La vida es inherentemente confusa debido a la falta de un manual de instrucciones, la incertidumbre de la existencia y las expectativas sociales. A medida que enfrentamos desastres y pérdidas, nuestro carácter se desarrolla y nos guía a través del caos, lo que eventualmente puede dar sentido y propósito a nuestra vida. La confusión surge de nuestras propias elecciones y deseos, pero se puede simplificar enfocándonos en la felicidad y el dar a los demás.