Los sistemas de gestión de la calidad generan un impacto positivo en la rentabilidad de las empresas de tres formas: 1) Mejoran la productividad y reducen los costos al disminuir los defectos y desperdicios, 2) Aumentan la competitividad al mejorar la calidad de los productos, y 3) Implementan un ciclo de mejora continua basado en los principios de Deming y Juran para resolver problemas y aprovechar oportunidades de mejora.