Este período estuvo marcado por la lucha entre liberales y conservadores por el poder político. Hubo avances laicos como la libertad de cultos y el matrimonio civil, pero también una guerra civil en 1891 entre partidarios del presidente Balmaceda y el Congreso, que dejó miles de muertos y dividió al país. El conflicto terminó con el suicidio de Balmaceda y el establecimiento del parlamentarismo.