (1929 - 2006), Jaime Jaramillo Uribe (1917 - 2015) y Juan
1 | Julia Rodríguez y Helena
Saavedra, Reflexiones sobre
animación. Experiencias pedagógicas
en el museo (Bogotá: Organización
de los Estados Americanos (OEA)
y Fondo Cultural Cafetero, 1988), 10.
capítulo 1
El museo en el museo
| 12 |
Luis Mejía Arango; escritores como Andrés
Holguín Holguín (1918 - 1989) y José Chalarca
Atehortúa (1941 - 2015); y empresarios
relacionados con la cultura del café como
Rodrigo Múnera Zuluaga, José Vicente Vargas
Salgado (1956 - 2006) y Gabriel Mejía Vélez,
entre otros. Igualmente, durante este periodo
el Museo recibió importantes contribuciones y
asesoría por parte de historiadores especialistas
en el siglo XIX colombiano como Frank Safford y
Malcolm Deas.
El historiador Pablo Rodríguez resume el
impacto de la gestión de la directora, la Junta
Asesora y los investigadores asociados en el
esfuerzo del Museo por nutrir de contenidos
sus espacios expositivos. Sobre el particular
señala que:
en la creación de este museo surgió
con fuerza la idea de la identidad,
y toda su complejidad. Y fue en
los ámbitos de la cultura material,
del vestido y la alimentación (a los
que habría que sumar la vivienda),
donde éstos podían precisarse.
Pero en Colombia no existía una
tradición de estudios sobre estos
temas, […] así que el trabajo
investigativo de Aída debió superar
grandes limitaciones. Fuentes
iconográficas, literarias e históricas
fueron revisadas, seleccionadas
y organizadas pacientemente por
Aída para elaborar estos estudios2
.
Con el apoyo de la Junta Asesora, el
Museo del Siglo XIX desarrolló una manera
propia de contar múltiples historias, a través
de las diferentes colecciones que estaba
conformando. Esta forma propia puede
resumirse así:
No hay en este museo héroe, ni
personaje, ni mecenas, ni artista
único. No ocurrieron en esta casa
hechos históricos o notables en la
vida nacional. No se conmemoraron
a través de esta institución fecha
especial o hecho heroico alguno.
Se trata de visualizar, a través
de las existencias más o menos
anónimas, el transcurso de un país
en su periodo decisivo. Aciertos,
dudas y confusiones son parte de
este proceso, en todos los órdenes.
No glorificamos ni exaltamos
una generación, ni defendemos
un planteamiento ideológico.
Destacamos sí, una época que fue
marco de las grandes decisiones
y experiencias nacionales: la
independencia; la exploración
científica del territorio; los
procesos de colonización interna;
la implantación de sistemas de
comunicación y transportes; los
debates filosóficos y religiosos; la
aparición de los primeros valores
literarios; la organización política;
las bases para la instrucción
pública y el comienzo de una
economía basada en el café3
.
1 | María José Echeverri | fachada del museo del siglo xix | 2011
2 | María José Echeverri | patio del museo del siglo xix | 2011
2 | Pablo Rodríguez, “En memoria
de Aída Martínez Carreño
(Bucaramanga 16-4-1940 -
Bogotá 28-5-2009)”, Historia
Crítica, n.º 38 (mayo de 2009): 9-13.
3 | Rodríguez, “En memoria de…:
11.
El Museo del Siglo XIX: una casa para un museo y un museo para una época
| 13 |
3 | Gustavo Pérez Dussán | salón verde | 1989
4 | María José Echeverri | salón rojo | 2011
El museo en el museo
| 14 |
6 | María José Echeverri | salón de moda | 2011
5 | María José Echeverri | sala de paisaje | 2011
El Museo del Siglo XIX: una casa para un museo y un museo para una época
| 15 |
De la anterior cita, que equivale a una
declaración de sentido, podemos concluir
que el Museo deseaba capturar el espíritu
de un periodo histórico con una visión que
le daba cabida a sujetos y acontecimientos
de los cuales se había ocupado escasamente
la escritura de la historia de Colombia hasta
ese momento. Las salas permanentes se
dotaron de mobiliario propio de la época de
estudio y se complementaron con colecciones
de pintura, escultura y artes decorativas. La
directora y la Junta Asesora realizaron un
cuidadoso trabajo para acercar al público
a los objetos del siglo XIX, a partir del
cual la casa contó con salas de exposición
permanente dedicadas a recrear los espacios
de sociabilidad al interior de los hogares de
la época y salas temáticas en las que se
mostraban objetos relacionados con la moda,
el arte y la gastronomía.
Los ejercicios de investigación fueron la
materia prima de exposiciones temporales
relacionadas con las colecciones del Museo
del Siglo XIX. La primera de ellas fue Un siglo de
moda en Colombia 1830 - 1930 (1981), curada
por Martínez Carreño con la asistencia del
maestro Enrique Grau (1920 - 2004), Peter Egen
y Virginia Harker de Serrano. Esta exposición
inició la colección de indumentaria gracias a la
donación de particulares, como las familias
Umaña Carrizosa, Wilches, Hederich, Van
Meerbeck Posada, Solano, Arboleda, Herrera
y Fonseca, entre muchas otras. Este ejercicio
abrió también un campo de estudio sobre
la historia del traje en Colombia que años
después permitió adelantar proyectos para
estudiar la colección de indumentaria del
Museo en el ámbito textil en asocio con la
Corporación Textil Nencatacoa entre 1990 y
1994, trabajo que complementó el escritor
Antonio Montaña (1932 - 2013) al publicar
en 1993 el libro Cultura del vestuario en
Colombia y Martínez Carreño con el libro La
prisión del vestido. Aspectos sociales del traje
en América, publicado en 1995.
Si bien las exposiciones y las publicaciones
eran la forma en que el Museo podía
desarrollar su tarea fundamental de
divulgación, no es menos importante la
formación y consolidación de la colección.
7 | María José Echeverri | salón del retrato | 2011
8 | Antonio Montaña | cultura del vestuario en
colombia | 1993
El museo en el museo
| 16 |
9 | Fabricante desconocido | vestido de día que perteneció a maría de la torre de herrera | Ca. 1855
El Museo del Siglo XIX: una casa para un museo y un museo para una época
| 17 |
A este respecto, Martínez Carreño comentó lo
siguiente:
En 1980 empecé a reunir una
colección de trajes antiguos para
el Fondo Cultural Cafetero, que
se conformó con donaciones de
hermosas piezas, perfectamente
documentadas, porque habían
sido guardadas por las familias de
sus dueños originales. En algunos
casos, junto con el vestido vinieron
las fotografías y otros documentos,
incluidos los datos biográficos de
la dama o el caballero que habían
lucido la prenda4
.
Este proceso era respaldado por la búsqueda
minuciosa de documentación relacionada
con las prendas, su procedencia, sus usos
y su datación. Dicha investigación era
complementada con entrevistas que se
realizaban a los miembros mayores de las
familias donantes, quienes recordaban
“detalles de la indumentaria de sus padres
o de sus abuelos, y que en su memoria
pudieran remontarse cien años atrás”5
.
Una exposición que rescató a un artista
del pasado fue Dionisio Cortés M. Escultor,
1863 - 1934, realizada en 1982. En esta
oportunidad se compartió con el público no
solamente su obra escultórica, sino también
las fuentes documentales utilizadas por Aída
Martínez Carreño para escribir la biografía del
artista. Otra exposición que acogió temas
de la vida cotidiana fue Mesa y cocina en el
siglo XIX (1985), que abordó la historia de
la gastronomía en Colombia, pasando por
utensilios de cocina, recetarios y los orígenes
de platos típicos. La riqueza de la exposición
permitió publicar un libro del mismo nombre
en el cual se presentó al público los resultados
de la investigación. También se realizaron
exposiciones sobre diversos temas de cultura
colombiana como: Domingo Moreno Otero.
Línea y Color, 1982; Visiones de la Sabana de
Bogotá, 1983; Cien Marías, cien ediciones de
la novela de Jorge Isaacs, 1985; y Cartulinas
de amor y cortesía: historia de la tarjeta
postal, 1990.
Con el tiempo, se conformó una biblioteca
especializada en temas del siglo XIX,
principalmente historia del vestido, vida
cotidiana, literatura romántica y costumbrista,
teatro, historia de Bogotá, biografías, historia
del arte e historia de Colombia.
Con el apoyo de Bancafé y la Federación
Nacional de Cafeteros, la siguiente directora
del Museo, Rosaema Arenas Abello, logró
diversificar las actividades de la institución
a otros ámbitos. Por ejemplo, en el año
2000 se creó el café-libro La Giralda6
y tres
años después se inauguró el restaurante
La Tertulia de la Giralda en el edificio Pedro
A. López, en donde se ofrecían también al
público los servicios de librería y una galería
4 | Aída Martínez Carreño, “Más
allá de la palabra. Experiencias
y reflexiones sobre el uso
de fuentes no escritas para
el conocimiento de la vida
material”, Historia Crítica, n.o
29:
71. La documentación citada por
Martínez Carreño en este artículo
se encuentra extraviada.
5 | Martínez Carreño, “Más allá de
la palabra…: 71.
6 | “En el Museo del Siglo XIX”,
El Tiempo, 27 de octubre de
2000, http:/
/www.eltiempo.com/
archivo/documento
/MAM-1272467.
10 | Autor desconocido | imagen de
la exposición un siglo de moda en
colombia 1830 - 1930 | 1981
11 | Autor desconocido | imagen de la exposición mesa y cocina en el siglo xix |
1985
12 | Aída Martínez Carreño (1940
- 2009) / Fondo Cultural Cafetero |
mesa y cocina en el siglo xix | 1985
El museo en el museo
| 18 |
para exposiciones temporales. En esa gestión
se completó también la colección gracias
a las investigaciones y a la adquisición de
piezas, lo cual permitió que se crearan nuevas
salas temáticas que albergaban objetos
como tarjetas postales, miniaturas, dibujos
y caricaturas. En 1991 se adquirió la Botica de
los Pobres y se abrió al público una sala
destinada a la realización de exposiciones
temporales de artistas contemporáneos.
En el periodo transcurrido entre 1990 y 2004
se realizaron conciertos de música clásica, se
editaron libros sobre la historia de los medios
de transporte en Colombia, de literatura
colombiana y de historia del arte colombiano,
y se organizaron exposiciones temporales
de arte contemporáneo, que contaron con
obras de Pierre Daguet (1903 - 1980), Gonzalo
Ariza (1912 - 1995), Lucy Tejada (1920 - 2011),
Omar Rayo (1928 - 2010), Teresa Cuéllar
“Teyé”, Beatriz González Aranda, Zofia Ahrens,
Mauricio Jaramillo Escobar y Gustavo Zalamea
(1951 - 2011), entre otros.
Durante veinte años el Museo logró conformar
una valiosa colección de cultura material7
del
siglo XIX con 681 prendas que van desde 1830
hasta 1970 –única colección de indumentaria
original a nivel nacional–, 630 miniaturas,
dibujos, caricaturas, tarjetas postales y
fotografías, 101 pinturas, 39 esculturas, 100
muebles y 174 objetos de artes decorativas.
La colección del Museo llegó a tener 1.725
objetos catalogados.
Así, el Museo fue constituyendo un lugar de
evocación de una época y reflexión sobre
su historia al consolidar cada vez más una
labor documental, museológica y cultural
para el disfrute y aprovechamiento de los
públicos, con base en lo cual se empezó a
vincular activamente al visitante en procesos
de aprendizaje, memoria y análisis en torno a
una visión de identidad nacional.
La animación cultural:
un trabajo pionero en
apropiación patrimonial
En el segundo semestre de 1984 se creó
el Departamento Educativo del Museo del
Siglo XIX con el propósito de crear nuevas
herramientas de aprendizaje dirigidas a la
niñez y a la juventud. A partir de este año,
las coordinadoras del Departamento, Julia
Rodríguez y Helena Saavedra, empezaron a
realizar talleres didácticos con grupos focales
de niños y jóvenes entre cuatro y catorce años.
Estos talleres produjeron dos herramientas
para explorar la historia del Museo, sus
colecciones y su impacto a nivel local. La
primera de ellas fue la Linterna mágica, una
secuencia de dibujos que ayudaba a contar la
historia de la casa a los niños más pequeños.
La segunda, el sonoviso Me gusta mi ciudad,
tenía el objetivo de invitar a niños y jóvenes
a imaginar múltiples historias sobre el barrio
La Candelaria, las costumbres de épocas
pasadas, la organización de la casa, sus
espacios y sus objetos.
Se crearon también dos tipos de talleres para
trabajar con los públicos infantiles: uno para
niños entre cuatro y doce años relacionado
con los aguinaldos navideños, cuyo objetivo
era recuperar las tradiciones relacionadas con
la vida cotidiana entre los años 1800 y 1899;
y otro dirigido a niños entre diez y trece años
cuya finalidad era conocer históricamente el
siglo XIX a través de la literatura, el juego, la
imaginación y la fantasía.
7 | Entendemos por cultura
material el conjunto de objetos
que, a través de su estudio,
permiten reconstruir aspectos
culturales del desarrollo humano
en un determinado periodo
histórico. Al respecto, ver: Ismael
Sarmiento Ramírez, “Cultura y
cultura material: aproximaciones
a los conceptos e inventario
epistemológico”, Anales del Museo
de América 15 (2007).
13 | Autor desconocido | imagen del taller del artista en el álbum de fotografías de dionisio cortés.
exhibida en la exposición dionisio cortés m. escultor 1863 - 1934 | Ca. 1910
El Museo del Siglo XIX: una casa para un museo y un museo para una época
| 19 |
sobre Trabajo Pedagógico en Museos y Casas
de Cultura en 1985. Este seminario-taller
estaba conformado por dos conferencias sobre
planteamientos metodológicos en el plano
educativo de la escuela y el museo, sumadas
a cinco talleres teórico-prácticos sobre lectura
de la imagen, animación teatral, pedagogía
musical, animación infantil y aproximación a
la plástica. Las conferencias y los talleres del
seminario-taller fueron dirigidos por Francisco
Cajiao Restrepo, Daniel Nieto, Rubén di Pietro,
Silvia Portorrico, Olga Parra, María de la Luz
Giraldo de Puech, Víctor Manuel Rodríguez,
Beatriz González Aranda y Daniel Castro Benítez.
En 1986, el Museo del Siglo XIX buscó el
apoyo de la Organización de los Estados
Americanos (OEA), a través de la Oficina
de Relaciones Exteriores del Ministerio de
Educación Nacional para la realización de un
programa educativo en torno a la animación
cultural. Este apoyo interinstitucional permitió
realizar el evento Experiencia Piloto en
Formación de Jóvenes Animadores Culturales
(1986 - 1987), en el que participaron
representantes de diferentes regiones del
país, así como invitados de Costa Rica,
Ecuador, Perú, República Dominicana
y Venezuela.
Durante el encuentro, se llevaron a cabo
dos seminarios teóricos y seis seminarios
teórico-prácticos. Las conferencias trataron
temas relacionados con la animación
cultural, la historia del arte, la historia de la
arquitectura, la historia económica y social
del país, la historia musical colombiana, la
antropología social, la psicología social,
las instituciones culturales, la animación
en el lenguaje de la imagen, la literatura
y el teatro. Estos talleres permitieron a los
asistentes obtener un marco general sobre la
cultura colombiana, sus orígenes, desarrollo y
transformaciones.
La experiencia piloto contó con la participación
de especialistas como Virginia Gutiérrez de
Pineda (1921-1999), Monserrat Ordóñez (1941 -
2001), Marta Fajardo de Rueda, Ángela María
González, Amalia Iriarte Núñez, Humberto
Dorado, Patricia Méndez, Beatriz González
Aranda, Manuel Valdivia Santiago, Federico
14 | Julia Rodríguez y Helena Saavedra / Organización
de los Estados Americanos / Fondo Cultural Cafetero |
reflexiones sobre animación. experiencias pedagógicas
en el museo | 1988
Estas experiencias llevaron al equipo
educativo a plantearse preguntas sobre la
animación cultural, tendencia innovadora en
ese momento, la cual se definía como
una acción específica [del]
animador quien se pone al
servicio de una comunidad para
estimular una problemática interna
despertando la creatividad de cada
individuo para que tome conciencia
de las exigencias surgidas de
esta problemática y se organice
operativamente para expresarlas8
.
El desarrollo de los talleres y las actividades
con niños y jóvenes se unió a las experiencias
educativas de mediación realizadas entre los
públicos y las colecciones, las cuales habían
sido llevadas a cabo previamente en el Museo
Nacional de Colombia y en el Museo de Arte
Moderno de Bogotá.
Las preguntas sobre su quehacer en el ámbito
de la animación cultural condujeron al equipo
educativo a organizar el I Seminario-Taller
8 | Citado en: Rodríguez y
Saavedra, Reflexiones sobre
animación…, 14.
El museo en el museo
| 20 |
Martín Nebras, Néstor Tobón Botero, Omar
Chanona Burguete, Santiago Mora Camargo,
Jaime Jaramillo Uribe, José Chalarca, Álvaro
Villar Gaviria (1921 - 1999) y Luis Antonio
Escobar (1925 - 1993).
Dentro del marco de aplicación del proyecto
de animación cultural en el Museo del
Siglo XIX, se dio inicio a un convenio con la
Universidad Pedagógica Nacional para la
realización de prácticas pedagógicas del
programa de licenciatura en Historia, cuyo
objetivo fue la elaboración de programas
educativos innovadores que se centraban
en el Museo considerado como fuente de
documentación histórica9
.
Al final de estos seminarios surgieron
una serie de proyectos basados en la
animación cultural para ser aplicados por los
participantes en diferentes instituciones a
nivel nacional e internacional.
15 | María José Echeverri | botica de los pobres | 2011
16 | Guillermo Maldonado Pérez | la botica de los
pobres y de boticas y farmacias | 1991
9 | Rodríguez y Saavedra,
Reflexiones sobre animación…,
119-123.
El Museo del Siglo XIX: una casa para un museo y un museo para una época
| 21 |
Una fructífera labor editorial
A partir de la década de 1970, el Fondo
Cultural Cafetero, entidad que en 1980
crearía el Museo del Siglo XIX, editó
estudios sobre historia y economía del café
en Colombia impulsados por el Banco
Cafetero, en donde publicaron economistas y
banqueros especialistas del sector como Otto
Morales Benítez (1920 - 2015), Alfonso Grisales
García, Miguel Urrutia Montoya, Roberto
Junguito Bonnet, Marco Palacios y Diego
Pizano Salazar.
Posteriormente, el Fondo publicó una
“colección popular de libros, dirigida al lector
colombiano, con la esperanza de llenar un
vacío en los medios rurales y de servir de
estímulo y consulta en diferentes áreas del
conocimiento, dando siempre preferencia a
temas y autores nacionales”10
. La colección,
agrupada bajo el nombre Ediciones Fondo
Cultural Cafetero, reunió trabajos de autores
que versaban en temas literarios, científicos,
históricos y técnicos, dirigidos a las regiones
en donde el Fondo tenía presencia.
Otra colección fue Herencia Colonial (1967
- 1980) la cual presentaba, a través del
registro visual de reconocidos fotógrafos
como Hernán Díaz (1931 - 2009), Abdú Eljaiek
y Germán Téllez, una visión del patrimonio
10 | Presentación a Kundry y otras
obras, de Gabriel Latorre Jaramillo
(Medellín: Fondo Cultural
Cafetero, 1977), 7.
19 | Néstor Tobón Botero | arquitectura
de la colonización antioqueña | 1986
arquitectónico del periodo colonial en
diferentes regiones del país. Otro proyecto
editorial importante fue la colección en
cinco volúmenes titulada Arquitectura de
la Colonización Antioqueña (1985 - 1989)
realizada por Néstor Tobón Botero. Estos
dos ejemplos dan cuenta de los intereses
editoriales del Fondo de ampliar su mirada al
patrimonio arquitectónico nacional.
El Fondo Cultural Cafetero también publicó
monografías dedicadas a personajes
históricos y artistas del pasado que no habían
sido estudiados en profundidad. Ejemplos de
estas investigaciones fueron los libros: Las
Ibáñez (1981) del bibliotecólogo Jaime Duarte
French (1921 - 2003); Dionisio Cortés Mesa.
Escultor (1982) de Aída Martínez Carreño,
Margarita Monsalve (1948 - 2016) y Ana Roda
Fornaguera; Ricardo Rendón, una fuente para
la historia de la opinión pública (1984) del
historiador Germán Colmenares (1938 - 1990);
Soledad Acosta de Samper. Una nueva lectura
(1988) de Monserrat Ordóñez; y Manuel D.
Carvajal: la pintura como autobiografía (2001)
de Juan Luis Mejía Arango.
En relación con publicaciones literarias,
destacamos los siguientes títulos: Kundry y
otras obras (1977) de Gabriel Latorre (1868 -
1935); Aldea: una novela y treinta cuentos
17 | Marina González de Cala | domingo moreno
otero. memoria de una época | 2002
18 | Marta Fajardo de Rueda | jesús maría
zamora: discípulo de la naturaleza | 2003
El museo en el museo
| 22 |
22 | Germán Colmenares (1938 - 1990) | ricardo rendón.
una fuente para la historia de la opinión pública | 1984
de la provincia y del agro (1981) del escritor
Adel López Gómez (1900 - 1989); Cuatro
ensayos sobre la poesía de Aurelio Arturo
(1989) de William Ospina; el libro de poesías
El transeúnte (1984) de Rogelio Echavarría (1926
- 2017); y la antología literaria Café con amor
(2001) compilada por la crítica literaria Luz
Mary Giraldo y el poeta Henry Luque Muñoz
(1944 - 2005).
En la década de 1990 el Fondo coordinó la
edición de una colección de libros sobre los
medios de transporte en Colombia, coeditados
con Bancafé, algunos de los cuales son: A
lomo de mula (1994) del antropólogo Germán
Ferro Medina; A todo vapor (1996) de Antonio
Montaña; Colgados de las nubes: historia
de los cables aéreos en Colombia (1997) de
Gustavo Pérez Ángel; En el recodo de todo
camino (1998) de Juan Luis Mejía Arango;
y Otro cóndor sobre los Andes: historia de
la navegación aérea en Colombia (1999) de
Gustavo Arias de Greiff.
El trabajo editorial del Fondo Cultural Cafetero
culminó con cuatro publicaciones que
actualmente constituyen textos de consulta
obligada para estudiar temas específicos de
la historia del arte colombiano. Los títulos de
estos libros son: El daguerrotipo en Colombia
(2000) de la historiadora Pilar Moreno de
Ángel; Domingo Moreno Otero. Memoria de
una época (2002) de Marina González de
Cala; Jesús María Zamora: discípulo de la
naturaleza (2003) de Marta Fajardo de Rueda;
y El arte colombiano en el siglo XIX: Colección
Bancafé (2004) de Beatriz González Aranda.
El trabajo del Fondo en cuanto a sus
publicaciones puede considerarse innovador
en el campo de las letras y la historia del
arte nacional, ya que se llegaron a financiar
y publicar más de cien títulos que cubrieron
variados aspectos relacionados con la historia
colombiana del siglo XIX y la economía cafetera.
Por ende, resulta de particular importancia el
aporte en materia de investigación histórica
que desarrolló el Museo con el apoyo de
historiadores externos, trabajo que se
relaciona con la labor de construcción de una
nueva visión sobre la historia colombiana que
se venía gestando desde la década de 1960
gracias a los aportes de historiadores como
Jaime Jaramillo Uribe, Germán Colmenares,
Álvaro Tirado Mejía y Jorge Orlando Melo,
cuyo propósito fue escribir una historia con
una metodología científica que involucrara
otras disciplinas sociales y se destacara por
la solidez argumentativa y la revisión de una
amplia documentación11
.
20 | Carmen María Jaramillo | gustavo zalamea.
la ciudad y la pintura | 1994
21 | Efraín Sánchez Cabra | ramón torres méndez:
pintor de la nueva granada 1809 - 1885 | 1987
11 | Jorge Orlando Melo, “Jaime
Jaramillo Uribe. Orientador de la
Nueva Historia”, El Tiempo,
agosto de 1999.
El Museo del Siglo XIX: una casa para un museo y un museo para una época
| 23 |
24 | Beatriz González Aranda | el arte colombiano en el siglo xix: colección bancafé | 2004
En ese sentido, podemos decir que el
Museo se sumó a los estudios históricos que
transformaron la comprensión de la historia
colombiana referida al siglo XIX. Su interés
por dicho periodo lo llevó a establecer una
lógica de investigación y documentación
que surgió del estudio de su colección. Esta
lógica le permitió enfrentarse al reto que
todo museo se plantea desde sus comienzos:
establecer diálogos entre el pasado de los
objetos y el presente de los públicos que
los disfrutan.
Un legado a redescubrir
Aun con todo el trabajo descrito
anteriormente, el 11 de julio de 2011 el
Museo del Siglo XIX cerró sus puertas al
público. Este evento marcaba la clausura de
su sede ubicada en la carrera 8 con calle
7 de la ciudad de Bogotá, la cual albergó
durante más de treinta años de labores
ininterrumpidas una colección única en
su género en Colombia. El cierre estaba
anunciado, puesto que Almacenes Generales
de Depósito del Comercio (Almadelco), uno de
los principales patrocinadores del Museo,
había sido liquidado en 1999, y Bancafé,
el otro patrocinador, había entrado en
liquidación, proceso que tomó cuatro años,
desde 2006 hasta 2010.
Con el ánimo de no disgregar su colección,
el Fondo Cultural Cafetero, entidad de la que
dependía el Museo, emprendió dos acciones:
entregó en comodato los objetos de su
propiedad al Ministerio de Cultura con el fin de
mantenerlos integrados a aquellos bienes
de interés cultural que Bancafé ya había
trasferido a la Nación y, además, celebró un
convenio de asociación con el Ministerio de
Cultura por medio del cual, entre 2007 y 2011,
el equipo del Museo Nacional de Colombia
asesoró y apoyó al equipo del Museo del Siglo
XIX en la conservación preventiva de algunas
piezas, especialmente de la obra en papel
(dibujos, acuarelas, grabados y caricaturas).
También se hicieron avances en el inventario,
registro y catalogación de la colección.
Al concluir definitivamente el proceso de
liquidación del Banco en 2010, el Fondo
Cultural Cafetero se vio en la necesidad
23 | Gabriel Latorre (1868 - 1935) | kundry y
otras obras, primera publicación del fondo
cultural cafetero | 1977
El museo en el museo
| 24 |
25 | Dionisio Cortés Mesa (1863 - 1934) | mercedes peñarredonda | 1908
El Museo del Siglo XIX: una casa para un museo y un museo para una época
| 25 |
de asumir el cierre definitivo del Museo en
todas sus áreas y de tomar decisiones con
respecto a la sede y sus colecciones: por una
parte había que vender la casa La Giralda,
que había sido cuidadosamente recuperada
y restaurada, y, por otra, se debía definir
el destino y ubicación de la colección. En
relación con esto último, el Ministerio de
Cultura, miembro de la Junta Directiva del
Fondo Cultural Cafetero, suscribió un contrato
de comodato12
con el Fondo y es así como se
garantizó desde 2012 la salvaguarda de la
totalidad de la colección mientras se definía
una nueva sede para el Museo, la cual se
encuentra ya plenamente identificada: la casa
natal del poeta Rafael Pombo en la vecindad
inmediata del teatro Colón y el palacio de
San Carlos.
Desde entonces el Museo Nacional de Colombia
ha destinado recursos para la conservación,
investigación y catalogación de la colección.
Otra de las labores definidas como parte del
acuerdo es la divulgación de la misma, tarea
que se ha realizado mediante la inclusión de
algunas piezas en exposiciones permanentes
y temporales del Museo Nacional, como
por ejemplo las muestras Aserrín, Aserrán.
Infancia en Colombia; Del Costumbrismo a la
Academia. Hacia la creación de la Escuela
Nacional de Bellas Artes; y Entre dos orillas:
puentes, progreso, país, realizadas en 2012 y
2017 respectivamente.
El Museo Nacional también puede autorizar
el acceso de investigadores externos a la
colección; ejemplo de esto es la consulta y
toma de fotografías de esculturas de Marco
Tobón Mejía (1876 - 1933) que se llevó a cabo
para el libro Marco Tobón Mejía. Un escultor
en busca de nuevos horizontes (2017), escrito
por la historiadora del arte Marta Fajardo de
Rueda. También se han hecho préstamos
interinstitucionales para exposiciones
temporales como, por ejemplo, Los niños que
fuimos: huellas de la infancia en Colombia
realizada por el Banco de la República en
2013. Así, podemos afirmar que el Museo del
Siglo XIX sigue activo pese a que no tiene en
la actualidad una sede permanente.
Comprender el estado actual del Museo
requiere revisar la historia desde su
fundación y las acciones que consolidaron su
colección y le permitieron ser una institución
de vanguardia en lo referente al trabajo
museológico, educativo y de investigación
sobre una época en particular que desarrolló
durante más de treinta años, que es parte
del objetivo de la presente exposición, pero
también lanzar otras miradas sobre el periodo
que se convirtió en el marco cronológico de
sus procesos de investigación y exhibición:
la transición entre el final del siglo XIX y las
primeras décadas del siglo XX en nuestro país.
Es por ello que los artículos que se presentan
a continuación, y cuyo contenido tiene
implícitos los mismos ejes sugeridos por la
muestra, buscan redescubrir nuevas formas
de interpretación de un periodo de más de
cincuenta años que fue determinante para
la configuración de la nación colombiana a
través de un sinnúmero de transformaciones
políticas, económicas y sociales del país en
el marco de una modernidad que se mantuvo
en permanente construcción, hasta que ese
concepto fue revaluado en su totalidad hacia
la década de 1980 con los denominados
postulados posmodernistas.
Sin embargo, esto último no nos exime de la
posibilidad de abordar nuevamente dichos
procesos de trasformación, esta vez en un
escenario de circulación como es un museo
contemporáneo, que en este caso se convierte
en un lugar duplicado –un museo dentro de
otro museo–, todo con el fin de recordar que
nuestras respectivas tareas son sujeto de una
permanente, activa y dedicada investigación
histórica, acompañada de un trabajo
sostenido y cuidadoso de conservación de
nuestros acervos patrimoniales. Lo anterior,
con el fin de identificar un lugar de encuentro
entre los ciudadanos y su patrimonio cultural
con una mirada crítica sobre esos momentos
de interrogación sobre lo que hemos sido,
lo que somos hoy en día y lo que seremos
en un futuro, de la misma forma en que se
lo preguntaron en su respectivo momento
histórico los ciudadanos colombianos de
finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX. ◆
12 | Según el Diccionario de la
Real Academia Española (2018),
un contrato de comodato es un
préstamo de uso con la obligación
de devolver la cosa prestada en un
determinado plazo.
Banco de la República | detalle|
Colombia 1880 - 1930: entre la modernidad política, la civilización y la modernización económica
| 27 |
COLOMBIA 1880 - 1930:
ENTRE LA MODERNIDAD
POLÍTICA,LACIVILIZACIÓN
YLA MODERNIZACIÓN
ECONÓMICA
Naila Katherine Flor Ortega
Curaduría de Historia
Museo Nacional de Colombia
En Colombia, el siglo XIX estuvo marcado por varias guerras civiles: 1839 - 1842, 1851, 1854,
1860, 1876, 1885, 1895 y 1899 - 1902. La organización política así como la denominación del
país, entre otros aspectos, estuvieron definidos por diversas constituciones. Las cartas políticas
de 1821, 1830, 1832, 1843 y 1853 establecieron una organización estatal centralizada; por
el contrario, las de 1858 y 1863 establecieron una formación estatal federal. Esta última, que
dio al país el nombre de Estados Unidos de Colombia, legitimó las políticas liberales y creó
una nación conformada por nueve Estados soberanos: Antioquia, Bolívar, Boyacá, Cauca,
Cundinamarca, Magdalena, Panamá, Santander y Tolima.
Los políticos que gobernaron bajo la Constitución de 1863 fueron conocidos como liberales
radicales. Ellos dieron al Estado una organización federalista para así romper con la antigua
tradición centralista impuesta por la Corona española y, segundo, para proveer a los Estados
soberanos de autonomía en el manejo de sus propios asuntos. En materia económica siguieron
el modelo del laissez-faire (dejar hacer), promovido por el liberalismo clásico. Bajo ese modelo
pretendían incentivar la acción privada e impulsar las exportaciones y las importaciones. En el
campo social adoptaron reformas desde la educación primaria hasta la universitaria, para poner
al país a la altura de las “sociedades civilizadas”1
.
Las políticas liberales y el modelo de Estado federal implementados causaron discordia en la
década de 1870, aun entre los mismos liberales que adoptaron esas políticas y ese modelo de
Estado. Las pugnas entre los partidos Liberal y Conservador por detentar el poder, y entre
los Estados soberanos por definir sus políticas internas, condujeron al país a una crisis
política y económica2
. Algunas facciones de los dos partidos apoyaron en 1880 la primera
candidatura presidencial del cartagenero Rafael Núñez (1825 - 1894), exgobernador del
Estado de Bolívar. Bajo el lema “regeneración administrativa fundamental o catástrofe”, Núñez
promovió durante sus tres periodos de gobierno (1880 - 1882, 1884 - 1886 y 1892 - 1894) el
cambio de las instituciones liberales y el establecimiento de un Estado nación moderno3
. Así
se inició el régimen conocido como la Regeneración, conciliatorio de los intereses de algunas
facciones conservadoras y de los liberales independientes.
1 | Rubén Sierra Mejía,
introducción a El radicalismo
colombiano del siglo XIX, ed. por
Rubén Sierra Mejía (Bogotá:
Universidad Nacional de
Colombia, 2006), 9-10.
2 | Frank Safford y Marco
Palacios, Historia de Colombia:
país fragmentado, sociedad dividida
[2002] (Bogotá: Ediciones
Uniandes, 2012), 456-459.
3 | Jorge Orlando Melo, “Núñez
y la Constitución de 1886: triunfo
y fracaso de un reformador”, en
Núñez y Caro 1886. Documentos del
Simposio Núñez-Caro, Cartagena,
mayo de 1986 (Bogotá: Banco de la
República, 1986), 113-146.
capítulo 2
El museo en el museo
| 28 |
El ascenso al poder ejecutivo de los
regeneradores en 1880 y posteriormente
de los Gobiernos conservadores en 1900,
estuvo caracterizado por los ideales de
modernizar el Estado, “civilizar” a la sociedad
e implementar una modernización económica.
La puesta en práctica de esos ideales se
inspiró en modelos institucionales extranjeros,
considerados por la élite como los referentes
que debía seguir el país para “civilizarse”.
Estos fueron conocidos no sólo mediante la
prensa internacional y nacional y la solicitud
de documentos oficiales de otros países,
sino también mediante los viajes de carácter
político, comercial y cultural a las “naciones
civilizadas”4
. En las últimas dos décadas del
siglo XIX los modelos fueron importados de
Europa, y en las tres primeras décadas del
siglo XX fueron adoptados principalmente de
Estados Unidos.
En busca de la “civilización”
y la modernidad del Estado a
finales del siglo XIX
El régimen de la Regeneración liderado por
Rafael Núñez y Miguel Antonio Caro (1843
- 1909) en las décadas de 1880 y 1890,
pretendió contrarrestar la crisis económica
y política desatada por la guerra civil de
1876. La contienda había sido causada por el
presupuesto asignado al Ferrocarril del Norte
–67% del presupuesto nacional–, proyectado
para unir a Bogotá y a los Estados de Boyacá
y Santander con el río Magdalena, principal
arteria comercial del país. Los liberales del
Gran Cauca y del Caribe arguyeron que el
proyecto del Gobierno central sólo beneficiaba
a Cundinamarca, Boyacá y Santander, Estados
dominados por la élite de la facción liberal en
el poder5
. Ese hecho suscitó la alianza política
de las regiones occidentales y de la costa
caribe, la cual contribuyó a la finalización
del gobierno de los liberales radicales y al
ascenso de la Regeneración6
.
El movimiento regenerador conformado
por terratenientes, comerciantes, políticos,
clérigos y publicistas pretendió construir
un Estado nación bajo el emblema político
del “orden”. La conciencia de las penurias
materiales del país llevó a los regeneradores
a importar modelos institucionales7
. En tanto
que Europa era considerada el centro del
“mundo civilizado” y representaba el ideal del
“progreso”, los prototipos fueron tomados de
ese continente. Ellos fueron la Restauración
española de los Borbones, el liberalismo
conservador de Inglaterra y el orden público
de la Tercera República Francesa8
.
Aspectos como el modelo liberal del Estado,
el centralismo político, los poderes otorgados
a la Iglesia, la modernización del ejército, el
autoritarismo y las restricciones a la libertad
de prensa y al sufragio valorados por los
regeneradores, emulaban la formación política
de los primeros años de la Restauración
borbónica española9
, proceso de construcción
del Estado monárquico iniciado en 1874 por
4 | Frédéric Martínez, El
nacionalismo cosmopolita: la
referencia europea en la construcción
nacional en Colombia, 1845-1900
(Bogotá: Banco de la República;
Lima: Instituto Francés de
Estudios Andinos, 2001).
5 | James William Park, Rafael
Núñez and the Politics of Colombian
Regionalism, 1863-1886 (Louisiana:
Louisiana State University Press y
Baton Rouge and London, 1985),
31-35; Safford y Palacios, Historia
de Colombia…, 457.
6 | Frank Safford, “Acerca de las
interpretaciones socioeconómicas
de la política en la Colombia del
siglo XIX: variaciones sobre un
tema”, Anuario Colombiano de
Historia Social y de la Cultura, n.°
13-14 (1986): 91-151.
7 | Marco Palacios, prólogo a
El nacionalismo cosmopolita: la
referencia europea en la construcción
26 | Epifanio Julián Garay Caicedo (1849 - 1903) | rafael núñez | 1891
Colombia 1880 - 1930: entre la modernidad política, la civilización y la modernización económica
| 29 |
Alfonso XII10
. Desde los inicios de la década
de 1870 España también influenciaría el
ámbito literario e intelectual colombiano. Su
incidencia se dio principalmente en torno a
la memoria laudatoria de los conquistadores
españoles y a la afirmación tanto de la
hispanidad colombiana, como de la esencia
católica de la sociedad. Las congregaciones
caritativas, misioneras y educadoras europeas
contribuirían a la difusión de ese espíritu. Por
su parte, el modelo inglés encarnaba para
los regeneradores el equilibrio político,
porque su liberalismo económico aunado
a posturas conservadoras como el valor de
la moral cristiana, combinaba “libertad” y
27 | Julio Racines Bernal (1848 - 1913) | mosaico del consejo nacional de delegatarios,
reunido en bogotá el 11 de noviembre de 1885 para expedir la constitución de 1886 |
11.1885
“orden”, “estabilidad” y “progreso”. Para la élite
colombiana dirigente, la Tercera República
Francesa simbolizaba la subversión –por su
anticlericalismo, sus ideas comunistas y por
el supuesto predominio de las masas–, no
obstante, fue principalmente a partir de su
prototipo de orden público que los dirigentes
políticos de Colombia construyeron las
instituciones que contribuirían a mantener la
autoridad: el Ejército y la Policía profesionales.
Además de legitimar el nuevo poder, estos
modelos debían contribuir a llevar al país
hacia la “civilización”.
Las estructuras institucionales fueron
importadas a pesar de las críticas que esta
práctica suscitaba entre los dirigentes de
la Regeneración, particularmente contra la
introducción de modelos foráneos efectuada
por los liberales. La idea positivista que
defendía el lento avance hacia el “progreso”
en etapas idénticas para todas las sociedades,
pero según el ritmo de cada sociedad,
apoyaba la denuncia contra la importación
institucional. Sin las utopías del Viejo Mundo
adoptadas por los liberales, Colombia podía
ser feliz y volver a ser ella misma. Así, y a
partir del discurso del patriotismo republicano
y de la felicidad nacional, los dirigentes de
la Regeneración defendieron la idea de la
construcción local de la identidad nacional.
No obstante y contrario a lo anterior, el
Estado nación de los regeneradores se erigiría
conforme a modelos extranjeros11
.
Con esos referentes, la élite política intentó
restablecer en el país el “orden” y la autoridad
estatal, para lo cual le restituyó a la Iglesia su
rol como principal actor social e instauró el
centralismo político. En las décadas de 1860
y 1870 la Iglesia había sido desplazada de la
escena política, despojándosele de sus bienes
y disminuyéndosele sus prerrogativas en el
ámbito de la educación12
. No obstante, para
los dirigentes políticos de la Regeneración
el rescate de la herencia hispana y de la
civilización católica que le era connatural,
servirían de guía para establecer y mantener
el orden social y moral13
. La Iglesia, de esta
manera, se convertiría en el elemento esencial
de la nacionalidad y, por tanto, en la garante de
la cohesión social. El Concordato de 1887,
celebrado entre la República de Colombia y
nacional en Colombia, 1845-1900,
de Frédéric Martínez (Bogotá:
Banco de la República; Lima:
Instituto Francés de Estudios
Andinos, 2001), 13-25.
8 | Martínez, El nacionalismo
cosmopolita…, 431-529.
9 | Martínez, El nacionalismo
cosmopolita…, 454-462.
10 | José Varela Ortega, Los
amigos políticos: partidos, elecciones
y caciquismo en la Restauración
(1875-1900) (Madrid: Junta de
Castilla y León, Consejería de
Educación y Cultura, 2001), 29.
11 | Martínez, El nacionalismo
cosmopolita…, 462-468.
12 | Daniel Pécaut, “Simbólica
nacional, liberalismo y violencias”,
El museo en el museo
| 30 |
la Santa Sede, confió a la Iglesia el control
de la educación y le restableció el poder
sobre el matrimonio católico, los bienes de los
cónyuges y sus descendientes14
. Se concibió
así la nación en términos de “un solo Dios”,
una “lengua” y una “raza”. Esta última debía
ser “blanca”, “civilizada” y “letrada”. La nación,
en consecuencia, fue definida por jerarquías
sociales fundadas en las nociones de clase,
raza, género y región15
. Grupos humanos
como los indígenas y los afrodescendientes
no serían actores decisivos en el proceso
de formación de la identidad colombiana. A
ellos, por su supuesta “inferioridad”, se les
identificó más con la geografía humana de un
país salvaje que con la “civilización” que se
pretendía construir: una civilización católica
organizada jerárquicamente. Los indígenas y
los afrodescendientes, así como los liberales
anticlericales y el pueblo que actuaba con
agresividad política, fueron considerados por
los conservadores como los causantes de la
“barbarie”16
. Contra ella debía imponerse
la “civilización”.
El proyecto político de los regeneradores fue
construyéndose en medio de los conflictos
entre los liberales y conservadores, y
también entre facciones de un mismo partido.
La división entre los liberales independientes
y los liberales radicales, causada por el
desacuerdo de opiniones en torno a la
forma de organizar el Estado y a las
relaciones con la Iglesia católica y el
conservatismo, condujo a la guerra civil de
1885. Esta sirvió a Núñez para proclamar
el fin del federalismo y convocar a los
delegatarios conservadores e independientes
de los Estados soberanos para promulgar
una nueva constitución17
. La Constitución de
1886, redactada en gran parte por Miguel
Antonio Caro, plasmó el proyecto político de la
Regeneración. Esta carta política dio al país el
nombre de República de Colombia y estableció
una organización centralizada y unitaria. En
consecuencia, los nueve Estados soberanos
fueron convertidos en departamentos,
regidos por gobernadores nombrados por el
presidente de la república18
.
El Gobierno también propendió por el
monopolio legítimo de la defensa. Ello a
través de la creación y profesionalización
de una policía y un ejército nacional y la
eliminación tanto de las milicias conformadas
por algunos terratenientes, como de los
en Colombia 1910-2010, ed. por María
Teresa Calderón e Isabela Restrepo
(Bogotá: Taurus, 2010), 46.
13 | Leopoldo Múnera, “El
Estado en La Regeneración (¿La
modernidad política paradójica o
las paradojas de la modernidad
política?)”, en La Regeneración
revisitada: pluriverso y hegemonía
en la construcción del Estado-nación en
Colombia, ed. por Leopoldo Múnera
y Edwin Cruz (Medellín: La
Carreta Editores, 2011), 13-75.
14 | Safford y Palacios, Historia
de Colombia…, 461; Pécaut,
“Simbólica nacional”…, 46.
15 | Mauro Vega Bendezú,
Discursos sobre “raza” y nación
en Colombia, 1880-1930 (Cali:
Universidad del Valle, 2013), 59.
16 | Martínez, El nacionalismo
cosmopolita…, 31-32.
17 | Eduardo Posada Carbó, “Las
claves del período”, en Colombia.
Tomo 3: 1880-1930 la apertura al
mundo, dir. por Eduardo Posada
Carbó (Barcelona: Fundación
Mapfre y Taurus, 2015), 13-30.
18 | Safford, “Acerca de las
interpretaciones”…: 119.
28 | Banco Nacional (1880 - 1903) / Litografía de Otto Schroeder | billete del banco nacional, denominación cien pesos | 29.10.1899
Colombia 1880 - 1930: entre la modernidad política, la civilización y la modernización económica
| 31 |
ejércitos regionales establecidos por los
Estados soberanos19
. Asimismo, instituyó una
serie de leyes para restringir la libertad de
prensa y reunión. Estas limitaciones, así como
la profesionalización de la fuerza pública,
debían contribuir al sostenimiento de la
autoridad estatal.
En el ámbito económico, el Gobierno se
encaminó hacia el monopolio de la emisión
del papel moneda. Con la creación del
Banco Nacional (1880 - 1904), decretó el curso
forzoso del papel moneda emitido por este
organismo, eliminó la obligación de entregar
a los tenedores de billetes un respaldo
metálico en oro y prohibió a los privados la
libre producción de billetes20
. Asimismo, el
Gobierno intentó crear un mercado nacional a
través de un mayor desarrollo del transporte
ferroviario y del proteccionismo industrial. En
las décadas de 1880 y 1890 los Gobiernos
avanzaron en las líneas férreas iniciadas ya
por los Gobiernos radicales precedentes, y
también construyeron otras. Así, a finales
del siglo XIX el país contaría con diez líneas,
algunas terminadas y otras sólo iniciadas:
Barranquilla-Sabanilla, Cúcuta-Zulia,
Buenaventura-Cali, Medellín-Puerto Berrío,
Bogotá-Girardot, Santa Marta-Ciénaga,
Cartagena-Calamar, Dorada-Honda, Bogotá-
Facatativá y el Ferrocarril del Norte, que
aunque debía unir a Bogotá con Boyacá,
Santander y el Magdalena, apenas llegó a
Zipaquirá en 189821
. Asimismo, la política
proteccionista modificó la tarifa aduanera e
incrementó los derechos de artículos de cuero,
muebles y textiles, para así desincentivar
la importación y estimular la creación de
fábricas. De estas iniciativas industriales
sobrevivieron algunas fábricas de jabones,
fósforos, cerveza, vidrio y chocolates22
.
Hacia la consolidación de
la modernidad política y la
modernización económica en las
primeras décadas del siglo XX
Aunque las políticas del régimen de la
Regeneración pretendían instaurar el “orden”
en Colombia, ello no fue posible porque los
conflictos entre liberales y conservadores
persistieron, así como entre facciones de los
partidos. Tales conflictos causaron la guerra
civil de 1895 y la Guerra de los Mil Días
(1899 - 1902), en la que también influyó la
crisis económica suscitada por la caída de los
29 | César Estévez Obando | chircal frente a fenicia y tívoli | 1908 30 | Fotografía Inglesa. H. L. Duperly e Hijo | tívoli | 1893
19 | Álvaro Tirado Mejía, “El
Estado y la política en el siglo
XIX”, en Nueva Historia de Colombia.
Tomo 2: Era Republicana, dir. por
Jaime Jaramillo Uribe (Bogotá:
Editorial Planeta, 1989), 155-183.
20 | Jaime Jaramillo Uribe,
“La crisis de 1880 y la política
económica de la Regeneración”,
en Núñez y Caro 1886. Documentos
del Simposio Núñez-Caro, Cartagena,
mayo de 1986 (Bogotá: Banco de la
República, 1986), 17-30.
21 | Jorge Orlando Melo, “Las
vicisitudes del modelo liberal
(1850-1899)”, en Historia
económica de Colombia, ed. por
José Antonio Ocampo (Bogotá:
Siglo XXI Editores, 1987), 135-194.
22 | Jaramillo Uribe,
“La crisis de 1880”…, 28.
El museo en el museo
| 32 |
precios internacionales del café desde 189623
.
Esta última fue la guerra más desastrosa que
vivió el país a finales del siglo XIX y principios
del XX, no sólo por las bajas humanas
registradas, sino por los daños ocasionados
en la economía nacional y su impacto en la
separación del departamento de Panamá.
La devastación así como la incapacidad de
Colombia de contribuir a la construcción de
un canal en Panamá que uniera el océano
Atlántico con el Pacífico, condujeron a los
panameños a manifestar sus intereses
separatistas. Panamá lograría independizarse
en 1903 con el apoyo de Estados Unidos, país
profundamente interesado en la construcción
del canal para expandir su mercado y su
influencia en Centroamérica y el Caribe24
.
Durante la Guerra de los Mil Días, en 1900,
y ante la inestabilidad de la economía
exportadora y las presiones fiscales, los
conservadores disidentes del Gobierno
nacional dieron un golpe de Estado que
puso fin al proyecto de la Regeneración.
Vencedores de la Guerra de los Mil Días, los
conservadores permanecieron en el poder
hasta 1930. Aunque con algunas enmiendas,
se rigieron por la Constitución de 1886 y
continuaron consolidando el orden social y
moral fundamentado en la Iglesia católica y
en la organización jerárquica de la sociedad25
.
De la misma manera, propendieron por la
organización del sistema monetario y la
modernización económica del país, mediante
el fomento industrial y el desarrollo de
transportes que beneficiaran el comercio del
café, principal producto de exportación del
país desde la década de 1870. El presidente
entre 1904 y 1909, Rafael Reyes (1849 - 1921),
orientó el desarrollo de los ferrocarriles hacia
un diseño más “cafetero”, contribuyendo a
que el tendido de las líneas pasara de 151
km en 1883 a cerca de 1.000 km en 191026
.
El avance ferroviario, sin embargo, fue escaso
en parte por las dificultades que representaba
la topografía del país. El desarrollo del
transporte entre 1900 y 1930 también
fortaleció la navegación por el río Magdalena
e instauró la aviación, con el establecimiento
31 | Fabricación francesa | cañón usado durante la guerra de los mil días | 1897
23 | El desplome de la economía
cafetera condujo a una caída
drástica de las importaciones.
Ello redujo los ingresos de aduana
percibidos por el Estado, lo que
ocasionó una grave crisis fiscal.
Charles Bergquist, Café y conflicto
en Colombia, 1886-1910: la Guerra
de los Mil Días, sus antecedentes
y consecuencias [1978]
(Medellín: Fondo Rotatorio de
Publicaciones, 1981), 118.
24 | Thomas Fischer, “Antes de la
separación de Panamá: la Guerra
de los Mil Días, el contexto
internacional y el canal”, Anuario
Colombiano de Historia Social y de
la Cultura 25 (1998): 73-108.
25 | Pécaut, “Simbólica
nacional”…, 45.
26 | Palacios, El café en Colombia
(1850-1970): una historia
económica, social y política
(México: El Colegio de México,
2009), 101.
Colombia 1880 - 1930: entre la modernidad política, la civilización y la modernización económica
| 33 |
32 | I. L. Maduro, Jr. | u. s. s. “tennessee” en las exclusas de miraflores, canal de panamá | Ca. 1920
de la empresa colombo-alemana SCADTA, en
1919. Adicionalmente, empezó a robustecerse
la infraestructura vial27
. Las industrias se
consolidaron en ciudades como Medellín,
Bogotá, Cali y Barranquilla, asimismo,
avanzaron las actividades comerciales con el
exterior. La publicación de textos publicitarios
como el Libro azul de Colombia (1918)
propendió por la modernización y la inversión
extranjera. El fomento de la industria nacional
entre 1900 y 1930 también se dio a partir
de las exposiciones nacionales. En parte,
estas tuvieron una orientación marcadamente
industrial y también agrícola28
.
El proceso de modernización se agilizaría en
la década de 1920. Para entonces Europa
no ocupó un papel preponderante; Estados
Unidos orientaría la modernización económica
de Colombia. La introducción de modelos
institucionales norteamericanos iniciaría con
el Tratado Urrutia-Thompson, firmado en 1914
por los plenipotenciarios Thaddeus Thomson
(1853 - 1927) en representación de Estados
Unidos y Francisco José Urrutia (1870 - 1950)
en representación de Colombia. Mediante
este Tratado, Estados Unidos se comprometió
a pagar 25 millones de dólares a Colombia
como indemnización por la pérdida de
Panamá29
. Después del Tratado, los Gobiernos
colombianos orientaron sus políticas conforme
a las misiones económicas y diplomáticas
estadounidenses.
Estados Unidos fue considerado como el país
con el modelo financiero más “moderno” de la
época. El interés por adoptar sus estructuras
y la necesidad de generar confianza en los
inversionistas extranjeros, condujeron al
Gobierno de Pedro Nel Ospina (1922 - 1926) a
contratar la misión estadounidense dirigida
por Edwin Walter Kemmerer (1875 - 1945),
profesor de la Universidad de Princeton.
Así como en Bolivia, Chile, Ecuador y Perú,
Kemmerer contribuyó a modernizar el sistema
bancario, monetario y fiscal de Colombia30
. En
1923, la misión presentó diez proyectos de
ley al Gobierno nacional, de los cuales ocho
se convirtieron en leyes de la República31
.
El pago de la indemnización de Panamá, los
créditos efectuados en la década de 1920 por
Estados Unidos, así como los ingresos por el
auge exportador del café, llevarían al país
a vivir su mayor proceso de modernización
económica en la década de 1920. Dichos
recursos fueron invertidos en la ampliación de
27 | Posada Carbó, “Las claves del
período”…, 23.
28 | Frédéric Martínez, “¿Cómo
representar a Colombia? De las
exposiciones universales a la
Exposición del Centenario, 1851-
1910”, en Museo, memoria y nación:
misión de los museos nacionales
para los ciudadanos del futuro.
Memorias del Simposio Internacional
y IV Cátedra Anual de Historia
“Ernesto Restrepo Tirado” (Bogotá:
Ministerio de Cultura, 2000),
315-333.
29 | César Bermúdez, “La
doctrina respice polum (“Mirar
hacia el norte”) en la práctica de
las relaciones internacionales
de Colombia durante el siglo
XX”, Memorias. Revista Digital
de Historia y Arqueología desde el
Caribe Colombiano 7, n.° 12 (2010):
189-222.
30 | Paul Drake, “Kemmerer y la
creación de los bancos centrales
en los países andinos”, en Banco
de la República: 90 años de la banca
central en Colombia, ed. por Gloria
Alonso Másmela (Bogotá: Banco
de la República, 2013).
31 | Estas reglamentaron
la creación del Banco de la
República; establecieron la
superintendencia bancaria
y reglamentaron los bancos
privados; reorganizaron la
contabilidad nacional y crearon
la Contraloría General, y fijaron
el número y nomenclatura de los
ministerios, entre otros aspectos.
Adolfo Meisel citado por Fabio
Sánchez y Juan Guillermo Bedoya,
“La danza de los millones, 1923-
1931”, en Historia del Banco de la
República, 1923-2015, ed. por José
Darío Uribe Escobar (Bogotá:
Banco de la República, 2017),
25-84.
El museo en el museo
| 34 |
la red ferroviaria y en otras obras públicas32
.
En la modernización también contribuiría
la presencia de capital estadounidense en
los sectores minero, petrolero y bananero.
Estos, no obstante, fueron cuestionados
por las formas de reprimir las protestas de
sus trabajadores, quienes demandaban
mejores condiciones de trabajo y mejores
salarios. La represión de las huelgas por parte
de las empresas extranjeras y por parte del
Gobierno, así como la imposibilidad del
país de pagar las deudas adquiridas a
comienzos de la década de 1920, serían
unas de las causas de la derrota electoral del
Partido Conservador en 193033
. ◆
33 | M. Glueckstadt & Muenden, Hamburg | bogotá, 20 de julio de 1910. desfile de señoras hacia la estatua de nariño | 1910
34 | Jorge Posada Callejas / J. J. Little & Ives Company |
libro azul de colombia. bosquejos biográficos de los
personajes más eminentes, historia condensada de
la república, artículos especiales sobre el comercio,
agricultura y riqueza mineral, basados en las
estadísticas oficiales | 1918
32 | Sánchez y Bedoya, “La danza
de los millones”…, 27.
33 | Pécaut, “Simbólica
nacional”…, 53-54.
Colombia 1880 - 1930: entre la modernidad política, la civilización y la modernización económica
| 35 |
35 | Gabinete Artístico | pabellón para la exposición de máquinas en la exposición del centenario | 1910
36 | Juan Nepomuceno Gómez (1882 – ca. 1940) | banco de la república | Ca. 1915
Buque de vapor a orillas del río Magdalena | detalle |
Exportar para civilizar e importar el progreso
| 37 |
EXPORTAR PARA
CIVILIZAR E IMPORTAR
EL PROGRESO
Santiago Robledo Páez y Naila Katherine Flor Ortega
Curaduría de Historia
Museo Nacional de Colombia
La noción de “progreso” predominó en el pensamiento económico latinoamericano
durante el siglo XIX y las primeras décadas del XX. Este principio, entendido hoy como
“modernización”, se concebía como el resultado a futuro de la incorporación de los países
latinoamericanos en la economía mundial, en calidad de exportadores de materias primas.
Para su consecución, estas naciones debían sortear escollos como la falta de medios de
transporte modernos, la insuficiente disponibilidad de mano de obra y el difícil acceso de los
sectores exportadores a los recursos naturales. La solución de la primera problemática implicó
la construcción de ferrocarriles y el establecimiento de rutas de navegación fluvial, esto con
apoyo del Estado y la participación de capitales extranjeros y privados. Se buscó incrementar
el acceso de los sectores dinámicos de la economía agroexportadora a la de mano de obra
mediante la incentivación de la inmigración y el desmonte de los resguardos indígenas, entre
otras medidas. Así mismo, se allanaron los procesos de adquisición de tierras y minas por parte
de los exportadores, ello por medio de legislación favorable a sus intereses1
.
Las élites políticas y económicas colombianas adherían a dicho proyecto de desarrollo, sin
embargo, las condiciones territoriales, sociales y económicas del país afectaron y limitaron
significativamente la ejecución de sus designios. Durante el siglo XIX la economía colombiana
participó de manera muy limitada en el mercado internacional, el país nunca atrajo cantidades
considerables de inmigrantes extranjeros y su acceso a los capitales extranjeros fue restringido.
Solo a principios del siglo XX, de mano de la producción y comercialización del café, pudo la
economía colombiana integrarse plenamente a la economía global.
La economía hacia afuera: las exportaciones
En lo referido a la vinculación de la economía colombiana a las redes internacionales de
comercio, esta se dificultó por la incapacidad del país para desarrollar una base exportadora
sólida. Hasta mediados del siglo XIX, el único producto comercializado en el extranjero en
cantidades considerables fue el oro proveniente de las minas antioqueñas y caucanas. Esto
cambió en la década de 1840, cuando inició un periodo que finalizaría hacia 1876, durante
el cual el tabaco fue el principal rubro de las exportaciones colombianas2
. En un principio las
regiones productoras fueron las mismas activas desde tiempos coloniales, destacándose la de
Ambalema localizada en el actual departamento del Tolima. En la década de 1850 también se
comenzó a remitir a Europa tabaco cultivado en los alrededores del Carmen de Bolívar, única
región que continuó exportando en cantidades considerables tras el derrumbe de las ventas en
la segunda mitad de la década de 18703
. Este colapso se produjo en parte debido a la llegada
de tabacos asiáticos de mejor calidad al mercado de Bremen (Alemania), principal destino del
producto colombiano. Si bien el auge de exportaciones de tabaco fue relativamente corto, este
1 | José Antonio Ocampo, “Los
paradigmas del desarrollo en
la historia latinoamericana”, en
Hacia la revisión de los paradigmas
del desarrollo en América Latina,
ed. por Oscar Altimir, Enrique
V. Iglesias y José Luis Machinea
(Santiago de Chile: CEPAL,
2008), 1-34.
2 | José Antonio Ocampo, “El
sector externo de la economía
colombiana en el siglo XIX”, en
Economía colombiana del siglo
XIX, ed. por Adolfo Meisel Roca
y María Teresa Ramírez (Bogotá:
Fondo de Cultura Económica y
Banco de la República, 2010),
208-210.
3 | Wilson Blanco Romero,
“Tabaco, economía campesina
y capitalismo en los Montes de
María 1850-1930”, El Taller de la
Historia 3, n.o
3 (2011): 192-197.
capítulo 3
El museo en el museo
| 38 |
tuvo efectos de gran alcance. Las regiones
productoras, sobre todo Ambalema, recibieron
un flujo migratorio desde las regiones templadas
y frías tradicionalmente más pobladas.
También, por primera vez, se pudo establecer
de manera permanente la navegación a
vapor por el río Magdalena. Antes el flujo de
mercancías no había sido lo suficientemente
considerable para que dicha actividad
fuera rentable.
A finales de la década de 1870 y en los
primeros años de la siguiente, la quina
reemplazó al tabaco como principal rubro
de exportación. La comercialización de esta
corteza, utilizada para la fabricación de
medicamentos para tratar la malaria, fue
rentable hasta mediados de la década de
1880 cuando el mercado fue saturado por
la producción de las plantaciones de las
colonias europeas en Asia4
. En Colombia
los árboles de quina no se cultivaron,
siendo este un ejemplo de la explotación
económica extractivista sin preocupación por
la renovación de los recursos naturales. La
quina se obtuvo principalmente de bosques
ubicados en regiones como Santander y el
Gran Cauca. En una escala mucho menor
también se había exportado algodón en
la década de 18605
y añil a principios de la
década de 18706
. Deben señalarse las
remisiones de cueros, importante desde la
década de 1870, y ganado, muy relevante en
la primera década del siglo XX7
, en las cuales
participaron de manera destacada ganaderos
y casas comerciales de la costa Atlántica8
.
A finales del siglo XIX y principios del XX
la producción y comercialización de café
permitió que el país desarrollara finalmente
una base exportadora estable y se integrara
al mercado mundial de una manera menos
intermitente. Aunque para la década de 1870
el café ya era una de las tres principales
exportaciones colombianas, fue solo hasta el
final de la de 1880 que se convirtió en la
principal9
. Durante las tres primeras décadas
del siglo XX la producción de café colombiano
creció a un ritmo acelerado. En aquel periodo
perdió dinamismo la producción en las
regiones que habían liderado el mercado
en la centuria anterior –los Santanderes y
Cundinamarca–, centrándose su crecimiento
37 | Fotógrafo desconocido / Ricardo Moros Urbina (1865 - 1942) | exposición de los
primeros rieles fabricados en la pradera, llegada al palacio presidencial | Ca. 1910
4 | María Teresa Ramírez, “El
proceso económico”, en Colombia.
Tomo 3: 1880-1930 la apertura al
mundo, dir. por Eduardo Posada
Carbó (Barcelona: Fundación
Mapfre y Taurus, 2015), 166.
5 | Ocampo, “El sector
externo”…, 204.
6 | Francisco José Alarcón y
Daniel Gustavo Arias Buitrago,
“La producción y comercialización
del añil en Colombia 1850-1880”,
Anuario Colombiano de Historia
Social y de la Cultura, n.o
15 (1987):
171-176.
en el sur de Antioquia, el Viejo Caldas, el
norte del Valle del Cauca y Tolima10
. Fue
entonces que Colombia se convirtió en el
segundo productor mundial de café, después
de Brasil, y en el primer productor de cafés
suaves11
. Este producto, considerado como
el motor de la modernización económica
del país, fue un factor importante en la
formación de la riqueza nacional, en el
desarrollo del transporte y en la expansión de
la frontera agrícola12
. En esta misma década
Exportar para civilizar e importar el progreso
| 39 |
de 1920 también comenzaron a figurar las
exportaciones de banano y petróleo como
rubros importantes del comercio exterior
colombiano13
.
Los hacendados productores y comerciantes
exportadores de café incentivaron, entre
otros aspectos, la lógica cafetera del diseño
de las redes de comunicación entre el
oriente, el centro y el occidente del país;
crearon los nexos comerciales y financieros
con el mercado mundial y buscaron las
salidas a los puertos marítimos. Fueron
ellos quienes ejercieron su influencia en el
ámbito regional y estatal para lograr que las
vías de comunicación tuvieran un diseño
benéfico para el sector agro-exportador. La
demanda de una infraestructura más densa
y con mayor capacidad de movilización de
carga, hizo que el café acelerara el tendido
de las líneas de la red ferroviaria14
. Si bien
en Colombia se trazaron muchos menos
kilómetros de ferrocarriles que en otras
naciones latinoamericanas, la construcción de
estas vías fue determinante para acelerar la
incorporación del país en el mercado mundial.
El auge del café fue uno de los factores
que permitió la emergencia en la década
38 | Giovanni Ferroni Candelari (1853 - 1898) | buque de vapor a orillas del río magdalena | 1894
de 1890 de una incipiente industria15
. Los
recursos obtenidos por la venta de este fruto
permitieron realizar inversiones considerables,
como la adquisición de maquinaria,
necesarias para el establecimiento de las
fábricas. De la misma manera, el crecimiento
económico impulsado por este producto
incidió en la construcción de acueductos,
escuelas y caminos, dicho en otras palabras,
en el proceso de urbanización de algunas
zonas del país. El auge cafetero permitió
la incorporación al mercado nacional, y
mundial, de varias regiones del país. En
estas se constituyeron unidades productoras
de diferentes tamaños. En Cundinamarca,
donde el cultivo del café impulsó procesos de
colonización, predominaron las haciendas; en
cambio, en Santander era notable la presencia
de pequeños productores. En Antioquia y
el Viejo Caldas este cultivo permitió a los
campesinos recibir ingresos adicionales y
a las élites capitalizarse. Aunque existieron
grandes propiedades en estas regiones,
los “capitalistas” más que monopolizar
la producción del grano, controlaron su
comercialización.
7 | Ocampo, “El sector
externo”…, 204.
8 | Eduardo Posada Carbó,
“Empresarios y ganaderos de la
Costa Atlántica”, en Empresas
y empresarios en la historia de
Colombia. Tomo I, dir. por Carlos
Dávila Ladrón de Guevara
(Bogotá: Ediciones Uniandes y
Editorial Norma, 2003), 72-73.
9 | Ocampo, “El sector
externo”…, 204.
10 | Marco Palacios, Coffee in
Colombia, 1850-1970: An Economic,
Social, and Political History (Nueva
York-Cambridge: Cambridge
University Press, 1980), 122.
11 | Frank Safford y Marco
Palacios, Colombia: Fragmented
Land, Divided Society (Nueva York-
Oxford: Oxford University Press,
2002), 274.
12 | Jaime Jaramillo, “La crisis de
1880 y la política económica de
la Regeneración”, en Núñez y Caro
1886. Documentos del Simposio
Núñez-Caro, Cartagena, mayo
de 1986 (Bogotá: Banco de la
República, 1986), 22-23.
13 | Ramírez, “El proceso
económico”…, 170.
14 | De acuerdo con Palacios, el
tendido de los ferrocarriles pasó
de 151 km en 1883 a 240,9 km
en 1888; para 1904 la red ya
alcanzaba 516,9 km y en 1910 las
líneas se acercan a los 1.000 km.
Palacios, Coffe in Colombia…, 5.
15 | Ramírez, “El proceso
económico”…, 179.
El museo en el museo
| 40 |
Los “negociantes”,
adalides del progreso
A mediados del siglo XIX, un nuevo sector
comercial se sumó a los estamentos
socialmente dominantes –burócratas,
hacendados y mineros– en el control de
la vida política, social y económica de la
República16
. Si bien es cierto que hasta
entonces existía un sector de mercaderes
activo desde antes de la Independencia,
integrado, por ejemplo, por los cartageneros
dedicados al comercio con Europa17
y
los antioqueños exportadores de oro, fue
en la coyuntura de formación del sector
agroexportador que se pudo consolidar
gradualmente este nuevo sector mercantil. No
obstante, difícilmente se podría hablar de una
“burguesía comercial” colombiana como clase
hegemónica. Terratenientes, comerciantes y
letrados compartían el poder, participando
muchas veces un mismo individuo de los
tres campos de acción. Cuando sus recursos
lo permitían, los comerciantes urbanos
exportadores-importadores se convertían
en hacendados productores de las materias
primas que comercializaban en el extranjero18
.
Así mismo, al estar mejor conectadas algunas
regiones del país con Europa y Norteamérica
que con sus vecinas, continuaron siendo
tan “localistas” como sus predecesores
coloniales19
. Aunque los intereses de los
variados sectores de la élite en ocasiones
divergían, estos desacuerdos no condujeron
a la diferenciación política de dichos sectores
en razón de sus intereses económicos.
La búsqueda de la “civilización” y del
“progreso” que caracterizó a las élites
económicas también se evidenció en el
desarrollo de sus hábitos de consumo.
Al participar de actividades económicas
rentables –como la minería, la exportación
de tabaco y café, o la incipiente industria–
estos sectores pudieron adquirir mayor número
de bienes importados, tratando por esta
vía de asimilar sus costumbres con aquellas
de las clases pudientes europeas20
. Esta
forma de vida, que consideraban “civilizada”,
fue el rasero con el que se juzgaban, con
frecuencia negativamente, las tradiciones y
costumbres de los demás habitantes de la
39 | R. Hadin | ficha de un cuarto de centavo, hacienda de pedro blanco garcía | Ca. 1870
Esta ficha fue elaborada para Pedro Blanco García, comerciante, industrial y político momposino dedicado al cultivo del
añil. Dicha planta probablemente sea la representada en el reverso de la ficha.
16 | Marco Palacios, “La
fragmentación regional de las
clases dominantes en Colombia:
una perspectiva histórica”, Revista
Mexicana de Sociología 42, n.o
4
(1980): 1675.
17 | Sus descendientes
continuaron activos en el periodo
republicano. Al respecto, ver
Gustavo Bell Lemus y María
Teresa Ripoll Echevarría, “Los
herederos del poder: Juan de
Francisco Martín (1799-1868)”,
en Empresas y empresarios en la
historia de Colombia. Tomo I, dir. por
Carlos Dávila Ladrón de Guevara
(Bogotá: Ediciones Uniandes y
Editorial Norma, 2003), 317-351.
18 | Palacios, “La fragmentación
regional”…: 1679.
19 | Palacios, “La fragmentación
regional”…: 1676.
20 | Thomas Fischer, “La “gente
decente” de Bogotá. Estilo de vida
y distinción en el siglo XIX – visto
por viajeros extranjeros”, Revista
Colombiana de Antropología 35
(1999): 38-39.
Exportar para civilizar e importar el progreso
| 41 |
República. Se ha calculado que durante el
periodo abarcado entre 1830 y 1910 más del
80% de las mercancías importadas fueron
bienes de consumo, los cuales incluían, entre
otras cosas, manufacturas, materiales de
construcción, alimentos, vestimentas, y, en
grandes cantidades, textiles21
. Por ejemplo, la
casa comercial Uribe Ruiz Hermanos, heredera
de Uribe e Hijos y activa en Medellín,
Rionegro y Manizales entre 1894 y 1916,
importaba productos como textiles, zapatos,
barras de hierro, planchas de cobre, calderos
y remaches22
.
Diferentes sectores de la sociedad consumían
estos productos. Las telas económicas,
traídas principalmente de Inglaterra, fueron
utilizadas por los sectores populares para la
confección de sus vestimentas. Esta situación
había afectado negativamente al artesanado
colombiano, sector que desde mediados del
siglo XIX expresó activamente su descontento
frente a las políticas librecambistas23
. En esta
época los importadores también proveyeron
a la restringida clientela local de productos
de lujo. Por ejemplo, entre 1855 y 1857 el
comerciante bogotano Francisco Vargas,
administrador de la casa Inocencio Vargas e
Hijos, importó de Inglaterra telas de algodón,
lana e hilos. Los productos de lujo los trajo
de Francia, donde encargó tejidos finos de
casimir y seda, sombreros de castor, capas,
pañolones, zapatos, papel de colgadura, vinos
y champaña24
.
Los sectores medios y populares de la
sociedad gradualmente aumentaron el
consumo de mercancías importadas. Esto se
evidencia en la actividad de los Almacenes
de un centavo a un peso, propiedad de la
casa de comercio Carrizosa Herrera & Cía,
fundada en 1917 e integrada por Roberto
Herrera de la Torre (1890 - 1978), su cuñado
Fernando Carrizosa Valenzuela (1881 - 1947) y
Agustín (1888 - 1945), hermano del anterior25
.
Una de sus sedes se encontraba en el Pasaje
Hernández de Bogotá, descrito por la revista
Cromos como “un ejemplo de la nueva estética
del confort, de la higiene y del goce de vivir
en la ciudad”26
. Este inmueble representativo
de la emergente “modernidad”, albergaba el
40 | Fabricante desconocido | ficha del establecimiento de café san josé, denominación un real | Ca. 1900
Esta ficha posiblemente se acuñó para la hacienda San José, fundada en Tibacuy (Cundinamarca) en 1889 por
Enrique Argáez.
21 | José Antonio Ocampo,
Colombia y la economía mundial,
1830-1910 (Bogotá: Siglo XXI
Editores y Fedesarrollo, 1984), 158.
22 | Ana María Mesa Bedoya,
“Casa Comercial Uribe Ruiz
Hermanos 1894-1916. El caso
de una empresa familiar en
Antioquia”, Historelo 3, n.o
5
(2011): 36.
23 | Renán Vega Cantor,
“Liberalismo económico y
artesanado en la Colombia
decimonónica”, Boletín Cultural y
Bibliográfico 27, n.o
22 (1990): 49.
24 | Frank Safford, “El comercio
de importación en Bogotá en el
siglo XIX: Francisco Vargas, un
comerciante de corte inglés”,
en Empresas y empresarios en la
historia de Colombia. Tomo I, dir. por
Carlos Dávila Ladrón de Guevara
(Bogotá: Ediciones Uniandes y
Editorial Norma, 2003), 393.
25 | “Fernando Carrizosa
Valenzuela (1881-1947)”,
Colecciones Colombianas,
Biografías (Museo Nacional de
Colombia).
26 | Juan Carlos Pérgolis, “El
deseo de modernidad en la
Bogotá republicana. Un ejercicio
sobre comunicación y ciudad”,
Revista de Arquitectura 13 (2011): 10.
El museo en el museo
| 42 |
almacén que ofrecía mercadería importada
de Estados Unidos. La adquisición de estos
productos baratos, costaban máximo un peso,
habría dado a sus compradores “la sensación
de estar participando del “buen gusto” de
las personas “modernas”, además del capital
simbólico que suponía el haberlas comprado
en el refinado edificio Hernández”27
.
Herrera de la Torre fue hijo y Fernando
Carrizosa yerno de Roberto Herrera Restrepo
(1848 - 1912), propietario de la hacienda
cafetera Santa Bárbara ubicada en Sasaima
(Cundinamarca). Herrera Restrepo, exportador
de café, también había criado ganado y, sin
mucho éxito, participado en una compañía
dedicada a la explotación de caucho y
quina28
. La utilización del capital familiar
tanto en empresas agroexportadoras como
en el negocio de las importaciones, fue
sintomática de la actividad de los negociantes
colombianos del siglo XIX y principios del
XX. El tamaño reducido del mercado y sus
riesgos inherentes, producto tanto de los
altibajos de la economía global como de los
ires y venires de la política local, condujeron
a estos negociantes a diversificar sus
actividades económicas. Esta diversificación
de actividades conlleva a que sea más
adecuado designar a dicho conjunto de
actores económicos como “negociantes”,
en detrimento de categorizaciones como
“empresario industrial”, “comerciante”
o “empresario agrícola”29
.
El quehacer de los negociantes
santandereanos de la época puede ilustrar
dicha situación de diversificación. Estos
participaron del comercio de importación y
exportación, negociaron con finca raíz, fueron
contratistas del Gobierno –manejando
rentas, construyendo vías, etc.– y eran
productores agrícolas volcados al mercado
externo30
. La inversión en diferentes áreas
dependía de coyunturas específicas que
las hicieran más o menos rentables. Por
ejemplo, el alza de los precios del café a
finales de la década de 1880 incitó a algunos
terratenientes manizalitas a utilizar los
capitales obtenidos por medio del comercio,
la arriería, el cultivo de caña y la ganadería
en la creación de haciendas cafeteras31
.
Los negociantes que acumulaban capitales
importantes podían invertirlo también
en actividades financieras –préstamos a
individuos, a otros negocios o al Gobierno–
llegando incluso a establecer bancos de su
propiedad. Este fue, por ejemplo, el caso del
barranquillero Esteban Márquez (1799 - 1889)32
.
41 | Uribe e Hijos / American Bank Note Company | seña de uribe e hijos, denominación veinte pesos | 1.2.1871
27 | Santiago Castro Gómez,
Tejidos oníricos. Movilidad,
capitalismo y biopolítica en Bogotá
(1910-1930) (Bogotá: Pontificia
Universidad Javeriana, 2009), 121.
28 | Malcom Deas, “Una hacienda
cafetera de Cundinamarca: Santa
Bárbara (1870-1912)”, Anuario
Colombiano de Historia Social y de
la Cultura, n.o
8 (1976): 77.
29 | Carlos Dávila Ladrón
de Guevara, Empresariado en
Colombia: perspectiva histórica
y regional (Bogotá: Ediciones
Uniandes, 2012), 19.
30 | Amado Guerrero Rincón y
Maribel Avellaneda Nieves, “La
élite empresarial de Santander
(1880-1912)”, en Empresas y
empresarios en la historia de
Colombia. Tomo I, dir. por Carlos
Dávila Ladrón de Guevara
(Bogotá: Ediciones Uniandes y
Editorial Norma, 2003), 158.
31 | Albeiro Valencia Llano,
“El empresario en el antiguo
departamento de Caldas (1850-
1930)”, en Empresas y empresarios
en la historia de Colombia. Tomo
I, dir. por Carlos Dávila Ladrón
de Guevara (Bogotá: Ediciones
Uniandes y Editorial Norma,
2003), 99.
32 | Tomás Caballero Truyol,
“Comerciantes y casas
comerciales relacionados con las
actividades financieras en una
ciudad caribeña de Colombia
durante la segunda mitad del siglo
XIX”, Anuario de Historia Regional
y de las Fronteras 20, n.o
1 (2015):
153-157.
Exportar para civilizar e importar el progreso
| 43 |
A finales del siglo XIX y principios del XX,
en Colombia un gran negociante podía
caracterizarse como un “prestamista que
acumuló fortuna mediante el comercio
internacional, que diversificó en diferentes
negocios, incluyendo los especulativos,
asociados principalmente con las actividades
financieras”33
. Para lograr alcanzar este
grado de desarrollo de negocios, los
comerciantes debían valerse de todo su
capital económico, social y político. Las
alianzas con las autoridades regionales y
con otros negociantes eran imprescindibles
para el buen andar de sus actividades. Por
ello no sorprende que con mucha frecuencia
las sociedades mercantiles establecidas
para la puesta en práctica de estas
actividades fueran de índole familiar, siendo
la familia la unidad depositaria de dicho
capital social. Trabajar con los parientes
aseguraba la disponibilidad de agentes
confiables, disminuía los riesgos y facilitaba
la continuidad de los negocios34
. Aquellas
sociedades, “casas comerciales” en la
terminología de la época, fueron un actor de
primer orden en la implementación del ideal
de “progreso” tal como se entendía en aquel
entonces. Mediante su labor se establecieron
los vínculos mercantiles directos con Europa y
Norteamérica. Los ramos productivos en que
se involucraban estas sociedades mercantiles
dependían de la región en donde estuvieran
radicados sus integrantes.
Todo lo anterior se evidencia, por ejemplo,
en el devenir de la casa comercial Reyes
Hermanos, activa desde finales de la década
de 1860. Si bien los hermanos Reyes eran de
origen boyacense, incluyendo a Rafael
(1849 - 1921) quien luego fuera presidente
de la república (1904 - 1909), sus trabajos
se llevaron a cabo en el Gran Cauca.
Allí expendieron mercancías importadas
y exportaron quinas y caucho del Caquetá y
el Putumayo35
. Desde 1869 Rafael recorrió las
regiones del sur de Colombia en búsqueda
de quina, emprendiendo un viaje de
exploración del Putumayo en 1874. En Brasil
recibió permiso del Gobierno imperial para
navegar por dicho río, utilizándolo desde
1876 como ruta para las exportaciones de
quina efectuadas por su casa comercial36
.
Los hermanos Reyes, de filiación política
conservadora, mantuvieron relaciones con
sus copartidarios de Popayán y Pasto,
debiendo huir del país durante la guerra
civil de 1876 y compartiendo la mejoría de
su situación con la llegada de los Gobiernos
regeneradores. La ruina de la casa comercial
42 | Edwards | tela que sirvió como empaque para 45 ½ varas de bayeta de 100 hilos, para el almacén de los señores
francisco vargas y hermanos | Ca. 1880
33 | Caballero Truyol,
“Comerciantes y casas
comerciales”…: 143.
34 | Mesa Bedoya, “Casa
Comercial Uribe Ruiz”…: 17.
35 | Alfonso Valencia Llano,
“Las prácticas empresariales en
el Estado Soberano del Cauca”,
en Empresas y empresarios en la
historia de Colombia. Tomo I, dir. por
Carlos Dávila Ladrón de Guevara
(Bogotá: Ediciones Uniandes y
Editorial Norma, 2003), 131.
36 | David Ramírez Palacios,
“Rafael Reyes e o rio Putumayo
ou Içá. Explorações amazônicas,
cartografia e diplomacia (1874-
1907)”, Terra Brasilis, n.o
5 (2015): 7.
El museo en el museo
| 44 |
44 | Banco Márquez (1883 - 1893) / American Bank Note Company | billete del banco márquez, denominación cincuenta pesos | Ca. 1890
43 | Reyes González & Hermanos / Departamento de Santander | seña de reyes gonzález & hermanos | Ca. 1890
Esta casa comercial bumanguesa funcionó entre 1882 y 1907. Estaba integrada por los hermanos Reyes, Eleuterio y Florentino González.
Exportar para civilizar e importar el progreso
| 45 |
de los Reyes llegó en 1884, producto en
gran parte del descenso de los precios
internacionales de la quina37
. Fue entonces
que Rafael Reyes inició su carrera militar y
política, participando en la guerra civil de
1885 durante la cual luchó contra las fuerzas de
los liberales radicales opuestas al Gobierno
de Rafael Núñez (1825 - 1894)38
. Durante su
37 | Ramírez Palacios, “Rafael
Reyes”…: 10.
38 | Valencia Llano, “Las prácticas
empresariales”…, 132.
39 | Ramírez Palacios, “Rafael
Reyes”…: 13.
46 | Fernando Carrizosa Valenzuela (1881 - 1947) | fachada de una sede
de los almacenes de un centavo a un peso | Ca. 1910
45 | A. Ken | rafael reyes | 1873
presidencia Reyes continuó manifestando el
interés por los asuntos amazónicos que había
adquirido durante sus años de comerciante.
Entonces el Gobierno colombiano firmó
tratados fronterizos con Perú y Brasil,
los cuales garantizaron la navegabilidad del
Caquetá y Putumayo para las embarcaciones
colombianas39
. ◆
Iglesia y puente de San Francisco | detalle |
Los modernos del 900. Los lugares de lo público y lo privado
| 47 |
LOS MODERNOS DEL 900.
LOS LUGARES
DE LO PÚBLICO
Y LO PRIVADO
Ángela Gómez Cely*
Curaduría de Arte
Museo Nacional de Colombia
Un lugar para la modernidad. La transformación de la ciudad
Durante las últimas décadas del siglo XIX, Colombia intentó convertirse en un nuevo Estado
nación de carácter centralista con ideales de modernización y civilización. Para lograrlo,
importó no solo los modelos de estructuras institucionales, como se señala en el capítulo dos,
sino también hábitos de consumo que transformaron las élites económicas.
Aunque estas élites no desplegaron su actividad económica y cultural exclusivamente en la
capital, para el presente estudio se ha tomado a Bogotá como referente de esta transformación
económica y social, por las siguientes razones: esta ciudad fue centro de migraciones y
concentración de la población de diferentes lugares del país; fue considerada también epicentro
de transformación urbana; y era el mayor foco de recepción y uso de mercancías y bienes
suntuarios entre 1880 y 19301
.
De la ciudad de la “Santa Fe” a la ciudad capital
A lo largo del siglo XIX, Bogotá cambió de estatus de ciudad principal virreinal a distrito federal
y finalmente a distrito capital. En esta última fase, en su deseo de modernidad2
y civilización,
intentó modelarse a imagen y semejanza de otras ciudades cosmopolitas europeas. Para el año
1900, Bogotá era considerada un núcleo de poder, riqueza y cultura, constituido como epicentro
político, administrativo, religioso, económico y hasta cierta medida manufacturero, aunque no
alcanzaba los 100.000 habitantes3
. 78.000 habitantes en 1898 era un número más acorde con
una “gran aldea”4
que con una gran ciudad.
En su camino a la modernización, Bogotá empezó a transformarse, a finales del siglo XIX, para
acercarse a la experiencia de la ciudad moderna hacia la tercera década del siglo XX. Esta lógica
de cambio se dio con la adecuación de servicios públicos, la reorganización administrativa del
municipio y la ampliación del casco urbano en todas las direcciones. La arquitectura también
fue un elemento importante en este deseo de transformación en gran ciudad. Tanto el sector
público como el privado invirtieron en nuevas construcciones que reflejaron un nuevo estilo
arquitectónico sinónimo de modernidad y progreso.
A partir de 1870 comenzaron a sentirse con fuerza los efectos del mercado exportador,
principalmente en el mejoramiento de las vías de comunicación, lo cual favoreció las actividades
productivas y comerciales dentro de la ciudad, y precisó el desplazamiento tanto de las
* | Agradezco la colaboración
de Samuel León Iglesias por los
aportes que realizó a este texto.
1 | Germán Rodrigo Mejía Pavony,
Los años del cambio: historia urbana
de Bogotá, 1820-1910.
2| La modernidad entendida
como el conjunto de procesos
no paralelos que transforman
a la ciudad, las personas y la
economía, que generan dinámicas
de sociabilidad, activan la
producción, transforman sus
relaciones y empiezan a gestar los
elementos propios del capitalismo
y las identidades de la clase
obrera y la clase media, así como
el estudio de las dinámicas de
esos sectores.
3 | La población de Bogotá en
1898 era de 78.000 habitantes,
en 1907 de 86.328 y en 1915 se
registraron 116.951, mientras que
ciudades como Medellín pasaron
de 30.000 habitantes en 1898 a
71.000 en 1912; Cali de 18.000
en 1898 a 27.747 en 1912; y
Cartagena de 5.000 en 1898 a
8.971 en 1912. Mejía Pavony, Los
años del cambio…, 293.
4 | Concepto desarrollado por el
historiador José Luis Romero en la
obra Latinoamérica la ciudad de las
ideas y retomado por diferentes
académicos. El concepto de “gran
aldea” está ligado a la falta de
servicios públicos y a la ausencia
de producción industrial y
desarrollo urbano.
capítulo 4
El museo en el museo
| 48 |
élites como de las clases obreras hacia
los bordes de la ciudad. Los servicios de
salubridad se iniciaron administrados por
empresas privadas primero y luego por la
municipalidad. Con la implementación del
tranvía como transporte urbano, en un inicio
manejado por la empresa privada y luego
por el municipio, se dio paso a las empresas
públicas; este proceso comenzó al finalizar
el siglo XIX y terminó en la segunda década
del siglo XX.
Entre otras iniciativas municipales de este
periodo se construyó la planta eléctrica
de El Charquito, así como el telégrafo, el
alumbrado eléctrico, el servicio de bomberos,
el acueducto y el alcantarillado5
. Con los
servicios públicos se buscó solventar las
nuevas necesidades de la Bogotá que
avanzaba lentamente hacia la modernidad.
Además, estos constituyeron la base
para el proceso de industrialización de la
ciudad, cuya transformación fue influyendo
paulatinamente en los hábitos cotidianos
de todos los habitantes al enfrentarlos a
los problemas de orden y salud públicos,
que ahora más que nunca empezaban a
recibir una solución verdadera y eficaz6
. El
avance en la red de servicios públicos y de
transportes generó que los sectores medios
y la burguesía en ascenso se desplazaran del
centro de la ciudad a la periferia, logrando así
la urbanización de amplias extensiones de
tierra, que anteriormente habían sido grandes
haciendas, lo mismo que el poblamiento
de nuevos barrios como Chapinero y la
construcción de quintas de recreo cercanas.
Otro factor que influyó en la transformación
del ritmo de vida de los ciudadanos,
especialmente de la clase obrera, fue la
creación de fábricas que imponían un horario
5 | Mejía Pavony, Los años del
cambio..., 438-441.
6 | Miguel Ángel Urrego,
Sexualidad, matrimonio y familia en
Bogotá 1880-1930 (Bogotá: Ariel
Historia, Fundación Universidad
Central y DIUC, 1997), 68-69.
47 | Lino Lara S. (activo en Bogotá entre 1899 y 1932) | iglesia y puente de san francisco | 1906
Los modernos del 900. Los lugares de lo público y lo privado
| 49 |
de trabajo que debía ser acatado por los
trabajadores, quienes ya no se guiaban por el
repique de las campanas de las iglesias para
medir las labores del día, sino por el tic-tac
del reloj tarjetero de entrada y salida de
las fábricas7
.
Las distancias que antes se recorrían a pie
resultaron lejanas por los ritmos rápidos
propios de la producción industrial. Para
remediarlo se pusieron en marcha el tranvía,
el ferrocarril y los automóviles, los cuales
acortaron distancias con Chapinero y otros
sectores aledaños, y además contribuyeron a
la regulación de los horarios de los obreros
y asalariados.
Con el ánimo urbanizador de finales de siglo
se densificó la población de los barrios Santa
Bárbara y San Victorino, y se incorporaron
parroquias en zonas consideradas antes
como arrabales: Egipto, Las Aguas y Las
Cruces. Igualmente, se crearon nuevas zonas
residenciales como: La Milagrosa, San José de
Fucha, Santa Catalina, El Molino de la Hortúa,
Ninguna Parte, La Estanzuela, Santa Ana
de Miraflores, Sanfasón, Frascati, La Azotea,
La Florida, La Magdalena, Tequenusa, La
Soledad, La Merced, El Descanso, El Recreo y
El Río Arzobispo8
.
Administrativamente surgieron nuevas zonas
urbanas en San Diego y Chapinero; también
se crearon 3 jurisdicciones administrativas
(distintas a los barrios), parroquias e
inspecciones de policía y 4 distritos. Este
crecimiento y acomodación de la población
fue una de las causas de segregación de las
clases obreras fuera del casco urbano, que el
municipio solucionó incorporando tres nuevas
parroquias o barrios en 1891, a las cuatro
ya existentes.
El plano-almanaque de Carlos Clavijo9
, de
1894, permite comprender esa dinámica de
transformación urbana a finales del siglo XIX.
Allí podemos ver que en Bogotá existían 285
sitios catalogados, 711 manzanas, 11 casas
de gobierno, un tranvía, 2 compañías de
ferrocarriles, una cárcel, notarías, 7 bancos, 15
iglesias, 3 plazas de mercado, 9 restaurantes,
21 hoteles, 62 fábricas que, en su mayoría,
eran talleres especializados de artesanos, 3
acueductos y 92 focos eléctricos.
En su búsqueda de privacidad e intimidad,
la burguesía pobló nuevos sectores de la
ciudad, hecho que le permitió diferenciarse
y caracterizarse. El sector de Chapinero,
establecido como barrio en 1885, fue el
preferido por la nueva élite10
. Este se creó
en un paisaje semirural con quintas, casa-
quintas y pequeños palacetes de descanso
para los fines de semana, que se convirtieron
luego en el parámetro residencial de las élites
7 | Urrego, Sexualidad,
matrimonio…, 67-70.
8 | Germán Rodrigo Mejía Pavony,
“En busca de la intimidad”,
en Historia de la vida privada en
Colombia. Tomo II: Los signos de la
intimidad. El largo siglo XX (Bogotá:
Taurus, 2011), 39.
9 | Carlos Clavijo R., Plano
topográfico de Bogotá levantado por
Carlos Clavijo R. en 1891; reformado
en 1894 (Bogotá: Litografía
Paredes, 1894).
10 | Mejía Pavony, “En busca de la
intimidad”..., 39.
48 | Württembergische Uhrenfabrik Bürk Söhne (1855 - )
| reloj de péndulo tarjetero | Ca. 1950
El museo en el museo
| 50 |
bogotanas y que fueron construidos con un
estilo arquitectónico de aire europeo, con
materiales como el cemento, el ladrillo y el
hierro. Dichas construcciones tenían jardines
con balaustradas a la entrada, ladrillo y
hierro forjado, y, lo más importante, para
conservar su individualidad o independencia,
extensas zonas verdes alrededor con
cerramientos en piedra. Para finales del siglo
XIX, Chapinero ya estaba conformado como
un sector con 2.300 habitantes y una red de
establecimientos y negocios que le permitían
ser autosuficiente en relación con el centro
de la ciudad. Además de Chapinero, la élite
pobló nuevos sectores residenciales como La
Magdalena, La Soledad, La Merced y El Río
Arzobispo11
, con casas construidas al estilo
europeo o inglés.
La arquitectura como
sinónimo de modernidad
La arquitectura contribuyó a la transformación
del paisaje urbano siguiendo los parámetros de
las urbes europeas. Esta transformación
se expresó en: detalles ornamentales para
decorar fachadas e interiores basados en
estilos foráneos; el uso de materiales como
cemento, piedra y yeso para la construcción
de nuevos edificios y viviendas; nuevas
técnicas constructivas; y la especialización de
nuevos profesionales, educados por extranjeros
como el arquitecto Gastón Lelarge (1861 - 1934),
el escultor Cesare Sighinolfi (1833 - 1902) y el
ornamentador Luigi Ramelli (1851-1930).
Estas características dieron como resultado
la llamada arquitectura republicana. Bajo
este estilo arquitectónico, en la ciudad se
construyeron edificaciones para las sedes
oficiales de gobierno y el equipamiento
urbano12
, dándole una nueva fisonomía, en
relación con las construcciones de paredes de
adobe y techos pajizos de herencia colonial.
Los edificios de estilo republicano, ubicados
en las calles principales, reunían negocios de
toda índole en la primera planta y albergaban
en las segunda y tercera casas de habitación.
También se construyeron edificios que, desde
su planeación, fueron concebidos para
desarrollar una sola función como bancos,
hoteles, clubes, teatros o pasajes comerciales.
Tal es el caso del Bazar Veracruz (1899),
diseñado por el arquitecto Mariano
11 | Mejía Pavony, “En busca de la
intimidad”…, 39.
12 | Mejía Pavony, Los años del
cambio...
49 | Autor desconocido | tranvía de mulas | Ca. 1920
Los modernos del 900. Los lugares de lo público y lo privado
| 51 |
50 | Carlos Clavijo R. / Felipe Eduardo Lehner / Litografía Paredes | plano topográfico de bogotá levantado por carlos clavijo r.
en 1891; reformado en 1894 | 1894
El museo en el museo
| 52 |
Santamaría (1857 - 1915). El arquitecto Gastón
Lelarge opinó sobre el edificio:
Bien proporcionado en sus
grandes líneas generales, forma
su fachada una hermosa silueta
de mucho efecto sobre las otras
construcciones de la calle Real.
Este Bazar Veracruz marca época
en las transformaciones de la
antigua Santafé, y acusa en sus
grandes líneas el talento de
un arquitecto13
.
Otro escenario que mostró este nuevo
estilo arquitectónico de corte neoclásico
fue el edificio Hernández (1918), en la calle
Florián (calle 12 y carrera 8), lugar en donde
estaban ubicados gran cantidad de locales
comerciales, y en donde se encontraba uno
de los tres locales de los Almacenes de un
centavo a un peso, propiedad de Carrizosa
Herrera & Cía. El Nuevo Tiempo reseñaba, a su
vez, la inauguración:
Considerable es el número de
elegantes construcciones que de
día en día se están levantando
en casi todas las calles de la
ciudad, aún en las que no se
hallan precisamente en el centro.
El edificio Hernández, cuya
construcción fue dirigida por el
competente Arquitecto doctor
Arturo Jaramillo; las tres magníficas
casas [… ] son una prueba
evidente del desarrollo de la
capital. No hay calle, ni carrera, en
la cual no se adelante una nueva
edificación, que honra la ciudad
por su elegancia, por su sencillez
arquitectónica y por su sutileza14
.
Celebrando la República,
construyendo la modernidad
Con la celebración del descubrimiento de
América (1892) y luego con la del primer
centenario de la República de Colombia
(1910), la capital entró en una dinámica de
embellecimiento: las plazas se llenaron de
rejas y fuentes, se mejoraron y arborizaron
los paseos y parques, y la ciudad se embebió
nuevamente con el espíritu hispanista
percibido por los transeúntes en las nuevas
esculturas y monumentos conmemorativos.
La arquitectura pública intentó emular los
grandes bulevares europeos, que aunados
a la nueva apariencia de las construcciones
buscaban demostrar rasgos de ciudad moderna.
En la celebración del centenario se reunieron
las ideas de modernidad y progreso
con modelos de avances tecnológicos e
51 | A. Cortés M. & Co. | plazuela caldas, bogotá | 1910
13 | Pedro María Ibáñez, Crónicas
de Bogotá. Tomo III (Bogotá:
Imprenta Nacional, 1917), 231-232.
14 | “Urbanización moderna”, El
Nuevo Tiempo 16, n.o
5456 (9 de
marzo de 1918).
Los modernos del 900. Los lugares de lo público y lo privado
| 53 |
industriales, expuestos en pabellones
inspirados en tendencias arquitectónicas
eclécticas, que materializaban diferentes
modos de la civilización expresados a través
de la arquitectura15
.
Fuera y dentro de la casa: la
conformación del gusto burgués
en Bogotá
En las últimas décadas del siglo XIX en
Colombia, surgió una élite económica que, en
su deseo de seguir los modelos que proponía
la modernidad europea y norteamericana,
transformó aspectos públicos y privados de
su vida cotidiana. En Bogotá, centro de esta
transformación, se construyeron espacios
urbanos en donde se pudieran desplegar
estas nuevas costumbres, como paseos,
teatros, hipódromos y clubes.
Bogotá se convirtió en “la proyección
espacial de las relaciones sociales”, concepto
que Germán Mejía desarrolla de Maurice
Aymard.16
. Se crearon áreas en donde la élite
comercial pudo materializar su sistema social
delimitado, protegido en su individualidad,
y separado de otras clases sociales. “El
concepto de intimidad es una creación
moderna que supone la presencia de otro
espacio igualmente moderno: vida privada”17
.
Se supondría que pertenecen al ámbito
privado solo los espacios domésticos como la
casa. Lo privado, estudiado en un sentido más
amplio, envuelve los lugares destinados para
el ocio como los clubes y el teatro18
, la forma de
llevar la vida, las costumbres, la ubicación de la
vivienda, la casa, su decoración y los objetos de
uso doméstico, así como unas particularidades
de participación en sociedad. Estos espacios
les permitían a las clases acomodadas
diferenciarse y separarse de los sectores
populares y construir su intimidad burguesa19
.
La noción de intimidad se expresó en la
privacidad, en la diferenciación espacial y
corporal de las demás clases sociales. El
discurso burgués de finales del siglo XIX trajo
consigo nuevos valores y rituales de la vida
15 | Juan Carlos Pérgolis, “El deseo
de modernidad en la Bogotá
republicana. Un ejercicio sobre
comunicación y ciudad”, Revista
de Arquitectura 13 (2011): 4-12.
16 | Maurice Aymard, “Espacios”,
en El Mediterráneo. El Espacio y la
historia (México: Fondo de Cultura
Económica, 2009), 176-177.
17 | José Luis L. Aranguren, “El
ámbito de la intimidad”, en De
la intimidad (Barcelona: Crítica,
1989), 184. Citado en: Urrego,
Sexualidad, matrimonio...
18 | Mejía Pavony, “En busca de la
intimidad”…, 34.
19 | Urrego, Sexualidad,
matrimonio…, 183-269.
52 | Alberto Urdaneta (1845 - 1887) / Antonio Rodríguez (ca. 1840 - 1898) | grabado del cuadro de costumbres “un
año en la corte” de ricardo silva | 1881
El museo en el museo
| 54 |
en familia, como los discursos higienistas, la
cívica, la urbanidad y la puericultura. Estas
nuevas nociones definieron, además de la
búsqueda de intimidad, la funcionalidad de
los espacios privados, que pretendían confinar
a la familia en un círculo cerrado en donde se
pudieran establecer normas de convivencia
acordes a su estatus de élite20
.
Escenarios de la vida en sociedad
La burguesía no se identificó a sí misma
con este nombre, sin embargo, se sentía
predestinada a gozar del lujo y el confort de
la vida moderna. Así lo entiende Ricardo Silva
en el artículo titulado “Un año en la corte”,
publicado en 1881 en el Papel Periódico
Ilustrado: “Esta familia [Peláez21
] predestinada
al bienestar y a los placeres en que se
agita el mundo elegante, el gran mundo de
Bogotá”22
. La nueva élite económica que
había surgido en las últimas décadas del siglo
podía acceder a bailes, conciertos, funciones
de teatro, paseos, carnavales y todo tipo de
celebraciones públicas, en escenarios en
donde la nueva clase social desplegó los
signos de moda, estatus y refinamiento de las
urbes europeas.
El artículo de Silva no solo describe cómo se
sentían los cambios en la ciudad para una
familia tradicional que llegó a Bogotá de uno
de los estados soberanos, que habían dejado
de existir recientemente, sino que también
refleja las nuevas prácticas de sociabilidad:
[sic] Tres meses despues la familia
Peláez estaba en posesion de todos
los pormenores del buen tono,
gracias á la señora de Rioja y á la
encantadora primita Matilde. La
casa, lujosamente amueblada, fué
pronto, pronto, el rendez-vous de
la primera sociedad, y más tarde
las noches de la semana fueron
distribuidas así:
Domingo- Opera y cena en
comedor particular del Jockey-Club.
Lúnes-Recibo en casa del señor
Escalente, Enviado extraordinario
y Ministro Plenipotenciario del
gobierno de Rio Janeiro.
Mártes- Recibo en casa del señor
Rioja, su tío.
Miércoles-Recibo en su propia casa .
Juéves-Ópera y cena como lo
anterior.
Viérnes- Recibo en casa del señor
Ochoa, círculo literario.
Sábado-Visitas de confianza
a las paisanas, compadres y
demas gentes vulgares y pobres
del Estado soberano de ***,
relacionados por parentesco y
amistad.
Y como refuerzo ó cuñas, vinieron
los cumpleaños de las amigas,
con sus consiguientes tertulias;
las visitas, los certámenes, las
funciones religiosas, &c., con lo cual
la vida de la familia y los pesos de
D. Martin se deslizaban suavemente
Como entre sauces murmurante rio23
.
El relato termina después de un año de la
llegada de la familia a Bogotá, tiempo en el
que ha gastado por completo la fortuna del
hacendado para aparentar la pertenencia a un
selecto círculo social. Todos se ven obligados
a retornar a su tierra.
Entre los nuevos espacios de ocio, construidos
por los miembros de la burguesía para
mantener la independencia y relacionarse
solo con sus iguales, están los clubes.
Estos aparecieron en un comienzo como
asociaciones netamente masculinas en las
que se hacían reuniones para jugar cartas,
tresillo, billar o ajedrez. Poco a poco fueron
incluidas las mujeres en celebraciones,
fiestas o bailes. Los hombres debían seguir
normas de protocolo y etiqueta, y las
mujeres eran bienvenidas siempre y cuando
personalizaran toda la ostentación e hicieran
alarde de diferenciación social, con sus trajes
especializados para cada actividad, como
mandaba el “buen tono”.
Algunos de los clubes exclusivos de la
burguesía bogotana fueron: el Gun Club
(1882)24
, el Jockey Club (1875)25
y el
Country Club de Bogotá (1919). También se
fundaron espacios deportivos igualmente
representativos como el Polo Club (1897)26
, el
Hipódromo de Chapinero (1889), el Hipódromo
de la Magdalena (1898) y el Hipódromo de la
Gran Sabana o circo para carreras de caballos
(1891)27
, entre otros. En estos clubes podían
participar tanto mujeres como hombres y allí
se jugaban partidos de croquet, tenis y pelota
y se montaba a caballo o se competía en
esgrima, todas actividades de gran estatus.
20 | Urrego, Sexualidad,
matrimonio..., 182.
21 | La familia Peláez había llegado
a la capital procedente de uno de
los estados disueltos con el nuevo
modelo centralista de gobierno,
del que no se aclara el nombre en
el texto.
22 | Ricardo Silva, “Un año en la
corte”, Papel Periódico Ilustrado 1,
n.o
3 (1881): 42.
23 | Silva, “Un año en la corte”…
24 | Fundado entre otros por Julio
y Enrique Silva Silva, Ruperto y
Carlos Restrepo Saénz y José
María Saénz Pinzón.
25 | Fundado por Ricardo
Portocarreño, la familia Holguín,
Rodolfo Samper y Salvador
Camacho Roldán, aficionados a
la hípica.
26 | Iniciativa de Ignacio Sanz de
Santamaría y Pepe Child.
27 | Contratado con Carlos
José Espinosa y Rafael Espinosa
Guzmán, más conocido en los
círculos literarios como “REG”,
quien fue miembro de la Gruta
Simbólica.
Los modernos del 900. Los lugares de lo público y lo privado
| 55 |
En las inauguraciones y eventos se
desplegaba todo el encanto de las modas
europeas y norteamericanas con ostentación,
como lo describe Aníbal Currea:
Se viajaba al hipódromo en fiacres,
landós, victorias y calesas o en
los coches de la empresa de don
Santiago de la Guardia… Algunas
damas viajaban en tranvía,
lo cual, junto con el ciclismo,
les fue duramente criticado…
A la inauguración acudieron
nuestras damas engalanadas con
larguísimos trajes de seda, de
talle muy ceñido, sombreros llenos
de flores y botas terminadas en
agudísima punta. Los caballeros
lucían apretadísimo pantalón de
fantasía, sombrero duro de ala
enroscada, sacolevita corto de
punta de lanza, bastón o fuete
del más puro estilo británico, y
botas de charol. La guardia usaba
quepis francés, largo levitón rojo
y pantalones blancos… la primera
carrera se hizo en honor al Polo
Club, acabado de fundar28
.
Los teatros, la ópera, el cine y las retretas
en los parques fueron otros espacios para
el despliegue de moda y elegancia. Ejemplo
de los teatros existentes en la época son: el
coliseo Ramírez que luego se llamó teatro
Maldonado –sobre el que se construyó en
1892 el teatro de Cristóbal Colón, como un
homenaje al IV centenario del descubrimiento
de América– y el teatro municipal. En ellos
se presentaban grupos operáticos, de música,
canto y declamación. En el salón Olimpia de
la familia Di Doménico se proyectaban los
primeros ensayos de cine mudo, a los que
podían asistir las élites y clases populares.
Las retretas, según la guía de 1894, se
realizaban en el parque de Bolívar los días
jueves, en el de Santander los sábados y en
el del Centenario los domingos29
.
A estos eventos, tanto en los clubes como en
los teatros, asistía la élite a lucir los últimos
atuendos traídos de Europa. Estos debían ser
seleccionados de acuerdo con la hora del día
y el tipo de evento. Cada traje debía cumplir
con características específicas tomadas de
modelos europeos. De esta forma la burguesía
conformaba los rituales que utilizaba para
proyectar una imagen de esplendor.
28 | Aníbal Currea Restrepo, “El
Hipódromo y Velódromo de la
Gran Sabana”, El Tiempo, 12 de
febrero de 1961. Citado en: Mejía
Pavony, Los años del cambio…, 213.
29 | Lisímaco Palau, Guía histórica
y descriptiva de la ciudad de Bogotá
(1894), 31.
53 | Fernando Carrizosa Valenzuela (1881 - 1947) | salón de la familia carrizosa herrera | Ca. 1910
El museo en el museo
| 56 |
“Como una casa de muñecas”.
La redistribución de los espacios
de la intimidad
Durante el periodo colonial, lo que se
entendía como privado era el lugar de la
familia, los espacios eran compartidos por
personas del mismo género y no había
necesidad de puertas. Los esposos dormían
separados y las salas de recibo estaban
diferenciadas por género.
Al finalizar el siglo XIX, con la modernización
de las viviendas, se delimitaron y definieron
los usos de sus áreas internas, de la misma
manera en que la ciudad delimitaba sus
lugares de encuentro social. En este nuevo
razonamiento de modernidad era importante
tener un salón para la recepción de invitados,
un estudio para el trabajo o la escritura, una
sala de estar para la lectura y el bordado,
una sala para la música o el piano, un baño
o tocador para mujeres y un salón de fumar;
así, el hecho de tener un cuarto privado con
espacio para la lectura, la música y el té se
convirtió en la nueva forma de habitar la casa
y lograr intimidad30
.
El refinamiento de las costumbres,
sustentadas en una idealización de la
modernidad extranjera emulada en Europa y
Estados Unidos, llevó a la burguesía comercial
y a la clase acomodada local a transformar
estos espacios diferenciados en lugares llenos
de objetos importados que demostraban, ante
sus iguales, la conformación de un gusto y
unos hábitos de consumo burgueses. Según
Didier Maleuvre, la forma de mostrarse como
burgués era la acumulación en espacios íntimos:
coleccionar constituye una forma
de tomar posesión del mundo, una
forma de domesticar lo exótico
conservando una máscara tribal en
la repisa de la chimenea, una forma
de asegurar el pasado distante a
través de una estatua antigua y
una forma de consagrar la memoria
personal por medio de un suvenir.
Todo ello tiene el efecto de hacer
del hogar el centro de un ancho
círculo temporal y geográfico,
en cuyo núcleo el mundo queda
encapsulado en miniatura. El hogar
se convierte así en el guardián
doméstico de todas las cosas
cercanas y lejanas, en el centro de
gravedad de la propiedad, en la
base del mundo burgués31
.
Fernando Carrizosa (1881 - 1947), a quien
pudimos relacionar en otro capítulo con la
élite comerciante de finales del siglo XIX,
hizo parte de una familia que tuvo acceso
a modelos foráneos, relacionados con la
arquitectura, la moda, el arte y la tecnología.
En su adolescencia, Carrizosa viajó a París
con su familia en 1898 y permaneció allí
durante cuatro años. Además de Francia
también visitó Inglaterra, Suiza, Bélgica y
España. Después de su estadía en Europa
viajó a Estados Unidos y regresó a Bogotá
aproximadamente en 1905. En 1910, se casó
con Dolores Herrera de la Torre.
Por algunos años, la familia Carrizosa vivió
en la calle Florián y luego se trasladó a la
calle 14 # 6-88, lugar que en 1921 le vendió
a Eduardo Santos para establecer la sede de
El Tiempo32
. El mobiliario completo del salón
de la casa de la familia Carrizosa fue donado
al Museo del Siglo XIX, al igual que un buen
número de vestidos traídos de Europa, que
ampliaron la colección de indumentaria33
.
La sala de los Carrizosa es un juego completo
compuesto por dos sofás de tres puestos;
cuatro sillas de brazos y doce sin brazos,
forradas en terciopelo rojo labrado, con
pequeñas ruedas en sus patas delanteras;
tres mesas de centro altas y dos medias
mesas y dos cómodas, todas de madera
tallada; lámparas de cristal; porcelanas
de estilo neoclásico y rococó; una gran
alfombra; un candelabro de cristal rojo de
ocho luces; y grandes espejos con marco
dorado. Los muebles de salón ejemplifican el
planteamiento de Didier Maleuvre: “hacer del
hogar el centro de un ancho círculo temporal
y geográfico, en cuyo núcleo el mundo queda
encapsulado en miniatura”.
El arte de recibir
Las actividades sociales de la élite no se
limitaban a los clubes o al teatro. Recibir en
casa era igual de importante, como puede
deducirse de la escena antes descrita de
“Un año en la corte”. Recibir en la casa de
los amigos o en la propia tomaba cuatro de
los siete días de la semana, y un día era
30 | El muñequero (reg. 1333) de
la colección del Museo del Siglo
XIX muestra esta división social
según las casas burguesas, en las
que los lugares de recibimiento
son varios: el estar, el salón, el
bar y el estudio. Los espacios
familiares, como la habitación de
los niños y la alcoba matrimonial,
contrastan con los del servicio
doméstico que albergan a un
grupo diferenciado. Los entornos
de trabajo se separan y la alacena
funciona aparte de la cocina, al
igual que el cuarto para planchar
o el patio.
31 | Didier Maleuvre, “El museo
en casa. El interior doméstico en el
siglo XIX”, en Memorias del Museo.
Historia, tecnología, arte (Cendeac:
2013), 127.
32 | Colecciones Colombianas,
Biografías (Museo Nacional de
Colombia).
33 | La donación se dio durante la
administración de Aída Martínez
Carreño, quien recreó este espacio
en una de las salas del Museo a
partir de una fotografía.
Los modernos del 900. Los lugares de lo público y lo privado
| 57 |
54 | Mlle. Annette, París | vestido de baile | Ca. 1889
El museo en el museo
| 58 |
dedicado a visitas a los parientes cercanos,
diferenciadas de las visitas de recibo34
.
Los espacios definidos en las casas para
cada función le permitieron a los dueños
recibir visitas, tomar el té, cenar después del
teatro o la ópera y reunirse con amigos de
gustos e intereses similares, sin perjudicar su
intimidad. Todos los elementos presentes en
las casas daban cuenta del origen europeo
o norteamericano del mobiliario utilizado
en los hogares burgueses y demostraban la
importancia de tener espacios profusamente
dotados para recibir. El mobiliario permitía
ser desplegado para reuniones o podía servir
de teatrico y para realizar bailes y grandes
cenas. Preparar los espacios para recibir
incluía tener un ajuar adecuado: platos de
porcelana, cubiertos de plata y manteles
bordados, todo complementado por un menú
de origen europeo.
En el elegante salón principal del
señor Leopoldo Tanco, hábilmente
transformado en un Teatrico […]
se puso en escena […] la popular
Marcha de Cádiz por la bella
troupe infantil compuesta de todos
los niños de la familia Tanco.
[…] Terminada la representación
en medio de los más sinceros
aplausos, volvieron los salones á su
primitivo estado y se dio principio
á una alegre y suntuosa fiesta
que tuvo en todos sus detalles el
sello de distinción y de elegancia
que sabe imprimirle á sus actos
la aristocrática dama que al hacer
los honores de su casa le dio más
brillo á la inolvidable fiesta de que
hemos tratado de dar cuenta á
nuestros lectores35
.
Parte de ese deseo de civilización y búsqueda
de equipararse a ciudades cosmopolitas
era aprender a comportarse como gente
“civilizada”. La imagen del “ángel de la
casa”36
del siglo XIX se transformó en la
dama de sociedad que conservaba “el
buen tono”37
al iniciar el siglo XX. Las
maneras controladas estrictamente por los
manuales de urbanidad38
y publicaciones
periódicas dedicadas a las señoritas del
“bello sexo” se transformaron en manuales de
comportamiento con especificaciones para el
club, el teatro, los bailes, los conciertos, las
lecturas y la correspondencia, entre otros39
.
Este es hoy el estilo del lujo y
del gusto que caracteriza ya las
habitaciones de muchos de los
habitantes de Bogotá, lo cual, junto
con las maneras delicadas y de la
más exquisita cortesía de cierto
círculo; la belleza y distinción de
nuestras adorables paisanas; la
espléndida é increíble variedad
y belleza de nuestras flores y el
refinamiento de buen gusto que se
ha alcanzado entre ciertas gentes
del mundo elegante…40
.
Las actividades en espacios públicos y
privados estaban regidas por protocolos de
modales, etiqueta, buenas maneras, hábitos,
nuevas modas y atuendos. El lenguaje que
se debía utilizar, las rutinas alimenticias y el
manejo de nuevos utensilios de mesa fueron
elementos que poco a poco alcanzaron el
deseo burgués de diferenciarse y sobresalir41
.
Vestirse: un ritual de la paciencia
Para demostrar que se tenía lo necesario para
pertenecer a la burguesía, se requirió de una
gran cantidad de ajuares que dotaran no solo
las casas que debían estar profusamente
decoradas y adornadas, sino también los
armarios, que debían estar llenos de vestidos
de estilos y tendencias modernas. Los
modelos aparecían en la prensa y en revistas
ilustradas especializadas como Cromos, El
Gráfico, La Moda Elegante, L’Illustration.
Journal Universel o el Correo de Ultramar,
todas distribuidas en Bogotá. Una descripción
de estos trajes la encontramos en el ya citado
artículo “Un año en la corte”:
D. Martin Peláez, alto, moreno;
calzon de dril blanco, ajustado,
botines de ante amarillo, señalados
en el empeine y por detras, con las
huellas azulosas de las correas y
de las espuelas de plata; chaleco
de terciopelo á rayitas y de tres
botones como para baile, saquito
de pafio oscuro, inconstitucional
por el corte y por lo corto, cuello
de la camisa ajado sosteniendo
una corbatica gris, casi culebra,
cadena gruesa de oro, cordon de
pelo, mano callosa y ennegrecida,
anillo de esmeraldas y sortija de
plata, sombrero de jipijapa alto,
de grandes alas y copa cónica con
ancha cinta negra y voz pausada,
34 | Silva, “Un año en la corte”…
35 | Revista Ilustrada (25 de agosto
de 1898): 60-61.
36 | “Por lo tanto, para la sociedad
decimonónica la mujer se idealiza
como «el ángel de la casa», título
de un poema de mediados de siglo
en Inglaterra, expresión que será
retomada como el ideal de esposa
que se sacrifica por el bien de su
familia, elegante, pasiva, piadosa,
pura, y cuyo poder consistía en las
decisiones para el buen manejo
del hogar”. Luz Hincapié, “Virgen,
ángel, flor y debilidad. Paradigmas
de la imagen de la mujer en la
literatura colombiana de finales
del siglo XIX”, Tabula Rasa, n.o
6
(enero-junio de 2007): 287-307.
37 | Término usado en la época
para aludir a la ”ciencia de las
buenas maneras” en las personas.
Patricia Londoño, “Cartillas y
manuales de urbanidad y del
buen tono: catecismos cívicos y
prácticos para un amable vivir”,
Revista Credencial Historia 85
(1997): 10-14.
38 | María Isabel Afanador
Contreras y Juan Fernando
Báez Monsalve, “Manuales de
urbanidad en la Colombia del siglo
XIX: Modernidad, pedagogía y
cuerpo”, Historia y Memoria, n.o
11
(julio de 2015): 57-82.
39 | Londoño, “Cartillas y
manuales de urbanidad y del buen
tono…
40 | Silva, “Un año en la
corte”…: 50.
41 | María Angélica Salazar
Rodríguez, “De encajes, sedas
y moños: una historia del
performance burgués y de la
distinción social en Bogotá
(1886-1899)” (tesis, Universidad
Colegio Mayor de Nuestra
Señora del Rosario, 2012), http:/
/
repository.urosario.edu.co/
handle/10336/3985.
Los modernos del 900. Los lugares de lo público y lo privado
| 59 |
55 | Mme. M. Chaud | vestido para la hora del té | Ca. 1895
El museo en el museo
| 60 |
56 | Fabricante desconocido | vestido de ceremonia | 1888
Los modernos del 900. Los lugares de lo público y lo privado
| 61 |
mirada maliciosa y sonrisa
calentana … La esposa de D.
Martin y sus dos hijas Rosita y Paz.
Ojos negros, mirada lánguida, tez
amarillenta, pelo rubio y recogido
con redesillas de felpa negra;
sombrerito suaza con velo azul y
hebilla de acero, traje de Regencia,
pañolon de colores vivos á listas, y
guantes de seda gris42
.
Levantarse en las mañanas, enjuagarse el
rostro en el aguamanil, ponerse una camisilla
de manga larga, corsé-cubre corsé, camisa,
calzones y muchas enaguas hechas con
lino fino o batistas de algodón, a veces
almidonadas, un vestido de dos piezas, blusa
con 30 broches, botines y falda era parte de
la rutina de cada mañana para las mujeres
burguesas. Esta rutina debía repetirse varias
veces al día, si se seguían las exigencias de
llevar un atuendo diferente para la misa, otro
para recibir, otro para salir a jugar tenis y
finalmente otro no menos pesado para ir en la
noche al teatro.
A finales del siglo XIX, Bogotá se transformó
en aspectos económicos y políticos
que dieron cabida a un nuevo grupo
comerciante naciente, el cual logró, a partir
42 | Silva, “Un año en la
corte”…: 45.
43 | María Teresa Ramírez, “El
proceso económico”, en Colombia
la apertura al mundo, dir. por
Eduardo Posada Carbó (Madrid:
Fundación Mafre y Taurus, 2015),
178-185.
44 | Didier Maleuvre, “El museo
en casa. El interior doméstico en el
siglo XIX”, en Memorias del Museo.
Historia, tecnología, arte (Cendeac:
2013), 127.
de capitales excedentes, consolidarse como
burguesía económica43
. Este nuevo sector
de la economía apoyó cambios urbanos y
arquitectónicos, que fueron favorables para
sus ideales modernistas y civilizadores.
Lograr que la ciudad fuera una proyección
espacial de sus intereses requirió la
implementación de lugares acordes con su
deseo de diferenciación social, como clubes,
teatros y áreas residenciales específicas.
Las casas también sufrieron cambios en su
organización, creando espacios individuales
e íntimos que además proveían comodidad.
Se importaron objetos y trajes de Europa que
permitieron conformar una imagen de lujo,
opulencia y progreso, así como costumbres
consideradas civilizadas.
Como una forma de tomar posesión del
mundo y de domesticar lo exótico44
, los
burgueses debían mostrar que ser burgués
era una condición natural en la que se había
nacido. La materialización de su sistema
social estaba basada en identificarse como
seres civilizados y conformar una red cerrada
de relaciones con sus iguales. ◆
57 | Durán y Restrepo / Pedro Carlos Manrique | teatro colón | 1898
Mercedes Álvarez de Flores | detalle |
De revistas, paisajes, mantillas y ruanas: momentos de la modernidad en Bogotá (1880 - 1930)
| 63 |
DE REVISTAS, PAISAJES,
MANTILLAS Y RUANAS:
MOMENTOS DE LA
MODERNIDAD EN BOGOTÁ
(1880 - 1930)
Samuel León Iglesias
Curaduría de Arte
Museo Nacional de Colombia
Es probable que se hubiera aterrado, creyéndose loco, si se encuentra con El Arco del Triunfo
en La Pila Chiquita, en la calle o muladar Los Cachos El Boulevard Strasbourg, La Explanada
de Los Inválidos en el Llano de la Mosca, La columna Vendomme en vez del mutilado Padre
Quevedo y La Tour Eiffel en el Puente de los Micos… Esa no sería Bogotá, su Bogotá más
querida mientras más pobre y triste fuera, como se quiere a la madre aunque sea una vieja
sin dientes, llena de canas y sin una peseta.
Clímaco Soto Borda, Diana Cazadora
El bogotano Clímaco Soto Borda (1870 - 1919) escribió hacia 1900 la novela Diana Cazadora.
En ella deja consignadas las impresiones que sobre Bogotá se hace su personaje Alejandro
Acosta, joven aristócrata bogotano recién llegado de París, quien asume con irónica realidad el
abismo existente entre la Ciudad Luz y su ciudad natal, que hasta ahora descubre la luz
eléctrica con la instalación del alumbrado público en el mismo año en que Soto Borda escribió
esta provocadora novela.
Alejandro, al terminar su temporada en París, regresó a Bogotá, y un mes después “ya [estaba]
bogotanizado de nuevo, hecho a la vida bogotana con todos sus defectos, con todas sus
ventajas, con sus placeres fugitivos y su monotonía de ciudad sin oxígeno”1
. Esta afirmación
de Soto Borda en el texto, que no escapa a las influencias del humor negro, nos permite
interpretar lo que por voz del narrador se podría decir sobre los defectos y ventajas de vivir en
la ciudad capital: una urbe que avanzaba lentamente hacia la consolidación de un proyecto
de modernidad iniciado por los viajeros nacionales que descubrieron en Europa modelos de
ser mediados por el capital sustentado en la expansión económica del oro, el tabaco, la quina,
el añil, y finalmente, el café. Por otro lado, se ve reflejada la voluntad del Estado de construir
una nación civilizada y dispuesta a entrar en el concurso de las naciones de primer orden (ver
capítulo 2).
Así pues, pensar en los procesos de modernización que gestaron la imagen de la ciudad de
Bogotá y las formas de vida de sus habitantes nos impulsa a recorrer, “a vuelo de pájaro”,
un periodo en el que se gestó una élite comercial y, a su vez, se dieron los elementos que
permitieron consolidar posteriormente una identidad de clase entre los que la prensa llamaba
“los obreros”2
. En ese sentido, a través de cuatro momentos relacionados con las revistas
1 | Clímaco Soto Borda, Diana
Cazadora (Bogotá: Editorial ABC,
1942), 5.
2 | Mauricio Archila Neira,
Cultura e identidad obrera (Bogotá:
CINEP, 2010), 30.
capítulo 5
El museo en el museo
| 64 |
ilustradas, el retrato y el paisaje, la moda y
los obreros, deseamos redescubrir algunos
aspectos que definían a los habitantes de
Bogotá en el discurrir de su vida cotidiana
entre 1880 y 1930.
Las publicaciones ilustradas
Con la fundación del Papel Periódico Ilustrado
(1881 - 1887), el ingeniero, grabador, pintor
y publicista3
Alberto Urdaneta (1845 - 1887)
se propuso recuperar la labor periodística
local, iniciada a finales del periodo colonial
con el Papel Periódico de Santafé de Bogotá
(1791 - 1796). Sin embargo, Urdaneta añadió
un elemento adicional, el cual consistió en
mostrar los adelantos que en materia de
cultura y progreso se gestaban en Colombia
durante la década de los ochenta del siglo
antepasado. Este propósito se vio sustentado,
además, en la importación de una nueva
tecnología para la impresión de publicaciones:
la xilografía de pie. Adicionalmente, Urdaneta
decidió incluir grabados de madera en la
publicación, logrando así impregnar sus
páginas de hermosas ilustraciones que
permitieron darle forma a las ideas que su
periódico buscaba defender: una cultura
nacional cristiana, reflejo de un vínculo
simbólico con España, y la escritura de
una historia patria, moralizante, épica y
fuertemente conservadora4
.
El periódico sirvió como modelo para
vehicular todo aquello que contribuía a dar
forma a la nación deseada, es decir, sus
páginas rebosaban de un amplio contenido
ideológico que giraba en torno a la historia
de los grandes hombres que forjaron la
república colombiana, sumada a los hitos que
expresaban el contacto con la modernidad
europea y del norte del continente americano,
como por ejemplo la construcción de puentes,
ferrocarriles y la transformación urbana
de las ciudades del país, principalmente
Bogotá5
. El Papel Periódico dio inicio a
una manera moderna de compartir con los
públicos lectores la actualidad de la ciudad,
el país y los elementos tanto textuales
como visuales de configurar una identidad
nacional sustentada en valores cívicos. La
marcada línea editorial de la publicación
de Urdaneta sirvió como modelo para otros
periódicos y revistas que se erigieron como
medios de divulgación de los avances que
en materia económica, tecnológica y social
se estaban logrando tímidamente para que
el país surgiera por fin en el concierto de las
naciones civilizadas.
Un ejemplo de este espíritu lo podemos
encontrar en la Revista Ilustrada (1898 -
1899), fundada a finales de la década de los
noventa del siglo XIX, por el abogado, crítico
de arte y periodista Pedro Carlos Manrique
(1860 - 1927). Esta revista recogía parte del
legado editorial de Urdaneta, añadiendo a la
última página de su publicación una sección
dedicada exclusivamente a las innovaciones
en la moda femenina, gesto que ponía en
diálogo a la modernidad ligada a los efectos
de la apariencia y el buen gusto.
Manrique sustentaba en su introito al primer
número de la Revista Ilustrada, con fecha de
18 de junio de 1898, un exaltamiento de la
prensa como “una de las fuerzas que han
contribuido más poderosamente a salvar el
país de retrogradar a la barbarie colonial”.
Sobre ella avanza un poco más en la
siguiente frase:
[La prensa] [l]ibre o amordazada,
serena o incendiaria, [y] las recias
polémicas por medio de ella
sostenidas, no han dejado perecer
del todo las conquistas que nos
legara la Revolución francesa; y es
consolador observar que ese poder,
en vez de someterse o abatirse,
crece y adquiere robustez6
.
Estas ideas resumen lo que se fue gestando
como un claro aviso de modernidad: el
ejercicio de la prensa que da lugar a la
opinión pública y permite establecer a la
nación como un lugar civilizado al lograr
la conexión con el mundo exterior y lo que
sucede en él.
En ese sentido, continúa Manrique:
La palabra escrita no es suficiente
por sí sola para sugerir al espíritu
la idea completa de verdad o de
belleza; pero viene en su auxilio,
con toda la fuerza del objetivo,
el arte del grabado, que pone
al alcance de todos, ilustrados o
ignorantes, las creaciones del arte,
3 | En el siglo XIX los publicistas
realizaban el trabajo que hoy
conocemos como periodismo.
4 | Amada Carolina Pérez, Nosotros
y los otros. Las representaciones de
la nación y sus habitantes. Colombia,
1880-1910 (Bogotá: Pontificia
Universidad Javeriana, 2015),
50-51.
5 | Alberto Urdaneta, “Papel
Periódico Ilustrado”, Papel Periódico
Ilustrado 1, n.o
1 (1881): 3.
6 | Pedro Carlos Manrique,
“Introito”, Revista Ilustrada 1, n.o
1
(1898): 1.
De revistas, paisajes, mantillas y ruanas: momentos de la modernidad en Bogotá (1880 - 1930)
| 65 |
los descubrimientos de la ciencia,
y por medio del retrato perpetúa el
recuerdo de los benefactores de la
humanidad7
.
De este modo, se anuncia la innovación técnica
del fotograbado que ayuda a transmitir a
través del periódico imágenes que, basadas en
el principio de la fotografía moderna, podían
reproducirse de manera impresa, mostrando
al público lector los avances nacionales y la
actualidad internacional.
Ya entrado el siglo XX, aparecen las revistas
El Gráfico (1910 - 1941) y Cromos (1916 -
actualidad), que en sus páginas buscaron
ampliar el círculo de lectura más allá de
la audiencia masculina. La revista El Gráfico
estaba dirigida a un público más intelectual
y de clase media. Cromos, por su parte, era
consumida por las personas de clase alta,
especialmente las mujeres8
, ya que su lectura
era recomendada por los mismos editores
para el disfrute de la mujer moderna.
Una manera de otorgar distinción social a
las mujeres de la élite correspondió a la
divulgación de su imagen a través de las
revistas ilustradas, por lo que en las páginas
de El Gráfico y Cromos aparecían señoras y
señoritas posando con sus más llamativos
trajes. Se incluyó también en Cromos una
sección dedicada a la moda femenina
llamada Elegancias, que mostraba las últimas
tendencias en el arte del buen vestir9
.
En cuanto a los contenidos que El Gráfico
publicaba, resultaban de preferencia las
crónicas sobre la ciudad, principalmente en
lo tocante a los avances de infraestructura
de servicios públicos. Otros contenidos
presentaban crónicas de las clases menos
favorecidas, desde historias criminales hasta
los eventos de beneficencia que hacían las
asociaciones de caridad para alimentar y
vestir a los más pobres.
Por su parte Cromos dedicaba la mayoría
de sus esfuerzos editoriales a mostrar las
noticias que más interesaban a las élites en
el ámbito internacional. Dedicaba también
varias páginas a las notas sociales, en las
cuales aparecían preferentemente las mujeres
consideradas, desde esta perspectiva, como
objeto-cuerpo depositario de belleza, recato y
elegancia en el vestir.
Descritas las anteriores características de las
principales publicaciones bogotanas impresas
entre 1880 y 1930, notamos que en ellas
predomina la representación de una idea
de progreso sustentada en la publicación de
las noticias internacionales, el registro de
avances en los servicios públicos de la ciudad
y de infraestructura vial a nivel nacional y los
cambios permanentes de la moda femenina.
El retrato y el paisaje
El retrato, género de la pintura que reproduce
la imagen de una persona destacando su
semejanza o estado de ánimo, empezó a
7 | Manrique, “Introito”...
8 | Paula Andrea Marín Colorado,
“Diversificación del público lector
en Bogotá (1910-1924). Un análisis
de las revistas ilustradas El Gráfico
y Cromos”, Historia y Memoria, n.°
13 (2016): 185-214, http:/
/dx.doi.
org/10.19053/20275137.5204.
9 | Para profundizar en los valores
de la belleza femenina sustentada
en la apariencia y las buenas
maneras, ver: Zandra Pedraza, En
cuerpo y alma. Visiones del progreso
y la felicidad (Bogotá: Ediciones
Uniandes, 2011), 76-79; 329-330.
58 | Estudio Santa Fé, Bogotá | señorita maría carrizosa herrera luciendo un traje
de la época del libertador | 1928
El museo en el museo
| 66 |
decorar interiores domésticos y salones
públicos, espacios que fueron adornados con
representaciones de antepasados familiares,
dueños de casa y hombres de la vida
política y cultural del país. Los habitantes
acaudalados de otras regiones, como
Santander, Cauca y Boyacá, que se mudaban
a Bogotá, reconocieron en el valor simbólico
del retrato una manera de obtener distinción
social e instaurar un referente fundacional de
la dinastía familiar.
La realización de retratos estuvo a cargo
de varios pintores que redescubrieron este
género pictórico a través de su formación
en las academias europeas, como es el caso
del pintor Epifanio Garay (1845 - 1903), o a
través de la escuela de pintura que iniciara
el artista mexicano Felipe Santiago Gutiérrez
(1824 - 1904) por invitación del poeta Rafael
Pombo (1833 - 1912), antecesora de la Escuela
de Bellas Artes fundada en 1886 por Alberto
Urdaneta, quien, al igual que Garay, había
estudiado pintura en Francia.
De esta escuela surgió un grupo de discípulos
entre los que se destacaron Pantaleón
Mendoza (1855 - 1910), Julián Rubiano (ca.
1855 - 1925), Federico Rodríguez (1871
- 1941), Salvador Moreno Paz (ca. 1874 -
1953) y Dionisio Cortés Mesa (1863 - 1934),
quienes cultivaron principalmente el arte
del retrato y lo divulgaron gracias a los
encargos realizados por las élites, que querían
imágenes de parientes vivos o muertos,
dignos de ser inmortalizados por los jóvenes
pinceles académicos10
.
El retrato se difundió también a través de la
fotografía gracias a su desarrollo técnico y
a los costos menos elevados con respecto a
la pintura. Tener una representación de uno
mismo, vestido con las mejores galas, y en
un formato reducido como el de la tarjeta de
visita, permitía no solo la portabilidad de la
imagen, sino la reproducción de la misma con
el fin de difundirla entre familiares y amigos.
La reproducción fotográfica y su avance
hacia la copia en albúmina desataron
ejercicios de coleccionismo de retratos
de los personajes pertenecientes a los
ámbitos de la realeza europea, la religión, la
filosofía, la literatura y la política nacional.
Posteriormente, la invención de las cámaras
portátiles Kodak generó la tendencia de
registrar “instantáneamente” los momentos
de viaje para la posteridad mediante la copia
en gelatina. Del mismo modo, las tarjetas
postales sirvieron para difundir vistas de
ciudades; monumentos históricos y paisajes
exóticos; escenas galantes y de Navidad y de
Año Nuevo; y retratos de actrices de teatro y cine.
El género del paisaje como exponente de
la pintura moderna llegó atravesando el
Atlántico con dos pintores formados en
Europa. Nos referimos al español Luis de Llanos
(1850 - 1895) y al colombiano Andrés de Santa
María (1860 - 1945), quienes coincidieron en
la cátedra de paisaje creada en 1894 como
asignatura dentro del programa de formación
10 | Daniel Castro Benítez y
Samuel León Iglesias, “Que en
Nueva Atenas está todavía casi
todo por hacer. Felipe Santiago
Gutiérrez y Rafael Pombo en
Colombia”, en Discursos de la piel.
Felipe Santiago Gutiérrez. 1824-1904
(México: 2017), 151-153.
59 | Epifanio Julián Garay Caicedo (1849 - 1903) | elvira tanco de malo o’leary | Ca. 1892
De revistas, paisajes, mantillas y ruanas: momentos de la modernidad en Bogotá (1880 - 1930)
| 67 |
de la Escuela de Bellas Artes11
. La innovación
traída por Llanos y continuada por Santa
María radicó principalmente en invitar a sus
estudiantes a pintar al aire libre, intentando
capturar los instantes más bellos de la ciudad,
la Sabana y los Llanos Orientales12
.
De esta escuela formada por pintores
influenciados por la Escuela de Barbizon (ca.
1830 - 1870) y los movimientos impresionistas
surgieron varios pintores como Ricardo Borrero
(1874 - 1931), Miguel Díaz Vargas (1886 - 1956),
Jesús María Zamora (1871 - 1948), Roberto
Páramo (1859 - 1939), Luis Núñez Borda (1872
- 1970) y Fídolo Alfonso González Camargo
(1883 - 1942), quienes pintaron, cada uno
encontrando un estilo propio, los diferentes
escenarios naturales que mayormente
les interesaban, de manera que pudieron
desplegar una visión propia del paisaje13
.
Por otro lado, el paisaje como género pictórico
era considerado por los artistas y críticos
del momento como representante de la
modernidad conquistada por el arte, dada
la reciente práctica instaurada en la Escuela
de Bellas Artes de salir a las afueras de
la ciudad, o de emprender viajes a lugares
rebosantes de vegetación para registrar visiones
propias de los entornos naturales14
. A este
respecto, escribió Pedro Carlos Manrique en el
número 7 de la Revista Ilustrada al referirse a un
paisaje de Zamora:
El arte del paisaje es la más bella
manifestación del progreso artístico
moderno. [...] Corresponde a la
moderna escuela francesa la gloria
de haber considerado la naturaleza,
por sí sola, digna de ser estudiada
para producir emociones estéticas,
60 | José Eugenio Montoya (1860 - 1922) | mercedes álvarez de flores | 1886
11 | Beatriz González Aranda y
Verónica Uribe Hanabergh, Manual
de arte del siglo XIX en Colombia
(Bogotá: Ediciones Uniandes,
2013), 329.
12 | González y Uribe Hanabergh,
Manual de arte del siglo XIX...,
332-334.
13 | Eduardo Serrano, La escuela
de la sabana (Bogotá: Museo de
Arte Moderno y Novus Ediciones,
1990), 34.
14 | Halim Badawi, “La vida
secreta del paisaje: Andrés de
Santa María, la Hacienda el
Vínculo, la propiedad de la tierra
y los inicios de la pintura de
paisaje en Colombia”, en Decir
el lugar. Testimonios del paisaje en
Colombia (Bogotá: Banco de la
República, 2017), 121.
61 | Fotografía Antonio Faccini, Bogotá | retrato de mujer
| Ca. 1890
El museo en el museo
| 68 |
independientemente de la figura
humana15
.
Como lo afirmó Manrique, esta práctica
se consideró moderna en la medida en que
su influencia provino de Francia, es decir, de
uno de los centros que se imitaba localmente
como referente de progreso. Esta afirmación
hizo que el paisaje, valorado como experiencia
artística innovadora, fuera solicitado por la
élite para decorar los interiores domésticos.
La moda
La moda, especialmente la femenina, fue
probablemente el rasgo de distinción social
más evidente durante este periodo, ya que
el estímulo ofrecido por la prensa y los
valores compartidos socialmente alrededor
del deseo de una imagen bella y buena de sí
dirigida hacia el teatro social hicieron que se
consumieran muchos productos importados
que daban forma, prenda por prenda y
accesorio por accesorio, a una apariencia
que solo estar a la moda podía satisfacer16
.
De este modo, sedas de variados colores y
texturas, telas brocadas, muselinas, encajes
holandeses, apliques franceses y paños
ingleses deleitaban a las mujeres de más alto
grado social, ya que, además de poder costear
los elevados precios de tan finas mercancías,
tenían el derecho de usarlas, en sus casas, los
espacios públicos y los eventos cívicos.
Los trajes, comprados en viajes a Europa, o
encargados a las casas de moda europeas
a través de agentes comerciales, fueron
paulatinamente confeccionados por modistas
que iban a las casas de sus clientas, para
empezar el proceso de creación de alguna
fantasía de indumentaria que hubiera salido
en el último número de La Moda Elegante, la
Revista Ilustrada, El Gráfico o Cromos.
Estos trajes se complementaban con una
amplia variedad de accesorios, sin los cuales
la “toilette”, o apariencia general de la
persona que los usara, se vería deslucida e
incompleta. Los accesorios no podían faltar
para acentuar el valor, tanto económico
como social, de quien llevara un vestido a
los escenarios de recreo social. Para ello se
encargaban al exterior abanicos de carey,
marfil, nácar, madera de sándalo, hueso
y plumas de avestruz coloreadas con los
más llamativos tonos. Los atuendos iban
15 | Pedro Carlos Manrique, “Un
paisajista”, Revista Ilustrada 1, n.o
7
(1898): 109.
16 | María Angélica Salazar, Más
allá del bello sexo. La teatralización
del performance burgués, la
distinción social y la indumentaria
femenina en Bogotá (1890-1900), 6.
62 | S. J. R. | postal de pareja | Ca. 1910
63 | Jesús María Zamora (1871 – 1948) | atardecer en la sabana | Ca. 1920
De revistas, paisajes, mantillas y ruanas: momentos de la modernidad en Bogotá (1880 - 1930)
| 69 |
acompañados también de sombreros de
fieltro, paja o terciopelo, según el “último grito
de la moda” aconsejara, adornados con cintas,
velos, encajes, plumas –incluso disecadas– o
finísimas pieles de chinchilla, marta y zorro.
Este deseo de exhibir una apariencia
elegante, suntuosa y acorde con las
demandas de etiqueta y protocolo que exigía
el participar de cada evento social hizo
que las revistas que hemos mencionado
anteriormente, en especial El Gráfico y
Cromos, dedicaran sus últimas páginas a
ilustrar y describir los últimos avances de la
moda en París, Londres, Madrid y Nueva York.
Las revistas no escatimaban en detalles para
describir los tipos de prendas, accesorios,
géneros textiles y joyería que debía usar
una mujer elegante según la ocasión para la
cual preparara su atuendo, de manera que
trajes para ir de paseo, visitar a los parientes
y amigos, asistir a ceremonias religiosas y
civiles, ir a teatro o veranear en tierra caliente
estuvieron a la orden del día.
En la creación de este universo basado en
la apariencia del vestido, se dio especial
atención a una prenda femenina que
vinculaba simbólicamente a la nación con
su herencia española: la mantilla. Esta
constituyó desde la segunda década del
siglo XX un elemento indispensable en el
guardarropa de cualquier mujer de élite, y
su uso era frecuente en los eventos sociales
de marcada tendencia peninsular como, por
ejemplo, las corridas de toros, la procesión
del Corpus Christi, o las garden parties en
donde el código de vestido, en algunos casos,
era ataviarse a la usanza española, con
mantilla, peineta de carey, mantón de manila
y abanico.
Tan frecuente fue el uso de la mantilla entre
las mujeres de élite, que el pintor Coriolano
Leudo (1886 - 1957) decidió inmortalizar
aquella imagen tan propia de la Bogotá
de antaño, primero en una portada para
la revista Cromos en 1917, y luego en un
óleo en el cual se percibe no solamente en
la sobria elegancia de la mujer vestida de
negro en contraste con la anciana que lleva
el canasto del mercado y el “chauffeur” que
las acompaña, sino que también se ve en los
atrevidos avances del dobladillo de la falda
hacia arriba de las piernas.
“Los de ruana”: una
aproximación a los obreros
Los trabajadores que miraban con
expectación los procesos de modernidad eran
considerados como un “mal necesario” que
debía ser localizado en un lugar aparte de la
ciudad moderna, ya que su apariencia y modo
de vida diferían de la imagen moralmente
pulcra y reluciente que se deseaba.
El desplazamiento de estas familias obreras
se decretó por mandato de la municipalidad
de Bogotá en 1890, pero esta decisión demoró
en ser concretada, hasta que, en los primeros
cinco años del siglo XX, se desplazaron
64 | Ricardo Borrero Álvarez (1874 – 1931) | paisaje con casa | Ca. 1915
65 | Fídolo Alfonso González Camargo (1883 – 1941) | mujer en el camino | Ca. 1910
El museo en el museo
| 70 |
específicamente hacia el oriente en lo que
se conoció como el Paseo Bolívar y el sector
próximo al río San Cristóbal al sur de la
ciudad. Esto condujo al traslado progresivo
de las familias obreras desde el centro de la
ciudad, en donde vivían hacinadas en tiendas
de habitación17
, hacia la periferia, cerca de
las novedosas fábricas de cerveza Germania
y Bavaria, de chocolate Chávez y Equitativa,
de vidrio Fenicia y de cemento Samper. Por su
parte, el empresario alemán Leo Sigfried Kopp
(1858 - 1927), en su deseo de optimizar el
tiempo de trabajo de los empleados de Bavaria,
decidió apoyar la construcción de un barrio
obrero cercano a sus instalaciones, dando
origen al barrio La Perseverancia hacia 191018
.
Posteriormente, como la Iglesia era la
principal institución que consideraba, con
ánimo paternalista, el problema de la pobreza,
el sacerdote jesuita José María Campoamor
fundó el primer barrio obrero en 1913 llamado
Villa Javier19
. En este proyecto, el sacerdote
español tuvo por objeto instruir a las familias
obreras en los preceptos religiosos y morales
relacionados con el trabajo, la higiene y la
presentación personal, lo mismo que alejarlas
de la influencia de las ideas comunistas que
empezaban a llegar al país20
.
La brecha social generada por la necesidad
de crear un espacio para el disfrute de las
élites no impidió que las clases obreras
siguieran participando en la cotidianidad de
la ciudad, dado que no solo trabajaban allí, de
manera formal o informal, sino que también
se divertían en chicherías y piqueteaderos,
en donde la chicha, la música, el baile y la
prostitución estaban a disposición después de
la jornada laboral.
El deseo de modernidad influyó en las
dinámicas comerciales incorporadas a
la ciudad, las cuales permitieron que los
obreros se profesionalizaran y pudieran
ofrecer productos que la burguesía consumía
constantemente. Así, muchos de ellos
empezaron a ganar dinero y a ascender
económicamente en la formalización de un
negocio digno de reconocimiento; aprendieron
las novedosas técnicas de la construcción, la
reparación eléctrica, la instalación de tuberías
y sanitarios, y adquirieron conocimientos para
fabricar objetos y accesorios necesarios
para decorar los interiores domésticos, como
17 | Estas tiendas eran espacios
reducidos ubicados en las
primeras plantas de las casas, sin
acceso al interior de la vivienda,
y sin ningún tipo de comodidad
e higiene. Al respecto, ver:
Mejía Pavony, “En busca de la
intimidad”…
18 | Mauricio Archila Neira,
“Intimidad y sociabilidad en
los sectores obreros durante
la primera mitad del siglo XX”,
en Historia de la vida privada en
Colombia. Tomo II: Los signos de la
intimidad. El largo siglo XX (Bogotá:
Taurus, 2011), 151-153.
19 | Mejía Pavony, “En busca de la
intimidad”…, 42.
20 | Archila Neira, “Intimidad y
sociabilidad…, 151-153.
66 | Coriolano Leudo Obando (1886 - 1957) | la
mantilla bogotana | Ca. 1917
67 | Arboleda & Valencia Editores | revista cromos | n.°
93, Vol. IV. Noviembre 24 de 1917
De revistas, paisajes, mantillas y ruanas: momentos de la modernidad en Bogotá (1880 - 1930)
| 71 |
molduras y pisos de cemento decorados.
La mujer obrera, por su parte, mejoró sus
habilidades en la producción de sombreros,
textiles y ropa, y empezó a trabajar como
vendedora, contadora o secretaria en los
grandes establecimientos, llevando las
cuentas de los negocios o encargándose de la
organización de las mercancías en las vitrinas
de las casas comerciales21
.
Conviene recordar el lugar que la prensa y
las imágenes le dieron a las clases menos
favorecidas, asociadas todas con el apelativo
de obreros. Ellos eran objeto de la caridad
privada ejercida a través de múltiples eventos
de beneficencia realizados bien fuera en los
lugares de ocio de la burguesía en formación,
es decir, los clubes campestres, como el Gun
Club, el Polo Club, o el Hipódromo de la
Gran Sabana, o bien fuera en los quioscos
del parque de la Independencia en donde
se organizaban diferentes fiestas y eventos
en los cuales se daba alimento, vestido y
juguetes principalmente a los niños hijos de
las clases obreras22
.
Resulta importante decir aquí que, si por
un lado las élites vestían a la última moda,
la clase obrera destacaba por apropiarse de
un par de prendas que era usadas más por
su sentido utilitario al proporcionar abrigo
y facilitar las labores diarias. Hacemos
referencia aquí a la ruana y al pañolón, que
constituyeron las prendas para hombre la
primera y para mujer la segunda, y que
distinguieron dentro del panorama urbano a
aquellos que no pertenecían a las élites.
Este atuendo de ruana, durable en el registro
gráfico mas no en la vida cotidiana que lo
desgastaba por efectos del uso, el abuso y la
herencia de dicha prenda entre generaciones,
se consolidó como representativo del traje
nacional, y aún hasta hoy, más que las modas
pasajeras europeas, se reveló como un traje
de identidad nacional23
.
Cabe destacar, como lo plantea el historiador
Mauricio Archila, que resulta en extremo
complejo poder recuperar aspectos de la vida
íntima y los espacios de sociabilidad de las
clases populares obreras en la medida en que
pocos son los testimonios que nos quedan de
la vida diaria de este grupo social24
. Lo que
sí nos quedó, registrado en mayor medida
en las publicaciones periódicas citadas, es
21 | Roberto J. Herrera de la Torre
y María Carrizosa de Umaña,
75 años de fotografía. 1865-1940
(Bogotá: Editorial Presencia).
22 | “Nuestra fiesta para los
niños pobres”, El Gráfico 3, n.o
118;
“Notas Gráficas. La caridad en
Bogotá”, El Gráfico 3, n.o
122.
23 | Antonio Montaña, Cultura
del vestuario en Colombia
(Bogotá: Fondo Cultural
Cafetero, 1993); Aída Martínez
Carreño, La prisión del vestido
(Bogotá: Ariel Historia, 1995),
157-168.
24 | Archila Neira, “Intimidad y
sociabilidad…, 151-153.
69 | Fernando Carrizosa Valenzuela (1881 - 1947) | vista
hacia la calle desde los almacenes de un centavo a
un peso | Ca. 1900
68 | Carolina Trujillo Dávila | chichería del siglo xix | 1996
El museo en el museo
| 72 |
la mirada paternalista del Estado y de las
mismas élites que se encargaron de recopilar
por escrito los actos de caridad que realizaron
buscando solventar parcialmente la pobreza
y el abandono, que eran más un problema de
la Iglesia. Igualmente, el artista Fídolo Alfonso
González Camargo nos ha dejado algunas
imágenes que nos permiten recuperar para la
mirada contemporánea algunas visiones de la
vida de los marginados de la ciudad, lo mismo
que de las labores y oficios ejercidos durante
este periodo de transformación.
¿La modernidad, para quién?
Como vemos, lograr la modernización para
unos pocos favorecidos fue la empresa que
impulsó la aparición de los servicios públicos,
los transportes urbanos, la ampliación de la
ciudad y su separación en barrios de distinto
orden social. Esta modernización trajo consigo
aspectos que podríamos juzgar tanto positivos
como negativos para los habitantes de
Bogotá, entre los cuales podemos afirmar que
se dio una segregación social manifestada por
el hecho de separar los lugares de habitación
entre élites y obreros. Sin embargo, la
materialización del ideal burgués entre las
familias favorecidas impulsó la industria
nacional durante ese periodo y logró reactivar
los oficios tradicionales de las costureras,
las sombrereras, los zapateros, los relojeros
y demás artesanos que podían satisfacer la
demanda de servicios y productos para nutrir
la apariencia moderna de las élites.
Con el acceso a un capital, en un principio
modesto, y luego acrecentado con el tiempo,
estos artesanos pudieron entrar a competir en
el mercado de bienes de lujo, permitiéndose
dejar paulatinamente la ruana y el pañolón,
para vestir como “cachacos” y “piscas”, lo cual
no siempre fue bien visto por parte de las
élites que buscaban más bien mantener el
statu quo y no mezclarse con la “plebe”.
No obstante, mantener el estado “natural
de las cosas” no era una determinante en
el proyecto de modernización de la ciudad,
ya que con la transformación urbana y
comercial de sus calles se dieron fenómenos
particulares como el derecho de la mujer al
trabajo, la diversificación de lugares para el
entretenimiento y el ocio tanto para el sector
privilegiado como para la clase obrera, el
aprovechamiento del transporte público, la
reorganización de los espacios de habitación
de los obreros que mejoró considerablemente
su calidad de vida y de higiene y la
alfabetización de ellos y sus hijos en escuela
diurnas y nocturnas, lo mismo que beneficios
como la Caja de Ahorros, e incluso clínicas
especiales para atender sus necesidades,
como en el caso de la Compañía de Energía
Eléctrica que ofrecía los mencionados
beneficios a sus empleados25
.
25 | “La Compañía de Energía
Eléctrica”, El Gráfico VIII, n.o
78.
70 | Fídolo Alfonso González Camargo (1883 - 1941) | camisa del estudiante | Ca. 1914
De revistas, paisajes, mantillas y ruanas: momentos de la modernidad en Bogotá (1880 - 1930)
| 73 |
Así que, bien vale la pena, a través de los
episodios que hemos mostrado, preguntarnos
sobre el impacto de la modernización en la
vida de los habitantes de la ciudad, tanto si
eran pertenecientes a la élite o hacían parte
del grupo obrero.
La huella de una época
Como hemos podido observar a través de los
cuatro momentos desarrollados anteriormente,
los habitantes de Bogotá fueron partícipes,
en diferentes frecuencias, de una sucesiva
transformación de sus modos de vida y
costumbres. Sin embargo, esta transformación
no fue rápida ni constante, sino que dependió
de una serie de factores que fueron decisivos
al materializar una idea muy concreta y
muy propia de lo que se entendía en ese
entonces por modernidad. En ese sentido,
podemos afirmar que lo que ocurrió fue una
modernización de la estructura urbana, los
modelos de ser y mostrarse en sociedad de la
élite, al igual que una nueva reconfiguración
espacial y organización social para los
obreros, quienes paulatinamente fueron
tomando conciencia de su rol dentro de
la ciudad.
Lo anterior no significó propiamente adquirir
una mentalidad moderna, ya que los valores
promovidos por el Estado giraron en torno
a la creación de una identidad nacional
con claros acentos hispánicos, cristianos y
de diferenciación social entre clases altas
y bajas (ver capítulo 2). Como Soto Borda
lo plantea en el epígrafe que abre este
capítulo, la sensación de “terror” producida
por la evocación del París de finales de
siglo XIX entre las calles y puentes de una
melancólica Bogotá fue, tal vez, el mismo tipo
de sensación que vivían los habitantes de la
ciudad al presenciar los cambios que traían
consigo los rieles del tranvía, las tuberías
del acueducto y los cables de la electricidad:
asombro y desasosiego ante los inminentes
avances del espíritu moderno. ◆
72 | Autor desconocido | escuela nocturna para obreros establecida por la compañía
de energía eléctrica | 1912
71 | Autor desconocido | isabel mejía de echeverri y luisa echeverri mejía | Ca. 1900
Vestido de día que perteneció a María de la Torre de Herrera | detalle |
CATÁLOGO
El museo en el museo
| 76 |
desear ser
73 | Mme. Tima Nicara, París | traje de calle | 1898 74 | D’Cavelrus, Kriegck | traje de calle con abrigo estilo chesterfield | Ca. 1905
Catálogo
| 77 |
75 | Fabricante desconocido | nécessaire de viaje con accesorios para hombre | Ca. 1920
76 | A. Touchet, París | sombrero de copa | Ca. 1900
El museo en el museo
| 78 |
77 | Alberto Carrizosa Valenzuela (1878 – 1964) y Fernando Carrizosa Valenzuela (1881 – 1947) | agustín carrizosa y
familia de regreso a colombia | 1901
78 | Francisco Mejía M. | vapor quindío | Ca. 1930
Catálogo
| 79 |
79 | Alberto Carrizosa Valenzuela (1878 – 1964) y Fernando Carrizosa
Valenzuela (1881 – 1947) | las jimeno en parís | 1900
80 | Alberto Carrizosa Valenzuela (1878 – 1964) y Fernando Carrizosa Valenzuela
(1881 – 1947) | familias gutiérrez ponce y carrizosa valenzuela en parís | 1898
81 | S. J. R. | pareja de la serie lisonjas | Ca. 1913
El museo en el museo
| 80 |
82 | Autor desconocido | nueva york | Ca. 1900
83 | Autor desconocido | fernando carrizosa en automóvil por la quinta avenida en nueva york | Ca. 1900
Catálogo
| 81 |
84 | Alberto Carrizosa Valenzuela (1878 – 1964) y Fernando Carrizosa Valenzuela (1881 – 1947) | colombianos y franceses | 1898
El museo en el museo
| 82 |
85 | Autor desconocido | pabellón de bellas artes y kiosco de la luz en la exposición del centenario | 1910
87 | M. Glueckstadt & Muenden, Hamburg | bogotá, parque y estatua de santander | 1910
86 | Gabinete Artístico | pabellón de bellas artes en la exposición del centenario | 1910
Catálogo
| 83 |
88 | Gabinete Artístico | pabellón egipcio en la exposición del centenario | 1910
89 | Autor desconocido | kiosco para las banderas en la exposición del centenario | 1910
El museo en el museo
| 84 |
90 | Gabinete Artístico | pabellón de industrias en la exposición del centenario | 1910
91 | Autor desconocido | exposición de bogotá 1910 en la exposición del centenario | 1910
Exposición de Bogotá 1910 en la Exposición del Centenario | detalle |
El museo en el museo
| 86 |
trabajar para tener
92 | Manuel Doroteo Carvajal Marulanda (1819 - 1872) | margarita quijano de carvajal | Ca. 1851
93 | Fabricante desconocido | sombrilla de verano | Ca. 1860
Catálogo
| 87 |
94 | Dionisio Cortés Mesa (1863 - 1934) | los náufragos | 1890
El museo en el museo
| 88 |
95 | Fabricante desconocido | chocolatera | Ca. 1930
96 | Johnson Brothers, Inglaterra (1883 - 2003) | sopera de la serie old britain castles (castillos británicos ingleses) | Ca. 1930
Catálogo
| 89 |
97 | Dionisio Cortés Mesa (1863 - 1934) | mascarón | Ca. 1915
98 | Dionisio Cortés Mesa (1863 - 1934)
| columna | Ca. 1915
El museo en el museo
| 90 |
99 | Fabricante desconocido | jarra con tapa en forma de pez | Ca. 1900
Catálogo
| 91 |
100 | Ricardo Borrero Álvarez (1874 - 1931) | tren de las cinco | Ca. 1915
El museo en el museo
| 92 |
101 | Autor desconocido | estación de la sabana | Ca. 1954
Catálogo
| 93 |
102 | Victor Talking Machine Co. | gramófono | Ca. 1915
103 | L. M. Ericsson & Co. | teléfono de manivela | Ca. 1915
El museo en el museo
| 94 |
104 | Fernando Carrizosa Valenzuela (1881 - 1947) | jura de bandera en la
escuela militar, con un camarógrafo que graba la ceremonia | 4.2.1933
105 | Fernando Carrizosa Valenzuela (1881 - 1947) | automóvil de la familia
carrizosa herrera | Ca. 1900
106 | Autor desconocido | casa de comercio de guillermo richard | 1918
107 | Autor desconocido | construcción planta de vitelma. acueducto de
san cristóbal | 14.10.1924
108 | Fernando Carrizosa Valenzuela (1881 - 1947) | construcción planta
de vitelma. acueducto de san cristóbal | 1924
Catálogo
| 95 |
109 | Fernando Carrizosa Valenzuela (1881 - 1947) | mujer
trabajando en los almacenes de un centavo a un peso | Ca. 1918
110 | Fernando Carrizosa Valenzuela (1881 - 1947) | exterior de
una sede de los almacenes de un centavo a un peso | Ca. 1918
111 | Fernando Carrizosa Valenzuela (1881 - 1947) | interior de una sede de los almacenes de un centavo
a un peso | Ca. 1918
El museo en el museo
| 96 |
112 | Fabricante desconocido | par de floreros | Ca. 1880
Catálogo
| 97 |
113 | Fabricante desconocido | jarra | Ca. 1920
114 | W. H. Grindley, Inglaterra | vajilla de la serie meadow brook (arroyo de la pradera) | Ca. 1936
El museo en el museo
| 98 |
115 | Fabricante desconocido | abanico de plumas de avestruz | Ca. 1900
116 | Cécile Chenevière / Duvelleroy | abanico de marfil | Ca. 1890
117 | Fabricante desconocido | cartera en metal dorado repujado | Ca. 1920 118 | Fabricación francesa | cartera bordada en hilos metálicos | Ca. 1910
Catálogo
| 99 |
119 | Fabricante desconocido | chaqueta de verano | Ca. 1905
El museo en el museo
| 100 |
120 | Parfumerie Lubin | botellas de perfume lubinette | 1912
121 | Fabricante desconocido | juego de centro de mesa estilo art nouveau | Ca. 1910
Juego de centro de mesa estilo art nouveau | detalle |
El museo en el museo
| 102 |
tener para ser
122 | Rosa María Pontón de Samper y Catalina Samper Pontón | “muñequero” (casa de muñecas) | 1926 - 1989
Catálogo
| 103 |
123 | Fabricante desconocido | espejo con copete
| Ca. 1890
124 | Ramón Torres Méndez (1809 - 1885) | interior santafereño
| Ca. 1874
125 | Monsieur Leoutre | sofá estilo isabelino | 1875 - 1910
El museo en el museo
| 104 |
127 | Fabricante desconocido | tina de baño | Ca. 1890
126 | Fabricante desconocido | candelabro de tres luces | Ca. 1880
128 | Fabricante desconocido | florero | Ca. 1880
Catálogo
| 105 |
129 | Fabricante desconocido | piano vertical | Ca. 1880
El museo en el museo
| 106 |
130 | Fabricante desconocido | cubre-corsé, calzón y polisón | 1880 - 1910
131| Fabricante desconocido | aguamanil,
palangana y jabón | Ca. 1896
Catálogo
| 107 |
132 | Autor desconocido | la fiesta del domingo en
el polo | 1912
133 | Photobrom G. m. b. H., Viena | mujer y
niña | Ca. 1910
134 | Photobrom G. m. b. H., Viena | niña en la
tina | Ca. 1910
135 | Fabricante desconocido | zapatillas | Ca. 1890
El museo en el museo
| 108 |
136 | Fernando Carrizosa Valenzuela (1881 - 1947) | sin título (álbum
fotográfico de la casa de fernando carrizosa en bogotá y de la finca el
vergel) | Ca. 1900
137 | Fabricante desconocido | traje marinero para niño | Ca. 1900
Catálogo
| 109 |
138 | Sastrería Isaza | frac | 1918 139 | Nicoll, The White House, San Francisco | traje de montar a caballo | 1910
El museo en el museo
| 110 |
140 | Autor desconocido | eva jordán delgado | Ca. 1910
141 | Pedro Carlos Manrique (1860 - 1927) | en el hipódromo de la gran
sabana | 1899
142 | S. I. P. | postal de pareja | Ca. 1910
Postal de pareja | detalle |
El museo en el museo
| 112 |
ser o no ser
143 | The Singer Manufacturing Company | máquina de coser | 29.11.1910
Catálogo
| 113 |
144 | La ilustración española y americana, Madrid / Establecimiento tipolitográfico “Sucesores de Rivadeneyra”, impresores de la Real
Casa | la moda elegante. periódico especial de señoras y señoritas, indispensable en toda casa de familia | 1907
El museo en el museo
| 114 |
145 | Mme. Delannoy | vestido de luto | Ca. 1890 146 | Au Bon Marché | vestido de gala | 1905
Catálogo
| 115 |
147 | Fabricante desconocido | vestido de paseo | 1910
148 | Fabricante desconocido | vestido de noche
| Ca. 1925
El museo en el museo
| 116 |
149 | D. Cavelius y E. Motsch | traje con chaqueta de levita estilo príncipe alberto | Ca. 1928
Catálogo
| 117 |
150 | Artesanías Derby / SOY Arkitect - María Luisa
Ortiz y Diego Guarnizo | sombrero | 2017
151 | Fabricante desconocido | ruana | Ca. 1950
152 | Liliana Villegas Jaramillo | pantalón utilizado en
la serie de televisión las ibáñez | 1989
El museo en el museo
| 118 |
153 | Margarita Peñarredonda de Saravia | retrato de mujer | 1914
Retrato de mujer | detalle |
Abanico de marfil | detalle |
Bibliografía
| 121 |
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22 (1990):
47-65.
Vergara y Vergara, José María. “El lenguaje de las
casas”. En Artículos literarios de José María Ver-
gara y Vergara. Londres: 1885.
Zanella Adarme, Gina María y Ana Margarita Sie-
rra Pinedo. La antigua casona del Gun Club. Bogo-
tá: Alcaldía Mayor de Bogotá, 2007.
Zuluaga, María del Pilar. “El tiempo libre de las éli-
tes bogotanas, 1880-1910”. En Cuatro ensayos
sobre historia social y política de Colombia en el
siglo XX, editado por Rodrigo Hernán Torrejano.
Bogotá: Universidad Jorge Tadeo Lozano, 2007.
El museo en el museo
| 126 |
LISTA DE IMÁGENES
1. [ pág. 12 ]
María José Echeverri
Fachada del Museo del Siglo XIX
2011
Fotografía
20 x 25 cm
Archivo Museo del Siglo XIX
2. [ pág. 12 ]
María José Echeverri
Patio del Museo del Siglo XIX
2011
Fotografía
25 x 20 cm
Archivo Museo del Siglo XIX
3. [ pág. 13 ]
Gustavo Pérez Dussán
Salón verde
1989
Fotografía publicada en: Enrique
Pulecio Mariño, Museos de Bogotá
(Bogotá: Villegas Editores, 1989)
4. [ pág. 13 ]
María José Echeverri
Salón rojo
2011
Fotografía
20 x 25 cm
Archivo Museo del Siglo XIX
5. [ pág. 14 ]
María José Echeverri
Sala de paisaje
2011
Fotografía
20 x 25 cm
Archivo Museo del Siglo XIX
6. [ pág. 14 ]
María José Echeverri
Salón de moda
2011
Fotografía
20 x 25 cm
Archivo Museo del Siglo XIX
7. [ pág. 15 ]
María José Echeverri
Salón del retrato
2011
Fotografía
20 x 25 cm
Archivo Museo del Siglo XIX
8. [ pág. 15 ]
Antonio Montaña
Cultura del vestuario en Colombia
1993
Impreso
31,9 x 24 x 0,5 cm
Colección Samuel León Iglesias
9. [ pág. 16 ]
Fabricante desconocido
Vestido de día que perteneció a
María de la Torre de Herrera
Ca. 1855
Brocado de seda con cuello y puños
en organdí cosidos a mano
160 x 80 x 100 cm
Reg. 2
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
Donado por
María Carrizosa de Umaña
10. [ pág. 17 ]
Autor desconocido
Imagen de la exposición: Un siglo de
moda en Colombia 1830 - 1930
1981
Impreso
16,3 x 12,3 cm
Archivo Museo del Siglo XIX
11. [ pág. 17 ]
Autor desconocido
Imagen de la exposición:
Mesa y cocina en el siglo XIX
1985
Positivo sobre acetato en color 35 mm
Archivo Museo del Siglo XIX
12. [ pág. 17 ]
Aída Martínez Carreño (1940 - 2009)
/ Fondo Cultural Cafetero
Mesa y cocina en el siglo XIX
1985
Impreso y encuadernado
24 x 17 x 1,4 cm
Colección Samuel León Iglesias
13. [ pág. 18 ]
Autor desconocido
Imagen del taller del artista en el
álbum de fotografías de Dionisio
Cortés. Exhibida en la exposición
Dionisio Cortés M. Escultor
1863 - 1934
Ca. 1910
Copia en gelatina
12 x 19 cm
Reg. 748
Lista de imágenes
| 127 |
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
14. [ pág. 19 ]
Julia Rodríguez y Helena Saavedra
/ Organización de los Estados
Americanos / Fondo Cultural Cafetero
Reflexiones sobre animación.
Experiencias pedagógicas en el museo
1988
Impreso y empastado
20,7 x 4 x 0,8 cm
Colección Daniel Castro Benítez
15. [ pág. 20 ]
María José Echeverri
Botica de los Pobres
2011
Fotografía
20 x 25 cm
Archivo Museo del Siglo XIX
16. [ pág. 20 ]
Guillermo Maldonado Pérez
La Botica de los Pobres y
de Boticas y Farmacias
1991
Impreso
32 x 24 x 0,2 cm
Colección Samuel León Iglesias
17. [ pág. 21 ]
Marina González de Cala
Domingo Moreno Otero:
memoria de una época
2002
Impreso
31,4 x 24,6 x 2,5 cm
Colección Samuel León Iglesias
18. [ pág. 21 ]
Marta Fajardo de Rueda
Jesús María Zamora:
discípulo de la naturaleza
2003
Impreso
30,8 x 24 x 2,5 cm
Colección Samuel León Iglesias
19. [ pág. 21 ]
Néstor Tobón Botero
Arquitectura de la
colonización antioqueña
1986
Impreso
33 x 25 x 2,5 cm
Colección Samuel León Iglesias
20. [ pág. 22 ]
Carmen María Jaramillo
Gustavo Zalamea.
La ciudad y la pintura
1994
Impreso
31,9 x 24,2 x 0,6 cm
Colección Samuel León Iglesias
21. [ pág. 22 ]
Efraín Sánchez Cabra
Ramón Torres Méndez:
pintor de la Nueva Granada
1809 - 1885
1987
Impreso y encuadernado
29 x 24,5 x 2 cm
Colección Samuel León Iglesias
22. [ pág. 22 ]
Germán Colmenares (1938 - 1990)
Ricardo Rendón. Una fuente
para la historia de la opinión pública
1984
Impreso
28,9 x 23,3 x 2,7 cm
Colección Samuel León Iglesias
23. [ pág. 23 ]
Gabriel Latorre
(1868 - 1935)
Kundry y otras obras, primera
publicación del Fondo Cultural
Cafetero
1977
Impreso
18,8 x 16,3 x 1,3 cm
Colección Samuel León Iglesias
24. [ pág. 23 ]
Beatriz González Aranda
El arte colombiano en el siglo XIX:
Colección Bancafé
2004
Impreso y encuadernado
31 x 24 x 2,3 cm
Colección Samuel León Iglesias
25. [ pág. 24 ]
Dionisio Cortés Mesa (1863 - 1934)
Mercedes Peñarredonda
1908
Yeso moldeado y modelado
60 x 30 cm
Inv. 115292
Colección Museo del Siglo XIX
Ministerio de Cultura
26. [ pág. 28 ]
Epifanio Julián Garay Caicedo
(1849 - 1903)
Rafael Núñez
1891
Óleo sobre tela
263 x 203 cm
Reg. 2105
Museo Nacional de Colombia	
Adquirido por el Gobierno nacional
con destino al Museo Nacional
(20.6.1925)
27. [ pág. 29 ]
Julio Racines Bernal (1848 - 1913)
Mosaico del Consejo Nacional de
Delegatarios, reunido en Bogotá el 11
de noviembre de 1885 para expedir la
Constitución de 1886
11.1885
Papel, tinta y copias en albúmina
59 x 44,3 cm	
Reg. 2878
Museo Nacional de Colombia
28. [ pág. 30 ]
Banco Nacional (1880 - 1903) /
Litografía de Otto Schroeder
Billete del Banco Nacional,
denominación cien pesos
29.10.1899	
Tinta litográfica sobre papel
9,7 x 19,6 cm
Reg. 1671.1
Museo Nacional de Colombia
29. [ pág. 31 ]
César Estévez Obando
Chircal frente a Fenicia y Tívoli
1908
Papel albuminado sobre cartón
21,8 x 27,8 cm
Reg. 7941.001
Museo Nacional de Colombia
30. [ pág. 31 ]
Fotografía Inglesa. H. L. Duperly e Hijo
Tívoli
1893
Copia en albúmina sobre cartón
30,6 x 25,6 cm
Reg. 7941.007
Museo Nacional de Colombia
31. [ pág. 32 ]
Fabricación francesa
Cañón usado durante la
Guerra de los Mil Días
El museo en el museo
| 128 |
1897	
Hierro, acero y madera
118 x 93 x 224 cm
Reg. 65.001
Museo Nacional de Colombia	
Remitido por el Ministerio de Guerra
(11.4.1958)
32. [ pág. 33 ]
I. L. Maduro, Jr.
U. S. S. “Tennessee” en las exclusas
de Miraflores, canal de Panamá	
Ca. 1920	
Tinta litográfica sobre cartulina
8,9 x 14,2 cm
Reg. 5844
Museo Nacional de Colombia	
Donado por Paula Dever Restrepo
(20.4.2006)
33. [ pág. 34 ]
M. Glueckstadt & Muenden, Hamburg
Bogotá, 20 de julio de 1910. Desfile de
señoras hacia la estatua de Nariño
1910
Fotolitografía
8,5 x 14 cm
Reg. 764.2
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
34. [ pág. 34 ]
Jorge Posada Callejas / J. J. Little &
Ives Company
Libro azul de Colombia. Bosquejos
biográficos de los personajes más
eminentes, historia condensada de la
república, artículos especiales sobre
el comercio, agricultura y riqueza
mineral, basados en las estadísticas
oficiales
1918
Impreso y encuadernado
31,3 x 24,8 x 6,6 cm
Reg. 7858
Museo Nacional de Colombia
Ingresó a la colección (10.2.2015)
	
35. [ pág. 35 ]
Gabinete Artístico
Pabellón para la exposición de
máquinas en la Exposición del
Centenario
1910
Fotolitografía
8,7 x 14 cm
Reg. 765.1
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
36. [ pág. 35 ]
Juan Nepomuceno Gómez
(1882 – ca. 1940)
Banco de la República
Ca. 1915
Copia en gelatina
13,7 x 9 cm
Reg. 759.3
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
37. [ pág. 38 ]
Fotógrafo desconocido / Ricardo
Moros Urbina (1865 - 1942)
Exposición de los primeros rieles
fabricados en La Pradera, llegada al
palacio presidencial
Ca. 1910
Reproducción fotográfica de una
xilografía
17,8 x 11,8 cm
Reg. 2976
Museo Nacional de Colombia
38. [ pág. 39 ]
Giovanni Ferroni Candelari
(1853 - 1898)
Buque de vapor a orillas del río
Magdalena
1894
Óleo sobre tela
63 x 104,5 cm
Inv. 117397
Colección Museo del Siglo XIX
Ministerio de Cultura
39. [ pág. 40 ]
R. Hadin
Ficha de un cuarto de centavo,
hacienda de Pedro Blanco García
Ca. 1870
Bronce acuñado
2,74 x 0,16 cm (diámetro)
Reg. 1580.13
Museo Nacional de Colombia
Figura en el Catálogo general del Museo
de Bogotá (1917)	
40. [ pág. 41 ]
Fabricante desconocido
Ficha del establecimiento de café San
José, denominación un real
Ca. 1900
Bronce acuñado
2,72 cm (diámetro)
Reg. 1580.15
Museo Nacional de Colombia
Figura en el Catálogo general del Museo
de Bogotá (1917)	
41. [ pág. 42 ]
Uribe e Hijos / American Bank Note
Company
Seña de Uribe e Hijos,
denominación veinte pesos
1.2.1871
Litografía
7,6 x 18,1 cm
Reg. 3524
Museo Nacional de Colombia
Donada por Diego Uribe (12.1912)	
42. [ pág. 43 ]
Edwards
Tela que sirvió como empaque para 45
½ varas de bayeta de 100 hilos, para
el almacén de los señores Francisco
Vargas y hermanos
Ca. 1880
Tela impresa y dibujada
37 x 98,2 cm
Reg. 6819
Museo Nacional de Colombia
Donada por Rodolfo Vallín Magaña
(13.03.2009)	
43. [ pág. 44 ]
Reyes González & Hermanos /
Departamento de Santander
Seña de Reyes González & Hermanos
Ca. 1890
Litografía
5,2 x 12 cm
Reg. 1682.13
Museo Nacional de Colombia
44. [ pág. 44 ]
Banco Márquez (1883 - 1893) /
American Bank Note Company
Billete del Banco Márquez,
denominación cincuenta pesos
Ca. 1890
Litografía
9,5 x 19,3 cm
Reg. 1690.20
Museo Nacional de Colombia
45. [ pág. 45 ]
A. Ken
Rafael Reyes
1873
Lista de imágenes
| 129 |
Copia en albúmina
10,5 x 6,4 cm
Reg. 2931
46. [ pág. 45 ]
Fernando Carrizosa Valenzuela
(1881 - 1947)
Fachada de una sede de los
Almacenes de un centavo a un peso
Ca. 1910
Copia en gelatina
5,8 x 4,2 cm
Reg. 6621.050
Museo Nacional de Colombia
Donada por Camila Umaña Jimeno
(12.9.2008)
47. [ pág. 48 ]
Lino Lara S. (activo en Bogotá entre
1899 y 1932)
Iglesia y puente de San Francisco
1906
Copia en albúmina
12,2 x 17,3 cm
Reg. 2090.5
Museo Nacional de Colombia
Donada por el expresidente Eduardo
Santos (24.1.1959)
48. [ pág. 49 ]
Württembergische Uhrenfabrik Bürk
Söhne (1855 - )
Reloj de péndulo tarjetero
Ca. 1950
Madera y metal ensamblados
107 x 41 x 35,5 cm
Reg. 7013
Museo Nacional de Colombia
Transferida por el Banco Bancafé a la
nación (31.5.2007)
49. [ pág. 50 ]
Autor desconocido
Tranvía de mulas
Ca. 1920
Cliché
13 x 18 cm
Reg. 2090.13
Museo Nacional de Colombia
Donada por el expresidente Eduardo
Santos (24.1.1959)
50. [ pág. 51 ]
Carlos Clavijo R. / Felipe Eduardo
Lehner / Litografía Paredes
Plano topográfico de Bogotá
levantado por Carlos Clavijo R. en
1891; reformado en 1894
1894
Litografía en color
50 x 64 cm
Archivo General de la Nación,
Colombia Sección: Mapas y Planos;
Mapoteca: 3; Referencia: 145
51. [ pág. 52 ]
A. Cortés M. & Co.
Plazuela Caldas, Bogotá
1910
Litografía en color
8,6 x 13 cm
Reg. 776
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
52. [ pág. 53 ]
Alberto Urdaneta (1845 - 1887) /
Antonio Rodríguez (ca. 1840 - 1898)
Grabado del cuadro de costumbres
“Un año en la corte” de Ricardo Silva
1881
Xilografía
Publicado en: Papel Periódico Ilustrado
1, n.o
3 (1881): 42
53. [ pág. 55 ]
Fernando Carrizosa Valenzuela (1881
- 1947)
Salón de la familia Carrizosa Herrera
Ca. 1910
Copia en gelatina
48 x 60 cm
Reg. 700
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
54. [ pág. 57 ]
Mlle. Annette, París
Vestido de baile
Ca. 1889
Faya, encaje de tul, varillaje metálico
y satín
160 x 80 cm
Reg. 6
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
Donado por la familia Gutiérrez
Castro	
55. [ pág. 59 ]
Mme. M. Chaud
Vestido para la hora del té
Ca. 1895
Encaje de algodón y seda cosido a
máquina
160 x 80 cm
Reg. 20
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
Donado por la familia Gutiérrez Castro
56. [ pág. 60 ]
Fabricante desconocido
Vestido de ceremonia
1888
Damasco de seda y encaje cosidos a
mano y a máquina
165 x 110 cm
Reg. 10
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
57. [ pág. 61 ]
Durán y Restrepo / Pedro Carlos
Manrique
Teatro Colón
1898
Fotografía publicada en: Revista
Ilustrada 1 (18 de junio de 1898)
58. [ pág. 65 ]
Estudio Santa Fé, Bogotá
Señorita María Carrizosa Herrera
luciendo un traje de la época del
Libertador
1928
Litografía
Publicada en: Cromos, n.o
639
(15 de diciembre de 1928)
59. [ pág. 66 ]
Epifanio Julián Garay Caicedo
(1849 - 1903)
Elvira Tanco de Malo O’Leary
Ca. 1892
Óleo sobre tela
125 x 98 cm
Reg. 2765
Museo Nacional de Colombia
Donado por la Fundación Beatriz
Osorio
(ca. 1972 - 1976)	
60. [ pág. 67 ]
José Eugenio Montoya (1860 - 1922)
Mercedes Álvarez de Flores
1886
Óleo sobre tela
146 x 115 cm
Inv. 115387
Colección Museo del Siglo XIX
Ministerio de Cultura
El museo en el museo
| 130 |
61. [ pág. 67 ]
Fotografía Antonio Faccini, Bogotá
Retrato de mujer
Ca. 1890
Copia en albúmina
16 x 11 cm
Reg. 731
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
62. [ pág. 68 ]
S. J. R.
Postal de pareja
Ca. 1910
Copia en gelatina
14 x 9 cm
Reg. 867
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
63. [ pág. 68 ]
Jesús María Zamora (1871 – 1948)
Atardecer en la sabana
Ca. 1920
Óleo sobre tela
59 x 84 cm
Inv. 115282
Colección Museo del Siglo XIX
Ministerio de Cultura
64. [ pág. 69 ]
Ricardo Borrero Álvarez (1874 – 1931)
Paisaje con casa
Ca. 1915
Óleo sobre tela
22,5 x 37,5 cm
Inv. 115416
Colección Museo del Siglo XIX
Ministerio de Cultura
65. [ pág. 69 ]
Fídolo Alfonso González Camargo
(1883 - 1941)
Mujer en el camino
Ca. 1910
Óleo sobre tela
30,5 x 44,5 cm
Inv. 115397
Colección Museo del Siglo XIX
Ministerio de Cultura
66. [ pág. 70 ]
Coriolano Leudo Obando
(1886 - 1957)
La mantilla bogotana
Ca. 1917
Óleo sobre tela
125 x 95,5 cm
Reg. 2224
Museo Nacional de Colombia
Trasladado del Museo de la Escuela de
Bellas Artes de Bogotá (ca. 1948)
67. [ pág. 70 ]
Arboleda & Valencia Editores
Revista Cromos
N.° 93, Vol. IV. Noviembre 24 de 1917
Impreso
34 x 24 cm
Colección Samuel León Iglesias
68. [ pág. 71 ]
Carolina Trujillo Dávila
Chichería del siglo XIX
1996
Madera, tela y fibras
68 x 68 x 58 cm
Reg. 1331
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
Donada por Carolina Trujillo
Dávila	
69. [ pág. 71 ]
Fernando Carrizosa Valenzuela
(1881 - 1947)
Vista hacia la calle desde los
Almacenes de un centavo a un peso
Ca. 1900
Copia en gelatina
5,8 x 4,3 cm
Reg. 6621.025
Museo Nacional de Colombia
Donada por Camila Umaña Jimeno
(12.9.2008)
70. [ pág. 72 ]
Fídolo Alfonso González Camargo
(1883 - 1941)
Camisa del estudiante
Ca. 1914
Óleo sobre tela
31 x 27 cm
Inv. 115304
Colección Museo del Siglo XIX
Ministerio de Cultura
71. [ pág. 73 ]
Autor desconocido
Isabel Mejía de Echeverri y
Luisa Echeverri Mejía
Ca. 1900
Fotografía publicada en: Un siglo de
moda en Colombia 1830 – 1930
72. [ pág. 73 ]
Autor desconocido
Escuela nocturna para obreros
establecida por la Compañía de
Energía Eléctrica
1912
Fotografía publicada en: El Gráfico
73. [ pág. 76 ]
Mme. Tima Nicara, París
Traje de calle
1898
Terciopelo, galón y faya cosidos a
máquina y a mano
160 x 80 x 100 cm
Regs. 139, 14.2 y 379
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
74. [ pág. 76 ]
D’Cavelrus, Kriegck
Traje de calle con abrigo
estilo Chesterfield
Ca. 1905
Paño de lana y seda cosidos a
máquina y a mano
167 x 50 x 25 cm
Regs. 116 y 121
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
Donado por Beatriz Fonnegra
75. [ pág. 77 ]	
Fabricante desconocido
Nécessaire de viaje con
accesorios para hombre
Ca. 1920
Cuero, seda, vidrio, plata y metal
ensamblados
20 x 27 x 8 cm
Reg. 1287
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
76. [ pág. 77 ]
A. Touchet, París
Sombrero de copa
Ca. 1900
Terciopelo, cuero y seda cosidos a
máquina
14 x 25 x 31,5 cm
Reg. 500
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
77. [ pág. 78 ]
Alberto Carrizosa Valenzuela
Lista de imágenes
| 131 |
(1878 – 1964) y Fernando Carrizosa
Valenzuela (1881 – 1947)
Agustín Carrizosa y familia de
regreso a Colombia
1901	
Copia en gelatina
9 x 11,5 cm
Reg. 6618.002
Museo Nacional de Colombia
Donada por Camila Umaña Jimeno
(12.9.2008)
78. [ pág. 78 ]
Francisco Mejía M.
Vapor Quindío
Ca. 1930
Fotolitografía
9 x 14 cm
Reg. 784.2
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
79. [ pág. 79 ]
Alberto Carrizosa Valenzuela
(1878 – 1964) y Fernando Carrizosa
Valenzuela (1881 – 1947)
Las Jimeno en París
1900
Copia en gelatina
8,9 x 11,6 cm
Reg. 6619.012
Museo Nacional de Colombia
Donada por Camila Umaña Jimeno
(12.9.2008)
80. [ pág. 79 ]
Alberto Carrizosa Valenzuela
(1878 – 1964) y Fernando Carrizosa
Valenzuela (1881 – 1947)
Familias Gutiérrez Ponce y Carrizosa
Valenzuela en París
1898
Copia en gelatina
11,8 x 9 cm
Reg. 6618.012
Museo Nacional de Colombia
Donada por Camila Umaña Jimeno
(12.9.2008)
81. [ pág. 79 ]
S. J. R.
Pareja de la serie ‘Lisonjas’
Ca. 1913
Copia en gelatina, acuarela sobre
papel de fibra
13,6 x 8,7 cm
Reg. 866.1
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
82. [ pág. 80 ]
Autor desconocido
Nueva York
Ca. 1900
Copia en gelatina
12,5 x 20 cm
Reg. 6620.017
Museo Nacional de Colombia
Donada por Camila Umaña Jimeno
(12.9.2008)
83. [ pág. 80 ]
Autor desconocido
Fernando Carrizosa en automóvil por
la Quinta Avenida en Nueva York
Ca. 1900
Reproducción fotográfica
12,6 x 14,3 cm
Reg. 6620.037
Museo Nacional de Colombia
Donada por Camila Umaña Jimeno
(12.9.2008)
84. [ pág. 81 ]
Alberto Carrizosa Valenzuela
(1878 – 1964) y Fernando Carrizosa
Valenzuela (1881 – 1947)
Colombianos y franceses
1898
Copia en gelatina
8,9 cm x 11,9 cm
Reg. 6618.051
Museo Nacional de Colombia
Donada por Camila Umaña Jimeno
(12.9.2008)
85. [ pág. 82 ]
Autor desconocido
Pabellón de Bellas Artes y Kiosco de la
Luz en la Exposición del Centenario
1910
Fotolitografía
8,7 x 14 cm
Reg. 765.5
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
86. [ pág. 82 ]
Gabinete Artístico
Pabellón de Bellas Artes en la
Exposición del Centenario
1910
Fotolitografía
8,7 x 14 cm
Reg. 765.4
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
87. [ pág. 82 ]
M. Glueckstadt & Muenden, Hamburg
Bogotá, parque y estatua de
Santander
1910
Fotolitografía
14 x 8,5 cm
Reg. 764.1
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
88. [ pág. 83 ]
Gabinete Artístico
Pabellón Egipcio en la
Exposición del Centenario
1910
Fotolitografía
8,7 x 14 cm
Reg. 765.2
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
89. [ pág. 83 ]
Autor desconocido
Kiosco para las banderas en la
Exposición del Centenario
1910
Fotolitografía
8,7 x 14 cm
Reg. 765.8
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
90. [ pág. 84 ]
Gabinete Artístico
Pabellón de Industrias en la
Exposición del Centenario
1910
Fotolitografía
8,7 x 14 cm
Reg. 765.6
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
91. [ pág. 84 ]
Autor desconocido
Exposición de Bogotá 1910 en la
Exposición del Centenario
1910
Fotolitografía
9 x 14 cm
Reg. 757.1
El museo en el museo
| 132 |
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
92. [ pág. 86 ]
Manuel Doroteo Carvajal Marulanda
(1819 - 1872)
Margarita Quijano de Carvajal
Ca. 1851
Óleo sobre tela
93 x 74 cm
Inv. 117425
Colección Museo del Siglo XIX
Ministerio de Cultura 
93. [ pág. 86 ]
Fabricante desconocido                       
Sombrilla de verano
Ca. 1860                            
Encaje, raso, marfil, madera, borla y
varillas metálicas
60 x 63 cm                            
Reg. 531
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
94. [ pág. 87 ]
Dionisio Cortés Mesa (1863 - 1934)
Los náufragos
1890
Óleo sobre tela
126,5 x 107,3 cm
Reg. 1196
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
95. [ pág. 88 ]
Fabricante desconocido
Chocolatera
Ca. 1930
Cobre martillado
20 x 28 x 14 cm
Reg. 1332.002
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
96. [ pág. 88 ]
Johnson Brothers, Inglaterra
(1883 - 2003)
Sopera de la serie “Old Britain Castles”
(Castillos británicos ingleses)
Ca. 1930
Cerámica esmaltada e impresa
19 x 33 x 25 cm
Reg. 1252
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
97. [ pág. 89 ]
Dionisio Cortés Mesa (1863 - 1934)
Mascarón
Ca. 1915
Yeso moldeado y modelado
33 x 21 x 22 cm
Reg. 1212
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
98. [ pág. 89 ]
Dionisio Cortés Mesa (1863 - 1934)
Columna
Ca. 1915
Yeso moldeado y modelado
155 x 39 x 39 cm
Reg. 1213
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
99. [ pág. 90 ]
Fabricante desconocido
Jarra con tapa en forma de pez
Ca. 1900
Vidrio y cobre martillado
26 x 17 x 11 cm
Reg. 1264
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
100. [ pág. 91 ]
Ricardo Borrero Álvarez (1874 - 1931)
Tren de las cinco
Ca. 1915
Óleo sobre madera
42 x 30 cm
Inv. 115465
Colección Museo del Siglo XIX
Ministerio de Cultura
101. [ pág. 92 ]
Autor desconocido
Estación de la Sabana
Ca. 1954
Copia en gelatina
19,8 x 25,2 cm
Ing. Co 107
Museo Nacional de Colombia
Comodato con el Fondo de Pasivo
Social de Ferrocarriles Nacionales de
Colombia (1992)
102. [ pág. 93 ]
Victor Talking Machine Co.
Gramófono
Ca. 1915
Madera y cobre ensamblados
80 x 53 x 57 cm
Reg. 1248
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
103. [ pág. 93 ]
L. M. Ericsson & Co.
Teléfono de manivela
Ca. 1915
Baquelita y metal ensamblados
17 x 22 x 22 cm
Reg. 1247
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
104. [ pág. 94 ]
Fernando Carrizosa Valenzuela
(1881 - 1947)
Jura de bandera en la Escuela Militar,
con un camarógrafo que graba
la ceremonia
4.2.1933
Copia en gelatina
8,9 x 13,2 cm
Reg. 6623.050
Museo Nacional de Colombia
Donada por Camila Umaña Jimeno
(12.9.2008)
105. [ pág. 94 ]
Fernando Carrizosa Valenzuela
(1881 - 1947)
Automóvil de la familia
Carrizosa Herrera
Ca. 1900
Copia en gelatina
4,2 x 5,8 cm
Reg. 6621.038
Museo Nacional de Colombia
Donada por Camila Umaña Jimeno
(12.9.2008)
106. [ pág. 94 ]
Autor desconocido
Casa de comercio de
Guillermo Richard
1918
Fotografía publicada en: Jorge Posada
Callejas, Libro azul de Colombia (Nueva
York: J. J. Little & Ives Company, 1918)
107. [ pág. 94 ]
Autor desconocido
Construcción Planta de Vitelma.
Acueducto de San Cristóbal
14.10.1924
Copia en gelatina
9 x 14,2 cm
Lista de imágenes
| 133 |
Reg. 6642.008
Museo Nacional de Colombia
Donado por Camila Umaña Jimeno
(12.9.2008)
108. [ pág. 94 ]
Fernando Carrizosa Valenzuela
(1881 - 1947)
Construcción Planta de Vitelma.
Acueducto de San Cristóbal
1924
Copia en gelatina
8,8 x 13,8 cm
Reg. 6643.041
Museo Nacional de Colombia
Donada por Camila Umaña Jimeno
(12.9.2008)
109. [ pág. 95 ]
Fernando Carrizosa Valenzuela
(1881 - 1947)
Mujer trabajando en los
Almacenes de un centavo a un peso
Ca. 1918
Copia en gelatina
5,8 x 4,2 cm
Reg. 6621.016
Donada por Camila Umaña Jimeno
(12.9.2008)
Museo Nacional de Colombia
110. [ pág. 95 ]
Fernando Carrizosa Valenzuela
(1881 - 1947)
Exterior de una sede de los
Almacenes de un centavo a un peso
Ca. 1918
Copia en gelatina
6,1 x 4,5 cm
Reg. 6621.051
Museo Nacional de Colombia
Donada por Camila Umaña Jimeno
(12.9.2008)
111. [ pág. 95 ]
Fernando Carrizosa Valenzuela
(1881 - 1947)
Interior de una sede de los
Almacenes de un centavo a un peso
Ca. 1918
Copia en gelatina
4,2 x 5,8 cm
Reg. 6621.052
Museo Nacional de Colombia
Donada por Camila Umaña Jimeno
(12.9.2008)
112. [ pág. 96 ]
Fabricante desconocido
Par de floreros
Ca. 1880
Vidrio rosado Bristol con decoraciones
en dorado
40 x 15 x 15 cm c/u
Reg. 1253
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
113. [ pág. 97 ]
Fabricante desconocido
Jarra
Ca. 1920
Vidrio y cobre martillado
35 x 20 x 12 cm
Reg. 1265
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
114. [ pág. 97 ]
W. H. Grindley, Inglaterra
Vajilla de la serie “Meadow Brook”
(Arroyo de la pradera)
Ca. 1936
Cerámica esmaltada e impresa
Reg. 1254
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
115. [ pág. 98 ]
Fabricante desconocido
Abanico de plumas de avestruz
Ca. 1900
Carey, plumas y metal ensamblados
59 x 85 cm
Reg. 599
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
116. [ pág. 98 ]
Cécile Chenevière / Duvelleroy
Abanico de marfil
Ca. 1890
Marfil, papel, pintura y metal
impresos, plegados y ensamblados
67 x 67 cm
Reg. 609
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
117. [ pág. 98 ]
Fabricante desconocido
Cartera en metal dorado repujado
Ca. 1920
Metal, cuero y espejo
8,5 x 10 x 1,5 cm
Reg. 509
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
118. [ pág. 98 ]
Fabricación francesa
Cartera bordada en hilos metálicos
Ca. 1910
Seda, algodón, metal e hilo metalizado
29 x 14 x 3 cm
Reg. 508
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
119. [ pág. 99 ]
Fabricante desconocido
Chaqueta de verano
Ca. 1905
Paño, encaje de blonda y galón cosido
a mano y a máquina
67 x 50 cm
Reg. 141
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
120. [ pág. 100 ]
Parfumerie Lubin
Botellas de perfume Lubinette
1912
Porcelana, tela y vidrio cosidos y
ensamblados
19 x 14 x 11 cm; 18 x 12 x 10 cm; 20 x 10
x 9 cm
Regs. 1276, 1277 y 1278
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
121. [ pág. 100 ]
Fabricante desconocido
Juego de centro de mesa estilo
art nouveau
Ca. 1910
Mayólica
43 x 30 x 21 cm c/u
Reg. 1270
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
122. [ pág. 102 ]
Rosa María Pontón de Samper y
Catalina Samper Pontón
“Muñequero” (casa de muñecas)
1926 - 1989
Ensamblaje
197 x 190 x 50 cm
Reg. 1330
El museo en el museo
| 134 |
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
Donado por Rosa María Pontón de
Samper y Catalina Samper Pontón
123. [ pág. 103 ]
Fabricante desconocido
Espejo con copete
Ca. 1890
Cristal, madera tallada y dorada
195 x 122 x 16 cm
Reg. 1242
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
124. [ pág. 103 ]
Ramón Torres Méndez (1809 - 1885)
Interior santafereño
Ca. 1874
Óleo sobre tela
35 x 25,4 cm
Reg. 2096
Museo Nacional de Colombia
Trasladado del Museo de la Escuela de
Bellas Artes de Bogotá (ca. 1948)
125. [ pág. 103 ]
Monsieur Leoutre
Sofá estilo isabelino
1875 - 1910
Madera tallada y tela ensambladas
102 x 195 x 85 cm
Reg. 1216.022
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
Donado por María Carrizosa de
Umaña y Carolina Herrera
126. [ pág. 104 ]
Fabricante desconocido
Candelabro de tres luces
Ca. 1880
Cristal y metal ensamblados
70 x 44 x 17 cm
Reg. 1274.1
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
127. [ pág. 104 ]
Fabricante desconocido
Tina de baño
Ca. 1890
Cobre martillado
49,5 x 69 x 83 cm
Reg. 1245
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
128. [ pág. 104 ]
Fabricante desconocido
Florero
Ca. 1880
Porcelana
36 x 17 x 13 cm
Reg. 1272.1
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
129. [ pág. 105 ]
Fabricante desconocido
Piano vertical
Ca. 1880
Madera tallada, metal y marfil
150 x 140 x 67 cm
Reg. 1224
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
130. [ pág. 106 ]
Fabricante desconocido
Cubre-corsé, calzón y polisón
1880 - 1910
Algodón cosido a máquina y calado a
mano
160 x 35 x 25 cm
Regs. 234, 235, 236 y 226
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
Donado por Juanita de Solano
(cubre-corsé)
131. [ pág. 106 ]
Fabricante desconocido
Aguamanil, palangana y jabón
Ca. 1896
Peltre esmaltado y pintado a mano
88 x 36 x 36 cm
Reg. 1333.010
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
Adquirido en 1991
132. [ pág. 107 ]
Autor desconocido
La fiesta del domingo en el Polo
1912
Fotografía tomada de: El Gráfico
133. [ pág. 107 ]
Photobrom G. m. b. H., Viena
Mujer y niña
Ca. 1910
Copia en gelatina iluminada
13,4 x 8,5 cm
Reg. 803.5
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
134. [ pág. 107 ]
Photobrom G. m. b. H., Viena
Niña en la tina
Ca. 1910
Copia en gelatina iluminada
14,7 x 8,5 cm
Reg. 813.1
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
135. [ pág. 107 ]
Fabricante desconocido
Zapatillas
Ca. 1890
Seda, cuero, encaje en hilo metálico,
madera, bisutería e hilo dorado
6 x 12 x 24 cm
Reg. 559
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
136. [ pág. 108 ]
Fernando Carrizosa Valenzuela
(1881 - 1947)
Sin título (álbum fotográfico de
la casa de Fernando Carrizosa en
Bogotá y de la finca El Vergel)
Ca. 1900
Copia en gelatina
5,8 x 4,2 cm
Reg. 6621.005
Museo Nacional de Colombia
Donado por Camila Umaña Jimeno
(12.9.2008)
137. [ pág. 108 ]
Fabricante desconocido
Traje marinero para niño
Ca. 1900
Lana gabardina cosida a máquina
50 x 58 cm
Reg. 344
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
Donado por Juanita de Solano
138. [ pág. 109 ]
Sastrería Isaza
Frac
1918
Paño, algodón, satín y botones
plásticos cosidos a máquina
160 x 40 cm
Reg. 114
Lista de imágenes
| 135 |
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
Donado por Fernando Restrepo
139. [ pág. 109 ]
Nicoll, The White House, San
Francisco
Traje de montar a caballo
1910
Cosido a máquina
160 x 50 x 30 cm
Regs. 37 y 455
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
Donado por Poli Mallarino de Córdoba
140. [ pág. 110 ]
Autor desconocido
Eva Jordán Delgado
Ca. 1910
Copia en gelatina
8,9 x 14,1 cm
Reg. 4747
Museo Nacional de Colombia
Donada por Mireya Negret Delgado
(5.12.2001)
141. [ pág. 110 ]
Pedro Carlos Manrique (1860 - 1927)
En el Hipódromo de la Gran Sabana
1899
Fotografía publicada en: Revista
Ilustrada, n.o
15 (22 de agosto de 1899)
142. [ pág. 110 ]
S. I. P.
Postal de pareja
Ca. 1910
Copia en gelatina
14 x 9 cm
Reg. 915.2
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
143. [ pág. 112 ]
The Singer Manufacturing Company
Máquina de coser
29.11.1910
Madera y metal ensamblados
90 x 100 x 50 cm
Reg. 1225
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
Donada por Elsa García
144. [ pág. 113 ]
La ilustración española y americana,
Madrid / Establecimiento
tipolitográfico “Sucesores de
Rivadeneyra”, impresores de la
Real Casa
La moda elegante. Periódico especial
de señoras y señoritas, indispensable
en toda casa de familia
1907
Impreso
37,2 x 27,5 cm
Colección Samuel León Iglesias
145. [ pág. 114 ]
Mme. Delannoy
Vestido de luto
Ca. 1890
Brocado de satín, azabaches y
pedrería cosidos a máquina y a mano
160 x 90 cm
Reg. 7
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
Donado por María Carrizosa de
Umaña
146. [ pág. 114 ]
Au Bon Marché
Vestido de gala
1905
Seda, satín y encaje cosidos a
máquina y a mano
160 x 70 cm
Reg. 12
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
Donado por María Carrizosa de
Umaña
147. [ pág. 115 ]
Fabricante desconocido
Vestido de paseo
1910
Seda, encaje, muselina y algodón
cosidos a mano y a máquina
160 x 60 x 30 cm
Reg. 104
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
Donado por Juanita de Solano
148. [ pág. 115 ]
Fabricante desconocido
Vestido de noche
Ca. 1925
Seda bordada, lamé e hilos metálicos
cosidos a máquina
160 x 39 x 25 cm
Reg. 45
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
Donado por Adela Posada de Van
Meerbek
149. [ pág. 116 ]
D. Cavelius y E. Motsch
Traje con chaqueta de levita
estilo príncipe Alberto
Ca. 1928
Paño y algodón cosidos a máquina
164 x 50 x 25 cm y 12 x 23,5 x 26 cm
Regs. 115 y 471
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
Donado por Beatriz Fonnegra
150. [ pág. 117 ]
Artesanías Derby / SOY Arkitect -
María Luisa Ortiz y Diego Guarnizo
Sombrero
2017
Paja toquilla y cinta faya tejidos a
mano 
17 x 36 x 38 cm
Colección Samuel León Iglesias
151. [ pág. 117 ]
Fabricante desconocido
Ruana
Ca. 1950
Lana tejida a mano
62 x 110 cm
Colección Samuel León Iglesias
152. [ pág. 117 ]
Liliana Villegas Jaramillo
Pantalón utilizado en la serie de
televisión “Las Ibáñez”
1989
Tela de algodón cosida a máquina
102 x 35 cm
Reg. 6810.003
Museo Nacional de Colombia
153. [ pág. 118 ]
Margarita Peñarredonda de Saravia
Retrato de mujer
1914
Óleo sobre tela
88 x 111 cm
Reg. 1193
Colección Museo del Siglo XIX
Fondo Cultural Cafetero
Ministerio de Cultura
Ministra
Mariana Garcés Córdoba
Viceministra
Zulia Mena García
Secretario general
Enzo Rafael Ariza Ayala
Museo Nacional de Colombia
Director
Daniel Castro Benítez
Subdirectora
Ana María Cortés Solano
Secretaria ejecutiva
Ligia Mendoza Suárez
Curaduría de Historia
María Paola Rodríguez Prada
Libardo Hernán Sánchez Paredes
Santiago Robledo Páez
Naila Katherine Flor Ortega
Curaduría de Arte
Rodrigo Trujillo Rubio
Ángela Gómez Cely
Paloma Nicolás Gómez
Samuel León Iglesias
Secretaria ejecutiva
Bertha Aranguren
Curaduría de Arqueología
(en convenio con el ICANH)
Francisco Romano Gómez
Natalia Sofía Angarita Nieto
Patricia Ramírez Nieto
Practicante
Liz Lozano
Curaduría de Etnografía
(en convenio con el ICANH)
Andrés Leonardo Góngora Sierra
Rayiv Torres Sánchez
Aura Reyes Gavilán
María Victoria Gálvez Izquierdo
Grupo de Museología (ICANH)
Margarita Reyes Suárez
Yaid Bolaños Díaz
Gestión de Colecciones
Fernando López Barbosa
Áreas de Registro y Documentación
Adriana Patricia Nieto Triviño
María José Echeverri Uribe
Sandra Milena Ortiz Cardona
Pedro Pablo Méndez Aguacía
Samuel Monsalve Parra
Andrés Rodríguez Escallón
Área de Conservación
María Catalina Plazas García
Ángela María Sánchez Barajas
Yeni Liliana Sánchez Gómez
Practicantes
Joan David Giuseppe Tranchita Camargo
Pablo Andrés Arango Castillo
Archivo y Centro de Documentación
Antonio Ochoa Flórez
Exposiciones itinerantes
Laura Patricia Castelblanco Matiz
Practicante
Laura Alejandra González González
Museografía
Laura María Ortiz Escobar
Nury Espinosa Vanegas
Julio César Bedoya
Practicante
Isabel Noguera Cepeda
Montaje museográfico
Miguel Antonio Sánchez Montenegro
Jesús Roberto Gómez León
Diseño gráfico
Neftalí Vanegas Menguán
Servicios educativos y culturales
Mayali Tafur Sequera
Cristian Alejandro Suárez Caro
Iván Andrés Otálora Orjuela
María Margarita León Merchán
María Mónica Fuentes Leal
Programación cultural
Nancy María Avilán Dávila
Secretaria ejecutiva
Diana Marcela Gómez Bernal
Programa Fortalecimiento de Museos
Juan Carlos Cipagauta Acosta
Ana Paula Gómez Uribe
Elsa Janneth Vargas Ordóñez
Ilsa Nohemy Pineda Morel
Jennifer Cortés Giraldo
Abimelec Enoc Martínez Robles
José Bernardo Acosta Narváez
Julián Roa Triana
Felipe Lozano Ortega
Secretaria ejecutiva
Berenice Cristancho Vera
Practicantes
Dariana Rodríguez Barral
Camilo Andrés Gómez Contreras
Óscar Penagos Pedraza
María Isabel Téllez Colmenares
Angélica María Herrera Feijoo
Gabriel Alejandro Delgado Jiménez
Proyecto de ampliación y renovación
Camilo Andrés Sánchez Arango
María Paola Jiménez Hinestrosa
Digypsy Jorge Suárez
Alan René Correa Antia
Vanessa Angélica Garnica Ángel
Óscar Eduardo Vallejo Ortega
Comunicaciones
María Andrea Izquierdo Manrique
Sandra Vargas Jara
María Camila López Moreno
Practicantes
Ángela María Agudelo Urrego
Angélica Campos Benavides
Carlos Mauricio Galvis Valderrama
Corrección de estilo
Natalia Iriarte Guillén
Eventos especiales y mercadeo
María Lucía Buraglia Casas
Practicantes
María Camila Marín González
Juliana Lobo-Guerrero Duque
Planeación y control presupuestal
Diego Camilo Charry Sánchez
María Yaneth Triana Betancur
Asesoría Jurídica
Édgar Suárez Vega
Secretaria ejecutiva
María Liliana Castillo Prieto
Informática
Giovanny Andrés Espitia Roa
Diego Andrés Díaz Gómez
Mesa de ayuda
Freddy Alexander López
Administración
Jorge Augusto Márquez Pabón
Jesús Narváez Maya
Auxiliar administrativa
Mileidy Johana Orjuela Monroy
Auditorio Teresa Cuervo Borda
Julián Erazo López
Boletería
Juan Carlos Galarza Pinto
Conductor
Jorge Bernal Muñetón
Mensajero
Miguel Antonio Hurtado Espinel
Seguridad
Compañía Andina de Seguridad - Andiseg
Aseo
Eminser Ltda.
Asociación de
Amigos del Museo Nacional
Directora ejecutiva
María de los Ángeles Holguín Pardo
Administración
Alexandra Mora Hurtado
María Angélica Angulo Tayo
Santiago Plötze Toro
Sebastián Santacruz González
Carolina Giraldo Castro
Marcela Chiriví Borbón
Felipe Castillo Camacho
La Tienda
Aldemar Portela Ticora
Juan Esteban Flórez Sánchez
este catálo
g
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museo nacional de colombia

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El Museo en el museo. Un lugar entre el XIV y el XX

  • 1. organizan apoya un lugar entre el xix y el xx m u s e o n a c i o n a l d e c o l o m b i a museo nacional de colombia
  • 2. Fabricante desconocido Vestido de día que perteneció a María de la Torre de Herrera Ca. 1855 Brocado de seda con cuello y puños en organdí cosidos a mano (detalle)
  • 3. un lugar entre el xix y el xx Del 13 de abril al 24 de junio de 2018
  • 4. © Ministerio de Cultura Museo Nacional de Colombia ISBN 978-958-753-281-4 bogotá, mayo de 2018 Curaduría Ángela Gómez Cely Samuel León Iglesias Corrección de textos catálogo y exposición Natalia Iriarte Guillén Traducción de textos exposición Sally Station Diseño catálogo Neftalí Vanegas Menguán Preprensa Javier Tibocha Maldonado Fotografía Ernesto Monsalve María José Echeverri Jairo Gómez Carlos Muñoz Juan Camilo Segura Sergio Trujillo Gustavo Pérez Ángela Gómez Samuel Monsalve Impresión Legis
  • 5. Presentación | 3 | Para el caso de Occidente, el concepto de modernidad ha sido un fenómeno que ha suscitado un sinnúmero de debates en los entornos académicos, donde se discute recurrentemente cuál ha sido su momento y lugar exacto de origen: por una parte hay quienes argumentan que la transición entre el final de la Edad Media y el paso al Renacimiento debe ser vista como la primera modernidad debido a la serie de transferencias e intercambios producto de los viajes de exploración trasatlántica. Otros señalan el final del siglo XIX como otro momento de origen de ese tiempo moderno, relacionado con la creación de muchos Estados nación y los efectos de las prácticas capitalistas y de industrialización que fueron acogidas por muchos de esos nuevos países de acuerdo con sus posibilidades políticas y sociales. Un tercer grupo identifica la irrupción de la modernidad en la primera mitad del siglo XX, en especial entre las décadas de 1940 a 1960, producto de los efectos de restauración social, política y económica que derivaron luego de la culminación de la segunda guerra mundial. En cualquiera de esos momentos, la entidad museo puede ser vista como un agente transversal, unas veces más activo y otras más pasivo, de ese sinfín de transformaciones sociales: desde los gabinetes de curiosidades renacentistas como espacios de presentación de los objetos exóticos resultados de la exploración de nuevas geografías que acompañaban otras muestras que subrayaban el ejercicio del poder emanado de nobles y reyes, pero también como espacios ya abiertos al amplio público, donde sin embargo prevalecía el gusto de las élites y que fueron utilizados como herramientas de una educación dirigida a moldear los comportamientos de los ciudadanos decimonónicos. Igualmente, como lugares concebidos desde su inicio como entidades con un carácter eminentemente moderno, cuando su objetivo fue precisamente convertirse en espacios de circulación exclusiva del arte que intentaba expresar el espíritu del tiempo de esa primera mitad del siglo XX, reflejado en los productos de las vanguardias artísticas. Todos los puntos anteriores son por ende elementos de inspiración de esta muestra en la que el Museo Nacional de Colombia le abre sus puertas al Museo del Siglo XIX, para señalar que la responsabilidad del cuidado de sus colecciones que le fue encomendada en el año 2011 continúa activa y vigente, hasta tanto se lleve a cabo la reapertura en su nueva sede en el centro de Bogotá durante los próximos años. Así mismo, al presentar una selección de su acervo patrimonial a la luz de una refrescante y renovada aproximación a los efectos de una de esas modernidades señaladas anteriormente, el Museo Nacional de Colombia quiere honrar la memoria de Aída Martínez Carreño y Rosaema Arenas Abello, quienes desde la dirección del Museo del Siglo XIX señalaron la necesidad de concentrar la mirada en muchos de los fenómenos sociales, políticos y culturales acaecidos durante la mayor parte del siglo XIX y las primeras décadas del XX en nuestro país, tarea que quedó materializada en una rica colección y en una serie de exposiciones temáticas, al igual que en un repertorio de publicaciones que son hoy referente ineludible sobre ese periodo histórico. El museo en el museo como un lugar que vaya más allá de un exclusivo ejercicio de nostalgia por un tiempo ido, que supere la volátil inmediatez con la que vivimos el presente y que además avizore un futuro propicio y esperanzador para una institución museal que amerita volver a ver la luz, acompañada de los intereses de las ciudadanías del presente milenio en su necesidad de dialogar con la historia y los patrimonios culturales que le dan su forma y sentido. da n i e l c a s t r o b e n í t e z Director Museo Nacional de Colombia
  • 6. Agradecimientos Archivo General de la Nación Fundación Patrimonio Fílmico Instituto Caro y Cuervo Villegas Editores Margarita Guevara Ruiz María Victoria Gálvez Izquierdo Naila Katherine Flor Ortega Santiago Robledo Páez Sergio Trujillo Dávila
  • 7. EL MUSEO DEL SIGLO XIX: UNA CASA PARA UN MUSEO Y UN MUSEO PARA UNA ÉPOCA Ángela Gómez Cely y Samuel León Iglesias pág. 10 CON- TE- NIDO COLOMBIA1880- 1930: ENTRE LA MODERNIDAD POLÍTICA, LA CIVILIZACIÓN Y LA MODERNIZACIÓN ECONÓMICA Naila Katherine Flor Ortega pág. 26 EXPORTAR PARA CIVILIZAR E IMPORTAR EL PROGRESO Santiago Robledo Páez y Naila Katherine Flor Ortega pág. 36 LOS MODERNOS DEL 900. LOS LUGARES DE LO PÚBLICO Y LO PRIVADO Ángela Gómez Cely y Samuel León Iglesias pág. 46 DE REVISTAS, PAISAJES, MANTILLAS Y RUANAS: MOMENTOS DE LA MODERNIDAD EN BOGOTÁ (1880 - 1930) Samuel León Iglesias pág. 62 CATÁLOGO pág. 74 BIBLIOGRAFÍA pág. 120 LISTA DE IMÁGENES pág. 126 capítulo 1 capítulo 2 capítulo 3 capítulo 4 capítulo 5
  • 8. Abanico de plumas de avestruz | detalle |
  • 9. Introducción | 7 | EL MUSEO EN EL MUSEO. UN LUGAR ENTRE EL XIX Y EL XX Esta exposición está construida como una especie de palimpsesto en el cual tiempos y lugares se interrelacionan y construyen un universo múltiple que tiene como escenario al museo. La muestra está articulada en cuatro nociones –desear ser, trabajar para tener, tener para ser y ser o no ser– que buscan reinterpretar algunas de las formas en que la sociedad colombiana entró a la modernidad a partir de diversas prácticas culturales, sociales y políticas entre el final del siglo XIX y el comienzo del siglo XX, así como la tarea que el Museo del Siglo XIX llevó a cabo durante más de tres décadas. Por otra parte, el Museo Nacional de Colombia tiene un reto al poner de presente la responsabilidad de señalar un tiempo futuro para el Museo del Siglo XIX, el cual, por su vocación original, estuvo dedicado a una época específica y cuenta con un rico y variado conjunto patrimonial. Por ello, se quiere mostrar variadas posibilidades interpretativas de ese periodo histórico al igual que otras formas de abordar una selección de sus colecciones, las cuales le dieron al museo invitado una personalidad propia y le permitieron desarrollar una febril actividad. A continuación, y como un preámbulo a los ensayos sobre el Museo y el periodo histórico investigado, se estructuran una serie de frases a partir de las temáticas mencionadas, las cuales pueden ser leídas de manera secuencial o aleatoria y constituyen un punto de entrada de este museo que contiene a otro museo, a través de un juego de interrelaciones y reinterpretaciones de tiempos y lugares: Entre el XIX y XX el tiempo y lugar del desear ser fue dejar un pasado oscuro y “bárbaro” e ir en pos de la luz de la civilización, así como buscar mi lugar en el mundo y otorgarle lugares diferentes a los otros. En el XXI el desear ser es buscar el vacío y el vértigo en medio del permanente tedio. Entre el XIX y XX el tiempo y lugar del trabajar para tener era alcanzar distinción social y construir mi lugar sin el otro.
  • 10. El museo en el museo | 8 | En el XXI el trabajar para tener es ocuparse en acumular para desechar. Entre el XIX y XX el tiempo y lugar del tener para ser era marcar las diferencias y buscar un lugar para compartir solo con mis pares. En el XXI tener para ser es aceptar y reivindicar las diferencias, así como transitar por todos los lugares sin barreras. Entre el XIX y XX el tiempo y lugar del ser o no ser era pertenecer solo a mi lugar y ser dueño de mi tiempo. En el XXI ser o no ser es relativizar el tiempo y estar en muchos sitios para no estar en ninguno. Con lo anterior se propone que ese Museo del Siglo XIX, ya inscrito en el XXI, pueda ser un tiempo y espacio en el que Desear ser proponga una manera inédita de interpretar y leer el pasado que el Museo ha decidido convertir en su fuente de inspiración para conjurar el tedio y afrontar el vértigo, Trabajar para tener permita aprovechar el variado universo de sus colecciones para ser interrogadas con nuevos y curiosos ojos y mentes, Tener para ser active el reconocimiento de las diferencias más que la homologación de lo similar y Ser o no ser cuestione las maneras en que un país lee y se comporta dentro de un tiempo histórico y hace su horizonte de expectativa. Esperamos, por lo tanto, que este ejercicio permita a nuestros espacios museales, así como al ciudadano, reconocer que una institución cultural del siglo XXI tiene la obligación de ser un espacio de convergencias, tiempos, lugares, experiencias e indagaciones sobre lo que hemos sido, lo que somos y lo que seremos. Allí será posible y necesario mantener viva la tarea de preservación patrimonial, al igual que la de incentivar una vocación crítica que redunde en una construcción de ciudadanía plural, diversa y sensible por medio de una lectura palimpséstica, múltiple y polisémica de la historia.
  • 11. Abanico de plumas de avestruz | detalle |
  • 12. Salón del retrato | detalle |
  • 13. El Museo del Siglo XIX: una casa para un museo y un museo para una época | 11 | EL MUSEO DEL SIGLO XIX: UNA CASA PARA UN MUSEO Y UN MUSEO PARA UNA ÉPOCA Ángela Gómez Cely y Samuel León Iglesias Curaduría de Arte Museo Nacional de Colombia Con el fin de favorecer la recuperación de un sector del barrio La Candelaria cercano a la Casa de Nariño, el Fondo Cultural Cafetero adquirió una casa de estilo republicano para su funcionamiento, que presentaba un desafío inmediato: su restauración integral y su respectiva adecuación. Sin embargo, no existía en la época de esa decisión información muy precisa sobre aspectos cotidianos del siglo XIX colombiano, y tampoco había instituciones que trabajaran aquellos temas, por lo que se imponía la necesidad de investigar sobre el tipo de construcción de la casa y su periodo de uso doméstico entre 1880 y 1920 aproximadamente. Las características propias del inmueble, unidas a la documentación sobre su historia, condujeron a la idea de crear un museo que diera cuenta de varios aspectos de la época en la que fue habitada la propiedad, entre finales del siglo XIX y las tres primeras décadas del XX. El objetivo del Museo del Siglo XIX, creado el 14 de agosto de 1980, consistió entonces en “impulsar un proceso de comprensión, reconocimiento y valoración del código que para la vida, la cultura y las relaciones humanas fue adoptándose lejos del patrón español y que se extiende hasta 1930 aproximadamente”1 . Dicho propósito fue enriquecido por la constante investigación histórica del periodo de estudio del Museo, la organización de exposiciones temáticas, las actividades del Departamento Educativo y la biblioteca que, además de un fondo bibliográfico especializado en el siglo XIX, contaba con un banco de imágenes y material audiovisual para el trabajo de mediación con los públicos. El Fondo Cultural Cafetero realizó una serie de publicaciones para divulgar los aportes a la historia del periodo que el Museo iba llevando a cabo. De esta manera, el Fondo se convirtió en una editorial de constante estímulo a las investigaciones especializadas en variados aspectos del siglo XIX, las cuales contribuyeron a nutrir las labores académicas y despertaron el interés del público general en aspectos históricos y de la vida cotidiana, no abordados en un principio por la historiografía tradicional. Dado el marcado interés por dar cuenta de la vida cotidiana de finales del XIX, la casa se constituyó también en una pieza central de la colección, ya que podía reflejar los ambientes originales de las residencias del periodo, sus usos, distribución y caracterización arquitectónica. La historiadora Aída Martínez Carreño (1940 - 2009) trabajó desde 1971 para el Banco Cafetero y luego pasó a dirigir el Fondo Cultural Cafetero en 1975, tres años después de la fundación del mismo. Durante quince años dirigió el Museo en compañía de un equipo de asesores, integrado por historiadores como Pilar Moreno de Ángel (1929 - 2006), Jaime Jaramillo Uribe (1917 - 2015) y Juan 1 | Julia Rodríguez y Helena Saavedra, Reflexiones sobre animación. Experiencias pedagógicas en el museo (Bogotá: Organización de los Estados Americanos (OEA) y Fondo Cultural Cafetero, 1988), 10. capítulo 1
  • 14. El museo en el museo | 12 | Luis Mejía Arango; escritores como Andrés Holguín Holguín (1918 - 1989) y José Chalarca Atehortúa (1941 - 2015); y empresarios relacionados con la cultura del café como Rodrigo Múnera Zuluaga, José Vicente Vargas Salgado (1956 - 2006) y Gabriel Mejía Vélez, entre otros. Igualmente, durante este periodo el Museo recibió importantes contribuciones y asesoría por parte de historiadores especialistas en el siglo XIX colombiano como Frank Safford y Malcolm Deas. El historiador Pablo Rodríguez resume el impacto de la gestión de la directora, la Junta Asesora y los investigadores asociados en el esfuerzo del Museo por nutrir de contenidos sus espacios expositivos. Sobre el particular señala que: en la creación de este museo surgió con fuerza la idea de la identidad, y toda su complejidad. Y fue en los ámbitos de la cultura material, del vestido y la alimentación (a los que habría que sumar la vivienda), donde éstos podían precisarse. Pero en Colombia no existía una tradición de estudios sobre estos temas, […] así que el trabajo investigativo de Aída debió superar grandes limitaciones. Fuentes iconográficas, literarias e históricas fueron revisadas, seleccionadas y organizadas pacientemente por Aída para elaborar estos estudios2 . Con el apoyo de la Junta Asesora, el Museo del Siglo XIX desarrolló una manera propia de contar múltiples historias, a través de las diferentes colecciones que estaba conformando. Esta forma propia puede resumirse así: No hay en este museo héroe, ni personaje, ni mecenas, ni artista único. No ocurrieron en esta casa hechos históricos o notables en la vida nacional. No se conmemoraron a través de esta institución fecha especial o hecho heroico alguno. Se trata de visualizar, a través de las existencias más o menos anónimas, el transcurso de un país en su periodo decisivo. Aciertos, dudas y confusiones son parte de este proceso, en todos los órdenes. No glorificamos ni exaltamos una generación, ni defendemos un planteamiento ideológico. Destacamos sí, una época que fue marco de las grandes decisiones y experiencias nacionales: la independencia; la exploración científica del territorio; los procesos de colonización interna; la implantación de sistemas de comunicación y transportes; los debates filosóficos y religiosos; la aparición de los primeros valores literarios; la organización política; las bases para la instrucción pública y el comienzo de una economía basada en el café3 . 1 | María José Echeverri | fachada del museo del siglo xix | 2011 2 | María José Echeverri | patio del museo del siglo xix | 2011 2 | Pablo Rodríguez, “En memoria de Aída Martínez Carreño (Bucaramanga 16-4-1940 - Bogotá 28-5-2009)”, Historia Crítica, n.º 38 (mayo de 2009): 9-13. 3 | Rodríguez, “En memoria de…: 11.
  • 15. El Museo del Siglo XIX: una casa para un museo y un museo para una época | 13 | 3 | Gustavo Pérez Dussán | salón verde | 1989 4 | María José Echeverri | salón rojo | 2011
  • 16. El museo en el museo | 14 | 6 | María José Echeverri | salón de moda | 2011 5 | María José Echeverri | sala de paisaje | 2011
  • 17. El Museo del Siglo XIX: una casa para un museo y un museo para una época | 15 | De la anterior cita, que equivale a una declaración de sentido, podemos concluir que el Museo deseaba capturar el espíritu de un periodo histórico con una visión que le daba cabida a sujetos y acontecimientos de los cuales se había ocupado escasamente la escritura de la historia de Colombia hasta ese momento. Las salas permanentes se dotaron de mobiliario propio de la época de estudio y se complementaron con colecciones de pintura, escultura y artes decorativas. La directora y la Junta Asesora realizaron un cuidadoso trabajo para acercar al público a los objetos del siglo XIX, a partir del cual la casa contó con salas de exposición permanente dedicadas a recrear los espacios de sociabilidad al interior de los hogares de la época y salas temáticas en las que se mostraban objetos relacionados con la moda, el arte y la gastronomía. Los ejercicios de investigación fueron la materia prima de exposiciones temporales relacionadas con las colecciones del Museo del Siglo XIX. La primera de ellas fue Un siglo de moda en Colombia 1830 - 1930 (1981), curada por Martínez Carreño con la asistencia del maestro Enrique Grau (1920 - 2004), Peter Egen y Virginia Harker de Serrano. Esta exposición inició la colección de indumentaria gracias a la donación de particulares, como las familias Umaña Carrizosa, Wilches, Hederich, Van Meerbeck Posada, Solano, Arboleda, Herrera y Fonseca, entre muchas otras. Este ejercicio abrió también un campo de estudio sobre la historia del traje en Colombia que años después permitió adelantar proyectos para estudiar la colección de indumentaria del Museo en el ámbito textil en asocio con la Corporación Textil Nencatacoa entre 1990 y 1994, trabajo que complementó el escritor Antonio Montaña (1932 - 2013) al publicar en 1993 el libro Cultura del vestuario en Colombia y Martínez Carreño con el libro La prisión del vestido. Aspectos sociales del traje en América, publicado en 1995. Si bien las exposiciones y las publicaciones eran la forma en que el Museo podía desarrollar su tarea fundamental de divulgación, no es menos importante la formación y consolidación de la colección. 7 | María José Echeverri | salón del retrato | 2011 8 | Antonio Montaña | cultura del vestuario en colombia | 1993
  • 18. El museo en el museo | 16 | 9 | Fabricante desconocido | vestido de día que perteneció a maría de la torre de herrera | Ca. 1855
  • 19. El Museo del Siglo XIX: una casa para un museo y un museo para una época | 17 | A este respecto, Martínez Carreño comentó lo siguiente: En 1980 empecé a reunir una colección de trajes antiguos para el Fondo Cultural Cafetero, que se conformó con donaciones de hermosas piezas, perfectamente documentadas, porque habían sido guardadas por las familias de sus dueños originales. En algunos casos, junto con el vestido vinieron las fotografías y otros documentos, incluidos los datos biográficos de la dama o el caballero que habían lucido la prenda4 . Este proceso era respaldado por la búsqueda minuciosa de documentación relacionada con las prendas, su procedencia, sus usos y su datación. Dicha investigación era complementada con entrevistas que se realizaban a los miembros mayores de las familias donantes, quienes recordaban “detalles de la indumentaria de sus padres o de sus abuelos, y que en su memoria pudieran remontarse cien años atrás”5 . Una exposición que rescató a un artista del pasado fue Dionisio Cortés M. Escultor, 1863 - 1934, realizada en 1982. En esta oportunidad se compartió con el público no solamente su obra escultórica, sino también las fuentes documentales utilizadas por Aída Martínez Carreño para escribir la biografía del artista. Otra exposición que acogió temas de la vida cotidiana fue Mesa y cocina en el siglo XIX (1985), que abordó la historia de la gastronomía en Colombia, pasando por utensilios de cocina, recetarios y los orígenes de platos típicos. La riqueza de la exposición permitió publicar un libro del mismo nombre en el cual se presentó al público los resultados de la investigación. También se realizaron exposiciones sobre diversos temas de cultura colombiana como: Domingo Moreno Otero. Línea y Color, 1982; Visiones de la Sabana de Bogotá, 1983; Cien Marías, cien ediciones de la novela de Jorge Isaacs, 1985; y Cartulinas de amor y cortesía: historia de la tarjeta postal, 1990. Con el tiempo, se conformó una biblioteca especializada en temas del siglo XIX, principalmente historia del vestido, vida cotidiana, literatura romántica y costumbrista, teatro, historia de Bogotá, biografías, historia del arte e historia de Colombia. Con el apoyo de Bancafé y la Federación Nacional de Cafeteros, la siguiente directora del Museo, Rosaema Arenas Abello, logró diversificar las actividades de la institución a otros ámbitos. Por ejemplo, en el año 2000 se creó el café-libro La Giralda6 y tres años después se inauguró el restaurante La Tertulia de la Giralda en el edificio Pedro A. López, en donde se ofrecían también al público los servicios de librería y una galería 4 | Aída Martínez Carreño, “Más allá de la palabra. Experiencias y reflexiones sobre el uso de fuentes no escritas para el conocimiento de la vida material”, Historia Crítica, n.o 29: 71. La documentación citada por Martínez Carreño en este artículo se encuentra extraviada. 5 | Martínez Carreño, “Más allá de la palabra…: 71. 6 | “En el Museo del Siglo XIX”, El Tiempo, 27 de octubre de 2000, http:/ /www.eltiempo.com/ archivo/documento /MAM-1272467. 10 | Autor desconocido | imagen de la exposición un siglo de moda en colombia 1830 - 1930 | 1981 11 | Autor desconocido | imagen de la exposición mesa y cocina en el siglo xix | 1985 12 | Aída Martínez Carreño (1940 - 2009) / Fondo Cultural Cafetero | mesa y cocina en el siglo xix | 1985
  • 20. El museo en el museo | 18 | para exposiciones temporales. En esa gestión se completó también la colección gracias a las investigaciones y a la adquisición de piezas, lo cual permitió que se crearan nuevas salas temáticas que albergaban objetos como tarjetas postales, miniaturas, dibujos y caricaturas. En 1991 se adquirió la Botica de los Pobres y se abrió al público una sala destinada a la realización de exposiciones temporales de artistas contemporáneos. En el periodo transcurrido entre 1990 y 2004 se realizaron conciertos de música clásica, se editaron libros sobre la historia de los medios de transporte en Colombia, de literatura colombiana y de historia del arte colombiano, y se organizaron exposiciones temporales de arte contemporáneo, que contaron con obras de Pierre Daguet (1903 - 1980), Gonzalo Ariza (1912 - 1995), Lucy Tejada (1920 - 2011), Omar Rayo (1928 - 2010), Teresa Cuéllar “Teyé”, Beatriz González Aranda, Zofia Ahrens, Mauricio Jaramillo Escobar y Gustavo Zalamea (1951 - 2011), entre otros. Durante veinte años el Museo logró conformar una valiosa colección de cultura material7 del siglo XIX con 681 prendas que van desde 1830 hasta 1970 –única colección de indumentaria original a nivel nacional–, 630 miniaturas, dibujos, caricaturas, tarjetas postales y fotografías, 101 pinturas, 39 esculturas, 100 muebles y 174 objetos de artes decorativas. La colección del Museo llegó a tener 1.725 objetos catalogados. Así, el Museo fue constituyendo un lugar de evocación de una época y reflexión sobre su historia al consolidar cada vez más una labor documental, museológica y cultural para el disfrute y aprovechamiento de los públicos, con base en lo cual se empezó a vincular activamente al visitante en procesos de aprendizaje, memoria y análisis en torno a una visión de identidad nacional. La animación cultural: un trabajo pionero en apropiación patrimonial En el segundo semestre de 1984 se creó el Departamento Educativo del Museo del Siglo XIX con el propósito de crear nuevas herramientas de aprendizaje dirigidas a la niñez y a la juventud. A partir de este año, las coordinadoras del Departamento, Julia Rodríguez y Helena Saavedra, empezaron a realizar talleres didácticos con grupos focales de niños y jóvenes entre cuatro y catorce años. Estos talleres produjeron dos herramientas para explorar la historia del Museo, sus colecciones y su impacto a nivel local. La primera de ellas fue la Linterna mágica, una secuencia de dibujos que ayudaba a contar la historia de la casa a los niños más pequeños. La segunda, el sonoviso Me gusta mi ciudad, tenía el objetivo de invitar a niños y jóvenes a imaginar múltiples historias sobre el barrio La Candelaria, las costumbres de épocas pasadas, la organización de la casa, sus espacios y sus objetos. Se crearon también dos tipos de talleres para trabajar con los públicos infantiles: uno para niños entre cuatro y doce años relacionado con los aguinaldos navideños, cuyo objetivo era recuperar las tradiciones relacionadas con la vida cotidiana entre los años 1800 y 1899; y otro dirigido a niños entre diez y trece años cuya finalidad era conocer históricamente el siglo XIX a través de la literatura, el juego, la imaginación y la fantasía. 7 | Entendemos por cultura material el conjunto de objetos que, a través de su estudio, permiten reconstruir aspectos culturales del desarrollo humano en un determinado periodo histórico. Al respecto, ver: Ismael Sarmiento Ramírez, “Cultura y cultura material: aproximaciones a los conceptos e inventario epistemológico”, Anales del Museo de América 15 (2007). 13 | Autor desconocido | imagen del taller del artista en el álbum de fotografías de dionisio cortés. exhibida en la exposición dionisio cortés m. escultor 1863 - 1934 | Ca. 1910
  • 21. El Museo del Siglo XIX: una casa para un museo y un museo para una época | 19 | sobre Trabajo Pedagógico en Museos y Casas de Cultura en 1985. Este seminario-taller estaba conformado por dos conferencias sobre planteamientos metodológicos en el plano educativo de la escuela y el museo, sumadas a cinco talleres teórico-prácticos sobre lectura de la imagen, animación teatral, pedagogía musical, animación infantil y aproximación a la plástica. Las conferencias y los talleres del seminario-taller fueron dirigidos por Francisco Cajiao Restrepo, Daniel Nieto, Rubén di Pietro, Silvia Portorrico, Olga Parra, María de la Luz Giraldo de Puech, Víctor Manuel Rodríguez, Beatriz González Aranda y Daniel Castro Benítez. En 1986, el Museo del Siglo XIX buscó el apoyo de la Organización de los Estados Americanos (OEA), a través de la Oficina de Relaciones Exteriores del Ministerio de Educación Nacional para la realización de un programa educativo en torno a la animación cultural. Este apoyo interinstitucional permitió realizar el evento Experiencia Piloto en Formación de Jóvenes Animadores Culturales (1986 - 1987), en el que participaron representantes de diferentes regiones del país, así como invitados de Costa Rica, Ecuador, Perú, República Dominicana y Venezuela. Durante el encuentro, se llevaron a cabo dos seminarios teóricos y seis seminarios teórico-prácticos. Las conferencias trataron temas relacionados con la animación cultural, la historia del arte, la historia de la arquitectura, la historia económica y social del país, la historia musical colombiana, la antropología social, la psicología social, las instituciones culturales, la animación en el lenguaje de la imagen, la literatura y el teatro. Estos talleres permitieron a los asistentes obtener un marco general sobre la cultura colombiana, sus orígenes, desarrollo y transformaciones. La experiencia piloto contó con la participación de especialistas como Virginia Gutiérrez de Pineda (1921-1999), Monserrat Ordóñez (1941 - 2001), Marta Fajardo de Rueda, Ángela María González, Amalia Iriarte Núñez, Humberto Dorado, Patricia Méndez, Beatriz González Aranda, Manuel Valdivia Santiago, Federico 14 | Julia Rodríguez y Helena Saavedra / Organización de los Estados Americanos / Fondo Cultural Cafetero | reflexiones sobre animación. experiencias pedagógicas en el museo | 1988 Estas experiencias llevaron al equipo educativo a plantearse preguntas sobre la animación cultural, tendencia innovadora en ese momento, la cual se definía como una acción específica [del] animador quien se pone al servicio de una comunidad para estimular una problemática interna despertando la creatividad de cada individuo para que tome conciencia de las exigencias surgidas de esta problemática y se organice operativamente para expresarlas8 . El desarrollo de los talleres y las actividades con niños y jóvenes se unió a las experiencias educativas de mediación realizadas entre los públicos y las colecciones, las cuales habían sido llevadas a cabo previamente en el Museo Nacional de Colombia y en el Museo de Arte Moderno de Bogotá. Las preguntas sobre su quehacer en el ámbito de la animación cultural condujeron al equipo educativo a organizar el I Seminario-Taller 8 | Citado en: Rodríguez y Saavedra, Reflexiones sobre animación…, 14.
  • 22. El museo en el museo | 20 | Martín Nebras, Néstor Tobón Botero, Omar Chanona Burguete, Santiago Mora Camargo, Jaime Jaramillo Uribe, José Chalarca, Álvaro Villar Gaviria (1921 - 1999) y Luis Antonio Escobar (1925 - 1993). Dentro del marco de aplicación del proyecto de animación cultural en el Museo del Siglo XIX, se dio inicio a un convenio con la Universidad Pedagógica Nacional para la realización de prácticas pedagógicas del programa de licenciatura en Historia, cuyo objetivo fue la elaboración de programas educativos innovadores que se centraban en el Museo considerado como fuente de documentación histórica9 . Al final de estos seminarios surgieron una serie de proyectos basados en la animación cultural para ser aplicados por los participantes en diferentes instituciones a nivel nacional e internacional. 15 | María José Echeverri | botica de los pobres | 2011 16 | Guillermo Maldonado Pérez | la botica de los pobres y de boticas y farmacias | 1991 9 | Rodríguez y Saavedra, Reflexiones sobre animación…, 119-123.
  • 23. El Museo del Siglo XIX: una casa para un museo y un museo para una época | 21 | Una fructífera labor editorial A partir de la década de 1970, el Fondo Cultural Cafetero, entidad que en 1980 crearía el Museo del Siglo XIX, editó estudios sobre historia y economía del café en Colombia impulsados por el Banco Cafetero, en donde publicaron economistas y banqueros especialistas del sector como Otto Morales Benítez (1920 - 2015), Alfonso Grisales García, Miguel Urrutia Montoya, Roberto Junguito Bonnet, Marco Palacios y Diego Pizano Salazar. Posteriormente, el Fondo publicó una “colección popular de libros, dirigida al lector colombiano, con la esperanza de llenar un vacío en los medios rurales y de servir de estímulo y consulta en diferentes áreas del conocimiento, dando siempre preferencia a temas y autores nacionales”10 . La colección, agrupada bajo el nombre Ediciones Fondo Cultural Cafetero, reunió trabajos de autores que versaban en temas literarios, científicos, históricos y técnicos, dirigidos a las regiones en donde el Fondo tenía presencia. Otra colección fue Herencia Colonial (1967 - 1980) la cual presentaba, a través del registro visual de reconocidos fotógrafos como Hernán Díaz (1931 - 2009), Abdú Eljaiek y Germán Téllez, una visión del patrimonio 10 | Presentación a Kundry y otras obras, de Gabriel Latorre Jaramillo (Medellín: Fondo Cultural Cafetero, 1977), 7. 19 | Néstor Tobón Botero | arquitectura de la colonización antioqueña | 1986 arquitectónico del periodo colonial en diferentes regiones del país. Otro proyecto editorial importante fue la colección en cinco volúmenes titulada Arquitectura de la Colonización Antioqueña (1985 - 1989) realizada por Néstor Tobón Botero. Estos dos ejemplos dan cuenta de los intereses editoriales del Fondo de ampliar su mirada al patrimonio arquitectónico nacional. El Fondo Cultural Cafetero también publicó monografías dedicadas a personajes históricos y artistas del pasado que no habían sido estudiados en profundidad. Ejemplos de estas investigaciones fueron los libros: Las Ibáñez (1981) del bibliotecólogo Jaime Duarte French (1921 - 2003); Dionisio Cortés Mesa. Escultor (1982) de Aída Martínez Carreño, Margarita Monsalve (1948 - 2016) y Ana Roda Fornaguera; Ricardo Rendón, una fuente para la historia de la opinión pública (1984) del historiador Germán Colmenares (1938 - 1990); Soledad Acosta de Samper. Una nueva lectura (1988) de Monserrat Ordóñez; y Manuel D. Carvajal: la pintura como autobiografía (2001) de Juan Luis Mejía Arango. En relación con publicaciones literarias, destacamos los siguientes títulos: Kundry y otras obras (1977) de Gabriel Latorre (1868 - 1935); Aldea: una novela y treinta cuentos 17 | Marina González de Cala | domingo moreno otero. memoria de una época | 2002 18 | Marta Fajardo de Rueda | jesús maría zamora: discípulo de la naturaleza | 2003
  • 24. El museo en el museo | 22 | 22 | Germán Colmenares (1938 - 1990) | ricardo rendón. una fuente para la historia de la opinión pública | 1984 de la provincia y del agro (1981) del escritor Adel López Gómez (1900 - 1989); Cuatro ensayos sobre la poesía de Aurelio Arturo (1989) de William Ospina; el libro de poesías El transeúnte (1984) de Rogelio Echavarría (1926 - 2017); y la antología literaria Café con amor (2001) compilada por la crítica literaria Luz Mary Giraldo y el poeta Henry Luque Muñoz (1944 - 2005). En la década de 1990 el Fondo coordinó la edición de una colección de libros sobre los medios de transporte en Colombia, coeditados con Bancafé, algunos de los cuales son: A lomo de mula (1994) del antropólogo Germán Ferro Medina; A todo vapor (1996) de Antonio Montaña; Colgados de las nubes: historia de los cables aéreos en Colombia (1997) de Gustavo Pérez Ángel; En el recodo de todo camino (1998) de Juan Luis Mejía Arango; y Otro cóndor sobre los Andes: historia de la navegación aérea en Colombia (1999) de Gustavo Arias de Greiff. El trabajo editorial del Fondo Cultural Cafetero culminó con cuatro publicaciones que actualmente constituyen textos de consulta obligada para estudiar temas específicos de la historia del arte colombiano. Los títulos de estos libros son: El daguerrotipo en Colombia (2000) de la historiadora Pilar Moreno de Ángel; Domingo Moreno Otero. Memoria de una época (2002) de Marina González de Cala; Jesús María Zamora: discípulo de la naturaleza (2003) de Marta Fajardo de Rueda; y El arte colombiano en el siglo XIX: Colección Bancafé (2004) de Beatriz González Aranda. El trabajo del Fondo en cuanto a sus publicaciones puede considerarse innovador en el campo de las letras y la historia del arte nacional, ya que se llegaron a financiar y publicar más de cien títulos que cubrieron variados aspectos relacionados con la historia colombiana del siglo XIX y la economía cafetera. Por ende, resulta de particular importancia el aporte en materia de investigación histórica que desarrolló el Museo con el apoyo de historiadores externos, trabajo que se relaciona con la labor de construcción de una nueva visión sobre la historia colombiana que se venía gestando desde la década de 1960 gracias a los aportes de historiadores como Jaime Jaramillo Uribe, Germán Colmenares, Álvaro Tirado Mejía y Jorge Orlando Melo, cuyo propósito fue escribir una historia con una metodología científica que involucrara otras disciplinas sociales y se destacara por la solidez argumentativa y la revisión de una amplia documentación11 . 20 | Carmen María Jaramillo | gustavo zalamea. la ciudad y la pintura | 1994 21 | Efraín Sánchez Cabra | ramón torres méndez: pintor de la nueva granada 1809 - 1885 | 1987 11 | Jorge Orlando Melo, “Jaime Jaramillo Uribe. Orientador de la Nueva Historia”, El Tiempo, agosto de 1999.
  • 25. El Museo del Siglo XIX: una casa para un museo y un museo para una época | 23 | 24 | Beatriz González Aranda | el arte colombiano en el siglo xix: colección bancafé | 2004 En ese sentido, podemos decir que el Museo se sumó a los estudios históricos que transformaron la comprensión de la historia colombiana referida al siglo XIX. Su interés por dicho periodo lo llevó a establecer una lógica de investigación y documentación que surgió del estudio de su colección. Esta lógica le permitió enfrentarse al reto que todo museo se plantea desde sus comienzos: establecer diálogos entre el pasado de los objetos y el presente de los públicos que los disfrutan. Un legado a redescubrir Aun con todo el trabajo descrito anteriormente, el 11 de julio de 2011 el Museo del Siglo XIX cerró sus puertas al público. Este evento marcaba la clausura de su sede ubicada en la carrera 8 con calle 7 de la ciudad de Bogotá, la cual albergó durante más de treinta años de labores ininterrumpidas una colección única en su género en Colombia. El cierre estaba anunciado, puesto que Almacenes Generales de Depósito del Comercio (Almadelco), uno de los principales patrocinadores del Museo, había sido liquidado en 1999, y Bancafé, el otro patrocinador, había entrado en liquidación, proceso que tomó cuatro años, desde 2006 hasta 2010. Con el ánimo de no disgregar su colección, el Fondo Cultural Cafetero, entidad de la que dependía el Museo, emprendió dos acciones: entregó en comodato los objetos de su propiedad al Ministerio de Cultura con el fin de mantenerlos integrados a aquellos bienes de interés cultural que Bancafé ya había trasferido a la Nación y, además, celebró un convenio de asociación con el Ministerio de Cultura por medio del cual, entre 2007 y 2011, el equipo del Museo Nacional de Colombia asesoró y apoyó al equipo del Museo del Siglo XIX en la conservación preventiva de algunas piezas, especialmente de la obra en papel (dibujos, acuarelas, grabados y caricaturas). También se hicieron avances en el inventario, registro y catalogación de la colección. Al concluir definitivamente el proceso de liquidación del Banco en 2010, el Fondo Cultural Cafetero se vio en la necesidad 23 | Gabriel Latorre (1868 - 1935) | kundry y otras obras, primera publicación del fondo cultural cafetero | 1977
  • 26. El museo en el museo | 24 | 25 | Dionisio Cortés Mesa (1863 - 1934) | mercedes peñarredonda | 1908
  • 27. El Museo del Siglo XIX: una casa para un museo y un museo para una época | 25 | de asumir el cierre definitivo del Museo en todas sus áreas y de tomar decisiones con respecto a la sede y sus colecciones: por una parte había que vender la casa La Giralda, que había sido cuidadosamente recuperada y restaurada, y, por otra, se debía definir el destino y ubicación de la colección. En relación con esto último, el Ministerio de Cultura, miembro de la Junta Directiva del Fondo Cultural Cafetero, suscribió un contrato de comodato12 con el Fondo y es así como se garantizó desde 2012 la salvaguarda de la totalidad de la colección mientras se definía una nueva sede para el Museo, la cual se encuentra ya plenamente identificada: la casa natal del poeta Rafael Pombo en la vecindad inmediata del teatro Colón y el palacio de San Carlos. Desde entonces el Museo Nacional de Colombia ha destinado recursos para la conservación, investigación y catalogación de la colección. Otra de las labores definidas como parte del acuerdo es la divulgación de la misma, tarea que se ha realizado mediante la inclusión de algunas piezas en exposiciones permanentes y temporales del Museo Nacional, como por ejemplo las muestras Aserrín, Aserrán. Infancia en Colombia; Del Costumbrismo a la Academia. Hacia la creación de la Escuela Nacional de Bellas Artes; y Entre dos orillas: puentes, progreso, país, realizadas en 2012 y 2017 respectivamente. El Museo Nacional también puede autorizar el acceso de investigadores externos a la colección; ejemplo de esto es la consulta y toma de fotografías de esculturas de Marco Tobón Mejía (1876 - 1933) que se llevó a cabo para el libro Marco Tobón Mejía. Un escultor en busca de nuevos horizontes (2017), escrito por la historiadora del arte Marta Fajardo de Rueda. También se han hecho préstamos interinstitucionales para exposiciones temporales como, por ejemplo, Los niños que fuimos: huellas de la infancia en Colombia realizada por el Banco de la República en 2013. Así, podemos afirmar que el Museo del Siglo XIX sigue activo pese a que no tiene en la actualidad una sede permanente. Comprender el estado actual del Museo requiere revisar la historia desde su fundación y las acciones que consolidaron su colección y le permitieron ser una institución de vanguardia en lo referente al trabajo museológico, educativo y de investigación sobre una época en particular que desarrolló durante más de treinta años, que es parte del objetivo de la presente exposición, pero también lanzar otras miradas sobre el periodo que se convirtió en el marco cronológico de sus procesos de investigación y exhibición: la transición entre el final del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX en nuestro país. Es por ello que los artículos que se presentan a continuación, y cuyo contenido tiene implícitos los mismos ejes sugeridos por la muestra, buscan redescubrir nuevas formas de interpretación de un periodo de más de cincuenta años que fue determinante para la configuración de la nación colombiana a través de un sinnúmero de transformaciones políticas, económicas y sociales del país en el marco de una modernidad que se mantuvo en permanente construcción, hasta que ese concepto fue revaluado en su totalidad hacia la década de 1980 con los denominados postulados posmodernistas. Sin embargo, esto último no nos exime de la posibilidad de abordar nuevamente dichos procesos de trasformación, esta vez en un escenario de circulación como es un museo contemporáneo, que en este caso se convierte en un lugar duplicado –un museo dentro de otro museo–, todo con el fin de recordar que nuestras respectivas tareas son sujeto de una permanente, activa y dedicada investigación histórica, acompañada de un trabajo sostenido y cuidadoso de conservación de nuestros acervos patrimoniales. Lo anterior, con el fin de identificar un lugar de encuentro entre los ciudadanos y su patrimonio cultural con una mirada crítica sobre esos momentos de interrogación sobre lo que hemos sido, lo que somos hoy en día y lo que seremos en un futuro, de la misma forma en que se lo preguntaron en su respectivo momento histórico los ciudadanos colombianos de finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX. ◆ 12 | Según el Diccionario de la Real Academia Española (2018), un contrato de comodato es un préstamo de uso con la obligación de devolver la cosa prestada en un determinado plazo.
  • 28. Banco de la República | detalle|
  • 29. Colombia 1880 - 1930: entre la modernidad política, la civilización y la modernización económica | 27 | COLOMBIA 1880 - 1930: ENTRE LA MODERNIDAD POLÍTICA,LACIVILIZACIÓN YLA MODERNIZACIÓN ECONÓMICA Naila Katherine Flor Ortega Curaduría de Historia Museo Nacional de Colombia En Colombia, el siglo XIX estuvo marcado por varias guerras civiles: 1839 - 1842, 1851, 1854, 1860, 1876, 1885, 1895 y 1899 - 1902. La organización política así como la denominación del país, entre otros aspectos, estuvieron definidos por diversas constituciones. Las cartas políticas de 1821, 1830, 1832, 1843 y 1853 establecieron una organización estatal centralizada; por el contrario, las de 1858 y 1863 establecieron una formación estatal federal. Esta última, que dio al país el nombre de Estados Unidos de Colombia, legitimó las políticas liberales y creó una nación conformada por nueve Estados soberanos: Antioquia, Bolívar, Boyacá, Cauca, Cundinamarca, Magdalena, Panamá, Santander y Tolima. Los políticos que gobernaron bajo la Constitución de 1863 fueron conocidos como liberales radicales. Ellos dieron al Estado una organización federalista para así romper con la antigua tradición centralista impuesta por la Corona española y, segundo, para proveer a los Estados soberanos de autonomía en el manejo de sus propios asuntos. En materia económica siguieron el modelo del laissez-faire (dejar hacer), promovido por el liberalismo clásico. Bajo ese modelo pretendían incentivar la acción privada e impulsar las exportaciones y las importaciones. En el campo social adoptaron reformas desde la educación primaria hasta la universitaria, para poner al país a la altura de las “sociedades civilizadas”1 . Las políticas liberales y el modelo de Estado federal implementados causaron discordia en la década de 1870, aun entre los mismos liberales que adoptaron esas políticas y ese modelo de Estado. Las pugnas entre los partidos Liberal y Conservador por detentar el poder, y entre los Estados soberanos por definir sus políticas internas, condujeron al país a una crisis política y económica2 . Algunas facciones de los dos partidos apoyaron en 1880 la primera candidatura presidencial del cartagenero Rafael Núñez (1825 - 1894), exgobernador del Estado de Bolívar. Bajo el lema “regeneración administrativa fundamental o catástrofe”, Núñez promovió durante sus tres periodos de gobierno (1880 - 1882, 1884 - 1886 y 1892 - 1894) el cambio de las instituciones liberales y el establecimiento de un Estado nación moderno3 . Así se inició el régimen conocido como la Regeneración, conciliatorio de los intereses de algunas facciones conservadoras y de los liberales independientes. 1 | Rubén Sierra Mejía, introducción a El radicalismo colombiano del siglo XIX, ed. por Rubén Sierra Mejía (Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, 2006), 9-10. 2 | Frank Safford y Marco Palacios, Historia de Colombia: país fragmentado, sociedad dividida [2002] (Bogotá: Ediciones Uniandes, 2012), 456-459. 3 | Jorge Orlando Melo, “Núñez y la Constitución de 1886: triunfo y fracaso de un reformador”, en Núñez y Caro 1886. Documentos del Simposio Núñez-Caro, Cartagena, mayo de 1986 (Bogotá: Banco de la República, 1986), 113-146. capítulo 2
  • 30. El museo en el museo | 28 | El ascenso al poder ejecutivo de los regeneradores en 1880 y posteriormente de los Gobiernos conservadores en 1900, estuvo caracterizado por los ideales de modernizar el Estado, “civilizar” a la sociedad e implementar una modernización económica. La puesta en práctica de esos ideales se inspiró en modelos institucionales extranjeros, considerados por la élite como los referentes que debía seguir el país para “civilizarse”. Estos fueron conocidos no sólo mediante la prensa internacional y nacional y la solicitud de documentos oficiales de otros países, sino también mediante los viajes de carácter político, comercial y cultural a las “naciones civilizadas”4 . En las últimas dos décadas del siglo XIX los modelos fueron importados de Europa, y en las tres primeras décadas del siglo XX fueron adoptados principalmente de Estados Unidos. En busca de la “civilización” y la modernidad del Estado a finales del siglo XIX El régimen de la Regeneración liderado por Rafael Núñez y Miguel Antonio Caro (1843 - 1909) en las décadas de 1880 y 1890, pretendió contrarrestar la crisis económica y política desatada por la guerra civil de 1876. La contienda había sido causada por el presupuesto asignado al Ferrocarril del Norte –67% del presupuesto nacional–, proyectado para unir a Bogotá y a los Estados de Boyacá y Santander con el río Magdalena, principal arteria comercial del país. Los liberales del Gran Cauca y del Caribe arguyeron que el proyecto del Gobierno central sólo beneficiaba a Cundinamarca, Boyacá y Santander, Estados dominados por la élite de la facción liberal en el poder5 . Ese hecho suscitó la alianza política de las regiones occidentales y de la costa caribe, la cual contribuyó a la finalización del gobierno de los liberales radicales y al ascenso de la Regeneración6 . El movimiento regenerador conformado por terratenientes, comerciantes, políticos, clérigos y publicistas pretendió construir un Estado nación bajo el emblema político del “orden”. La conciencia de las penurias materiales del país llevó a los regeneradores a importar modelos institucionales7 . En tanto que Europa era considerada el centro del “mundo civilizado” y representaba el ideal del “progreso”, los prototipos fueron tomados de ese continente. Ellos fueron la Restauración española de los Borbones, el liberalismo conservador de Inglaterra y el orden público de la Tercera República Francesa8 . Aspectos como el modelo liberal del Estado, el centralismo político, los poderes otorgados a la Iglesia, la modernización del ejército, el autoritarismo y las restricciones a la libertad de prensa y al sufragio valorados por los regeneradores, emulaban la formación política de los primeros años de la Restauración borbónica española9 , proceso de construcción del Estado monárquico iniciado en 1874 por 4 | Frédéric Martínez, El nacionalismo cosmopolita: la referencia europea en la construcción nacional en Colombia, 1845-1900 (Bogotá: Banco de la República; Lima: Instituto Francés de Estudios Andinos, 2001). 5 | James William Park, Rafael Núñez and the Politics of Colombian Regionalism, 1863-1886 (Louisiana: Louisiana State University Press y Baton Rouge and London, 1985), 31-35; Safford y Palacios, Historia de Colombia…, 457. 6 | Frank Safford, “Acerca de las interpretaciones socioeconómicas de la política en la Colombia del siglo XIX: variaciones sobre un tema”, Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura, n.° 13-14 (1986): 91-151. 7 | Marco Palacios, prólogo a El nacionalismo cosmopolita: la referencia europea en la construcción 26 | Epifanio Julián Garay Caicedo (1849 - 1903) | rafael núñez | 1891
  • 31. Colombia 1880 - 1930: entre la modernidad política, la civilización y la modernización económica | 29 | Alfonso XII10 . Desde los inicios de la década de 1870 España también influenciaría el ámbito literario e intelectual colombiano. Su incidencia se dio principalmente en torno a la memoria laudatoria de los conquistadores españoles y a la afirmación tanto de la hispanidad colombiana, como de la esencia católica de la sociedad. Las congregaciones caritativas, misioneras y educadoras europeas contribuirían a la difusión de ese espíritu. Por su parte, el modelo inglés encarnaba para los regeneradores el equilibrio político, porque su liberalismo económico aunado a posturas conservadoras como el valor de la moral cristiana, combinaba “libertad” y 27 | Julio Racines Bernal (1848 - 1913) | mosaico del consejo nacional de delegatarios, reunido en bogotá el 11 de noviembre de 1885 para expedir la constitución de 1886 | 11.1885 “orden”, “estabilidad” y “progreso”. Para la élite colombiana dirigente, la Tercera República Francesa simbolizaba la subversión –por su anticlericalismo, sus ideas comunistas y por el supuesto predominio de las masas–, no obstante, fue principalmente a partir de su prototipo de orden público que los dirigentes políticos de Colombia construyeron las instituciones que contribuirían a mantener la autoridad: el Ejército y la Policía profesionales. Además de legitimar el nuevo poder, estos modelos debían contribuir a llevar al país hacia la “civilización”. Las estructuras institucionales fueron importadas a pesar de las críticas que esta práctica suscitaba entre los dirigentes de la Regeneración, particularmente contra la introducción de modelos foráneos efectuada por los liberales. La idea positivista que defendía el lento avance hacia el “progreso” en etapas idénticas para todas las sociedades, pero según el ritmo de cada sociedad, apoyaba la denuncia contra la importación institucional. Sin las utopías del Viejo Mundo adoptadas por los liberales, Colombia podía ser feliz y volver a ser ella misma. Así, y a partir del discurso del patriotismo republicano y de la felicidad nacional, los dirigentes de la Regeneración defendieron la idea de la construcción local de la identidad nacional. No obstante y contrario a lo anterior, el Estado nación de los regeneradores se erigiría conforme a modelos extranjeros11 . Con esos referentes, la élite política intentó restablecer en el país el “orden” y la autoridad estatal, para lo cual le restituyó a la Iglesia su rol como principal actor social e instauró el centralismo político. En las décadas de 1860 y 1870 la Iglesia había sido desplazada de la escena política, despojándosele de sus bienes y disminuyéndosele sus prerrogativas en el ámbito de la educación12 . No obstante, para los dirigentes políticos de la Regeneración el rescate de la herencia hispana y de la civilización católica que le era connatural, servirían de guía para establecer y mantener el orden social y moral13 . La Iglesia, de esta manera, se convertiría en el elemento esencial de la nacionalidad y, por tanto, en la garante de la cohesión social. El Concordato de 1887, celebrado entre la República de Colombia y nacional en Colombia, 1845-1900, de Frédéric Martínez (Bogotá: Banco de la República; Lima: Instituto Francés de Estudios Andinos, 2001), 13-25. 8 | Martínez, El nacionalismo cosmopolita…, 431-529. 9 | Martínez, El nacionalismo cosmopolita…, 454-462. 10 | José Varela Ortega, Los amigos políticos: partidos, elecciones y caciquismo en la Restauración (1875-1900) (Madrid: Junta de Castilla y León, Consejería de Educación y Cultura, 2001), 29. 11 | Martínez, El nacionalismo cosmopolita…, 462-468. 12 | Daniel Pécaut, “Simbólica nacional, liberalismo y violencias”,
  • 32. El museo en el museo | 30 | la Santa Sede, confió a la Iglesia el control de la educación y le restableció el poder sobre el matrimonio católico, los bienes de los cónyuges y sus descendientes14 . Se concibió así la nación en términos de “un solo Dios”, una “lengua” y una “raza”. Esta última debía ser “blanca”, “civilizada” y “letrada”. La nación, en consecuencia, fue definida por jerarquías sociales fundadas en las nociones de clase, raza, género y región15 . Grupos humanos como los indígenas y los afrodescendientes no serían actores decisivos en el proceso de formación de la identidad colombiana. A ellos, por su supuesta “inferioridad”, se les identificó más con la geografía humana de un país salvaje que con la “civilización” que se pretendía construir: una civilización católica organizada jerárquicamente. Los indígenas y los afrodescendientes, así como los liberales anticlericales y el pueblo que actuaba con agresividad política, fueron considerados por los conservadores como los causantes de la “barbarie”16 . Contra ella debía imponerse la “civilización”. El proyecto político de los regeneradores fue construyéndose en medio de los conflictos entre los liberales y conservadores, y también entre facciones de un mismo partido. La división entre los liberales independientes y los liberales radicales, causada por el desacuerdo de opiniones en torno a la forma de organizar el Estado y a las relaciones con la Iglesia católica y el conservatismo, condujo a la guerra civil de 1885. Esta sirvió a Núñez para proclamar el fin del federalismo y convocar a los delegatarios conservadores e independientes de los Estados soberanos para promulgar una nueva constitución17 . La Constitución de 1886, redactada en gran parte por Miguel Antonio Caro, plasmó el proyecto político de la Regeneración. Esta carta política dio al país el nombre de República de Colombia y estableció una organización centralizada y unitaria. En consecuencia, los nueve Estados soberanos fueron convertidos en departamentos, regidos por gobernadores nombrados por el presidente de la república18 . El Gobierno también propendió por el monopolio legítimo de la defensa. Ello a través de la creación y profesionalización de una policía y un ejército nacional y la eliminación tanto de las milicias conformadas por algunos terratenientes, como de los en Colombia 1910-2010, ed. por María Teresa Calderón e Isabela Restrepo (Bogotá: Taurus, 2010), 46. 13 | Leopoldo Múnera, “El Estado en La Regeneración (¿La modernidad política paradójica o las paradojas de la modernidad política?)”, en La Regeneración revisitada: pluriverso y hegemonía en la construcción del Estado-nación en Colombia, ed. por Leopoldo Múnera y Edwin Cruz (Medellín: La Carreta Editores, 2011), 13-75. 14 | Safford y Palacios, Historia de Colombia…, 461; Pécaut, “Simbólica nacional”…, 46. 15 | Mauro Vega Bendezú, Discursos sobre “raza” y nación en Colombia, 1880-1930 (Cali: Universidad del Valle, 2013), 59. 16 | Martínez, El nacionalismo cosmopolita…, 31-32. 17 | Eduardo Posada Carbó, “Las claves del período”, en Colombia. Tomo 3: 1880-1930 la apertura al mundo, dir. por Eduardo Posada Carbó (Barcelona: Fundación Mapfre y Taurus, 2015), 13-30. 18 | Safford, “Acerca de las interpretaciones”…: 119. 28 | Banco Nacional (1880 - 1903) / Litografía de Otto Schroeder | billete del banco nacional, denominación cien pesos | 29.10.1899
  • 33. Colombia 1880 - 1930: entre la modernidad política, la civilización y la modernización económica | 31 | ejércitos regionales establecidos por los Estados soberanos19 . Asimismo, instituyó una serie de leyes para restringir la libertad de prensa y reunión. Estas limitaciones, así como la profesionalización de la fuerza pública, debían contribuir al sostenimiento de la autoridad estatal. En el ámbito económico, el Gobierno se encaminó hacia el monopolio de la emisión del papel moneda. Con la creación del Banco Nacional (1880 - 1904), decretó el curso forzoso del papel moneda emitido por este organismo, eliminó la obligación de entregar a los tenedores de billetes un respaldo metálico en oro y prohibió a los privados la libre producción de billetes20 . Asimismo, el Gobierno intentó crear un mercado nacional a través de un mayor desarrollo del transporte ferroviario y del proteccionismo industrial. En las décadas de 1880 y 1890 los Gobiernos avanzaron en las líneas férreas iniciadas ya por los Gobiernos radicales precedentes, y también construyeron otras. Así, a finales del siglo XIX el país contaría con diez líneas, algunas terminadas y otras sólo iniciadas: Barranquilla-Sabanilla, Cúcuta-Zulia, Buenaventura-Cali, Medellín-Puerto Berrío, Bogotá-Girardot, Santa Marta-Ciénaga, Cartagena-Calamar, Dorada-Honda, Bogotá- Facatativá y el Ferrocarril del Norte, que aunque debía unir a Bogotá con Boyacá, Santander y el Magdalena, apenas llegó a Zipaquirá en 189821 . Asimismo, la política proteccionista modificó la tarifa aduanera e incrementó los derechos de artículos de cuero, muebles y textiles, para así desincentivar la importación y estimular la creación de fábricas. De estas iniciativas industriales sobrevivieron algunas fábricas de jabones, fósforos, cerveza, vidrio y chocolates22 . Hacia la consolidación de la modernidad política y la modernización económica en las primeras décadas del siglo XX Aunque las políticas del régimen de la Regeneración pretendían instaurar el “orden” en Colombia, ello no fue posible porque los conflictos entre liberales y conservadores persistieron, así como entre facciones de los partidos. Tales conflictos causaron la guerra civil de 1895 y la Guerra de los Mil Días (1899 - 1902), en la que también influyó la crisis económica suscitada por la caída de los 29 | César Estévez Obando | chircal frente a fenicia y tívoli | 1908 30 | Fotografía Inglesa. H. L. Duperly e Hijo | tívoli | 1893 19 | Álvaro Tirado Mejía, “El Estado y la política en el siglo XIX”, en Nueva Historia de Colombia. Tomo 2: Era Republicana, dir. por Jaime Jaramillo Uribe (Bogotá: Editorial Planeta, 1989), 155-183. 20 | Jaime Jaramillo Uribe, “La crisis de 1880 y la política económica de la Regeneración”, en Núñez y Caro 1886. Documentos del Simposio Núñez-Caro, Cartagena, mayo de 1986 (Bogotá: Banco de la República, 1986), 17-30. 21 | Jorge Orlando Melo, “Las vicisitudes del modelo liberal (1850-1899)”, en Historia económica de Colombia, ed. por José Antonio Ocampo (Bogotá: Siglo XXI Editores, 1987), 135-194. 22 | Jaramillo Uribe, “La crisis de 1880”…, 28.
  • 34. El museo en el museo | 32 | precios internacionales del café desde 189623 . Esta última fue la guerra más desastrosa que vivió el país a finales del siglo XIX y principios del XX, no sólo por las bajas humanas registradas, sino por los daños ocasionados en la economía nacional y su impacto en la separación del departamento de Panamá. La devastación así como la incapacidad de Colombia de contribuir a la construcción de un canal en Panamá que uniera el océano Atlántico con el Pacífico, condujeron a los panameños a manifestar sus intereses separatistas. Panamá lograría independizarse en 1903 con el apoyo de Estados Unidos, país profundamente interesado en la construcción del canal para expandir su mercado y su influencia en Centroamérica y el Caribe24 . Durante la Guerra de los Mil Días, en 1900, y ante la inestabilidad de la economía exportadora y las presiones fiscales, los conservadores disidentes del Gobierno nacional dieron un golpe de Estado que puso fin al proyecto de la Regeneración. Vencedores de la Guerra de los Mil Días, los conservadores permanecieron en el poder hasta 1930. Aunque con algunas enmiendas, se rigieron por la Constitución de 1886 y continuaron consolidando el orden social y moral fundamentado en la Iglesia católica y en la organización jerárquica de la sociedad25 . De la misma manera, propendieron por la organización del sistema monetario y la modernización económica del país, mediante el fomento industrial y el desarrollo de transportes que beneficiaran el comercio del café, principal producto de exportación del país desde la década de 1870. El presidente entre 1904 y 1909, Rafael Reyes (1849 - 1921), orientó el desarrollo de los ferrocarriles hacia un diseño más “cafetero”, contribuyendo a que el tendido de las líneas pasara de 151 km en 1883 a cerca de 1.000 km en 191026 . El avance ferroviario, sin embargo, fue escaso en parte por las dificultades que representaba la topografía del país. El desarrollo del transporte entre 1900 y 1930 también fortaleció la navegación por el río Magdalena e instauró la aviación, con el establecimiento 31 | Fabricación francesa | cañón usado durante la guerra de los mil días | 1897 23 | El desplome de la economía cafetera condujo a una caída drástica de las importaciones. Ello redujo los ingresos de aduana percibidos por el Estado, lo que ocasionó una grave crisis fiscal. Charles Bergquist, Café y conflicto en Colombia, 1886-1910: la Guerra de los Mil Días, sus antecedentes y consecuencias [1978] (Medellín: Fondo Rotatorio de Publicaciones, 1981), 118. 24 | Thomas Fischer, “Antes de la separación de Panamá: la Guerra de los Mil Días, el contexto internacional y el canal”, Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura 25 (1998): 73-108. 25 | Pécaut, “Simbólica nacional”…, 45. 26 | Palacios, El café en Colombia (1850-1970): una historia económica, social y política (México: El Colegio de México, 2009), 101.
  • 35. Colombia 1880 - 1930: entre la modernidad política, la civilización y la modernización económica | 33 | 32 | I. L. Maduro, Jr. | u. s. s. “tennessee” en las exclusas de miraflores, canal de panamá | Ca. 1920 de la empresa colombo-alemana SCADTA, en 1919. Adicionalmente, empezó a robustecerse la infraestructura vial27 . Las industrias se consolidaron en ciudades como Medellín, Bogotá, Cali y Barranquilla, asimismo, avanzaron las actividades comerciales con el exterior. La publicación de textos publicitarios como el Libro azul de Colombia (1918) propendió por la modernización y la inversión extranjera. El fomento de la industria nacional entre 1900 y 1930 también se dio a partir de las exposiciones nacionales. En parte, estas tuvieron una orientación marcadamente industrial y también agrícola28 . El proceso de modernización se agilizaría en la década de 1920. Para entonces Europa no ocupó un papel preponderante; Estados Unidos orientaría la modernización económica de Colombia. La introducción de modelos institucionales norteamericanos iniciaría con el Tratado Urrutia-Thompson, firmado en 1914 por los plenipotenciarios Thaddeus Thomson (1853 - 1927) en representación de Estados Unidos y Francisco José Urrutia (1870 - 1950) en representación de Colombia. Mediante este Tratado, Estados Unidos se comprometió a pagar 25 millones de dólares a Colombia como indemnización por la pérdida de Panamá29 . Después del Tratado, los Gobiernos colombianos orientaron sus políticas conforme a las misiones económicas y diplomáticas estadounidenses. Estados Unidos fue considerado como el país con el modelo financiero más “moderno” de la época. El interés por adoptar sus estructuras y la necesidad de generar confianza en los inversionistas extranjeros, condujeron al Gobierno de Pedro Nel Ospina (1922 - 1926) a contratar la misión estadounidense dirigida por Edwin Walter Kemmerer (1875 - 1945), profesor de la Universidad de Princeton. Así como en Bolivia, Chile, Ecuador y Perú, Kemmerer contribuyó a modernizar el sistema bancario, monetario y fiscal de Colombia30 . En 1923, la misión presentó diez proyectos de ley al Gobierno nacional, de los cuales ocho se convirtieron en leyes de la República31 . El pago de la indemnización de Panamá, los créditos efectuados en la década de 1920 por Estados Unidos, así como los ingresos por el auge exportador del café, llevarían al país a vivir su mayor proceso de modernización económica en la década de 1920. Dichos recursos fueron invertidos en la ampliación de 27 | Posada Carbó, “Las claves del período”…, 23. 28 | Frédéric Martínez, “¿Cómo representar a Colombia? De las exposiciones universales a la Exposición del Centenario, 1851- 1910”, en Museo, memoria y nación: misión de los museos nacionales para los ciudadanos del futuro. Memorias del Simposio Internacional y IV Cátedra Anual de Historia “Ernesto Restrepo Tirado” (Bogotá: Ministerio de Cultura, 2000), 315-333. 29 | César Bermúdez, “La doctrina respice polum (“Mirar hacia el norte”) en la práctica de las relaciones internacionales de Colombia durante el siglo XX”, Memorias. Revista Digital de Historia y Arqueología desde el Caribe Colombiano 7, n.° 12 (2010): 189-222. 30 | Paul Drake, “Kemmerer y la creación de los bancos centrales en los países andinos”, en Banco de la República: 90 años de la banca central en Colombia, ed. por Gloria Alonso Másmela (Bogotá: Banco de la República, 2013). 31 | Estas reglamentaron la creación del Banco de la República; establecieron la superintendencia bancaria y reglamentaron los bancos privados; reorganizaron la contabilidad nacional y crearon la Contraloría General, y fijaron el número y nomenclatura de los ministerios, entre otros aspectos. Adolfo Meisel citado por Fabio Sánchez y Juan Guillermo Bedoya, “La danza de los millones, 1923- 1931”, en Historia del Banco de la República, 1923-2015, ed. por José Darío Uribe Escobar (Bogotá: Banco de la República, 2017), 25-84.
  • 36. El museo en el museo | 34 | la red ferroviaria y en otras obras públicas32 . En la modernización también contribuiría la presencia de capital estadounidense en los sectores minero, petrolero y bananero. Estos, no obstante, fueron cuestionados por las formas de reprimir las protestas de sus trabajadores, quienes demandaban mejores condiciones de trabajo y mejores salarios. La represión de las huelgas por parte de las empresas extranjeras y por parte del Gobierno, así como la imposibilidad del país de pagar las deudas adquiridas a comienzos de la década de 1920, serían unas de las causas de la derrota electoral del Partido Conservador en 193033 . ◆ 33 | M. Glueckstadt & Muenden, Hamburg | bogotá, 20 de julio de 1910. desfile de señoras hacia la estatua de nariño | 1910 34 | Jorge Posada Callejas / J. J. Little & Ives Company | libro azul de colombia. bosquejos biográficos de los personajes más eminentes, historia condensada de la república, artículos especiales sobre el comercio, agricultura y riqueza mineral, basados en las estadísticas oficiales | 1918 32 | Sánchez y Bedoya, “La danza de los millones”…, 27. 33 | Pécaut, “Simbólica nacional”…, 53-54.
  • 37. Colombia 1880 - 1930: entre la modernidad política, la civilización y la modernización económica | 35 | 35 | Gabinete Artístico | pabellón para la exposición de máquinas en la exposición del centenario | 1910 36 | Juan Nepomuceno Gómez (1882 – ca. 1940) | banco de la república | Ca. 1915
  • 38. Buque de vapor a orillas del río Magdalena | detalle |
  • 39. Exportar para civilizar e importar el progreso | 37 | EXPORTAR PARA CIVILIZAR E IMPORTAR EL PROGRESO Santiago Robledo Páez y Naila Katherine Flor Ortega Curaduría de Historia Museo Nacional de Colombia La noción de “progreso” predominó en el pensamiento económico latinoamericano durante el siglo XIX y las primeras décadas del XX. Este principio, entendido hoy como “modernización”, se concebía como el resultado a futuro de la incorporación de los países latinoamericanos en la economía mundial, en calidad de exportadores de materias primas. Para su consecución, estas naciones debían sortear escollos como la falta de medios de transporte modernos, la insuficiente disponibilidad de mano de obra y el difícil acceso de los sectores exportadores a los recursos naturales. La solución de la primera problemática implicó la construcción de ferrocarriles y el establecimiento de rutas de navegación fluvial, esto con apoyo del Estado y la participación de capitales extranjeros y privados. Se buscó incrementar el acceso de los sectores dinámicos de la economía agroexportadora a la de mano de obra mediante la incentivación de la inmigración y el desmonte de los resguardos indígenas, entre otras medidas. Así mismo, se allanaron los procesos de adquisición de tierras y minas por parte de los exportadores, ello por medio de legislación favorable a sus intereses1 . Las élites políticas y económicas colombianas adherían a dicho proyecto de desarrollo, sin embargo, las condiciones territoriales, sociales y económicas del país afectaron y limitaron significativamente la ejecución de sus designios. Durante el siglo XIX la economía colombiana participó de manera muy limitada en el mercado internacional, el país nunca atrajo cantidades considerables de inmigrantes extranjeros y su acceso a los capitales extranjeros fue restringido. Solo a principios del siglo XX, de mano de la producción y comercialización del café, pudo la economía colombiana integrarse plenamente a la economía global. La economía hacia afuera: las exportaciones En lo referido a la vinculación de la economía colombiana a las redes internacionales de comercio, esta se dificultó por la incapacidad del país para desarrollar una base exportadora sólida. Hasta mediados del siglo XIX, el único producto comercializado en el extranjero en cantidades considerables fue el oro proveniente de las minas antioqueñas y caucanas. Esto cambió en la década de 1840, cuando inició un periodo que finalizaría hacia 1876, durante el cual el tabaco fue el principal rubro de las exportaciones colombianas2 . En un principio las regiones productoras fueron las mismas activas desde tiempos coloniales, destacándose la de Ambalema localizada en el actual departamento del Tolima. En la década de 1850 también se comenzó a remitir a Europa tabaco cultivado en los alrededores del Carmen de Bolívar, única región que continuó exportando en cantidades considerables tras el derrumbe de las ventas en la segunda mitad de la década de 18703 . Este colapso se produjo en parte debido a la llegada de tabacos asiáticos de mejor calidad al mercado de Bremen (Alemania), principal destino del producto colombiano. Si bien el auge de exportaciones de tabaco fue relativamente corto, este 1 | José Antonio Ocampo, “Los paradigmas del desarrollo en la historia latinoamericana”, en Hacia la revisión de los paradigmas del desarrollo en América Latina, ed. por Oscar Altimir, Enrique V. Iglesias y José Luis Machinea (Santiago de Chile: CEPAL, 2008), 1-34. 2 | José Antonio Ocampo, “El sector externo de la economía colombiana en el siglo XIX”, en Economía colombiana del siglo XIX, ed. por Adolfo Meisel Roca y María Teresa Ramírez (Bogotá: Fondo de Cultura Económica y Banco de la República, 2010), 208-210. 3 | Wilson Blanco Romero, “Tabaco, economía campesina y capitalismo en los Montes de María 1850-1930”, El Taller de la Historia 3, n.o 3 (2011): 192-197. capítulo 3
  • 40. El museo en el museo | 38 | tuvo efectos de gran alcance. Las regiones productoras, sobre todo Ambalema, recibieron un flujo migratorio desde las regiones templadas y frías tradicionalmente más pobladas. También, por primera vez, se pudo establecer de manera permanente la navegación a vapor por el río Magdalena. Antes el flujo de mercancías no había sido lo suficientemente considerable para que dicha actividad fuera rentable. A finales de la década de 1870 y en los primeros años de la siguiente, la quina reemplazó al tabaco como principal rubro de exportación. La comercialización de esta corteza, utilizada para la fabricación de medicamentos para tratar la malaria, fue rentable hasta mediados de la década de 1880 cuando el mercado fue saturado por la producción de las plantaciones de las colonias europeas en Asia4 . En Colombia los árboles de quina no se cultivaron, siendo este un ejemplo de la explotación económica extractivista sin preocupación por la renovación de los recursos naturales. La quina se obtuvo principalmente de bosques ubicados en regiones como Santander y el Gran Cauca. En una escala mucho menor también se había exportado algodón en la década de 18605 y añil a principios de la década de 18706 . Deben señalarse las remisiones de cueros, importante desde la década de 1870, y ganado, muy relevante en la primera década del siglo XX7 , en las cuales participaron de manera destacada ganaderos y casas comerciales de la costa Atlántica8 . A finales del siglo XIX y principios del XX la producción y comercialización de café permitió que el país desarrollara finalmente una base exportadora estable y se integrara al mercado mundial de una manera menos intermitente. Aunque para la década de 1870 el café ya era una de las tres principales exportaciones colombianas, fue solo hasta el final de la de 1880 que se convirtió en la principal9 . Durante las tres primeras décadas del siglo XX la producción de café colombiano creció a un ritmo acelerado. En aquel periodo perdió dinamismo la producción en las regiones que habían liderado el mercado en la centuria anterior –los Santanderes y Cundinamarca–, centrándose su crecimiento 37 | Fotógrafo desconocido / Ricardo Moros Urbina (1865 - 1942) | exposición de los primeros rieles fabricados en la pradera, llegada al palacio presidencial | Ca. 1910 4 | María Teresa Ramírez, “El proceso económico”, en Colombia. Tomo 3: 1880-1930 la apertura al mundo, dir. por Eduardo Posada Carbó (Barcelona: Fundación Mapfre y Taurus, 2015), 166. 5 | Ocampo, “El sector externo”…, 204. 6 | Francisco José Alarcón y Daniel Gustavo Arias Buitrago, “La producción y comercialización del añil en Colombia 1850-1880”, Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura, n.o 15 (1987): 171-176. en el sur de Antioquia, el Viejo Caldas, el norte del Valle del Cauca y Tolima10 . Fue entonces que Colombia se convirtió en el segundo productor mundial de café, después de Brasil, y en el primer productor de cafés suaves11 . Este producto, considerado como el motor de la modernización económica del país, fue un factor importante en la formación de la riqueza nacional, en el desarrollo del transporte y en la expansión de la frontera agrícola12 . En esta misma década
  • 41. Exportar para civilizar e importar el progreso | 39 | de 1920 también comenzaron a figurar las exportaciones de banano y petróleo como rubros importantes del comercio exterior colombiano13 . Los hacendados productores y comerciantes exportadores de café incentivaron, entre otros aspectos, la lógica cafetera del diseño de las redes de comunicación entre el oriente, el centro y el occidente del país; crearon los nexos comerciales y financieros con el mercado mundial y buscaron las salidas a los puertos marítimos. Fueron ellos quienes ejercieron su influencia en el ámbito regional y estatal para lograr que las vías de comunicación tuvieran un diseño benéfico para el sector agro-exportador. La demanda de una infraestructura más densa y con mayor capacidad de movilización de carga, hizo que el café acelerara el tendido de las líneas de la red ferroviaria14 . Si bien en Colombia se trazaron muchos menos kilómetros de ferrocarriles que en otras naciones latinoamericanas, la construcción de estas vías fue determinante para acelerar la incorporación del país en el mercado mundial. El auge del café fue uno de los factores que permitió la emergencia en la década 38 | Giovanni Ferroni Candelari (1853 - 1898) | buque de vapor a orillas del río magdalena | 1894 de 1890 de una incipiente industria15 . Los recursos obtenidos por la venta de este fruto permitieron realizar inversiones considerables, como la adquisición de maquinaria, necesarias para el establecimiento de las fábricas. De la misma manera, el crecimiento económico impulsado por este producto incidió en la construcción de acueductos, escuelas y caminos, dicho en otras palabras, en el proceso de urbanización de algunas zonas del país. El auge cafetero permitió la incorporación al mercado nacional, y mundial, de varias regiones del país. En estas se constituyeron unidades productoras de diferentes tamaños. En Cundinamarca, donde el cultivo del café impulsó procesos de colonización, predominaron las haciendas; en cambio, en Santander era notable la presencia de pequeños productores. En Antioquia y el Viejo Caldas este cultivo permitió a los campesinos recibir ingresos adicionales y a las élites capitalizarse. Aunque existieron grandes propiedades en estas regiones, los “capitalistas” más que monopolizar la producción del grano, controlaron su comercialización. 7 | Ocampo, “El sector externo”…, 204. 8 | Eduardo Posada Carbó, “Empresarios y ganaderos de la Costa Atlántica”, en Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Tomo I, dir. por Carlos Dávila Ladrón de Guevara (Bogotá: Ediciones Uniandes y Editorial Norma, 2003), 72-73. 9 | Ocampo, “El sector externo”…, 204. 10 | Marco Palacios, Coffee in Colombia, 1850-1970: An Economic, Social, and Political History (Nueva York-Cambridge: Cambridge University Press, 1980), 122. 11 | Frank Safford y Marco Palacios, Colombia: Fragmented Land, Divided Society (Nueva York- Oxford: Oxford University Press, 2002), 274. 12 | Jaime Jaramillo, “La crisis de 1880 y la política económica de la Regeneración”, en Núñez y Caro 1886. Documentos del Simposio Núñez-Caro, Cartagena, mayo de 1986 (Bogotá: Banco de la República, 1986), 22-23. 13 | Ramírez, “El proceso económico”…, 170. 14 | De acuerdo con Palacios, el tendido de los ferrocarriles pasó de 151 km en 1883 a 240,9 km en 1888; para 1904 la red ya alcanzaba 516,9 km y en 1910 las líneas se acercan a los 1.000 km. Palacios, Coffe in Colombia…, 5. 15 | Ramírez, “El proceso económico”…, 179.
  • 42. El museo en el museo | 40 | Los “negociantes”, adalides del progreso A mediados del siglo XIX, un nuevo sector comercial se sumó a los estamentos socialmente dominantes –burócratas, hacendados y mineros– en el control de la vida política, social y económica de la República16 . Si bien es cierto que hasta entonces existía un sector de mercaderes activo desde antes de la Independencia, integrado, por ejemplo, por los cartageneros dedicados al comercio con Europa17 y los antioqueños exportadores de oro, fue en la coyuntura de formación del sector agroexportador que se pudo consolidar gradualmente este nuevo sector mercantil. No obstante, difícilmente se podría hablar de una “burguesía comercial” colombiana como clase hegemónica. Terratenientes, comerciantes y letrados compartían el poder, participando muchas veces un mismo individuo de los tres campos de acción. Cuando sus recursos lo permitían, los comerciantes urbanos exportadores-importadores se convertían en hacendados productores de las materias primas que comercializaban en el extranjero18 . Así mismo, al estar mejor conectadas algunas regiones del país con Europa y Norteamérica que con sus vecinas, continuaron siendo tan “localistas” como sus predecesores coloniales19 . Aunque los intereses de los variados sectores de la élite en ocasiones divergían, estos desacuerdos no condujeron a la diferenciación política de dichos sectores en razón de sus intereses económicos. La búsqueda de la “civilización” y del “progreso” que caracterizó a las élites económicas también se evidenció en el desarrollo de sus hábitos de consumo. Al participar de actividades económicas rentables –como la minería, la exportación de tabaco y café, o la incipiente industria– estos sectores pudieron adquirir mayor número de bienes importados, tratando por esta vía de asimilar sus costumbres con aquellas de las clases pudientes europeas20 . Esta forma de vida, que consideraban “civilizada”, fue el rasero con el que se juzgaban, con frecuencia negativamente, las tradiciones y costumbres de los demás habitantes de la 39 | R. Hadin | ficha de un cuarto de centavo, hacienda de pedro blanco garcía | Ca. 1870 Esta ficha fue elaborada para Pedro Blanco García, comerciante, industrial y político momposino dedicado al cultivo del añil. Dicha planta probablemente sea la representada en el reverso de la ficha. 16 | Marco Palacios, “La fragmentación regional de las clases dominantes en Colombia: una perspectiva histórica”, Revista Mexicana de Sociología 42, n.o 4 (1980): 1675. 17 | Sus descendientes continuaron activos en el periodo republicano. Al respecto, ver Gustavo Bell Lemus y María Teresa Ripoll Echevarría, “Los herederos del poder: Juan de Francisco Martín (1799-1868)”, en Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Tomo I, dir. por Carlos Dávila Ladrón de Guevara (Bogotá: Ediciones Uniandes y Editorial Norma, 2003), 317-351. 18 | Palacios, “La fragmentación regional”…: 1679. 19 | Palacios, “La fragmentación regional”…: 1676. 20 | Thomas Fischer, “La “gente decente” de Bogotá. Estilo de vida y distinción en el siglo XIX – visto por viajeros extranjeros”, Revista Colombiana de Antropología 35 (1999): 38-39.
  • 43. Exportar para civilizar e importar el progreso | 41 | República. Se ha calculado que durante el periodo abarcado entre 1830 y 1910 más del 80% de las mercancías importadas fueron bienes de consumo, los cuales incluían, entre otras cosas, manufacturas, materiales de construcción, alimentos, vestimentas, y, en grandes cantidades, textiles21 . Por ejemplo, la casa comercial Uribe Ruiz Hermanos, heredera de Uribe e Hijos y activa en Medellín, Rionegro y Manizales entre 1894 y 1916, importaba productos como textiles, zapatos, barras de hierro, planchas de cobre, calderos y remaches22 . Diferentes sectores de la sociedad consumían estos productos. Las telas económicas, traídas principalmente de Inglaterra, fueron utilizadas por los sectores populares para la confección de sus vestimentas. Esta situación había afectado negativamente al artesanado colombiano, sector que desde mediados del siglo XIX expresó activamente su descontento frente a las políticas librecambistas23 . En esta época los importadores también proveyeron a la restringida clientela local de productos de lujo. Por ejemplo, entre 1855 y 1857 el comerciante bogotano Francisco Vargas, administrador de la casa Inocencio Vargas e Hijos, importó de Inglaterra telas de algodón, lana e hilos. Los productos de lujo los trajo de Francia, donde encargó tejidos finos de casimir y seda, sombreros de castor, capas, pañolones, zapatos, papel de colgadura, vinos y champaña24 . Los sectores medios y populares de la sociedad gradualmente aumentaron el consumo de mercancías importadas. Esto se evidencia en la actividad de los Almacenes de un centavo a un peso, propiedad de la casa de comercio Carrizosa Herrera & Cía, fundada en 1917 e integrada por Roberto Herrera de la Torre (1890 - 1978), su cuñado Fernando Carrizosa Valenzuela (1881 - 1947) y Agustín (1888 - 1945), hermano del anterior25 . Una de sus sedes se encontraba en el Pasaje Hernández de Bogotá, descrito por la revista Cromos como “un ejemplo de la nueva estética del confort, de la higiene y del goce de vivir en la ciudad”26 . Este inmueble representativo de la emergente “modernidad”, albergaba el 40 | Fabricante desconocido | ficha del establecimiento de café san josé, denominación un real | Ca. 1900 Esta ficha posiblemente se acuñó para la hacienda San José, fundada en Tibacuy (Cundinamarca) en 1889 por Enrique Argáez. 21 | José Antonio Ocampo, Colombia y la economía mundial, 1830-1910 (Bogotá: Siglo XXI Editores y Fedesarrollo, 1984), 158. 22 | Ana María Mesa Bedoya, “Casa Comercial Uribe Ruiz Hermanos 1894-1916. El caso de una empresa familiar en Antioquia”, Historelo 3, n.o 5 (2011): 36. 23 | Renán Vega Cantor, “Liberalismo económico y artesanado en la Colombia decimonónica”, Boletín Cultural y Bibliográfico 27, n.o 22 (1990): 49. 24 | Frank Safford, “El comercio de importación en Bogotá en el siglo XIX: Francisco Vargas, un comerciante de corte inglés”, en Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Tomo I, dir. por Carlos Dávila Ladrón de Guevara (Bogotá: Ediciones Uniandes y Editorial Norma, 2003), 393. 25 | “Fernando Carrizosa Valenzuela (1881-1947)”, Colecciones Colombianas, Biografías (Museo Nacional de Colombia). 26 | Juan Carlos Pérgolis, “El deseo de modernidad en la Bogotá republicana. Un ejercicio sobre comunicación y ciudad”, Revista de Arquitectura 13 (2011): 10.
  • 44. El museo en el museo | 42 | almacén que ofrecía mercadería importada de Estados Unidos. La adquisición de estos productos baratos, costaban máximo un peso, habría dado a sus compradores “la sensación de estar participando del “buen gusto” de las personas “modernas”, además del capital simbólico que suponía el haberlas comprado en el refinado edificio Hernández”27 . Herrera de la Torre fue hijo y Fernando Carrizosa yerno de Roberto Herrera Restrepo (1848 - 1912), propietario de la hacienda cafetera Santa Bárbara ubicada en Sasaima (Cundinamarca). Herrera Restrepo, exportador de café, también había criado ganado y, sin mucho éxito, participado en una compañía dedicada a la explotación de caucho y quina28 . La utilización del capital familiar tanto en empresas agroexportadoras como en el negocio de las importaciones, fue sintomática de la actividad de los negociantes colombianos del siglo XIX y principios del XX. El tamaño reducido del mercado y sus riesgos inherentes, producto tanto de los altibajos de la economía global como de los ires y venires de la política local, condujeron a estos negociantes a diversificar sus actividades económicas. Esta diversificación de actividades conlleva a que sea más adecuado designar a dicho conjunto de actores económicos como “negociantes”, en detrimento de categorizaciones como “empresario industrial”, “comerciante” o “empresario agrícola”29 . El quehacer de los negociantes santandereanos de la época puede ilustrar dicha situación de diversificación. Estos participaron del comercio de importación y exportación, negociaron con finca raíz, fueron contratistas del Gobierno –manejando rentas, construyendo vías, etc.– y eran productores agrícolas volcados al mercado externo30 . La inversión en diferentes áreas dependía de coyunturas específicas que las hicieran más o menos rentables. Por ejemplo, el alza de los precios del café a finales de la década de 1880 incitó a algunos terratenientes manizalitas a utilizar los capitales obtenidos por medio del comercio, la arriería, el cultivo de caña y la ganadería en la creación de haciendas cafeteras31 . Los negociantes que acumulaban capitales importantes podían invertirlo también en actividades financieras –préstamos a individuos, a otros negocios o al Gobierno– llegando incluso a establecer bancos de su propiedad. Este fue, por ejemplo, el caso del barranquillero Esteban Márquez (1799 - 1889)32 . 41 | Uribe e Hijos / American Bank Note Company | seña de uribe e hijos, denominación veinte pesos | 1.2.1871 27 | Santiago Castro Gómez, Tejidos oníricos. Movilidad, capitalismo y biopolítica en Bogotá (1910-1930) (Bogotá: Pontificia Universidad Javeriana, 2009), 121. 28 | Malcom Deas, “Una hacienda cafetera de Cundinamarca: Santa Bárbara (1870-1912)”, Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura, n.o 8 (1976): 77. 29 | Carlos Dávila Ladrón de Guevara, Empresariado en Colombia: perspectiva histórica y regional (Bogotá: Ediciones Uniandes, 2012), 19. 30 | Amado Guerrero Rincón y Maribel Avellaneda Nieves, “La élite empresarial de Santander (1880-1912)”, en Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Tomo I, dir. por Carlos Dávila Ladrón de Guevara (Bogotá: Ediciones Uniandes y Editorial Norma, 2003), 158. 31 | Albeiro Valencia Llano, “El empresario en el antiguo departamento de Caldas (1850- 1930)”, en Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Tomo I, dir. por Carlos Dávila Ladrón de Guevara (Bogotá: Ediciones Uniandes y Editorial Norma, 2003), 99. 32 | Tomás Caballero Truyol, “Comerciantes y casas comerciales relacionados con las actividades financieras en una ciudad caribeña de Colombia durante la segunda mitad del siglo XIX”, Anuario de Historia Regional y de las Fronteras 20, n.o 1 (2015): 153-157.
  • 45. Exportar para civilizar e importar el progreso | 43 | A finales del siglo XIX y principios del XX, en Colombia un gran negociante podía caracterizarse como un “prestamista que acumuló fortuna mediante el comercio internacional, que diversificó en diferentes negocios, incluyendo los especulativos, asociados principalmente con las actividades financieras”33 . Para lograr alcanzar este grado de desarrollo de negocios, los comerciantes debían valerse de todo su capital económico, social y político. Las alianzas con las autoridades regionales y con otros negociantes eran imprescindibles para el buen andar de sus actividades. Por ello no sorprende que con mucha frecuencia las sociedades mercantiles establecidas para la puesta en práctica de estas actividades fueran de índole familiar, siendo la familia la unidad depositaria de dicho capital social. Trabajar con los parientes aseguraba la disponibilidad de agentes confiables, disminuía los riesgos y facilitaba la continuidad de los negocios34 . Aquellas sociedades, “casas comerciales” en la terminología de la época, fueron un actor de primer orden en la implementación del ideal de “progreso” tal como se entendía en aquel entonces. Mediante su labor se establecieron los vínculos mercantiles directos con Europa y Norteamérica. Los ramos productivos en que se involucraban estas sociedades mercantiles dependían de la región en donde estuvieran radicados sus integrantes. Todo lo anterior se evidencia, por ejemplo, en el devenir de la casa comercial Reyes Hermanos, activa desde finales de la década de 1860. Si bien los hermanos Reyes eran de origen boyacense, incluyendo a Rafael (1849 - 1921) quien luego fuera presidente de la república (1904 - 1909), sus trabajos se llevaron a cabo en el Gran Cauca. Allí expendieron mercancías importadas y exportaron quinas y caucho del Caquetá y el Putumayo35 . Desde 1869 Rafael recorrió las regiones del sur de Colombia en búsqueda de quina, emprendiendo un viaje de exploración del Putumayo en 1874. En Brasil recibió permiso del Gobierno imperial para navegar por dicho río, utilizándolo desde 1876 como ruta para las exportaciones de quina efectuadas por su casa comercial36 . Los hermanos Reyes, de filiación política conservadora, mantuvieron relaciones con sus copartidarios de Popayán y Pasto, debiendo huir del país durante la guerra civil de 1876 y compartiendo la mejoría de su situación con la llegada de los Gobiernos regeneradores. La ruina de la casa comercial 42 | Edwards | tela que sirvió como empaque para 45 ½ varas de bayeta de 100 hilos, para el almacén de los señores francisco vargas y hermanos | Ca. 1880 33 | Caballero Truyol, “Comerciantes y casas comerciales”…: 143. 34 | Mesa Bedoya, “Casa Comercial Uribe Ruiz”…: 17. 35 | Alfonso Valencia Llano, “Las prácticas empresariales en el Estado Soberano del Cauca”, en Empresas y empresarios en la historia de Colombia. Tomo I, dir. por Carlos Dávila Ladrón de Guevara (Bogotá: Ediciones Uniandes y Editorial Norma, 2003), 131. 36 | David Ramírez Palacios, “Rafael Reyes e o rio Putumayo ou Içá. Explorações amazônicas, cartografia e diplomacia (1874- 1907)”, Terra Brasilis, n.o 5 (2015): 7.
  • 46. El museo en el museo | 44 | 44 | Banco Márquez (1883 - 1893) / American Bank Note Company | billete del banco márquez, denominación cincuenta pesos | Ca. 1890 43 | Reyes González & Hermanos / Departamento de Santander | seña de reyes gonzález & hermanos | Ca. 1890 Esta casa comercial bumanguesa funcionó entre 1882 y 1907. Estaba integrada por los hermanos Reyes, Eleuterio y Florentino González.
  • 47. Exportar para civilizar e importar el progreso | 45 | de los Reyes llegó en 1884, producto en gran parte del descenso de los precios internacionales de la quina37 . Fue entonces que Rafael Reyes inició su carrera militar y política, participando en la guerra civil de 1885 durante la cual luchó contra las fuerzas de los liberales radicales opuestas al Gobierno de Rafael Núñez (1825 - 1894)38 . Durante su 37 | Ramírez Palacios, “Rafael Reyes”…: 10. 38 | Valencia Llano, “Las prácticas empresariales”…, 132. 39 | Ramírez Palacios, “Rafael Reyes”…: 13. 46 | Fernando Carrizosa Valenzuela (1881 - 1947) | fachada de una sede de los almacenes de un centavo a un peso | Ca. 1910 45 | A. Ken | rafael reyes | 1873 presidencia Reyes continuó manifestando el interés por los asuntos amazónicos que había adquirido durante sus años de comerciante. Entonces el Gobierno colombiano firmó tratados fronterizos con Perú y Brasil, los cuales garantizaron la navegabilidad del Caquetá y Putumayo para las embarcaciones colombianas39 . ◆
  • 48. Iglesia y puente de San Francisco | detalle |
  • 49. Los modernos del 900. Los lugares de lo público y lo privado | 47 | LOS MODERNOS DEL 900. LOS LUGARES DE LO PÚBLICO Y LO PRIVADO Ángela Gómez Cely* Curaduría de Arte Museo Nacional de Colombia Un lugar para la modernidad. La transformación de la ciudad Durante las últimas décadas del siglo XIX, Colombia intentó convertirse en un nuevo Estado nación de carácter centralista con ideales de modernización y civilización. Para lograrlo, importó no solo los modelos de estructuras institucionales, como se señala en el capítulo dos, sino también hábitos de consumo que transformaron las élites económicas. Aunque estas élites no desplegaron su actividad económica y cultural exclusivamente en la capital, para el presente estudio se ha tomado a Bogotá como referente de esta transformación económica y social, por las siguientes razones: esta ciudad fue centro de migraciones y concentración de la población de diferentes lugares del país; fue considerada también epicentro de transformación urbana; y era el mayor foco de recepción y uso de mercancías y bienes suntuarios entre 1880 y 19301 . De la ciudad de la “Santa Fe” a la ciudad capital A lo largo del siglo XIX, Bogotá cambió de estatus de ciudad principal virreinal a distrito federal y finalmente a distrito capital. En esta última fase, en su deseo de modernidad2 y civilización, intentó modelarse a imagen y semejanza de otras ciudades cosmopolitas europeas. Para el año 1900, Bogotá era considerada un núcleo de poder, riqueza y cultura, constituido como epicentro político, administrativo, religioso, económico y hasta cierta medida manufacturero, aunque no alcanzaba los 100.000 habitantes3 . 78.000 habitantes en 1898 era un número más acorde con una “gran aldea”4 que con una gran ciudad. En su camino a la modernización, Bogotá empezó a transformarse, a finales del siglo XIX, para acercarse a la experiencia de la ciudad moderna hacia la tercera década del siglo XX. Esta lógica de cambio se dio con la adecuación de servicios públicos, la reorganización administrativa del municipio y la ampliación del casco urbano en todas las direcciones. La arquitectura también fue un elemento importante en este deseo de transformación en gran ciudad. Tanto el sector público como el privado invirtieron en nuevas construcciones que reflejaron un nuevo estilo arquitectónico sinónimo de modernidad y progreso. A partir de 1870 comenzaron a sentirse con fuerza los efectos del mercado exportador, principalmente en el mejoramiento de las vías de comunicación, lo cual favoreció las actividades productivas y comerciales dentro de la ciudad, y precisó el desplazamiento tanto de las * | Agradezco la colaboración de Samuel León Iglesias por los aportes que realizó a este texto. 1 | Germán Rodrigo Mejía Pavony, Los años del cambio: historia urbana de Bogotá, 1820-1910. 2| La modernidad entendida como el conjunto de procesos no paralelos que transforman a la ciudad, las personas y la economía, que generan dinámicas de sociabilidad, activan la producción, transforman sus relaciones y empiezan a gestar los elementos propios del capitalismo y las identidades de la clase obrera y la clase media, así como el estudio de las dinámicas de esos sectores. 3 | La población de Bogotá en 1898 era de 78.000 habitantes, en 1907 de 86.328 y en 1915 se registraron 116.951, mientras que ciudades como Medellín pasaron de 30.000 habitantes en 1898 a 71.000 en 1912; Cali de 18.000 en 1898 a 27.747 en 1912; y Cartagena de 5.000 en 1898 a 8.971 en 1912. Mejía Pavony, Los años del cambio…, 293. 4 | Concepto desarrollado por el historiador José Luis Romero en la obra Latinoamérica la ciudad de las ideas y retomado por diferentes académicos. El concepto de “gran aldea” está ligado a la falta de servicios públicos y a la ausencia de producción industrial y desarrollo urbano. capítulo 4
  • 50. El museo en el museo | 48 | élites como de las clases obreras hacia los bordes de la ciudad. Los servicios de salubridad se iniciaron administrados por empresas privadas primero y luego por la municipalidad. Con la implementación del tranvía como transporte urbano, en un inicio manejado por la empresa privada y luego por el municipio, se dio paso a las empresas públicas; este proceso comenzó al finalizar el siglo XIX y terminó en la segunda década del siglo XX. Entre otras iniciativas municipales de este periodo se construyó la planta eléctrica de El Charquito, así como el telégrafo, el alumbrado eléctrico, el servicio de bomberos, el acueducto y el alcantarillado5 . Con los servicios públicos se buscó solventar las nuevas necesidades de la Bogotá que avanzaba lentamente hacia la modernidad. Además, estos constituyeron la base para el proceso de industrialización de la ciudad, cuya transformación fue influyendo paulatinamente en los hábitos cotidianos de todos los habitantes al enfrentarlos a los problemas de orden y salud públicos, que ahora más que nunca empezaban a recibir una solución verdadera y eficaz6 . El avance en la red de servicios públicos y de transportes generó que los sectores medios y la burguesía en ascenso se desplazaran del centro de la ciudad a la periferia, logrando así la urbanización de amplias extensiones de tierra, que anteriormente habían sido grandes haciendas, lo mismo que el poblamiento de nuevos barrios como Chapinero y la construcción de quintas de recreo cercanas. Otro factor que influyó en la transformación del ritmo de vida de los ciudadanos, especialmente de la clase obrera, fue la creación de fábricas que imponían un horario 5 | Mejía Pavony, Los años del cambio..., 438-441. 6 | Miguel Ángel Urrego, Sexualidad, matrimonio y familia en Bogotá 1880-1930 (Bogotá: Ariel Historia, Fundación Universidad Central y DIUC, 1997), 68-69. 47 | Lino Lara S. (activo en Bogotá entre 1899 y 1932) | iglesia y puente de san francisco | 1906
  • 51. Los modernos del 900. Los lugares de lo público y lo privado | 49 | de trabajo que debía ser acatado por los trabajadores, quienes ya no se guiaban por el repique de las campanas de las iglesias para medir las labores del día, sino por el tic-tac del reloj tarjetero de entrada y salida de las fábricas7 . Las distancias que antes se recorrían a pie resultaron lejanas por los ritmos rápidos propios de la producción industrial. Para remediarlo se pusieron en marcha el tranvía, el ferrocarril y los automóviles, los cuales acortaron distancias con Chapinero y otros sectores aledaños, y además contribuyeron a la regulación de los horarios de los obreros y asalariados. Con el ánimo urbanizador de finales de siglo se densificó la población de los barrios Santa Bárbara y San Victorino, y se incorporaron parroquias en zonas consideradas antes como arrabales: Egipto, Las Aguas y Las Cruces. Igualmente, se crearon nuevas zonas residenciales como: La Milagrosa, San José de Fucha, Santa Catalina, El Molino de la Hortúa, Ninguna Parte, La Estanzuela, Santa Ana de Miraflores, Sanfasón, Frascati, La Azotea, La Florida, La Magdalena, Tequenusa, La Soledad, La Merced, El Descanso, El Recreo y El Río Arzobispo8 . Administrativamente surgieron nuevas zonas urbanas en San Diego y Chapinero; también se crearon 3 jurisdicciones administrativas (distintas a los barrios), parroquias e inspecciones de policía y 4 distritos. Este crecimiento y acomodación de la población fue una de las causas de segregación de las clases obreras fuera del casco urbano, que el municipio solucionó incorporando tres nuevas parroquias o barrios en 1891, a las cuatro ya existentes. El plano-almanaque de Carlos Clavijo9 , de 1894, permite comprender esa dinámica de transformación urbana a finales del siglo XIX. Allí podemos ver que en Bogotá existían 285 sitios catalogados, 711 manzanas, 11 casas de gobierno, un tranvía, 2 compañías de ferrocarriles, una cárcel, notarías, 7 bancos, 15 iglesias, 3 plazas de mercado, 9 restaurantes, 21 hoteles, 62 fábricas que, en su mayoría, eran talleres especializados de artesanos, 3 acueductos y 92 focos eléctricos. En su búsqueda de privacidad e intimidad, la burguesía pobló nuevos sectores de la ciudad, hecho que le permitió diferenciarse y caracterizarse. El sector de Chapinero, establecido como barrio en 1885, fue el preferido por la nueva élite10 . Este se creó en un paisaje semirural con quintas, casa- quintas y pequeños palacetes de descanso para los fines de semana, que se convirtieron luego en el parámetro residencial de las élites 7 | Urrego, Sexualidad, matrimonio…, 67-70. 8 | Germán Rodrigo Mejía Pavony, “En busca de la intimidad”, en Historia de la vida privada en Colombia. Tomo II: Los signos de la intimidad. El largo siglo XX (Bogotá: Taurus, 2011), 39. 9 | Carlos Clavijo R., Plano topográfico de Bogotá levantado por Carlos Clavijo R. en 1891; reformado en 1894 (Bogotá: Litografía Paredes, 1894). 10 | Mejía Pavony, “En busca de la intimidad”..., 39. 48 | Württembergische Uhrenfabrik Bürk Söhne (1855 - ) | reloj de péndulo tarjetero | Ca. 1950
  • 52. El museo en el museo | 50 | bogotanas y que fueron construidos con un estilo arquitectónico de aire europeo, con materiales como el cemento, el ladrillo y el hierro. Dichas construcciones tenían jardines con balaustradas a la entrada, ladrillo y hierro forjado, y, lo más importante, para conservar su individualidad o independencia, extensas zonas verdes alrededor con cerramientos en piedra. Para finales del siglo XIX, Chapinero ya estaba conformado como un sector con 2.300 habitantes y una red de establecimientos y negocios que le permitían ser autosuficiente en relación con el centro de la ciudad. Además de Chapinero, la élite pobló nuevos sectores residenciales como La Magdalena, La Soledad, La Merced y El Río Arzobispo11 , con casas construidas al estilo europeo o inglés. La arquitectura como sinónimo de modernidad La arquitectura contribuyó a la transformación del paisaje urbano siguiendo los parámetros de las urbes europeas. Esta transformación se expresó en: detalles ornamentales para decorar fachadas e interiores basados en estilos foráneos; el uso de materiales como cemento, piedra y yeso para la construcción de nuevos edificios y viviendas; nuevas técnicas constructivas; y la especialización de nuevos profesionales, educados por extranjeros como el arquitecto Gastón Lelarge (1861 - 1934), el escultor Cesare Sighinolfi (1833 - 1902) y el ornamentador Luigi Ramelli (1851-1930). Estas características dieron como resultado la llamada arquitectura republicana. Bajo este estilo arquitectónico, en la ciudad se construyeron edificaciones para las sedes oficiales de gobierno y el equipamiento urbano12 , dándole una nueva fisonomía, en relación con las construcciones de paredes de adobe y techos pajizos de herencia colonial. Los edificios de estilo republicano, ubicados en las calles principales, reunían negocios de toda índole en la primera planta y albergaban en las segunda y tercera casas de habitación. También se construyeron edificios que, desde su planeación, fueron concebidos para desarrollar una sola función como bancos, hoteles, clubes, teatros o pasajes comerciales. Tal es el caso del Bazar Veracruz (1899), diseñado por el arquitecto Mariano 11 | Mejía Pavony, “En busca de la intimidad”…, 39. 12 | Mejía Pavony, Los años del cambio... 49 | Autor desconocido | tranvía de mulas | Ca. 1920
  • 53. Los modernos del 900. Los lugares de lo público y lo privado | 51 | 50 | Carlos Clavijo R. / Felipe Eduardo Lehner / Litografía Paredes | plano topográfico de bogotá levantado por carlos clavijo r. en 1891; reformado en 1894 | 1894
  • 54. El museo en el museo | 52 | Santamaría (1857 - 1915). El arquitecto Gastón Lelarge opinó sobre el edificio: Bien proporcionado en sus grandes líneas generales, forma su fachada una hermosa silueta de mucho efecto sobre las otras construcciones de la calle Real. Este Bazar Veracruz marca época en las transformaciones de la antigua Santafé, y acusa en sus grandes líneas el talento de un arquitecto13 . Otro escenario que mostró este nuevo estilo arquitectónico de corte neoclásico fue el edificio Hernández (1918), en la calle Florián (calle 12 y carrera 8), lugar en donde estaban ubicados gran cantidad de locales comerciales, y en donde se encontraba uno de los tres locales de los Almacenes de un centavo a un peso, propiedad de Carrizosa Herrera & Cía. El Nuevo Tiempo reseñaba, a su vez, la inauguración: Considerable es el número de elegantes construcciones que de día en día se están levantando en casi todas las calles de la ciudad, aún en las que no se hallan precisamente en el centro. El edificio Hernández, cuya construcción fue dirigida por el competente Arquitecto doctor Arturo Jaramillo; las tres magníficas casas [… ] son una prueba evidente del desarrollo de la capital. No hay calle, ni carrera, en la cual no se adelante una nueva edificación, que honra la ciudad por su elegancia, por su sencillez arquitectónica y por su sutileza14 . Celebrando la República, construyendo la modernidad Con la celebración del descubrimiento de América (1892) y luego con la del primer centenario de la República de Colombia (1910), la capital entró en una dinámica de embellecimiento: las plazas se llenaron de rejas y fuentes, se mejoraron y arborizaron los paseos y parques, y la ciudad se embebió nuevamente con el espíritu hispanista percibido por los transeúntes en las nuevas esculturas y monumentos conmemorativos. La arquitectura pública intentó emular los grandes bulevares europeos, que aunados a la nueva apariencia de las construcciones buscaban demostrar rasgos de ciudad moderna. En la celebración del centenario se reunieron las ideas de modernidad y progreso con modelos de avances tecnológicos e 51 | A. Cortés M. & Co. | plazuela caldas, bogotá | 1910 13 | Pedro María Ibáñez, Crónicas de Bogotá. Tomo III (Bogotá: Imprenta Nacional, 1917), 231-232. 14 | “Urbanización moderna”, El Nuevo Tiempo 16, n.o 5456 (9 de marzo de 1918).
  • 55. Los modernos del 900. Los lugares de lo público y lo privado | 53 | industriales, expuestos en pabellones inspirados en tendencias arquitectónicas eclécticas, que materializaban diferentes modos de la civilización expresados a través de la arquitectura15 . Fuera y dentro de la casa: la conformación del gusto burgués en Bogotá En las últimas décadas del siglo XIX en Colombia, surgió una élite económica que, en su deseo de seguir los modelos que proponía la modernidad europea y norteamericana, transformó aspectos públicos y privados de su vida cotidiana. En Bogotá, centro de esta transformación, se construyeron espacios urbanos en donde se pudieran desplegar estas nuevas costumbres, como paseos, teatros, hipódromos y clubes. Bogotá se convirtió en “la proyección espacial de las relaciones sociales”, concepto que Germán Mejía desarrolla de Maurice Aymard.16 . Se crearon áreas en donde la élite comercial pudo materializar su sistema social delimitado, protegido en su individualidad, y separado de otras clases sociales. “El concepto de intimidad es una creación moderna que supone la presencia de otro espacio igualmente moderno: vida privada”17 . Se supondría que pertenecen al ámbito privado solo los espacios domésticos como la casa. Lo privado, estudiado en un sentido más amplio, envuelve los lugares destinados para el ocio como los clubes y el teatro18 , la forma de llevar la vida, las costumbres, la ubicación de la vivienda, la casa, su decoración y los objetos de uso doméstico, así como unas particularidades de participación en sociedad. Estos espacios les permitían a las clases acomodadas diferenciarse y separarse de los sectores populares y construir su intimidad burguesa19 . La noción de intimidad se expresó en la privacidad, en la diferenciación espacial y corporal de las demás clases sociales. El discurso burgués de finales del siglo XIX trajo consigo nuevos valores y rituales de la vida 15 | Juan Carlos Pérgolis, “El deseo de modernidad en la Bogotá republicana. Un ejercicio sobre comunicación y ciudad”, Revista de Arquitectura 13 (2011): 4-12. 16 | Maurice Aymard, “Espacios”, en El Mediterráneo. El Espacio y la historia (México: Fondo de Cultura Económica, 2009), 176-177. 17 | José Luis L. Aranguren, “El ámbito de la intimidad”, en De la intimidad (Barcelona: Crítica, 1989), 184. Citado en: Urrego, Sexualidad, matrimonio... 18 | Mejía Pavony, “En busca de la intimidad”…, 34. 19 | Urrego, Sexualidad, matrimonio…, 183-269. 52 | Alberto Urdaneta (1845 - 1887) / Antonio Rodríguez (ca. 1840 - 1898) | grabado del cuadro de costumbres “un año en la corte” de ricardo silva | 1881
  • 56. El museo en el museo | 54 | en familia, como los discursos higienistas, la cívica, la urbanidad y la puericultura. Estas nuevas nociones definieron, además de la búsqueda de intimidad, la funcionalidad de los espacios privados, que pretendían confinar a la familia en un círculo cerrado en donde se pudieran establecer normas de convivencia acordes a su estatus de élite20 . Escenarios de la vida en sociedad La burguesía no se identificó a sí misma con este nombre, sin embargo, se sentía predestinada a gozar del lujo y el confort de la vida moderna. Así lo entiende Ricardo Silva en el artículo titulado “Un año en la corte”, publicado en 1881 en el Papel Periódico Ilustrado: “Esta familia [Peláez21 ] predestinada al bienestar y a los placeres en que se agita el mundo elegante, el gran mundo de Bogotá”22 . La nueva élite económica que había surgido en las últimas décadas del siglo podía acceder a bailes, conciertos, funciones de teatro, paseos, carnavales y todo tipo de celebraciones públicas, en escenarios en donde la nueva clase social desplegó los signos de moda, estatus y refinamiento de las urbes europeas. El artículo de Silva no solo describe cómo se sentían los cambios en la ciudad para una familia tradicional que llegó a Bogotá de uno de los estados soberanos, que habían dejado de existir recientemente, sino que también refleja las nuevas prácticas de sociabilidad: [sic] Tres meses despues la familia Peláez estaba en posesion de todos los pormenores del buen tono, gracias á la señora de Rioja y á la encantadora primita Matilde. La casa, lujosamente amueblada, fué pronto, pronto, el rendez-vous de la primera sociedad, y más tarde las noches de la semana fueron distribuidas así: Domingo- Opera y cena en comedor particular del Jockey-Club. Lúnes-Recibo en casa del señor Escalente, Enviado extraordinario y Ministro Plenipotenciario del gobierno de Rio Janeiro. Mártes- Recibo en casa del señor Rioja, su tío. Miércoles-Recibo en su propia casa . Juéves-Ópera y cena como lo anterior. Viérnes- Recibo en casa del señor Ochoa, círculo literario. Sábado-Visitas de confianza a las paisanas, compadres y demas gentes vulgares y pobres del Estado soberano de ***, relacionados por parentesco y amistad. Y como refuerzo ó cuñas, vinieron los cumpleaños de las amigas, con sus consiguientes tertulias; las visitas, los certámenes, las funciones religiosas, &c., con lo cual la vida de la familia y los pesos de D. Martin se deslizaban suavemente Como entre sauces murmurante rio23 . El relato termina después de un año de la llegada de la familia a Bogotá, tiempo en el que ha gastado por completo la fortuna del hacendado para aparentar la pertenencia a un selecto círculo social. Todos se ven obligados a retornar a su tierra. Entre los nuevos espacios de ocio, construidos por los miembros de la burguesía para mantener la independencia y relacionarse solo con sus iguales, están los clubes. Estos aparecieron en un comienzo como asociaciones netamente masculinas en las que se hacían reuniones para jugar cartas, tresillo, billar o ajedrez. Poco a poco fueron incluidas las mujeres en celebraciones, fiestas o bailes. Los hombres debían seguir normas de protocolo y etiqueta, y las mujeres eran bienvenidas siempre y cuando personalizaran toda la ostentación e hicieran alarde de diferenciación social, con sus trajes especializados para cada actividad, como mandaba el “buen tono”. Algunos de los clubes exclusivos de la burguesía bogotana fueron: el Gun Club (1882)24 , el Jockey Club (1875)25 y el Country Club de Bogotá (1919). También se fundaron espacios deportivos igualmente representativos como el Polo Club (1897)26 , el Hipódromo de Chapinero (1889), el Hipódromo de la Magdalena (1898) y el Hipódromo de la Gran Sabana o circo para carreras de caballos (1891)27 , entre otros. En estos clubes podían participar tanto mujeres como hombres y allí se jugaban partidos de croquet, tenis y pelota y se montaba a caballo o se competía en esgrima, todas actividades de gran estatus. 20 | Urrego, Sexualidad, matrimonio..., 182. 21 | La familia Peláez había llegado a la capital procedente de uno de los estados disueltos con el nuevo modelo centralista de gobierno, del que no se aclara el nombre en el texto. 22 | Ricardo Silva, “Un año en la corte”, Papel Periódico Ilustrado 1, n.o 3 (1881): 42. 23 | Silva, “Un año en la corte”… 24 | Fundado entre otros por Julio y Enrique Silva Silva, Ruperto y Carlos Restrepo Saénz y José María Saénz Pinzón. 25 | Fundado por Ricardo Portocarreño, la familia Holguín, Rodolfo Samper y Salvador Camacho Roldán, aficionados a la hípica. 26 | Iniciativa de Ignacio Sanz de Santamaría y Pepe Child. 27 | Contratado con Carlos José Espinosa y Rafael Espinosa Guzmán, más conocido en los círculos literarios como “REG”, quien fue miembro de la Gruta Simbólica.
  • 57. Los modernos del 900. Los lugares de lo público y lo privado | 55 | En las inauguraciones y eventos se desplegaba todo el encanto de las modas europeas y norteamericanas con ostentación, como lo describe Aníbal Currea: Se viajaba al hipódromo en fiacres, landós, victorias y calesas o en los coches de la empresa de don Santiago de la Guardia… Algunas damas viajaban en tranvía, lo cual, junto con el ciclismo, les fue duramente criticado… A la inauguración acudieron nuestras damas engalanadas con larguísimos trajes de seda, de talle muy ceñido, sombreros llenos de flores y botas terminadas en agudísima punta. Los caballeros lucían apretadísimo pantalón de fantasía, sombrero duro de ala enroscada, sacolevita corto de punta de lanza, bastón o fuete del más puro estilo británico, y botas de charol. La guardia usaba quepis francés, largo levitón rojo y pantalones blancos… la primera carrera se hizo en honor al Polo Club, acabado de fundar28 . Los teatros, la ópera, el cine y las retretas en los parques fueron otros espacios para el despliegue de moda y elegancia. Ejemplo de los teatros existentes en la época son: el coliseo Ramírez que luego se llamó teatro Maldonado –sobre el que se construyó en 1892 el teatro de Cristóbal Colón, como un homenaje al IV centenario del descubrimiento de América– y el teatro municipal. En ellos se presentaban grupos operáticos, de música, canto y declamación. En el salón Olimpia de la familia Di Doménico se proyectaban los primeros ensayos de cine mudo, a los que podían asistir las élites y clases populares. Las retretas, según la guía de 1894, se realizaban en el parque de Bolívar los días jueves, en el de Santander los sábados y en el del Centenario los domingos29 . A estos eventos, tanto en los clubes como en los teatros, asistía la élite a lucir los últimos atuendos traídos de Europa. Estos debían ser seleccionados de acuerdo con la hora del día y el tipo de evento. Cada traje debía cumplir con características específicas tomadas de modelos europeos. De esta forma la burguesía conformaba los rituales que utilizaba para proyectar una imagen de esplendor. 28 | Aníbal Currea Restrepo, “El Hipódromo y Velódromo de la Gran Sabana”, El Tiempo, 12 de febrero de 1961. Citado en: Mejía Pavony, Los años del cambio…, 213. 29 | Lisímaco Palau, Guía histórica y descriptiva de la ciudad de Bogotá (1894), 31. 53 | Fernando Carrizosa Valenzuela (1881 - 1947) | salón de la familia carrizosa herrera | Ca. 1910
  • 58. El museo en el museo | 56 | “Como una casa de muñecas”. La redistribución de los espacios de la intimidad Durante el periodo colonial, lo que se entendía como privado era el lugar de la familia, los espacios eran compartidos por personas del mismo género y no había necesidad de puertas. Los esposos dormían separados y las salas de recibo estaban diferenciadas por género. Al finalizar el siglo XIX, con la modernización de las viviendas, se delimitaron y definieron los usos de sus áreas internas, de la misma manera en que la ciudad delimitaba sus lugares de encuentro social. En este nuevo razonamiento de modernidad era importante tener un salón para la recepción de invitados, un estudio para el trabajo o la escritura, una sala de estar para la lectura y el bordado, una sala para la música o el piano, un baño o tocador para mujeres y un salón de fumar; así, el hecho de tener un cuarto privado con espacio para la lectura, la música y el té se convirtió en la nueva forma de habitar la casa y lograr intimidad30 . El refinamiento de las costumbres, sustentadas en una idealización de la modernidad extranjera emulada en Europa y Estados Unidos, llevó a la burguesía comercial y a la clase acomodada local a transformar estos espacios diferenciados en lugares llenos de objetos importados que demostraban, ante sus iguales, la conformación de un gusto y unos hábitos de consumo burgueses. Según Didier Maleuvre, la forma de mostrarse como burgués era la acumulación en espacios íntimos: coleccionar constituye una forma de tomar posesión del mundo, una forma de domesticar lo exótico conservando una máscara tribal en la repisa de la chimenea, una forma de asegurar el pasado distante a través de una estatua antigua y una forma de consagrar la memoria personal por medio de un suvenir. Todo ello tiene el efecto de hacer del hogar el centro de un ancho círculo temporal y geográfico, en cuyo núcleo el mundo queda encapsulado en miniatura. El hogar se convierte así en el guardián doméstico de todas las cosas cercanas y lejanas, en el centro de gravedad de la propiedad, en la base del mundo burgués31 . Fernando Carrizosa (1881 - 1947), a quien pudimos relacionar en otro capítulo con la élite comerciante de finales del siglo XIX, hizo parte de una familia que tuvo acceso a modelos foráneos, relacionados con la arquitectura, la moda, el arte y la tecnología. En su adolescencia, Carrizosa viajó a París con su familia en 1898 y permaneció allí durante cuatro años. Además de Francia también visitó Inglaterra, Suiza, Bélgica y España. Después de su estadía en Europa viajó a Estados Unidos y regresó a Bogotá aproximadamente en 1905. En 1910, se casó con Dolores Herrera de la Torre. Por algunos años, la familia Carrizosa vivió en la calle Florián y luego se trasladó a la calle 14 # 6-88, lugar que en 1921 le vendió a Eduardo Santos para establecer la sede de El Tiempo32 . El mobiliario completo del salón de la casa de la familia Carrizosa fue donado al Museo del Siglo XIX, al igual que un buen número de vestidos traídos de Europa, que ampliaron la colección de indumentaria33 . La sala de los Carrizosa es un juego completo compuesto por dos sofás de tres puestos; cuatro sillas de brazos y doce sin brazos, forradas en terciopelo rojo labrado, con pequeñas ruedas en sus patas delanteras; tres mesas de centro altas y dos medias mesas y dos cómodas, todas de madera tallada; lámparas de cristal; porcelanas de estilo neoclásico y rococó; una gran alfombra; un candelabro de cristal rojo de ocho luces; y grandes espejos con marco dorado. Los muebles de salón ejemplifican el planteamiento de Didier Maleuvre: “hacer del hogar el centro de un ancho círculo temporal y geográfico, en cuyo núcleo el mundo queda encapsulado en miniatura”. El arte de recibir Las actividades sociales de la élite no se limitaban a los clubes o al teatro. Recibir en casa era igual de importante, como puede deducirse de la escena antes descrita de “Un año en la corte”. Recibir en la casa de los amigos o en la propia tomaba cuatro de los siete días de la semana, y un día era 30 | El muñequero (reg. 1333) de la colección del Museo del Siglo XIX muestra esta división social según las casas burguesas, en las que los lugares de recibimiento son varios: el estar, el salón, el bar y el estudio. Los espacios familiares, como la habitación de los niños y la alcoba matrimonial, contrastan con los del servicio doméstico que albergan a un grupo diferenciado. Los entornos de trabajo se separan y la alacena funciona aparte de la cocina, al igual que el cuarto para planchar o el patio. 31 | Didier Maleuvre, “El museo en casa. El interior doméstico en el siglo XIX”, en Memorias del Museo. Historia, tecnología, arte (Cendeac: 2013), 127. 32 | Colecciones Colombianas, Biografías (Museo Nacional de Colombia). 33 | La donación se dio durante la administración de Aída Martínez Carreño, quien recreó este espacio en una de las salas del Museo a partir de una fotografía.
  • 59. Los modernos del 900. Los lugares de lo público y lo privado | 57 | 54 | Mlle. Annette, París | vestido de baile | Ca. 1889
  • 60. El museo en el museo | 58 | dedicado a visitas a los parientes cercanos, diferenciadas de las visitas de recibo34 . Los espacios definidos en las casas para cada función le permitieron a los dueños recibir visitas, tomar el té, cenar después del teatro o la ópera y reunirse con amigos de gustos e intereses similares, sin perjudicar su intimidad. Todos los elementos presentes en las casas daban cuenta del origen europeo o norteamericano del mobiliario utilizado en los hogares burgueses y demostraban la importancia de tener espacios profusamente dotados para recibir. El mobiliario permitía ser desplegado para reuniones o podía servir de teatrico y para realizar bailes y grandes cenas. Preparar los espacios para recibir incluía tener un ajuar adecuado: platos de porcelana, cubiertos de plata y manteles bordados, todo complementado por un menú de origen europeo. En el elegante salón principal del señor Leopoldo Tanco, hábilmente transformado en un Teatrico […] se puso en escena […] la popular Marcha de Cádiz por la bella troupe infantil compuesta de todos los niños de la familia Tanco. […] Terminada la representación en medio de los más sinceros aplausos, volvieron los salones á su primitivo estado y se dio principio á una alegre y suntuosa fiesta que tuvo en todos sus detalles el sello de distinción y de elegancia que sabe imprimirle á sus actos la aristocrática dama que al hacer los honores de su casa le dio más brillo á la inolvidable fiesta de que hemos tratado de dar cuenta á nuestros lectores35 . Parte de ese deseo de civilización y búsqueda de equipararse a ciudades cosmopolitas era aprender a comportarse como gente “civilizada”. La imagen del “ángel de la casa”36 del siglo XIX se transformó en la dama de sociedad que conservaba “el buen tono”37 al iniciar el siglo XX. Las maneras controladas estrictamente por los manuales de urbanidad38 y publicaciones periódicas dedicadas a las señoritas del “bello sexo” se transformaron en manuales de comportamiento con especificaciones para el club, el teatro, los bailes, los conciertos, las lecturas y la correspondencia, entre otros39 . Este es hoy el estilo del lujo y del gusto que caracteriza ya las habitaciones de muchos de los habitantes de Bogotá, lo cual, junto con las maneras delicadas y de la más exquisita cortesía de cierto círculo; la belleza y distinción de nuestras adorables paisanas; la espléndida é increíble variedad y belleza de nuestras flores y el refinamiento de buen gusto que se ha alcanzado entre ciertas gentes del mundo elegante…40 . Las actividades en espacios públicos y privados estaban regidas por protocolos de modales, etiqueta, buenas maneras, hábitos, nuevas modas y atuendos. El lenguaje que se debía utilizar, las rutinas alimenticias y el manejo de nuevos utensilios de mesa fueron elementos que poco a poco alcanzaron el deseo burgués de diferenciarse y sobresalir41 . Vestirse: un ritual de la paciencia Para demostrar que se tenía lo necesario para pertenecer a la burguesía, se requirió de una gran cantidad de ajuares que dotaran no solo las casas que debían estar profusamente decoradas y adornadas, sino también los armarios, que debían estar llenos de vestidos de estilos y tendencias modernas. Los modelos aparecían en la prensa y en revistas ilustradas especializadas como Cromos, El Gráfico, La Moda Elegante, L’Illustration. Journal Universel o el Correo de Ultramar, todas distribuidas en Bogotá. Una descripción de estos trajes la encontramos en el ya citado artículo “Un año en la corte”: D. Martin Peláez, alto, moreno; calzon de dril blanco, ajustado, botines de ante amarillo, señalados en el empeine y por detras, con las huellas azulosas de las correas y de las espuelas de plata; chaleco de terciopelo á rayitas y de tres botones como para baile, saquito de pafio oscuro, inconstitucional por el corte y por lo corto, cuello de la camisa ajado sosteniendo una corbatica gris, casi culebra, cadena gruesa de oro, cordon de pelo, mano callosa y ennegrecida, anillo de esmeraldas y sortija de plata, sombrero de jipijapa alto, de grandes alas y copa cónica con ancha cinta negra y voz pausada, 34 | Silva, “Un año en la corte”… 35 | Revista Ilustrada (25 de agosto de 1898): 60-61. 36 | “Por lo tanto, para la sociedad decimonónica la mujer se idealiza como «el ángel de la casa», título de un poema de mediados de siglo en Inglaterra, expresión que será retomada como el ideal de esposa que se sacrifica por el bien de su familia, elegante, pasiva, piadosa, pura, y cuyo poder consistía en las decisiones para el buen manejo del hogar”. Luz Hincapié, “Virgen, ángel, flor y debilidad. Paradigmas de la imagen de la mujer en la literatura colombiana de finales del siglo XIX”, Tabula Rasa, n.o 6 (enero-junio de 2007): 287-307. 37 | Término usado en la época para aludir a la ”ciencia de las buenas maneras” en las personas. Patricia Londoño, “Cartillas y manuales de urbanidad y del buen tono: catecismos cívicos y prácticos para un amable vivir”, Revista Credencial Historia 85 (1997): 10-14. 38 | María Isabel Afanador Contreras y Juan Fernando Báez Monsalve, “Manuales de urbanidad en la Colombia del siglo XIX: Modernidad, pedagogía y cuerpo”, Historia y Memoria, n.o 11 (julio de 2015): 57-82. 39 | Londoño, “Cartillas y manuales de urbanidad y del buen tono… 40 | Silva, “Un año en la corte”…: 50. 41 | María Angélica Salazar Rodríguez, “De encajes, sedas y moños: una historia del performance burgués y de la distinción social en Bogotá (1886-1899)” (tesis, Universidad Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, 2012), http:/ / repository.urosario.edu.co/ handle/10336/3985.
  • 61. Los modernos del 900. Los lugares de lo público y lo privado | 59 | 55 | Mme. M. Chaud | vestido para la hora del té | Ca. 1895
  • 62. El museo en el museo | 60 | 56 | Fabricante desconocido | vestido de ceremonia | 1888
  • 63. Los modernos del 900. Los lugares de lo público y lo privado | 61 | mirada maliciosa y sonrisa calentana … La esposa de D. Martin y sus dos hijas Rosita y Paz. Ojos negros, mirada lánguida, tez amarillenta, pelo rubio y recogido con redesillas de felpa negra; sombrerito suaza con velo azul y hebilla de acero, traje de Regencia, pañolon de colores vivos á listas, y guantes de seda gris42 . Levantarse en las mañanas, enjuagarse el rostro en el aguamanil, ponerse una camisilla de manga larga, corsé-cubre corsé, camisa, calzones y muchas enaguas hechas con lino fino o batistas de algodón, a veces almidonadas, un vestido de dos piezas, blusa con 30 broches, botines y falda era parte de la rutina de cada mañana para las mujeres burguesas. Esta rutina debía repetirse varias veces al día, si se seguían las exigencias de llevar un atuendo diferente para la misa, otro para recibir, otro para salir a jugar tenis y finalmente otro no menos pesado para ir en la noche al teatro. A finales del siglo XIX, Bogotá se transformó en aspectos económicos y políticos que dieron cabida a un nuevo grupo comerciante naciente, el cual logró, a partir 42 | Silva, “Un año en la corte”…: 45. 43 | María Teresa Ramírez, “El proceso económico”, en Colombia la apertura al mundo, dir. por Eduardo Posada Carbó (Madrid: Fundación Mafre y Taurus, 2015), 178-185. 44 | Didier Maleuvre, “El museo en casa. El interior doméstico en el siglo XIX”, en Memorias del Museo. Historia, tecnología, arte (Cendeac: 2013), 127. de capitales excedentes, consolidarse como burguesía económica43 . Este nuevo sector de la economía apoyó cambios urbanos y arquitectónicos, que fueron favorables para sus ideales modernistas y civilizadores. Lograr que la ciudad fuera una proyección espacial de sus intereses requirió la implementación de lugares acordes con su deseo de diferenciación social, como clubes, teatros y áreas residenciales específicas. Las casas también sufrieron cambios en su organización, creando espacios individuales e íntimos que además proveían comodidad. Se importaron objetos y trajes de Europa que permitieron conformar una imagen de lujo, opulencia y progreso, así como costumbres consideradas civilizadas. Como una forma de tomar posesión del mundo y de domesticar lo exótico44 , los burgueses debían mostrar que ser burgués era una condición natural en la que se había nacido. La materialización de su sistema social estaba basada en identificarse como seres civilizados y conformar una red cerrada de relaciones con sus iguales. ◆ 57 | Durán y Restrepo / Pedro Carlos Manrique | teatro colón | 1898
  • 64. Mercedes Álvarez de Flores | detalle |
  • 65. De revistas, paisajes, mantillas y ruanas: momentos de la modernidad en Bogotá (1880 - 1930) | 63 | DE REVISTAS, PAISAJES, MANTILLAS Y RUANAS: MOMENTOS DE LA MODERNIDAD EN BOGOTÁ (1880 - 1930) Samuel León Iglesias Curaduría de Arte Museo Nacional de Colombia Es probable que se hubiera aterrado, creyéndose loco, si se encuentra con El Arco del Triunfo en La Pila Chiquita, en la calle o muladar Los Cachos El Boulevard Strasbourg, La Explanada de Los Inválidos en el Llano de la Mosca, La columna Vendomme en vez del mutilado Padre Quevedo y La Tour Eiffel en el Puente de los Micos… Esa no sería Bogotá, su Bogotá más querida mientras más pobre y triste fuera, como se quiere a la madre aunque sea una vieja sin dientes, llena de canas y sin una peseta. Clímaco Soto Borda, Diana Cazadora El bogotano Clímaco Soto Borda (1870 - 1919) escribió hacia 1900 la novela Diana Cazadora. En ella deja consignadas las impresiones que sobre Bogotá se hace su personaje Alejandro Acosta, joven aristócrata bogotano recién llegado de París, quien asume con irónica realidad el abismo existente entre la Ciudad Luz y su ciudad natal, que hasta ahora descubre la luz eléctrica con la instalación del alumbrado público en el mismo año en que Soto Borda escribió esta provocadora novela. Alejandro, al terminar su temporada en París, regresó a Bogotá, y un mes después “ya [estaba] bogotanizado de nuevo, hecho a la vida bogotana con todos sus defectos, con todas sus ventajas, con sus placeres fugitivos y su monotonía de ciudad sin oxígeno”1 . Esta afirmación de Soto Borda en el texto, que no escapa a las influencias del humor negro, nos permite interpretar lo que por voz del narrador se podría decir sobre los defectos y ventajas de vivir en la ciudad capital: una urbe que avanzaba lentamente hacia la consolidación de un proyecto de modernidad iniciado por los viajeros nacionales que descubrieron en Europa modelos de ser mediados por el capital sustentado en la expansión económica del oro, el tabaco, la quina, el añil, y finalmente, el café. Por otro lado, se ve reflejada la voluntad del Estado de construir una nación civilizada y dispuesta a entrar en el concurso de las naciones de primer orden (ver capítulo 2). Así pues, pensar en los procesos de modernización que gestaron la imagen de la ciudad de Bogotá y las formas de vida de sus habitantes nos impulsa a recorrer, “a vuelo de pájaro”, un periodo en el que se gestó una élite comercial y, a su vez, se dieron los elementos que permitieron consolidar posteriormente una identidad de clase entre los que la prensa llamaba “los obreros”2 . En ese sentido, a través de cuatro momentos relacionados con las revistas 1 | Clímaco Soto Borda, Diana Cazadora (Bogotá: Editorial ABC, 1942), 5. 2 | Mauricio Archila Neira, Cultura e identidad obrera (Bogotá: CINEP, 2010), 30. capítulo 5
  • 66. El museo en el museo | 64 | ilustradas, el retrato y el paisaje, la moda y los obreros, deseamos redescubrir algunos aspectos que definían a los habitantes de Bogotá en el discurrir de su vida cotidiana entre 1880 y 1930. Las publicaciones ilustradas Con la fundación del Papel Periódico Ilustrado (1881 - 1887), el ingeniero, grabador, pintor y publicista3 Alberto Urdaneta (1845 - 1887) se propuso recuperar la labor periodística local, iniciada a finales del periodo colonial con el Papel Periódico de Santafé de Bogotá (1791 - 1796). Sin embargo, Urdaneta añadió un elemento adicional, el cual consistió en mostrar los adelantos que en materia de cultura y progreso se gestaban en Colombia durante la década de los ochenta del siglo antepasado. Este propósito se vio sustentado, además, en la importación de una nueva tecnología para la impresión de publicaciones: la xilografía de pie. Adicionalmente, Urdaneta decidió incluir grabados de madera en la publicación, logrando así impregnar sus páginas de hermosas ilustraciones que permitieron darle forma a las ideas que su periódico buscaba defender: una cultura nacional cristiana, reflejo de un vínculo simbólico con España, y la escritura de una historia patria, moralizante, épica y fuertemente conservadora4 . El periódico sirvió como modelo para vehicular todo aquello que contribuía a dar forma a la nación deseada, es decir, sus páginas rebosaban de un amplio contenido ideológico que giraba en torno a la historia de los grandes hombres que forjaron la república colombiana, sumada a los hitos que expresaban el contacto con la modernidad europea y del norte del continente americano, como por ejemplo la construcción de puentes, ferrocarriles y la transformación urbana de las ciudades del país, principalmente Bogotá5 . El Papel Periódico dio inicio a una manera moderna de compartir con los públicos lectores la actualidad de la ciudad, el país y los elementos tanto textuales como visuales de configurar una identidad nacional sustentada en valores cívicos. La marcada línea editorial de la publicación de Urdaneta sirvió como modelo para otros periódicos y revistas que se erigieron como medios de divulgación de los avances que en materia económica, tecnológica y social se estaban logrando tímidamente para que el país surgiera por fin en el concierto de las naciones civilizadas. Un ejemplo de este espíritu lo podemos encontrar en la Revista Ilustrada (1898 - 1899), fundada a finales de la década de los noventa del siglo XIX, por el abogado, crítico de arte y periodista Pedro Carlos Manrique (1860 - 1927). Esta revista recogía parte del legado editorial de Urdaneta, añadiendo a la última página de su publicación una sección dedicada exclusivamente a las innovaciones en la moda femenina, gesto que ponía en diálogo a la modernidad ligada a los efectos de la apariencia y el buen gusto. Manrique sustentaba en su introito al primer número de la Revista Ilustrada, con fecha de 18 de junio de 1898, un exaltamiento de la prensa como “una de las fuerzas que han contribuido más poderosamente a salvar el país de retrogradar a la barbarie colonial”. Sobre ella avanza un poco más en la siguiente frase: [La prensa] [l]ibre o amordazada, serena o incendiaria, [y] las recias polémicas por medio de ella sostenidas, no han dejado perecer del todo las conquistas que nos legara la Revolución francesa; y es consolador observar que ese poder, en vez de someterse o abatirse, crece y adquiere robustez6 . Estas ideas resumen lo que se fue gestando como un claro aviso de modernidad: el ejercicio de la prensa que da lugar a la opinión pública y permite establecer a la nación como un lugar civilizado al lograr la conexión con el mundo exterior y lo que sucede en él. En ese sentido, continúa Manrique: La palabra escrita no es suficiente por sí sola para sugerir al espíritu la idea completa de verdad o de belleza; pero viene en su auxilio, con toda la fuerza del objetivo, el arte del grabado, que pone al alcance de todos, ilustrados o ignorantes, las creaciones del arte, 3 | En el siglo XIX los publicistas realizaban el trabajo que hoy conocemos como periodismo. 4 | Amada Carolina Pérez, Nosotros y los otros. Las representaciones de la nación y sus habitantes. Colombia, 1880-1910 (Bogotá: Pontificia Universidad Javeriana, 2015), 50-51. 5 | Alberto Urdaneta, “Papel Periódico Ilustrado”, Papel Periódico Ilustrado 1, n.o 1 (1881): 3. 6 | Pedro Carlos Manrique, “Introito”, Revista Ilustrada 1, n.o 1 (1898): 1.
  • 67. De revistas, paisajes, mantillas y ruanas: momentos de la modernidad en Bogotá (1880 - 1930) | 65 | los descubrimientos de la ciencia, y por medio del retrato perpetúa el recuerdo de los benefactores de la humanidad7 . De este modo, se anuncia la innovación técnica del fotograbado que ayuda a transmitir a través del periódico imágenes que, basadas en el principio de la fotografía moderna, podían reproducirse de manera impresa, mostrando al público lector los avances nacionales y la actualidad internacional. Ya entrado el siglo XX, aparecen las revistas El Gráfico (1910 - 1941) y Cromos (1916 - actualidad), que en sus páginas buscaron ampliar el círculo de lectura más allá de la audiencia masculina. La revista El Gráfico estaba dirigida a un público más intelectual y de clase media. Cromos, por su parte, era consumida por las personas de clase alta, especialmente las mujeres8 , ya que su lectura era recomendada por los mismos editores para el disfrute de la mujer moderna. Una manera de otorgar distinción social a las mujeres de la élite correspondió a la divulgación de su imagen a través de las revistas ilustradas, por lo que en las páginas de El Gráfico y Cromos aparecían señoras y señoritas posando con sus más llamativos trajes. Se incluyó también en Cromos una sección dedicada a la moda femenina llamada Elegancias, que mostraba las últimas tendencias en el arte del buen vestir9 . En cuanto a los contenidos que El Gráfico publicaba, resultaban de preferencia las crónicas sobre la ciudad, principalmente en lo tocante a los avances de infraestructura de servicios públicos. Otros contenidos presentaban crónicas de las clases menos favorecidas, desde historias criminales hasta los eventos de beneficencia que hacían las asociaciones de caridad para alimentar y vestir a los más pobres. Por su parte Cromos dedicaba la mayoría de sus esfuerzos editoriales a mostrar las noticias que más interesaban a las élites en el ámbito internacional. Dedicaba también varias páginas a las notas sociales, en las cuales aparecían preferentemente las mujeres consideradas, desde esta perspectiva, como objeto-cuerpo depositario de belleza, recato y elegancia en el vestir. Descritas las anteriores características de las principales publicaciones bogotanas impresas entre 1880 y 1930, notamos que en ellas predomina la representación de una idea de progreso sustentada en la publicación de las noticias internacionales, el registro de avances en los servicios públicos de la ciudad y de infraestructura vial a nivel nacional y los cambios permanentes de la moda femenina. El retrato y el paisaje El retrato, género de la pintura que reproduce la imagen de una persona destacando su semejanza o estado de ánimo, empezó a 7 | Manrique, “Introito”... 8 | Paula Andrea Marín Colorado, “Diversificación del público lector en Bogotá (1910-1924). Un análisis de las revistas ilustradas El Gráfico y Cromos”, Historia y Memoria, n.° 13 (2016): 185-214, http:/ /dx.doi. org/10.19053/20275137.5204. 9 | Para profundizar en los valores de la belleza femenina sustentada en la apariencia y las buenas maneras, ver: Zandra Pedraza, En cuerpo y alma. Visiones del progreso y la felicidad (Bogotá: Ediciones Uniandes, 2011), 76-79; 329-330. 58 | Estudio Santa Fé, Bogotá | señorita maría carrizosa herrera luciendo un traje de la época del libertador | 1928
  • 68. El museo en el museo | 66 | decorar interiores domésticos y salones públicos, espacios que fueron adornados con representaciones de antepasados familiares, dueños de casa y hombres de la vida política y cultural del país. Los habitantes acaudalados de otras regiones, como Santander, Cauca y Boyacá, que se mudaban a Bogotá, reconocieron en el valor simbólico del retrato una manera de obtener distinción social e instaurar un referente fundacional de la dinastía familiar. La realización de retratos estuvo a cargo de varios pintores que redescubrieron este género pictórico a través de su formación en las academias europeas, como es el caso del pintor Epifanio Garay (1845 - 1903), o a través de la escuela de pintura que iniciara el artista mexicano Felipe Santiago Gutiérrez (1824 - 1904) por invitación del poeta Rafael Pombo (1833 - 1912), antecesora de la Escuela de Bellas Artes fundada en 1886 por Alberto Urdaneta, quien, al igual que Garay, había estudiado pintura en Francia. De esta escuela surgió un grupo de discípulos entre los que se destacaron Pantaleón Mendoza (1855 - 1910), Julián Rubiano (ca. 1855 - 1925), Federico Rodríguez (1871 - 1941), Salvador Moreno Paz (ca. 1874 - 1953) y Dionisio Cortés Mesa (1863 - 1934), quienes cultivaron principalmente el arte del retrato y lo divulgaron gracias a los encargos realizados por las élites, que querían imágenes de parientes vivos o muertos, dignos de ser inmortalizados por los jóvenes pinceles académicos10 . El retrato se difundió también a través de la fotografía gracias a su desarrollo técnico y a los costos menos elevados con respecto a la pintura. Tener una representación de uno mismo, vestido con las mejores galas, y en un formato reducido como el de la tarjeta de visita, permitía no solo la portabilidad de la imagen, sino la reproducción de la misma con el fin de difundirla entre familiares y amigos. La reproducción fotográfica y su avance hacia la copia en albúmina desataron ejercicios de coleccionismo de retratos de los personajes pertenecientes a los ámbitos de la realeza europea, la religión, la filosofía, la literatura y la política nacional. Posteriormente, la invención de las cámaras portátiles Kodak generó la tendencia de registrar “instantáneamente” los momentos de viaje para la posteridad mediante la copia en gelatina. Del mismo modo, las tarjetas postales sirvieron para difundir vistas de ciudades; monumentos históricos y paisajes exóticos; escenas galantes y de Navidad y de Año Nuevo; y retratos de actrices de teatro y cine. El género del paisaje como exponente de la pintura moderna llegó atravesando el Atlántico con dos pintores formados en Europa. Nos referimos al español Luis de Llanos (1850 - 1895) y al colombiano Andrés de Santa María (1860 - 1945), quienes coincidieron en la cátedra de paisaje creada en 1894 como asignatura dentro del programa de formación 10 | Daniel Castro Benítez y Samuel León Iglesias, “Que en Nueva Atenas está todavía casi todo por hacer. Felipe Santiago Gutiérrez y Rafael Pombo en Colombia”, en Discursos de la piel. Felipe Santiago Gutiérrez. 1824-1904 (México: 2017), 151-153. 59 | Epifanio Julián Garay Caicedo (1849 - 1903) | elvira tanco de malo o’leary | Ca. 1892
  • 69. De revistas, paisajes, mantillas y ruanas: momentos de la modernidad en Bogotá (1880 - 1930) | 67 | de la Escuela de Bellas Artes11 . La innovación traída por Llanos y continuada por Santa María radicó principalmente en invitar a sus estudiantes a pintar al aire libre, intentando capturar los instantes más bellos de la ciudad, la Sabana y los Llanos Orientales12 . De esta escuela formada por pintores influenciados por la Escuela de Barbizon (ca. 1830 - 1870) y los movimientos impresionistas surgieron varios pintores como Ricardo Borrero (1874 - 1931), Miguel Díaz Vargas (1886 - 1956), Jesús María Zamora (1871 - 1948), Roberto Páramo (1859 - 1939), Luis Núñez Borda (1872 - 1970) y Fídolo Alfonso González Camargo (1883 - 1942), quienes pintaron, cada uno encontrando un estilo propio, los diferentes escenarios naturales que mayormente les interesaban, de manera que pudieron desplegar una visión propia del paisaje13 . Por otro lado, el paisaje como género pictórico era considerado por los artistas y críticos del momento como representante de la modernidad conquistada por el arte, dada la reciente práctica instaurada en la Escuela de Bellas Artes de salir a las afueras de la ciudad, o de emprender viajes a lugares rebosantes de vegetación para registrar visiones propias de los entornos naturales14 . A este respecto, escribió Pedro Carlos Manrique en el número 7 de la Revista Ilustrada al referirse a un paisaje de Zamora: El arte del paisaje es la más bella manifestación del progreso artístico moderno. [...] Corresponde a la moderna escuela francesa la gloria de haber considerado la naturaleza, por sí sola, digna de ser estudiada para producir emociones estéticas, 60 | José Eugenio Montoya (1860 - 1922) | mercedes álvarez de flores | 1886 11 | Beatriz González Aranda y Verónica Uribe Hanabergh, Manual de arte del siglo XIX en Colombia (Bogotá: Ediciones Uniandes, 2013), 329. 12 | González y Uribe Hanabergh, Manual de arte del siglo XIX..., 332-334. 13 | Eduardo Serrano, La escuela de la sabana (Bogotá: Museo de Arte Moderno y Novus Ediciones, 1990), 34. 14 | Halim Badawi, “La vida secreta del paisaje: Andrés de Santa María, la Hacienda el Vínculo, la propiedad de la tierra y los inicios de la pintura de paisaje en Colombia”, en Decir el lugar. Testimonios del paisaje en Colombia (Bogotá: Banco de la República, 2017), 121. 61 | Fotografía Antonio Faccini, Bogotá | retrato de mujer | Ca. 1890
  • 70. El museo en el museo | 68 | independientemente de la figura humana15 . Como lo afirmó Manrique, esta práctica se consideró moderna en la medida en que su influencia provino de Francia, es decir, de uno de los centros que se imitaba localmente como referente de progreso. Esta afirmación hizo que el paisaje, valorado como experiencia artística innovadora, fuera solicitado por la élite para decorar los interiores domésticos. La moda La moda, especialmente la femenina, fue probablemente el rasgo de distinción social más evidente durante este periodo, ya que el estímulo ofrecido por la prensa y los valores compartidos socialmente alrededor del deseo de una imagen bella y buena de sí dirigida hacia el teatro social hicieron que se consumieran muchos productos importados que daban forma, prenda por prenda y accesorio por accesorio, a una apariencia que solo estar a la moda podía satisfacer16 . De este modo, sedas de variados colores y texturas, telas brocadas, muselinas, encajes holandeses, apliques franceses y paños ingleses deleitaban a las mujeres de más alto grado social, ya que, además de poder costear los elevados precios de tan finas mercancías, tenían el derecho de usarlas, en sus casas, los espacios públicos y los eventos cívicos. Los trajes, comprados en viajes a Europa, o encargados a las casas de moda europeas a través de agentes comerciales, fueron paulatinamente confeccionados por modistas que iban a las casas de sus clientas, para empezar el proceso de creación de alguna fantasía de indumentaria que hubiera salido en el último número de La Moda Elegante, la Revista Ilustrada, El Gráfico o Cromos. Estos trajes se complementaban con una amplia variedad de accesorios, sin los cuales la “toilette”, o apariencia general de la persona que los usara, se vería deslucida e incompleta. Los accesorios no podían faltar para acentuar el valor, tanto económico como social, de quien llevara un vestido a los escenarios de recreo social. Para ello se encargaban al exterior abanicos de carey, marfil, nácar, madera de sándalo, hueso y plumas de avestruz coloreadas con los más llamativos tonos. Los atuendos iban 15 | Pedro Carlos Manrique, “Un paisajista”, Revista Ilustrada 1, n.o 7 (1898): 109. 16 | María Angélica Salazar, Más allá del bello sexo. La teatralización del performance burgués, la distinción social y la indumentaria femenina en Bogotá (1890-1900), 6. 62 | S. J. R. | postal de pareja | Ca. 1910 63 | Jesús María Zamora (1871 – 1948) | atardecer en la sabana | Ca. 1920
  • 71. De revistas, paisajes, mantillas y ruanas: momentos de la modernidad en Bogotá (1880 - 1930) | 69 | acompañados también de sombreros de fieltro, paja o terciopelo, según el “último grito de la moda” aconsejara, adornados con cintas, velos, encajes, plumas –incluso disecadas– o finísimas pieles de chinchilla, marta y zorro. Este deseo de exhibir una apariencia elegante, suntuosa y acorde con las demandas de etiqueta y protocolo que exigía el participar de cada evento social hizo que las revistas que hemos mencionado anteriormente, en especial El Gráfico y Cromos, dedicaran sus últimas páginas a ilustrar y describir los últimos avances de la moda en París, Londres, Madrid y Nueva York. Las revistas no escatimaban en detalles para describir los tipos de prendas, accesorios, géneros textiles y joyería que debía usar una mujer elegante según la ocasión para la cual preparara su atuendo, de manera que trajes para ir de paseo, visitar a los parientes y amigos, asistir a ceremonias religiosas y civiles, ir a teatro o veranear en tierra caliente estuvieron a la orden del día. En la creación de este universo basado en la apariencia del vestido, se dio especial atención a una prenda femenina que vinculaba simbólicamente a la nación con su herencia española: la mantilla. Esta constituyó desde la segunda década del siglo XX un elemento indispensable en el guardarropa de cualquier mujer de élite, y su uso era frecuente en los eventos sociales de marcada tendencia peninsular como, por ejemplo, las corridas de toros, la procesión del Corpus Christi, o las garden parties en donde el código de vestido, en algunos casos, era ataviarse a la usanza española, con mantilla, peineta de carey, mantón de manila y abanico. Tan frecuente fue el uso de la mantilla entre las mujeres de élite, que el pintor Coriolano Leudo (1886 - 1957) decidió inmortalizar aquella imagen tan propia de la Bogotá de antaño, primero en una portada para la revista Cromos en 1917, y luego en un óleo en el cual se percibe no solamente en la sobria elegancia de la mujer vestida de negro en contraste con la anciana que lleva el canasto del mercado y el “chauffeur” que las acompaña, sino que también se ve en los atrevidos avances del dobladillo de la falda hacia arriba de las piernas. “Los de ruana”: una aproximación a los obreros Los trabajadores que miraban con expectación los procesos de modernidad eran considerados como un “mal necesario” que debía ser localizado en un lugar aparte de la ciudad moderna, ya que su apariencia y modo de vida diferían de la imagen moralmente pulcra y reluciente que se deseaba. El desplazamiento de estas familias obreras se decretó por mandato de la municipalidad de Bogotá en 1890, pero esta decisión demoró en ser concretada, hasta que, en los primeros cinco años del siglo XX, se desplazaron 64 | Ricardo Borrero Álvarez (1874 – 1931) | paisaje con casa | Ca. 1915 65 | Fídolo Alfonso González Camargo (1883 – 1941) | mujer en el camino | Ca. 1910
  • 72. El museo en el museo | 70 | específicamente hacia el oriente en lo que se conoció como el Paseo Bolívar y el sector próximo al río San Cristóbal al sur de la ciudad. Esto condujo al traslado progresivo de las familias obreras desde el centro de la ciudad, en donde vivían hacinadas en tiendas de habitación17 , hacia la periferia, cerca de las novedosas fábricas de cerveza Germania y Bavaria, de chocolate Chávez y Equitativa, de vidrio Fenicia y de cemento Samper. Por su parte, el empresario alemán Leo Sigfried Kopp (1858 - 1927), en su deseo de optimizar el tiempo de trabajo de los empleados de Bavaria, decidió apoyar la construcción de un barrio obrero cercano a sus instalaciones, dando origen al barrio La Perseverancia hacia 191018 . Posteriormente, como la Iglesia era la principal institución que consideraba, con ánimo paternalista, el problema de la pobreza, el sacerdote jesuita José María Campoamor fundó el primer barrio obrero en 1913 llamado Villa Javier19 . En este proyecto, el sacerdote español tuvo por objeto instruir a las familias obreras en los preceptos religiosos y morales relacionados con el trabajo, la higiene y la presentación personal, lo mismo que alejarlas de la influencia de las ideas comunistas que empezaban a llegar al país20 . La brecha social generada por la necesidad de crear un espacio para el disfrute de las élites no impidió que las clases obreras siguieran participando en la cotidianidad de la ciudad, dado que no solo trabajaban allí, de manera formal o informal, sino que también se divertían en chicherías y piqueteaderos, en donde la chicha, la música, el baile y la prostitución estaban a disposición después de la jornada laboral. El deseo de modernidad influyó en las dinámicas comerciales incorporadas a la ciudad, las cuales permitieron que los obreros se profesionalizaran y pudieran ofrecer productos que la burguesía consumía constantemente. Así, muchos de ellos empezaron a ganar dinero y a ascender económicamente en la formalización de un negocio digno de reconocimiento; aprendieron las novedosas técnicas de la construcción, la reparación eléctrica, la instalación de tuberías y sanitarios, y adquirieron conocimientos para fabricar objetos y accesorios necesarios para decorar los interiores domésticos, como 17 | Estas tiendas eran espacios reducidos ubicados en las primeras plantas de las casas, sin acceso al interior de la vivienda, y sin ningún tipo de comodidad e higiene. Al respecto, ver: Mejía Pavony, “En busca de la intimidad”… 18 | Mauricio Archila Neira, “Intimidad y sociabilidad en los sectores obreros durante la primera mitad del siglo XX”, en Historia de la vida privada en Colombia. Tomo II: Los signos de la intimidad. El largo siglo XX (Bogotá: Taurus, 2011), 151-153. 19 | Mejía Pavony, “En busca de la intimidad”…, 42. 20 | Archila Neira, “Intimidad y sociabilidad…, 151-153. 66 | Coriolano Leudo Obando (1886 - 1957) | la mantilla bogotana | Ca. 1917 67 | Arboleda & Valencia Editores | revista cromos | n.° 93, Vol. IV. Noviembre 24 de 1917
  • 73. De revistas, paisajes, mantillas y ruanas: momentos de la modernidad en Bogotá (1880 - 1930) | 71 | molduras y pisos de cemento decorados. La mujer obrera, por su parte, mejoró sus habilidades en la producción de sombreros, textiles y ropa, y empezó a trabajar como vendedora, contadora o secretaria en los grandes establecimientos, llevando las cuentas de los negocios o encargándose de la organización de las mercancías en las vitrinas de las casas comerciales21 . Conviene recordar el lugar que la prensa y las imágenes le dieron a las clases menos favorecidas, asociadas todas con el apelativo de obreros. Ellos eran objeto de la caridad privada ejercida a través de múltiples eventos de beneficencia realizados bien fuera en los lugares de ocio de la burguesía en formación, es decir, los clubes campestres, como el Gun Club, el Polo Club, o el Hipódromo de la Gran Sabana, o bien fuera en los quioscos del parque de la Independencia en donde se organizaban diferentes fiestas y eventos en los cuales se daba alimento, vestido y juguetes principalmente a los niños hijos de las clases obreras22 . Resulta importante decir aquí que, si por un lado las élites vestían a la última moda, la clase obrera destacaba por apropiarse de un par de prendas que era usadas más por su sentido utilitario al proporcionar abrigo y facilitar las labores diarias. Hacemos referencia aquí a la ruana y al pañolón, que constituyeron las prendas para hombre la primera y para mujer la segunda, y que distinguieron dentro del panorama urbano a aquellos que no pertenecían a las élites. Este atuendo de ruana, durable en el registro gráfico mas no en la vida cotidiana que lo desgastaba por efectos del uso, el abuso y la herencia de dicha prenda entre generaciones, se consolidó como representativo del traje nacional, y aún hasta hoy, más que las modas pasajeras europeas, se reveló como un traje de identidad nacional23 . Cabe destacar, como lo plantea el historiador Mauricio Archila, que resulta en extremo complejo poder recuperar aspectos de la vida íntima y los espacios de sociabilidad de las clases populares obreras en la medida en que pocos son los testimonios que nos quedan de la vida diaria de este grupo social24 . Lo que sí nos quedó, registrado en mayor medida en las publicaciones periódicas citadas, es 21 | Roberto J. Herrera de la Torre y María Carrizosa de Umaña, 75 años de fotografía. 1865-1940 (Bogotá: Editorial Presencia). 22 | “Nuestra fiesta para los niños pobres”, El Gráfico 3, n.o 118; “Notas Gráficas. La caridad en Bogotá”, El Gráfico 3, n.o 122. 23 | Antonio Montaña, Cultura del vestuario en Colombia (Bogotá: Fondo Cultural Cafetero, 1993); Aída Martínez Carreño, La prisión del vestido (Bogotá: Ariel Historia, 1995), 157-168. 24 | Archila Neira, “Intimidad y sociabilidad…, 151-153. 69 | Fernando Carrizosa Valenzuela (1881 - 1947) | vista hacia la calle desde los almacenes de un centavo a un peso | Ca. 1900 68 | Carolina Trujillo Dávila | chichería del siglo xix | 1996
  • 74. El museo en el museo | 72 | la mirada paternalista del Estado y de las mismas élites que se encargaron de recopilar por escrito los actos de caridad que realizaron buscando solventar parcialmente la pobreza y el abandono, que eran más un problema de la Iglesia. Igualmente, el artista Fídolo Alfonso González Camargo nos ha dejado algunas imágenes que nos permiten recuperar para la mirada contemporánea algunas visiones de la vida de los marginados de la ciudad, lo mismo que de las labores y oficios ejercidos durante este periodo de transformación. ¿La modernidad, para quién? Como vemos, lograr la modernización para unos pocos favorecidos fue la empresa que impulsó la aparición de los servicios públicos, los transportes urbanos, la ampliación de la ciudad y su separación en barrios de distinto orden social. Esta modernización trajo consigo aspectos que podríamos juzgar tanto positivos como negativos para los habitantes de Bogotá, entre los cuales podemos afirmar que se dio una segregación social manifestada por el hecho de separar los lugares de habitación entre élites y obreros. Sin embargo, la materialización del ideal burgués entre las familias favorecidas impulsó la industria nacional durante ese periodo y logró reactivar los oficios tradicionales de las costureras, las sombrereras, los zapateros, los relojeros y demás artesanos que podían satisfacer la demanda de servicios y productos para nutrir la apariencia moderna de las élites. Con el acceso a un capital, en un principio modesto, y luego acrecentado con el tiempo, estos artesanos pudieron entrar a competir en el mercado de bienes de lujo, permitiéndose dejar paulatinamente la ruana y el pañolón, para vestir como “cachacos” y “piscas”, lo cual no siempre fue bien visto por parte de las élites que buscaban más bien mantener el statu quo y no mezclarse con la “plebe”. No obstante, mantener el estado “natural de las cosas” no era una determinante en el proyecto de modernización de la ciudad, ya que con la transformación urbana y comercial de sus calles se dieron fenómenos particulares como el derecho de la mujer al trabajo, la diversificación de lugares para el entretenimiento y el ocio tanto para el sector privilegiado como para la clase obrera, el aprovechamiento del transporte público, la reorganización de los espacios de habitación de los obreros que mejoró considerablemente su calidad de vida y de higiene y la alfabetización de ellos y sus hijos en escuela diurnas y nocturnas, lo mismo que beneficios como la Caja de Ahorros, e incluso clínicas especiales para atender sus necesidades, como en el caso de la Compañía de Energía Eléctrica que ofrecía los mencionados beneficios a sus empleados25 . 25 | “La Compañía de Energía Eléctrica”, El Gráfico VIII, n.o 78. 70 | Fídolo Alfonso González Camargo (1883 - 1941) | camisa del estudiante | Ca. 1914
  • 75. De revistas, paisajes, mantillas y ruanas: momentos de la modernidad en Bogotá (1880 - 1930) | 73 | Así que, bien vale la pena, a través de los episodios que hemos mostrado, preguntarnos sobre el impacto de la modernización en la vida de los habitantes de la ciudad, tanto si eran pertenecientes a la élite o hacían parte del grupo obrero. La huella de una época Como hemos podido observar a través de los cuatro momentos desarrollados anteriormente, los habitantes de Bogotá fueron partícipes, en diferentes frecuencias, de una sucesiva transformación de sus modos de vida y costumbres. Sin embargo, esta transformación no fue rápida ni constante, sino que dependió de una serie de factores que fueron decisivos al materializar una idea muy concreta y muy propia de lo que se entendía en ese entonces por modernidad. En ese sentido, podemos afirmar que lo que ocurrió fue una modernización de la estructura urbana, los modelos de ser y mostrarse en sociedad de la élite, al igual que una nueva reconfiguración espacial y organización social para los obreros, quienes paulatinamente fueron tomando conciencia de su rol dentro de la ciudad. Lo anterior no significó propiamente adquirir una mentalidad moderna, ya que los valores promovidos por el Estado giraron en torno a la creación de una identidad nacional con claros acentos hispánicos, cristianos y de diferenciación social entre clases altas y bajas (ver capítulo 2). Como Soto Borda lo plantea en el epígrafe que abre este capítulo, la sensación de “terror” producida por la evocación del París de finales de siglo XIX entre las calles y puentes de una melancólica Bogotá fue, tal vez, el mismo tipo de sensación que vivían los habitantes de la ciudad al presenciar los cambios que traían consigo los rieles del tranvía, las tuberías del acueducto y los cables de la electricidad: asombro y desasosiego ante los inminentes avances del espíritu moderno. ◆ 72 | Autor desconocido | escuela nocturna para obreros establecida por la compañía de energía eléctrica | 1912 71 | Autor desconocido | isabel mejía de echeverri y luisa echeverri mejía | Ca. 1900
  • 76. Vestido de día que perteneció a María de la Torre de Herrera | detalle |
  • 78. El museo en el museo | 76 | desear ser 73 | Mme. Tima Nicara, París | traje de calle | 1898 74 | D’Cavelrus, Kriegck | traje de calle con abrigo estilo chesterfield | Ca. 1905
  • 79. Catálogo | 77 | 75 | Fabricante desconocido | nécessaire de viaje con accesorios para hombre | Ca. 1920 76 | A. Touchet, París | sombrero de copa | Ca. 1900
  • 80. El museo en el museo | 78 | 77 | Alberto Carrizosa Valenzuela (1878 – 1964) y Fernando Carrizosa Valenzuela (1881 – 1947) | agustín carrizosa y familia de regreso a colombia | 1901 78 | Francisco Mejía M. | vapor quindío | Ca. 1930
  • 81. Catálogo | 79 | 79 | Alberto Carrizosa Valenzuela (1878 – 1964) y Fernando Carrizosa Valenzuela (1881 – 1947) | las jimeno en parís | 1900 80 | Alberto Carrizosa Valenzuela (1878 – 1964) y Fernando Carrizosa Valenzuela (1881 – 1947) | familias gutiérrez ponce y carrizosa valenzuela en parís | 1898 81 | S. J. R. | pareja de la serie lisonjas | Ca. 1913
  • 82. El museo en el museo | 80 | 82 | Autor desconocido | nueva york | Ca. 1900 83 | Autor desconocido | fernando carrizosa en automóvil por la quinta avenida en nueva york | Ca. 1900
  • 83. Catálogo | 81 | 84 | Alberto Carrizosa Valenzuela (1878 – 1964) y Fernando Carrizosa Valenzuela (1881 – 1947) | colombianos y franceses | 1898
  • 84. El museo en el museo | 82 | 85 | Autor desconocido | pabellón de bellas artes y kiosco de la luz en la exposición del centenario | 1910 87 | M. Glueckstadt & Muenden, Hamburg | bogotá, parque y estatua de santander | 1910 86 | Gabinete Artístico | pabellón de bellas artes en la exposición del centenario | 1910
  • 85. Catálogo | 83 | 88 | Gabinete Artístico | pabellón egipcio en la exposición del centenario | 1910 89 | Autor desconocido | kiosco para las banderas en la exposición del centenario | 1910
  • 86. El museo en el museo | 84 | 90 | Gabinete Artístico | pabellón de industrias en la exposición del centenario | 1910 91 | Autor desconocido | exposición de bogotá 1910 en la exposición del centenario | 1910
  • 87. Exposición de Bogotá 1910 en la Exposición del Centenario | detalle |
  • 88. El museo en el museo | 86 | trabajar para tener 92 | Manuel Doroteo Carvajal Marulanda (1819 - 1872) | margarita quijano de carvajal | Ca. 1851 93 | Fabricante desconocido | sombrilla de verano | Ca. 1860
  • 89. Catálogo | 87 | 94 | Dionisio Cortés Mesa (1863 - 1934) | los náufragos | 1890
  • 90. El museo en el museo | 88 | 95 | Fabricante desconocido | chocolatera | Ca. 1930 96 | Johnson Brothers, Inglaterra (1883 - 2003) | sopera de la serie old britain castles (castillos británicos ingleses) | Ca. 1930
  • 91. Catálogo | 89 | 97 | Dionisio Cortés Mesa (1863 - 1934) | mascarón | Ca. 1915 98 | Dionisio Cortés Mesa (1863 - 1934) | columna | Ca. 1915
  • 92. El museo en el museo | 90 | 99 | Fabricante desconocido | jarra con tapa en forma de pez | Ca. 1900
  • 93. Catálogo | 91 | 100 | Ricardo Borrero Álvarez (1874 - 1931) | tren de las cinco | Ca. 1915
  • 94. El museo en el museo | 92 | 101 | Autor desconocido | estación de la sabana | Ca. 1954
  • 95. Catálogo | 93 | 102 | Victor Talking Machine Co. | gramófono | Ca. 1915 103 | L. M. Ericsson & Co. | teléfono de manivela | Ca. 1915
  • 96. El museo en el museo | 94 | 104 | Fernando Carrizosa Valenzuela (1881 - 1947) | jura de bandera en la escuela militar, con un camarógrafo que graba la ceremonia | 4.2.1933 105 | Fernando Carrizosa Valenzuela (1881 - 1947) | automóvil de la familia carrizosa herrera | Ca. 1900 106 | Autor desconocido | casa de comercio de guillermo richard | 1918 107 | Autor desconocido | construcción planta de vitelma. acueducto de san cristóbal | 14.10.1924 108 | Fernando Carrizosa Valenzuela (1881 - 1947) | construcción planta de vitelma. acueducto de san cristóbal | 1924
  • 97. Catálogo | 95 | 109 | Fernando Carrizosa Valenzuela (1881 - 1947) | mujer trabajando en los almacenes de un centavo a un peso | Ca. 1918 110 | Fernando Carrizosa Valenzuela (1881 - 1947) | exterior de una sede de los almacenes de un centavo a un peso | Ca. 1918 111 | Fernando Carrizosa Valenzuela (1881 - 1947) | interior de una sede de los almacenes de un centavo a un peso | Ca. 1918
  • 98. El museo en el museo | 96 | 112 | Fabricante desconocido | par de floreros | Ca. 1880
  • 99. Catálogo | 97 | 113 | Fabricante desconocido | jarra | Ca. 1920 114 | W. H. Grindley, Inglaterra | vajilla de la serie meadow brook (arroyo de la pradera) | Ca. 1936
  • 100. El museo en el museo | 98 | 115 | Fabricante desconocido | abanico de plumas de avestruz | Ca. 1900 116 | Cécile Chenevière / Duvelleroy | abanico de marfil | Ca. 1890 117 | Fabricante desconocido | cartera en metal dorado repujado | Ca. 1920 118 | Fabricación francesa | cartera bordada en hilos metálicos | Ca. 1910
  • 101. Catálogo | 99 | 119 | Fabricante desconocido | chaqueta de verano | Ca. 1905
  • 102. El museo en el museo | 100 | 120 | Parfumerie Lubin | botellas de perfume lubinette | 1912 121 | Fabricante desconocido | juego de centro de mesa estilo art nouveau | Ca. 1910
  • 103. Juego de centro de mesa estilo art nouveau | detalle |
  • 104. El museo en el museo | 102 | tener para ser 122 | Rosa María Pontón de Samper y Catalina Samper Pontón | “muñequero” (casa de muñecas) | 1926 - 1989
  • 105. Catálogo | 103 | 123 | Fabricante desconocido | espejo con copete | Ca. 1890 124 | Ramón Torres Méndez (1809 - 1885) | interior santafereño | Ca. 1874 125 | Monsieur Leoutre | sofá estilo isabelino | 1875 - 1910
  • 106. El museo en el museo | 104 | 127 | Fabricante desconocido | tina de baño | Ca. 1890 126 | Fabricante desconocido | candelabro de tres luces | Ca. 1880 128 | Fabricante desconocido | florero | Ca. 1880
  • 107. Catálogo | 105 | 129 | Fabricante desconocido | piano vertical | Ca. 1880
  • 108. El museo en el museo | 106 | 130 | Fabricante desconocido | cubre-corsé, calzón y polisón | 1880 - 1910 131| Fabricante desconocido | aguamanil, palangana y jabón | Ca. 1896
  • 109. Catálogo | 107 | 132 | Autor desconocido | la fiesta del domingo en el polo | 1912 133 | Photobrom G. m. b. H., Viena | mujer y niña | Ca. 1910 134 | Photobrom G. m. b. H., Viena | niña en la tina | Ca. 1910 135 | Fabricante desconocido | zapatillas | Ca. 1890
  • 110. El museo en el museo | 108 | 136 | Fernando Carrizosa Valenzuela (1881 - 1947) | sin título (álbum fotográfico de la casa de fernando carrizosa en bogotá y de la finca el vergel) | Ca. 1900 137 | Fabricante desconocido | traje marinero para niño | Ca. 1900
  • 111. Catálogo | 109 | 138 | Sastrería Isaza | frac | 1918 139 | Nicoll, The White House, San Francisco | traje de montar a caballo | 1910
  • 112. El museo en el museo | 110 | 140 | Autor desconocido | eva jordán delgado | Ca. 1910 141 | Pedro Carlos Manrique (1860 - 1927) | en el hipódromo de la gran sabana | 1899 142 | S. I. P. | postal de pareja | Ca. 1910
  • 113. Postal de pareja | detalle |
  • 114. El museo en el museo | 112 | ser o no ser 143 | The Singer Manufacturing Company | máquina de coser | 29.11.1910
  • 115. Catálogo | 113 | 144 | La ilustración española y americana, Madrid / Establecimiento tipolitográfico “Sucesores de Rivadeneyra”, impresores de la Real Casa | la moda elegante. periódico especial de señoras y señoritas, indispensable en toda casa de familia | 1907
  • 116. El museo en el museo | 114 | 145 | Mme. Delannoy | vestido de luto | Ca. 1890 146 | Au Bon Marché | vestido de gala | 1905
  • 117. Catálogo | 115 | 147 | Fabricante desconocido | vestido de paseo | 1910 148 | Fabricante desconocido | vestido de noche | Ca. 1925
  • 118. El museo en el museo | 116 | 149 | D. Cavelius y E. Motsch | traje con chaqueta de levita estilo príncipe alberto | Ca. 1928
  • 119. Catálogo | 117 | 150 | Artesanías Derby / SOY Arkitect - María Luisa Ortiz y Diego Guarnizo | sombrero | 2017 151 | Fabricante desconocido | ruana | Ca. 1950 152 | Liliana Villegas Jaramillo | pantalón utilizado en la serie de televisión las ibáñez | 1989
  • 120. El museo en el museo | 118 | 153 | Margarita Peñarredonda de Saravia | retrato de mujer | 1914
  • 121. Retrato de mujer | detalle |
  • 122. Abanico de marfil | detalle |
  • 123. Bibliografía | 121 | BIBLIOGRAFÍA Afanador Contreras, María Isabel y Juan Fernan- do Báez Monsalve. “Manuales de urbanidad en la Colombia del siglo XIX: Modernidad, peda- gogía y cuerpo”. Historia y Memoria, n.o 11 (julio de 2015): 57-82. Alarcón, Francisco José y Daniel Gustavo Arias Buitrago. “La producción y comercialización del añil en Colombia 1850-1880”. Anuario Co- lombiano de Historia Social y de la Cultura, n.o 15 (1987): 165-209. Amaya Arias, Bernardo. Historias de Santafé y Bogo- tá. Bogotá: Editorial Educultural la Rueca, 2016. Arango, Silvia. Historia de la arquitectura en Colom- bia. Centro Editorial y Facultad de Artes, Uni- versidad Nacional de Colombia, 1989. Archila Neira, Mauricio. Cultura e identidad obrera. Bogotá: CINEP, 2010.  “Intimidad y sociabilidad en los sectores obre- ros durante la primera mitad del siglo XX”. En Historia de la vida privada en Colombia. Tomo II: Los signos de la intimidad. El largo siglo XX. Bogo- tá: Taurus, 2011. Arenas Abello, Rosaema. “El salón del vestuario, un siglo de moda en Colombia. 1830-1930”. Historia Crítica, n.o 9: 113–114. Aymard, Maurice. “Espacios”. En El Mediterráneo. El Espacio y la historia, compilado por Fernand Brau- del. México: Fondo de Cultura Económica, 2009. Badawi, Halim. “La vida secreta del paisaje: Andrés de Santa María, la Hacienda el Vínculo, la pro- piedad de la tierra y los inicios de la pintura de paisaje en Colombia”. En Decir el lugar. Testimo- nios del paisaje en Colombia. Bogotá: Banco de la República, 2017. Bell Lemus, Gustavo y María Teresa Ripoll Echeva- rría. “Los herederos del poder: Juan de Francis- co Martín (1799-1868)”. En Empresas y empre- sarios en la historia de Colombia. Tomo I, dirigido por Carlos Dávila Ladrón de Guevara, 317-352. Bogotá: Ediciones Uniandes y Editorial Norma, 2003. Bergquist, Charles. Café y conflicto en Colombia, 1886-1910: la Guerra de los Mil Días, sus antece- dentes y consecuencias [1978]. Medellín: Fondo Rotatorio de Publicaciones, 1981. Bermúdez, César. “La doctrina respice polum (“Mi- rar hacia el norte”) en la práctica de las rela- ciones internacionales de Colombia durante el siglo XX”. Memorias. Revista Digital de Historia y Arqueología desde el Caribe Colombiano 7, n.° 12 (2010): 189-222. Blanco Romero, Wilson. “Tabaco, economía cam- pesina y capitalismo en los Montes de Ma- ría 1850-1930”. El Taller de la Historia 3, n.o 3 (2011): 191-201. Caballero Truyol, Tomás. “Comerciantes y casas comerciales relacionados con las actividades fi- nancieras en una ciudad caribeña de Colombia
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  • 128. El museo en el museo | 126 | LISTA DE IMÁGENES 1. [ pág. 12 ] María José Echeverri Fachada del Museo del Siglo XIX 2011 Fotografía 20 x 25 cm Archivo Museo del Siglo XIX 2. [ pág. 12 ] María José Echeverri Patio del Museo del Siglo XIX 2011 Fotografía 25 x 20 cm Archivo Museo del Siglo XIX 3. [ pág. 13 ] Gustavo Pérez Dussán Salón verde 1989 Fotografía publicada en: Enrique Pulecio Mariño, Museos de Bogotá (Bogotá: Villegas Editores, 1989) 4. [ pág. 13 ] María José Echeverri Salón rojo 2011 Fotografía 20 x 25 cm Archivo Museo del Siglo XIX 5. [ pág. 14 ] María José Echeverri Sala de paisaje 2011 Fotografía 20 x 25 cm Archivo Museo del Siglo XIX 6. [ pág. 14 ] María José Echeverri Salón de moda 2011 Fotografía 20 x 25 cm Archivo Museo del Siglo XIX 7. [ pág. 15 ] María José Echeverri Salón del retrato 2011 Fotografía 20 x 25 cm Archivo Museo del Siglo XIX 8. [ pág. 15 ] Antonio Montaña Cultura del vestuario en Colombia 1993 Impreso 31,9 x 24 x 0,5 cm Colección Samuel León Iglesias 9. [ pág. 16 ] Fabricante desconocido Vestido de día que perteneció a María de la Torre de Herrera Ca. 1855 Brocado de seda con cuello y puños en organdí cosidos a mano 160 x 80 x 100 cm Reg. 2 Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero Donado por María Carrizosa de Umaña 10. [ pág. 17 ] Autor desconocido Imagen de la exposición: Un siglo de moda en Colombia 1830 - 1930 1981 Impreso 16,3 x 12,3 cm Archivo Museo del Siglo XIX 11. [ pág. 17 ] Autor desconocido Imagen de la exposición: Mesa y cocina en el siglo XIX 1985 Positivo sobre acetato en color 35 mm Archivo Museo del Siglo XIX 12. [ pág. 17 ] Aída Martínez Carreño (1940 - 2009) / Fondo Cultural Cafetero Mesa y cocina en el siglo XIX 1985 Impreso y encuadernado 24 x 17 x 1,4 cm Colección Samuel León Iglesias 13. [ pág. 18 ] Autor desconocido Imagen del taller del artista en el álbum de fotografías de Dionisio Cortés. Exhibida en la exposición Dionisio Cortés M. Escultor 1863 - 1934 Ca. 1910 Copia en gelatina 12 x 19 cm Reg. 748
  • 129. Lista de imágenes | 127 | Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero 14. [ pág. 19 ] Julia Rodríguez y Helena Saavedra / Organización de los Estados Americanos / Fondo Cultural Cafetero Reflexiones sobre animación. Experiencias pedagógicas en el museo 1988 Impreso y empastado 20,7 x 4 x 0,8 cm Colección Daniel Castro Benítez 15. [ pág. 20 ] María José Echeverri Botica de los Pobres 2011 Fotografía 20 x 25 cm Archivo Museo del Siglo XIX 16. [ pág. 20 ] Guillermo Maldonado Pérez La Botica de los Pobres y de Boticas y Farmacias 1991 Impreso 32 x 24 x 0,2 cm Colección Samuel León Iglesias 17. [ pág. 21 ] Marina González de Cala Domingo Moreno Otero: memoria de una época 2002 Impreso 31,4 x 24,6 x 2,5 cm Colección Samuel León Iglesias 18. [ pág. 21 ] Marta Fajardo de Rueda Jesús María Zamora: discípulo de la naturaleza 2003 Impreso 30,8 x 24 x 2,5 cm Colección Samuel León Iglesias 19. [ pág. 21 ] Néstor Tobón Botero Arquitectura de la colonización antioqueña 1986 Impreso 33 x 25 x 2,5 cm Colección Samuel León Iglesias 20. [ pág. 22 ] Carmen María Jaramillo Gustavo Zalamea. La ciudad y la pintura 1994 Impreso 31,9 x 24,2 x 0,6 cm Colección Samuel León Iglesias 21. [ pág. 22 ] Efraín Sánchez Cabra Ramón Torres Méndez: pintor de la Nueva Granada 1809 - 1885 1987 Impreso y encuadernado 29 x 24,5 x 2 cm Colección Samuel León Iglesias 22. [ pág. 22 ] Germán Colmenares (1938 - 1990) Ricardo Rendón. Una fuente para la historia de la opinión pública 1984 Impreso 28,9 x 23,3 x 2,7 cm Colección Samuel León Iglesias 23. [ pág. 23 ] Gabriel Latorre (1868 - 1935) Kundry y otras obras, primera publicación del Fondo Cultural Cafetero 1977 Impreso 18,8 x 16,3 x 1,3 cm Colección Samuel León Iglesias 24. [ pág. 23 ] Beatriz González Aranda El arte colombiano en el siglo XIX: Colección Bancafé 2004 Impreso y encuadernado 31 x 24 x 2,3 cm Colección Samuel León Iglesias 25. [ pág. 24 ] Dionisio Cortés Mesa (1863 - 1934) Mercedes Peñarredonda 1908 Yeso moldeado y modelado 60 x 30 cm Inv. 115292 Colección Museo del Siglo XIX Ministerio de Cultura 26. [ pág. 28 ] Epifanio Julián Garay Caicedo (1849 - 1903) Rafael Núñez 1891 Óleo sobre tela 263 x 203 cm Reg. 2105 Museo Nacional de Colombia Adquirido por el Gobierno nacional con destino al Museo Nacional (20.6.1925) 27. [ pág. 29 ] Julio Racines Bernal (1848 - 1913) Mosaico del Consejo Nacional de Delegatarios, reunido en Bogotá el 11 de noviembre de 1885 para expedir la Constitución de 1886 11.1885 Papel, tinta y copias en albúmina 59 x 44,3 cm Reg. 2878 Museo Nacional de Colombia 28. [ pág. 30 ] Banco Nacional (1880 - 1903) / Litografía de Otto Schroeder Billete del Banco Nacional, denominación cien pesos 29.10.1899 Tinta litográfica sobre papel 9,7 x 19,6 cm Reg. 1671.1 Museo Nacional de Colombia 29. [ pág. 31 ] César Estévez Obando Chircal frente a Fenicia y Tívoli 1908 Papel albuminado sobre cartón 21,8 x 27,8 cm Reg. 7941.001 Museo Nacional de Colombia 30. [ pág. 31 ] Fotografía Inglesa. H. L. Duperly e Hijo Tívoli 1893 Copia en albúmina sobre cartón 30,6 x 25,6 cm Reg. 7941.007 Museo Nacional de Colombia 31. [ pág. 32 ] Fabricación francesa Cañón usado durante la Guerra de los Mil Días
  • 130. El museo en el museo | 128 | 1897 Hierro, acero y madera 118 x 93 x 224 cm Reg. 65.001 Museo Nacional de Colombia Remitido por el Ministerio de Guerra (11.4.1958) 32. [ pág. 33 ] I. L. Maduro, Jr. U. S. S. “Tennessee” en las exclusas de Miraflores, canal de Panamá Ca. 1920 Tinta litográfica sobre cartulina 8,9 x 14,2 cm Reg. 5844 Museo Nacional de Colombia Donado por Paula Dever Restrepo (20.4.2006) 33. [ pág. 34 ] M. Glueckstadt & Muenden, Hamburg Bogotá, 20 de julio de 1910. Desfile de señoras hacia la estatua de Nariño 1910 Fotolitografía 8,5 x 14 cm Reg. 764.2 Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero 34. [ pág. 34 ] Jorge Posada Callejas / J. J. Little & Ives Company Libro azul de Colombia. Bosquejos biográficos de los personajes más eminentes, historia condensada de la república, artículos especiales sobre el comercio, agricultura y riqueza mineral, basados en las estadísticas oficiales 1918 Impreso y encuadernado 31,3 x 24,8 x 6,6 cm Reg. 7858 Museo Nacional de Colombia Ingresó a la colección (10.2.2015) 35. [ pág. 35 ] Gabinete Artístico Pabellón para la exposición de máquinas en la Exposición del Centenario 1910 Fotolitografía 8,7 x 14 cm Reg. 765.1 Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero 36. [ pág. 35 ] Juan Nepomuceno Gómez (1882 – ca. 1940) Banco de la República Ca. 1915 Copia en gelatina 13,7 x 9 cm Reg. 759.3 Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero 37. [ pág. 38 ] Fotógrafo desconocido / Ricardo Moros Urbina (1865 - 1942) Exposición de los primeros rieles fabricados en La Pradera, llegada al palacio presidencial Ca. 1910 Reproducción fotográfica de una xilografía 17,8 x 11,8 cm Reg. 2976 Museo Nacional de Colombia 38. [ pág. 39 ] Giovanni Ferroni Candelari (1853 - 1898) Buque de vapor a orillas del río Magdalena 1894 Óleo sobre tela 63 x 104,5 cm Inv. 117397 Colección Museo del Siglo XIX Ministerio de Cultura 39. [ pág. 40 ] R. Hadin Ficha de un cuarto de centavo, hacienda de Pedro Blanco García Ca. 1870 Bronce acuñado 2,74 x 0,16 cm (diámetro) Reg. 1580.13 Museo Nacional de Colombia Figura en el Catálogo general del Museo de Bogotá (1917) 40. [ pág. 41 ] Fabricante desconocido Ficha del establecimiento de café San José, denominación un real Ca. 1900 Bronce acuñado 2,72 cm (diámetro) Reg. 1580.15 Museo Nacional de Colombia Figura en el Catálogo general del Museo de Bogotá (1917) 41. [ pág. 42 ] Uribe e Hijos / American Bank Note Company Seña de Uribe e Hijos, denominación veinte pesos 1.2.1871 Litografía 7,6 x 18,1 cm Reg. 3524 Museo Nacional de Colombia Donada por Diego Uribe (12.1912) 42. [ pág. 43 ] Edwards Tela que sirvió como empaque para 45 ½ varas de bayeta de 100 hilos, para el almacén de los señores Francisco Vargas y hermanos Ca. 1880 Tela impresa y dibujada 37 x 98,2 cm Reg. 6819 Museo Nacional de Colombia Donada por Rodolfo Vallín Magaña (13.03.2009) 43. [ pág. 44 ] Reyes González & Hermanos / Departamento de Santander Seña de Reyes González & Hermanos Ca. 1890 Litografía 5,2 x 12 cm Reg. 1682.13 Museo Nacional de Colombia 44. [ pág. 44 ] Banco Márquez (1883 - 1893) / American Bank Note Company Billete del Banco Márquez, denominación cincuenta pesos Ca. 1890 Litografía 9,5 x 19,3 cm Reg. 1690.20 Museo Nacional de Colombia 45. [ pág. 45 ] A. Ken Rafael Reyes 1873
  • 131. Lista de imágenes | 129 | Copia en albúmina 10,5 x 6,4 cm Reg. 2931 46. [ pág. 45 ] Fernando Carrizosa Valenzuela (1881 - 1947) Fachada de una sede de los Almacenes de un centavo a un peso Ca. 1910 Copia en gelatina 5,8 x 4,2 cm Reg. 6621.050 Museo Nacional de Colombia Donada por Camila Umaña Jimeno (12.9.2008) 47. [ pág. 48 ] Lino Lara S. (activo en Bogotá entre 1899 y 1932) Iglesia y puente de San Francisco 1906 Copia en albúmina 12,2 x 17,3 cm Reg. 2090.5 Museo Nacional de Colombia Donada por el expresidente Eduardo Santos (24.1.1959) 48. [ pág. 49 ] Württembergische Uhrenfabrik Bürk Söhne (1855 - ) Reloj de péndulo tarjetero Ca. 1950 Madera y metal ensamblados 107 x 41 x 35,5 cm Reg. 7013 Museo Nacional de Colombia Transferida por el Banco Bancafé a la nación (31.5.2007) 49. [ pág. 50 ] Autor desconocido Tranvía de mulas Ca. 1920 Cliché 13 x 18 cm Reg. 2090.13 Museo Nacional de Colombia Donada por el expresidente Eduardo Santos (24.1.1959) 50. [ pág. 51 ] Carlos Clavijo R. / Felipe Eduardo Lehner / Litografía Paredes Plano topográfico de Bogotá levantado por Carlos Clavijo R. en 1891; reformado en 1894 1894 Litografía en color 50 x 64 cm Archivo General de la Nación, Colombia Sección: Mapas y Planos; Mapoteca: 3; Referencia: 145 51. [ pág. 52 ] A. Cortés M. & Co. Plazuela Caldas, Bogotá 1910 Litografía en color 8,6 x 13 cm Reg. 776 Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero 52. [ pág. 53 ] Alberto Urdaneta (1845 - 1887) / Antonio Rodríguez (ca. 1840 - 1898) Grabado del cuadro de costumbres “Un año en la corte” de Ricardo Silva 1881 Xilografía Publicado en: Papel Periódico Ilustrado 1, n.o 3 (1881): 42 53. [ pág. 55 ] Fernando Carrizosa Valenzuela (1881 - 1947) Salón de la familia Carrizosa Herrera Ca. 1910 Copia en gelatina 48 x 60 cm Reg. 700 Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero 54. [ pág. 57 ] Mlle. Annette, París Vestido de baile Ca. 1889 Faya, encaje de tul, varillaje metálico y satín 160 x 80 cm Reg. 6 Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero Donado por la familia Gutiérrez Castro 55. [ pág. 59 ] Mme. M. Chaud Vestido para la hora del té Ca. 1895 Encaje de algodón y seda cosido a máquina 160 x 80 cm Reg. 20 Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero Donado por la familia Gutiérrez Castro 56. [ pág. 60 ] Fabricante desconocido Vestido de ceremonia 1888 Damasco de seda y encaje cosidos a mano y a máquina 165 x 110 cm Reg. 10 Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero 57. [ pág. 61 ] Durán y Restrepo / Pedro Carlos Manrique Teatro Colón 1898 Fotografía publicada en: Revista Ilustrada 1 (18 de junio de 1898) 58. [ pág. 65 ] Estudio Santa Fé, Bogotá Señorita María Carrizosa Herrera luciendo un traje de la época del Libertador 1928 Litografía Publicada en: Cromos, n.o 639 (15 de diciembre de 1928) 59. [ pág. 66 ] Epifanio Julián Garay Caicedo (1849 - 1903) Elvira Tanco de Malo O’Leary Ca. 1892 Óleo sobre tela 125 x 98 cm Reg. 2765 Museo Nacional de Colombia Donado por la Fundación Beatriz Osorio (ca. 1972 - 1976) 60. [ pág. 67 ] José Eugenio Montoya (1860 - 1922) Mercedes Álvarez de Flores 1886 Óleo sobre tela 146 x 115 cm Inv. 115387 Colección Museo del Siglo XIX Ministerio de Cultura
  • 132. El museo en el museo | 130 | 61. [ pág. 67 ] Fotografía Antonio Faccini, Bogotá Retrato de mujer Ca. 1890 Copia en albúmina 16 x 11 cm Reg. 731 Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero 62. [ pág. 68 ] S. J. R. Postal de pareja Ca. 1910 Copia en gelatina 14 x 9 cm Reg. 867 Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero 63. [ pág. 68 ] Jesús María Zamora (1871 – 1948) Atardecer en la sabana Ca. 1920 Óleo sobre tela 59 x 84 cm Inv. 115282 Colección Museo del Siglo XIX Ministerio de Cultura 64. [ pág. 69 ] Ricardo Borrero Álvarez (1874 – 1931) Paisaje con casa Ca. 1915 Óleo sobre tela 22,5 x 37,5 cm Inv. 115416 Colección Museo del Siglo XIX Ministerio de Cultura 65. [ pág. 69 ] Fídolo Alfonso González Camargo (1883 - 1941) Mujer en el camino Ca. 1910 Óleo sobre tela 30,5 x 44,5 cm Inv. 115397 Colección Museo del Siglo XIX Ministerio de Cultura 66. [ pág. 70 ] Coriolano Leudo Obando (1886 - 1957) La mantilla bogotana Ca. 1917 Óleo sobre tela 125 x 95,5 cm Reg. 2224 Museo Nacional de Colombia Trasladado del Museo de la Escuela de Bellas Artes de Bogotá (ca. 1948) 67. [ pág. 70 ] Arboleda & Valencia Editores Revista Cromos N.° 93, Vol. IV. Noviembre 24 de 1917 Impreso 34 x 24 cm Colección Samuel León Iglesias 68. [ pág. 71 ] Carolina Trujillo Dávila Chichería del siglo XIX 1996 Madera, tela y fibras 68 x 68 x 58 cm Reg. 1331 Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero Donada por Carolina Trujillo Dávila 69. [ pág. 71 ] Fernando Carrizosa Valenzuela (1881 - 1947) Vista hacia la calle desde los Almacenes de un centavo a un peso Ca. 1900 Copia en gelatina 5,8 x 4,3 cm Reg. 6621.025 Museo Nacional de Colombia Donada por Camila Umaña Jimeno (12.9.2008) 70. [ pág. 72 ] Fídolo Alfonso González Camargo (1883 - 1941) Camisa del estudiante Ca. 1914 Óleo sobre tela 31 x 27 cm Inv. 115304 Colección Museo del Siglo XIX Ministerio de Cultura 71. [ pág. 73 ] Autor desconocido Isabel Mejía de Echeverri y Luisa Echeverri Mejía Ca. 1900 Fotografía publicada en: Un siglo de moda en Colombia 1830 – 1930 72. [ pág. 73 ] Autor desconocido Escuela nocturna para obreros establecida por la Compañía de Energía Eléctrica 1912 Fotografía publicada en: El Gráfico 73. [ pág. 76 ] Mme. Tima Nicara, París Traje de calle 1898 Terciopelo, galón y faya cosidos a máquina y a mano 160 x 80 x 100 cm Regs. 139, 14.2 y 379 Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero 74. [ pág. 76 ] D’Cavelrus, Kriegck Traje de calle con abrigo estilo Chesterfield Ca. 1905 Paño de lana y seda cosidos a máquina y a mano 167 x 50 x 25 cm Regs. 116 y 121 Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero Donado por Beatriz Fonnegra 75. [ pág. 77 ] Fabricante desconocido Nécessaire de viaje con accesorios para hombre Ca. 1920 Cuero, seda, vidrio, plata y metal ensamblados 20 x 27 x 8 cm Reg. 1287 Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero 76. [ pág. 77 ] A. Touchet, París Sombrero de copa Ca. 1900 Terciopelo, cuero y seda cosidos a máquina 14 x 25 x 31,5 cm Reg. 500 Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero 77. [ pág. 78 ] Alberto Carrizosa Valenzuela
  • 133. Lista de imágenes | 131 | (1878 – 1964) y Fernando Carrizosa Valenzuela (1881 – 1947) Agustín Carrizosa y familia de regreso a Colombia 1901 Copia en gelatina 9 x 11,5 cm Reg. 6618.002 Museo Nacional de Colombia Donada por Camila Umaña Jimeno (12.9.2008) 78. [ pág. 78 ] Francisco Mejía M. Vapor Quindío Ca. 1930 Fotolitografía 9 x 14 cm Reg. 784.2 Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero 79. [ pág. 79 ] Alberto Carrizosa Valenzuela (1878 – 1964) y Fernando Carrizosa Valenzuela (1881 – 1947) Las Jimeno en París 1900 Copia en gelatina 8,9 x 11,6 cm Reg. 6619.012 Museo Nacional de Colombia Donada por Camila Umaña Jimeno (12.9.2008) 80. [ pág. 79 ] Alberto Carrizosa Valenzuela (1878 – 1964) y Fernando Carrizosa Valenzuela (1881 – 1947) Familias Gutiérrez Ponce y Carrizosa Valenzuela en París 1898 Copia en gelatina 11,8 x 9 cm Reg. 6618.012 Museo Nacional de Colombia Donada por Camila Umaña Jimeno (12.9.2008) 81. [ pág. 79 ] S. J. R. Pareja de la serie ‘Lisonjas’ Ca. 1913 Copia en gelatina, acuarela sobre papel de fibra 13,6 x 8,7 cm Reg. 866.1 Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero 82. [ pág. 80 ] Autor desconocido Nueva York Ca. 1900 Copia en gelatina 12,5 x 20 cm Reg. 6620.017 Museo Nacional de Colombia Donada por Camila Umaña Jimeno (12.9.2008) 83. [ pág. 80 ] Autor desconocido Fernando Carrizosa en automóvil por la Quinta Avenida en Nueva York Ca. 1900 Reproducción fotográfica 12,6 x 14,3 cm Reg. 6620.037 Museo Nacional de Colombia Donada por Camila Umaña Jimeno (12.9.2008) 84. [ pág. 81 ] Alberto Carrizosa Valenzuela (1878 – 1964) y Fernando Carrizosa Valenzuela (1881 – 1947) Colombianos y franceses 1898 Copia en gelatina 8,9 cm x 11,9 cm Reg. 6618.051 Museo Nacional de Colombia Donada por Camila Umaña Jimeno (12.9.2008) 85. [ pág. 82 ] Autor desconocido Pabellón de Bellas Artes y Kiosco de la Luz en la Exposición del Centenario 1910 Fotolitografía 8,7 x 14 cm Reg. 765.5 Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero 86. [ pág. 82 ] Gabinete Artístico Pabellón de Bellas Artes en la Exposición del Centenario 1910 Fotolitografía 8,7 x 14 cm Reg. 765.4 Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero 87. [ pág. 82 ] M. Glueckstadt & Muenden, Hamburg Bogotá, parque y estatua de Santander 1910 Fotolitografía 14 x 8,5 cm Reg. 764.1 Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero 88. [ pág. 83 ] Gabinete Artístico Pabellón Egipcio en la Exposición del Centenario 1910 Fotolitografía 8,7 x 14 cm Reg. 765.2 Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero 89. [ pág. 83 ] Autor desconocido Kiosco para las banderas en la Exposición del Centenario 1910 Fotolitografía 8,7 x 14 cm Reg. 765.8 Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero 90. [ pág. 84 ] Gabinete Artístico Pabellón de Industrias en la Exposición del Centenario 1910 Fotolitografía 8,7 x 14 cm Reg. 765.6 Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero 91. [ pág. 84 ] Autor desconocido Exposición de Bogotá 1910 en la Exposición del Centenario 1910 Fotolitografía 9 x 14 cm Reg. 757.1
  • 134. El museo en el museo | 132 | Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero 92. [ pág. 86 ] Manuel Doroteo Carvajal Marulanda (1819 - 1872) Margarita Quijano de Carvajal Ca. 1851 Óleo sobre tela 93 x 74 cm Inv. 117425 Colección Museo del Siglo XIX Ministerio de Cultura  93. [ pág. 86 ] Fabricante desconocido                        Sombrilla de verano Ca. 1860                             Encaje, raso, marfil, madera, borla y varillas metálicas 60 x 63 cm                             Reg. 531 Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero 94. [ pág. 87 ] Dionisio Cortés Mesa (1863 - 1934) Los náufragos 1890 Óleo sobre tela 126,5 x 107,3 cm Reg. 1196 Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero 95. [ pág. 88 ] Fabricante desconocido Chocolatera Ca. 1930 Cobre martillado 20 x 28 x 14 cm Reg. 1332.002 Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero 96. [ pág. 88 ] Johnson Brothers, Inglaterra (1883 - 2003) Sopera de la serie “Old Britain Castles” (Castillos británicos ingleses) Ca. 1930 Cerámica esmaltada e impresa 19 x 33 x 25 cm Reg. 1252 Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero 97. [ pág. 89 ] Dionisio Cortés Mesa (1863 - 1934) Mascarón Ca. 1915 Yeso moldeado y modelado 33 x 21 x 22 cm Reg. 1212 Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero 98. [ pág. 89 ] Dionisio Cortés Mesa (1863 - 1934) Columna Ca. 1915 Yeso moldeado y modelado 155 x 39 x 39 cm Reg. 1213 Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero 99. [ pág. 90 ] Fabricante desconocido Jarra con tapa en forma de pez Ca. 1900 Vidrio y cobre martillado 26 x 17 x 11 cm Reg. 1264 Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero 100. [ pág. 91 ] Ricardo Borrero Álvarez (1874 - 1931) Tren de las cinco Ca. 1915 Óleo sobre madera 42 x 30 cm Inv. 115465 Colección Museo del Siglo XIX Ministerio de Cultura 101. [ pág. 92 ] Autor desconocido Estación de la Sabana Ca. 1954 Copia en gelatina 19,8 x 25,2 cm Ing. Co 107 Museo Nacional de Colombia Comodato con el Fondo de Pasivo Social de Ferrocarriles Nacionales de Colombia (1992) 102. [ pág. 93 ] Victor Talking Machine Co. Gramófono Ca. 1915 Madera y cobre ensamblados 80 x 53 x 57 cm Reg. 1248 Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero 103. [ pág. 93 ] L. M. Ericsson & Co. Teléfono de manivela Ca. 1915 Baquelita y metal ensamblados 17 x 22 x 22 cm Reg. 1247 Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero 104. [ pág. 94 ] Fernando Carrizosa Valenzuela (1881 - 1947) Jura de bandera en la Escuela Militar, con un camarógrafo que graba la ceremonia 4.2.1933 Copia en gelatina 8,9 x 13,2 cm Reg. 6623.050 Museo Nacional de Colombia Donada por Camila Umaña Jimeno (12.9.2008) 105. [ pág. 94 ] Fernando Carrizosa Valenzuela (1881 - 1947) Automóvil de la familia Carrizosa Herrera Ca. 1900 Copia en gelatina 4,2 x 5,8 cm Reg. 6621.038 Museo Nacional de Colombia Donada por Camila Umaña Jimeno (12.9.2008) 106. [ pág. 94 ] Autor desconocido Casa de comercio de Guillermo Richard 1918 Fotografía publicada en: Jorge Posada Callejas, Libro azul de Colombia (Nueva York: J. J. Little & Ives Company, 1918) 107. [ pág. 94 ] Autor desconocido Construcción Planta de Vitelma. Acueducto de San Cristóbal 14.10.1924 Copia en gelatina 9 x 14,2 cm
  • 135. Lista de imágenes | 133 | Reg. 6642.008 Museo Nacional de Colombia Donado por Camila Umaña Jimeno (12.9.2008) 108. [ pág. 94 ] Fernando Carrizosa Valenzuela (1881 - 1947) Construcción Planta de Vitelma. Acueducto de San Cristóbal 1924 Copia en gelatina 8,8 x 13,8 cm Reg. 6643.041 Museo Nacional de Colombia Donada por Camila Umaña Jimeno (12.9.2008) 109. [ pág. 95 ] Fernando Carrizosa Valenzuela (1881 - 1947) Mujer trabajando en los Almacenes de un centavo a un peso Ca. 1918 Copia en gelatina 5,8 x 4,2 cm Reg. 6621.016 Donada por Camila Umaña Jimeno (12.9.2008) Museo Nacional de Colombia 110. [ pág. 95 ] Fernando Carrizosa Valenzuela (1881 - 1947) Exterior de una sede de los Almacenes de un centavo a un peso Ca. 1918 Copia en gelatina 6,1 x 4,5 cm Reg. 6621.051 Museo Nacional de Colombia Donada por Camila Umaña Jimeno (12.9.2008) 111. [ pág. 95 ] Fernando Carrizosa Valenzuela (1881 - 1947) Interior de una sede de los Almacenes de un centavo a un peso Ca. 1918 Copia en gelatina 4,2 x 5,8 cm Reg. 6621.052 Museo Nacional de Colombia Donada por Camila Umaña Jimeno (12.9.2008) 112. [ pág. 96 ] Fabricante desconocido Par de floreros Ca. 1880 Vidrio rosado Bristol con decoraciones en dorado 40 x 15 x 15 cm c/u Reg. 1253 Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero 113. [ pág. 97 ] Fabricante desconocido Jarra Ca. 1920 Vidrio y cobre martillado 35 x 20 x 12 cm Reg. 1265 Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero 114. [ pág. 97 ] W. H. Grindley, Inglaterra Vajilla de la serie “Meadow Brook” (Arroyo de la pradera) Ca. 1936 Cerámica esmaltada e impresa Reg. 1254 Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero 115. [ pág. 98 ] Fabricante desconocido Abanico de plumas de avestruz Ca. 1900 Carey, plumas y metal ensamblados 59 x 85 cm Reg. 599 Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero 116. [ pág. 98 ] Cécile Chenevière / Duvelleroy Abanico de marfil Ca. 1890 Marfil, papel, pintura y metal impresos, plegados y ensamblados 67 x 67 cm Reg. 609 Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero 117. [ pág. 98 ] Fabricante desconocido Cartera en metal dorado repujado Ca. 1920 Metal, cuero y espejo 8,5 x 10 x 1,5 cm Reg. 509 Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero 118. [ pág. 98 ] Fabricación francesa Cartera bordada en hilos metálicos Ca. 1910 Seda, algodón, metal e hilo metalizado 29 x 14 x 3 cm Reg. 508 Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero 119. [ pág. 99 ] Fabricante desconocido Chaqueta de verano Ca. 1905 Paño, encaje de blonda y galón cosido a mano y a máquina 67 x 50 cm Reg. 141 Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero 120. [ pág. 100 ] Parfumerie Lubin Botellas de perfume Lubinette 1912 Porcelana, tela y vidrio cosidos y ensamblados 19 x 14 x 11 cm; 18 x 12 x 10 cm; 20 x 10 x 9 cm Regs. 1276, 1277 y 1278 Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero 121. [ pág. 100 ] Fabricante desconocido Juego de centro de mesa estilo art nouveau Ca. 1910 Mayólica 43 x 30 x 21 cm c/u Reg. 1270 Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero 122. [ pág. 102 ] Rosa María Pontón de Samper y Catalina Samper Pontón “Muñequero” (casa de muñecas) 1926 - 1989 Ensamblaje 197 x 190 x 50 cm Reg. 1330
  • 136. El museo en el museo | 134 | Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero Donado por Rosa María Pontón de Samper y Catalina Samper Pontón 123. [ pág. 103 ] Fabricante desconocido Espejo con copete Ca. 1890 Cristal, madera tallada y dorada 195 x 122 x 16 cm Reg. 1242 Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero 124. [ pág. 103 ] Ramón Torres Méndez (1809 - 1885) Interior santafereño Ca. 1874 Óleo sobre tela 35 x 25,4 cm Reg. 2096 Museo Nacional de Colombia Trasladado del Museo de la Escuela de Bellas Artes de Bogotá (ca. 1948) 125. [ pág. 103 ] Monsieur Leoutre Sofá estilo isabelino 1875 - 1910 Madera tallada y tela ensambladas 102 x 195 x 85 cm Reg. 1216.022 Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero Donado por María Carrizosa de Umaña y Carolina Herrera 126. [ pág. 104 ] Fabricante desconocido Candelabro de tres luces Ca. 1880 Cristal y metal ensamblados 70 x 44 x 17 cm Reg. 1274.1 Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero 127. [ pág. 104 ] Fabricante desconocido Tina de baño Ca. 1890 Cobre martillado 49,5 x 69 x 83 cm Reg. 1245 Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero 128. [ pág. 104 ] Fabricante desconocido Florero Ca. 1880 Porcelana 36 x 17 x 13 cm Reg. 1272.1 Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero 129. [ pág. 105 ] Fabricante desconocido Piano vertical Ca. 1880 Madera tallada, metal y marfil 150 x 140 x 67 cm Reg. 1224 Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero 130. [ pág. 106 ] Fabricante desconocido Cubre-corsé, calzón y polisón 1880 - 1910 Algodón cosido a máquina y calado a mano 160 x 35 x 25 cm Regs. 234, 235, 236 y 226 Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero Donado por Juanita de Solano (cubre-corsé) 131. [ pág. 106 ] Fabricante desconocido Aguamanil, palangana y jabón Ca. 1896 Peltre esmaltado y pintado a mano 88 x 36 x 36 cm Reg. 1333.010 Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero Adquirido en 1991 132. [ pág. 107 ] Autor desconocido La fiesta del domingo en el Polo 1912 Fotografía tomada de: El Gráfico 133. [ pág. 107 ] Photobrom G. m. b. H., Viena Mujer y niña Ca. 1910 Copia en gelatina iluminada 13,4 x 8,5 cm Reg. 803.5 Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero 134. [ pág. 107 ] Photobrom G. m. b. H., Viena Niña en la tina Ca. 1910 Copia en gelatina iluminada 14,7 x 8,5 cm Reg. 813.1 Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero 135. [ pág. 107 ] Fabricante desconocido Zapatillas Ca. 1890 Seda, cuero, encaje en hilo metálico, madera, bisutería e hilo dorado 6 x 12 x 24 cm Reg. 559 Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero 136. [ pág. 108 ] Fernando Carrizosa Valenzuela (1881 - 1947) Sin título (álbum fotográfico de la casa de Fernando Carrizosa en Bogotá y de la finca El Vergel) Ca. 1900 Copia en gelatina 5,8 x 4,2 cm Reg. 6621.005 Museo Nacional de Colombia Donado por Camila Umaña Jimeno (12.9.2008) 137. [ pág. 108 ] Fabricante desconocido Traje marinero para niño Ca. 1900 Lana gabardina cosida a máquina 50 x 58 cm Reg. 344 Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero Donado por Juanita de Solano 138. [ pág. 109 ] Sastrería Isaza Frac 1918 Paño, algodón, satín y botones plásticos cosidos a máquina 160 x 40 cm Reg. 114
  • 137. Lista de imágenes | 135 | Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero Donado por Fernando Restrepo 139. [ pág. 109 ] Nicoll, The White House, San Francisco Traje de montar a caballo 1910 Cosido a máquina 160 x 50 x 30 cm Regs. 37 y 455 Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero Donado por Poli Mallarino de Córdoba 140. [ pág. 110 ] Autor desconocido Eva Jordán Delgado Ca. 1910 Copia en gelatina 8,9 x 14,1 cm Reg. 4747 Museo Nacional de Colombia Donada por Mireya Negret Delgado (5.12.2001) 141. [ pág. 110 ] Pedro Carlos Manrique (1860 - 1927) En el Hipódromo de la Gran Sabana 1899 Fotografía publicada en: Revista Ilustrada, n.o 15 (22 de agosto de 1899) 142. [ pág. 110 ] S. I. P. Postal de pareja Ca. 1910 Copia en gelatina 14 x 9 cm Reg. 915.2 Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero 143. [ pág. 112 ] The Singer Manufacturing Company Máquina de coser 29.11.1910 Madera y metal ensamblados 90 x 100 x 50 cm Reg. 1225 Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero Donada por Elsa García 144. [ pág. 113 ] La ilustración española y americana, Madrid / Establecimiento tipolitográfico “Sucesores de Rivadeneyra”, impresores de la Real Casa La moda elegante. Periódico especial de señoras y señoritas, indispensable en toda casa de familia 1907 Impreso 37,2 x 27,5 cm Colección Samuel León Iglesias 145. [ pág. 114 ] Mme. Delannoy Vestido de luto Ca. 1890 Brocado de satín, azabaches y pedrería cosidos a máquina y a mano 160 x 90 cm Reg. 7 Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero Donado por María Carrizosa de Umaña 146. [ pág. 114 ] Au Bon Marché Vestido de gala 1905 Seda, satín y encaje cosidos a máquina y a mano 160 x 70 cm Reg. 12 Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero Donado por María Carrizosa de Umaña 147. [ pág. 115 ] Fabricante desconocido Vestido de paseo 1910 Seda, encaje, muselina y algodón cosidos a mano y a máquina 160 x 60 x 30 cm Reg. 104 Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero Donado por Juanita de Solano 148. [ pág. 115 ] Fabricante desconocido Vestido de noche Ca. 1925 Seda bordada, lamé e hilos metálicos cosidos a máquina 160 x 39 x 25 cm Reg. 45 Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero Donado por Adela Posada de Van Meerbek 149. [ pág. 116 ] D. Cavelius y E. Motsch Traje con chaqueta de levita estilo príncipe Alberto Ca. 1928 Paño y algodón cosidos a máquina 164 x 50 x 25 cm y 12 x 23,5 x 26 cm Regs. 115 y 471 Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero Donado por Beatriz Fonnegra 150. [ pág. 117 ] Artesanías Derby / SOY Arkitect - María Luisa Ortiz y Diego Guarnizo Sombrero 2017 Paja toquilla y cinta faya tejidos a mano  17 x 36 x 38 cm Colección Samuel León Iglesias 151. [ pág. 117 ] Fabricante desconocido Ruana Ca. 1950 Lana tejida a mano 62 x 110 cm Colección Samuel León Iglesias 152. [ pág. 117 ] Liliana Villegas Jaramillo Pantalón utilizado en la serie de televisión “Las Ibáñez” 1989 Tela de algodón cosida a máquina 102 x 35 cm Reg. 6810.003 Museo Nacional de Colombia 153. [ pág. 118 ] Margarita Peñarredonda de Saravia Retrato de mujer 1914 Óleo sobre tela 88 x 111 cm Reg. 1193 Colección Museo del Siglo XIX Fondo Cultural Cafetero
  • 138. Ministerio de Cultura Ministra Mariana Garcés Córdoba Viceministra Zulia Mena García Secretario general Enzo Rafael Ariza Ayala Museo Nacional de Colombia Director Daniel Castro Benítez Subdirectora Ana María Cortés Solano Secretaria ejecutiva Ligia Mendoza Suárez Curaduría de Historia María Paola Rodríguez Prada Libardo Hernán Sánchez Paredes Santiago Robledo Páez Naila Katherine Flor Ortega Curaduría de Arte Rodrigo Trujillo Rubio Ángela Gómez Cely Paloma Nicolás Gómez Samuel León Iglesias Secretaria ejecutiva Bertha Aranguren Curaduría de Arqueología (en convenio con el ICANH) Francisco Romano Gómez Natalia Sofía Angarita Nieto Patricia Ramírez Nieto Practicante Liz Lozano Curaduría de Etnografía (en convenio con el ICANH) Andrés Leonardo Góngora Sierra Rayiv Torres Sánchez Aura Reyes Gavilán María Victoria Gálvez Izquierdo Grupo de Museología (ICANH) Margarita Reyes Suárez Yaid Bolaños Díaz Gestión de Colecciones Fernando López Barbosa Áreas de Registro y Documentación Adriana Patricia Nieto Triviño María José Echeverri Uribe Sandra Milena Ortiz Cardona Pedro Pablo Méndez Aguacía Samuel Monsalve Parra Andrés Rodríguez Escallón Área de Conservación María Catalina Plazas García Ángela María Sánchez Barajas Yeni Liliana Sánchez Gómez Practicantes Joan David Giuseppe Tranchita Camargo Pablo Andrés Arango Castillo Archivo y Centro de Documentación Antonio Ochoa Flórez Exposiciones itinerantes Laura Patricia Castelblanco Matiz Practicante Laura Alejandra González González Museografía Laura María Ortiz Escobar Nury Espinosa Vanegas Julio César Bedoya Practicante Isabel Noguera Cepeda Montaje museográfico Miguel Antonio Sánchez Montenegro Jesús Roberto Gómez León Diseño gráfico Neftalí Vanegas Menguán Servicios educativos y culturales Mayali Tafur Sequera Cristian Alejandro Suárez Caro Iván Andrés Otálora Orjuela María Margarita León Merchán María Mónica Fuentes Leal Programación cultural Nancy María Avilán Dávila Secretaria ejecutiva Diana Marcela Gómez Bernal Programa Fortalecimiento de Museos Juan Carlos Cipagauta Acosta Ana Paula Gómez Uribe Elsa Janneth Vargas Ordóñez Ilsa Nohemy Pineda Morel Jennifer Cortés Giraldo Abimelec Enoc Martínez Robles José Bernardo Acosta Narváez Julián Roa Triana Felipe Lozano Ortega Secretaria ejecutiva Berenice Cristancho Vera Practicantes Dariana Rodríguez Barral Camilo Andrés Gómez Contreras Óscar Penagos Pedraza María Isabel Téllez Colmenares Angélica María Herrera Feijoo Gabriel Alejandro Delgado Jiménez Proyecto de ampliación y renovación Camilo Andrés Sánchez Arango María Paola Jiménez Hinestrosa Digypsy Jorge Suárez Alan René Correa Antia Vanessa Angélica Garnica Ángel Óscar Eduardo Vallejo Ortega Comunicaciones María Andrea Izquierdo Manrique Sandra Vargas Jara María Camila López Moreno Practicantes Ángela María Agudelo Urrego Angélica Campos Benavides Carlos Mauricio Galvis Valderrama Corrección de estilo Natalia Iriarte Guillén Eventos especiales y mercadeo María Lucía Buraglia Casas Practicantes María Camila Marín González Juliana Lobo-Guerrero Duque Planeación y control presupuestal Diego Camilo Charry Sánchez María Yaneth Triana Betancur Asesoría Jurídica Édgar Suárez Vega Secretaria ejecutiva María Liliana Castillo Prieto Informática Giovanny Andrés Espitia Roa Diego Andrés Díaz Gómez Mesa de ayuda Freddy Alexander López Administración Jorge Augusto Márquez Pabón Jesús Narváez Maya Auxiliar administrativa Mileidy Johana Orjuela Monroy Auditorio Teresa Cuervo Borda Julián Erazo López Boletería Juan Carlos Galarza Pinto Conductor Jorge Bernal Muñetón Mensajero Miguel Antonio Hurtado Espinel Seguridad Compañía Andina de Seguridad - Andiseg Aseo Eminser Ltda. Asociación de Amigos del Museo Nacional Directora ejecutiva María de los Ángeles Holguín Pardo Administración Alexandra Mora Hurtado María Angélica Angulo Tayo Santiago Plötze Toro Sebastián Santacruz González Carolina Giraldo Castro Marcela Chiriví Borbón Felipe Castillo Camacho La Tienda Aldemar Portela Ticora Juan Esteban Flórez Sánchez este catálo g o s e c o m pu s o e n c a r a c t e r e s b o t o n , d i d o t h t f y w h i t n e y h t f . m a y o de 2018
  • 139. Fabricante desconocido Vestido de día que perteneció a María de la Torre de Herrera Ca. 1855 Brocado de seda con cuello y puños en organdí cosidos a mano (detalle)
  • 140. organizan apoya un lugar entre el xix y el xx m u s e o n a c i o n a l d e c o l o m b i a museo nacional de colombia