Carlos I acumuló grandes territorios a través de herencias, incluyendo Castilla, Aragón y sus dominios americanos, así como los Países Bajos y el Franco Condado. Gobernó un vasto pero inorgánico imperio y luchó para defender la cristiandad contra los turcos y protestantes. Finalmente abdicó en 1556 dejando sus territorios a su hijo Felipe II de España.