El transporte en España, representando el 5,5% del PIB y 4,8% del empleo, se estructura en un sistema radial en evolución hacia una red mallada para abordar desequilibrios territoriales. Los principales modos incluyen terrestre, ferroviario, marítimo y aéreo, con un foco en mejorar la intermodalidad y cumplir objetivos de sostenibilidad y competitividad. A pesar de las inversiones en modernización, persisten problemas como la dependencia de carreteras, desequilibrios en densidad de infraestructuras y un impacto ambiental significativo.