La honestidad es un valor fundamental para la formación de la personalidad infantil y las relaciones interpersonales. Debe enseñarse desde la primera infancia a través del ejemplo de los padres y actividades lúdicas que ayuden a los niños a distinguir la verdad de la mentira. La escuela también debe fomentar la honestidad entre los estudiantes y docentes mediante debates, dinámicas grupales y campañas que premian esta conducta ejemplar.