El documento analiza el concepto de dominio propio, destacando que es una necesidad interna en lugar de un control externo y que se relaciona con el fruto del espíritu como la templanza. Explica cómo cultivar el dominio propio a través de la mirada hacia lo celestial, la eliminación de deseos inicuos, el cuidado del vocabulario y el revestimiento de Cristo. Se concluye que la libertad de hábitos y actitudes destructoras se logra permitiendo a Jesucristo ser nuestro salvador y señor.
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