La teología de la liberación surgió en América Latina en los años 1960 para responder a la opresión en el continente y hacer que la fe cristiana sea liberadora en lugar de alienante. Aunque no condenada por la Iglesia católica, ha sido criticada por su ambiguo lenguaje y por adoptar la lucha de clases del marxismo. Sus consecuencias incluyen pervertir el mensaje de salvación de la Iglesia, politizar la liturgia y fomentar la desunión entre clases sociales y dentro de la Iglesia.