Esperando la carroza
Reserva Natural Formosa



                                                                                 Esperando la carroza

                                                                                                Omar Lobos




“Esperando la carroza”, de Omar Lobos
Ilustraciones: Diego Florio
Diseño de tapa y colección: Campaña Nacional de Lectura                      Un claro del monte formoseño, en
                                                                        plena noche de luna llena. De esas noches preferidas por
Colección: “Parques Nacionales: leelos, cuidalos, disfrutalos”
                                                                        Tokjuaj, un héroe mitológico de los indios wichí, para salir
Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología                           a cometer tanto sus travesuras como sus hazañas. Sí, por-
Unidad de Programas Especiales                                          que a él le echan la culpa de las cosas buenas y de las cosas
Campaña Nacional de Lectura                                             malas que suceden en el monte.
Pizzurno 935. (C1020ACA) Ciudad de Buenos Aires. Tel: (011) 4129-1075      Pero en esta historia Tokjuaj no tiene nada que ver.
campnacionaldelectura@me.gov.ar - www.me.gov.ar/lees
                                                                           –¡Ajá! ¡Te agarré, conejo! –Gritó amenazante la lampala-
República Argentina, 2007                                               gua, dispuesta a lanzarse sobre el pequeño conejo de los palos.

                                                                                                                                     3
Pero ante la sorpresa de la lampalagua, que es una boa          –A ningún lado. Sólo de curioso quisiera verlo pasar.
impresionante de más de tres metros de largo, el conejito          –¿A quién?
alzó un dedo ante sus labios y le hizo señas furiosas de           –Ah... no sé, no sé –siguió el conejo haciéndose el
que no gritara. Estaba agachadito detrás de un tronco           misterioso.
caído de palo santo.                                               –Ay, conejo, conejo, no sé por qué no te engullo de una
   –¡Shhhhh! ¡Más bajito, que yo también estoy al acecho!       vez. Después me buscaría una cuevita, me deslizaría allí
–la retó por lo bajo, y la lampalagua se quedó quietita,        dentro y haría una espléndida digestión.
        mirando con curiosidad a los costados.                     –¿No podés pensar en otra cosa que en comer? –le dijo
               –¿Qué... qué pasa?... –preguntó casi asustada.   y la miró con estudiado desprecio el conejito–. ¿No hay
                   –Estoy esperando la carreta –le susurró      nada espiritual que te conmueva, que te despierte interés?
                  confidencialmente el conejo.                     –¿Có... cómo espiritual? –tartamudeó un poco avergon-
                      –Será “Esperando la carroza” –lo          zada la lampalagua.
                     corrigió la lampalagua.                       –Sí, claro –dijo, filosófico, el conejo–... Mirá esta noche
                         –Ya vas a ver que no. Si tenemos       magnífica, la luna llena, los murmullos del monte... y entre
                       suerte –replicó el conejito.             las sombras –agregó en un susurro intrigante–, el misterio...
                            –¿Y adónde querés ir en una            La lampalagua miró despacito a todos los costados y
                            carreta?                            tragó saliva. Resulta que era bastante miedosa, y cuando
                                                                oyó la palabra “misterio” se le frunció la larga cola.
                                                                Encima, la luz de la luna hacía que todo pareciera fantas-
                                                                mal, ¡y siniestro!
                                                                   En eso, como a propósito, empezó a oírse un roce seco
                                                                          de ramas que raspaban contra algo –o alguien–
                                                                                          que se abría paso entre ellas.
Alguien que se acercaba, pesadamente, con sigilo, y de
un momento a otro lo tendrían a la vista.
   La lampalagua se echó a temblar. Sucedía que el
ruido era extrañísimo: “crac-crac-crac”, como crujidos, y
de pronto... ¡surgió entre los arbustos una sombra negra!
   –¡Rajemos, conejo! –gritó espantada la lampalagua,
pero el conejo alcanzó a frenarla una vez más.
   –¡Callate, sonsa, y hacé el favor de estarte quieta!
   La aparición parecía una bestia prehistórica, o, a más       sí con la cabeza, como
tardar, de la Edad Media, toda recubierta por un duro cara-     que sabía todo eso, pero
pacho que hacía más cansino su andar. Pero la “horrible         en realidad no tenía ni idea.
bestia”, casi alta como un chancho, tenía más bien un              –Sí, me contaron –dijo humilde
aspecto tristón, solitario y resignado, rebuscaba en el suelo   el tatú–, pero yo soy uno más entre
hormiguitas para comer, cavaba un poco para ver si encon-       todos. Además, hemos quedado pocos.
traba algún otro bichito. Parecía completamente inofensiva.        –Lamentablemente –asintió solidario el coneji-
   –¿No será Tokjuaj, que se disfrazó para asustarnos?          to–. Y, a ver, ¿por qué lo llaman “tatú carreta”? Si usted
–preguntó la lampalagua.                                        no tiene ruedas, ni carga nada encima...
   –¡Otra que Tokjuaj! ¡Eh, amigo! –increpó el conejito al         –Ha de ser, señor, por otra cosa –dijo, razonador, el
armadillo gigante–. ¡Qué tal!                                   tatú–. También se le llamaba “carreta” o “testudo” a la
   –Acá andamos, señor... –dijo manso el tatú carreta, que      cubierta que hacían antiguamente los soldados, poniéndo-
de él se trataba.                                               se los escudos sobre las cabezas, para protegerse de los ata-
   –Sabíamos que usted vivía en el monte, pero no se lo         ques con flechas o piedras. Y mírenme: mi armadura tam-
ve muy seguido.                                                 bién parece hecha por cientos de escuditos que me dan
   –Ando más bien de noche –dijo el tatú–. Es más “tranqui”.    protección en todo el cuerpo, las patas, la cola, la cabeza...
   –¿Y quién habría de molestarlo? Si se puede decir que           –¡Jajajajá! –se rió como una tonta la lampalagua–.
usted es el dueño de esta reserva...                            Claro, como no va a ser “testarudo” con ese caparazón
   Tenía razón el conejo de los palos, pues fue para res-       en la cabeza.
guardar al tatú guazú (“tatú grande”) o tatú carreta que se        –¡Dijo “testudo” y no “testarudo”! –la llamó el conejo
creó la Reserva Natural Formosa. La lampalagua hacía que        severamente al orden y enseguida se volvió muy educado

6                                                                                                                           7
y con asombro al tatú: “¡Ah,           –¡¡¡Shhh!!! –la paró en seco una vez más el conejito–.
                           pero mire usted!”                    ¿No oís que ahí viene?
                             –¡Qué le vamos a hacer! –sus-         –¿Quién, quién? –estiró el cogote la lampalagua para
                         piró el tatú carreta.                  un lado y para el otro.
                            –Yo pensé que se trataba de            –¡El burro que te mantiene! –se burló el conejito mientras
                        otro error, porque este monte está      se escabullía entre los arbustos y disparaba para su cueva.
                        lleno de equívocos –dijo el coneji-        La luna restallaba en la quieta superficie
                        to–. ¿Por qué a mí me dicen cone-       del río Bermejo, Tokjuaj andaría
                         jo de los palos, si no estoy hecho     haciendo de las suyas entre el
                          de palos, ni ando con palos, ni       monte, el tatú carreta
                          me subo a los palos?                  seguía buscando solita-
                           –Bueno... –quiso también meter       rio y melancólico su
su bocadillo la lampalagua, que ya había recobrado la           comidita, y la lampa-
confianza–. En ese sentido, a mí me llaman boa de las viz-      lagua, humillada y
cacheras, como si fuera una depredadora de vizcachas, y         rabiosa, se volvía a
nada que ver... ni he probado las vizcachas, prefiero otros     su casa sin cenar.
bocados –agregó mirando con mala intención al conejito.
   –Y díganmelo a mí –se agregó otra voz a la conversa-
ción, ronca y profunda–, que por mi forma me endilgaron
el mote de “palo borracho”, y soy lo más sobrio que puede
haber por estos pagos.
   Era un yuchán el que así había hablado.
   –¡Y qué le vamos a hacer! –repitió el tatú carreta. Y des-
pués de un tímido “bueno, hasta lueguito”, se alejó al tran-
co manso, hociqueando en el suelo a ver qué encontraba.
Lo miraron irse con alguna lástima. Parecía muy
noble.
   –Ahora sí: ¡sonaste, conejo! –volvió a la
carga la lampalagua.

8
MINISTERIO DE EDUCACIÓN, CIENCIA Y TECNOLOGÍA

                 Ministro de Educación, Ciencia y Tecnología
                              Lic. Daniel Filmus

                  Jefe de la Unidad de Programas Especiales
                             Prof. Ignacio Hernaiz

              Coordinadora de la Campaña Nacional de Lectura
                           Margarita Eggers Lan

                  Equipo de Campaña Nacional de Lectura
          Diseño Gráfico: Micaela Bueno, Juan Salvador de Tullio,
                  Mariana Monteserin y Paula Salvatierra.
       Comunicación: Leticia Zattara. Secretario: Gastón Havandjian.
    Administración: Alejandra Arnau, Bruno Rosenberg, Ignacio Infantino.

         Pizzurno 935 (C1020ACA) Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Tel: (011) 4129-1075 / campnacionaldelectura@me.gov.ar - www.me.gov.ar/lees


               ADMINISTRACIÓN DE PARQUES NACIONALES

                                   Directorio
 Ing. Agr. Héctor Espina (Presidente); Juan Carlos Garitano (Vicepresidente);
Dra. Patricia Gandini (Vocal); Raul Chiesa (Vocal); Lic. Cristina Armata (Vocal)

           Director Nacional de Conservación de Áreas Protegidas
                           Lic. Roberto Molinari

              Directora de Interpretación y Extensión Ambiental
                                Florencia Lance

   Equipo de trabajo para la Campaña: Pablo Reggio, María Eugenia Nalé,
     Cristian Blanco, Gisela Jaure, Mariana Altamiranda y Alicia Liva.

         Alsina 1418 6º piso (1188) Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Tel: (011) 4381-8606 / educacion@apn.gov.ar - www.parquesnacionales.gov.ar



                              RED DE LECTORES
        Si querés conectarte con los chicos de las escuelas cercanas al
           Reserva Natural Formosa podés hacerlo escribiéndoles a
           Ingeniero Juárez. (C. P. N° 3636). Provincia de Formosa.
               Por correo electrónico a rnformosa@apn.gov.ar
Esperando la carroza

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Esperando la carroza

  • 2. Reserva Natural Formosa Esperando la carroza Omar Lobos “Esperando la carroza”, de Omar Lobos Ilustraciones: Diego Florio Diseño de tapa y colección: Campaña Nacional de Lectura Un claro del monte formoseño, en plena noche de luna llena. De esas noches preferidas por Colección: “Parques Nacionales: leelos, cuidalos, disfrutalos” Tokjuaj, un héroe mitológico de los indios wichí, para salir Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología a cometer tanto sus travesuras como sus hazañas. Sí, por- Unidad de Programas Especiales que a él le echan la culpa de las cosas buenas y de las cosas Campaña Nacional de Lectura malas que suceden en el monte. Pizzurno 935. (C1020ACA) Ciudad de Buenos Aires. Tel: (011) 4129-1075 Pero en esta historia Tokjuaj no tiene nada que ver. [email protected] - www.me.gov.ar/lees –¡Ajá! ¡Te agarré, conejo! –Gritó amenazante la lampala- República Argentina, 2007 gua, dispuesta a lanzarse sobre el pequeño conejo de los palos. 3
  • 3. Pero ante la sorpresa de la lampalagua, que es una boa –A ningún lado. Sólo de curioso quisiera verlo pasar. impresionante de más de tres metros de largo, el conejito –¿A quién? alzó un dedo ante sus labios y le hizo señas furiosas de –Ah... no sé, no sé –siguió el conejo haciéndose el que no gritara. Estaba agachadito detrás de un tronco misterioso. caído de palo santo. –Ay, conejo, conejo, no sé por qué no te engullo de una –¡Shhhhh! ¡Más bajito, que yo también estoy al acecho! vez. Después me buscaría una cuevita, me deslizaría allí –la retó por lo bajo, y la lampalagua se quedó quietita, dentro y haría una espléndida digestión. mirando con curiosidad a los costados. –¿No podés pensar en otra cosa que en comer? –le dijo –¿Qué... qué pasa?... –preguntó casi asustada. y la miró con estudiado desprecio el conejito–. ¿No hay –Estoy esperando la carreta –le susurró nada espiritual que te conmueva, que te despierte interés? confidencialmente el conejo. –¿Có... cómo espiritual? –tartamudeó un poco avergon- –Será “Esperando la carroza” –lo zada la lampalagua. corrigió la lampalagua. –Sí, claro –dijo, filosófico, el conejo–... Mirá esta noche –Ya vas a ver que no. Si tenemos magnífica, la luna llena, los murmullos del monte... y entre suerte –replicó el conejito. las sombras –agregó en un susurro intrigante–, el misterio... –¿Y adónde querés ir en una La lampalagua miró despacito a todos los costados y carreta? tragó saliva. Resulta que era bastante miedosa, y cuando oyó la palabra “misterio” se le frunció la larga cola. Encima, la luz de la luna hacía que todo pareciera fantas- mal, ¡y siniestro! En eso, como a propósito, empezó a oírse un roce seco de ramas que raspaban contra algo –o alguien– que se abría paso entre ellas.
  • 4. Alguien que se acercaba, pesadamente, con sigilo, y de un momento a otro lo tendrían a la vista. La lampalagua se echó a temblar. Sucedía que el ruido era extrañísimo: “crac-crac-crac”, como crujidos, y de pronto... ¡surgió entre los arbustos una sombra negra! –¡Rajemos, conejo! –gritó espantada la lampalagua, pero el conejo alcanzó a frenarla una vez más. –¡Callate, sonsa, y hacé el favor de estarte quieta! La aparición parecía una bestia prehistórica, o, a más sí con la cabeza, como tardar, de la Edad Media, toda recubierta por un duro cara- que sabía todo eso, pero pacho que hacía más cansino su andar. Pero la “horrible en realidad no tenía ni idea. bestia”, casi alta como un chancho, tenía más bien un –Sí, me contaron –dijo humilde aspecto tristón, solitario y resignado, rebuscaba en el suelo el tatú–, pero yo soy uno más entre hormiguitas para comer, cavaba un poco para ver si encon- todos. Además, hemos quedado pocos. traba algún otro bichito. Parecía completamente inofensiva. –Lamentablemente –asintió solidario el coneji- –¿No será Tokjuaj, que se disfrazó para asustarnos? to–. Y, a ver, ¿por qué lo llaman “tatú carreta”? Si usted –preguntó la lampalagua. no tiene ruedas, ni carga nada encima... –¡Otra que Tokjuaj! ¡Eh, amigo! –increpó el conejito al –Ha de ser, señor, por otra cosa –dijo, razonador, el armadillo gigante–. ¡Qué tal! tatú–. También se le llamaba “carreta” o “testudo” a la –Acá andamos, señor... –dijo manso el tatú carreta, que cubierta que hacían antiguamente los soldados, poniéndo- de él se trataba. se los escudos sobre las cabezas, para protegerse de los ata- –Sabíamos que usted vivía en el monte, pero no se lo ques con flechas o piedras. Y mírenme: mi armadura tam- ve muy seguido. bién parece hecha por cientos de escuditos que me dan –Ando más bien de noche –dijo el tatú–. Es más “tranqui”. protección en todo el cuerpo, las patas, la cola, la cabeza... –¿Y quién habría de molestarlo? Si se puede decir que –¡Jajajajá! –se rió como una tonta la lampalagua–. usted es el dueño de esta reserva... Claro, como no va a ser “testarudo” con ese caparazón Tenía razón el conejo de los palos, pues fue para res- en la cabeza. guardar al tatú guazú (“tatú grande”) o tatú carreta que se –¡Dijo “testudo” y no “testarudo”! –la llamó el conejo creó la Reserva Natural Formosa. La lampalagua hacía que severamente al orden y enseguida se volvió muy educado 6 7
  • 5. y con asombro al tatú: “¡Ah, –¡¡¡Shhh!!! –la paró en seco una vez más el conejito–. pero mire usted!” ¿No oís que ahí viene? –¡Qué le vamos a hacer! –sus- –¿Quién, quién? –estiró el cogote la lampalagua para piró el tatú carreta. un lado y para el otro. –Yo pensé que se trataba de –¡El burro que te mantiene! –se burló el conejito mientras otro error, porque este monte está se escabullía entre los arbustos y disparaba para su cueva. lleno de equívocos –dijo el coneji- La luna restallaba en la quieta superficie to–. ¿Por qué a mí me dicen cone- del río Bermejo, Tokjuaj andaría jo de los palos, si no estoy hecho haciendo de las suyas entre el de palos, ni ando con palos, ni monte, el tatú carreta me subo a los palos? seguía buscando solita- –Bueno... –quiso también meter rio y melancólico su su bocadillo la lampalagua, que ya había recobrado la comidita, y la lampa- confianza–. En ese sentido, a mí me llaman boa de las viz- lagua, humillada y cacheras, como si fuera una depredadora de vizcachas, y rabiosa, se volvía a nada que ver... ni he probado las vizcachas, prefiero otros su casa sin cenar. bocados –agregó mirando con mala intención al conejito. –Y díganmelo a mí –se agregó otra voz a la conversa- ción, ronca y profunda–, que por mi forma me endilgaron el mote de “palo borracho”, y soy lo más sobrio que puede haber por estos pagos. Era un yuchán el que así había hablado. –¡Y qué le vamos a hacer! –repitió el tatú carreta. Y des- pués de un tímido “bueno, hasta lueguito”, se alejó al tran- co manso, hociqueando en el suelo a ver qué encontraba. Lo miraron irse con alguna lástima. Parecía muy noble. –Ahora sí: ¡sonaste, conejo! –volvió a la carga la lampalagua. 8
  • 6. MINISTERIO DE EDUCACIÓN, CIENCIA Y TECNOLOGÍA Ministro de Educación, Ciencia y Tecnología Lic. Daniel Filmus Jefe de la Unidad de Programas Especiales Prof. Ignacio Hernaiz Coordinadora de la Campaña Nacional de Lectura Margarita Eggers Lan Equipo de Campaña Nacional de Lectura Diseño Gráfico: Micaela Bueno, Juan Salvador de Tullio, Mariana Monteserin y Paula Salvatierra. Comunicación: Leticia Zattara. Secretario: Gastón Havandjian. Administración: Alejandra Arnau, Bruno Rosenberg, Ignacio Infantino. Pizzurno 935 (C1020ACA) Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Tel: (011) 4129-1075 / [email protected] - www.me.gov.ar/lees ADMINISTRACIÓN DE PARQUES NACIONALES Directorio Ing. Agr. Héctor Espina (Presidente); Juan Carlos Garitano (Vicepresidente); Dra. Patricia Gandini (Vocal); Raul Chiesa (Vocal); Lic. Cristina Armata (Vocal) Director Nacional de Conservación de Áreas Protegidas Lic. Roberto Molinari Directora de Interpretación y Extensión Ambiental Florencia Lance Equipo de trabajo para la Campaña: Pablo Reggio, María Eugenia Nalé, Cristian Blanco, Gisela Jaure, Mariana Altamiranda y Alicia Liva. Alsina 1418 6º piso (1188) Ciudad Autónoma de Buenos Aires Tel: (011) 4381-8606 / [email protected] - www.parquesnacionales.gov.ar RED DE LECTORES Si querés conectarte con los chicos de las escuelas cercanas al Reserva Natural Formosa podés hacerlo escribiéndoles a Ingeniero Juárez. (C. P. N° 3636). Provincia de Formosa. Por correo electrónico a [email protected]