PARROQUIA MARÍA AUXILIO DE LOS CRISTIANOS
RETIRO DE CUARESMA
1. Introducción al retiro
2. ORACIÓN
Disposición para la Oración
• Deja un momento tus ocupaciones habituales, busca el silencio,
exterior e interior.
• Entra un instante en ti mismo,
• apártate del tumulto de tus pensamientos. Pacífica tu interior. Arroja
lejos las preocupaciones agobiantes y las inquietudes que te oprimen.
• Reposa en Dios un momento y descansa siquiera un instante.
• Entra en lo más profundo de tu alma, aparta de ti todo excepto a Dios.
• Todo está bien aquí y ahora. Ya habrá otro momento durante el día
para volver a ocuparnos de oras cosas.
• Tu cuerpo se encuentra completamente relajado, libre de tensiones,
tu mente se encuentra completamente despejada, libre de ansiedad o
miedo.
• Descubre en éste instante la voluntad de Dios. Señor, qué quieres que
haga?
• Habla, Señor, que tu siervo escucha
Estamos ante ti, Espíritu Santo, reunidos en tu nombre.
Tú que eres nuestro verdadero consejero: ven a nosotros, apóyanos,
entra en nuestros corazones.
Enséñanos el camino, muéstranos cómo alcanzar la meta.
Impide que perdamos el rumbo como personas débiles y pecadoras.
No permitas que la ignorancia nos lleve por falsos caminos. Concédenos el
don del discernimiento, para que no dejemos que nuestras acciones se
guíen por prejuicios y falsas consideraciones.
Condúcenos a la unidad en ti, para que no nos desviemos del camino
de la verdad y la justicia,
sino que en nuestro peregrinaje terrenal nos esforcemos por alcanzar la vida
eterna.
Yo siento señor que tu me amas
Yo siento señor que te puedo amar
Háblame señor que tu siervo escucha
Háblame que quieres de mi
Señor tu has sido grande para mi
En el desierto de mi vida háblame
Yo quiero estar dispuesto a todo
Toma mi ser mi corazón es para ti
Por eso canto tus maravillas
Por eso canto tu amor
Por eso canto tus maravillas
Por eso canto tu amor
Lara, Lara, Lara, la, la, la
Te alabo Jesús por tu grandeza
Mil gracias te doy por tu gran amor
Heme aquí señor para
acompañarte
Heme aquí que quieres de mí
Señor tu has sido grande para mi
En el desierto de mi vida háblame
Yo quiero estar dispuesto a todo
Toma mi ser mi corazón es para ti
Por eso canto tus maravillas
Por eso canto tu amor
Por eso canto tus maravillas
Por eso canto tu amor
Lara, Lara, Lara, la, la, la
Oración: Adsumus, Sancte Spiritus.
Esto te lo pedimos a ti, que obras en todo tiempo y lugar, en comunión con
el Padre y el Hijo por los siglos de los siglos. Amén.
Canto de entrada
CANTO: NOS HAS LLAMADO AL DESIERTO
NOS HAS LLAMADO AL DESIERTO,
SEÑOR DE LA LIBERTAD
Y ESTÁ EL CORAZÓN ABIERTO
A LA LUZ DE TU VERDAD.
SUBIMOS CON ESPERANZA
LA ESCALADA CUARESMAL
EL PUEBLO DE DIOS AVANZA
HASTA LA CUMBRE PASCUAL.
Tu pueblo, Señor, camina
desde la aurora al ocaso
a tu Pascua se encamina
y te sigue, paso a paso.
ESTRIBILLO.
Señor, te reconocemos
y tu Palabra escuchamos,
tus caminos seguiremos
y tu ley de amor cantamos.
NOS HAS LLAMADO AL
DESIERTO…
Se acerca, Señor, tu día
en el que todo florece
con su luz y su alegría
ya el camino, resplandece.
NOS HAS LLAMADO AL
DESIERTO…
Vengo aquí, mi Señor,
a olvidar las prisas de mi vida,
ahora sólo importas Tú,
dale la paz a mi alma.
Vengo aquí, mi Señor,
a encontrarme con tu paz
que me serena.
Ahora sólo importas Tú,
dale tu paz a mi alma.
Vengo aquí, mi Señor,
A que en mi lo transformes
todo en nuevo,
ahora sólo importas Tú,
dale tu paz a mi alma.
Oración
Padre nuestro, que estás en el Cielo,
durante esta tiempo de conversión,
ten misericordia de nosotros.
Transforma nuestro egoísmo en generosidad.
Abre nuestros corazones a tu Palabra,
sana nuestras heridas del pecado,
ayúdanos a hacer el bien a nuestros hermanos.
Que transformemos la obscuridad
y el dolor en vida y alegría.
Concédenos estas cosas por Nuestro Señor Jesucristo.
Amén.
3. Introducción al Retiro Cuaresmal
La cuaresma es el tiempo del Espíritu Santo. Somos empujados por el
Espíritu al Desierto, así lo expresa Marcos en su Evangelio. Es el E. sto el que
nos revela la verdad y la Cuaresma es el tiempo para hacer espacio y conocer
la verdad que es Cristo, su muerte y Resurrección, por eso en este tiempo,
tomamos conciencia más que nunca que necesitamos del Espíritu Santo, sin
él nuestras palabras están vacías y no tienen fuerza ni profundidad,
queremos iniciar en esta oración de cuaresma invocándolo, y pidiéndole que
sea el Espíritu el que abra nuestra vida a la presencia de Jesús.
Cada experiencia de retiro es una apertura de mi ser a la presencia y a la
acción del Espíritu Santo.
El capitulo 3 del Apocalipsis 3:20 así lo expresa
“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta,
entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.”
EVANGELIO: MC 1,12-15
En aquel tiempo, el Espíritu impulsó a Jesús hacia el desierto, donde Satanás
lo puso a prueba durante cuarenta días; estaba con las fieras y los ángeles
lo servían. Después del arresto de Juan, Jesús se fue a Galilea, proclamando
la buena noticia de Dios. Decía: “El plazo se ha cumplido; el reino de Dios
está llegando. Convertíos y creed en el Evangelio”.
Qué es un retiro espiritual?
La primera invitación de este retiro es precisamente la conversión para
volver a Jesús
El retiro espiritual ha de buscar una experiencias fuertes de oración guiados
por el Espíritu Santo
Debe propiciar momentos de intimidad con Dios.
Un encuentro con Cristo y un encuentro con uno mismo para ser
intensamente discípulos y estar en su compañía.
Significa por tanto hacer una pausa, donde uno se retira para hablar de
corazón a corazón con Dios.
Un momento para leer nuestra vida desde una distancia suficiente y así
prepararnos a escribir en ella
Para escuchar de nuevo el “Sígueme de Jesús”
Para preparar resoluciones y propósitos, nunca como en este ambiente
tendremos la claridad suficiente para descubrir lo que tenemos que hacer
haciendo la voluntad de Dios
Por aquel tiempo se fue Jesús a la montaña a orar y pasó toda la noche en
oración a Dios. Al llegar la mañana, llamó a sus discípulos y escogió a doce de
ellos, a los que nombró apóstoles. Lucas 6:12-18
Después de despedir a la multitud, subió al monte a solas para orar; y al
anochecer, estaba allí solo. Mateo 14:23
Levantándose muy de mañana, cuando todavía estaba oscuro, salió, y se fue a
un lugar solitario, y allí oraba. Marcos 1:35
La búsqueda de Dios: Los retiros espirituales por tanto son una búsqueda
espiritual que te permite crecer en la fe.
Porque, si no buscamos a Dios en todo lo que hacemos, rechazando lo que
sea incompatible con la búsqueda de Dios, estamos abocados a un activismo
insensato que sólo conduce al agotamiento y a la esterilidad. Porque la
verdadera eficacia de nuestra vida no radica en el «hacer», sino en el «ser».
Lo más importante de este Retiro no es ilustrar nuestros conocimientos
sobre la fe ni sobre algún tema en particular, sino, encontrarnos
directamente con Dios y con lo más profundo de nosotros mismos.
[EE n° 2. Por eso, un Retiro Espiritual es:
† Un tiempo del corazón más que de racionalizaciones.
† Un tiempo de generosidad y no de reservas;
† Un tiempo para encontramos con Dios y dejarnos encontrar por Él. (El
sale a buscarnos y quiere que nos dejemos encontrar.
† un tiempo para integrar mejor fe y vida.
† Un tiempo de sanación de la propia vida por medio del diálogo libre
con Dios (traemos heridas, fragilidades y vulnerabilidades emocionales,
cargas emocionales, cosas que nos han pasado, frustraciones)
† un tiempo para valorar más la propia vida, la familia, el trabajo, la
comunidad.
† Un tiempo para convertirnos en Mensajeros de la Esperanza
OBJETIVO DEL RETIRO
Para conocer cuál es la voluntad de Dios en tu vida. ¿Señor que quieres que
haga
Para saber en profundidad qué espera El de Ti. “Habla Señor que tu siervo
te escucha”.
Apertura : A Dios, al Espíritu Santo, a quien orienta, hoy puede ocurrir que
nos resistamos y que sigamos en la indiferencia de fe que caracteriza el
mundo. Dios no es una propuesta más. Él es el camino la verdad y la vida.
Jesús le dijo: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre,
sino por mí. Si me conocieran, también conocerían a mi Padre; y desde ahora
..Juan 14,6
Confianza: En Dios. Si Dios está con nostros quien estará contra nosotros
Disponibilidad: A su voluntad, a escuchar y a obedecer a escuchar El
renovado llamado de Jesús a servir como discípulos y misioneros desde:
▪ La Reflexión
▪ La oración.
ACTITUDES NECESARIA PARA VIVIR EL RETIRO
▪ El Silencio. (Vaciarnos de tantos ruidos y voces exteriores para
escuchar la voz que resuena en nuestro interior
▪ La Reconciliación.
Canto como el ciervo busca por las aguas
Como El Ciervo
Marcos Witt
Como el ciervo busca por las aguas
Así clama mi alma, por Ti Señor
Día y noche, yo tengo sed de ti
Y solo a ti buscaré
Lléname, lléname señor
Dame más, más de tu amor
Yo tengo sed, solo de ti
Lléname señor.
Con el mismo ardor con que el ciervo sediento suspira por las aguas (Sal 41,
1) deseemos empezar los ejercicios para fortalecerse, amadas hijos. Espero
que saquen de ellos mucho fruto.
Reconocer el terreno: ¿Cómo estoy ahora?: Conmigo mismo, con mi familia
con mi profesión, con los demás y con Dios
Posiciograma
Preparar el terreno: “En tan amada soledad hemos de ocuparnos en
preparar el terreno de nuestro ser y echar en él la simiente de las santas
acciones.” ¿Qué vamos a sembrar?. Buenos propósitos, deseos de
conversión.
Es decir, disponernos física y espiritualmente a hacer un trabajo interior de
acogida, de apertura, de disponibilidad, de flexibilidad, de dejarse aplanar,
remover, sacudir y moldear.
Hacer Silencio Para buscar a Dios en nuestro tiempo de retiro, y para
poderlo buscar también cada día, lo primero que hemos de considerar es la
importancia del silencio. En el fondo, el silencio como instrumento para
escuchar a Dios se parece mucho, en lo material, a la necesidad de silencio
para realizar determinadas tareas.
En lo posible hacer una desconexión del de equipos electrónicos para
favorecer el recogimiento.
Vamos a realizar la siembra
El Evangelio según san Lucas 8, 4-15
En aquel tiempo, se le juntaba a Jesús mucha gente y, al pasar por los
pueblos, otros se iban añadiendo. Entonces les dijo esta parábola: «Salió el
sembrador a sembrar su semilla. Al sembrarla, algo cayó al borde del
camino, lo pisaron, y los pájaros se lo comieron. Otro poco cayó en terreno
pedregoso y, al crecer, se secó por falta de humedad. Otro poco cayó entre
zarzas, y las zarzas, creciendo al mismo tiempo, lo ahogaron. El resto cayó
en tierra buena y, al crecer, dio fruto el ciento por uno.» Dicho esto,
exclamó: «El que tenga oídos para oír, que oiga».
Desyerbar y quemar las malezas: “Nuestro primer cuidado debe ser destruir
todos los defectos que dominan en nuestra persona y ahogan en ella el
germen de las virtudes y de las buenas obras.”
Limpiar el terreno de nuestra vida; que implica de nuestra parte bajar a
nuestro pozo y descubrir hasta qué punto hemos dejado crecer nuestros
apegos, nuestro orgullo, envidia y otras debilidades que ahogan las más
lindas virtudes que tengamos. Esto de desyerbar y quemar las hierbas causa
mucho dolor, pero es un dolor necesario que salva.
La tarea es comprender, saborear y digerir, (verbos que indican acción)
para que produzca frutos abundantes, aunque también depende en buena
parte, de nuestra preparación personal para entrar en este clima orante y
de la disposición y apertura que tengamos
Esperar la lluvia del cielo: “Después de la siembra, la lluvia y el calor dan a la
tierra la fecundidad que el Creador puso en ella. En el orden espiritual, la
gracia divina nos da fuerza y fecundidad y nos impulsa a un trabajo fuerte,
profundo y diligente.”
Dice el libro de la Sabiduría 8, 21. La lluvia es bendición para quien ha
sembrado y esperarla evoca paciencia y humildad, porque la lluvia no
depende del que cultiva sino del Creador.
Regar, podar, escardar: “Después de sembrar el campo, el buen agricultor
no lo pierde de vista, no lo abandona. Para no perder el fruto de su trabajo,
lo riega, lo poda y escarda con sumo cuidado.”
La Oracion
El motor que mueve nuestro encuentro con Dios es la Oración. ¿Cómo está
hoy mi oración?, ¿Cuánto tiempo le dedico al día, a la semana o durante el
mes.
¿Cómo hay que orar?
Cada persona tiene su propio ritmo de oración y hasta método de oración
que le ayuda en el encuentro cotidiano con el que sabemos nos ama. Sin
embargo, es muy importante, tener en cuenta los consejos de Jesús,
nuestro Maestro que nos enseña a orar
Con humildad y confianza, desde unas actitudes básicas del discipulado.
Con una perseverancia confiada: “Pidan y se les dará, busquen y
encontrarán, llamen y se les abrirá, porque quien pide recibe, quien busca
encuentra, a quien llama se le abre.” Lc. 11, 9- 10.
Con humildad de manos vacías: “Quien se alaba será humillado y quien se
humilla será alabado.” Lc. 18, 9- 14
En la oración de publicano encontramos la actitud del humilde que lo espera
todo de Dios. El publicano pedía con humildad, la misericordia de Dios, la
sanación y liberación de su vida; en cambio, el fariseo no pedía nada,
solamente se jactaba de lo “bueno” que era, despreciando a los demás.
Jesús con esta enseñanza desenmascara la actitud farisaica de creerse más
que los demás y ensalza la actitud de quien, creyéndose indigente,
necesitado del amor y de la compasión de Dios se hace humilde.
1. La pacificación del Corazón
No se puede entrar en oración llegando agitado, hay que hacer el puente
entre la agitación y la Paz del corazón porque la palabra de Dios es sutil,
agitación que la producen las preocupaciones, problemas y dificultades de
la vida
2. Suplicar la presencia del Espíritu Santo:
Mensaje del Santo Padre para la Cuaresma de 2024 cuyo tema es
Meditacion “A través del desierto Dios nos guía a la libertad”
Cuando nuestro Dios se revela, comunica la libertad: «Yo soy el Señor, tu
Dios, que te hice salir de Egipto, de un lugar de esclavitud» (Ex 20,2).
Así se abre el Decálogo dado a Moisés en el monte Sinaí. El pueblo sabe bien
de qué éxodo habla Dios; la experiencia de la esclavitud todavía está
impresa en su carne.
Recibe las diez palabras de la alianza en el desierto como camino hacia la
libertad. Nosotros las llamamos “mandamientos”, subrayando la fuerza del
amor con el que Dios educa a su pueblo.
La llamada a la libertad es, en efecto, una llamada vigorosa. No se agota en
un acontecimiento único, porque madura durante el camino. Del mismo
modo que Israel en el desierto lleva todavía a Egipto dentro de sí ―en
efecto, a menudo echa de menos el pasado y murmura contra el cielo y
contra Moisés―,
También hoy el pueblo de Dios lleva dentro de sí ataduras opresoras que
debe decidirse a abandonar. Nos damos cuenta de ello cuando nos falta
esperanza y vagamos por la vida como en un páramo desolado, sin una
tierra prometida hacia la cual encaminarnos juntos.
La Cuaresma es el tiempo de gracia en el que el desierto vuelve a ser ―como
anuncia el profeta Oseas― el lugar del primer amor (cf. Os 2,16-17).
Dios educa a su pueblo para que abandone sus esclavitudes y experimente
el paso de la muerte a la vida. Como un esposo nos atrae nuevamente hacia
sí y susurra palabras de amor a nuestros corazones.
El éxodo de la esclavitud a la libertad no es un camino abstracto. Para que
nuestra Cuaresma sea también concreta, el primer paso es querer ver la
realidad. Cuando en la zarza ardiente el Señor atrajo a Moisés y le habló, se
reveló inmediatamente como un Dios que ve y sobre todo escucha: «Yo he
visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de
dolor, provocados por sus capataces. Sí, conozco muy bien sus sufrimientos.
Por eso he bajado a librarlo del poder de los egipcios y a hacerlo subir, desde
aquel país, a una tierra fértil y espaciosa, a una tierra que mana leche y miel»
(Ex 3,7-8). También hoy llega al cielo el grito de tantos hermanos y hermanas
oprimidos. Preguntémonos: ¿nos llega también a nosotros? ¿Nos sacude?
¿Nos conmueve? Muchos factores nos alejan los unos de los otros, negando
la fraternidad que nos une desde el origen.
En mi viaje a Lampedusa, ante la globalización de la indiferencia planteé dos
preguntas, que son cada vez más actuales: «¿Dónde estás?» (Gn 3,9) y
«¿Dónde está tu hermano?» (Gn 4,9). El camino cuaresmal será concreto si,
al escucharlas de nuevo, confesamos que seguimos bajo el dominio del
Faraón. Es un dominio que nos deja exhaustos y nos vuelve insensibles. Es
un modelo de crecimiento que nos divide y nos roba el futuro; que ha
contaminado la tierra, el aire y el agua, pero también las almas. Porque, si
bien con el bautismo ya ha comenzado nuestra liberación, queda en
nosotros una inexplicable añoranza por la esclavitud. Es como una atracción
hacia la seguridad de lo ya visto, en detrimento de la libertad.
Quisiera señalarles un detalle de no poca importancia en el relato del Éxodo:
es Dios quien ve, quien se conmueve y quien libera, no es Israel quien lo pide.
El Faraón, en efecto, destruye incluso los sueños, roba el cielo, hace que
parezca inmodificable un mundo en el que se pisotea la dignidad y se niegan
los vínculos auténticos. Es decir, logra mantener todo sujeto a él.
Preguntémonos: ¿deseo un mundo nuevo? ¿Estoy dispuesto a romper los
compromisos con el viejo? El testimonio de muchos hermanos obispos y de
un gran número de aquellos que trabajan por la paz y la justicia me convence
cada vez más de que lo que hay que denunciar es un déficit de esperanza.
Es un impedimento para soñar, un grito mudo que llega hasta el cielo y
conmueve el corazón de Dios. Se parece a esa añoranza por la esclavitud
que paraliza a Israel en el desierto, impidiéndole avanzar. El éxodo puede
interrumpirse. De otro modo no se explicaría que una humanidad que ha
alcanzado el umbral de la fraternidad universal y niveles de desarrollo
científico, técnico, cultural y jurídico, capaces de garantizar la dignidad de
todos, camine en la oscuridad de las desigualdades y los conflictos.
Dios no se cansa de nosotros. Acojamos la Cuaresma como el tiempo fuerte
en el que su Palabra se dirige de nuevo a nosotros: «Yo soy el Señor, tu Dios,
que te hice salir de Egipto, de un lugar de esclavitud» (Ex 20,2). Es tiempo
de conversión, tiempo de libertad. Jesús mismo, como recordamos cada
año en el primer domingo de Cuaresma, fue conducido por el Espíritu al
desierto para ser probado en su libertad. Durante cuarenta días estará ante
nosotros y con nosotros: es el Hijo encarnado. A diferencia del Faraón, Dios
no quiere súbditos, sino hijos. El desierto es el espacio en el que nuestra
libertad puede madurar en una decisión personal de no volver a caer en la
esclavitud. En Cuaresma, encontramos nuevos criterios de juicio y una
comunidad con la cual emprender un camino que nunca antes habíamos
recorrido.
Esto implica una lucha, que el libro del Éxodo y las tentaciones de Jesús en
el desierto nos narran claramente. A la voz de Dios, que dice: «Tú eres mi
Hijo muy querido» (Mc 1,11) y «no tendrás otros dioses delante de mí» (Ex
20,3), se oponen de hecho las mentiras del enemigo. Más temibles que el
Faraón son los ídolos; podríamos considerarlos como su voz en nosotros. El
sentirse omnipotentes, reconocidos por todos, tomar ventaja sobre los
demás: todo ser humano siente en su interior la seducción de esta mentira.
Es un camino trillado. Por eso, podemos apegarnos al dinero, a ciertos
proyectos, ideas, objetivos, a nuestra posición, a una tradición e incluso a
algunas personas. Esas cosas en lugar de impulsarnos, nos paralizarán. En
lugar de unirnos, nos enfrentarán. Existe, sin embargo, una nueva
humanidad, la de los pequeños y humildes que no han sucumbido al encanto
de la mentira. Mientras que los ídolos vuelven mudos, ciegos, sordos,
inmóviles a quienes les sirven (cf. Sal 115,8), los pobres de espíritu están
inmediatamente abiertos y bien dispuestos; son una fuerza silenciosa del
bien que sana y sostiene el mundo.
Es tiempo de actuar, y en Cuaresma actuar es también detenerse. Detenerse
en oración, para acoger la Palabra de Dios, y detenerse como el samaritano,
ante el hermano herido. El amor a Dios y al prójimo es un único amor. No
tener otros dioses es detenerse ante la presencia de Dios, en la carne del
prójimo. Por eso la oración, la limosna y el ayuno no son tres ejercicios
independientes, sino un único movimiento de apertura, de vaciamiento:
fuera los ídolos que nos agobian, fuera los apegos que nos aprisionan.
Entonces el corazón atrofiado y aislado se despertará. Por tanto,
desacelerar y detenerse. La dimensión contemplativa de la vida, que la
Cuaresma nos hará redescubrir, movilizará nuevas energías. Delante de la
presencia de Dios nos convertimos en hermanas y hermanos, percibimos a
los demás con nueva intensidad; en lugar de amenazas y enemigos
encontramos compañeras y compañeros de viaje. Este es el sueño de Dios,
la tierra prometida hacia la que marchamos cuando salimos de la esclavitud.
4. ESPIRITUALIDAD SINODAL
Celebrar un “sínodo” significa caminar juntos.
Yo pienso que ésta es realmente la experiencia
más maravillosa que podemos tener:
pertenecer a un pueblo que camina, que
camina a través de la historia junto a su
Señor quien camina con nosotros.
No estamos solos; no caminamos solos.
Formamos parte del único rebaño de Cristo
que camina unido.
(Papa Francisco, Francisco de Asís, 4 de octubre de 2013)
En primer lugar, la sinodalidad designa a ciertos acontecimientos que
denominamos sínodos, convocados por la autoridad competente y de
carácter puntual. En segunda instancia, la palabra apunta a las estructuras
y procesos eclesiales que se encuentran al servicio del discernimiento. Por
último, el significado más esencial del término remite a un estilo peculiar
que caracteriza la vida y la misión de la Iglesia. Este es el sentido en que
vamos a utilizarlo en esta presentación[7].
Inmediatamente somos capaces de percibir la conexión existente entre el
modo de comprender la “espiritualidad” –un modo de hacerse cargo de la
realidad–, y la “sinodalidad” –un estilo peculiar que caracteriza la vida y la
misión de la Iglesia–.
La sinodalidad apunta hacia un modo de vivir y de actuar que define a la
comunidad eclesial tanto en sus relaciones ad intra como ad extra. Pero
además el significado etimológico de la palabra sínodo[8] nos permite
entenderla como un “caminar juntos”.
Por lo tanto, a lo que le seguimos la pista es a un modo particular de
caminar juntos como Iglesia (sinodalidad), para –más y mejor– poder
“hacernos cargo” del mundo (espiritualidad). En esto consiste la
espiritualidad sinodal, en un hacernos cargo de la realidad, del mundo, de
la Missio Dei, caminando juntos.
¿Cómo “hacernos cargo” de la situación de nuestro mundo, para que este
encargarnos sea sinodal, es decir, para hacerlo con ese peculiar estilo que
afecta nuestra vida eclesial y nuestra misión y que implica “caminar
juntos”?
La forma sinodal de la Iglesia, que en estos últimos años estamos
redescubriendo y cultivando, sugiere que la Cuaresma sea también un
tiempo de decisiones comunitarias, de pequeñas y grandes decisiones a
contracorriente, capaces de cambiar la cotidianeidad de las personas y la
vida de un barrio: los hábitos de compra, el cuidado de la creación, la
inclusión de los invisibles o los despreciados. Invito a todas las comunidades
cristianas a hacer esto: a ofrecer a sus fieles momentos para reflexionar
sobre los estilos de vida; a darse tiempo para verificar su presencia en el
barrio y su contribución para mejorarlo. Esto puede suceder en cada
comunidad cristiana.
En la medida en que esta Cuaresma sea de conversión, entonces, la
humanidad extraviada sentirá un estremecimiento de creatividad; el
destello de una nueva esperanza. En este momento histórico los desafíos
son enormes, los quejidos dolorosos —estamos viviendo una tercera guerra
mundial a pedacitos—, pero abrazamos el riesgo de pensar que no estamos
en una agonía, sino en un parto; no en el final, sino al comienzo de un gran
espectáculo.
La sinodalidad no es un elemento nuevo de la vida y la autocomprensión de
la Iglesia. Es un elemento fundamental de la misma y ha estado presente en
muchas formas desde sus orígenes.
. La sinodalidad es una forma de expresar quienes somos como cristianos y
en qué nos estamos convirtiendo como Iglesia por obra del Espíritu Santo.
. En cada etapa, es el Espíritu Santo quien renueva constantemente la Iglesia
en comunión y la atrae cada vez más profundamente a una vida sinodal.
Podemos reconocer que el Espíritu Santo actúa constantemente a través de
la historia. Esto es especialmente significativo desde el Concilio Vaticano II,
que instituyó el Sínodo de los Obispos y la práctica de las asambleas
consultivas a nivel de las iglesias locales.
Uno de los rasgos importantes que surgen para nuestra comprensión actual
es que el sentido de la sinodalidad no es sólo una teología sino una práctica
espiritual.
De este modo, estamos invitados a explorar lo que podría significar una
espiritualidad para la sinodalidad “Ser cristiano es tener una “vocación
sinodal” y ésta crece a través de la vida espiritual”.
Podemos entender que una espiritualidad sinodal es una forma de vida o
praxis que integra y vuelve concretos los tres elementos clave de la
comunión, la participación y la misión.
Por esta razón, la espiritualidad para la sinodalidad se convierte en un
“habitus ecclesiale”, que es fuente de renovación y dinamismo para la vida
y la misión de la Iglesia. Es un modo de ser y de hacerse Iglesia.
La espiritualidad para la sinodalidad nos hace descubrir de manera
sorprendente las energías ocultas del amor, del compromiso, de la
generosidad y del compartir que se encuentran en cada uno de nosotros.
En la medida que vivamos auténticamente el carácter sinodal de la Iglesia,
esta se convierte en testimonio de la llegada del Reino de Dios para todos
los pueblos, donde todos tienen un hogar, justicia, dignidad, reconciliación
y paz.
La Iglesia sinodal está llamada a ser una Iglesia ecuménica (13 Documento
Preparatorio, Sínodo 2023, n° 30 párr. VII) . pues vive siempre del mismo deseo que
Cristo expresó en su oración al Padre “que todos sean uno” (Jn 17,21).
Se trata de una comunión dinámica en la que no se pierde la legítima
diversidad de las iglesias, sino que se recogen y valoran sus dones, sus
historias y su testimonio de Cristo para beneficio de todo el Cuerpo de Cristo.
Al mismo tiempo, el proceso sinodal es un proceso de arrepentimiento,
perdón y reconciliación, ya que cada comunidad tiene en su memoria e
historia las heridas de las divergencias del pasado, así como la promesa de la
unidad futura. Cuando se reúne en comunión, la Iglesia sinodal de las iglesias
se convierte en luz para las naciones que viven en conflicto en el mundo
Practicar la Espiritualidad Sinodal: Realizando un Habitus Sinodal Una
Iglesia sinodal es una Iglesia contemplativa. Es una Iglesia donde las
Escrituras y los sacramentos son centrales, pues son la escuela de una
perspectiva abierta a la economía salvífica de Dios en todas las realidades
de la creación, de la existencia humana y de la historia. La sinodalidad no
puede realizarse ni sostenerse si no se fundamenta en la oración de la Iglesia
y del pueblo fiel de Dios. La oración mantiene el corazón y la mente abiertos
a todo lo que Dios realiza y desea para la humanidad y la creación; también
alimenta y conforma la voluntad a fin de que, siempre procuremos desear y
actuar según la voluntad y el proyecto salvífico de Dios. De este modo, cada
oración es un don del Espíritu Santo que nos permite imitar a Cristo, pues
toda su existencia es una oración.
Una Iglesia sinodal es una Iglesia que escucha14. La Iglesia está atenta a todas las 14 Cf. Documento
Preparatorio, Sínodo 2023, n° 32, párr. II. 25 modalidades de auto - comunicación de Dios; está
atenta a los cambios del mundo y a las múltiples voces que se alzan en forma de lamento, protesta,
súplica y testimonio. Una Iglesia que escucha y que está atenta a las múltiples narrativas de las vidas,
las culturas y los pueblos. Se puede decir que es un lugar de hospitalidad narrativa. Para escuchar,
primero, se debe ser consciente de todo lo que aporta, lo que hace que la escucha atenta sea algo
más que “oír”. Entonces, se debe comprender cómo la “escucha” es un acto de atención, un don y
un reconocimiento del interlocutor; una generosidad voluntaria para dejarle
hablar con su propia voz sin intentar determinar primero las categorías o
traducir para hacer más cómodo y aceptable el desafío del que habla. La
escucha es un don que nos pone a disposición del interlocutor. Conlleva un
compromiso ético de caminar con ellos, pues una vez que atendemos a otra
persona, hacemos que su vida y su historia formen parte de la nuestra.
Especialmente, cuando elegimos privilegiar a aquellos cuyas vidas sufren la
violencia de la pobreza y quienes sufren la presión del rechazo, o la
marginación, o cargan con el peso de narraciones falsas y deformadas.
Cuando escuchamos, también consultamos: buscamos realmente
aprovechar la visión, la experiencia y la sabiduría de los demás. Escuchar es
también consultar, es un acto recíproco de compromiso, ya que todos
estamos implicados en la búsqueda común del bien al que nos llama el
Espíritu Santo. Por esta razón, el discernimiento se caracteriza por la
inclusión y la apertura. Cuando “escuchamos”, nos ponemos en sintonía con
la voz de nuestro interlocutor, porque la voz que oímos, es la voz profunda
del Espíritu. A menudo, esta voz no es accesible con palabras, pero
igualmente nos habla, “la llamada del corazón al corazón” en la música
silenciosa de Dios. Escuchar a ese nivel supone la libertad de estar
disponibles a todo lo que el Espíritu nos pida o a lo que el Espíritu nos guíe.
También pide que escuchemos con la inteligencia o la comprensión de la fe,
para que Cristo y la Palabra de Dios se conviertan en la escuela donde
aprendemos 26 a reconocer, comprender y apreciar aquello que hemos
escuchado. La Iglesia sinodal es una Iglesia que discierne
5. Para Vivir la Cuaresma
6. Momento de desierto:
II. LA EXPERIENCIA PECADO Y EL PERDON.
La parábola de la higuera
Lectura: Lucas 13:6-9
‘Y les dijo esta parábola: Cierto hombre tenía una higuera plantada en su
viña; y fue a buscar fruto de ella, y no lo halló. Y dijo al viñador: «Mira, hace
tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo. Córtala. ¿Por
qué ha de cansar la tierra?». Él entonces, respondiendo, le dijo: «Señor, déjala
por este año todavía, hasta que yo cave alrededor de ella, y le eche abono, y
si da fruto el año que viene, bien; y si no, córtala».
La higuera tiene que morir porque no da fruto, porque no es más que un
parasito.
Los tres años sin fruto demuestran su culpabilidad por sus continuas
dilaciones y la falta de decisión personal. La muerte referida en esta
parábola, significa que está muerto para el reino quien no da fruto, quien
no decide.
1.En su vida, en su trabajo y en su familia, como se refleja esta parábola.
2. Teniendo en cuenta la parábola de la higuera,
†¿Qué hay de esterilidad en Mi vida, como persona, como profesional, como
cristiano.
†¿Cuales son los frutos como personas, como profesional, como cristiano?
I.
LA FAVORABLE POSICIÓN EN QUE SE COLOCÓ ESTE ÁRBOL. En un
“viñedo”; no en algún terreno baldío abandonado. Bajo cuidado. Esta es la
condición de aquellos favorecidos con los privilegios y bendiciones de la de
Dios. Esta es especialmente la condición de aquellos que son miembros de
la Iglesia.
2. Quienes son favorecidos con los medios espirituales dados por el Señor
3. Quienes son los sujetos de las especiales y ricas promesas de Dios
4. A quienes se imparten gratuitamente las gracias y los dones del Espíritu
Santo.
5. Quienes son los objetos del cuidado y complacencia Divina. Estamos
dirigidos–
II. A LAS EXPECTATIVAS DEL PROPIETARIO. Vino buscando fruto (Lc 13,6).
Esta expectativa era razonable. Dios esperaba esto de los judíos. Les exigió
que fueran más sabios, santos y obedientes que los paganos que los
rodeaban. Dios requiere esto de todos los escogidos con los privilegios y
bendiciones del evangelio. Él espera que demos frutso
1. Que sus corazones produzcan los frutos.
2. Que sus labios den fruto de acción de gracias y alabanza.
3. Los frutos de la obediencia a Dios en su vida.
4. Los frutos de utilidad, por el empleo de sus facultades y talentos en Su
servicio.
III. DECEPCIÓN DEL PROPIETARIO.
IV. EL MANDO EMISARIOS . Córtalo; ¿Por qué estorba el suelo? (Lucas 13:7).
1. Esta frase no fue apresurada. Había habido tres años de cuidado, trabajo
y tolerancia. Dios ejerció Su gran longanimidad hacia los judíos. A todos Dios
les manifiesta paciente y perdurable paciencia.
2. Se asigna una razón suficiente para la orden dada. “¿Por qué estorba el
suelo?” No tenía valor en sí mismo. Ocupaba un terreno precioso. Tomó las
porciones nutritivas del suelo que requerían los árboles útiles y fructíferos.
V. EL PEDIDO QUE PRESENTA EL VIÑADOR. “Dijo: Señor, déjalo también
este año”, etc. (Lc 13,8). No niega las acusaciones del propietario. Él no
vindica la continuación final del árbol. Pero ruega–
1. Por un breve período de suspensión de la sentencia. Un año. ¡Solo un año!
Una ronda de las estaciones. Un año de lluvias y sol.
2. Se compromete a prestarle especial atención. “Excavaré alrededor de ella
y la abonaré” (Luc 13:8). Intentaré buscar la causa y utilizaré todos los
medios razonables para remediarla. Añade además–
3. Su voluntad entonces de obedecer la orden del propietario. Esto no solo
está implícito, sino directamente establecido. “Si da fruto, bien”—bien para
el árbol, el propietario y el viñador; “Y si no, la cortarás” (Luc 13:9). Esta
súplica por el labrador se ha verificado a menudo en las oraciones del padre,
del amigo, pero es verdad en el más alto y mejor sentido del Señor Jesús. Él
siempre vive para interceder. (J. Burns, DD)
La higuera estéril
Yo. Observe LA SITUACIÓN DEL ÁRBOL, el lugar donde se encuentra. Está
en la viña de Dios, y nuestro Señor nos dice cómo llegó allí. La viña no estaba
en su situación natural. No brotó allí, ni fue traído allí por accidente. Dios
mismo lo hizo plantar allí.
II. Ver a continuación LO QUE SE ESPERA DE ESTE ÁRBOL. ¿Es que echará
raíces y crecerá donde sea plantado, y recibirá las lluvias del cielo cuando
caigan sobre él? Podemos decir, “Sí”; pero Dios dice: “No, esto no me
saciará; lo que quiero de él es fruto, no ramas extensas y follaje exuberante;
la higuera silvestre del desierto me las dará. Debo tener de ese árbol algo
que responda a la situación en que lo he puesto, ya los cuidados y dolores
que le he dado. Vengo a ella buscando fruto.” ¿Y cuál es esta fruta? No son
esas cosas que algunos de nosotros quizás tenemos ahora en nuestras
mentes, las virtudes sociales y morales, la caridad, la honestidad y cosas por
el estilo. Todos estos son buenos a su manera, pero estos son frutos del
crecimiento de la naturaleza.
. Dios quiere de nosotros frutos que correspondan a los privilegios que nos
ha otorgado; no sólo más fruto del que cualquier pagano podría darle, sino
fruto de otro tipo: el fruto cristiano, tal fruto que nada sino el evangelio de
Cristo puede producir, y nadie sino los hombres plantados en Su Iglesia, y
traídos bajo la influencia de ese evangelio, alguna vez lo rindió.
III. Y ahora pasemos a otro punto de la parábola: EL ESCRUTINIO QUE ESTA
HIGUERA SE ATRAE SOBRE SÍ MISMO. Fíjense, el dueño de la viña no se
olvida del árbol cuando lo ha plantado, ni se sienta en casa esperando que
sus siervos le traigan el producto de él cuando lo hay; se le describe viniendo
una y otra vez a su viña, y subiendo a este árbol y examinándolo. “Él vino y
buscó fruto en ella”; estaba ansioso por el asunto, ansioso, no solo de
recoger el fruto si podía encontrarlo, sino también de no pasarlo por alto si
lo hubiera.
Ninguno nos mira como Dios. No lo vemos cuando está a nuestro lado; el
gran Observador nuestro es invisible y Su escrutinio silencioso; tal vez no
pensamos más en Él de lo que un árbol en nuestro jardín piensa en nosotros
cuando caminamos junto a él; pero Él nos marca a cada uno de nosotros
cada hora con la más minuciosa atención. Él escucha nuestras palabras, se
familiariza con nuestras obras.
IV. Observen LA MARAVILLA DE LA PACIENCIA DE DIOS CON ESTE ÁRBOL
INFRUCTUOSO. “He aquí, estos tres años vengo a buscar fruto en esta
higuera, y no lo hallo”. Hay sorpresa, observa, expresada en este lenguaje;
sorpresa, puede ser, por la esterilidad de tal árbol en tal lugar; pero aún más,
es sorpresa por la paciencia de Dios hacia Él, lo que estas palabras parecen
expresar principalmente. El Señor habla en ellos como si Él mismo se
maravillara de su propia paciencia.
V. Pero fíjate en EL DESCOMPLETO EXPRESADO POR FIN CONTRA ESTE
ÁRBOL INFRUTIVO. Es un disgusto que se ha mantenido bajo control
durante mucho tiempo. Viene sobre nosotros después de una larga
paciencia con nosotros. Es algo que ha triunfado sobre un gran amor y una
gran paciencia; no el fluir de un arroyo que siempre ha tenido un curso libre,
moviéndose a lo largo de un canal sin obstrucciones, es un río que estalla a
través de aguiluchos que lo han maldecido por mucho tiempo, y
derramando sus aguas acumuladas en un montón desolador. Mira aquí. El
paciente dueño de este árbol se vuelve de inmediato decidido a destruirlo.
Durante tres años sube a él, buscando entre sus hojas frutos; se va
desilusionado, pero silencioso. No hay que culpar al árbol, ni quejarse de él.
Las personas en la viña, que han presenciado todo esto, pueden haber
dejado de notarlo, o si aún lo notan, pueden decir: “Ese árbol está a salvo.
Infructuoso como es, por alguna extraña razón nuestro amo lo ama, y tanto
lo ama que nunca lo quitará.
Pero de repente viene la orden: “Cortadlo; ¿Por qué estorba el suelo?”. ¿Y
qué sigue? ¿Se nivela el árbol de inmediato? No; para aviso–
VI. LA INTERCESIÓN HECHA PARA ÉL. Respondiendo el labrador de la viña,
le dijo: Señor, déjala también este año, hasta que cave alrededor de ella y la
abono; y si da fruto, bien; y si no, después de eso lo cortarás. Aquí, sin duda,
se nos presenta una escena celestial. Sólo hay un Mediador que puede
interponerse eficazmente entre Dios y el hombre. Ministros, padres y
amigos pueden decir acerca de este o aquel pecador: “Señor, déjalo en
paz”. Él es el viñador que ruega por este árbol inútil para salvarlo de la
destrucción. ¡Y cuán naturales y conmovedores son los términos en que se
hace Su intercesión! Ni una sola palabra pronuncia contra este árbol estéril.
Ni una palabra dice de todo el trabajo que le ha dado. Con maravillosa
piedad y condescendencia, parece atribuir su larga infructuosidad a su
propia negligencia. “Señor, déjalo en paz. La culpa puede ser mía. No he
hecho por ello todo lo que pude. De ahora en adelante haré más. Se
convertirá en el objeto especial de Mi trabajo y cuidado.” Y luego viene en
estas palabras una mirada a todas las gloriosas consecuencias que seguirían.
“Si da fruto, bien”, dicen nuestros traductores, pero no hay una palabra que
responda a “bien” en el original.
Nuestro Señor no dice lo que seguiría a la fecundidad de este árbol. Se
interrumpe como si no pudiera decir. Parece como si toda la gloria y el
deleite que resultaron para Su Padre y para Él mismo de la salvación de un
pecador se precipitaron a Su mente y lo silenciaron. “Si da fruto, ¡oh, la
felicidad de ese pobre pecador, y oh, el gozo indecible para ti y para mí!”
Pero, fijaos, es sólo un año que el Intercesor pide este árbol, un año, una
temporada limitada. Después de eso, dice, ya no intervendrá más; y más—
Él aceptará la sentencia de su destrucción; “Tú lo cortarás”. No sé,
hermanos, cómo este lenguaje puede impresionar a algunos de ustedes,
pero me parece que hay algo muy temible en él. ¿Quién es el que promete
aquí consentir después de un poco en la destrucción total de todo oidor
infructuoso de la verdad de Dios entre nosotros? No es otro que Aquel que
ha derramado la sangre de Su corazón por nuestra salvación, y que durante
toda nuestra vida ha estado suplicando que seamos salvos. Es doloroso
tener un buen amigo terrenal que nos abandone, pero ser abandonado, y
entregado a una destrucción segura, por el bendito Jesús, el más
bondadoso de todos los amigos, Aquel que nos soporta y nos ama como
nadie sino Él mismo puede soportar. y el amor, pensemos lo que queramos,
hay algo espantoso en esto. Es como un padre que ha amado con cariño a
un hijo, un hijo sin valor, mientras que todos a su alrededor han estado
clamando justicia para él; es como si ese padre finalmente se viera obligado
a decir: “No puedo aguantar más. No puedo hacer mas. Que la justicia se lo
lleve”. (C. Bradley, MA)
La higuera salvó otro año
III. DIOS ESPERA FRUTO DE NOSOTROS. Y con razón.
1. Pregúntense, entonces, hermanos, ¿dan frutos que correspondan a su
profesión de arrepentimiento? ¿Habéis resucitado de un estado de
inconversión y andando en novedad de vida?
2. ¿Da frutos que respondan a su profesión de fe? Profesas creer en Aquel
que te ha comprado con Su sangre. ¿Ya no estáis viviendo para vosotros
mismos, sino para Aquel que murió por vosotros?
3. ¿El fruto que das es adecuado a las oportunidades y medios de gracia que
disfrutas? Muy favorecidos sois, hermanos; sois miembros de una Iglesia
pura; os reunís en una forma pura de adoración. La Palabra de Dios, los
sacramentos son tuyos; a vosotros es predicado el evangelio. ¿No podría el
Señor de la viña haber puesto el hacha en la raíz? ¿Por qué estás a salvo?
Porque Dios es paciente, misericordioso, y quiere que te arrepientas.
IV. OBSERVA QUE EN EL JUICIO DIOS SE ACUERDA DE LA MISERICORDIA.
Bien podría decir la justicia: “Córtalo”. Pero hay un Abogado en el cielo. He
aquí a Uno que intercede a la diestra de Dios: “Déjalo también este año,
hasta que cave alrededor de él y lo excreme; y si da fruto, bien”. Bendito sea
Dios, por nosotros la misericordia se regocijó contra el juicio. Todavía
estamos a salvo; ¿Y con qué fin ha sido Cristo Jesús tan paciente? Es para
que Él pueda mostrar una bondad aún más rica; para que pueda probar
medios más abundantes. Déjalo en paz, hasta que cave alrededor de él y lo
excreme. “Y si da fruto, bien”. Todos los cuidados y dolores habrán sido bien
repartidos, si, después de todo, el pecador da fruto para Dios. La
misericordia de Dios será magnificada; Su gracia exaltada.
V. Y ahora, por último, OBSERVA LA MUERTE SEGURA DE AQUELLOS QUE
CONTINUAN AÚN SIN FRUTO:–“Si no” (si el árbol no da fruto), “entonces
después de eso lo cortarás”. Es, pues, posible agotar la paciencia del mismo
Dios. Es posible, por un corazón duro e impenitente, dejar pasar el día de la
gracia. Puede que llegue un momento en que la misericordia dejará de
interceder y dejará lugar únicamente para el juicio; cuando Cristo mismo
renunciará a su intercesión. Oh, terrible estado en el que el Salvador mismo
se retira; cuando Su Espíritu, afligido, resistido, apagado, abandona
finalmente el corazón de piedra. Luego sigue una insensibilidad semejante
a la muerte: una apatía terrible hacia todas las cosas espirituales, o, puede
ser, un crecimiento diario en toda iniquidad, hasta que finalmente la copa
del pecador está llena. (E. Blencowe, MA)
La higuera estéril
Yo. LA PLANTACIÓN DE LA HIGUERA.
1. Este “cierto hombre” denota a Dios. A Él pertenece todo. “Suya es la tierra
y su plenitud; el mundo y los que en él habitan.” Pero la Iglesia es
peculiarmente Suya, como es llamada por Su nombre, y formada para
proclamar Su alabanza.
2. Pero, ¿a quién se refiere la higuera? No puede ser un verdadero cristiano.
Todos los verdaderamente regenerados son fructíferos. No
son igualmente, pero son realmente, fructíferos. El carácter que aquí se
pretende es un hombre colocado en la Iglesia externa y visible, y gozando
de todos los privilegios de una situación tan favorecida. Una vez fue el judío
muy favorecido. Ahora es el cristiano muy favorecido, bendecido con todas
las ventajas religiosas del judaísmo, multiplicado, mejorado, perfeccionado:
ahora es el británico muy favorecido, nacido no solo en una tierra de libertad
y ciencia, sino de la gracia del evangelio. Eres tú quien fuiste criado en una
familia piadosa y favorecido con las oraciones, las instrucciones, los
ejemplos, las lágrimas de padres piadosos. Eres tú quien tienes un nombre
y un lugar en Su santuario, de sábado a sábado, donde “tus ojos ven a tus
maestros, y tus oídos oyen una voz a tus espaldas que dice: Este es el
camino, andad por él cuando torcer a la derecha, y cuando torcer a la
izquierda.”
II. LA QUEJA DEL PROPIETARIO.
1. Su observación.
2. Su decepción.
3. Su paciencia. “Estos tres años”. ¿Por qué no se quejó el primer año? ¿Por
qué no lo destruyó el segundo año? ¿Por qué lo soporta hasta el final de la
tercera? ¿Por qué? Para enseñarnos que el juicio es Su extraña obra, que Él
se deleita en la misericordia; que Él espera ser misericordioso; que es
paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que
todos procedan al arrepentimiento.
III. LA SENTENCIA DE DESTRUCCIÓN: “Córtala; ¿Por qué estorba el suelo?
Aquí vemos–
1. Que aquellos que no obtienen ningún beneficio de los medios de gracia
son perjudiciales.
2. La inutilidad bajo los medios de la gracia irrita sobremanera al Altísimo. ¿Y
podemos asombrarnos de esto cuando consideramos qué pérdida de
tiempo es; qué abuso de privilegio; qué desprecio de la bondad divina; ¡Qué
desprecio del alma y de la eternidad! El pecado debe estimarse no por su
grosería, sino por su culpa. ¿Y qué agrava la culpa? La luz que poseemos; las
obligaciones bajo las cuales estamos; las restricciones que rompemos.
3. Dios posee tanto la justicia como la misericordia; y aunque soporta
mucho, no soportará siempre. “La sentencia contra una mala obra no se
ejecuta pronto”; y, como consecuencia, el corazón de los hijos de los
hombres a menudo está completamente dispuesto en ellos para hacer el
mal. ¡Pero qué absurdo, además de peligroso, es un razonamiento tan
perverso! ¿La paciencia es perdón? No.
IV. LA INTERCESIÓN DEL LABRADOR.
1. Pide la suspensión del golpe. “Déjalo solo este año también”. Lo has
soportado mucho tiempo, lo reconozco; ¡oh! sopórtalo un poco más. ¿Y por
qué está tan deseoso de perdonar al pecador un poco más en este mundo?
Porque, para que tengamos la gracia del arrepentimiento, es necesario que
tengamos espacio para el arrepentimiento: porque mientras hay vida hay
esperanza; pero “cuando el dueño de la casa se haya levantado y cerrado la
puerta”, la oportunidad se acaba, la inoportunidad es vana.
2. Se compromete a usar medios adicionales para producir fertilidad: “Hasta
que cavo alrededor de él y lo excremento”. La Palabra será predicada con
más fervor que antes. El ministro será particular en describir su caso, en
alarmar sus temores. Los amigos deben advertir, amonestar, invitar. La
conciencia se despertará y reprobará. Las desilusiones le mostrarán la
vanidad del mundo. La enfermedad invadirá su estructura. La muerte
entrará en su familia y herirá una conexión a su lado. El día en que él vive
será oscuro y nublado. Oirá hablar de “angustia de las naciones con
perplejidad; el mar y las olas rugiendo; desfalleciendo los hombres por el
temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra; porque
las potencias de los cielos serán conmovidas.” ¿Y podrá retener su impiedad
durante un año como este?
3. He aquí el supuesto de producción futura. “Si da fruto, bien”. Bien por el
dueño (Juan 15:8). Bien por el viñador, ya que su trabajo será
recompensado. Bien por la viña; será adornado, enriquecido y reabastecido.
Bien por el árbol mismo, ya que escapará del castigo de la esterilidad y
obtendrá la bendición de la fecundidad.
4. Aquí está el destino de la impenitencia final. Incluso la paciencia del
Salvador puede agotarse. (W. Jay.)
Amenaza de juicio, pero clemencia
Yo. A todos los pecadores inútiles y mentirosos, pronunciamos esta dura,
pero necesaria frase: RECORTARLOS SERÍA MUY RAZONABLE. Es correcto
y razonable talar árboles estériles, y es igualmente correcto y razonable que
tú seas talado.
1. Esto aparecerá en primer lugar, si reflexionamos que esta es la forma más
corta y segura de tratar contigo; costará la menor cantidad de problemas y
será ciertamente eficaz para sacarlo del lugar para el que es una lesión en
lugar de un beneficio.
2. Otra razón hace que el argumento a favor del juicio sea muy poderoso, a
saber, que ya se ha dado suficiente espacio para el arrepentimiento.
3. Pecador, creo que discuto tu caso con dureza. Durante todo este tiempo
no ha habido ningún signo de mejora en ti.
4. Pero hay otras razones por las que “Cortarlo” es más razonable, cuando
consideramos al propietario y los otros árboles.
(1) En primer lugar, aquí hay un árbol que no da ningún fruto, y por lo tanto
no sirve. Es como dinero mal invertido, que no genera interés; es una
pérdida total para el propietario. ¿De qué sirve guardarlo? El árbol muerto
no es ni uso ni ornamento; no puede rendir ningún servicio ni proporcionar
ningún placer. Córtalo por todos los medios. Y así contigo, pecador; ¿De qué
te sirve?
(2) Pero hay una consideración peor, a saber, que todo este tiempo has
estado llenando un espacio que alguien podría haber estado llenando para
la gloria de Dios. Donde se encuentra ese árbol estéril, podría haber habido
un árbol cargado de fruta.
(3) Además, y para empeorar el mal hasta el peor grado, todo esto mientras
los hombres impíos están extendiendo una mala influencia.
II. Nuestro segundo trabajo más solemne es recordarte, oh pecador
impenitente, que QUE DIOS TE HAYA PERDONADO ES ALGO MUY
MARAVILLOSO. Que el Dios infinitamente justo y santo te haya perdonado,
hombre inconverso, mujer inconversa, hasta ahora, no es poca cosa, sino
cosa de adorador asombro.
1. Déjame mostrarte esto. Considera, negativamente, que Dios no te
perdona porque es insensible a tus pecados: está enojado con los impíos
todos los días.
2. No es porque la ofensa esté a distancia, y por lo tanto lejos de Su ojo
observador.
3. Fíjate, pecador, Él no te ha perdonado porque no haya podido destruirte.
Podría haber ordenado que se cayeran las tejas del techo, o la fiebre podría
haberte golpeado en la calle; el aire podría haberse negado a impulsar tus
pulmones, o la sangre podría haber dejado de circular por tus venas. Las
puertas a la muerte son muchas. La aljaba del juicio está llena de flechas
afiladas. El Señor sólo tiene que quererlo, y tu alma es requerida de ti. No se
te extrañará más de lo que se extraña una hoja seca en un bosque, o una
gota de rocío en mil leguas de hierba. El juicio necesita sólo una palabra para
obrar su máxima venganza, y además eres tan provocador que la maravilla
es que la severidad divina te haya ahorrado tanto tiempo. Admira y
maravíllate ante esta longanimidad.
4. Recuerda que este asombro se acrecienta, cuando piensas en el fruto que
Él mereció haber tenido de ti. Un Dios tan bueno y tan misericordioso
debería haber sido amado por ti.
5. Y ¡ah, mis oyentes! Tengo que referirme a una parte muy solemne del
asunto ahora, cuando noto nuevamente que algunos, quizás, aquí
presentes han sido culpables de pecados que provocan a Dios. ¿Será Dios
siempre provocado? ¿Se os predicará la misericordia para siempre en vano?
Es una maravilla, es una maravilla que estos pecados que provocan a Dios
hayan sido soportados durante tanto tiempo, y que aún no hayas sido
cortado.
III. Y ahora, ¿CUÁL ES LA RAZÓN DE TODA ESTA SUFRIMIENTO? “¿Por qué
no ha sido talado este árbol derribado? La respuesta es, porque hay Uno que
intercede por los pecadores. Pero, ¿cuál ha sido la causa secreta de que te
hayan mantenido con vida? La respuesta es, Jesucristo ha suplicado por ti,
el Salvador crucificado ha interferido por ti. Y me preguntas “¿Por qué?”
Respondo, porque Jesucristo tiene interés en todos ustedes. (CHSpurgeon.)
Lecciones de la higuera
1. Esta parábola corta todas las súplicas de bondad negativa. La
improductividad es decididamente criminal.
2. Esta parábola os llama a examinaros a vosotros mismos, si sois estériles o
fructíferos; y seguir el resultado correctamente, cualquiera que sea.
3. Esta parábola nos llama a todos a estar agradecidos con el Señor por
salvarnos hasta ahora. Nos da este llamado a nosotros sin excepción, y
especialmente si alguno de nosotros se ha salvado en el tiempo de gran
peligro, restaurado de una enfermedad grave.
4. Ninguno de nosotros abuse tanto de la misericordia de Dios como para
presumir de ella para el futuro; pero mejoremos todos la presente
temporada sin demora, y mantengámonos en constante preparación para
la muerte. (James Foote, MA)
La higuera estéril
Los principios que subyacen a esta parábola son, brevemente, estas: Que
mucho se demandará de aquellos a quienes mucho se les ha dado; que, si
aquellos a quienes se ha dado mucho no cumplen con lo que se les exige, se
pronunciará contra ellos sentencia de destrucción; y que, aunque la
ejecución de esta sentencia puede ser diferida por la intercesión de Cristo,
ciertamente se llevará a cabo si no se manifiesta el arrepentimiento y la
enmienda.
Yo. DIOS NOS HA PUESTO EN LAS CIRCUNSTANCIAS MÁS FAVORABLES
PARA QUE DAMOS FRUTO. Los privilegios de los judíos eran pequeños en
comparación con los que disfrutamos nosotros. Ellos tenían los profetas;
tenemos al Hijo de Dios. No olvidemos nunca que la responsabilidad es
proporcional al privilegio.
II. DIOS ESPERA FRUTOS EXCEPCIONALES DE UN ÁRBOL AL QUE HA DADO
TALES VENTAJAS EXCEPCIONALES. Si tenemos mucho más que otros,
deberíamos ser mucho mejores que ellos. El fruto en este caso es el del
carácter: lo que somos más que lo que hacemos: lo que hacemos sólo en la
medida en que es el resultado genuino y la revelación espontánea de lo que
somos. La justicia, la mansedumbre, la fidelidad, en una palabra, la
excelencia moral que brota de nuestra fe en Cristo y de nuestra devoción a
Él, ese es el fruto que Dios espera encontrar en nosotros como ocupantes
de su viña.
III. DIOS PRONUNCIA SENTENCIA DE DESTRUCCIÓN A TODOS LOS QUE,
HABIENDO TENER TALES PRIVILEGIOS, NO DAN FRUTO (ver Juan
15:6;Mateo 7:19). Los judíos son un ejemplo de esto; las siete Iglesias en Asia
son otra. Si deseamos asegurar una prosperidad permanente, debemos
recordar que solo podemos hacerlo manteniendo una fecundidad
constante en las obras de fe y las obras de amor, y la santidad de carácter.
Cuando estos desaparezcan y la esterilidad se asiente, entonces vendrá la
oración: “Córtala”.
IV. ESTA SENTENCIA, PRONUNCIADA SOBRE LA HIGUERA ESTÉRIL, NO SE
LLEVA A EJECUCIÓN INMEDIATAMENTE. Por toda tregua que se
interponga, en todo caso, entre el mal merecido y su castigo inmediato, los
hombres están en deuda con la intercesión de Cristo.
V. UN RESPIRO NO ES UN PERDÓN. Sólo un aplazamiento. Tenga cuidado
de no considerar la paciencia de Dios, que está destinada a dar lugar al
arrepentimiento, como una manifestación real de indiferenciao aprobación.
La culpa después de tal indulgencia, y contra ella, será mayor que antes.
(WM Taylor, DD)
De Cristo que busca fruto y no lo encuentra
Aquellos quienes disfrutan de los medios de la fecundidad deben dar fruto;
aquellos que están plantados en la viña del Señor, y tienen una posición bajo
los medios de la gracia, deben ser fructíferos. Esto está claro en las palabras,
y de hecho en cada parte de esta parábola.
1. Se plantan en la viña con este fin. Ese es el lugar apropiado para los árboles
frutales; otro lugar que la viña les serviría, si no se pusieran allí para dar
fruto.
2. El Señor, que les da lugar aquí, lo espera. Se dice que viene y busca fruto
(Luk 13:6-7). Es lo que tiene justa razón para buscar.
3. Se resiente atrozmente cuando no encuentra fruto, y expresa su
resentimiento al labrador de su viña. Es un abuso de su paciencia; cuanto
más soporta tal esterilidad, más se abusa de ella. Es una provocación con la
que no soportará mucho tiempo. Después de tres años de indulgencia, dicta
esa severa sentencia, “córtala”.
4. Es una lesión en el lugar donde se paran. Obstaculizan el suelo, por eso la
sentencia (Luk 13,7). Ocupa esa habitación que podría estar mejor
empleada; chupa esa humedad que haría fructificar a otros; desborda las
plantas que están debajo de él, impide la expansión y fecundidad de otras.
Se podría mejorar mejor el terreno; es una pérdida para el dueño de la viña,
cuando tal planta se sufre, καταργεῖ; lo que puede significar gastar el
corazón de la tierra en vano (Luk 13:7).
5. Aquellos que tienen más ternura por tal, no pueden tener motivos para
buscar una larga paciencia de esta esterilidad. El labrador de la viña se
atreverá a suplicar no más de un año, después de eso la entregará a excisión
(Luk 13:8- 9).
6. Todo el trabajo y el dolor, todo el cuidado y la cultura, al excavar y abonar,
se pierden en él. Aquellos a quienes el Señor emplea para usar todos los
medios para su mejoramiento, no les queda nada en el asunto, sino motivo
de triste queja, porque han trabajado en vano, gastando sus fuerzas en
vano Isaías 49:4).
7. Tales ciertamente se arruinarán. Donde no se encuentra fruto, no se
puede esperar nada más que talar. El señor de la viña no los perdonará, ni
los labradores de la viña intercederán más por ellos. Todos en un ratito
coinciden en esa fatal conclusión, “córtala”. Todos estos, y cada uno de
ellos, hacen evidente que aquellos que están plantados bajo los medios de
la gracia, están muy preocupados por dar fruto. La indagación más
pertinente y provechosa, para mayor aclaración de esta verdad, será, ¿qué
frutos deben producir? ¿Qué hemos de entender por fruto, y esa fecundidad
que es tanto nuestro deber? Y de esto os daré cuenta por la calidad, cantidad
y continuidad de ello. A estos encabezados podemos reducir aquellos
varios, por los cuales las Escrituras nos expresan lo que es este fruto.
Yo. POR CALIDAD. Debe ser buen fruto. Uvas, no “uvas silvestres”.
1. Reales. Un espectáculo, una apariencia de fruto no será suficiente. Si no
es real, no tiene una bondad metafísica y mucho menos moral o espiritual.
La higuera en el evangelio hizo algún espectáculo de frutos; pero Cristo, al
no hallarlo realmente, lo maldijo y se secó (Mat 21:19). No debe ser como la
manzana de Sodoma, que no tiene nada que la elogie, sino sólo una
hermosa exterior. Las bellas apariencias pueden engañar a los hombres y
pasar por mejores frutos para ellos que lo que es realmente bueno. Pero
Dios no es, no puede ser burlado; es Él el que viene a buscar el fruto, y no es
la más bella muestra la que le satisfará, debe ser real.
2. Debe ser tal que implique un cambio del alma que lo produzca.
3. Debe ser fruto distintivo; como ningún árbol puede producir sino buenos,
y que muestren su bondad (Mat 7:16; Mat 7:16; Mateo 7:20); los que
aprobéis ante Dios y vuestras propias conciencias para que seáis árboles de
justicia, plantados por el Señor, y que también deis a conocer esto a los
hombres, en la medida en que sea conocido por hechos visibles; tales que
puedan llevar una convicción con ellos a las conciencias de otros, que
ustedes son de hecho lo que profesan ser, tales que no les dejen una justa
excepción en contra de ello (1Pe 3:16).
4. Condimentada. Para que sea buen fruto, debe ser producido “a su
tiempo” (Sal 1:1-6.; Mateo 21:41). El señor de la viña busca fruto en su tiempo
(Mar 12:2; Lucas 20:10). Hay un tiempo para todo (Ecl 3:1), y entonces, si es
que lo hay, es bueno.
5. Sonido. Una piel blanca no basta para dar fruto para bien, si por dentro
está podrida. Y así es nuestro fruto, si el temperamento interno y los
movimientos del corazón no se corresponden con las acciones y
expresiones externas.
II. Por la CANTIDAD. Debería ser mucho (Juan 15:5; Juan 15: 8). Debe haber–
1. Una plenitud de fruto. Los que gozan de los medios, no sólo deben dar
fruto, sino ser fructíferos; debe dar abundancia. El corazón y la vida deben
estar llenos de ella (Filipenses 1:11).
2. Una proporcionalidad a los medios de fecundidad, a la abundancia y
potencia de los mismos. Tanto como responderá el cuidado y los dolores se
toman con ellos. Si un hombre se esmera más y tiene más responsabilidad
en abrir las raíces de un árbol, y abonarlo, y podarlo, cercarlo y regarlo, y da
menos o no más fruto que otro que no tiene tal cuidado y afanado con él,
difícilmente pasará por un árbol bueno y fructífero. Esa es tierra estéril, que
produce menos, después de todo cuidado y cultura, que la que tiene menos
labranza.
3. Un incremento. Aquellos que disfrutan de los medios de la fecundidad,
deben crecer más y más fructíferos. Cuanto más tiempo permanezcan en la
viña, y continúen bajo los medios de la gracia, más fruto deben dar. No
esperas mucho de un árbol el primer año; pero después de que está en
condiciones de producir, esperas que cada año aumente en fecundidad, y
produzca más y más. Así espera el Señor de nosotros.
4. Variedad. Su fruto no solo debe ser mucho de algún tipo, sino de todo
tipo. No solo deben abundar en alguna clase de fruto, sino que deben
producir frutos de toda clase.
III. Para CONTINUACIÓN. Debe ser un fruto duradero. De los cuales en tres
particulares.
1. El fruto que den debe continuar, no debe marchitarse ni reducirse a nada
antes de que el Señor de la viña venga a segarlo.
2. Deben seguir dando frutos. La buena tierra sí se aprobó a sí misma como
buena, porque dio fruto “con paciencia” (Luk 8:15). Sólo son tierra buena y
fértil los que perseveran y se esfuerzan en dar fruto.
3. Deben llevarlo siempre; no sólo semper, como un árbol que nunca deja de
dar fruto una vez al año, sino ad semper,como si un árbol debiera dar fruto
todo el año.
Uso 1. Esto nos lleva a levantar un lamento por la esterilidad del lugar, la
esterilidad de la gente de esta tierra.
Uso 2. Para exhortación. Si aquellos que disfrutan de los medios de la
fecundidad deben dar a luz, entonces están muy interesados en tomar nota
de ello como su deber, ser fructíferos y cumplir con el Señor aquí. (D.
Clarkson, BD)
La parábola de la higuera
Yo. Aquellos a quienes les corresponde vivir dentro de los límites de la
Iglesia visible, son un pueblo muy favorecido. Comparados con el resto de
la humanidad, son como un campo o jardín cerrado, en cuyo cultivo o
adorno el propietario pone grandes esfuerzos y gastos.
II. Dios requiere, y tiene derecho a esperar, que aquellos que son tan
altamente favorecidos produzcan frutos de la misma clase. Es la
peculiaridad del evangelio que el privilegio precede al deber, pero siempre
se da por sentado que el deber seguirá.
III. A menudo hay gran motivo de lamentación y queja, de que aquellos que
son favorecidos por Dios, en punto de privilegio, dejan de rendirle
homenaje. ¡Cuántos hay que desprecian la bondad, la longanimidad y la
paciencia de Dios! ¡Cuántos hay que no conocen este día de su visitación
misericordiosa!
IV. Dios está justa y dolorosamente irritado por tal conducta. “Córtalo”, dice
Él, “¿por qué estorba el suelo? “De qué sirve que permanezca más tiempo,
sino para llenar espacio en ese jardín en el que he puesto tantos dolores,
para interceptar la luz del sol de los otros árboles que están dando fruto,
para quitarles la savia ?
V. A Dios le agrada perdonar a los miembros inútiles de la Iglesia y extender
su día de gracia, a pesar de todas sus provocaciones. (T. McCrie, DD)
Producir fruto
Se espera que todo hombre ser fructífero de una forma u otra; no hay
situación en la que un hombre no pueda producir buenos frutos. Los siervos
pueden dar buenos frutos ante sus superiores. Escuché, el otro día, de una
sirvienta, una persona piadosa, que deseaba cambiar su lugar. “¿Tu maestro
ha sido poco amable? ¿No te dio suficientes salarios? “No; da más de lo que
tendré en otra parte; pero son tan malvados que no puedo soportar sus
caminos. Preferiría trabajar más duro, con menos salarios, que quedarme a
ver sus malas acciones”. Queridos hermanos, oro esto por ustedes: que Dios
les enseñe a odiar el pecado dondequiera que lo vean, y que no se burlen de
él ni le hagan un guiño. Deseo hacer de todos vosotros buenos cristianos
bajo el influjo de aquella gracia que es la única que os puede hacer sabios
para la salvación. Maestros, podéis hacer mucho bien. Una vez escuché una
anécdota de una pobre sirvienta. Se fue a vivir a una casa, pero después de
un tiempo quiso dejar su lugar. Le recomendaron que se quedara, ya que
eran personas religiosas. “Oh”, dijo ella, “no volveré a ir a una casa como
esta; porque, mientras que el amo y la señora fingen ser muy piadosos
cuando están fuera, son unos demonios en casa. Déjame ir más bien donde
los justos son una burla, y donde la justicia es completamente despreciada.”
Os digo que la verdadera justicia crea el cielo en las casas de los hombres; y
donde está el temor de Dios, hay rectitud en cada departamento, y es la
gloria del círculo familiar.
(Rowland Hill, MA)
La higuera sin higo
En cuanto a Dios, debemos ser fructíferos. Primero, porque Él lo ha
merecido. En segundo lugar, Él lo busca. En tercer lugar, y cuando lo
encuentra, se considera honrado y glorificado por él. Primero, EL FRUTO
MERECIDO DE NOSOTROS, al habernos comprado a precio caro de nuestra
vana conversación, para servirle todos nuestros días en santidad y justicia;
Él nos ha escogido para que seamos “un pueblo propio suyo, celoso de
buenas obras”, y nos ha escogido antes que a los demás, para que seamos
fructíferos y nuestro fruto permanezca y abunde. Él nos ha hecho hechura
suya, por el llamamiento eficaz de la gracia, y
“nos creó para buenas obras, para andar en ellas”. Él nos ha plantado, nos
ha cercado, nos ha abonado, nos ha regado con el dulce rocío de Su Palabra
y evangelio del cielo; nos recortó con su podadera de juicios y correcciones.
“¿Y qué más podría hacer por nosotros que no haya hecho?”
Dios ha puesto en esperanza, plantado en esperanza, regado en esperanza,
de algún retorno responsable, ¿y será negado? ¿O puedes imaginarte que
Dios ha tomado todos estos dolores contigo, y te ha otorgado todo este
costo, para que produzcas ramas verdes o flores alegres solamente? En
segundo lugar, ÉL
LO HA BUSCADO DE NOSOTROS, como habla nuestro texto. Ahora bien,
buscar implica diversas cosas: primero, un deseo ferviente de encontrar lo
que se busca, como Lucas
Mateo 13:45. Tan ferviente deseo tiene Dios de dar fruto en nosotros, a los
que ha plantado en su Iglesia, como se desprende de los patéticos discursos
que usa, Dt 5:29 ; Dt 32:29; Sal 81:13;
Os 6 :4. Y en este capítulo, Luk 13:34; Lucas 19:41-42. Por todo lo cual, y
muchos por el estilo, parece que Él busca seria y fervientemente el fruto, y
se aflige mucho cuando es engañado en Su expectativa. En segundo lugar,
Procurar la diligencia y frecuencia de las importaciones. No es raro sino un
acto continuado. Entonces Hijo 3:1-4; Lucas 15:8; 2Ti 1:17. Así Dios viene y
busca fruto, no una vez, no dos veces, y luego se da por vencido, sino que
viene a menudo. En tercer lugar, Buscar implica mansedumbre y
mansedumbre. En tercer lugar, DEBEMOS PRODUCIR FRUTO, PORQUE
DIOS SE MANTIENE GLORIFICADO EN ÉL. “En esto es glorificado mi Padre”
(dice Cristo) “en que llevéis mucho fruto” (Juan 15:8). En segundo lugar,
debemos tener una consideración especial al crédito del evangelio, que es
la doctrina de la gracia de Dios, y enseña a los hombres a ser fructíferos, “en
la renuncia a todos los deseos impíos, y en una vida sobria, justa y
piadosamente en este mundo malo” (Tit 2:11-12). En tercer lugar, Dios tendrá
un cuidado especial de nosotros. A los israelitas en sus conquistas se les
prohibió levantar hacha contra cualquier árbol que diera fruto Dt 20:19-20).
Dios proveerá para todos los cristianos fructíferos en calamidades públicas
(Eze 9:4). En cuarto lugar, “será con nosotros según nuestro fruto” (Jer
17:10). Leemos que Jerjes adornó el plátano , y lo colgó con muchas joyas
ricas y preciosas, porque se deleitaba en su sombra; mucho más adornará
Dios los árboles fructíferos, porque se deleita en su fruto. En esta vida Él
recompensará con gloria y honra. El cristiano fecundo lleva en su corazón
un cielo, alegría y consuelo Hijo 7,7), una comunión feliz y bendita que es
entre Cristo y él ; y de aquí en adelante le queda una bendición por Heb 7:8).
Y así habéis oído qué razón tenemos para ser fructíferos, tanto con respecto
a los demás, como a nosotros mismos y a los demás. Por último, si ponemos
nuestra mirada en toda la creación, y en cada criatura que Dios ha hecho en
ella, podemos ser estimulados y provocados a la fecundidad. El cielo, la
tierra, el mar y todo lo que hay en ellos son fructíferos en su género; ¿Y será
el hombre estéril y sin fruto, para quien todo esto es fructífero? (N. Rogers.)
Dios el Dueño de la viña
Ahora brevemente de el interés peculiar y la propiedad del propietario en el
mismo. Es Su viña. ¿Cómo suyo? ¿Es Él el dueño y poseedor de nada más que
eso? y la higuera mencionada allí creciendo? “Del Señor es toda la tierra y su
plenitud; el mundo redondo, y los que en él habitan”, dice el salmista (Sal
24:1), y sin embargo en cuanto al afecto que Él lleva a la Iglesia, en cierto
modo se considera dueño de nada más que de esto. La Iglesia es la herencia
peculiar del Señor, Él la respeta más que a todo el mundo. “La porción del
Señor es su pueblo, la porción de su heredad es Jacob”, dice Moisés (Dt
32,9); son sus peculiares (Ex 19,5-6); Su gloria (Is 46:13); Su ornamento (Eze
7:20); Su trono (Jeremías 4:21); Su diadema Isa 62:3); Su Hephzibah (Isa
62:4); Su único deleite está en ella.
1. Los ha escogido de entre el resto del mundo. “Solo el Señor se deleita en
tus padres para amarlos, y escogió su simiente “después de ellos, vosotros
de entre todos los pueblos, como sucede hoy”, dijo Moisés a Israel Dt 10:15).
El Señor “ha escogido a Sión, la ha querido para su habitación”, dice David
(Sal 132:13-14). “Vosotros sois linaje escogido”, dice Pedro (1Pe 2:2). Dios
escoge por Su amor, y ama por Su elección; son llamados Suyos por
elección.
2. Ha comprado su heredad a gran precio; el mundo entero no le costó tanto
como su Iglesia, fue comprada con sangre. Él ha entrado en una alianza y
pacto con Su Iglesia, para convertirse en su Dios, y tomarlos como Su
pueblo, y así no lo ha hecho con el mundo además ( Os 2:13; 1Pe 2:10). El
hombre se parece con frecuencia a un árbol en la Escritura; entonces Job
19:10; Daniel 4:10-11; Dan 4:14; Daniel 4:20; Isaías 11:19; Ezequiel 17:24; Mateo
3:10; Mateo 7:17-19; Mateo 12:33. Los parecidos son muchos; Tome nota de
algunos.
1. Con respecto a la forma, un árbol tiene su raíz, tronco o cuerpo, ramas,
ramas y ramitas más pequeñas que salen de allí. La cabeza del hombre es su
raíz, su cuerpo responde al tronco o tronco de un árbol, sus brazos y piernas
son sus ramas y ramas, sus dedos de manos y pies las ramitas más pequeñas.
Sólo aquí está la diferencia, el hombre es arbor inversa, un árbol al revés,
dice el filósofo. Porque la raíz o la cabeza de un árbol está sobre la tierra, y
se extiende hacia el cielo en el tallo, las ramas y las ramas de la misma. Pero
el hombre (este árbol místico) tiene la cabeza hacia arriba, como su raíz; y
sus ramas y ramas crecen hacia abajo a la tierra: para enseñarnos (dice uno)
de dónde tenemos nuestra savia, humedad y alimento, no de la tierra abajo,
como la tiene el árbol (que fue la bendición de Esaú), sino del rocío del cielo,
que fue la bendición de Jacob (Gn 27,28-29).
2. En cuanto al crecimiento, existe cierta semejanza. Un árbol es primero
tierno en la ramita, luego rígido en el tronco; y por último, marchito y dócil
en la edad de ella. Así el hombre en su niñez e infancia es flexible,
inclinándose fácilmente a la virtud o al vicio, según se le enseña e instruye.
Como la cera, es apto para recibir cualquier impresión que se le ponga, y
(como Plinio habla del abeto) cuanto más cerca está de la raíz, más suave es
y menos nudoso. Así, cuanto más cerca está el hombre de la infancia y la
niñez, menos pecador y más libre de cursos viciosos; pero una vez que llega
a ser rígido, y confirmado en la fuerza de su ganado por la edad, entonces
se vuelve más duro y violento en sus cursos (como lo hicieron Roboam y
Joás): la sidra que cultivamos, por lo general peor somos. . Adam estaba
peor en calzones que antes; así es con su posteridad pecaminosa. Y así como
el hombre crece así en su juventud, así se desmaya en su vejez. Que sea tan
fuerte como la encina, tan alto como el cedro, tan erguido como el pino, tan
verde y floreciente como el laurel o el laurel; cuando la edad se apodera de
él, su fuerza se debilita, su altura mengua, su rectitud se tuerce, su verdor
se marchita.
3. Hay varios tipos y clases de árboles; unos más grandes que otros, y
algunos más altos; algunos más rectos, otros más anchos; algunos más
jóvenes, algunos mayores; algunos estériles, algunos fructíferos; así es
entre los hombres. No todos son del mismo rango y calidad, algunos son de
alto grado, otros bajos (Sal 61:2). Unos exaltados, otros derribados. Saulo
era un árbol alto, “más alto que los demás por la cabeza y los hombros”.
Zaqueo era un árbol bajo, más bajo que la gente por la cabeza y los hombros.
Absolom era un árbol hermoso, verde y recto, ninguno en Israel comparable
con él en belleza. Mefiboset era un árbol cojo y torcido desde su niñez, por
una caída que se salió de los brazos de su nodriza. Algunos son fructíferos,
otros infructuosos. De los cuales más adelante.
4. Con respecto al estado y condición externa, se mantiene la semejanza.
Los árboles altos están sujetos a los mayores peligros, estando expuestos a
la violencia de los vientos, a los relámpagos, a los golpes de los rayos, y
generalmente cuanto más altos son menos fructíferos. Los árboles bajos
están sujetos al ramoneo de las bestias, al pisoteo con los pies y a otras
veinte molestias. El árbol de mediana estatura es principalmente el más
seguro y da el mejor fruto. Así es con el hombre. Los que están en alto los
abre a los vientos de alteración, a los relámpagos de los desastres, a los
truenos de la envidia y la malicia. “Cómo han sido trastornados los
poderosos” (dijo David en su epitafio para Saúl). ¡Vaya! “¿Cómo están
caídos?” ¿Con qué frecuencia se parten con el peso y la grandeza de sus
propias ramas?
5. Los árboles no están exentos de enfermedades, como demuestra Plinio,
ni el hombre está exento de las suyas. El mismo autor nos dice que, hasta
entonces, se descubrieron trescientas enfermedades diversas, a las que
estaba sujeto el hombre (algunos filósofos dicen dos mil, y que hay
doscientas a las que incide el mismo ojo del hombre). Seguro que sí, no hay
árbol sujeto a tantas enfermedades como el cuerpo del hombre.
6. Con respecto al uso, el hombre puede parecerse a un árbol; algunos
árboles son para construir, otros para quemar, una vez talados. Así es con
toda la humanidad, siendo abatida por la muerte; unos para la edificación
de “la casa que no está hecha de manos” (2Co 5:1), otros para combustible
en el infierno, “su fin es ser quemados” (Heb 6:8). Podríamos familiarizarte
con otras semejanzas, pero debo observar la medida. Que esto que se ha
dicho no se pase por alto sin alguna aplicación útil. (N. Rogers.)
Una higuera
No era ordinaria ni árbol trivial, pero noble y generoso (llamado por otros
árboles para ser rey sobre ellos), y dio frutos dulces y deliciosos (Jdg 9: 10).
Por qué se debe mencionar una higuera en lugar de cualquier otro árbol, se
pueden presentar algunas razones, como esta en general: la higuera era
muy común en Judea, y con frecuencia se plantaba en sus viñedos, porque
la vid se deleita mucho en su barrio y sombra; y por eso es que con tanta
frecuencia los encontramos unidos en la Escritura (Dt 8:8; 1Re 4:25; Sal
105:33; Joe 1:7; Joe 2:22; Amós 4:9; Hag 1:12). Más particularmente, en
referencia a la sinagoga de los judíos, y ese estado, la higuera, por encima
de otros árboles, expuso mejor su condición. La higuera es una planta
suculenta, llena de hojas y ramas exuberantes; así salió esa nación, y gastó
su savia en observaciones y ceremonias externas, contentándose con las
hermosas hojas de la profesión externa, clamando: “El templo del Señor, el
templo del Señor”, acercándose con sus labios. cuando sus corazones
estaban lejos. Además, la higuera es la primera que brota, pero la última
cuyo fruto está maduro; los judíos brotaron mucho antes que los gentiles (y
se debe orar para que se acelere el tiempo de su fruto maduro), pero la
plenitud de los gentiles debe llegar antes de que se pueda esperar su
madurez, como muestra el apóstol (Rom 11:25-26). En referencia a la Iglesia
cristiana bajo el Nuevo Testamento, la higuera se nombra con respecto a
diversas propiedades, en las que guarda semejanza.
1. La higuera está llena de savia y humedad, es el más jugoso de todos los
árboles, su raíz lo alimenta abundantemente; así también Cristo Su Iglesia,
Él es la Raíz de ella, y de la Raíz depende su posición firme, y la vida de cada
rama; de esta Raíz tenemos nuestra humedad radical, de Su plenitud
derivamos gracia, y gracia sobre gracia (Juan 1:16).
2. La higuera es más fecunda que otros árboles. Tiene fruto uno debajo del
otro, tanto que un higo se echa encima del otro, a causa de su abundancia.
La higuera egipcia (dice Sclinus) da fruto siete veces al año; arranca un higo,
y otro brota en su lugar muy poco tiempo después. Tan fructífera es la
Iglesia de Dios y cada miembro sano de ella; están “llenos de frutos de
justicia” (Filipenses 1:11).
3. El fruto de la higuera es un fruto muy delicioso: “¿Dejaré mi dulzura?” dijo
la higuera (Jue 9,11). Y tal es el fruto de todo buen cristiano, aceptable y
agradable tanto a Dios como a los hombres. Lo que el apóstol habla de las
obras de caridad (Flp 4,8; Heb 13,16) se puede decir de todos los demás
dones y gracias, “es un olor fragante, un sacrificio acepto y agradable a
Dios”; somos “olor grato para Dios” (dice el apóstol). Los frutos de nuestras
gracias son los manjares de Dios (Hijo 6:2).
4. La higuera se adelanta en producir; anuncia un verano, como muestra
nuestro Salvador (Mat 24:32). El pueblo de Dios es “un pueblo
dispuesto” Sal 110:3). Adelante a toda buena obra que Dios requiere que
sea Gal 1:16; 2Co 8:10; 2Co 9:2). Incluso en este sentido puede decirse que los
piadosos son Primitive Dei, las primicias de Dios. Y este su avance promete
un verano; trae una bendición sobre una nación.
5. La higuera no hace un espectáculo tan glorioso como los otros árboles, ni
florece ni florece, y sin embargo da abundantemente: así es con el cristiano
sano, no hace lo que hace el hipócrita, sino que es más fecundo (Mat 6:3-
4; Mateo 6:6; Lucas 18:11-14). La ramera supera a la casta matrona en
vistosos atuendos, como lo hace la Iglesia de Roma con la nuestra.
6. La higuera soporta mejor la peor parte de las tormentas de invierno, y
está más libre del trueno de verano (dice Plinio), que nunca la golpea.
Seguro es que el cristiano piadoso está mejor armado para las inclemencias
del tiempo y mejor capacitado para pasar por una variedad de condiciones
(Filipenses 4:12-13 ). Ni los rayos de un Dios airado jamás lo alcanzan; ese
trueno y relámpago que viene del trono viene a través del arco iris, el pacto
de gracia y misericordia, antes de que lleguen a él (Ap 4:5).
7. Entre todos los árboles no hay ninguno cuya hoja se parezca tanto a la
mano de un hombre como la de la higuera. La hoja del áspid se parece a la
lengua, pero la hoja de la higuera, a la mano del hombre. El cristianismo nos
pone a trabajar; permanece, no en una profesión verbal, sino en acción
(Mt Juan 13:17; Santiago 1:22). (N. Rogers.)
Árboles
Los paganos de antaño eran idólatras al multiplicar dioses para sí mismos,
hasta el número de treinta mil (dice Hesíodo); lo que más les gustaba, que
crearon un dios, y así de lo que más temían. De un trueno hicieron un Júpiter,
de una tempestad en el mar hicieron un Neptuno, de un terremoto hicieron
un Plutón, etc. Y a estos sus dioses creados erigieron templos, altares, y
consagraron los árboles más hermosos y hermosos que encontraron; la cual
antigua práctica de dedicar este y aquel tipo de árbol a varios dioses como
propios y peculiares a ellos se observó siempre (dice Plinio), y aún
permanece hasta el día de hoy. Desde allí, Luciano aprovechó la ocasión
para burlarse de la práctica de aquellos tiempos, fingiendo que sus dioses-
ídolos se sentaban en el Parlamento, y cada uno eligiendo el árbol que más
le gustaba. Júpiter elige la encina por su fuerza, Apolo por el laurel por su
verdor, Neptuno por el álamo por su longitud, Juno por la eglantina por su
dulzura, Venus por el arrayán por su belleza. Minerva sentada junto a ella,
preguntó a su padre Júpiter cuál sería la razón, que viendo que había tantos
árboles fructíferos, todos eligieron aquellos árboles que no daban fruto. Él
le respondió: Ne videamur fructu honore vendere, para que no se piense que
cambiamos nuestro honor por frutos. “Bueno”, dijo Minerva, “haz lo que
quieras; Yo, por mi parte, elijo la aceituna por su grosura y fecundidad.
Todos elogiaron su elección y se avergonzaron de su propia locura. Esto que
dirás no es más que una ficción; y no es otro, sino que descubrió la
insensatez de los hombres de aquella generación, y lo mismo puede hacer
con la nuestra. En las elecciones y elecciones los árboles fructíferos son
menos considerados. A los ambiciosos los busca tras el honor inútil, la alta
posición, el gobierno y el gobierno, y quiere ser adelantado por encima del
resto de sus hermanos; Afecta al ciprés por su altura (árbol que los grandes
hombres estiman mucho y nutren en sus paseos, pero apenas se le hace
crecer), y cuando brota, el fruto no sirve para nada, sus hojas son amargos,
el olor fuerte, ni su sombra es saludable. El joven galán es para el álamo de
dos colores, todo por la forma y el cumplido. Oh, hay mucho de caballero en
eso, las hojas de este árbol son suaves y llenas de plumón, que pronto vuela
como el plumón del cardo en el aire; este árbol es un emblema del disimulo.
Al cortesano halagador le gusta mucho la hiedra, que, sin embargo, es
enemiga de todos los árboles y plantas, socava los muros y sólo es buena
para albergar serpientes y criaturas venenosas, tanto que Plinio se pregunta
si debería ser honrada por cualquiera, o contada entre cualquiera. valor; y,
sin embargo, los emperadores paganos solían hacerles guirnaldas y
llevárselas en la cabeza. Roboam afectó demasiado a estas hiedras (1Re
12:8). Y es culpa de la grandeza. El mundano codicioso prefiere el fresno a
todos los demás árboles; le encanta llevar las llaves y se deleita en ser el
carcelero de su riqueza. El cuerpo y la masa de este árbol son duros y duros,
y las hojas no son saludables para ninguna bestia que no rumia. En resumen,
algunos eligen por la belleza, algunos por la dulzura, algunos por la
grandeza, algunos por el verdor, pero ¿dónde está el que hace la elección
de Minerva, para elegir la fecundidad? Como dijo Samuel de los hijos de Isai
(uno de buena estatura, otro de buen semblante), “Ciertamente ahora el
ungido del Señor está delante de mí”. Así pensamos en estos árboles
hermosos y altos (pero sin fruto en gracia), si viene el honor, viene la
riqueza, viene la belleza, etc., Este es el ungido del Señor; este debe ser el.
Pero “Dios no ve como el hombre ve”; el hombre mira la apariencia exterior,
pero el Señor mira el corazón, como se le dijo a Samuel. (N. Rogers.)
Fruto aceptable
Otros hay que dan fruto así como brotes y hojas, y sin embargo, su fruto no
será aceptado.
1. Pues que no es fruto natural y bondadoso, sino degenerado. En la
creación, cada semilla y planta produjo fruto según su especie; así es en la
regeneración, los árboles buenos dan fruto que responde a la cepa en la que
están injertados, y la savia que reciben de allí, y la profesión que hacen; pero
estos hombres andan en pos de las concupiscencias de los gentiles, y dan
frutos de la carne (como los mencionados, Gál 5:19) , ninguna manera de
responder a la semilla que ha sido sembrada en ellos por el ministerio de la
Palabra que han oído, y la doctrina que se les ha enseñado.
2. Di que es fruto de mejor especie, pero no es fruto de sazón. Puede ser
que tarden diez o veinte años en florecer, tanto tiempo antes de que lleguen
a una buena resolución de dejar sus caminos y rumbos viciosos; y entonces
confían en los manantiales y lluvias tardías para su perfeccionamiento y
maduración, y así, descuidando la debida estación del fruto, sucede que, con
Esaú, no encuentran “lugar para el arrepentimiento, aunque lo buscan con
lágrimas”.
3. Su fruto no es fruto sano, sino podrido en el corazón (aunque sea
hermoso y hermoso a la vista), como aquellos manzanos en Asiria (de los
cuales Solino escribe), cuyo fruto es amarillo como el oro, pero al tocarlo se
pudre; o como las manzanas de Sodoma, hermosas a la vista, pero que al
tocarlas se reducen a cenizas. Celosos parecen exteriormente, cuando son
fríos de corazón o tibios. Su objetivo y fin en todas sus devociones es el yo.
4. Su fruto no es justo, se marchita, ya sea en algunos deberes de la primera
mesa, como oír, leer, orar, etc., pero en los deberes de la segunda mesa son
muy tardíos (Isa 58:3; Isaías 58:5-6). Entonces los fariseos hacían largas
oraciones, y bajo ese pretexto “devoraban las casas de las viudas” Mat
23:14), y tal es el fruto de todos hipócritas. O bien son observadores en los
deberes de la segunda mesa, con descuido de la primera (como Mat 23:23),
y tal es la fruto del hombre civil y moral.
5. Su fruto no es duradero; sirve para la temporada de verano de
prosperidad, pero cuando llega el invierno de adversidad y persecución,
falla Luk 8:13). Y tal es el fruto del creyente temporal y del cristiano que sirve
al tiempo; su fruto no dura todo el año, ni durante el término de la vida,
cuando, como a la buena higuera nunca le faltan higos colgando de las
tiernas ramas, ni en invierno ni en verano, un buen cristiano, como la
palmera de la que se habla, Sal 92:12, engorda y florece hasta en la vejez.
Que estos y todos los demás sean advertidos de que no se halaguen ni se
dejen deshacer por vanas pretensiones. No es una hermosa flor, una hoja
verde, ni el fruto de una profesión externa, una reforma externa, una
iluminación común, o cualquier
de naturaleza similar, lo que satisfará la expectativa de Dios. El busca fruto,
y también buen fruto, de toda higuera, y de vuestras manos lo demandará.
Por tanto, exhortaos a ser cristianos fecundos, para que podáis responder
a las expectativas de Dios. Que vuestro fruto sea fruto de justicia (Filipenses
1:11), “fruto para santificación (Rom 6:22), “fruto para Dios” Rom 7:4), es
decir, para la gloria y alabanza de Dios, y todo lo que Él quiera aceptar. Ahora
que este uso puede ser el más provechoso, les daré a conocer tres detalles.
1. Con las propiedades o cualidades de aquel fruto que hallará aceptación.
2. Con los medios que deban emplearse para la producción de los frutos así
calificados.
3. Con los motivos que nos inciten a producir tal fruto. De cada uno de estos
brevemente, y en orden. (N. Rogers.)
Una higuera plantada en su viña
Que la Iglesia es una viña espiritual es una verdad que tiene una fuerte
confirmación en las Escrituras. En el Antiguo Testamento lo encontramos
así llamado (Sal 80:8-9; Sal 80:15; Hijo 8:11-12; Is 5:1; Is 5:7; Jeremías 2:21). Lo
mismo en el Nuevo Mat 20:1-2; Mateo 21:28; Mateo 21:33; Mar 12:1; Lucas
20:10). Pero ¿por qué se asemeja a una viña y no a otra cosa? Se compara a
muchas otras cosas en la Escritura, además de una viña, como a una casa, a
un huerto, a un jardín cercado, a un campo en labranza, a una era, etc. Pero
de todas las demás semejanzas de las cosas terrenales, ninguna expresa y
expone tan plenamente la naturaleza y condición de la Iglesia como esta de
una viña, la cual, para que parezca mejor, tomemos nota de algunos
detalles, en los que esta viña espiritual , la Iglesia, guarda semejanza con la
otra.
1. Un viñedo es un lugar separado y cercado de otros terrenos. Ningún
viñedo es naturalmente un viñedo; la mano y el corazón deben ir para que
así sea. La Iglesia es llamada y separada del mundo, tanto en vida como en
conversación, como aparece, Lv 20,24; Lv 20:26; Núm 23:9; Dt 14:2; Juan
15:19.
2. Ninguna viña está en su gloria perfecta tan pronto como se recoge. Sus
plantas, una vez establecidas, no alcanzan la perfección y el crecimiento en
el presente, sino gradualmente. Así es con la Iglesia (Efesios 4:11-12).
Diversos obreros y obreros son ordenados para que se empleen en ella, para
su perfección, aun después de plantada.
3. Una viña, cuando florece y alcanza cierta perfección, es un lugar de gran
deleite, tanto por el agradable olor que produce como por la agradable
sombra. que proporciona; también lo es la Iglesia (Os 14,6-7). “Su olor es
como el de un campo que el Señor ha bendecido”. Sus vides y uvas tiernas
dan buen olor (Hijo 2:13-14). Sus gracias se comparan con las cosas más
dulces (Hijo 4:13-14).
4. A una viña puede compararse en cuanto a la fertilidad o fecundidad de la
misma. Da mucho fruto, y fruto de la mejor especie. Una viña se guarda con
diversas plantas (una planta no hace una viña); y estas plantas están
cargadas de frutos, dan en racimos y en racimos, y no una baya aquí y otra
allá, sino que la carga es tal que llevan las ramas, que parece muchas veces
exceder la fuerza de la rama que las lleva. . La Iglesia es fértil de hijos; hay
multitudes de los que creen. Tan fructífera es la Iglesia de los niños que se
maravilla de su propio crecimiento, y dice: “El lugar es demasiado angosto
para mí; dadme lugar para que yo pueda habitar. ¿Quién me engendró estos,
habiendo perdido a mis hijos y quedé desolada?” (Isa 49:19-20; Isa 54:1). Y
como una viña es más fructífera que cualquier otra plantación, así da el
mejor fruto de cualquier otra. Ninguna fruta es más deliciosa al paladar, ni
más agradable al corazón, que la que proviene de la uva. ¿Y qué fruto se
puede comparar con el fruto que da un cristiano? Todos los demás frutos
que crecen fuera de esta valla son agrios y amargos, nunca parecen tan
hermosos y gloriosos a la vista, pero no son más que frutos de cobertura, o
como las uvas de Sodoma y los racimos de Gomorra (Dt 32:32).
5. Una viña es un lugar bien ordenado, allí se ven los montículos igualmente
hinchados, las estacas echadas a buena altura y distancia, las viñas bien
podadas, los terreno limpio y bien cavado, todas las cosas están bien
ordenadas en él. Y así es en la Iglesia, a tal punto que el mismo Balaam no
pudo sino admirarlo, y en un éxtasis exclamó: “¡Cuán hermosas son tus
tiendas, oh Jacob, y tus tabernáculos, oh Israel, como se extienden los
valles, como huertos junto al río”, etc. (Núm 24,5-6.)
6. A una viña se puede comparar la Iglesia, en cuanto a su imbecilidad y
debilidad. Ninguna posesión, dijo Catón, requiere más dolores que una tela
de viña. El maíz brota y crece solo, sin el cuidado del labrador (Mar 4:17).
Pero la vid es una especie de planta frágil, debe ser sostenida, protegida,
lavada y atendida diariamente, de lo contrario, pronto se vuelve lujosa y
corre el peligro de volverse salvaje, después de que una vez se vuelve
lasciva.
7. Una viña está muy sujeta a ser molestada y devastada por las bestias de
la madera y los zorros del campo, que aman cavar debajo de ella y se
deleitan en cosechar. y despojar de sus plantas, y comer de sus uvas, como
insinúa Salomón (Hijo 2:15). Así es la Iglesia, sus enemigos son muchos que
conspiran contra ella (Sal 83,2-13). (N. Rogers.)
La ingratitud del hombre
La mala retribución que hemos hecho a Dios porque todo el bien que hemos
recibido de Él ha sido en parte descubierto. Ahora dame permiso para
descubrirte la vileza de este vicio, la ingratitud, para que podamos evitarlo
y odiarlo; y más bien, porque se nos ha dicho que es uno de esos pecados
que hace que estos tiempos sean peligrosos. Y así, primero, fíjate que es un
pecado compuesto; tiene muchos ingredientes venenosos que lo hacen
extremadamente malo, y entre otros estos–
1. Ignorancia, y una ignorancia tal que se le niega la misericordia Is 27:11). El
que los hizo no les hará ningún favor, siendo un pueblo sin entendimiento,
siendo obstinado y afectado. Así Dios se queja de Israel, “Israel no sabe”
(Isa 1:3), y Ho
2: 8.
2. Idolatría. La ingratitud no sólo pasa sin que se tenga en cuenta el bien
otorgado, sino que atribuye todo a los demás. Así Israel atribuyó toda su
abundancia, su pan, su vino, su lana, su agua, dec., a sus amantes o amados,
es decir, a sus ídolos y falsos dioses (Os 2:5).
3. El orgullo es otro ingrediente pecaminoso que va a la composición del
mismo. “Sus corazones se exaltaron”, dice Dios del ingrato Efraín, “por eso
se olvidaron de mí” (Os 13:6). Y esta es la razón por la que Ezequías no se
volvió a Dios como había recibido: “Su corazón se enalteció en él” (2Cr 32:
25).
4. La envidia, que es hija de la soberbia, y esperará a su madre; donde esté
el uno estará el otro; no escatimamos a ningún hombre la alabanza de su
bondad sino a quien envidiamos y odiamos. Y por experiencia hemos
hallado cierto lo que Tácito dice de los favores extraordinarios, que,
cayendo sobre las mentes enfermas, causan odio en lugar de amor.
5. Hay mucho de sacrilegio en ello. El hombre ingrato le roba a Dios el honor
que le es debido, y que Él se ha reservado, ni se lo dará a ningún otro. Dios
se contenta con que tengamos el bien de todos, pero la alabanza de todos
la busca Él mismo.
6. Hay ateísmo en ello. Así, aquellos ingratos de los que habla Job, a quien
Dios ha bendecido con abundancia temporal, preguntan: “¿Qué es el
Todopoderoso para que le sirvan?” (Job 21: 25). En segundo lugar, es un
pecado que toda ley condena. La ley de la naturaleza está en contra. Porque,
naturalmente, todo efecto vuelve a su causa (como todas las aguas salen
del mar, así todas vuelven allí). Ahora bien, Dios es la causa de todas las
cosas y personas, por lo tanto, todo lo que tenemos y todo lo que somos se
le debe atribuir. (N. Rogers.)
El aderezo de la viña
Para cuya mejor realización y perfeccionamiento son tres virtudes
principales (como instrumentos) que son necesariamente un requisito en
estos labradores de la viña del Señor.
1. Habilidad y habilidad para realizar esta obra a la que es llamado. Esto es
requerido (2 Timoteo si. 2; 1Ti 3:2).
2. Fidelidad y sinceridad: “El que tiene mi palabra, fielmente hable mi
palabra”, dice Dios (Jeremías 23:28).
3. Cuidado y vigilancia–“Sé diligente en conocer el estado de tus rebaños, y
cuida bien de tus manadas”, dice Salomón (Proverbios 27:23). (N. Rogers.)
Entorpecedores del suelo
Los profesores estériles son engorrosos; cargas inútiles son para la viña del
Señor.
1. Son estériles y estériles en sí mismos, y en ese sentido incómodos y una
carga para la tierra.
2. Como no hacen ningún bien, y son engorrosos en ese sentido; de modo
que hacen mucho daño, y así se convierten en cargas inútiles, y de muchas
maneras.
(1) Para el suelo sobre el que crecen, la misma tierra es peor que una
higuera infructuosa. Fue el pecado del hombre, al principio, lo que hizo que
Dios maldijera la tierra hasta convertirla en espinos y cardos, y desde
entonces ha convertido “la tierra fértil en yermo, por la maldad de los que
en ella habitan”. Los pecados de los que están dentro del palio, son
aquellos por los cuales se lamenta una tierra Os 1:4). Así es en la viña del
Señor. Deje que una higuera estéril e inútil tenga su posición, siempre que
el suelo sea peor y no mejor para él. Que Roboam se arraigue entre los reyes
en la tierra de Judá, y los escudos que encuentre de oro los dejará de bronce.
Sea Balaam contado entre los profetas, y Judas entre los apóstoles; y la viña
del Señor hallará motivo suficiente para decir de tal higuera, que estorba la
tierra. La Iglesia sufre por el crecimiento de tales árboles; pierde su corazón
y su gordura. Su belleza y gloria están muy manchadas por el crecimiento de
tales plantas en ella.
(2) Tales árboles estériles son engorrosos y pesados para otros árboles y
plantas que crecen, o podrían crecer, en la viña; y que de diversas maneras.
(a) Un árbol estéril posee el lugar de uno mejor, y por su buena voluntad no
permitiría que ninguno creciera cerca de él. Los mejores salones en las
fiestas, los principales asientos en las sinagogas, los fariseos orgullosos
ocuparán; ni hay lugar para mejores invitados hasta que sean removidos
más abajo, y se les ordene que den lugar, y así se haga lugar, mediante su
remoción, para otros invitados. Lo mismo puede verse en el caso de David,
quien fue ungido para ser rey sobre Israel mucho antes de su instalación.
Saúl se sentó todavía en el trono, y David debe contentarse con quedarse
un tiempo para eso, hasta que Saúl sea destituido; y hecho esto, será
plantado y sentado en su aposento, en Hebrón. Así que mientras Judas
suple el lugar de un apóstol, el honesto Matías se mantendrá fuera; su lugar
debe ser anulado, antes de que otro tome “su obispado” (Hch 1:20). Los
judíos deben ser desgajados antes de que los gentiles sean injertados (Rom
11:9). Y mientras aquellos agricultores desagradecidos de la viña tenían su
arriendo, no podía ser tomado por otros, quienes gustosamente la habrían
alquilado, y “rendido el fruto de ella a su debido tiempo” (Mateo 21:43).
(b) Las que son estériles e inútiles en sus lugares, devoran no sólo el mismo
alimento que el que da a luz, sino que muchas veces matan de hambre a
otras plantas inferiores a su alcance; arrancando el corazón y la grasa del
suelo con sus retoños y comederos. ¡Qué anchura tiene un gran fresno o
roble! ¿Hasta dónde se extienden sus raíces, aunque sean subterráneas e
invisibles? Sin embargo, puede percibirse por el hecho de que empapan la
tierra y extraen el alimento del maíz y las plantas que están cerca de ellos.
Así sucede con muchos cristianos inútiles y estériles, él es un empapador, y
eso con respecto tanto a las cosas que conciernen a esta vida como a una
mejor; y tan engorroso. Los tales se encuentran en la Iglesia. Del mismo
modo, en las familias privadas se pueden encontrar muchas plantas tan
onerosas; muchos bienes hermosos son consumidos por el orgullo y el lujo,
la voluptuosidad y la prodigalidad.
(c) Son molestos y engorrosos para otras plantas por su sombra inútil,
cubriendo y goteando demasiado, y manteniendo la influencia del cielo de
ellos, de modo que no pueden disfrutar de los cálidos rayos del sol, que trae
curación bajo sus alas.
(d) Son engorrosas, al albergar bajo sus ramas cosas dañinas para las
plantas etéreas. Ninguno será albergado bajo su sombra a menos que sea
una ortiga, o alguna mala hierba, o alguna criatura venenosa y venenosa.
(e) Son una carga para el Señor de la tierra y dueño de la viña, que se queja
de plantas tan estériles (Is 1:14; Is 1:24; Isa 7:13,Amós 2:13). Dios se queja de
su carga; son engorrosos para Él; Encuentra una presión debajo de ellos; Es
deshonrado por ellos y no puede soportarlo por mucho tiempo.
(f) Los labradores de la viña están cargados y estorbados por ellos. Cristo,
el Aparador principal, lamenta la esterilidad de Jerusalén Lc 19,41; Mateo
23:34; Juan 11:38). Cristo gimió, al parecer, bajo la malicia de los judíos. (N.
Rogers.)
La paciencia de Dios
Estén persuadidos para hacer el usa bien la paciencia y longanimidad del
Señor, como manda el apóstol (Rom 2:4), y déjate guiar, como de la mano,
al verdadero arrepentimiento, acordándose de–
1. ¿Cuánto tiempo te ha confiado Dios su paciencia, y te ha dado tiempo para
hacer la paz, y demanda tu perdón. Si a un traidor que es condenado como
tú se le concede un indulto por la mitad de los años que has vivido (aunque
no tenía la promesa de un perdón final), sobre su buen porte y
comportamiento; cuán agradecido estaría, y cuán feliz se consideraría a sí
mismo en eso.
2. No olvides cuántos han sufrido por esos pecados de los que eres culpable
desde hace mucho tiempo; quienes no tuvieron la paciencia que les
mostraste a ellos, sino que fueron arrebatados y llevados a la ejecución, en
el mismo acto de su pecado, como Zimri y Cosbi, quienes fueron heridos en
el acto de su lujuria; Ananías y Safira en el mismo acto de mentir, etc.
3. Al no hacer el uso correcto de la paciencia de Dios y aprovecharla, la
desprecias; y al despreciarla desprecias la bondad. (N. Rogers.)
La paciencia de Dios no es inagotable
La paciencia de Dios tiene un período ; tiene sus fronteras y límites más allá
de los cuales no pasará. Como prueba, lea Amo 8:2 –“El fin ha llegado, no
los pasaré más”; es decir, no tendré más paciencia con ellos. Así
que Jeremías 1:11-12 –“Apresuré mi palabra para cumplirla”; esto es, para
hacer buenos los juicios que he denunciado. Y ese texto aún debería estar
sonando en nuestros oídos–
“Ha llegado el fin, ha llegado el fin; he aquí, vela por ti, he aquí, ha venido,
ha venido” (Eze 7:5-16) ¿Debe Dios siempre soportar a los pecadores, Él
debe sufrir en todos Sus atributos; Sería agraviada y manchada su justicia,
que de ningún modo soportará que los impíos sean tenidos por inocentes
(Éxodo 34:7; Jeremías 44:2). “Es un celoso Éxodo 20:5; Dt 4:26). Ahora bien,
si Dios perpetuamente tolerara a los pecadores, sería una desgracia para Él.
Su celo no perdurarápara que el pecado nunca quede impune (Sal 50:21; Mal
3:15). Es un Dios muy sabio, “Dios sólo sabio” (1Ti 1:17). Aunque Él soporta,
perdona y muestra misericordia a los pecadores, siempre se modera con
sabiduría. Persiste mientras hay esperanza (Jeremías 51:9). Pero cuando los
hombres se vuelven incurables, Su sabiduría no le permitirá soportar más
(Isa 1:5). Él es un Dios bueno; y siendo bueno, debe amar la bondad y odiar
la iniquidad (Sal 45:7). Ahora, Dios no debe ser bueno, si Él debe ser siempre
bueno con aquellos que nunca serán buenos; Su bondad no le permitirá
jamás perdonar a aquellos que odian y desprecian la bondad. Para que
podamos mostrar Sus otros atributos. (N. Rogers.)
Privilegio, no derecho prescriptivo
Por legal o habitual que sea el la presencia de una higuera en una viña puede
ser, no es, como en el caso de una vid, algo natural, y Cristo debe haber
tenido una razón para introducirla, y la razón sólo se encuentra en la
didáctica importancia del emblema. ¿Cuál fue, entonces, la razón? Desde
nuestro punto de vista de la deriva de la parábola, no es difícil responder a
la pregunta. La higuera se elige para representar a Israel como una protesta
tácita pero efectiva contra la noción de que ella posee un derecho
prescriptivo para ocupar a perpetuidad el lugar que ocupaba en el favor de
Dios. La suposición se dirige contra el orgullo y la vanidad de una raza
elegida, propensa a pensar que Israel y el reino de Dios eran sinónimos, o
tan íntima y esencialmente relacionados entre sí como lo son la viña y la vid.
Haber usado la vid como un emblema de Israel podría haber parecido
conceder esta afirmación, pero al seleccionar la higuera como un emblema,
Cristo dijo a sus compatriotas en efecto: “No tenéis un lugar natural o
necesario en la esfera dentro de la cual Dios está presente. la gracia se
manifiesta, como una vid en una viña, sin la cual la viña difícilmente puede
concebirse: Vosotros no sois más que una higuera en la viña, legítimamente,
bastante adecuadamente allí, pero allí por accidente o por libre elección del
propietario, y allí sólo mientras sirváis al propósito por el cual Él os puso allí.”
(AB Bruce, DD)
Un viñedo
Era uno; no viñedos, muchos; y de aquí podemos concluir que la Iglesia de
Cristo es una, y sólo una. La multiplicidad de iglesias particulares no impide
la unidad de la católica; todos estos son sólo partes de él, como un árbol que
tiene varios brazos y ramas. Muchas piedras hacen de bus una casa, muchas
casas una ciudad, muchas ciudades un reino; así, muchos hombres una
congregación particular, muchas congregaciones una Iglesia visible, muchas
Iglesias una católica. O como el mar-océano es uno solo en sí mismo, pero
discurriendo por diversos países y costas, tiene el nombre de acuerdo con
la costa por la que discurre; como el Mar Inglés, el Mar de Irlanda, el Mar
Alemán, etc., pero todos menos un mar. Así distinguimos de las Iglesias, sin
embargo, todo es uno y lo mismo, una Iglesia católica y nada más. Es muy
cierto que Dios se parece al hombre en las Escrituras. Él se asemeja al
hombre, y nos habla a la manera de los hombres. Sin embargo, tenemos
algo más de lo que tomar nota, porque a Dios le agrada no sólo asemejarse
al hombre, sino que toma sobre sí la profesión de labrador, asemejándose a
sí mismo a un vinitor cuidadoso y penoso, que tenía una higuera plantada
en su viña, etc. (N. Rogers.)
La higuera estéril
I. LA HIGUERA FUE FAVORECIDA. NINGUNA otra higuera fue tan favorecida.
Porque no estaba allí por casualidad como un arbusto de bayas en el
bosque, o un árbol en lo alto de una torre vieja, cuya semilla había sido
llevada por las alas del viento, o por un pájaro que, en el camino a su nido,
asustado por un halcón, había dejado caer su bocado. El propietario había
plantado deliberadamente este árbol en su viñedo. Estás plantado, no en un
desierto abierto y sin protección, sino en la Iglesia de Cristo y en un hogar
cristiano. No eres como un niño moribundo que le dijo al amigo cristiano que
lo visitaba: “Oh, señor, ¿piensas que tengo alguna oportunidad con Dios? ya
ves que no puedo leer nada”; o como un carretero ignorante que conocí,
que solía darle un centavo a un niño para que le leyera “palabras de la
Biblia”. Ese niño moribundo, ese carretero, era como una higuera que crecía
al borde del camino. Eres como una higuera plantada en un viñedo. ¿Qué se
podría haber hecho por ti que no se haya hecho?
II. ESTA HIGUERA FUE SIN FRUTOS, AUNQUE TAN FAVORABLE.
III. ESTE ÁRBOL, FAVORECIDO AUNQUE SIN FRUTOS, AÚN SE SALVA.
Muchos poetas hablan de los árboles como si tuvieran vida, como
compañeros que piensan y sienten, por los que sienten un apego casi
humano. Los árboles de nuestra niñez son queridos para nosotros, porque
están entrelazados con recuerdos de días brillantes. He conocido un bosque
que se echó a perder porque la propietaria no permitió que se cortaran los
árboles que ella consideraba amigos de su infancia. Parecía temerosa de
“dañar el espíritu en el bosque”. El sentimiento es natural. El guardián de la
viña había plantado la higuera y observaba su crecimiento. Es suyo, y siente
un anhelo persistente por él. No perderá la esperanza de ello. El presidente
Garfield, cuando era niño, se salvó maravillosamente de ahogarse. “La
providencia cree que vale la pena salvarme la vida”, se dijo, cuando estaba
jadeando y chorreando en la cubierta del barco del canal, y el fuego de la
noble resolución comenzó a arder dentro de él. Lord Clive y Wallenstein, en
su niñez, hicieron algunos escapes maravillosos y prorrumpieron en una
exclamación de que seguramente estaban reservados para algo grande.
Muchos han tenido la misma sensación.
IV. LA HIGUERA, FAVORECIDA AUNQUE SIN FRUTOS Y PERDONADA, AÚN
TIENE QUE SER JUZGADA. La paciencia de Dios es la más maravillosa, va
mucho más allá de todos nuestros pensamientos y sueños, pero tiene
límites. Ser infructuoso es una calamidad mayor que la que les sobrevino a
los asesinados por Pilato en el altar, o enterrados bajo la torre de Siloé; es la
única calamidad real; porque es ser un fracaso eterno. (J. Wells, MA)
La pena de ignorar el final de la existencia
Así como cuando cualquier artículo, como una pluma, un reloj, un motor, o
cualquier otra cosa que no funcione, o responda al fin para el cual fue hecho,
es desechado como inútil; o como un árbol frutal que no da fruto se corta
como un estorbo del suelo, así aquellos que no respondan a este fin de su
existencia, glorificar a Dios, pueden ser apartados o castigados de otra
manera. (HR Burton.)
Una advertencia para vidas inútiles
Yo. CONSIDERA QUE LA QUEJA ALEGADA ES LA DE INFECTUOSIDAD. Las
higueras tardan generalmente tres años antes de dar frutos perfectos; pero
esto era perpetuamente estéril, y probablemente seguiría siendo un
estorbo para el suelo.
1. Observar la paciencia y la tolerancia de Dios en Su conducta hacia la
higuera estéril, el profesor estéril e inútil. Soporta con mucha paciencia los
vasos de ira preparados para destrucción.
2. Aunque el Señor es paciente y bondadoso, observa estrictamente toda
nuestra conducta y lleva cuenta de las ventajas que disfrutamos y del uso
que hacemos de ellas.
3. Por grande que sea el peligro de la esterilidad, sólo la cultura celestial,
sólo la influencia divina puede producir en nosotros frutos de justicia.
4. La paciencia divina, aunque continúa por mucho tiempo, finalmente
tendrá un final. Aunque soporta mucho tiempo, no soportará siempre.
Cuanto más tiempo se haya estado acumulando la tormenta, más fuerte
caerá; cuanto más tiempo haya estado afilando la espada, más afilada
cortará y más profundamente herirá. La longanimidad por el pasado de
Dios, si conduce al arrepentimiento, será seguida por un sufrimiento más
grave de nuestra parte.
II. LA MUERTE QUE ES PASADA SOBRE LA HIGUERA ESTÉRIL: “Córtala, ¿por
qué estorba la tierra?”.
1. Una sentencia como esta a veces se dicta contra personajes inútiles,
incluso en la vida presente.
2. La higuera estéril es cortada en la muerte, cuando no sólo es echada fuera
de la Iglesia, sino del mundo.
3. El golpe caerá aún más fuerte en el día del juicio, cuando el árbol estéril
no sólo será cortado, sino arrojado al fuego.
III. LA RAZÓN DADA DE LA TERRIBLE SENTENCIA; LA HIGUERA NO SÓLO
ERA IMPRODUCTIVA, SINO NOCIVA; “obstaculiza el suelo”.
1. Fue inútil, y así es todo pecador que no lleva fruto para Dios.
2. La higuera era nociva, además de inútil; porque estorbaba la tierra y
ocupaba un lugar que podría llenarse con mayor ventaja. (B. Beddome, MA)
Profesores infructuosos talados como estorbos del suelo
Yo. Para mostrar QUIENES SON LOS NO FRUTOS EN LA VIÑA DE DIOS, PARA
SER CORTADOS.
1. Árboles muertos. Estando todavía en su estado natural, están
espiritualmente muertos en delitos y pecados. El evangelio es medio de vida
para un mundo muerto, llamado por tanto palabra de vida (Flp 2,16). Es por
ella que el Espíritu de vida se transmite al alma muerta. Este Espíritu se
recibe por el oír de la fe. Por eso viene la fe por la cual el alma se une a Cristo,
fuente de vida. ¡Pero Ay! muchos continúan muertos bajo medios
vivificantes, destituidos del Espíritu y de la fe. Así que no pueden dar frutos
de santidad, no pueden hacer nada que sea verdaderamente bueno, más de
lo que un muerto puede moverse y actuar.
2. Árboles podridos. Las almas muertas también están espiritualmente
podridas. “Todos ellos se han vuelto inmundos”. Esto habla de la vanidad y
la inutilidad reinantes, como el árbol podrido es luz. Cuántos así hay en la
viña de Dios, cuya mente es vana.
3. Árboles marchitos. Cuando el árbol ha perdido toda la savia y se seca, no
puede dar fruto, sino que debe ser cortado. Muchos que a veces parecían
verdes y prometedores bajo los medios de la gracia, lo han perdido todo
ahora. Sus convicciones son sofocadas, su afecto por las cosas de Dios se ha
ido, y el evangelio se vuelve insípido para ellos.
4. Árboles estériles, que tienen hojas pero no frutos.
5. Árboles degenerados que dan frutos malos y nocivos. A los tales Dios les
dice: “Pero yo te planté de vid noble, toda de simiente derecha; ¿cómo,
pues, te me has vuelto sarmiento de vid extraña?” Estos producen los frutos
de la carne en abundancia, que son mortales como las calabazas silvestres
de la vid silvestre.
II. ¿Cómo Y EN QUÉ OBSTÁCULOS OBSTRUYEN EL TERRENO?
1. Ocupan espacio, precioso espacio, que quizás esté mejor ocupado.
2. No hay ventaja para el propietario de la parte del suelo que ocupa.
3. No hay consuelo para los labradores en la parte de la tierra que ocupan,
aunque de otra manera podría sacar mucho de ella, si estuviera plantada
con otros árboles. Los dolores de los trabajadores se pierden en tales
árboles.
4. La savia de la tierra que atraen los árboles estériles, de los cuales no son
aún mejores, podría nutrir árboles fructíferos. Por último, impiden la
fecundidad de otros árboles de la viña; sacando la savia de ellos. Por lo
tanto, no solo no son rentables, sino perjudiciales.
III. CONSULTE POR QUÉ LOS CUMBERERS O EL SUELO SE AHORRAN TANTO
TIEMPO.
1. Para probar si se arreglan.
2. Por las oraciones de los piadosos.
3. Por causa de su simiente destinada a vasos de misericordia.
4. Que los pecadores impenitentes sean totalmente inexcusables. Hay una
medida de iniquidad que hay que llenar, y el Señor soportará a los
pecadores, y no más (Rom 2:5; Gn 15:16). Queda–
IV. A CONSIDERAR LA IMPORTANCIA DE TALA. Denota–
1. Paciencia al final.
2. Nunca más fruto que crecer sobre ellos.
3. La nitidez del trazo.
4. La brusquedad del golpe.
5. La destructividad de la misma.
6. El echarlo fuera de la viña.
7. Que el árbol estéril sea echado al fuego.
Usos.
1. La infructuosidad bajo el evangelio que prevalece en nuestra tierra,
presagia un tiempo de labranza y tala. Nuestros privilegios han sido señales,
nuestra señal de mala mejora; así será también nuestro golpe.
2. Los pecadores impenitentes tienen una posición peligrosa en la viña de
Dios. Un árbol estéril puede estar mucho más seguro en el bosque que en el
jardín.
3. Mirad qué papel hacéis en la viña de Dios. Preocúpate de saber para qué
te sirve. Cuidado con ser estorbos del suelo.
4. No ponga más peso sobre los privilegios externos de la Iglesia de lo que
ellos puedan soportar. Felices los que moran en la casa de Dios, si aprenden
las verdaderas costumbres de la casa. Pero si en la casa de Dios viven vidas
impías, mejor les hubiera sido no haberlo sabido nunca. Por último,
considerad qué frutos traéis bajo los medios de la gracia; y no descuides los
privilegios que disfrutas. Los ministros siembran la semilla, Cristo mismo
cuidará del fruto, y se dará cuenta de quién produce el fruto de un evangelio
predicado, y quién estorba el suelo. (T. Boston, DD)
Estos tres años
Tres años
Viene a hombre particular tres años. Primero, en la juventud. Te he plantado
en Mi viña, te he dado la influencia de Mis misericordias; ¿Dónde está tu
fecundidad? ¡Pobre de mí! el joven lo despide con un Nondum tempus
ficorum–Es demasiado pronto para caer en la mortificación; ¿Me haríais
penitencia antes de que haya tenido el ocio y el placer de ofender? Está listo
para despedir a Cristo en el lenguaje de ese espíritu inmundo: “¿Has venido
a atormentarme antes de tiempo?” Pero, ¿de quién es el cargo de
“Acuérdate de tu Creador” diebus juventutis?. Entonces la conquista es más
gloriosa, porque entonces es más difícil. Tú dices, nunca es demasiado
tarde; pero estoy seguro de que nunca es demasiado pronto para ser
misericordioso y santo. En segundo lugar, en la mediana edad; y ahora la
“compra de haciendas”, y la “prueba de animales”, los placeres del
matrimonio, los cuidados por la posteridad, ocupan todos los espacios del
alma. Los hombres se ocupan más bien de recoger los frutos de la tierra que
de dar los frutos del cielo. Aquí hay fuerza de naturaleza y plenitud de
estatura, pero todavía un defecto de gracia. Quizá Cristo tiene ahora
algunas buenas promesas de frutos en el más allá: “Entonces, déjame ir
primero a enterrar a mi padre” (Luk 9:61). En tercer lugar, en la vejez. Ahora
bien, la decadencia del cuerpo debería argumentar la decadencia del
pecado. El gusto no encuentra deleite en el alboroto, los oídos no pueden
distinguir la música, los ojos están nublados para los objetos agradables, el
mismo “falla el deseo”: ahora todas las cosas prometen mortificación. El
que no puede moverse por el mundo, ¿qué debe hacer sino recordarse a sí
mismo y fijar sus pensamientos en el mundo venidero? Ahora frutas, o
nunca. No todavía; el mal humor, el orgullo y la avaricia son las tres
enfermedades de la vejez. Los hombres codician más cuando tienen menos
tiempo para gastar; como comerciantes estafadores, entonces levantan la
mayoría de las mercancías en sus manos cuando tienen la intención de
romperlas. Todavía viene buscando fruto, y se lo devuelve con un Non
inventa. Pero, ¿soportará Él a todos los árboles por tanto tiempo? No;
algunos son arrebatados en la flor y orgullo de su vida; sí, no son pocos los
que no se permiten vivir, sino que con alboroto e intemperancia aceleran
sus propios fines, antes de haber comenzado bien o aprendido lo que es la
vida; como malos eruditos, que adormecen sus libros antes de haber
aprendido sus lecciones. Que en lugar de Non est fruetus, podemos
decir, Non est ficus, el árbol mismo se ha ido. Y esa hermosa persona, que
como un hermoso barco lleva mucho tiempo construyéndose, y ayer se hizo
a la mar, hoy se hunde en su mayor parte. No comemos, ni bebemos, ni
dormimos, y tomamos tales reflejos de la naturaleza, ut non moriamur, para
que no muramos -eso es imposible-, pero para que no muramos estériles,
sino que llevemos algunos frutos con nosotros al que hizo el árbol. (T.
Adams, DD)
Dios y el hombre lidiando con la falta de fruto
Un agricultor , que había centrado su atención en la producción de frutos,
le dijo a un amigo mientras estaban sentados a la mesa: “Hoy he cortado
más de cincuenta melocotoneros”. “¿Por qué es esto?” “Porque la fruta no
era buena. Los duraznos eran demasiado pequeños”. Después, caminando
por la huerta, el amigo vio dónde habían estado los árboles, y también el
lugar donde, después de ser cortados, habían sido quemados. Este
procedimiento trajo a su mente de inmediato la parábola del Salvador de la
higuera estéril. ¡Oh, si Dios tratara con los hombres como ellos tratan con
los árboles en sus huertos, qué terrible destrucción se produciría para
nuestra raza!
Fruto
Nada es creado para sí mismo, sino puesto por la sabia providencia, que
confiera algo al bien público, aunque sea pero como las dos blancas de la
viuda para el arca, la más pobre de las criaturas da algún fruto, en el cual
imita la bondad del Hacedor. No sabemos fácilmente lo que pueden hacer
las buenas serpientes y sabandijas; sin embargo, ciertamente tienen su
fruto, tanto en aspirar ese veneno de la tierra, que sería contagioso para el
hombre; al resaltar la belleza de las mejores piezas de la creación, porque
aunque la misma mano hizo tanto a los ángeles en el cielo como a los
gusanos en la tierra, sin embargo, los ángeles parecen más gloriosos, al ser
comparados así, además de sus virtudes ocultas abstraídas de nuestro
conocimiento. De las piedras hacen hierro, la basura sirve para levantar
baluartes, el guijarro para la honda, los gusanos y las moscas son cebos para
los peces; todo está habilitado con algún don para el beneficio universal, y
así producir esos frutos es su trabajo natural. El sol sale de su cámara como
un novio, fresco y vivo; y se regocija como un gigante, para correr su curso
diurno, para alumbrarnos con sus rayos refulgentes, para engendrar, alegrar
y madurar las cosas con su calor paternal: este es su fruto. En su ausencia,
la luna y las estrellas adornan el dosel del cielo, reflejando su influencia
operativa para vivificar el mundo inferior: estos son sus frutos. Las nubes
rizadas, esas botellas de lluvia, delgadas como el licor que contienen, vuelan
arriba y abajo en las alas del viento, entregando sus cargas húmedas sobre
la tierra, tetinas de las que maman los campos y pastos hambrientos; sin
embargo, no esperan de nosotros ninguna cosecha: estos son sus frutos.
Los vientos sutiles salen resoplando de sus cavernas, para hacer
movimientos artificiales, aires saludables y mares navegables; mas ni la
tierra, ni el aire, ni el mar les devuelven recompensa: estos son sus frutos.
La tierra, en agradecida imitación de los cielos, no encierra sus tesoros
dentro de sus propias arcas; pero sin respeto por su beneficio privado, es
generosa con su asignación, entregando su gordura y riquezas a
innumerables criaturas que cuelgan de sus pechos y dependen de ella como
su madre común para su mantenimiento. De las bestias que se alimentan de
ella, las vacas nos dan su leche, lustran su lana; cada uno paga un tributo al
hombre, su señor usufructuario: estos son sus frutos. Los árboles frutales
no gastan en sí mismos toda su savia y humedad, ni el aumento de sus
propias magnitudes; pero la parte principal y más pura de ella se mezcla en
algunos frutos agradables, de los cuales ni ellos ni sus manantiales llegan
nunca a probar; pero nos la ofrecen, y cuando está madura,
voluntariamente la dejan caer a los pies de sus amos. Jamás el olivo se ungió
con su propio aceite, ni la vid se embriagó con sus propias uvas, ni el árbol
de mi texto devoró sus propios higos: sin embargo, todos se esfuerzan por
abundar en frutos. Déjame elevar tus meditaciones de la tierra al cielo: los
santos ángeles allí son llamados “espíritus ministradores”; esos ejércitos
reales pelean por nosotros contra nuestros enemigos; como nodrizas, nos
llevan en sus brazos y, aunque invisibles, nos hacen oficios gloriosos: esto
es parte de su fruto. La santísima Trinidad siempre está trabajando: “Hasta
aquí mi Padre trabaja, y yo trabajo” (Juan 5:17). El Padre por Su providencia
y protección, el Hijo por Su misericordia y mediación, el Espíritu Santo por
Su gracia y santificación; todos dividiendo las corrientes de su bondad para
el mejor beneficio del mundo. Cuanto más promueve cualquier cosa el bien
común, más noble es su naturaleza y más parecida al Creador. La tierra es
fecunda; el mar, el aire, los cielos son fecundos; ¿Y no dará fruto el hombre,
para quien todo esto es fructífero? Mientras todos los ejércitos del cielo y
de la tierra se ocupan en fructificar, ¿estará el hombre, de más singulares
gracias y facultades, ocioso, una carga para el mundo y para sí mismo? Tanto
la Iglesia de Dios para la propagación de la piedad, como el mundo mismo
para la defensa de Su estado, requieren de nuestros frutos. Si la felicidad
consistiera en no hacer nada, Dios, que hizo tan feliz a Adán, nunca lo habría
puesto a trabajar; pero así como el paraíso era su almacén, así también su
obrador: su placer era su tarea. No hay estado del hombre que pueda
privilegiar una mano doblada. (T. Adams.)
Ninguna fruta
Ninguna? Tal vez no tan lleno de frutas como las “vides de Engedi”; toda
tierra no es Canaán, para fluir leche y miel. Pero, sin embargo, alguna medida
competente, suficiente para pagar la renta del propietario por el terreno en
el que se encuentra; ninguno.” Si no hay nada de sobra, con lo cual el
propietario puede hacer dinero, pero suficiente ad usum suum, ad esum
suum–para que pueda comer el trabajo de sus propias manos; ninguno.” Si
el número no es “como la arena”, que quede “un remanente” (Rom 9:27).
Si no puede haber toda una cosecha, que haya “un décimo” (Isa 6:13). Si no
un décimo, que haya algunos “rebuscos” (Miq 7:1); y eso es una penosa
escasez. Si no se permiten las espigas, que haya aquí y allá un higo, una uva,
una baya, “en las ramas más externas” (Isa 17:6 ), que el sembrador puede
tener un gusto. Es demasiado defectuoso, cuando non florebit ficus–el árbol
no florece; pero quando non erit uva in vitibus, non ficus in ficulneis Hab
3:17)—cuando no ser “uva en la vid, ni higo en el árbol” (Jer 8,13), es una
esterilidad miserable. Algo tiene algún sabor, pero ninguno sirve para nada.
De hecho, todos los árboles no tienen la misma carga; hay la medida de cien,
de sesenta, de treinta; un gomer y un efa; pero los sagrados rocíos del cielo,
las gracias del evangelio, ¡bendícenos por no tenerlas! “No encuentro
ninguno”. ¿Ninguna? Tal vez ninguno como Él busca, porque no hay frutos
lo suficientemente delicados para el gusto del Todopoderoso. De hecho,
nuestros mejores frutos nunca son perfectos y amablemente maduros;
todavía les gusta lo agrio y lo terrenal, y tienen el sabor del caldo del que
fueron tomados. Son plantas celestiales, pero crecen en un clima extraño y
frío; no está bien inventado, no es digno de los cargos y cuidados que se nos
otorgan. Ponga naranjos o higueras en este nuestro país frío, la fruta no
disminuirá el costo de la plantación y el mantenimiento. Pero la queja no es
aquí de la imperfección o escasez de frutos, sino de la nulidad: “ninguno”.
Algunos leyendo ese texto con ojos ociosos, que después de todos nuestros
frutos, seguimos siendo “árboles inútiles” (Luk 17:10), porque no pueden
encontrar validez de mérito en sus obras, tiran el arado en el seto y hacen
vacaciones. ¿Pero el siervo no hará los negocios de su amo, porque no puede
ganar la herencia de su amo? ¿Dirá el albañil: Yo compartiré con mi soberano
su reino, o no pondré piedra en su edificio? Los buenos frutos netos tienen
su recompensa; aunque no por el mérito del hacedor, sino por la
misericordia del que acepta. Son amargos por sí mismos, pero en Cristo
tienen su dulzura; y los ínfimos frutos que aquel gran “Ángel de la Alianza”
presentará a Su Padre, con la añadidura de Su propio “incienso precioso”
(Ap 8:4 ), son recibidos y recompensados. En su propia naturaleza pueden
ser corruptos; pero siendo teñidos en la sangre de Cristo, son hechos
agradables a Dios: sí, también útiles a la Iglesia, y útiles a los hombres, nunca
parecen tan pobres. Incluso una primavera turbulenta sacia a menudo la sed
de un soldado angustiado; una pequeña vela hace bien donde las luces
mayores están ausentes; y el fruto más insignificante de la santa caridad,
incluso una copa, aunque no sea del jugo de las uvas de la viña, sino del agua
fría de la jarra, en el nombre de Cristo, tendrá su recompensa (Mateo 10:42).
Pero aquí la queja no es por la mezquindad o la escasez, sino por la
esterilidad: ninguna en absoluto. (T. Adams.)
Infructuosidad agravada por privilegio
Sin embargo Dios puede soportar la esterilidad fuera de la Iglesia, en la falta
de medios, sin embargo, Él nunca lo soportará bajo los medios. Más vale una
zarza en el desierto que en un huerto; que la cizaña esté fuera, que en un
jardín, donde es seguro ser quitada, como la otra ser cortada. Si un hombre
es inútil, que sea inútil fuera de la Iglesia. Pero serlo donde tiene el rocío de
la gracia cayendo sobre él, en los medios de salvación, donde están todos
los dulces favores de Dios, ser zarza en el huerto, ser mala hierba en el jardín,
ser ruidoso en un lugar donde debemos ser fructíferos, ¿Soportará esto
Dios, el gran Labrador? Todo lo que no es para el fruto es para el fuego Mat
3:10). (R. Sibbes.)
Cristianos nominales
Una vez un caballero entró en un salón con su hijito, cuando vieron una
multitud de personas bien vestidas, algunas de ellas de pie juntas en grupos,
mientras que otras estaban sentadas a sus anchas. La atención del
muchacho fue captada por un hombre de aspecto agradable, vestido de
forma llamativa, y le preguntó a su padre quién podía ser. —Pregúntale al
señor que está cerca de ti —respondió el padre, con seriedad inmóvil. “Si es
tan amable”, dijo el niño, dirigiéndose al extraño, “¿puede decirme quién es
ese caballero que está enfrente?” No hubo respuesta, y el muchacho parecía
asombrado. Finalmente el padre le dijo: “Esas cosas que tanto se parecen a
hombres y mujeres son sólo figuras de cera. No hay vida en ellos, por
naturales que parezcan. Hermosos a la vista, no tienen alma; todo afuera, y
nada más.” ¿Son los meros cristianos nominales mucho más que estas
figuras de cera? Podemos admirar la habilidad artística que puede modelar
la materia en formas de belleza; pero ¿qué son todas las apariencias
externas de la religión en el fariseo engañoso en comparación con la
santidad de vida en el corazón del verdadero creyente? Feliz sería para
nosotros si todos buscáramos “el fruto del buen vivir” en nuestras propias
vidas antes de que Dios mismo venga a buscarlo. Los antiguos griegos solían
citar el proverbio de que “los pies de las deidades vengadoras están
calzados con lana”, insinuando así la manera silenciosa e inesperada en que
se acercan a sus víctimas. Gracias a la tierna paciencia de Dios, Él siempre
nos da una advertencia oportuna antes de que se dé el golpe fatal. La
parábola de la higuera estéril, de la cual se toma el texto, fue diseñada por
nuestro bendito Señor para ser una advertencia a la nación judía, cuyas
misericordias habían sido tantas, pero cuyo día de gracia pronto terminaría.
Sin embargo, no es menos aplicable a todos, de toda época y país, que
tienen la oportunidad de recibir los medios de gracia y de asegurar la
esperanza de la gloria. (JN Norton, DD)
Vidas sin fruto
Cuántos de los que se llaman cristianos viven vidas tan completamente
infructuosas que podrían tener obituarios escritos de ellos como este:
“Mientras profesaban ser seguidores de Aquel que anduvo haciendo el
bien, nunca fueron conocidos por salir de su camino para hablar
bondadosamente a los pobres y a los sin amigos, o para invitar a cualquier
extraño a la iglesia. A menudo se les señalaban campos de utilidad cercanos
a sus propias viviendas, pero no mostraban ambición de ser imitadores ‘de
los que por la fe y la paciencia heredan las promesas’. Una caridad ampliada
puede esperar que sea suya la bienaventuranza de los que ‘mueren en el
Señor’, pero no podemos añadir (en las expresivas palabras de elogio del
apóstol) que ‘descansan de sus trabajos’ y que ‘sus obras los siguen’. .’” (T.
Adams.)
Señor, déjalo solo este año también
La pena suspendida
I. LA INTERCESIÓN DE JESÚS–SU NATURALEZA MISERICORDIOSA.
1. El fundamento de la súplica está en Él mismo. Dios perdona al pecador por
causa de Jesús.
2. La eficacia prospectiva de la súplica radica en lo que el Salvador ha hecho
por el pecador. Pensamientos de paz acerca de él han dado vueltas dentro
de su pecho. Él ha establecido el plan de su recuperación. Se ha gastado una
vida de la más dulce virtud y del más completo sacrificio personal para llevar
a cabo el plan.
II. LA INTERCESIÓN DE JESÚS–SU FIN ESPECIAL. Las raíces tienen la culpa;
el corazón del pecador debe ser cambiado.
1. El poder de los medios. Históricamente, el registro es grandioso;
intrínsecamente el poder es el mismo hoy. Los corazones más valientes han
sido quebrantados y las conciencias más culpables han sido lavadas.
2. El corazón obstinado puede ceder. Árboles poco prolíficos se han puesto
en marcha, algunos por un invierno muy duro, otros por un verano muy
cálido, para dar fruto. Una vez que la savia fue arrojada a su canal adecuado,
el árbol continuó dando frutos. Así que los tratos de Dios con los hombres
son medios para mover el corazón. Incluso Acab no está fuera de su alcance.
El horno de la aflicción ha derretido a muchos. Dios envió a su pueblo a
Babilonia y dijo: “He aquí, los fundiré y los probaré; porque ¿qué haré con la
hija de mi pueblo? Todos los demás medios habían fallado. Hay, por lo tanto,
probabilidades de que influencias secundarias produzcan tales cambios en
la condición de los hombres, a fin de dejarnos posibilidades de que las
verdades del evangelio al final produzcan los mayores cambios para la vida.
III. LA INTERCESIÓN DE JESÚS–LIMITADA EN CUANTO A SUS TÉRMINOS.
“Pero si no, lo cortarás”. Esta es la voz solemne, no de justicia, sino de la
intercesión misma.
1. Tal estado de impenitencia es terrible de contemplar. El final es la parte
más difícil. El curso ininterrumpido de la maldad conduce a la destrucción
inevitable.
2. La sentencia cumplida. Córtalo. Con mucho gusto cerraríamos los ojos y
no seríamos testigos de la escena, pero la autoridad del texto nos invita a
seguir mirando. Dios deja de ser Padre, Cristo ya no es Hermano, la luz se
apaga para siempre, el alma es arrojada a las tinieblas exteriores, y el
corazón traspasado por mil pesares. “Córtalo”, siendo infructuoso;
quemarlo, siendo inútil. Que una advertencia como esta sirva para avivar el
pensamiento, para que podamos observar el tiempo de la misericordia. (The
Weekly Pulpit.)
Misericordia en simpatía con la justicia
La restricción de la la intercesión del viñador por una prolongación del
experimento a un solo año indica la simpatía del mismo Cristo con este rigor
divino. Él es el viñador, y su ministerio de gracia y verdad es el medio por el
cual se espera débilmente que Israel pueda, en la hora undécima, ser
espiritualmente fructífero. Pero, aunque lleno de gracia, Él no espera ni
desea una extensión indefinida del día de gracia de Israel. Él sabe que
aunque Dios es paciente, su paciencia, como se muestra en la historia de sus
tratos con los hombres, es agotable; y que en el caso de Israel ahora está
casi agotado. Y se compadece de la impaciencia divina con la esterilidad
crónica e incurable. Porque aunque predica con entusiasmo un evangelio de
la gracia, lo hace con el fin de producir santidad en los receptores de las
buenas nuevas, y con la convicción de que la fe en el evangelio es la causa
más eficaz de santidad. Un reino de Dios debe ser un reino de justicia, y si
Jesús lo presentó como un reino de gracia, fue porque creía que era el
camino más directo para alcanzar el ideal. Se hizo un reino de gracia al
principio, para que pudiera llegar a ser un reino de justicia al final. A este
respecto hay un acuerdo absoluto entre Cristo y Pablo. El Heraldo del reino,
no menos enérgicamente que el apóstol de los gentiles, repudia la idea de
que los hombres puedan pecar con impunidad porque la gracia
sobreabundó. La intercesión puesta en la boca del viñador es un acto
solemne de repudio, similar en importancia a la protesta de Pablo en el
sexto capítulo de su Epístola a los Romanos. Dejadlo también este año,
hasta que cave alrededor de él y lo destierre; y si da fruto el año que viene,
bien; y si no, lo cortarás. (AB Bruce, DD)
La misericordia de la nueva libertad condicional
I. AQUÍ SE ESTABLECEN LAS CONDICIONES Y RESPONSABILIDADES DE LA
VIDA BAJO EL EVANGELIO.
1. La individualidad de los tratos de gracia de Dios.
2. Una imagen de provisiones graciosas disfrutadas.
3. La responsabilidad que implica la posesión de las bendiciones del
evangelio.
II. EL MAL USO DEL PRIVILEGIO Y LA OPORTUNIDAD DEL EVANGELIO
COMO SE DECLARÓ AQUÍ. En lugar de fecundidad había esterilidad. La
gracia del evangelio demuestra en muchos casos haber sido todo en vano.
Las fallas no se corrigen. Los pecados no se quitan. La nueva vida no se vive.
La salvación no se disfruta.
1. Ahora bien, esta inutilidad del ministerio de la Palabra no implica ningún
defecto necesario en su presentación humana, especialmente donde la
esterilidad se ve junto a la creciente fuerza y abundante fecundidad. .
Tampoco implica ninguna retención de ningún elemento de gracia o Divino
único necesario para el resultado. Tampoco implica decreto o principio
alguno que limite la aplicación de lo que se admite como remedio adecuado
y universal. Cuando preguntamos por qué los hombres son y permanecen
no salvos bajo el sonido de un ministerio evangélico fiel y pleno, no
podemos encontrar refugio ni en la intención divina, ni en el carácter de la
provisión, ni en el modo de su presentación, ni en la ausencia del poder. del
Espíritu Santo de Dios. Agotamos todas las razones posibles y tenemos que
volver a una, y sólo una: la obstinación humana. La voluntad-no de la
incredulidad anula la gracia de Dios.
2. La segunda cosa aquí es la paciencia Divina con estos oyentes
infructuosos.
3. Los males que acompañan a los infructuosos y son hechos por ellos. “¿Por
qué estorba también el suelo?” El “también” quedó fuera de la versión
anterior y, por lo tanto, el sentido se debilitó. La idea expresada no es sólo
que el árbol es inútil, sino que también es nefasto. La palabra “cumbre”
significa ahora ocupar un lugar en desventaja. Pero tenía un sentido más
amplio de antiguo, y la palabra aquí realmente significa que estropeó,
envenenó, hizo daño al suelo. Su sombra era perjudicial. Pero también atrajo
hacia sí la grosura del suelo, el alimento que otros árboles necesitaban, y los
empobreció tanto a ellos como a ella.
III. HAY UN TIEMPO ESPECIAL DE GRACIA, CON CIERTA CATÁSTROFE SI NO
SE MEJORA PARA BUEN PROPÓSITO.
1. Los beneficios de la intercesión a favor de aquellos que son incrédulos e
infructuosos.
2. La temporada extendida y las mayores facilidades para un crecimiento
fructífero que así se brinda. (The Preachers’ Monthly.)
Los ordenamientos secretos de la vida del alma
O si se presentaran ante nuestros ojos las obras secretas y maravillosas, el
cuidado incesante y ansioso de que es objeto la vida interior de cualquier
alma, ¿cómo nos perderíamos en el asombro ante el amor inmerecido,
maravillosamente constante, de ¡Dios! ¿Quién puede hablar como debe del
orden intrincado y minucioso de los acontecimientos de la vida diaria, tan
dispuestos y gobernados que cada uno puede hacer su parte en
entrenarnos para nuestro verdadero descanso? ¿Quién puede hablar de los
secretos atractivos del amor, de las inspiraciones ocultas, de la disciplina del
dolor, de las lecciones del castigo, que se ejercen sobre nosotros uno por
uno? Dios nos habla unas veces en medio del dulce aliento del consuelo
celestial, otras en medio del horno de la aflicción; Él multiplica a nuestro
alrededor los medios de gracia; Él nos pone dentro de la influencia de
tiempos santos, o lugares, o personas; Él nos presenta motivos que son lo
suficientemente fuertes para vencer cualquier cosa menos la impenitencia
más endurecida; Él nos persigue con las solicitudes de su amor; Él hace todo
menos quitarnos nuestro libre albedrío, esa voluntad cuyo poder de elegir
libremente su propia felicidad superior implica necesariamente la
alternativa de rechazarlo. Y cuando aparentemente ya no queda nada por
hacer, cuando hasta las energías del amor divino parecen haberse agotado
en vano sobre la dureza de un corazón resueltamente empeñado en el
pecado; aun en ese momento supremo, esa crisis de los destinos del alma,
cuando sale el grito de la Justicia Eterna: “Cortadlo, ¿por qué estorba el
suelo?” surge de la profundidad de la compasión divina que mora en el
corazón del Redentor la suplicante petición de una extensión aún mayor del
día de gracia: “Señor, déjalo también este año”. Todavía se puede encontrar
algún remedio curativo, alguna apelación puede incluso obtener una
entrada; la puerta ante la cual el Señor ha estado parado y llamando por
tanto tiempo con la paciencia y el dolor divinos, aún puede abrirse para Él,
para que Él pueda entrar y sup—el labrador de la viña una vez más cavará
alrededor del árbol estéril y lo abonará—y si da fruto—bien. Si da fruto,
bien. Sí, hermanos míos, pero hay una alternativa, una posibilidad, terrible
de considerar, pero que sin embargo forma una parte importante de la
enseñanza de esta parábola, y que no podemos pasar por alto. “Si no,
entonces después de eso lo cortarás”. Sí, llega un momento escondido en
los eternos concilios del Altísimo, en el que hasta la voz del Gran Intercesor
cesa de suplicar, y se asiente en el justo juicio de Dios. (SW Skeffington, MA)
Este año también
El viñador intercesor suplicó para la higuera infructuosa, “déjala también
este año”, fechando, por así decirlo, un año desde el momento en que él
habló. Los árboles y las plantas que dan fruto, tienen una medida natural
para su vida: evidentemente, un año llegaba a su fin cuando era tiempo de
buscar fruto en la higuera, y otro año comenzaba cuando el viñador
comenzaba de nuevo su excavación y poda. trabajar. Los hombres son cosas
tan estériles que su fruto no marca períodos determinados, y se hace
necesario hacer divisiones artificiales de tiempo para ellos; parece que no
hay un período establecido para la cosecha espiritual del hombre o la
vendimia, o si lo hay, las gavillas y los racimos no vienen en su tiempo, y por
lo tanto tenemos que decirnos unos a otros, “Este será el comienzo de un
nuevo año .”
Yo. El comienzo de un nuevo año SUGIERE UNA RETROSPECTIVA.
Asumámoslo, deliberada y honestamente. “También este año”—entonces
hubo años anteriores de gracia. El labrador de la viña no se percató por
primera vez del fracaso de la higuera, ni el dueño había venido por primera
vez a buscar higos en vano. Dios, que nos da “también este año”, nos ha
dado otros antes; Su misericordia parca no es ninguna novedad, Su
paciencia ya ha sido puesta a prueba por nuestras provocaciones.
1. Años de gran misericordia.
2. Años de aguda aflicción.
3. Oportunidades de utilidad, que han ido y venido.
4. Resoluciones no cumplidas.
II. El texto MENCIONA UNA MISERICORDIA. “También este año”: una
concesión de la gracia infinita, como resultado de las súplicas del amor, y en
la prosecución de los designios del amor.
1. El impío debe considerar que la paciencia del Señor apunta a su salvación,
y debe permitir que las cuerdas del amor lo atraigan a ella. ¡Oh, que el
Espíritu Santo hiciera que el blasfemo, el quebrantador del sábado y el
abiertamente vicioso sintieran cuán maravilloso es que sus vidas se
prolonguen “este año también”! ¿Están a salvo de maldecir, amotinarse y
desafiar a su Hacedor? ¿Será este el único fruto de la misericordia paciente?
El procrastinador que ha desanimado al mensajero del cielo con sus retrasos
y promesas a medias, ¿no debería sorprenderse de que se le permita ver
“este año también”? El creyente se mantiene fuera del cielo “este año
también” en amor, y no en ira. Hay algunos por quienes es necesario que
permanezca en la carne, algunos para ser ayudados por él en su camino
hacia el cielo, y otros para ser guiados a los pies del Redentor por su
instrucción. Seguramente, por el bien de las almas, por el deleite de
glorificar a nuestro Señor, y por el aumento de las joyas de nuestra corona,
podemos alegrarnos de esperar abajo “también este año”.
III. “Este año también” IMPLICA UN LÍMITE. Incluso cuando Jesús es el
intercesor, la petición de misericordia tiene sus límites y tiempos. Vendrá un
último año para cada uno de nosotros: por lo tanto, que cada uno se diga a
sí mismo: ¿Es este mi último año? (CHSpurgeon.)
Otro año concedido
I . LA VIDA PROLONGADA ES PRINCIPALMENTE VALIOSA PARA LA
AMPLIACIÓN DE LA OPORTUNIDAD ESPIRITUAL.
II. LA OPORTUNIDAD DESGASTADA PROPORCIONA LA RAZÓN POR LA QUE
EL MISMO INTERCESOR TOMARÁ NUESTRA CONDENACIÓN. (S. Robins,
MA)
La paciencia de Dios con la higuera estéril
Yo. PETICIÓN Y PETICIÓN DEL VIÑEDOR.
1. El asunto de la petición: “Señor, déjalo”. Es el deber especial de los
ministros, pastores y trabajadores fieles en la viña de Dios, desviar y alejar
esa ira, venganza y juicio que Él amenaza, y que está cerca de su pueblo
(ver Joe 1:13; Joe 2:17; Is 62:6-7). El fundamento de esto es este.
1. Porque los ministros son como intermediarios entre Dios y el pueblo:
median y tratan entre ambos; como se declara expresamente de Éxodo
19:1). Esto es una cosa que hace que este trabajo sea realizado por ellos; y
luego, lo que podemos añadir aquí, el afecto que les pertenece por esta
relación. Esto lo hace también. Cuando un niño está en peligro, ¿quién
debería hablar por él antes que el padre? Cuando una oveja está a punto de
ser tragada, ¿quién debería interponerse antes que el pastor? Cuando una
ciudad está lista para ser traicionada, ¿quién se animaría antes que el
centinela y gobernador de ella? Pues así es ahora con los que son ministros
y pastores de la Iglesia. Son padres, son pastores, son centinelas
espirituales, y qué no, para trabajarlos, y para ocuparlos en esto. Esta misma
expresión en el texto lleva consigo un argumento, en el que se les llama
labradores de la viña, que se preocupan mucho por la seguridad de los
árboles que pertenecen a ella, como obra de su propia mano. Esto nos
muestra ante todo, cómo los ministros no sólo sirven para instruir al pueblo
de Dios, sino para protegerlo; no sólo para mostrarles su deber, sino para
evitar su ruina.
2. La determinación del tiempo para el ejercicio y la continuación de esta
indulgencia: “También este año”.
(1) Esto implica que ya lo había dejado en paz durante algún tiempo (ver Gen
6: 3; 2Cr 36:15-16). El Señor se complace en hacer esto sobre diversas
consideraciones.
(a) Por Su nobleza, realeza y generosidad mental, como podemos
expresarlo así. Para mostrar que Él no se complace ni se deleita en la muerte
de los pecadores, como algunas veces nos ha dicho. Él no ama destruir allí
donde Él puede prescindir de alguna manera.
(b) Así hace el Señor con muchos pueblos, para que así los deje tanto más
inexcusables, y sea justificado en sus procederes contra ellos, cuando venga
a juicio ciertamente; para que la boca de todos los hombres se tape, y para
que crean tanto más plenamente en Dios.
(c) A veces, para ejercitar esta paciencia de los mismos labradores, que
trabajan y se esfuerzan por estas higueras, Dios les probará algunas veces,
y Dios a veces los molestará por este medio; como san Pablo lo observa en
sí mismo, de la ineptitud e impeniencia de los corintios (2Co 12,1-21 .ult). Y
por Su propia paciencia y tolerancia de tales personas, Dios dejará a sus
ministros con un espíritu de paciencia y tolerancia en sí mismos, en
conformidad con el propio ejemplo de Dios.
(2) Esto implica un mayor deseo de paciencia y tolerancia continuas; que
procede por estos motivos.
(a) Esas palabras, amor y afecto que les tienen. El odio es todo para destruir;
y eso fuera de control. Pero el amor, está deseoso de ahorrar, y de preservar
la parte amada, tanto como puede.
(b) Hay fundamento para este deseo y petición de los ministros en favor de
su pueblo, desde esa esperanza que están dispuestos a concebir de su
enmienda y reforma.
(c) Esta disposición en los ministros procede del respeto a sí mismos, y de
un santo celo y sospecha que pueden concebir de su propia negligencia.
II. LAS CONDICIONES SOBRE LAS QUE PROCEDE ESTA PETICIÓN. Estos son
dobles. El uno es tomado de sí mismo “Hasta que cave alrededor de él y lo
excreme”. Y el otro es tomado de la higuera, por suposición, ya sea de
enmienda o incorregible. “Si da fruto, bien; si no, entonces después de eso
lo cortarás.” Comenzamos en primer lugar con lo primero, a saber, lo que se
toma de sí mismo: “Hasta que cavaré”, etc. Donde hay dos cosas
observables de nosotros.
1. La frase o expresión.
2. La doctrina o noción que está contenida bajo él, y que nos es exhibida a
partir de él. Para el Primero: La frase o expresión. Aquí podemos tomar nota
de la naturaleza y condición del trabajo y empleo de un ministro; lo cual,
debido a que se nos expresa cavando y extirpando, aquí se significa que es
un servicio muy difícil y laborioso. Ahora, en segundo lugar: por la cosa
misma, o noción. Tomando este pasaje en su alcance y conexión, hasta aquí
se nos indica e insinúa la eficacia y la ventaja del ministerio para el propósito
que aquí se expresa. “Hasta que cavaré alrededor de él y lo abonaré”; como
quien dirá, eso lo haría. De donde podemos notar tanto: Que el trabajo y las
penas de los ministros es un medio por el cual Dios ha santificado y
designado para el bien y la edificación del pueblo. Si algo les hace bien y les
hace ser lo que deben ser, esto es lo que debe hacerlo: predicarles y
esforzarse con ellos. El segundo está tomado de la higuera, por medio de
una doble suposición. O bien, en primer lugar, de futura fecundidad. “Si da
fruto, bien”; o, en segundo lugar, de mayor incorregible; y, “si no,
entonces,” etc. Primero, para hablar de los primeros; a saber, la suposición
de fecundidad futura. “Si da fruto, bien”. Esta palabra, “bien”, no está
expresada en el texto original, pero es necesariamente suministrada aquí en
nuestra traducción al inglés, para completar el sentido. Primero, “Bien”: es
decir, bien para el Señor y Dueño de la viña: bien para ti; estará bien. Así que,
cuando la higuera da fruto, bien le va a su dueño (Pro 27:18). Y aquí está;
cuando un pueblo resulta fructífero, Dios mismo es mucho mejor por ello.
Esto no debe tomarse estricta y rigurosamente, sino a modo de
dispensación. Dios cuenta y se considera beneficiado cuando hacemos lo
que es nuestro deber delante de Él; cuando somos activos y fructíferos en
bondad, y respondemos a esas graciosas oportunidades y ventajas de ser
mejores que Dios en bondad nos brinda, por lo tanto, honramos más a Dios
y expresamos Su gracia en nosotros, según nos corresponde. “En esto es
glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto”, dice el mismo Cristo a sus
discípulos (Juan 15:8). En segundo lugar, “Bien”: es decir, bien para el
labrador y labrador de la viña. “Bien”, es decir, bien por ti. Es bueno para el
ministro cuando el pueblo prospera en bondad, y es fructífero en toda
buena obra: a saber, por esta razón; porque ve algún buen éxito y efecto de
su trabajo entre ellos. En tercer lugar, bien por la viña y el resto de los
árboles que hay en ella. Una higuera estéril e infructuosa puede echar a
perder toda una hilera de árboles. Perjudica a otras plantas que están cerca
de él. Por otra parte, cuando alguno es fructífero y activo, y celoso en la
bondad; su celo, provoca tanto más a la piedad a muchos otros. Y así le va
bien a la viña. Por último, y más especialmente; bueno, para la higuera
misma. Bien le conviene a toda persona, cuando de estéril, llega a ser
fecunda en toda buena obra (Sal 128:2). Y tanto puede bastar para hablar
aquí de la primera suposición mencionada; a saber, de fecundidad futura, en
estas palabras: “Si da fruto, bien”. El segundo es, de mayor incorregible; en
estos; “y si no, entonces, después de eso, lo cortarás”. Qué palabras,
“después de eso”, parecen llevar consigo una doble referencia y respeto.
Uno es al Señor de la viña; paciencia y tolerancia hacia ella. “Después”; esto
es, después de que lo hayas dejado solo por un año más, como yo deseo de
ti; si después de eso sigue resultando infructuoso, entonces haz así y así con
él. El segundo es, a los dolores y trabajos del viñador al respecto. “Después
de eso”, es decir, después de eso he cavado alrededor de él y lo he abonado;
si después de eso todavía no resulta mejor, sino que permanece estéril e
infructuoso todavía; entonces, digo, no más, sino esto; que “lo cortarás”. Y
aquí, de nuevo, esta expresión: “Tú lo cortarás”, tiene un doble énfasis.
Primero, un énfasis de predicción; y en segundo lugar, un énfasis de
permiso. Un énfasis de predicción “Tú lo cortarás”, es decir, tú lo cortarás:
no hay nadie que te lo pueda impedir. Un énfasis de permiso: “Tú lo
cortarás”; es decir, puedes cortarlo; no hay nadie que te lo impida. De
ambos juntos, tenemos estos dos puntos observables de nosotros: Primero,
que la infructuosidad continua de un pueblo, después de las largas
expectativas de Dios de ellos, y la paciencia de ellos, hace que Sus juicios
caigan inevitable e irrecuperablemente sobre ellos. Después de eso, lo
cortarás; es una palabra de predicción o conminación. En segundo lugar,
que la continua esterilidad de un pueblo, después de haber disfrutado
mucho de los medios y trabajos de los ministros entre ellos, quita las
oraciones e intercesiones de los ministros por ellos. Después de eso, puedes
cortarlo. Y entonces es una palabra de permiso, o sumisión, a la voluntad y
mente del Señor de la viña. (Thomas Herren, DD)
El uso de la disciplina prolongada
Creo que algo puede se gana aquí descendiendo a los detalles. Una de estas
operaciones agrícolas imparte al árbol los elementos de la fecundidad, y la
otra permite que el árbol haga suyos estos elementos. Cavar no da nada al
árbol; pero abre oportunidades por las cuales los obsequios de otra parte
pueden estar prácticamente disponibles. El estiércol contiene el alimento
que la planta debe recibir, asimilar y convertir en fruto; pero si la tierra
endurecida no se aflojaba cavando, el alimento necesario nunca llegaría a su
destino. Procesos similares se aplican en la cultura espiritual: ciertas
excavaciones tienen lugar alrededor y entre las raíces de las almas estériles,
así como de las higueras estériles. Duelos y pruebas de varios tipos golpean
y desgarran; pero éstos no pueden por sí mismos renovar y santificar.
Pueden causar dolor, pero no pueden impartir fertilidad; el espíritu muy
angustiado puede ser tan infructuoso como los espíritus que están
tranquilos en Sión. Estos desgarramientos, sin embargo, son preciosos
como medios para abrir un camino por el cual los elementos de vida
espiritual transmitidos por la Palabra y el Espíritu puedan llegar a su destino.
El Señor, que vierte el alimento para el sustento de un alma, agita esa alma
con Su providencia, para que la gracia llegue a la raíz y sea asimilada. llegar
a la planta cuyas raíces yacen bajo un suelo intacto y endurecido durante
mucho tiempo, para que la gracia de Dios contenida en el evangelio
predicado se mantenga a raya por una mente carnal y una conciencia
cauterizada. Es cuando las aflicciones desgarran el corazón, como la reja del
arado rompe la tierra, que los elementos de la vida ofrecidos por mucho
tiempo son finalmente recibidos. Es así que la providencia y la gracia
conspiran para lograr el propósito de Dios en la salvación de los hombres.
En esta obra se encuentran la misericordia y el juicio; y pecadores salvados,
en la tierra y en el cielo, juntaron ambos en su canto de alabanza (Sal 101:1).
(W. Arnot.)
Plegando por un respiro
“Si alguna circunstancia particular podría considerarse como una impresión
más profunda, duradera y seria que otras, fue un sueño que tuve cuando
estaba en la escuela. Sentí la aprensión de la proximidad del último gran día
del juicio. Después de haber visto grandes multitudes de la raza humana que
se presentaban ante el trono de Cristo, algunos aprobados y otros
rechazados, finalmente vi a mi amado padre y madre, y a varios de la familia.
Los escuché claramente examinados, y con la misma claridad escuché al juez
decir: ‘Bien hecho’. En este período toda mi alma se llenó de horror, siendo
consciente de que no estaba preparado para pasar mi escrutinio final.
Finalmente, se anunció mi nombre y sentí todas las agonías de una mente
que espera ser desterrada de la presencia de Dios. El juez, entonces, en un
lenguaje que me impresionó con una mezcla de vergüenza y esperanza, dijo:
‘Bueno, ¿qué dices? ‘Me postré a Sus pies, e imploré misericordia, y oré:
‘Señor, permíteme un poco más, y cuando vuelvas a llamarme, espero estar
listo’. Con una sonrisa que me tranquilizó el ánimo, el Señor respondió: ‘Ve,
pues, y aprovecha el tiempo que te ha sido dado’. Me despertó la extrema
agitación; pero tan profunda fue la impresión, que nunca la he olvidado.”
(Herbert Mends.)
Más tiempo para el arrepentimiento
John Hardonk, mientras estaba a bordo , soñó una noche que había llegado
el día del juicio, y que la nómina de la tripulación del navío era llamada menos
su propio nombre, y que esta tripulación era toda desterrada; y en su sueño
le preguntó al lector por qué se omitió su propio nombre, y se le dijo que era
para darle más oportunidad de arrepentirse. Despertó a un hombre
diferente. Llegó a ser ilustre por sus logros cristianos. (Dr. Talmage.)
Fruto buscado por Dios
Lo primero que golpea nosotros, quizás, en la transacción, es SU
INDIVIDUALIDAD. Debe haber habido muchas vides y muchas higueras en la
viña; pero la historia se cuenta como si toda la viña fuera para ese solo árbol;
y como si el gran Propietario sólo se preocupara por él. Ya sea que
recordemos qué tan pronto comenzó, o con qué frecuencia o cuánto
tiempo ha estado, Él no se olvida, Él lo ha catalogado y registrado. “He
aquí”, implica que la persona a la que se dirige es muy consciente de lo largo
que ha sido el tiempo, y de lo ansioso y paciente que ha sido el Aparador:
“He aquí, estos tres años vengo a buscar fruto en esta higuera, y no halléis
nada: cortadlo. ¡Vaya! es un recuerdo muy humillante, esos años de amor y
cuidado, es muy humillante, si no más, esos años de infidelidad y vacío que
Dios ha ido contando todo el tiempo. Y obsérvelo: es el Dresser quien ha
sido el buscador, y Aquel que hizo todo por usted es el que ha estado
buscando algo de usted. Y la verdadera medida del vacío es la extensión de
la cultura. Si el aderezo no hubiera sido lo que es, la maravilla hubiera sido
menor. ¿QUÉ ES “FRUTA”? ¿Qué es para el hombre lo que los higos para la
higuera? Respondo, primero, sería algo propio de su naturaleza, acorde con
su ser. “Porque los hombres no recogen uvas de los espinos, ni higos de los
cardos”. ¿Y cuál es la naturaleza del ser de un hombre? Físico, intelectual,
apasionado, espiritual. Tales, pues, deben ser frutos, reales y tangibles,
visibles y sentidos, razonables, reflexivos, equilibrados, afectuosos,
fervorosos, de espíritu en expansión a espíritu, asemejándose a Dios. Y debe
ser “fruto” en su tiempo. No esperamos el fruto del hombre a la edad del
niño. Puede haber frutos separados para un hombre y frutos separados para
una mujer. Y cada hombre tiene su propio fruto especial, que debe dar. Y
luego, debe estar en el hombre como está en el árbol natural. El árbol toma
de su propio suelo, y por un extraño proceso de transformación, lo que
tomó en una forma, terrenal, aparece finalmente en otra, por su belleza y
utilidad, celestial. Así debe ser en un hombre. Lo que debe dar a Dios no es
un servicio angélico, sino humano. Debe sacarlo de “la tierra, pero asume
un carácter diferente, no el suyo propio. ¿Cómo ocurre eso? La savia que
fluye de la raíz a través del tallo, corre hacia las ramas, y allí se difunde a cada
zarcillo, hace un depósito y forma así el fruto. Así también el Espíritu Santo,
brotando del amor eterno del Padre, por medio del Hijo, el Señor Jesucristo,
se abre paso a cada miembro injertado en el cuerpo místico, y sale a cada
parte, la más débil, la más diminuta. del hombre—cada sentimiento, cada
pensamiento, cada palabra, cada movimiento, haciendo santidad. Pero
muchas tormentas y muchos rayos de sol; muchas noches oscuras y muchos
días claros; muchos vientos, y muchas lluvias, y muchos fríos, van a hacer
cada uno su propio trabajo, hasta que florece; y cuando se asienta, una y
otra vez, hasta que el capullo se convierte en “fruto”, y este fruto, hasta que
es dulce. Debe tener su propio sabor verdadero y propio. Así es contigo.
Debéis pasar por todos los cambios de vuestra atmósfera moral, debéis
conocer varias disciplinas, hasta que, poco a poco, por esa savia, que es el
Espíritu de Dios, viniendo a vosotros por medio de Jesucristo, obtengáis el
amor, el amor de Dios. , el dulce sabor del amor, sin el cual nada es fruto. (J.
Vaughan, MA)
Fruta o no fruta
Supongamos ahora que la pasa el tiempo predestinado, y no eres fructífero?
Ya no habrá más aviso, vendrá en voz baja, solemne, instantánea, abrupta,
irrevocable, “Córtalo”.
Entonces “el hacha será puesta a la raíz,” y subirás a tu cama, y comenzarás
a decaer y a desvanecerte. O un golpe lo hará en un momento, y te
acostarás, cosa que nunca ha cumplido su propósito de vida; entonces,
¿cómo es vivir para siempre? Pero si de lo contrario, si comienzas ahora, en
cualquier grado, realmente a vivir para Dios, y pagar el cuidado de Dios, y
honrarlo, ¿qué tendrás entonces? No hay respuesta dada en el original.
Hemos puesto “bien”. Dios lo había dejado en blanco, para que cada uno lo
llenara como quisiera; y no podemos llenarlo con demasiado. Pero déjalo
así, “bueno”. “Si da fruto, bien”. “Bien”, toda salud, toda gozosa salud para
el alma, “bien”. “Bien” será vivir bien, morir bien, encontrarse bien con Dios.
“Bien” será para seguir dando más fruto por los siglos de los siglos. “Bien”
será para ti ser eternamente feliz, y Cristo para “ver el fruto de la aflicción
de su alma en ti, y quedar satisfecho”. “Bien.” Entonces, ¿cuál es la
conclusión? No sigas viviendo una vida inútil. Deja que Dios tenga alguna
satisfacción en ti. Comience de una vez. Hacer algo. Que se vea algún
“fruto”: en el hogar, en su temperamento, en sus relaciones sexuales, en su
conducta diaria, en su propia familia. Que haya más “fruto” en nuestro
propio armario, en una comunión más real con Dios en privado. Que haya
un “fruto” en el mundo, en algo asumido y hecho definitivamente para el
Señor Jesucristo. Que haya un “fruto” en la Iglesia: adoración más
verdadera, uso más frecuente de las ordenanzas, más simpatía y amor
mostrado a todos los hermanos. Y que haya un “fruto”, el mejor fruto, en
tu propia alma, más de Jesús allí, una humildad, una ternura, una santa
sencillez, que mostrará a Jesús, tal como las uvas muestran a la vid. (J.
Vaughan, MA)
Fructicidad el indicador de valor
Hace años en Los hombres dicen que estimaron el valor de la tierra por el
número de olivos que había en ella. ¿Cuántos portadores del precioso aceite
estaban dando su producto? Esa fue la cuestión que resolvió el valor de la
trama. ¿No es esta la verdadera manera de estimar la importancia de una
Iglesia cristiana? El mero tamaño no es un criterio; la riqueza es una medida
aún más engañosa, y el rango y la educación no son mejores. ¿Cuántos están
dando fruto para el Señor en una vida santa, en intercesión devota, en
esfuerzos fervientes para ganar almas y en otros métodos por los cuales se
produce fruto para el Señor? Jesús busca fruto (Mar 11:13), Sus operaciones
sobre nosotros están destinadas a producir fruto (Luk 13:9), y si no hay
ninguno en una iglesia, podemos esperar escucharlo decir de ella como lo
hizo en la antigüedad: “Y ahora ve; Os diré lo que haré con mi viña: quitaré
su vallado, y será comida; y derribad su muro, y será hollado; y yo lo asolaré;
no será podado, ni excavado; pero subirán cardos y espinos; también
mandaré a las nubes que no llueva sobre ella. (CHSpurgeon.)
¿Cuántas veces el Señor nos habló de la importancia de dar fruto? ¿Y qué es
el fruto? Cuando Jesús habla del fruto habla de llevar, una vida que agrada a
Dios. Una vida que refleje el obrar de Dios en nuestras vidas: en paciencia,
en humildad, en confianza y fe, en amor a otros, en servicio, en dedicación,
en sacrificio.
La higuera de la parábola era una higuera privilegiada, estaba en una tierra
fértil, y sin embargo no estaba dando fruto. El viñador piensa en cortarla
pero decide darle una nueva oportunidad.
Eso tiene que hacernos reflexionar a nosotros, acerca de nuestra propia
vida. Si examinamos nuestro andar ¿estamos dando frutos?
Dos lecciones valiosas que podemos considerar:
Una señal de que somos hijos de Dios es que estamos creciendo y
desarrollando nuestro espíritu, estamos produciendo fruto. No es posible
decir que somos creyentes y que eso no se vea reflejado en nuestro caminar
diario.
El Señor nos brinda una segunda oportunidad. Si al considerar nuestro
camino vemos que estamos estancados, que necesitamos rendir áreas de
nuestra vida al Señor, que necesitamos que Él trabaje en nuestro carácter,
aún estamos a tiempo.
† Cuales son mis esterilidades,
† Cuales son mis tibiezas
† Cuales son los frutos que quiero ofrecer
7. Permanecer en Cristo
8. 1. Oración inicial
9.
10. EVANGELIO
1. Oración inicial
¡Señor, Tú eres! Y esto nos basta para vivir, para continuar
esperando cada día, para caminar en este mundo, para no
escoger el camino errado del aislamiento y de la soledad. Sí, Tú
eres por siempre y desde siempre; eres y permaneces, ¡oh Jesús!
Y este tu ser es un don continuo también para nosotros, es fruto
siempre maduro, porque nos alimentamos y nos hacemos fuertes
por Ti, de tu Presencia. Señor, abre nuestro corazón, abre nuestro
ser a tu ser, ábrenos a la Vida con el poder misterioso de tu
Palabra. Haznos escuchar, haznos comer y gustar este alimento
del alma; ¡ve cómo nos es indispensable! Envía, ahora, el buen
fruto de tu Espíritu para que realice en nosotros lo que leamos y
meditemos sobre Ti.
Juan 15, 1- 8.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el viñador. A todo sarmiento mío que
no da fruto lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más
fruto.
Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he hablado; permaneced
en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no
permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.
Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él,
ése da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada.
Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca;
luego los recogen y los echan al fuego, y arden. Si permanecéis en mí, y mis
palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará.
Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así
seréis discípulos míos».
ESTUDIO DEL TEXTO
¿Qué dice el texto? El texto que vamos a orar hoy se sitúa en el
inicio/apertura del capítulo 15 del Evangelio de San Juan. Estos versículos
pertenecen a la primera unidad literaria 15, 1-17 que desarrolla la relación de
reciprocidad que existe entre Jesús y sus discípulos. Los versículos 1-8
presentan la metáfora de la vid, el amor de Jesús hacia sus discípulos y están
marcados por la repetición de la expresión: “permaneced en mi amor”,
permanecer es la palabra clave de todo el fragmento.
Este capítulo junto a Jn 5 pertenece a los discursos más largos de Jesús en
el evangelio de Juan. Algunos biblistas afirman que Jn 15 es un añadido
tomado de una supuesta escuela de Juan.
La primera parte de este monologo de Jesús está caracterizado por las
palabras “permanecer” y “amor”. El amor en este trecho es el motivo
vinculante entre Jesús y sus discípulos. 15, 1 inicia con el “Yo soy” que se
complementa con “mi Padre” y “vosotros sois” así: yo soy la vid verdadera
(15,1) yo soy la vid (15,5), mi Padre es el viñador (15, 1) y vosotros sois los
sarmientos/las cepas (15,5) todo hace referencia a un trabajo conjunto y vida
en común.
La metáfora de la vid por su parte es todo lo que necesita Jesús para poner
a sus oyentes a reflexionar sobre él, su Padre y sobre sí mismos como
discípulos, él mismo es la vid. La imagen sugiere una forma física de vida en
común, de ser fructíferos juntos, de crecimiento conjunto, para esto los
discípulos ya están limpios (15,3) ellos por la palabra de Dios pronunciada a
través de Jesús están consagrados a Dios, le pertenecen, es la palabra de
Jesús la que purifica y los une a Dios mismo. Aunque Jesús va a enfrentarse
a la muerte es para los suyos fuente de vida y de santidad, por eso es posible
producir frutos (15,6). El demuestra la gran fecundidad que tiene
permanecer en él y muestra a sus discípulos que compromiso implica asumir
y cuáles son las expectativas de Dios.
Para finalizar precisa algo muy importante: para que el fruto sea copioso el
padre-viñador es quien realiza todos los cuidados para que así sea, él corta
y poda, este proceso de purificación se realiza cuando el discípulo acoge la
palabra de Jesús.
MEDITACIÓN
¿Qué mensaje tiene Dios para mí a través del texto?
Comunión, unión, entrar en relación es el ambiente vital del discipulado,
somos seguidores de Jesús porque en nuestro corazón resuena el “yo soy”
como expresión de una identidad que atrae al seguimiento, aun si este trae
la cruz, aún si este supone morir para vivir como posibilidad de dar fruto.
Esta común-unión con Jesús vivida en clave de permanencia es la fuente del
amor verdadero, el amor de Dios comunicado a nosotros a través de Jesús,
él nos llamó, nos hizo sus amigos, nos permitió ser parte de los suyos, de su
familia. Una familia que tiene al Padre como meta, como el que cuida la vid:
nuestra vida, nuestra familia, la comunidad, la Iglesia, el mundo.
Él nos conoce, nos ama como ama a su hijo, en su hijo nos hizo sus hijos por
eso poda, corta para limpiar, purificar nuestra vida y nuestro corazón (lugar
de las decisiones que tomamos), para darnos la oportunidad de amar como
él ama.
Por otra parte, como el sarmiento participa de la vida de la vid, así nosotros
los discípulos de Jesús por nuestra adhesión a él participamos de su relación
de intimidad con el Padre, con quien Jesús es uno, y nosotros podemos ser
uno, por opción, por amor. Por eso si Jesús permanece en nosotros, nos
habita y nosotros permanecemos en él, tenemos la posibilidad de dar fruto,
los frutos de la santidad, de la configuración con Cristo. En este sentido el
permanecer unidos a la Palabra (Jn 8,31), en el amor (Jn 15,9-10), en la luz (1
Jn 2, 10) en Dios (1 Jn 4, 13-16) se convierte en nuestra oportunidad para
manifestar en nuestra vida su gloria, su acción salvadora, porque somos
conscientes de que sin Él no podemos hacer nada.
Pidamos entonces lo que necesitamos, lo que necesita el mundo porque
tenemos la seguridad de que seremos escuchados y aquello que pidamos se
realizará… porque somos sus discípulos, sus amigos.
Algunas preguntas
que me ayuden a permanecer, a descubrir la belleza de la vida, que es Jesús;
que me guíen al Padre, para dejarme asir de Él y trabajar, seguro de su buen
trabajo de amoroso Agricultor ; y que me sostenga dentro de la savia vital
del Espíritu, para encontrarme con Él como única cosa necesaria, para pedir
sin cansarme.
a) "Yo soy": es muy bello que el pasaje comience con esta afirmación, que
es como un canto de alegría, de victoria del Señor, que a Él le gusta cantar
continuamente dentro de la vida de cada uno de nosotros. "Yo soy: y lo
repite al infinito, cada mañana cada tarde, cuando llega la noche, mientras
dormimos y de Él no nos acordamos. Él en cambio vive propiamente en
función de nosotros: existe por su Padre y por nosotros, para nosotros. Me
reposo sobre estas palabras y no sólo las escucho, sino que las hago entrar
dentro de mí, en mi mente, en mi más recóndita memoria, en mi corazón,
en todos los sentimientos que me embargan y la retengo para rumiarla y
absorber aquel su Ser en mi ser. Comprendo, ahora, dentro en esta Palabra,
que yo no soy, sino en Él y que no puedo ser nada, sino permanezco dentro
del ser de Jesús. Pruebo a descender a lo más profundo de mi ser, venciendo
los miedos, atravesando toda la oscuridad que puedo encontrar y recojo
aquella parte de mi ser, de mí, que mayormente siento sin vida. La tomo en
la mano y la porto a Jesús, la consigno al su "Yo soy".
b) La vid me hace traer a la mente el vino, ese fruto tan bueno y precioso,
me hace pensar en la alianza que Jesús cumple con nosotros, nueva y
eterna, alianza de amor, que nada ni nadie podrá romper. ¿Estoy dispuesto
a permanecer dentro de este abrazo, dentro de este sí continuo de mi vida,
que se deja entrelazar con la suya? ¿Alzaré también yo, como el salmista, el
cáliz de la alianza, invocando el nombre del Señor y diciéndole que, sí, que
yo lo amo?
c) Jesús define a su Padre como "agricultor" o "viñador", utilizando un
término muy bello que lleva dentro de sí toda la fuerza del amor del que se
dedica al trabajo de la tierra; expresa un doblarse sobre la tierra, un
acercarse del cuerpo y del ser, un contacto prolongado, un intercambio
vital. ¡El Padre hace exactamente esto con nosotros! San Pablo dice sin
embargo: "El agricultor, que se fatiga, debe ser el primero en recoger los
frutos de la tierra" (2 Tim 2,6) y con él Santiago nos recuerda que "el
agricultor espera pacientemente los frutos de la tierra". (Sant 5,7).
¿Desilusionaré, yo tierra, la esperanza del Padre que me cultiva cada día,
cavando la tierra, limpiándome de piedras, poniéndome buen abono y
construyéndome una valla alrededor, para que yo permanezca protegido?
¿A quién consigno yo los frutos de mi existencia? ¿Para qué existo yo, para
quién decido y escojo el vivir de cada día, cada mañana, cuando me levanto?
d) Sigo con atención el texto y subrayo dos verbos, que se repiten con
mucha frecuencia: "llevar fruto" y "permanecer"; entiendo que estas dos
realidades son símbolo de la misma vida y están las dos entrelazadas, una
depende de la otra. Solamente permaneciendo es posible llevar fruto y, en
realidad, el único verdadero fruto que nosotros, sus discípulos, podemos
llevar en este mundo es precisamente el permanecer. ¿Dónde permanezco
yo, cada día, por todo el día? ¿Con quien permanezco? Jesús une siempre
este verbo a esta partícula estupenda, gigantesca "in me". ¿Me confronto
con estas dos palabras: yo estoy "in", o sea, estoy dentro, vivo en lo
profundo, excavo para buscar al Señor, como se excava para hacer un pozo
(cfr Gén 26, 18) o para buscar un tesoro (Prov 2, 4), o más bien, estoy fuera,
siempre disperso sobre las diversas superficies de este mundo, lejos lo más
posible de la intimidad, de la relación y del contacto con el Señor?
e) Por dos veces Jesús nos coloca delante la realidad de su Palabra y nos
revela que es élla la que nos vuelve puros y es también élla la que nos abre
el camino de la oración verdadera; La Palabra se nos anuncia y se nos da
como presencia permanente en nosotros; también ella, de hecho, tiene la
capacidad de permanecer, de fabricar su casa en nuestro corazón. Por tanto
debo preguntarme: ¿Qué oídos tengo yo para escuchar este anuncio de
salvación y de bien, que el Señor me envía a través de sus Palabras? ¿Dejo
espacio a la escucha, a esta escucha profunda, de la que toda la Escritura me
habla continuamente, en la Ley, en los Profetas, en los Salmos, en los
Escritos apostólicos? ¿Me dejo encontrar y alcanzar hasta el corazón por la
Palabra del Señor en la oración, o prefiero fiarme de otras palabras, más
suaves, más humanas y semejantes a las mías? ¿Tengo miedo de la voz del
Señor, que me habla urgentemente y siempre?
5. Una clave de lectura
Como sarmiento, busco el modo de estar siempre más injertado en mi Vid,
que es el Señor Jesús. Bebo, en este momento, de su Palabra y de su savia
buena, tratando de penetrar más en profundidad para absorber el
escondido alimento, que me transmite la verdadera vida. Estoy atento a las
palabras, a los verbos, a las expresiones que Jesús usa y que me reclaman a
otros pasajes de las divinas Escrituras y me dejo, así, purificar.
El encuentro con Jesús, el Yo Soy
Este pasaje nos ofrece uno de los textos en el que aparece esta expresión
tan fuerte, que el Señor nos envía para revelarse a sí mismo. Es muy bello
recorrer en un largo paseo toda la Escritura, a la búsqueda de otros textos
como éste, en el que la voz del Señor nos habla así directamente de él, de
su esencia más profunda. Cuando el Señor dice y repite hasta el infinito y de
mil modos, de mil formas diversas "Yo Soy", no lo hace para anonadarnos o
humillarnos, sino por la fuerza portentosa de su amor hacia nosotros, que
nos quiere hacer partícipes y vivos de esta vida que a le pertenece. Si dice
"Yo Soy", es para decir también: "Tú Eres" y decirlo a cada uno de nosotros,
a todo hijo suyo o hija suya que viene a este mundo. Es una transmisión
fecunda e ininterrumpida de ser, de esencia y yo no quiero dejarla caer en el
vacío, sino que quiero recogerla y acogerla dentro de mi. Sigo, pues, la
huella luminosa del "Yo Soy" y trato de pararme a cada paso. "Yo soy tu
escudo" (Gén 15, 1), "Yo soy el Dios de Abrahán tu padre" (Gén 24, 26), "Yo
soy el Señor, que te ha librado y te librará de Egipto" (cfr Ex 6,6) y de
cualquier faraón, que atente a vuestra vida, "Yo soy el que te cura" (Ex 135,
26). Me dejo envolver de la luz y de la potencia de estas palabras, que
realizan el milagro de que hablan: lo cumplen también hoy, precisamente
para mi, en esta Lectio. Y luego continúo y leo, en el libro del Levítico, por lo
menos 50 veces, esta afirmación de salvación: "Yo soy el Señor" y creo en
esta palabra y me adhiero a ella con todo mi ser, con mi corazón y digo: "Si,
en verdad el Señor es mi Señor; fuera de Él no hay otro". Noto que la
Escritura cada vez profundiza más, a medida que el camino avanza, también
ella avanza dentro de mí y me lleva a una relación siempre más intensa con
el Señor; el libro de los Números, en efecto, comienza a decir: "Yo soy el
Señor que moro en medio de los Israelitas (Núm. 35-44). "Yo soy" es el
presente, aquél que no se aleja, que no da las espaldas para irse; es aquél
que cuida de nosotros de cerca, desde dentro, como solo Él puede hacerlo:
leo a Isaías y recibo vida: 41,10; 43,3; 45,6 etc.
El santo Evangelio es una explosión de ser, de presencia, de salvación; lo
recorro, sobre todo haciéndome guiar de Juan: 6,48; 8,12; 10,9.11; 11,15; 14,
6; 18,37. Jesús es el pan, la luz, la puerta, el pastor, la resurrección, el camino,
la verdad, la vida, es el rey; y todo esto por mi, por nosotros y así quiero
acogerlo, conocerlo, amarlo y quiero aprender, dentro de estas palabras, a
decirle: ¡Señor, Tú eres! Y este "Tú" que da significado al mío yo, que hace
de mi vida una relación, una comunión; sé con certeza que sólo aquí gozo
yo plenamente y vivo por siempre.
La viña, la vid verdadera y el buen fruto
Viña de Dios es Israel, viña predilecta, escogida, plantada sobre una fértil
colina, en un lugar con tierra limpia, labrada, libre de piedras, custodiada,
cuidada, amada, extendida y que el mismo Dios la ha plantado (cfr Is 5,1s:
Jer 2, 21). Es tan amada esta viña, que nunca ha dejado de resonar, para ella,
el cántico de amor de su amado; notas fuertes y dulces al mismo tiempo,
notas portadoras de vida verdadera, que han atravesado la antigua alianza
y han llegado, todavía más claras, a la nueva alianza. Primero cantaba el
Padre, ahora canta Jesús, pero en los dos es la voz del Espíritu la que se hace
sentir, como dice el Cantar de los Cantares: "La voz de la tórtola todavía se
oye…y las vides esparcen su aroma" (Cant 2, 12s). Es el Señor Jesús quien
nos atrae, quien nos lleva del antiguo al nuevo, de amor en amor, hacia una
comunión siempre más fuerte hasta la identificación: "Yo soy esta viña, pero
lo soy también vosotros en mi". Por tanto está claro: la viña es Israel, es
Jesús y somos nosotros. Siempre la misma, siempre nueva, siempre más
elegida y predilecta, amada, cuidada, custodiada, visitada: visitada con las
lluvias y visitada con la Palabra; enviada por los profetas día a día, visitada
con el envío del Hijo, el Amor, que espera amor, o sea, el fruto. "El esperó
que produjese uva, pero dió uvas agraces" (Is 5,2); la desilusión está siempre
al acecho, en el amor. Me detengo sobre esta realidad, me miro dentro,
intento buscar el lugar de cierre, de aridez, de muerte: ¿Por qué la lluvia no
ha llegado?. Me repito esta palabra, que resuena a menudo en las páginas
bíblicas: El Señor espera…" (ver Is 30, 18; Lc 13, 6-9). Quiere el fruto de la
conversión (cfr Mt 3,8), como nos manda a decir por boca de Juan; los frutos
de la palabra, que nacen de la escucha, de la acogida y de su custodia, como
nos dicen los sinópticos (cfr. Mt 13, 23; Mc 420 y Lc 8,15), los frutos del
Espíritu, como explica San Pablo (cfr Gál 5, 22). Quiere que "llevemos frutos
de toda clase de obra buena" (Col 1, 10), pero sobre todo, me parece, el
Señor espera y desea "el fruto del seno" (cfr Lc 1, 42), o sea, Jesús, por el
que somos verdaderamente benditos y dichosos. Jesús, en efecto, es la
semilla que, muriendo, lleva mucho fruto dentro de nosotros, en nuestra
vida (Jn 12, 24) y reta a toda soledad, cerrazón, lanzándonos a los hermanos.
Este es el fruto verdadero de la conversión, sembrado en la tierra de nuestro
seno; este convertirse en sus discípulos y, en fin, esta es la verdadera gloria
del Padre.
La poda como purificación que da gozo
En este pasaje evangélico, el Señor me ofrece otro camino que recorrer
detrás de Él y junto a Él: es un camino de purificación, de renovación, de
resurrección y vida nueva: está oculto por el vocablo "podar", pero puedo
descubrirlo mejor, de iluminarlo gracias a su misma Palabra, que es la única
maestra, la única guía segura. El texto griego usa el término "purificar", para
indicar esta acción del viñador con sus vides; cierto, queda claro que Él poda,
que corta con la espada afilada de su Palabra (Heb 4, 12) y que nos hace
sangrar, a veces; pero es más cierto todavía, que permanece su amor, que
sólamente penetra, cada vez más y así nos purifica, nos refina, Sí, el Señor
se sienta como lavandero para purificar, o es como un orífice para hacer más
resplandeciente y luminoso el oro que tiene en sus manos (cfr Mal 3, 3).
Jesús trae consigo una purificación nueva, la prometida desde hace tanto
tiempo por las Escrituras y esperada para los tiempos mesiánicos; no es una
purificación que llega mediante el culto, mediante la observancia de la ley o
sacrificios, purificación sola provisional, incompleta, temporal y figurada.
Jesús realiza una purificación íntima, total, la del corazón y la conciencia, que
cantaba Ezequiel: "Os purificaré de todos vuestros ídolos; os daré un
corazón nuevo…Cuando yo os purifique de todas vuestras iniquidades, os
haré habitar en vuestras ciudades y vuestras ruinas serán
reconstruidas…(Ez 36, 25ss.33). Leo también en Ef 5,26 y Tit 2, 14, muy
buenos y grandes testigos, que me ayudan a entrar mejor dentro de la luz y
la gracia de esta obra de salvación, de esta poda espiritual que el Padre
cumple en mi.
Hay un versículo del Cantar que puede ayudarme todavía más a
comprender; dice así: "El tiempo del canto ha vuelto" (Cant 2,12), usando sin
embargo, un verbo que significa al mismo tiempo "podar", "tallar" y
"cantar". Por tanto la poda es tiempo de canto, de gozo. Es mi corazón el
que canta, delante y dentro de la Palabra, es mi alma la que se regocija, por
la fe, por que sé que a través de esta larga pero magnifica peregrinación por
las Escrituras, también yo me hago partícipe de la vida de Jesús, consigo
unirme a Él, el puro, el santo, el Verbo inmaculado y permaneciendo así, en
Él, también yo soy lavado, purificado con la pureza infinita de su vida. No
para mí, no para permanecer solo, sino para llevar mucho fruto, para dar
hojas y frondas que no se marchitan, para ser sarmiento, junto a otros
sarmientos, en la vida de Jesucristo.
6. Un momento de oración: Salmo 1
Meditación sobre la felicidad del que vive de la Palabra y gracias a ella
produce fruto
Rit. ¡Tu palabra es mi gozo, Señor!
Feliz quien no sigue consejos de malvados
ni anda mezclado con pecadores
ni en grupos de necios toma asiento,
sino que se recrea en la ley de Yahvé,
susurrando su ley día y noche. Rit.
Será como árbol plantado entre acequias,
da su fruto en sazón, su fronda no se agosta.
Todo cuanto emprende prospera:
pero no será así con los malvados. Rit.
Serán como tamo impulsado por el viento.
No se sostendrán los malvados en el juicio,
ni los pecadores en la reunión de los justos.
Pues Yahvé conoce el camino de los justos,
pero el camino de los malvados se extravía. Rit.
7. Oración final
¡Señor, todavía tengo la luz de tu Palabra dentro de mí; toda la fuerza
sanadora de tu voz resuena dentro de mi todavía! ¡Gracias Viña mia, mi savia;
gracias mi morada en la cual puedo y deseo permanecer; gracias, mi fuerza
en el obrar, en el cumplir cada cosa; gracias maestro mío! Tú me has llamado
a ser sarmiento fecundo, a ser yo mismo fruto de tu amor por los hombres,
a ser vino que alegre el corazón; ¡Señor, ayúdame a realizar esta tu Palabra
bendita y verdadera! Solo así, seguro, viviré verdaderamente y seré como tú
eres y permaneces.
No permitas Señor, que yo me equivoque de tal modo, que quiera
permanecer en Ti, como sarmiento en su vid, sin los otros sarmientos, mis
hermanos y hermanas; sería el fruto más amargo, más desagradable de
todos. ¡Señor, no sé rezar: enséñame Tú y haz que mi oración más bella sea
mi vida, transformada en un grano de uva, para el hambre y para la sed, para
el gozo y compañía del que venga a la Vid, que eres Tú. ¡Gracias, porque Tú
eres el vino del Amor!
ORACIÓN
¿Qué le decimos a Dios como respuesta a su mensaje?
«Cuando se poda la vid,
se la despoja de todas las ramas,
los sarmientos. Sólo queda un
tronco áspero y oscuro,
sin la más mínima hoja verde.
Cualquiera que no sepa de podas,
dirá que la vid está absolutamente
muerta en medio del invierno.
Sólo quedan pegados al tronco
unos centímetros de algunas ramas
que dieron fruto en otro tiempo
y que ahora parecen muñones sin futuro». (P. Arrupe S.J)
Agradezco a Dios todos los momentos de poda que he vivido a lo largo de
mi vida, y la vida nueva que me permitieron recibir y compartir.
«Cuando se poda una rama,
pueden seguir saliendo por los cortes
pequeñas gotas de savia
como si llorasen la pérdida,
buscando desorientadas
el mismo camino de siempre
que ya no existe». (P. Arrupe S.J)
Reviso mi vida y agradezco los duelos vividos y pido perdón por querer en
tantos momentos no morir a aquello que necesito morir para purificar mi
vida y dar fruto, los frutos que Dios quiere.
«Cuando llega la primavera,
frágil pero indetenible,
la corteza reseca y endurecida de la vid
empieza a abrirse desde dentro
por la fortaleza de la vida
que ha crecido en su interior.
El rigor del frío se va alejando de su entorno.
Aparecen los brotes, las ramas,
las hojas, y los racimos de uvas.
Es tiempo de sorpresa,
una toma de conciencia
de una vitalidad asombrosa
en su pequeñez y vulnerabilidad,
que ya es imposible de esconder y detener
bajo la cáscara». (P. Arrupe S.J)
Agradezco a Dios mi debilidad, mi vulnerabilidad, le pongo nombre a aquello
que me permite sentirme necesitada de él, porque sin él no puedo hacer
nada.
CONTEMPLACIÓN
¿Cuál es mi compromiso? Una palabra se repite once veces en una parábola
tan breve como la de Jn 15, esta palabra es permanecer. Es como una idea
fija del escritor/narrador que teje todo el texto, la clave que explica el texto.
En las podas que vivimos lo más importante es permanecer pegados al
tronco de donde nos llega la vida, aunque todo parece muerte. Nuestra
invitación es a hacer de los momentos de poda, de purificación, momentos
de gracia donde dejemos que Dios nos hable al corazón, nos abrace, nos
consuele para continuar nuestra vida y así dar fruto.
«Durante semanas en la vid podada
no sucede nada por fuera,
pero dentro, célula a célula,
se va gestando la primavera
con procesos diminutos e invisibles.
El ritmo es lento y no responde
a las impaciencias del agricultor
ni a la hostilidad del clima que la rodea.
Todo el trabajo es interior
y silencioso». (P. Arrupe S.J)
11. Celebración de la Santa MISA.
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RETIRO DE CUARESMA PARA VIVIR LA PASCUA.pdf

  • 1. PARROQUIA MARÍA AUXILIO DE LOS CRISTIANOS RETIRO DE CUARESMA 1. Introducción al retiro 2. ORACIÓN Disposición para la Oración • Deja un momento tus ocupaciones habituales, busca el silencio, exterior e interior. • Entra un instante en ti mismo, • apártate del tumulto de tus pensamientos. Pacífica tu interior. Arroja lejos las preocupaciones agobiantes y las inquietudes que te oprimen. • Reposa en Dios un momento y descansa siquiera un instante. • Entra en lo más profundo de tu alma, aparta de ti todo excepto a Dios. • Todo está bien aquí y ahora. Ya habrá otro momento durante el día para volver a ocuparnos de oras cosas. • Tu cuerpo se encuentra completamente relajado, libre de tensiones, tu mente se encuentra completamente despejada, libre de ansiedad o miedo. • Descubre en éste instante la voluntad de Dios. Señor, qué quieres que haga? • Habla, Señor, que tu siervo escucha
  • 2. Estamos ante ti, Espíritu Santo, reunidos en tu nombre. Tú que eres nuestro verdadero consejero: ven a nosotros, apóyanos, entra en nuestros corazones. Enséñanos el camino, muéstranos cómo alcanzar la meta. Impide que perdamos el rumbo como personas débiles y pecadoras. No permitas que la ignorancia nos lleve por falsos caminos. Concédenos el don del discernimiento, para que no dejemos que nuestras acciones se guíen por prejuicios y falsas consideraciones. Condúcenos a la unidad en ti, para que no nos desviemos del camino de la verdad y la justicia, sino que en nuestro peregrinaje terrenal nos esforcemos por alcanzar la vida eterna. Yo siento señor que tu me amas Yo siento señor que te puedo amar Háblame señor que tu siervo escucha Háblame que quieres de mi Señor tu has sido grande para mi En el desierto de mi vida háblame Yo quiero estar dispuesto a todo Toma mi ser mi corazón es para ti Por eso canto tus maravillas Por eso canto tu amor Por eso canto tus maravillas Por eso canto tu amor Lara, Lara, Lara, la, la, la Te alabo Jesús por tu grandeza Mil gracias te doy por tu gran amor Heme aquí señor para acompañarte Heme aquí que quieres de mí Señor tu has sido grande para mi En el desierto de mi vida háblame Yo quiero estar dispuesto a todo Toma mi ser mi corazón es para ti Por eso canto tus maravillas Por eso canto tu amor Por eso canto tus maravillas Por eso canto tu amor Lara, Lara, Lara, la, la, la Oración: Adsumus, Sancte Spiritus.
  • 3. Esto te lo pedimos a ti, que obras en todo tiempo y lugar, en comunión con el Padre y el Hijo por los siglos de los siglos. Amén. Canto de entrada CANTO: NOS HAS LLAMADO AL DESIERTO NOS HAS LLAMADO AL DESIERTO, SEÑOR DE LA LIBERTAD Y ESTÁ EL CORAZÓN ABIERTO A LA LUZ DE TU VERDAD. SUBIMOS CON ESPERANZA LA ESCALADA CUARESMAL EL PUEBLO DE DIOS AVANZA HASTA LA CUMBRE PASCUAL. Tu pueblo, Señor, camina desde la aurora al ocaso a tu Pascua se encamina y te sigue, paso a paso. ESTRIBILLO. Señor, te reconocemos y tu Palabra escuchamos, tus caminos seguiremos y tu ley de amor cantamos. NOS HAS LLAMADO AL DESIERTO… Se acerca, Señor, tu día en el que todo florece con su luz y su alegría ya el camino, resplandece. NOS HAS LLAMADO AL DESIERTO…
  • 4. Vengo aquí, mi Señor, a olvidar las prisas de mi vida, ahora sólo importas Tú, dale la paz a mi alma. Vengo aquí, mi Señor, a encontrarme con tu paz que me serena. Ahora sólo importas Tú, dale tu paz a mi alma. Vengo aquí, mi Señor, A que en mi lo transformes todo en nuevo, ahora sólo importas Tú, dale tu paz a mi alma. Oración Padre nuestro, que estás en el Cielo, durante esta tiempo de conversión, ten misericordia de nosotros. Transforma nuestro egoísmo en generosidad. Abre nuestros corazones a tu Palabra, sana nuestras heridas del pecado, ayúdanos a hacer el bien a nuestros hermanos. Que transformemos la obscuridad y el dolor en vida y alegría. Concédenos estas cosas por Nuestro Señor Jesucristo. Amén.
  • 5. 3. Introducción al Retiro Cuaresmal La cuaresma es el tiempo del Espíritu Santo. Somos empujados por el Espíritu al Desierto, así lo expresa Marcos en su Evangelio. Es el E. sto el que nos revela la verdad y la Cuaresma es el tiempo para hacer espacio y conocer la verdad que es Cristo, su muerte y Resurrección, por eso en este tiempo, tomamos conciencia más que nunca que necesitamos del Espíritu Santo, sin él nuestras palabras están vacías y no tienen fuerza ni profundidad, queremos iniciar en esta oración de cuaresma invocándolo, y pidiéndole que sea el Espíritu el que abra nuestra vida a la presencia de Jesús. Cada experiencia de retiro es una apertura de mi ser a la presencia y a la acción del Espíritu Santo. El capitulo 3 del Apocalipsis 3:20 así lo expresa “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.” EVANGELIO: MC 1,12-15 En aquel tiempo, el Espíritu impulsó a Jesús hacia el desierto, donde Satanás lo puso a prueba durante cuarenta días; estaba con las fieras y los ángeles lo servían. Después del arresto de Juan, Jesús se fue a Galilea, proclamando la buena noticia de Dios. Decía: “El plazo se ha cumplido; el reino de Dios está llegando. Convertíos y creed en el Evangelio”. Qué es un retiro espiritual? La primera invitación de este retiro es precisamente la conversión para volver a Jesús El retiro espiritual ha de buscar una experiencias fuertes de oración guiados por el Espíritu Santo Debe propiciar momentos de intimidad con Dios.
  • 6. Un encuentro con Cristo y un encuentro con uno mismo para ser intensamente discípulos y estar en su compañía. Significa por tanto hacer una pausa, donde uno se retira para hablar de corazón a corazón con Dios. Un momento para leer nuestra vida desde una distancia suficiente y así prepararnos a escribir en ella Para escuchar de nuevo el “Sígueme de Jesús” Para preparar resoluciones y propósitos, nunca como en este ambiente tendremos la claridad suficiente para descubrir lo que tenemos que hacer haciendo la voluntad de Dios Por aquel tiempo se fue Jesús a la montaña a orar y pasó toda la noche en oración a Dios. Al llegar la mañana, llamó a sus discípulos y escogió a doce de ellos, a los que nombró apóstoles. Lucas 6:12-18 Después de despedir a la multitud, subió al monte a solas para orar; y al anochecer, estaba allí solo. Mateo 14:23 Levantándose muy de mañana, cuando todavía estaba oscuro, salió, y se fue a un lugar solitario, y allí oraba. Marcos 1:35 La búsqueda de Dios: Los retiros espirituales por tanto son una búsqueda espiritual que te permite crecer en la fe. Porque, si no buscamos a Dios en todo lo que hacemos, rechazando lo que sea incompatible con la búsqueda de Dios, estamos abocados a un activismo insensato que sólo conduce al agotamiento y a la esterilidad. Porque la verdadera eficacia de nuestra vida no radica en el «hacer», sino en el «ser». Lo más importante de este Retiro no es ilustrar nuestros conocimientos sobre la fe ni sobre algún tema en particular, sino, encontrarnos directamente con Dios y con lo más profundo de nosotros mismos. [EE n° 2. Por eso, un Retiro Espiritual es: † Un tiempo del corazón más que de racionalizaciones. † Un tiempo de generosidad y no de reservas;
  • 7. † Un tiempo para encontramos con Dios y dejarnos encontrar por Él. (El sale a buscarnos y quiere que nos dejemos encontrar. † un tiempo para integrar mejor fe y vida. † Un tiempo de sanación de la propia vida por medio del diálogo libre con Dios (traemos heridas, fragilidades y vulnerabilidades emocionales, cargas emocionales, cosas que nos han pasado, frustraciones) † un tiempo para valorar más la propia vida, la familia, el trabajo, la comunidad. † Un tiempo para convertirnos en Mensajeros de la Esperanza OBJETIVO DEL RETIRO Para conocer cuál es la voluntad de Dios en tu vida. ¿Señor que quieres que haga Para saber en profundidad qué espera El de Ti. “Habla Señor que tu siervo te escucha”. Apertura : A Dios, al Espíritu Santo, a quien orienta, hoy puede ocurrir que nos resistamos y que sigamos en la indiferencia de fe que caracteriza el mundo. Dios no es una propuesta más. Él es el camino la verdad y la vida. Jesús le dijo: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. Si me conocieran, también conocerían a mi Padre; y desde ahora ..Juan 14,6 Confianza: En Dios. Si Dios está con nostros quien estará contra nosotros Disponibilidad: A su voluntad, a escuchar y a obedecer a escuchar El renovado llamado de Jesús a servir como discípulos y misioneros desde: ▪ La Reflexión ▪ La oración. ACTITUDES NECESARIA PARA VIVIR EL RETIRO
  • 8. ▪ El Silencio. (Vaciarnos de tantos ruidos y voces exteriores para escuchar la voz que resuena en nuestro interior ▪ La Reconciliación. Canto como el ciervo busca por las aguas Como El Ciervo Marcos Witt Como el ciervo busca por las aguas Así clama mi alma, por Ti Señor Día y noche, yo tengo sed de ti Y solo a ti buscaré Lléname, lléname señor Dame más, más de tu amor Yo tengo sed, solo de ti Lléname señor. Con el mismo ardor con que el ciervo sediento suspira por las aguas (Sal 41, 1) deseemos empezar los ejercicios para fortalecerse, amadas hijos. Espero que saquen de ellos mucho fruto. Reconocer el terreno: ¿Cómo estoy ahora?: Conmigo mismo, con mi familia con mi profesión, con los demás y con Dios Posiciograma
  • 9. Preparar el terreno: “En tan amada soledad hemos de ocuparnos en preparar el terreno de nuestro ser y echar en él la simiente de las santas acciones.” ¿Qué vamos a sembrar?. Buenos propósitos, deseos de conversión. Es decir, disponernos física y espiritualmente a hacer un trabajo interior de acogida, de apertura, de disponibilidad, de flexibilidad, de dejarse aplanar, remover, sacudir y moldear. Hacer Silencio Para buscar a Dios en nuestro tiempo de retiro, y para poderlo buscar también cada día, lo primero que hemos de considerar es la importancia del silencio. En el fondo, el silencio como instrumento para escuchar a Dios se parece mucho, en lo material, a la necesidad de silencio para realizar determinadas tareas. En lo posible hacer una desconexión del de equipos electrónicos para favorecer el recogimiento.
  • 10. Vamos a realizar la siembra El Evangelio según san Lucas 8, 4-15 En aquel tiempo, se le juntaba a Jesús mucha gente y, al pasar por los pueblos, otros se iban añadiendo. Entonces les dijo esta parábola: «Salió el sembrador a sembrar su semilla. Al sembrarla, algo cayó al borde del camino, lo pisaron, y los pájaros se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso y, al crecer, se secó por falta de humedad. Otro poco cayó entre zarzas, y las zarzas, creciendo al mismo tiempo, lo ahogaron. El resto cayó en tierra buena y, al crecer, dio fruto el ciento por uno.» Dicho esto, exclamó: «El que tenga oídos para oír, que oiga». Desyerbar y quemar las malezas: “Nuestro primer cuidado debe ser destruir todos los defectos que dominan en nuestra persona y ahogan en ella el germen de las virtudes y de las buenas obras.” Limpiar el terreno de nuestra vida; que implica de nuestra parte bajar a nuestro pozo y descubrir hasta qué punto hemos dejado crecer nuestros apegos, nuestro orgullo, envidia y otras debilidades que ahogan las más lindas virtudes que tengamos. Esto de desyerbar y quemar las hierbas causa mucho dolor, pero es un dolor necesario que salva. La tarea es comprender, saborear y digerir, (verbos que indican acción) para que produzca frutos abundantes, aunque también depende en buena parte, de nuestra preparación personal para entrar en este clima orante y de la disposición y apertura que tengamos Esperar la lluvia del cielo: “Después de la siembra, la lluvia y el calor dan a la tierra la fecundidad que el Creador puso en ella. En el orden espiritual, la gracia divina nos da fuerza y fecundidad y nos impulsa a un trabajo fuerte, profundo y diligente.” Dice el libro de la Sabiduría 8, 21. La lluvia es bendición para quien ha sembrado y esperarla evoca paciencia y humildad, porque la lluvia no depende del que cultiva sino del Creador.
  • 11. Regar, podar, escardar: “Después de sembrar el campo, el buen agricultor no lo pierde de vista, no lo abandona. Para no perder el fruto de su trabajo, lo riega, lo poda y escarda con sumo cuidado.” La Oracion El motor que mueve nuestro encuentro con Dios es la Oración. ¿Cómo está hoy mi oración?, ¿Cuánto tiempo le dedico al día, a la semana o durante el mes. ¿Cómo hay que orar? Cada persona tiene su propio ritmo de oración y hasta método de oración que le ayuda en el encuentro cotidiano con el que sabemos nos ama. Sin embargo, es muy importante, tener en cuenta los consejos de Jesús, nuestro Maestro que nos enseña a orar Con humildad y confianza, desde unas actitudes básicas del discipulado. Con una perseverancia confiada: “Pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá, porque quien pide recibe, quien busca encuentra, a quien llama se le abre.” Lc. 11, 9- 10. Con humildad de manos vacías: “Quien se alaba será humillado y quien se humilla será alabado.” Lc. 18, 9- 14 En la oración de publicano encontramos la actitud del humilde que lo espera todo de Dios. El publicano pedía con humildad, la misericordia de Dios, la sanación y liberación de su vida; en cambio, el fariseo no pedía nada, solamente se jactaba de lo “bueno” que era, despreciando a los demás. Jesús con esta enseñanza desenmascara la actitud farisaica de creerse más que los demás y ensalza la actitud de quien, creyéndose indigente, necesitado del amor y de la compasión de Dios se hace humilde. 1. La pacificación del Corazón No se puede entrar en oración llegando agitado, hay que hacer el puente entre la agitación y la Paz del corazón porque la palabra de Dios es sutil, agitación que la producen las preocupaciones, problemas y dificultades de la vida
  • 12. 2. Suplicar la presencia del Espíritu Santo: Mensaje del Santo Padre para la Cuaresma de 2024 cuyo tema es Meditacion “A través del desierto Dios nos guía a la libertad” Cuando nuestro Dios se revela, comunica la libertad: «Yo soy el Señor, tu Dios, que te hice salir de Egipto, de un lugar de esclavitud» (Ex 20,2). Así se abre el Decálogo dado a Moisés en el monte Sinaí. El pueblo sabe bien de qué éxodo habla Dios; la experiencia de la esclavitud todavía está impresa en su carne. Recibe las diez palabras de la alianza en el desierto como camino hacia la libertad. Nosotros las llamamos “mandamientos”, subrayando la fuerza del amor con el que Dios educa a su pueblo. La llamada a la libertad es, en efecto, una llamada vigorosa. No se agota en un acontecimiento único, porque madura durante el camino. Del mismo modo que Israel en el desierto lleva todavía a Egipto dentro de sí ―en efecto, a menudo echa de menos el pasado y murmura contra el cielo y contra Moisés―, También hoy el pueblo de Dios lleva dentro de sí ataduras opresoras que debe decidirse a abandonar. Nos damos cuenta de ello cuando nos falta esperanza y vagamos por la vida como en un páramo desolado, sin una tierra prometida hacia la cual encaminarnos juntos. La Cuaresma es el tiempo de gracia en el que el desierto vuelve a ser ―como anuncia el profeta Oseas― el lugar del primer amor (cf. Os 2,16-17). Dios educa a su pueblo para que abandone sus esclavitudes y experimente el paso de la muerte a la vida. Como un esposo nos atrae nuevamente hacia sí y susurra palabras de amor a nuestros corazones. El éxodo de la esclavitud a la libertad no es un camino abstracto. Para que nuestra Cuaresma sea también concreta, el primer paso es querer ver la realidad. Cuando en la zarza ardiente el Señor atrajo a Moisés y le habló, se reveló inmediatamente como un Dios que ve y sobre todo escucha: «Yo he
  • 13. visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor, provocados por sus capataces. Sí, conozco muy bien sus sufrimientos. Por eso he bajado a librarlo del poder de los egipcios y a hacerlo subir, desde aquel país, a una tierra fértil y espaciosa, a una tierra que mana leche y miel» (Ex 3,7-8). También hoy llega al cielo el grito de tantos hermanos y hermanas oprimidos. Preguntémonos: ¿nos llega también a nosotros? ¿Nos sacude? ¿Nos conmueve? Muchos factores nos alejan los unos de los otros, negando la fraternidad que nos une desde el origen. En mi viaje a Lampedusa, ante la globalización de la indiferencia planteé dos preguntas, que son cada vez más actuales: «¿Dónde estás?» (Gn 3,9) y «¿Dónde está tu hermano?» (Gn 4,9). El camino cuaresmal será concreto si, al escucharlas de nuevo, confesamos que seguimos bajo el dominio del Faraón. Es un dominio que nos deja exhaustos y nos vuelve insensibles. Es un modelo de crecimiento que nos divide y nos roba el futuro; que ha contaminado la tierra, el aire y el agua, pero también las almas. Porque, si bien con el bautismo ya ha comenzado nuestra liberación, queda en nosotros una inexplicable añoranza por la esclavitud. Es como una atracción hacia la seguridad de lo ya visto, en detrimento de la libertad. Quisiera señalarles un detalle de no poca importancia en el relato del Éxodo: es Dios quien ve, quien se conmueve y quien libera, no es Israel quien lo pide. El Faraón, en efecto, destruye incluso los sueños, roba el cielo, hace que parezca inmodificable un mundo en el que se pisotea la dignidad y se niegan los vínculos auténticos. Es decir, logra mantener todo sujeto a él. Preguntémonos: ¿deseo un mundo nuevo? ¿Estoy dispuesto a romper los compromisos con el viejo? El testimonio de muchos hermanos obispos y de un gran número de aquellos que trabajan por la paz y la justicia me convence cada vez más de que lo que hay que denunciar es un déficit de esperanza. Es un impedimento para soñar, un grito mudo que llega hasta el cielo y conmueve el corazón de Dios. Se parece a esa añoranza por la esclavitud que paraliza a Israel en el desierto, impidiéndole avanzar. El éxodo puede interrumpirse. De otro modo no se explicaría que una humanidad que ha alcanzado el umbral de la fraternidad universal y niveles de desarrollo
  • 14. científico, técnico, cultural y jurídico, capaces de garantizar la dignidad de todos, camine en la oscuridad de las desigualdades y los conflictos. Dios no se cansa de nosotros. Acojamos la Cuaresma como el tiempo fuerte en el que su Palabra se dirige de nuevo a nosotros: «Yo soy el Señor, tu Dios, que te hice salir de Egipto, de un lugar de esclavitud» (Ex 20,2). Es tiempo de conversión, tiempo de libertad. Jesús mismo, como recordamos cada año en el primer domingo de Cuaresma, fue conducido por el Espíritu al desierto para ser probado en su libertad. Durante cuarenta días estará ante nosotros y con nosotros: es el Hijo encarnado. A diferencia del Faraón, Dios no quiere súbditos, sino hijos. El desierto es el espacio en el que nuestra libertad puede madurar en una decisión personal de no volver a caer en la esclavitud. En Cuaresma, encontramos nuevos criterios de juicio y una comunidad con la cual emprender un camino que nunca antes habíamos recorrido. Esto implica una lucha, que el libro del Éxodo y las tentaciones de Jesús en el desierto nos narran claramente. A la voz de Dios, que dice: «Tú eres mi Hijo muy querido» (Mc 1,11) y «no tendrás otros dioses delante de mí» (Ex 20,3), se oponen de hecho las mentiras del enemigo. Más temibles que el Faraón son los ídolos; podríamos considerarlos como su voz en nosotros. El sentirse omnipotentes, reconocidos por todos, tomar ventaja sobre los demás: todo ser humano siente en su interior la seducción de esta mentira. Es un camino trillado. Por eso, podemos apegarnos al dinero, a ciertos proyectos, ideas, objetivos, a nuestra posición, a una tradición e incluso a algunas personas. Esas cosas en lugar de impulsarnos, nos paralizarán. En lugar de unirnos, nos enfrentarán. Existe, sin embargo, una nueva humanidad, la de los pequeños y humildes que no han sucumbido al encanto de la mentira. Mientras que los ídolos vuelven mudos, ciegos, sordos, inmóviles a quienes les sirven (cf. Sal 115,8), los pobres de espíritu están inmediatamente abiertos y bien dispuestos; son una fuerza silenciosa del bien que sana y sostiene el mundo. Es tiempo de actuar, y en Cuaresma actuar es también detenerse. Detenerse en oración, para acoger la Palabra de Dios, y detenerse como el samaritano,
  • 15. ante el hermano herido. El amor a Dios y al prójimo es un único amor. No tener otros dioses es detenerse ante la presencia de Dios, en la carne del prójimo. Por eso la oración, la limosna y el ayuno no son tres ejercicios independientes, sino un único movimiento de apertura, de vaciamiento: fuera los ídolos que nos agobian, fuera los apegos que nos aprisionan. Entonces el corazón atrofiado y aislado se despertará. Por tanto, desacelerar y detenerse. La dimensión contemplativa de la vida, que la Cuaresma nos hará redescubrir, movilizará nuevas energías. Delante de la presencia de Dios nos convertimos en hermanas y hermanos, percibimos a los demás con nueva intensidad; en lugar de amenazas y enemigos encontramos compañeras y compañeros de viaje. Este es el sueño de Dios, la tierra prometida hacia la que marchamos cuando salimos de la esclavitud. 4. ESPIRITUALIDAD SINODAL Celebrar un “sínodo” significa caminar juntos. Yo pienso que ésta es realmente la experiencia más maravillosa que podemos tener: pertenecer a un pueblo que camina, que camina a través de la historia junto a su Señor quien camina con nosotros. No estamos solos; no caminamos solos. Formamos parte del único rebaño de Cristo que camina unido. (Papa Francisco, Francisco de Asís, 4 de octubre de 2013)
  • 16. En primer lugar, la sinodalidad designa a ciertos acontecimientos que denominamos sínodos, convocados por la autoridad competente y de carácter puntual. En segunda instancia, la palabra apunta a las estructuras y procesos eclesiales que se encuentran al servicio del discernimiento. Por último, el significado más esencial del término remite a un estilo peculiar que caracteriza la vida y la misión de la Iglesia. Este es el sentido en que vamos a utilizarlo en esta presentación[7]. Inmediatamente somos capaces de percibir la conexión existente entre el modo de comprender la “espiritualidad” –un modo de hacerse cargo de la realidad–, y la “sinodalidad” –un estilo peculiar que caracteriza la vida y la misión de la Iglesia–. La sinodalidad apunta hacia un modo de vivir y de actuar que define a la comunidad eclesial tanto en sus relaciones ad intra como ad extra. Pero además el significado etimológico de la palabra sínodo[8] nos permite entenderla como un “caminar juntos”. Por lo tanto, a lo que le seguimos la pista es a un modo particular de caminar juntos como Iglesia (sinodalidad), para –más y mejor– poder “hacernos cargo” del mundo (espiritualidad). En esto consiste la espiritualidad sinodal, en un hacernos cargo de la realidad, del mundo, de la Missio Dei, caminando juntos. ¿Cómo “hacernos cargo” de la situación de nuestro mundo, para que este encargarnos sea sinodal, es decir, para hacerlo con ese peculiar estilo que afecta nuestra vida eclesial y nuestra misión y que implica “caminar juntos”? La forma sinodal de la Iglesia, que en estos últimos años estamos redescubriendo y cultivando, sugiere que la Cuaresma sea también un tiempo de decisiones comunitarias, de pequeñas y grandes decisiones a
  • 17. contracorriente, capaces de cambiar la cotidianeidad de las personas y la vida de un barrio: los hábitos de compra, el cuidado de la creación, la inclusión de los invisibles o los despreciados. Invito a todas las comunidades cristianas a hacer esto: a ofrecer a sus fieles momentos para reflexionar sobre los estilos de vida; a darse tiempo para verificar su presencia en el barrio y su contribución para mejorarlo. Esto puede suceder en cada comunidad cristiana. En la medida en que esta Cuaresma sea de conversión, entonces, la humanidad extraviada sentirá un estremecimiento de creatividad; el destello de una nueva esperanza. En este momento histórico los desafíos son enormes, los quejidos dolorosos —estamos viviendo una tercera guerra mundial a pedacitos—, pero abrazamos el riesgo de pensar que no estamos en una agonía, sino en un parto; no en el final, sino al comienzo de un gran espectáculo. La sinodalidad no es un elemento nuevo de la vida y la autocomprensión de la Iglesia. Es un elemento fundamental de la misma y ha estado presente en muchas formas desde sus orígenes. . La sinodalidad es una forma de expresar quienes somos como cristianos y en qué nos estamos convirtiendo como Iglesia por obra del Espíritu Santo. . En cada etapa, es el Espíritu Santo quien renueva constantemente la Iglesia en comunión y la atrae cada vez más profundamente a una vida sinodal. Podemos reconocer que el Espíritu Santo actúa constantemente a través de la historia. Esto es especialmente significativo desde el Concilio Vaticano II, que instituyó el Sínodo de los Obispos y la práctica de las asambleas consultivas a nivel de las iglesias locales. Uno de los rasgos importantes que surgen para nuestra comprensión actual es que el sentido de la sinodalidad no es sólo una teología sino una práctica espiritual. De este modo, estamos invitados a explorar lo que podría significar una espiritualidad para la sinodalidad “Ser cristiano es tener una “vocación sinodal” y ésta crece a través de la vida espiritual”.
  • 18. Podemos entender que una espiritualidad sinodal es una forma de vida o praxis que integra y vuelve concretos los tres elementos clave de la comunión, la participación y la misión. Por esta razón, la espiritualidad para la sinodalidad se convierte en un “habitus ecclesiale”, que es fuente de renovación y dinamismo para la vida y la misión de la Iglesia. Es un modo de ser y de hacerse Iglesia. La espiritualidad para la sinodalidad nos hace descubrir de manera sorprendente las energías ocultas del amor, del compromiso, de la generosidad y del compartir que se encuentran en cada uno de nosotros. En la medida que vivamos auténticamente el carácter sinodal de la Iglesia, esta se convierte en testimonio de la llegada del Reino de Dios para todos los pueblos, donde todos tienen un hogar, justicia, dignidad, reconciliación y paz. La Iglesia sinodal está llamada a ser una Iglesia ecuménica (13 Documento Preparatorio, Sínodo 2023, n° 30 párr. VII) . pues vive siempre del mismo deseo que Cristo expresó en su oración al Padre “que todos sean uno” (Jn 17,21). Se trata de una comunión dinámica en la que no se pierde la legítima diversidad de las iglesias, sino que se recogen y valoran sus dones, sus historias y su testimonio de Cristo para beneficio de todo el Cuerpo de Cristo. Al mismo tiempo, el proceso sinodal es un proceso de arrepentimiento, perdón y reconciliación, ya que cada comunidad tiene en su memoria e historia las heridas de las divergencias del pasado, así como la promesa de la unidad futura. Cuando se reúne en comunión, la Iglesia sinodal de las iglesias se convierte en luz para las naciones que viven en conflicto en el mundo Practicar la Espiritualidad Sinodal: Realizando un Habitus Sinodal Una Iglesia sinodal es una Iglesia contemplativa. Es una Iglesia donde las Escrituras y los sacramentos son centrales, pues son la escuela de una perspectiva abierta a la economía salvífica de Dios en todas las realidades de la creación, de la existencia humana y de la historia. La sinodalidad no puede realizarse ni sostenerse si no se fundamenta en la oración de la Iglesia
  • 19. y del pueblo fiel de Dios. La oración mantiene el corazón y la mente abiertos a todo lo que Dios realiza y desea para la humanidad y la creación; también alimenta y conforma la voluntad a fin de que, siempre procuremos desear y actuar según la voluntad y el proyecto salvífico de Dios. De este modo, cada oración es un don del Espíritu Santo que nos permite imitar a Cristo, pues toda su existencia es una oración. Una Iglesia sinodal es una Iglesia que escucha14. La Iglesia está atenta a todas las 14 Cf. Documento Preparatorio, Sínodo 2023, n° 32, párr. II. 25 modalidades de auto - comunicación de Dios; está atenta a los cambios del mundo y a las múltiples voces que se alzan en forma de lamento, protesta, súplica y testimonio. Una Iglesia que escucha y que está atenta a las múltiples narrativas de las vidas, las culturas y los pueblos. Se puede decir que es un lugar de hospitalidad narrativa. Para escuchar, primero, se debe ser consciente de todo lo que aporta, lo que hace que la escucha atenta sea algo más que “oír”. Entonces, se debe comprender cómo la “escucha” es un acto de atención, un don y un reconocimiento del interlocutor; una generosidad voluntaria para dejarle hablar con su propia voz sin intentar determinar primero las categorías o traducir para hacer más cómodo y aceptable el desafío del que habla. La escucha es un don que nos pone a disposición del interlocutor. Conlleva un compromiso ético de caminar con ellos, pues una vez que atendemos a otra persona, hacemos que su vida y su historia formen parte de la nuestra. Especialmente, cuando elegimos privilegiar a aquellos cuyas vidas sufren la violencia de la pobreza y quienes sufren la presión del rechazo, o la marginación, o cargan con el peso de narraciones falsas y deformadas. Cuando escuchamos, también consultamos: buscamos realmente aprovechar la visión, la experiencia y la sabiduría de los demás. Escuchar es también consultar, es un acto recíproco de compromiso, ya que todos estamos implicados en la búsqueda común del bien al que nos llama el Espíritu Santo. Por esta razón, el discernimiento se caracteriza por la inclusión y la apertura. Cuando “escuchamos”, nos ponemos en sintonía con la voz de nuestro interlocutor, porque la voz que oímos, es la voz profunda del Espíritu. A menudo, esta voz no es accesible con palabras, pero igualmente nos habla, “la llamada del corazón al corazón” en la música silenciosa de Dios. Escuchar a ese nivel supone la libertad de estar disponibles a todo lo que el Espíritu nos pida o a lo que el Espíritu nos guíe.
  • 20. También pide que escuchemos con la inteligencia o la comprensión de la fe, para que Cristo y la Palabra de Dios se conviertan en la escuela donde aprendemos 26 a reconocer, comprender y apreciar aquello que hemos escuchado. La Iglesia sinodal es una Iglesia que discierne 5. Para Vivir la Cuaresma 6. Momento de desierto: II. LA EXPERIENCIA PECADO Y EL PERDON. La parábola de la higuera Lectura: Lucas 13:6-9 ‘Y les dijo esta parábola: Cierto hombre tenía una higuera plantada en su viña; y fue a buscar fruto de ella, y no lo halló. Y dijo al viñador: «Mira, hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo. Córtala. ¿Por qué ha de cansar la tierra?». Él entonces, respondiendo, le dijo: «Señor, déjala
  • 21. por este año todavía, hasta que yo cave alrededor de ella, y le eche abono, y si da fruto el año que viene, bien; y si no, córtala». La higuera tiene que morir porque no da fruto, porque no es más que un parasito. Los tres años sin fruto demuestran su culpabilidad por sus continuas dilaciones y la falta de decisión personal. La muerte referida en esta parábola, significa que está muerto para el reino quien no da fruto, quien no decide. 1.En su vida, en su trabajo y en su familia, como se refleja esta parábola. 2. Teniendo en cuenta la parábola de la higuera, †¿Qué hay de esterilidad en Mi vida, como persona, como profesional, como cristiano. †¿Cuales son los frutos como personas, como profesional, como cristiano? I. LA FAVORABLE POSICIÓN EN QUE SE COLOCÓ ESTE ÁRBOL. En un “viñedo”; no en algún terreno baldío abandonado. Bajo cuidado. Esta es la condición de aquellos favorecidos con los privilegios y bendiciones de la de Dios. Esta es especialmente la condición de aquellos que son miembros de la Iglesia. 2. Quienes son favorecidos con los medios espirituales dados por el Señor 3. Quienes son los sujetos de las especiales y ricas promesas de Dios 4. A quienes se imparten gratuitamente las gracias y los dones del Espíritu Santo.
  • 22. 5. Quienes son los objetos del cuidado y complacencia Divina. Estamos dirigidos– II. A LAS EXPECTATIVAS DEL PROPIETARIO. Vino buscando fruto (Lc 13,6). Esta expectativa era razonable. Dios esperaba esto de los judíos. Les exigió que fueran más sabios, santos y obedientes que los paganos que los rodeaban. Dios requiere esto de todos los escogidos con los privilegios y bendiciones del evangelio. Él espera que demos frutso 1. Que sus corazones produzcan los frutos. 2. Que sus labios den fruto de acción de gracias y alabanza. 3. Los frutos de la obediencia a Dios en su vida. 4. Los frutos de utilidad, por el empleo de sus facultades y talentos en Su servicio. III. DECEPCIÓN DEL PROPIETARIO. IV. EL MANDO EMISARIOS . Córtalo; ¿Por qué estorba el suelo? (Lucas 13:7). 1. Esta frase no fue apresurada. Había habido tres años de cuidado, trabajo y tolerancia. Dios ejerció Su gran longanimidad hacia los judíos. A todos Dios les manifiesta paciente y perdurable paciencia. 2. Se asigna una razón suficiente para la orden dada. “¿Por qué estorba el suelo?” No tenía valor en sí mismo. Ocupaba un terreno precioso. Tomó las porciones nutritivas del suelo que requerían los árboles útiles y fructíferos. V. EL PEDIDO QUE PRESENTA EL VIÑADOR. “Dijo: Señor, déjalo también este año”, etc. (Lc 13,8). No niega las acusaciones del propietario. Él no vindica la continuación final del árbol. Pero ruega– 1. Por un breve período de suspensión de la sentencia. Un año. ¡Solo un año! Una ronda de las estaciones. Un año de lluvias y sol.
  • 23. 2. Se compromete a prestarle especial atención. “Excavaré alrededor de ella y la abonaré” (Luc 13:8). Intentaré buscar la causa y utilizaré todos los medios razonables para remediarla. Añade además– 3. Su voluntad entonces de obedecer la orden del propietario. Esto no solo está implícito, sino directamente establecido. “Si da fruto, bien”—bien para el árbol, el propietario y el viñador; “Y si no, la cortarás” (Luc 13:9). Esta súplica por el labrador se ha verificado a menudo en las oraciones del padre, del amigo, pero es verdad en el más alto y mejor sentido del Señor Jesús. Él siempre vive para interceder. (J. Burns, DD) La higuera estéril Yo. Observe LA SITUACIÓN DEL ÁRBOL, el lugar donde se encuentra. Está en la viña de Dios, y nuestro Señor nos dice cómo llegó allí. La viña no estaba en su situación natural. No brotó allí, ni fue traído allí por accidente. Dios mismo lo hizo plantar allí. II. Ver a continuación LO QUE SE ESPERA DE ESTE ÁRBOL. ¿Es que echará raíces y crecerá donde sea plantado, y recibirá las lluvias del cielo cuando caigan sobre él? Podemos decir, “Sí”; pero Dios dice: “No, esto no me saciará; lo que quiero de él es fruto, no ramas extensas y follaje exuberante; la higuera silvestre del desierto me las dará. Debo tener de ese árbol algo que responda a la situación en que lo he puesto, ya los cuidados y dolores que le he dado. Vengo a ella buscando fruto.” ¿Y cuál es esta fruta? No son esas cosas que algunos de nosotros quizás tenemos ahora en nuestras mentes, las virtudes sociales y morales, la caridad, la honestidad y cosas por el estilo. Todos estos son buenos a su manera, pero estos son frutos del crecimiento de la naturaleza. . Dios quiere de nosotros frutos que correspondan a los privilegios que nos ha otorgado; no sólo más fruto del que cualquier pagano podría darle, sino fruto de otro tipo: el fruto cristiano, tal fruto que nada sino el evangelio de Cristo puede producir, y nadie sino los hombres plantados en Su Iglesia, y traídos bajo la influencia de ese evangelio, alguna vez lo rindió.
  • 24. III. Y ahora pasemos a otro punto de la parábola: EL ESCRUTINIO QUE ESTA HIGUERA SE ATRAE SOBRE SÍ MISMO. Fíjense, el dueño de la viña no se olvida del árbol cuando lo ha plantado, ni se sienta en casa esperando que sus siervos le traigan el producto de él cuando lo hay; se le describe viniendo una y otra vez a su viña, y subiendo a este árbol y examinándolo. “Él vino y buscó fruto en ella”; estaba ansioso por el asunto, ansioso, no solo de recoger el fruto si podía encontrarlo, sino también de no pasarlo por alto si lo hubiera. Ninguno nos mira como Dios. No lo vemos cuando está a nuestro lado; el gran Observador nuestro es invisible y Su escrutinio silencioso; tal vez no pensamos más en Él de lo que un árbol en nuestro jardín piensa en nosotros cuando caminamos junto a él; pero Él nos marca a cada uno de nosotros cada hora con la más minuciosa atención. Él escucha nuestras palabras, se familiariza con nuestras obras. IV. Observen LA MARAVILLA DE LA PACIENCIA DE DIOS CON ESTE ÁRBOL INFRUCTUOSO. “He aquí, estos tres años vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo”. Hay sorpresa, observa, expresada en este lenguaje; sorpresa, puede ser, por la esterilidad de tal árbol en tal lugar; pero aún más, es sorpresa por la paciencia de Dios hacia Él, lo que estas palabras parecen expresar principalmente. El Señor habla en ellos como si Él mismo se maravillara de su propia paciencia. V. Pero fíjate en EL DESCOMPLETO EXPRESADO POR FIN CONTRA ESTE ÁRBOL INFRUTIVO. Es un disgusto que se ha mantenido bajo control durante mucho tiempo. Viene sobre nosotros después de una larga paciencia con nosotros. Es algo que ha triunfado sobre un gran amor y una gran paciencia; no el fluir de un arroyo que siempre ha tenido un curso libre, moviéndose a lo largo de un canal sin obstrucciones, es un río que estalla a través de aguiluchos que lo han maldecido por mucho tiempo, y derramando sus aguas acumuladas en un montón desolador. Mira aquí. El paciente dueño de este árbol se vuelve de inmediato decidido a destruirlo. Durante tres años sube a él, buscando entre sus hojas frutos; se va
  • 25. desilusionado, pero silencioso. No hay que culpar al árbol, ni quejarse de él. Las personas en la viña, que han presenciado todo esto, pueden haber dejado de notarlo, o si aún lo notan, pueden decir: “Ese árbol está a salvo. Infructuoso como es, por alguna extraña razón nuestro amo lo ama, y tanto lo ama que nunca lo quitará. Pero de repente viene la orden: “Cortadlo; ¿Por qué estorba el suelo?”. ¿Y qué sigue? ¿Se nivela el árbol de inmediato? No; para aviso– VI. LA INTERCESIÓN HECHA PARA ÉL. Respondiendo el labrador de la viña, le dijo: Señor, déjala también este año, hasta que cave alrededor de ella y la abono; y si da fruto, bien; y si no, después de eso lo cortarás. Aquí, sin duda, se nos presenta una escena celestial. Sólo hay un Mediador que puede interponerse eficazmente entre Dios y el hombre. Ministros, padres y amigos pueden decir acerca de este o aquel pecador: “Señor, déjalo en paz”. Él es el viñador que ruega por este árbol inútil para salvarlo de la destrucción. ¡Y cuán naturales y conmovedores son los términos en que se hace Su intercesión! Ni una sola palabra pronuncia contra este árbol estéril. Ni una palabra dice de todo el trabajo que le ha dado. Con maravillosa piedad y condescendencia, parece atribuir su larga infructuosidad a su propia negligencia. “Señor, déjalo en paz. La culpa puede ser mía. No he hecho por ello todo lo que pude. De ahora en adelante haré más. Se convertirá en el objeto especial de Mi trabajo y cuidado.” Y luego viene en estas palabras una mirada a todas las gloriosas consecuencias que seguirían. “Si da fruto, bien”, dicen nuestros traductores, pero no hay una palabra que responda a “bien” en el original. Nuestro Señor no dice lo que seguiría a la fecundidad de este árbol. Se interrumpe como si no pudiera decir. Parece como si toda la gloria y el deleite que resultaron para Su Padre y para Él mismo de la salvación de un pecador se precipitaron a Su mente y lo silenciaron. “Si da fruto, ¡oh, la felicidad de ese pobre pecador, y oh, el gozo indecible para ti y para mí!” Pero, fijaos, es sólo un año que el Intercesor pide este árbol, un año, una temporada limitada. Después de eso, dice, ya no intervendrá más; y más— Él aceptará la sentencia de su destrucción; “Tú lo cortarás”. No sé, hermanos, cómo este lenguaje puede impresionar a algunos de ustedes,
  • 26. pero me parece que hay algo muy temible en él. ¿Quién es el que promete aquí consentir después de un poco en la destrucción total de todo oidor infructuoso de la verdad de Dios entre nosotros? No es otro que Aquel que ha derramado la sangre de Su corazón por nuestra salvación, y que durante toda nuestra vida ha estado suplicando que seamos salvos. Es doloroso tener un buen amigo terrenal que nos abandone, pero ser abandonado, y entregado a una destrucción segura, por el bendito Jesús, el más bondadoso de todos los amigos, Aquel que nos soporta y nos ama como nadie sino Él mismo puede soportar. y el amor, pensemos lo que queramos, hay algo espantoso en esto. Es como un padre que ha amado con cariño a un hijo, un hijo sin valor, mientras que todos a su alrededor han estado clamando justicia para él; es como si ese padre finalmente se viera obligado a decir: “No puedo aguantar más. No puedo hacer mas. Que la justicia se lo lleve”. (C. Bradley, MA) La higuera salvó otro año III. DIOS ESPERA FRUTO DE NOSOTROS. Y con razón. 1. Pregúntense, entonces, hermanos, ¿dan frutos que correspondan a su profesión de arrepentimiento? ¿Habéis resucitado de un estado de inconversión y andando en novedad de vida? 2. ¿Da frutos que respondan a su profesión de fe? Profesas creer en Aquel que te ha comprado con Su sangre. ¿Ya no estáis viviendo para vosotros mismos, sino para Aquel que murió por vosotros? 3. ¿El fruto que das es adecuado a las oportunidades y medios de gracia que disfrutas? Muy favorecidos sois, hermanos; sois miembros de una Iglesia pura; os reunís en una forma pura de adoración. La Palabra de Dios, los sacramentos son tuyos; a vosotros es predicado el evangelio. ¿No podría el Señor de la viña haber puesto el hacha en la raíz? ¿Por qué estás a salvo? Porque Dios es paciente, misericordioso, y quiere que te arrepientas.
  • 27. IV. OBSERVA QUE EN EL JUICIO DIOS SE ACUERDA DE LA MISERICORDIA. Bien podría decir la justicia: “Córtalo”. Pero hay un Abogado en el cielo. He aquí a Uno que intercede a la diestra de Dios: “Déjalo también este año, hasta que cave alrededor de él y lo excreme; y si da fruto, bien”. Bendito sea Dios, por nosotros la misericordia se regocijó contra el juicio. Todavía estamos a salvo; ¿Y con qué fin ha sido Cristo Jesús tan paciente? Es para que Él pueda mostrar una bondad aún más rica; para que pueda probar medios más abundantes. Déjalo en paz, hasta que cave alrededor de él y lo excreme. “Y si da fruto, bien”. Todos los cuidados y dolores habrán sido bien repartidos, si, después de todo, el pecador da fruto para Dios. La misericordia de Dios será magnificada; Su gracia exaltada. V. Y ahora, por último, OBSERVA LA MUERTE SEGURA DE AQUELLOS QUE CONTINUAN AÚN SIN FRUTO:–“Si no” (si el árbol no da fruto), “entonces después de eso lo cortarás”. Es, pues, posible agotar la paciencia del mismo Dios. Es posible, por un corazón duro e impenitente, dejar pasar el día de la gracia. Puede que llegue un momento en que la misericordia dejará de interceder y dejará lugar únicamente para el juicio; cuando Cristo mismo renunciará a su intercesión. Oh, terrible estado en el que el Salvador mismo se retira; cuando Su Espíritu, afligido, resistido, apagado, abandona finalmente el corazón de piedra. Luego sigue una insensibilidad semejante a la muerte: una apatía terrible hacia todas las cosas espirituales, o, puede ser, un crecimiento diario en toda iniquidad, hasta que finalmente la copa del pecador está llena. (E. Blencowe, MA) La higuera estéril Yo. LA PLANTACIÓN DE LA HIGUERA. 1. Este “cierto hombre” denota a Dios. A Él pertenece todo. “Suya es la tierra y su plenitud; el mundo y los que en él habitan.” Pero la Iglesia es peculiarmente Suya, como es llamada por Su nombre, y formada para proclamar Su alabanza.
  • 28. 2. Pero, ¿a quién se refiere la higuera? No puede ser un verdadero cristiano. Todos los verdaderamente regenerados son fructíferos. No son igualmente, pero son realmente, fructíferos. El carácter que aquí se pretende es un hombre colocado en la Iglesia externa y visible, y gozando de todos los privilegios de una situación tan favorecida. Una vez fue el judío muy favorecido. Ahora es el cristiano muy favorecido, bendecido con todas las ventajas religiosas del judaísmo, multiplicado, mejorado, perfeccionado: ahora es el británico muy favorecido, nacido no solo en una tierra de libertad y ciencia, sino de la gracia del evangelio. Eres tú quien fuiste criado en una familia piadosa y favorecido con las oraciones, las instrucciones, los ejemplos, las lágrimas de padres piadosos. Eres tú quien tienes un nombre y un lugar en Su santuario, de sábado a sábado, donde “tus ojos ven a tus maestros, y tus oídos oyen una voz a tus espaldas que dice: Este es el camino, andad por él cuando torcer a la derecha, y cuando torcer a la izquierda.” II. LA QUEJA DEL PROPIETARIO. 1. Su observación. 2. Su decepción. 3. Su paciencia. “Estos tres años”. ¿Por qué no se quejó el primer año? ¿Por qué no lo destruyó el segundo año? ¿Por qué lo soporta hasta el final de la tercera? ¿Por qué? Para enseñarnos que el juicio es Su extraña obra, que Él se deleita en la misericordia; que Él espera ser misericordioso; que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento. III. LA SENTENCIA DE DESTRUCCIÓN: “Córtala; ¿Por qué estorba el suelo? Aquí vemos– 1. Que aquellos que no obtienen ningún beneficio de los medios de gracia son perjudiciales.
  • 29. 2. La inutilidad bajo los medios de la gracia irrita sobremanera al Altísimo. ¿Y podemos asombrarnos de esto cuando consideramos qué pérdida de tiempo es; qué abuso de privilegio; qué desprecio de la bondad divina; ¡Qué desprecio del alma y de la eternidad! El pecado debe estimarse no por su grosería, sino por su culpa. ¿Y qué agrava la culpa? La luz que poseemos; las obligaciones bajo las cuales estamos; las restricciones que rompemos. 3. Dios posee tanto la justicia como la misericordia; y aunque soporta mucho, no soportará siempre. “La sentencia contra una mala obra no se ejecuta pronto”; y, como consecuencia, el corazón de los hijos de los hombres a menudo está completamente dispuesto en ellos para hacer el mal. ¡Pero qué absurdo, además de peligroso, es un razonamiento tan perverso! ¿La paciencia es perdón? No. IV. LA INTERCESIÓN DEL LABRADOR. 1. Pide la suspensión del golpe. “Déjalo solo este año también”. Lo has soportado mucho tiempo, lo reconozco; ¡oh! sopórtalo un poco más. ¿Y por qué está tan deseoso de perdonar al pecador un poco más en este mundo? Porque, para que tengamos la gracia del arrepentimiento, es necesario que tengamos espacio para el arrepentimiento: porque mientras hay vida hay esperanza; pero “cuando el dueño de la casa se haya levantado y cerrado la puerta”, la oportunidad se acaba, la inoportunidad es vana. 2. Se compromete a usar medios adicionales para producir fertilidad: “Hasta que cavo alrededor de él y lo excremento”. La Palabra será predicada con más fervor que antes. El ministro será particular en describir su caso, en alarmar sus temores. Los amigos deben advertir, amonestar, invitar. La conciencia se despertará y reprobará. Las desilusiones le mostrarán la vanidad del mundo. La enfermedad invadirá su estructura. La muerte entrará en su familia y herirá una conexión a su lado. El día en que él vive será oscuro y nublado. Oirá hablar de “angustia de las naciones con perplejidad; el mar y las olas rugiendo; desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra; porque las potencias de los cielos serán conmovidas.” ¿Y podrá retener su impiedad durante un año como este?
  • 30. 3. He aquí el supuesto de producción futura. “Si da fruto, bien”. Bien por el dueño (Juan 15:8). Bien por el viñador, ya que su trabajo será recompensado. Bien por la viña; será adornado, enriquecido y reabastecido. Bien por el árbol mismo, ya que escapará del castigo de la esterilidad y obtendrá la bendición de la fecundidad. 4. Aquí está el destino de la impenitencia final. Incluso la paciencia del Salvador puede agotarse. (W. Jay.) Amenaza de juicio, pero clemencia Yo. A todos los pecadores inútiles y mentirosos, pronunciamos esta dura, pero necesaria frase: RECORTARLOS SERÍA MUY RAZONABLE. Es correcto y razonable talar árboles estériles, y es igualmente correcto y razonable que tú seas talado. 1. Esto aparecerá en primer lugar, si reflexionamos que esta es la forma más corta y segura de tratar contigo; costará la menor cantidad de problemas y será ciertamente eficaz para sacarlo del lugar para el que es una lesión en lugar de un beneficio. 2. Otra razón hace que el argumento a favor del juicio sea muy poderoso, a saber, que ya se ha dado suficiente espacio para el arrepentimiento. 3. Pecador, creo que discuto tu caso con dureza. Durante todo este tiempo no ha habido ningún signo de mejora en ti. 4. Pero hay otras razones por las que “Cortarlo” es más razonable, cuando consideramos al propietario y los otros árboles. (1) En primer lugar, aquí hay un árbol que no da ningún fruto, y por lo tanto no sirve. Es como dinero mal invertido, que no genera interés; es una pérdida total para el propietario. ¿De qué sirve guardarlo? El árbol muerto no es ni uso ni ornamento; no puede rendir ningún servicio ni proporcionar
  • 31. ningún placer. Córtalo por todos los medios. Y así contigo, pecador; ¿De qué te sirve? (2) Pero hay una consideración peor, a saber, que todo este tiempo has estado llenando un espacio que alguien podría haber estado llenando para la gloria de Dios. Donde se encuentra ese árbol estéril, podría haber habido un árbol cargado de fruta. (3) Además, y para empeorar el mal hasta el peor grado, todo esto mientras los hombres impíos están extendiendo una mala influencia. II. Nuestro segundo trabajo más solemne es recordarte, oh pecador impenitente, que QUE DIOS TE HAYA PERDONADO ES ALGO MUY MARAVILLOSO. Que el Dios infinitamente justo y santo te haya perdonado, hombre inconverso, mujer inconversa, hasta ahora, no es poca cosa, sino cosa de adorador asombro. 1. Déjame mostrarte esto. Considera, negativamente, que Dios no te perdona porque es insensible a tus pecados: está enojado con los impíos todos los días. 2. No es porque la ofensa esté a distancia, y por lo tanto lejos de Su ojo observador. 3. Fíjate, pecador, Él no te ha perdonado porque no haya podido destruirte. Podría haber ordenado que se cayeran las tejas del techo, o la fiebre podría haberte golpeado en la calle; el aire podría haberse negado a impulsar tus pulmones, o la sangre podría haber dejado de circular por tus venas. Las puertas a la muerte son muchas. La aljaba del juicio está llena de flechas afiladas. El Señor sólo tiene que quererlo, y tu alma es requerida de ti. No se te extrañará más de lo que se extraña una hoja seca en un bosque, o una gota de rocío en mil leguas de hierba. El juicio necesita sólo una palabra para obrar su máxima venganza, y además eres tan provocador que la maravilla es que la severidad divina te haya ahorrado tanto tiempo. Admira y maravíllate ante esta longanimidad.
  • 32. 4. Recuerda que este asombro se acrecienta, cuando piensas en el fruto que Él mereció haber tenido de ti. Un Dios tan bueno y tan misericordioso debería haber sido amado por ti. 5. Y ¡ah, mis oyentes! Tengo que referirme a una parte muy solemne del asunto ahora, cuando noto nuevamente que algunos, quizás, aquí presentes han sido culpables de pecados que provocan a Dios. ¿Será Dios siempre provocado? ¿Se os predicará la misericordia para siempre en vano? Es una maravilla, es una maravilla que estos pecados que provocan a Dios hayan sido soportados durante tanto tiempo, y que aún no hayas sido cortado. III. Y ahora, ¿CUÁL ES LA RAZÓN DE TODA ESTA SUFRIMIENTO? “¿Por qué no ha sido talado este árbol derribado? La respuesta es, porque hay Uno que intercede por los pecadores. Pero, ¿cuál ha sido la causa secreta de que te hayan mantenido con vida? La respuesta es, Jesucristo ha suplicado por ti, el Salvador crucificado ha interferido por ti. Y me preguntas “¿Por qué?” Respondo, porque Jesucristo tiene interés en todos ustedes. (CHSpurgeon.) Lecciones de la higuera 1. Esta parábola corta todas las súplicas de bondad negativa. La improductividad es decididamente criminal. 2. Esta parábola os llama a examinaros a vosotros mismos, si sois estériles o fructíferos; y seguir el resultado correctamente, cualquiera que sea. 3. Esta parábola nos llama a todos a estar agradecidos con el Señor por salvarnos hasta ahora. Nos da este llamado a nosotros sin excepción, y especialmente si alguno de nosotros se ha salvado en el tiempo de gran peligro, restaurado de una enfermedad grave. 4. Ninguno de nosotros abuse tanto de la misericordia de Dios como para presumir de ella para el futuro; pero mejoremos todos la presente
  • 33. temporada sin demora, y mantengámonos en constante preparación para la muerte. (James Foote, MA) La higuera estéril Los principios que subyacen a esta parábola son, brevemente, estas: Que mucho se demandará de aquellos a quienes mucho se les ha dado; que, si aquellos a quienes se ha dado mucho no cumplen con lo que se les exige, se pronunciará contra ellos sentencia de destrucción; y que, aunque la ejecución de esta sentencia puede ser diferida por la intercesión de Cristo, ciertamente se llevará a cabo si no se manifiesta el arrepentimiento y la enmienda. Yo. DIOS NOS HA PUESTO EN LAS CIRCUNSTANCIAS MÁS FAVORABLES PARA QUE DAMOS FRUTO. Los privilegios de los judíos eran pequeños en comparación con los que disfrutamos nosotros. Ellos tenían los profetas; tenemos al Hijo de Dios. No olvidemos nunca que la responsabilidad es proporcional al privilegio. II. DIOS ESPERA FRUTOS EXCEPCIONALES DE UN ÁRBOL AL QUE HA DADO TALES VENTAJAS EXCEPCIONALES. Si tenemos mucho más que otros, deberíamos ser mucho mejores que ellos. El fruto en este caso es el del carácter: lo que somos más que lo que hacemos: lo que hacemos sólo en la medida en que es el resultado genuino y la revelación espontánea de lo que somos. La justicia, la mansedumbre, la fidelidad, en una palabra, la excelencia moral que brota de nuestra fe en Cristo y de nuestra devoción a Él, ese es el fruto que Dios espera encontrar en nosotros como ocupantes de su viña. III. DIOS PRONUNCIA SENTENCIA DE DESTRUCCIÓN A TODOS LOS QUE, HABIENDO TENER TALES PRIVILEGIOS, NO DAN FRUTO (ver Juan 15:6;Mateo 7:19). Los judíos son un ejemplo de esto; las siete Iglesias en Asia son otra. Si deseamos asegurar una prosperidad permanente, debemos
  • 34. recordar que solo podemos hacerlo manteniendo una fecundidad constante en las obras de fe y las obras de amor, y la santidad de carácter. Cuando estos desaparezcan y la esterilidad se asiente, entonces vendrá la oración: “Córtala”. IV. ESTA SENTENCIA, PRONUNCIADA SOBRE LA HIGUERA ESTÉRIL, NO SE LLEVA A EJECUCIÓN INMEDIATAMENTE. Por toda tregua que se interponga, en todo caso, entre el mal merecido y su castigo inmediato, los hombres están en deuda con la intercesión de Cristo. V. UN RESPIRO NO ES UN PERDÓN. Sólo un aplazamiento. Tenga cuidado de no considerar la paciencia de Dios, que está destinada a dar lugar al arrepentimiento, como una manifestación real de indiferenciao aprobación. La culpa después de tal indulgencia, y contra ella, será mayor que antes. (WM Taylor, DD) De Cristo que busca fruto y no lo encuentra Aquellos quienes disfrutan de los medios de la fecundidad deben dar fruto; aquellos que están plantados en la viña del Señor, y tienen una posición bajo los medios de la gracia, deben ser fructíferos. Esto está claro en las palabras, y de hecho en cada parte de esta parábola. 1. Se plantan en la viña con este fin. Ese es el lugar apropiado para los árboles frutales; otro lugar que la viña les serviría, si no se pusieran allí para dar fruto. 2. El Señor, que les da lugar aquí, lo espera. Se dice que viene y busca fruto (Luk 13:6-7). Es lo que tiene justa razón para buscar. 3. Se resiente atrozmente cuando no encuentra fruto, y expresa su resentimiento al labrador de su viña. Es un abuso de su paciencia; cuanto más soporta tal esterilidad, más se abusa de ella. Es una provocación con la
  • 35. que no soportará mucho tiempo. Después de tres años de indulgencia, dicta esa severa sentencia, “córtala”. 4. Es una lesión en el lugar donde se paran. Obstaculizan el suelo, por eso la sentencia (Luk 13,7). Ocupa esa habitación que podría estar mejor empleada; chupa esa humedad que haría fructificar a otros; desborda las plantas que están debajo de él, impide la expansión y fecundidad de otras. Se podría mejorar mejor el terreno; es una pérdida para el dueño de la viña, cuando tal planta se sufre, καταργεῖ; lo que puede significar gastar el corazón de la tierra en vano (Luk 13:7). 5. Aquellos que tienen más ternura por tal, no pueden tener motivos para buscar una larga paciencia de esta esterilidad. El labrador de la viña se atreverá a suplicar no más de un año, después de eso la entregará a excisión (Luk 13:8- 9). 6. Todo el trabajo y el dolor, todo el cuidado y la cultura, al excavar y abonar, se pierden en él. Aquellos a quienes el Señor emplea para usar todos los medios para su mejoramiento, no les queda nada en el asunto, sino motivo de triste queja, porque han trabajado en vano, gastando sus fuerzas en vano Isaías 49:4). 7. Tales ciertamente se arruinarán. Donde no se encuentra fruto, no se puede esperar nada más que talar. El señor de la viña no los perdonará, ni los labradores de la viña intercederán más por ellos. Todos en un ratito coinciden en esa fatal conclusión, “córtala”. Todos estos, y cada uno de ellos, hacen evidente que aquellos que están plantados bajo los medios de la gracia, están muy preocupados por dar fruto. La indagación más pertinente y provechosa, para mayor aclaración de esta verdad, será, ¿qué frutos deben producir? ¿Qué hemos de entender por fruto, y esa fecundidad que es tanto nuestro deber? Y de esto os daré cuenta por la calidad, cantidad y continuidad de ello. A estos encabezados podemos reducir aquellos varios, por los cuales las Escrituras nos expresan lo que es este fruto. Yo. POR CALIDAD. Debe ser buen fruto. Uvas, no “uvas silvestres”.
  • 36. 1. Reales. Un espectáculo, una apariencia de fruto no será suficiente. Si no es real, no tiene una bondad metafísica y mucho menos moral o espiritual. La higuera en el evangelio hizo algún espectáculo de frutos; pero Cristo, al no hallarlo realmente, lo maldijo y se secó (Mat 21:19). No debe ser como la manzana de Sodoma, que no tiene nada que la elogie, sino sólo una hermosa exterior. Las bellas apariencias pueden engañar a los hombres y pasar por mejores frutos para ellos que lo que es realmente bueno. Pero Dios no es, no puede ser burlado; es Él el que viene a buscar el fruto, y no es la más bella muestra la que le satisfará, debe ser real. 2. Debe ser tal que implique un cambio del alma que lo produzca. 3. Debe ser fruto distintivo; como ningún árbol puede producir sino buenos, y que muestren su bondad (Mat 7:16; Mat 7:16; Mateo 7:20); los que aprobéis ante Dios y vuestras propias conciencias para que seáis árboles de justicia, plantados por el Señor, y que también deis a conocer esto a los hombres, en la medida en que sea conocido por hechos visibles; tales que puedan llevar una convicción con ellos a las conciencias de otros, que ustedes son de hecho lo que profesan ser, tales que no les dejen una justa excepción en contra de ello (1Pe 3:16). 4. Condimentada. Para que sea buen fruto, debe ser producido “a su tiempo” (Sal 1:1-6.; Mateo 21:41). El señor de la viña busca fruto en su tiempo (Mar 12:2; Lucas 20:10). Hay un tiempo para todo (Ecl 3:1), y entonces, si es que lo hay, es bueno. 5. Sonido. Una piel blanca no basta para dar fruto para bien, si por dentro está podrida. Y así es nuestro fruto, si el temperamento interno y los movimientos del corazón no se corresponden con las acciones y expresiones externas. II. Por la CANTIDAD. Debería ser mucho (Juan 15:5; Juan 15: 8). Debe haber–
  • 37. 1. Una plenitud de fruto. Los que gozan de los medios, no sólo deben dar fruto, sino ser fructíferos; debe dar abundancia. El corazón y la vida deben estar llenos de ella (Filipenses 1:11). 2. Una proporcionalidad a los medios de fecundidad, a la abundancia y potencia de los mismos. Tanto como responderá el cuidado y los dolores se toman con ellos. Si un hombre se esmera más y tiene más responsabilidad en abrir las raíces de un árbol, y abonarlo, y podarlo, cercarlo y regarlo, y da menos o no más fruto que otro que no tiene tal cuidado y afanado con él, difícilmente pasará por un árbol bueno y fructífero. Esa es tierra estéril, que produce menos, después de todo cuidado y cultura, que la que tiene menos labranza. 3. Un incremento. Aquellos que disfrutan de los medios de la fecundidad, deben crecer más y más fructíferos. Cuanto más tiempo permanezcan en la viña, y continúen bajo los medios de la gracia, más fruto deben dar. No esperas mucho de un árbol el primer año; pero después de que está en condiciones de producir, esperas que cada año aumente en fecundidad, y produzca más y más. Así espera el Señor de nosotros. 4. Variedad. Su fruto no solo debe ser mucho de algún tipo, sino de todo tipo. No solo deben abundar en alguna clase de fruto, sino que deben producir frutos de toda clase. III. Para CONTINUACIÓN. Debe ser un fruto duradero. De los cuales en tres particulares. 1. El fruto que den debe continuar, no debe marchitarse ni reducirse a nada antes de que el Señor de la viña venga a segarlo. 2. Deben seguir dando frutos. La buena tierra sí se aprobó a sí misma como buena, porque dio fruto “con paciencia” (Luk 8:15). Sólo son tierra buena y fértil los que perseveran y se esfuerzan en dar fruto.
  • 38. 3. Deben llevarlo siempre; no sólo semper, como un árbol que nunca deja de dar fruto una vez al año, sino ad semper,como si un árbol debiera dar fruto todo el año. Uso 1. Esto nos lleva a levantar un lamento por la esterilidad del lugar, la esterilidad de la gente de esta tierra. Uso 2. Para exhortación. Si aquellos que disfrutan de los medios de la fecundidad deben dar a luz, entonces están muy interesados en tomar nota de ello como su deber, ser fructíferos y cumplir con el Señor aquí. (D. Clarkson, BD) La parábola de la higuera Yo. Aquellos a quienes les corresponde vivir dentro de los límites de la Iglesia visible, son un pueblo muy favorecido. Comparados con el resto de la humanidad, son como un campo o jardín cerrado, en cuyo cultivo o adorno el propietario pone grandes esfuerzos y gastos. II. Dios requiere, y tiene derecho a esperar, que aquellos que son tan altamente favorecidos produzcan frutos de la misma clase. Es la peculiaridad del evangelio que el privilegio precede al deber, pero siempre se da por sentado que el deber seguirá. III. A menudo hay gran motivo de lamentación y queja, de que aquellos que son favorecidos por Dios, en punto de privilegio, dejan de rendirle homenaje. ¡Cuántos hay que desprecian la bondad, la longanimidad y la paciencia de Dios! ¡Cuántos hay que no conocen este día de su visitación misericordiosa! IV. Dios está justa y dolorosamente irritado por tal conducta. “Córtalo”, dice Él, “¿por qué estorba el suelo? “De qué sirve que permanezca más tiempo, sino para llenar espacio en ese jardín en el que he puesto tantos dolores,
  • 39. para interceptar la luz del sol de los otros árboles que están dando fruto, para quitarles la savia ? V. A Dios le agrada perdonar a los miembros inútiles de la Iglesia y extender su día de gracia, a pesar de todas sus provocaciones. (T. McCrie, DD) Producir fruto Se espera que todo hombre ser fructífero de una forma u otra; no hay situación en la que un hombre no pueda producir buenos frutos. Los siervos pueden dar buenos frutos ante sus superiores. Escuché, el otro día, de una sirvienta, una persona piadosa, que deseaba cambiar su lugar. “¿Tu maestro ha sido poco amable? ¿No te dio suficientes salarios? “No; da más de lo que tendré en otra parte; pero son tan malvados que no puedo soportar sus caminos. Preferiría trabajar más duro, con menos salarios, que quedarme a ver sus malas acciones”. Queridos hermanos, oro esto por ustedes: que Dios les enseñe a odiar el pecado dondequiera que lo vean, y que no se burlen de él ni le hagan un guiño. Deseo hacer de todos vosotros buenos cristianos bajo el influjo de aquella gracia que es la única que os puede hacer sabios para la salvación. Maestros, podéis hacer mucho bien. Una vez escuché una anécdota de una pobre sirvienta. Se fue a vivir a una casa, pero después de un tiempo quiso dejar su lugar. Le recomendaron que se quedara, ya que eran personas religiosas. “Oh”, dijo ella, “no volveré a ir a una casa como esta; porque, mientras que el amo y la señora fingen ser muy piadosos cuando están fuera, son unos demonios en casa. Déjame ir más bien donde los justos son una burla, y donde la justicia es completamente despreciada.” Os digo que la verdadera justicia crea el cielo en las casas de los hombres; y donde está el temor de Dios, hay rectitud en cada departamento, y es la gloria del círculo familiar. (Rowland Hill, MA) La higuera sin higo En cuanto a Dios, debemos ser fructíferos. Primero, porque Él lo ha merecido. En segundo lugar, Él lo busca. En tercer lugar, y cuando lo
  • 40. encuentra, se considera honrado y glorificado por él. Primero, EL FRUTO MERECIDO DE NOSOTROS, al habernos comprado a precio caro de nuestra vana conversación, para servirle todos nuestros días en santidad y justicia; Él nos ha escogido para que seamos “un pueblo propio suyo, celoso de buenas obras”, y nos ha escogido antes que a los demás, para que seamos fructíferos y nuestro fruto permanezca y abunde. Él nos ha hecho hechura suya, por el llamamiento eficaz de la gracia, y “nos creó para buenas obras, para andar en ellas”. Él nos ha plantado, nos ha cercado, nos ha abonado, nos ha regado con el dulce rocío de Su Palabra y evangelio del cielo; nos recortó con su podadera de juicios y correcciones. “¿Y qué más podría hacer por nosotros que no haya hecho?” Dios ha puesto en esperanza, plantado en esperanza, regado en esperanza, de algún retorno responsable, ¿y será negado? ¿O puedes imaginarte que Dios ha tomado todos estos dolores contigo, y te ha otorgado todo este costo, para que produzcas ramas verdes o flores alegres solamente? En segundo lugar, ÉL LO HA BUSCADO DE NOSOTROS, como habla nuestro texto. Ahora bien, buscar implica diversas cosas: primero, un deseo ferviente de encontrar lo que se busca, como Lucas Mateo 13:45. Tan ferviente deseo tiene Dios de dar fruto en nosotros, a los que ha plantado en su Iglesia, como se desprende de los patéticos discursos que usa, Dt 5:29 ; Dt 32:29; Sal 81:13; Os 6 :4. Y en este capítulo, Luk 13:34; Lucas 19:41-42. Por todo lo cual, y muchos por el estilo, parece que Él busca seria y fervientemente el fruto, y se aflige mucho cuando es engañado en Su expectativa. En segundo lugar, Procurar la diligencia y frecuencia de las importaciones. No es raro sino un acto continuado. Entonces Hijo 3:1-4; Lucas 15:8; 2Ti 1:17. Así Dios viene y busca fruto, no una vez, no dos veces, y luego se da por vencido, sino que viene a menudo. En tercer lugar, Buscar implica mansedumbre y mansedumbre. En tercer lugar, DEBEMOS PRODUCIR FRUTO, PORQUE DIOS SE MANTIENE GLORIFICADO EN ÉL. “En esto es glorificado mi Padre” (dice Cristo) “en que llevéis mucho fruto” (Juan 15:8). En segundo lugar, debemos tener una consideración especial al crédito del evangelio, que es la doctrina de la gracia de Dios, y enseña a los hombres a ser fructíferos, “en la renuncia a todos los deseos impíos, y en una vida sobria, justa y
  • 41. piadosamente en este mundo malo” (Tit 2:11-12). En tercer lugar, Dios tendrá un cuidado especial de nosotros. A los israelitas en sus conquistas se les prohibió levantar hacha contra cualquier árbol que diera fruto Dt 20:19-20). Dios proveerá para todos los cristianos fructíferos en calamidades públicas (Eze 9:4). En cuarto lugar, “será con nosotros según nuestro fruto” (Jer 17:10). Leemos que Jerjes adornó el plátano , y lo colgó con muchas joyas ricas y preciosas, porque se deleitaba en su sombra; mucho más adornará Dios los árboles fructíferos, porque se deleita en su fruto. En esta vida Él recompensará con gloria y honra. El cristiano fecundo lleva en su corazón un cielo, alegría y consuelo Hijo 7,7), una comunión feliz y bendita que es entre Cristo y él ; y de aquí en adelante le queda una bendición por Heb 7:8). Y así habéis oído qué razón tenemos para ser fructíferos, tanto con respecto a los demás, como a nosotros mismos y a los demás. Por último, si ponemos nuestra mirada en toda la creación, y en cada criatura que Dios ha hecho en ella, podemos ser estimulados y provocados a la fecundidad. El cielo, la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos son fructíferos en su género; ¿Y será el hombre estéril y sin fruto, para quien todo esto es fructífero? (N. Rogers.) Dios el Dueño de la viña Ahora brevemente de el interés peculiar y la propiedad del propietario en el mismo. Es Su viña. ¿Cómo suyo? ¿Es Él el dueño y poseedor de nada más que eso? y la higuera mencionada allí creciendo? “Del Señor es toda la tierra y su plenitud; el mundo redondo, y los que en él habitan”, dice el salmista (Sal 24:1), y sin embargo en cuanto al afecto que Él lleva a la Iglesia, en cierto modo se considera dueño de nada más que de esto. La Iglesia es la herencia peculiar del Señor, Él la respeta más que a todo el mundo. “La porción del Señor es su pueblo, la porción de su heredad es Jacob”, dice Moisés (Dt 32,9); son sus peculiares (Ex 19,5-6); Su gloria (Is 46:13); Su ornamento (Eze 7:20); Su trono (Jeremías 4:21); Su diadema Isa 62:3); Su Hephzibah (Isa 62:4); Su único deleite está en ella. 1. Los ha escogido de entre el resto del mundo. “Solo el Señor se deleita en tus padres para amarlos, y escogió su simiente “después de ellos, vosotros de entre todos los pueblos, como sucede hoy”, dijo Moisés a Israel Dt 10:15). El Señor “ha escogido a Sión, la ha querido para su habitación”, dice David (Sal 132:13-14). “Vosotros sois linaje escogido”, dice Pedro (1Pe 2:2). Dios
  • 42. escoge por Su amor, y ama por Su elección; son llamados Suyos por elección. 2. Ha comprado su heredad a gran precio; el mundo entero no le costó tanto como su Iglesia, fue comprada con sangre. Él ha entrado en una alianza y pacto con Su Iglesia, para convertirse en su Dios, y tomarlos como Su pueblo, y así no lo ha hecho con el mundo además ( Os 2:13; 1Pe 2:10). El hombre se parece con frecuencia a un árbol en la Escritura; entonces Job 19:10; Daniel 4:10-11; Dan 4:14; Daniel 4:20; Isaías 11:19; Ezequiel 17:24; Mateo 3:10; Mateo 7:17-19; Mateo 12:33. Los parecidos son muchos; Tome nota de algunos. 1. Con respecto a la forma, un árbol tiene su raíz, tronco o cuerpo, ramas, ramas y ramitas más pequeñas que salen de allí. La cabeza del hombre es su raíz, su cuerpo responde al tronco o tronco de un árbol, sus brazos y piernas son sus ramas y ramas, sus dedos de manos y pies las ramitas más pequeñas. Sólo aquí está la diferencia, el hombre es arbor inversa, un árbol al revés, dice el filósofo. Porque la raíz o la cabeza de un árbol está sobre la tierra, y se extiende hacia el cielo en el tallo, las ramas y las ramas de la misma. Pero el hombre (este árbol místico) tiene la cabeza hacia arriba, como su raíz; y sus ramas y ramas crecen hacia abajo a la tierra: para enseñarnos (dice uno) de dónde tenemos nuestra savia, humedad y alimento, no de la tierra abajo, como la tiene el árbol (que fue la bendición de Esaú), sino del rocío del cielo, que fue la bendición de Jacob (Gn 27,28-29). 2. En cuanto al crecimiento, existe cierta semejanza. Un árbol es primero tierno en la ramita, luego rígido en el tronco; y por último, marchito y dócil en la edad de ella. Así el hombre en su niñez e infancia es flexible, inclinándose fácilmente a la virtud o al vicio, según se le enseña e instruye. Como la cera, es apto para recibir cualquier impresión que se le ponga, y (como Plinio habla del abeto) cuanto más cerca está de la raíz, más suave es y menos nudoso. Así, cuanto más cerca está el hombre de la infancia y la niñez, menos pecador y más libre de cursos viciosos; pero una vez que llega a ser rígido, y confirmado en la fuerza de su ganado por la edad, entonces se vuelve más duro y violento en sus cursos (como lo hicieron Roboam y Joás): la sidra que cultivamos, por lo general peor somos. . Adam estaba peor en calzones que antes; así es con su posteridad pecaminosa. Y así como
  • 43. el hombre crece así en su juventud, así se desmaya en su vejez. Que sea tan fuerte como la encina, tan alto como el cedro, tan erguido como el pino, tan verde y floreciente como el laurel o el laurel; cuando la edad se apodera de él, su fuerza se debilita, su altura mengua, su rectitud se tuerce, su verdor se marchita. 3. Hay varios tipos y clases de árboles; unos más grandes que otros, y algunos más altos; algunos más rectos, otros más anchos; algunos más jóvenes, algunos mayores; algunos estériles, algunos fructíferos; así es entre los hombres. No todos son del mismo rango y calidad, algunos son de alto grado, otros bajos (Sal 61:2). Unos exaltados, otros derribados. Saulo era un árbol alto, “más alto que los demás por la cabeza y los hombros”. Zaqueo era un árbol bajo, más bajo que la gente por la cabeza y los hombros. Absolom era un árbol hermoso, verde y recto, ninguno en Israel comparable con él en belleza. Mefiboset era un árbol cojo y torcido desde su niñez, por una caída que se salió de los brazos de su nodriza. Algunos son fructíferos, otros infructuosos. De los cuales más adelante. 4. Con respecto al estado y condición externa, se mantiene la semejanza. Los árboles altos están sujetos a los mayores peligros, estando expuestos a la violencia de los vientos, a los relámpagos, a los golpes de los rayos, y generalmente cuanto más altos son menos fructíferos. Los árboles bajos están sujetos al ramoneo de las bestias, al pisoteo con los pies y a otras veinte molestias. El árbol de mediana estatura es principalmente el más seguro y da el mejor fruto. Así es con el hombre. Los que están en alto los abre a los vientos de alteración, a los relámpagos de los desastres, a los truenos de la envidia y la malicia. “Cómo han sido trastornados los poderosos” (dijo David en su epitafio para Saúl). ¡Vaya! “¿Cómo están caídos?” ¿Con qué frecuencia se parten con el peso y la grandeza de sus propias ramas? 5. Los árboles no están exentos de enfermedades, como demuestra Plinio, ni el hombre está exento de las suyas. El mismo autor nos dice que, hasta entonces, se descubrieron trescientas enfermedades diversas, a las que estaba sujeto el hombre (algunos filósofos dicen dos mil, y que hay doscientas a las que incide el mismo ojo del hombre). Seguro que sí, no hay árbol sujeto a tantas enfermedades como el cuerpo del hombre.
  • 44. 6. Con respecto al uso, el hombre puede parecerse a un árbol; algunos árboles son para construir, otros para quemar, una vez talados. Así es con toda la humanidad, siendo abatida por la muerte; unos para la edificación de “la casa que no está hecha de manos” (2Co 5:1), otros para combustible en el infierno, “su fin es ser quemados” (Heb 6:8). Podríamos familiarizarte con otras semejanzas, pero debo observar la medida. Que esto que se ha dicho no se pase por alto sin alguna aplicación útil. (N. Rogers.) Una higuera No era ordinaria ni árbol trivial, pero noble y generoso (llamado por otros árboles para ser rey sobre ellos), y dio frutos dulces y deliciosos (Jdg 9: 10). Por qué se debe mencionar una higuera en lugar de cualquier otro árbol, se pueden presentar algunas razones, como esta en general: la higuera era muy común en Judea, y con frecuencia se plantaba en sus viñedos, porque la vid se deleita mucho en su barrio y sombra; y por eso es que con tanta frecuencia los encontramos unidos en la Escritura (Dt 8:8; 1Re 4:25; Sal 105:33; Joe 1:7; Joe 2:22; Amós 4:9; Hag 1:12). Más particularmente, en referencia a la sinagoga de los judíos, y ese estado, la higuera, por encima de otros árboles, expuso mejor su condición. La higuera es una planta suculenta, llena de hojas y ramas exuberantes; así salió esa nación, y gastó su savia en observaciones y ceremonias externas, contentándose con las hermosas hojas de la profesión externa, clamando: “El templo del Señor, el templo del Señor”, acercándose con sus labios. cuando sus corazones estaban lejos. Además, la higuera es la primera que brota, pero la última cuyo fruto está maduro; los judíos brotaron mucho antes que los gentiles (y se debe orar para que se acelere el tiempo de su fruto maduro), pero la plenitud de los gentiles debe llegar antes de que se pueda esperar su madurez, como muestra el apóstol (Rom 11:25-26). En referencia a la Iglesia cristiana bajo el Nuevo Testamento, la higuera se nombra con respecto a diversas propiedades, en las que guarda semejanza. 1. La higuera está llena de savia y humedad, es el más jugoso de todos los árboles, su raíz lo alimenta abundantemente; así también Cristo Su Iglesia, Él es la Raíz de ella, y de la Raíz depende su posición firme, y la vida de cada rama; de esta Raíz tenemos nuestra humedad radical, de Su plenitud derivamos gracia, y gracia sobre gracia (Juan 1:16).
  • 45. 2. La higuera es más fecunda que otros árboles. Tiene fruto uno debajo del otro, tanto que un higo se echa encima del otro, a causa de su abundancia. La higuera egipcia (dice Sclinus) da fruto siete veces al año; arranca un higo, y otro brota en su lugar muy poco tiempo después. Tan fructífera es la Iglesia de Dios y cada miembro sano de ella; están “llenos de frutos de justicia” (Filipenses 1:11). 3. El fruto de la higuera es un fruto muy delicioso: “¿Dejaré mi dulzura?” dijo la higuera (Jue 9,11). Y tal es el fruto de todo buen cristiano, aceptable y agradable tanto a Dios como a los hombres. Lo que el apóstol habla de las obras de caridad (Flp 4,8; Heb 13,16) se puede decir de todos los demás dones y gracias, “es un olor fragante, un sacrificio acepto y agradable a Dios”; somos “olor grato para Dios” (dice el apóstol). Los frutos de nuestras gracias son los manjares de Dios (Hijo 6:2). 4. La higuera se adelanta en producir; anuncia un verano, como muestra nuestro Salvador (Mat 24:32). El pueblo de Dios es “un pueblo dispuesto” Sal 110:3). Adelante a toda buena obra que Dios requiere que sea Gal 1:16; 2Co 8:10; 2Co 9:2). Incluso en este sentido puede decirse que los piadosos son Primitive Dei, las primicias de Dios. Y este su avance promete un verano; trae una bendición sobre una nación. 5. La higuera no hace un espectáculo tan glorioso como los otros árboles, ni florece ni florece, y sin embargo da abundantemente: así es con el cristiano sano, no hace lo que hace el hipócrita, sino que es más fecundo (Mat 6:3- 4; Mateo 6:6; Lucas 18:11-14). La ramera supera a la casta matrona en vistosos atuendos, como lo hace la Iglesia de Roma con la nuestra. 6. La higuera soporta mejor la peor parte de las tormentas de invierno, y está más libre del trueno de verano (dice Plinio), que nunca la golpea. Seguro es que el cristiano piadoso está mejor armado para las inclemencias del tiempo y mejor capacitado para pasar por una variedad de condiciones (Filipenses 4:12-13 ). Ni los rayos de un Dios airado jamás lo alcanzan; ese trueno y relámpago que viene del trono viene a través del arco iris, el pacto de gracia y misericordia, antes de que lleguen a él (Ap 4:5).
  • 46. 7. Entre todos los árboles no hay ninguno cuya hoja se parezca tanto a la mano de un hombre como la de la higuera. La hoja del áspid se parece a la lengua, pero la hoja de la higuera, a la mano del hombre. El cristianismo nos pone a trabajar; permanece, no en una profesión verbal, sino en acción (Mt Juan 13:17; Santiago 1:22). (N. Rogers.) Árboles Los paganos de antaño eran idólatras al multiplicar dioses para sí mismos, hasta el número de treinta mil (dice Hesíodo); lo que más les gustaba, que crearon un dios, y así de lo que más temían. De un trueno hicieron un Júpiter, de una tempestad en el mar hicieron un Neptuno, de un terremoto hicieron un Plutón, etc. Y a estos sus dioses creados erigieron templos, altares, y consagraron los árboles más hermosos y hermosos que encontraron; la cual antigua práctica de dedicar este y aquel tipo de árbol a varios dioses como propios y peculiares a ellos se observó siempre (dice Plinio), y aún permanece hasta el día de hoy. Desde allí, Luciano aprovechó la ocasión para burlarse de la práctica de aquellos tiempos, fingiendo que sus dioses- ídolos se sentaban en el Parlamento, y cada uno eligiendo el árbol que más le gustaba. Júpiter elige la encina por su fuerza, Apolo por el laurel por su verdor, Neptuno por el álamo por su longitud, Juno por la eglantina por su dulzura, Venus por el arrayán por su belleza. Minerva sentada junto a ella, preguntó a su padre Júpiter cuál sería la razón, que viendo que había tantos árboles fructíferos, todos eligieron aquellos árboles que no daban fruto. Él le respondió: Ne videamur fructu honore vendere, para que no se piense que cambiamos nuestro honor por frutos. “Bueno”, dijo Minerva, “haz lo que quieras; Yo, por mi parte, elijo la aceituna por su grosura y fecundidad. Todos elogiaron su elección y se avergonzaron de su propia locura. Esto que dirás no es más que una ficción; y no es otro, sino que descubrió la insensatez de los hombres de aquella generación, y lo mismo puede hacer con la nuestra. En las elecciones y elecciones los árboles fructíferos son menos considerados. A los ambiciosos los busca tras el honor inútil, la alta posición, el gobierno y el gobierno, y quiere ser adelantado por encima del resto de sus hermanos; Afecta al ciprés por su altura (árbol que los grandes hombres estiman mucho y nutren en sus paseos, pero apenas se le hace crecer), y cuando brota, el fruto no sirve para nada, sus hojas son amargos, el olor fuerte, ni su sombra es saludable. El joven galán es para el álamo de
  • 47. dos colores, todo por la forma y el cumplido. Oh, hay mucho de caballero en eso, las hojas de este árbol son suaves y llenas de plumón, que pronto vuela como el plumón del cardo en el aire; este árbol es un emblema del disimulo. Al cortesano halagador le gusta mucho la hiedra, que, sin embargo, es enemiga de todos los árboles y plantas, socava los muros y sólo es buena para albergar serpientes y criaturas venenosas, tanto que Plinio se pregunta si debería ser honrada por cualquiera, o contada entre cualquiera. valor; y, sin embargo, los emperadores paganos solían hacerles guirnaldas y llevárselas en la cabeza. Roboam afectó demasiado a estas hiedras (1Re 12:8). Y es culpa de la grandeza. El mundano codicioso prefiere el fresno a todos los demás árboles; le encanta llevar las llaves y se deleita en ser el carcelero de su riqueza. El cuerpo y la masa de este árbol son duros y duros, y las hojas no son saludables para ninguna bestia que no rumia. En resumen, algunos eligen por la belleza, algunos por la dulzura, algunos por la grandeza, algunos por el verdor, pero ¿dónde está el que hace la elección de Minerva, para elegir la fecundidad? Como dijo Samuel de los hijos de Isai (uno de buena estatura, otro de buen semblante), “Ciertamente ahora el ungido del Señor está delante de mí”. Así pensamos en estos árboles hermosos y altos (pero sin fruto en gracia), si viene el honor, viene la riqueza, viene la belleza, etc., Este es el ungido del Señor; este debe ser el. Pero “Dios no ve como el hombre ve”; el hombre mira la apariencia exterior, pero el Señor mira el corazón, como se le dijo a Samuel. (N. Rogers.) Fruto aceptable Otros hay que dan fruto así como brotes y hojas, y sin embargo, su fruto no será aceptado. 1. Pues que no es fruto natural y bondadoso, sino degenerado. En la creación, cada semilla y planta produjo fruto según su especie; así es en la regeneración, los árboles buenos dan fruto que responde a la cepa en la que están injertados, y la savia que reciben de allí, y la profesión que hacen; pero estos hombres andan en pos de las concupiscencias de los gentiles, y dan frutos de la carne (como los mencionados, Gál 5:19) , ninguna manera de responder a la semilla que ha sido sembrada en ellos por el ministerio de la Palabra que han oído, y la doctrina que se les ha enseñado.
  • 48. 2. Di que es fruto de mejor especie, pero no es fruto de sazón. Puede ser que tarden diez o veinte años en florecer, tanto tiempo antes de que lleguen a una buena resolución de dejar sus caminos y rumbos viciosos; y entonces confían en los manantiales y lluvias tardías para su perfeccionamiento y maduración, y así, descuidando la debida estación del fruto, sucede que, con Esaú, no encuentran “lugar para el arrepentimiento, aunque lo buscan con lágrimas”. 3. Su fruto no es fruto sano, sino podrido en el corazón (aunque sea hermoso y hermoso a la vista), como aquellos manzanos en Asiria (de los cuales Solino escribe), cuyo fruto es amarillo como el oro, pero al tocarlo se pudre; o como las manzanas de Sodoma, hermosas a la vista, pero que al tocarlas se reducen a cenizas. Celosos parecen exteriormente, cuando son fríos de corazón o tibios. Su objetivo y fin en todas sus devociones es el yo. 4. Su fruto no es justo, se marchita, ya sea en algunos deberes de la primera mesa, como oír, leer, orar, etc., pero en los deberes de la segunda mesa son muy tardíos (Isa 58:3; Isaías 58:5-6). Entonces los fariseos hacían largas oraciones, y bajo ese pretexto “devoraban las casas de las viudas” Mat 23:14), y tal es el fruto de todos hipócritas. O bien son observadores en los deberes de la segunda mesa, con descuido de la primera (como Mat 23:23), y tal es la fruto del hombre civil y moral. 5. Su fruto no es duradero; sirve para la temporada de verano de prosperidad, pero cuando llega el invierno de adversidad y persecución, falla Luk 8:13). Y tal es el fruto del creyente temporal y del cristiano que sirve al tiempo; su fruto no dura todo el año, ni durante el término de la vida, cuando, como a la buena higuera nunca le faltan higos colgando de las tiernas ramas, ni en invierno ni en verano, un buen cristiano, como la palmera de la que se habla, Sal 92:12, engorda y florece hasta en la vejez. Que estos y todos los demás sean advertidos de que no se halaguen ni se dejen deshacer por vanas pretensiones. No es una hermosa flor, una hoja verde, ni el fruto de una profesión externa, una reforma externa, una iluminación común, o cualquier de naturaleza similar, lo que satisfará la expectativa de Dios. El busca fruto, y también buen fruto, de toda higuera, y de vuestras manos lo demandará.
  • 49. Por tanto, exhortaos a ser cristianos fecundos, para que podáis responder a las expectativas de Dios. Que vuestro fruto sea fruto de justicia (Filipenses 1:11), “fruto para santificación (Rom 6:22), “fruto para Dios” Rom 7:4), es decir, para la gloria y alabanza de Dios, y todo lo que Él quiera aceptar. Ahora que este uso puede ser el más provechoso, les daré a conocer tres detalles. 1. Con las propiedades o cualidades de aquel fruto que hallará aceptación. 2. Con los medios que deban emplearse para la producción de los frutos así calificados. 3. Con los motivos que nos inciten a producir tal fruto. De cada uno de estos brevemente, y en orden. (N. Rogers.) Una higuera plantada en su viña Que la Iglesia es una viña espiritual es una verdad que tiene una fuerte confirmación en las Escrituras. En el Antiguo Testamento lo encontramos así llamado (Sal 80:8-9; Sal 80:15; Hijo 8:11-12; Is 5:1; Is 5:7; Jeremías 2:21). Lo mismo en el Nuevo Mat 20:1-2; Mateo 21:28; Mateo 21:33; Mar 12:1; Lucas 20:10). Pero ¿por qué se asemeja a una viña y no a otra cosa? Se compara a muchas otras cosas en la Escritura, además de una viña, como a una casa, a un huerto, a un jardín cercado, a un campo en labranza, a una era, etc. Pero de todas las demás semejanzas de las cosas terrenales, ninguna expresa y expone tan plenamente la naturaleza y condición de la Iglesia como esta de una viña, la cual, para que parezca mejor, tomemos nota de algunos detalles, en los que esta viña espiritual , la Iglesia, guarda semejanza con la otra. 1. Un viñedo es un lugar separado y cercado de otros terrenos. Ningún viñedo es naturalmente un viñedo; la mano y el corazón deben ir para que así sea. La Iglesia es llamada y separada del mundo, tanto en vida como en conversación, como aparece, Lv 20,24; Lv 20:26; Núm 23:9; Dt 14:2; Juan 15:19.
  • 50. 2. Ninguna viña está en su gloria perfecta tan pronto como se recoge. Sus plantas, una vez establecidas, no alcanzan la perfección y el crecimiento en el presente, sino gradualmente. Así es con la Iglesia (Efesios 4:11-12). Diversos obreros y obreros son ordenados para que se empleen en ella, para su perfección, aun después de plantada. 3. Una viña, cuando florece y alcanza cierta perfección, es un lugar de gran deleite, tanto por el agradable olor que produce como por la agradable sombra. que proporciona; también lo es la Iglesia (Os 14,6-7). “Su olor es como el de un campo que el Señor ha bendecido”. Sus vides y uvas tiernas dan buen olor (Hijo 2:13-14). Sus gracias se comparan con las cosas más dulces (Hijo 4:13-14). 4. A una viña puede compararse en cuanto a la fertilidad o fecundidad de la misma. Da mucho fruto, y fruto de la mejor especie. Una viña se guarda con diversas plantas (una planta no hace una viña); y estas plantas están cargadas de frutos, dan en racimos y en racimos, y no una baya aquí y otra allá, sino que la carga es tal que llevan las ramas, que parece muchas veces exceder la fuerza de la rama que las lleva. . La Iglesia es fértil de hijos; hay multitudes de los que creen. Tan fructífera es la Iglesia de los niños que se maravilla de su propio crecimiento, y dice: “El lugar es demasiado angosto para mí; dadme lugar para que yo pueda habitar. ¿Quién me engendró estos, habiendo perdido a mis hijos y quedé desolada?” (Isa 49:19-20; Isa 54:1). Y como una viña es más fructífera que cualquier otra plantación, así da el mejor fruto de cualquier otra. Ninguna fruta es más deliciosa al paladar, ni más agradable al corazón, que la que proviene de la uva. ¿Y qué fruto se puede comparar con el fruto que da un cristiano? Todos los demás frutos que crecen fuera de esta valla son agrios y amargos, nunca parecen tan hermosos y gloriosos a la vista, pero no son más que frutos de cobertura, o como las uvas de Sodoma y los racimos de Gomorra (Dt 32:32). 5. Una viña es un lugar bien ordenado, allí se ven los montículos igualmente hinchados, las estacas echadas a buena altura y distancia, las viñas bien podadas, los terreno limpio y bien cavado, todas las cosas están bien ordenadas en él. Y así es en la Iglesia, a tal punto que el mismo Balaam no pudo sino admirarlo, y en un éxtasis exclamó: “¡Cuán hermosas son tus
  • 51. tiendas, oh Jacob, y tus tabernáculos, oh Israel, como se extienden los valles, como huertos junto al río”, etc. (Núm 24,5-6.) 6. A una viña se puede comparar la Iglesia, en cuanto a su imbecilidad y debilidad. Ninguna posesión, dijo Catón, requiere más dolores que una tela de viña. El maíz brota y crece solo, sin el cuidado del labrador (Mar 4:17). Pero la vid es una especie de planta frágil, debe ser sostenida, protegida, lavada y atendida diariamente, de lo contrario, pronto se vuelve lujosa y corre el peligro de volverse salvaje, después de que una vez se vuelve lasciva. 7. Una viña está muy sujeta a ser molestada y devastada por las bestias de la madera y los zorros del campo, que aman cavar debajo de ella y se deleitan en cosechar. y despojar de sus plantas, y comer de sus uvas, como insinúa Salomón (Hijo 2:15). Así es la Iglesia, sus enemigos son muchos que conspiran contra ella (Sal 83,2-13). (N. Rogers.) La ingratitud del hombre La mala retribución que hemos hecho a Dios porque todo el bien que hemos recibido de Él ha sido en parte descubierto. Ahora dame permiso para descubrirte la vileza de este vicio, la ingratitud, para que podamos evitarlo y odiarlo; y más bien, porque se nos ha dicho que es uno de esos pecados que hace que estos tiempos sean peligrosos. Y así, primero, fíjate que es un pecado compuesto; tiene muchos ingredientes venenosos que lo hacen extremadamente malo, y entre otros estos– 1. Ignorancia, y una ignorancia tal que se le niega la misericordia Is 27:11). El que los hizo no les hará ningún favor, siendo un pueblo sin entendimiento, siendo obstinado y afectado. Así Dios se queja de Israel, “Israel no sabe” (Isa 1:3), y Ho 2: 8. 2. Idolatría. La ingratitud no sólo pasa sin que se tenga en cuenta el bien otorgado, sino que atribuye todo a los demás. Así Israel atribuyó toda su
  • 52. abundancia, su pan, su vino, su lana, su agua, dec., a sus amantes o amados, es decir, a sus ídolos y falsos dioses (Os 2:5). 3. El orgullo es otro ingrediente pecaminoso que va a la composición del mismo. “Sus corazones se exaltaron”, dice Dios del ingrato Efraín, “por eso se olvidaron de mí” (Os 13:6). Y esta es la razón por la que Ezequías no se volvió a Dios como había recibido: “Su corazón se enalteció en él” (2Cr 32: 25). 4. La envidia, que es hija de la soberbia, y esperará a su madre; donde esté el uno estará el otro; no escatimamos a ningún hombre la alabanza de su bondad sino a quien envidiamos y odiamos. Y por experiencia hemos hallado cierto lo que Tácito dice de los favores extraordinarios, que, cayendo sobre las mentes enfermas, causan odio en lugar de amor. 5. Hay mucho de sacrilegio en ello. El hombre ingrato le roba a Dios el honor que le es debido, y que Él se ha reservado, ni se lo dará a ningún otro. Dios se contenta con que tengamos el bien de todos, pero la alabanza de todos la busca Él mismo. 6. Hay ateísmo en ello. Así, aquellos ingratos de los que habla Job, a quien Dios ha bendecido con abundancia temporal, preguntan: “¿Qué es el Todopoderoso para que le sirvan?” (Job 21: 25). En segundo lugar, es un pecado que toda ley condena. La ley de la naturaleza está en contra. Porque, naturalmente, todo efecto vuelve a su causa (como todas las aguas salen del mar, así todas vuelven allí). Ahora bien, Dios es la causa de todas las cosas y personas, por lo tanto, todo lo que tenemos y todo lo que somos se le debe atribuir. (N. Rogers.) El aderezo de la viña Para cuya mejor realización y perfeccionamiento son tres virtudes principales (como instrumentos) que son necesariamente un requisito en estos labradores de la viña del Señor.
  • 53. 1. Habilidad y habilidad para realizar esta obra a la que es llamado. Esto es requerido (2 Timoteo si. 2; 1Ti 3:2). 2. Fidelidad y sinceridad: “El que tiene mi palabra, fielmente hable mi palabra”, dice Dios (Jeremías 23:28). 3. Cuidado y vigilancia–“Sé diligente en conocer el estado de tus rebaños, y cuida bien de tus manadas”, dice Salomón (Proverbios 27:23). (N. Rogers.) Entorpecedores del suelo Los profesores estériles son engorrosos; cargas inútiles son para la viña del Señor. 1. Son estériles y estériles en sí mismos, y en ese sentido incómodos y una carga para la tierra. 2. Como no hacen ningún bien, y son engorrosos en ese sentido; de modo que hacen mucho daño, y así se convierten en cargas inútiles, y de muchas maneras. (1) Para el suelo sobre el que crecen, la misma tierra es peor que una higuera infructuosa. Fue el pecado del hombre, al principio, lo que hizo que Dios maldijera la tierra hasta convertirla en espinos y cardos, y desde entonces ha convertido “la tierra fértil en yermo, por la maldad de los que en ella habitan”. Los pecados de los que están dentro del palio, son aquellos por los cuales se lamenta una tierra Os 1:4). Así es en la viña del Señor. Deje que una higuera estéril e inútil tenga su posición, siempre que el suelo sea peor y no mejor para él. Que Roboam se arraigue entre los reyes en la tierra de Judá, y los escudos que encuentre de oro los dejará de bronce. Sea Balaam contado entre los profetas, y Judas entre los apóstoles; y la viña del Señor hallará motivo suficiente para decir de tal higuera, que estorba la tierra. La Iglesia sufre por el crecimiento de tales árboles; pierde su corazón y su gordura. Su belleza y gloria están muy manchadas por el crecimiento de tales plantas en ella.
  • 54. (2) Tales árboles estériles son engorrosos y pesados para otros árboles y plantas que crecen, o podrían crecer, en la viña; y que de diversas maneras. (a) Un árbol estéril posee el lugar de uno mejor, y por su buena voluntad no permitiría que ninguno creciera cerca de él. Los mejores salones en las fiestas, los principales asientos en las sinagogas, los fariseos orgullosos ocuparán; ni hay lugar para mejores invitados hasta que sean removidos más abajo, y se les ordene que den lugar, y así se haga lugar, mediante su remoción, para otros invitados. Lo mismo puede verse en el caso de David, quien fue ungido para ser rey sobre Israel mucho antes de su instalación. Saúl se sentó todavía en el trono, y David debe contentarse con quedarse un tiempo para eso, hasta que Saúl sea destituido; y hecho esto, será plantado y sentado en su aposento, en Hebrón. Así que mientras Judas suple el lugar de un apóstol, el honesto Matías se mantendrá fuera; su lugar debe ser anulado, antes de que otro tome “su obispado” (Hch 1:20). Los judíos deben ser desgajados antes de que los gentiles sean injertados (Rom 11:9). Y mientras aquellos agricultores desagradecidos de la viña tenían su arriendo, no podía ser tomado por otros, quienes gustosamente la habrían alquilado, y “rendido el fruto de ella a su debido tiempo” (Mateo 21:43). (b) Las que son estériles e inútiles en sus lugares, devoran no sólo el mismo alimento que el que da a luz, sino que muchas veces matan de hambre a otras plantas inferiores a su alcance; arrancando el corazón y la grasa del suelo con sus retoños y comederos. ¡Qué anchura tiene un gran fresno o roble! ¿Hasta dónde se extienden sus raíces, aunque sean subterráneas e invisibles? Sin embargo, puede percibirse por el hecho de que empapan la tierra y extraen el alimento del maíz y las plantas que están cerca de ellos. Así sucede con muchos cristianos inútiles y estériles, él es un empapador, y eso con respecto tanto a las cosas que conciernen a esta vida como a una mejor; y tan engorroso. Los tales se encuentran en la Iglesia. Del mismo modo, en las familias privadas se pueden encontrar muchas plantas tan onerosas; muchos bienes hermosos son consumidos por el orgullo y el lujo, la voluptuosidad y la prodigalidad. (c) Son molestos y engorrosos para otras plantas por su sombra inútil, cubriendo y goteando demasiado, y manteniendo la influencia del cielo de
  • 55. ellos, de modo que no pueden disfrutar de los cálidos rayos del sol, que trae curación bajo sus alas. (d) Son engorrosas, al albergar bajo sus ramas cosas dañinas para las plantas etéreas. Ninguno será albergado bajo su sombra a menos que sea una ortiga, o alguna mala hierba, o alguna criatura venenosa y venenosa. (e) Son una carga para el Señor de la tierra y dueño de la viña, que se queja de plantas tan estériles (Is 1:14; Is 1:24; Isa 7:13,Amós 2:13). Dios se queja de su carga; son engorrosos para Él; Encuentra una presión debajo de ellos; Es deshonrado por ellos y no puede soportarlo por mucho tiempo. (f) Los labradores de la viña están cargados y estorbados por ellos. Cristo, el Aparador principal, lamenta la esterilidad de Jerusalén Lc 19,41; Mateo 23:34; Juan 11:38). Cristo gimió, al parecer, bajo la malicia de los judíos. (N. Rogers.) La paciencia de Dios Estén persuadidos para hacer el usa bien la paciencia y longanimidad del Señor, como manda el apóstol (Rom 2:4), y déjate guiar, como de la mano, al verdadero arrepentimiento, acordándose de– 1. ¿Cuánto tiempo te ha confiado Dios su paciencia, y te ha dado tiempo para hacer la paz, y demanda tu perdón. Si a un traidor que es condenado como tú se le concede un indulto por la mitad de los años que has vivido (aunque no tenía la promesa de un perdón final), sobre su buen porte y comportamiento; cuán agradecido estaría, y cuán feliz se consideraría a sí mismo en eso. 2. No olvides cuántos han sufrido por esos pecados de los que eres culpable desde hace mucho tiempo; quienes no tuvieron la paciencia que les mostraste a ellos, sino que fueron arrebatados y llevados a la ejecución, en el mismo acto de su pecado, como Zimri y Cosbi, quienes fueron heridos en el acto de su lujuria; Ananías y Safira en el mismo acto de mentir, etc.
  • 56. 3. Al no hacer el uso correcto de la paciencia de Dios y aprovecharla, la desprecias; y al despreciarla desprecias la bondad. (N. Rogers.) La paciencia de Dios no es inagotable La paciencia de Dios tiene un período ; tiene sus fronteras y límites más allá de los cuales no pasará. Como prueba, lea Amo 8:2 –“El fin ha llegado, no los pasaré más”; es decir, no tendré más paciencia con ellos. Así que Jeremías 1:11-12 –“Apresuré mi palabra para cumplirla”; esto es, para hacer buenos los juicios que he denunciado. Y ese texto aún debería estar sonando en nuestros oídos– “Ha llegado el fin, ha llegado el fin; he aquí, vela por ti, he aquí, ha venido, ha venido” (Eze 7:5-16) ¿Debe Dios siempre soportar a los pecadores, Él debe sufrir en todos Sus atributos; Sería agraviada y manchada su justicia, que de ningún modo soportará que los impíos sean tenidos por inocentes (Éxodo 34:7; Jeremías 44:2). “Es un celoso Éxodo 20:5; Dt 4:26). Ahora bien, si Dios perpetuamente tolerara a los pecadores, sería una desgracia para Él. Su celo no perdurarápara que el pecado nunca quede impune (Sal 50:21; Mal 3:15). Es un Dios muy sabio, “Dios sólo sabio” (1Ti 1:17). Aunque Él soporta, perdona y muestra misericordia a los pecadores, siempre se modera con sabiduría. Persiste mientras hay esperanza (Jeremías 51:9). Pero cuando los hombres se vuelven incurables, Su sabiduría no le permitirá soportar más (Isa 1:5). Él es un Dios bueno; y siendo bueno, debe amar la bondad y odiar la iniquidad (Sal 45:7). Ahora, Dios no debe ser bueno, si Él debe ser siempre bueno con aquellos que nunca serán buenos; Su bondad no le permitirá jamás perdonar a aquellos que odian y desprecian la bondad. Para que podamos mostrar Sus otros atributos. (N. Rogers.) Privilegio, no derecho prescriptivo Por legal o habitual que sea el la presencia de una higuera en una viña puede ser, no es, como en el caso de una vid, algo natural, y Cristo debe haber tenido una razón para introducirla, y la razón sólo se encuentra en la didáctica importancia del emblema. ¿Cuál fue, entonces, la razón? Desde nuestro punto de vista de la deriva de la parábola, no es difícil responder a
  • 57. la pregunta. La higuera se elige para representar a Israel como una protesta tácita pero efectiva contra la noción de que ella posee un derecho prescriptivo para ocupar a perpetuidad el lugar que ocupaba en el favor de Dios. La suposición se dirige contra el orgullo y la vanidad de una raza elegida, propensa a pensar que Israel y el reino de Dios eran sinónimos, o tan íntima y esencialmente relacionados entre sí como lo son la viña y la vid. Haber usado la vid como un emblema de Israel podría haber parecido conceder esta afirmación, pero al seleccionar la higuera como un emblema, Cristo dijo a sus compatriotas en efecto: “No tenéis un lugar natural o necesario en la esfera dentro de la cual Dios está presente. la gracia se manifiesta, como una vid en una viña, sin la cual la viña difícilmente puede concebirse: Vosotros no sois más que una higuera en la viña, legítimamente, bastante adecuadamente allí, pero allí por accidente o por libre elección del propietario, y allí sólo mientras sirváis al propósito por el cual Él os puso allí.” (AB Bruce, DD) Un viñedo Era uno; no viñedos, muchos; y de aquí podemos concluir que la Iglesia de Cristo es una, y sólo una. La multiplicidad de iglesias particulares no impide la unidad de la católica; todos estos son sólo partes de él, como un árbol que tiene varios brazos y ramas. Muchas piedras hacen de bus una casa, muchas casas una ciudad, muchas ciudades un reino; así, muchos hombres una congregación particular, muchas congregaciones una Iglesia visible, muchas Iglesias una católica. O como el mar-océano es uno solo en sí mismo, pero discurriendo por diversos países y costas, tiene el nombre de acuerdo con la costa por la que discurre; como el Mar Inglés, el Mar de Irlanda, el Mar Alemán, etc., pero todos menos un mar. Así distinguimos de las Iglesias, sin embargo, todo es uno y lo mismo, una Iglesia católica y nada más. Es muy cierto que Dios se parece al hombre en las Escrituras. Él se asemeja al hombre, y nos habla a la manera de los hombres. Sin embargo, tenemos algo más de lo que tomar nota, porque a Dios le agrada no sólo asemejarse al hombre, sino que toma sobre sí la profesión de labrador, asemejándose a sí mismo a un vinitor cuidadoso y penoso, que tenía una higuera plantada en su viña, etc. (N. Rogers.) La higuera estéril
  • 58. I. LA HIGUERA FUE FAVORECIDA. NINGUNA otra higuera fue tan favorecida. Porque no estaba allí por casualidad como un arbusto de bayas en el bosque, o un árbol en lo alto de una torre vieja, cuya semilla había sido llevada por las alas del viento, o por un pájaro que, en el camino a su nido, asustado por un halcón, había dejado caer su bocado. El propietario había plantado deliberadamente este árbol en su viñedo. Estás plantado, no en un desierto abierto y sin protección, sino en la Iglesia de Cristo y en un hogar cristiano. No eres como un niño moribundo que le dijo al amigo cristiano que lo visitaba: “Oh, señor, ¿piensas que tengo alguna oportunidad con Dios? ya ves que no puedo leer nada”; o como un carretero ignorante que conocí, que solía darle un centavo a un niño para que le leyera “palabras de la Biblia”. Ese niño moribundo, ese carretero, era como una higuera que crecía al borde del camino. Eres como una higuera plantada en un viñedo. ¿Qué se podría haber hecho por ti que no se haya hecho? II. ESTA HIGUERA FUE SIN FRUTOS, AUNQUE TAN FAVORABLE. III. ESTE ÁRBOL, FAVORECIDO AUNQUE SIN FRUTOS, AÚN SE SALVA. Muchos poetas hablan de los árboles como si tuvieran vida, como compañeros que piensan y sienten, por los que sienten un apego casi humano. Los árboles de nuestra niñez son queridos para nosotros, porque están entrelazados con recuerdos de días brillantes. He conocido un bosque que se echó a perder porque la propietaria no permitió que se cortaran los árboles que ella consideraba amigos de su infancia. Parecía temerosa de “dañar el espíritu en el bosque”. El sentimiento es natural. El guardián de la viña había plantado la higuera y observaba su crecimiento. Es suyo, y siente un anhelo persistente por él. No perderá la esperanza de ello. El presidente Garfield, cuando era niño, se salvó maravillosamente de ahogarse. “La providencia cree que vale la pena salvarme la vida”, se dijo, cuando estaba jadeando y chorreando en la cubierta del barco del canal, y el fuego de la noble resolución comenzó a arder dentro de él. Lord Clive y Wallenstein, en su niñez, hicieron algunos escapes maravillosos y prorrumpieron en una exclamación de que seguramente estaban reservados para algo grande. Muchos han tenido la misma sensación.
  • 59. IV. LA HIGUERA, FAVORECIDA AUNQUE SIN FRUTOS Y PERDONADA, AÚN TIENE QUE SER JUZGADA. La paciencia de Dios es la más maravillosa, va mucho más allá de todos nuestros pensamientos y sueños, pero tiene límites. Ser infructuoso es una calamidad mayor que la que les sobrevino a los asesinados por Pilato en el altar, o enterrados bajo la torre de Siloé; es la única calamidad real; porque es ser un fracaso eterno. (J. Wells, MA) La pena de ignorar el final de la existencia Así como cuando cualquier artículo, como una pluma, un reloj, un motor, o cualquier otra cosa que no funcione, o responda al fin para el cual fue hecho, es desechado como inútil; o como un árbol frutal que no da fruto se corta como un estorbo del suelo, así aquellos que no respondan a este fin de su existencia, glorificar a Dios, pueden ser apartados o castigados de otra manera. (HR Burton.) Una advertencia para vidas inútiles Yo. CONSIDERA QUE LA QUEJA ALEGADA ES LA DE INFECTUOSIDAD. Las higueras tardan generalmente tres años antes de dar frutos perfectos; pero esto era perpetuamente estéril, y probablemente seguiría siendo un estorbo para el suelo. 1. Observar la paciencia y la tolerancia de Dios en Su conducta hacia la higuera estéril, el profesor estéril e inútil. Soporta con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción. 2. Aunque el Señor es paciente y bondadoso, observa estrictamente toda nuestra conducta y lleva cuenta de las ventajas que disfrutamos y del uso que hacemos de ellas. 3. Por grande que sea el peligro de la esterilidad, sólo la cultura celestial, sólo la influencia divina puede producir en nosotros frutos de justicia.
  • 60. 4. La paciencia divina, aunque continúa por mucho tiempo, finalmente tendrá un final. Aunque soporta mucho tiempo, no soportará siempre. Cuanto más tiempo se haya estado acumulando la tormenta, más fuerte caerá; cuanto más tiempo haya estado afilando la espada, más afilada cortará y más profundamente herirá. La longanimidad por el pasado de Dios, si conduce al arrepentimiento, será seguida por un sufrimiento más grave de nuestra parte. II. LA MUERTE QUE ES PASADA SOBRE LA HIGUERA ESTÉRIL: “Córtala, ¿por qué estorba la tierra?”. 1. Una sentencia como esta a veces se dicta contra personajes inútiles, incluso en la vida presente. 2. La higuera estéril es cortada en la muerte, cuando no sólo es echada fuera de la Iglesia, sino del mundo. 3. El golpe caerá aún más fuerte en el día del juicio, cuando el árbol estéril no sólo será cortado, sino arrojado al fuego. III. LA RAZÓN DADA DE LA TERRIBLE SENTENCIA; LA HIGUERA NO SÓLO ERA IMPRODUCTIVA, SINO NOCIVA; “obstaculiza el suelo”. 1. Fue inútil, y así es todo pecador que no lleva fruto para Dios. 2. La higuera era nociva, además de inútil; porque estorbaba la tierra y ocupaba un lugar que podría llenarse con mayor ventaja. (B. Beddome, MA) Profesores infructuosos talados como estorbos del suelo Yo. Para mostrar QUIENES SON LOS NO FRUTOS EN LA VIÑA DE DIOS, PARA SER CORTADOS.
  • 61. 1. Árboles muertos. Estando todavía en su estado natural, están espiritualmente muertos en delitos y pecados. El evangelio es medio de vida para un mundo muerto, llamado por tanto palabra de vida (Flp 2,16). Es por ella que el Espíritu de vida se transmite al alma muerta. Este Espíritu se recibe por el oír de la fe. Por eso viene la fe por la cual el alma se une a Cristo, fuente de vida. ¡Pero Ay! muchos continúan muertos bajo medios vivificantes, destituidos del Espíritu y de la fe. Así que no pueden dar frutos de santidad, no pueden hacer nada que sea verdaderamente bueno, más de lo que un muerto puede moverse y actuar. 2. Árboles podridos. Las almas muertas también están espiritualmente podridas. “Todos ellos se han vuelto inmundos”. Esto habla de la vanidad y la inutilidad reinantes, como el árbol podrido es luz. Cuántos así hay en la viña de Dios, cuya mente es vana. 3. Árboles marchitos. Cuando el árbol ha perdido toda la savia y se seca, no puede dar fruto, sino que debe ser cortado. Muchos que a veces parecían verdes y prometedores bajo los medios de la gracia, lo han perdido todo ahora. Sus convicciones son sofocadas, su afecto por las cosas de Dios se ha ido, y el evangelio se vuelve insípido para ellos. 4. Árboles estériles, que tienen hojas pero no frutos. 5. Árboles degenerados que dan frutos malos y nocivos. A los tales Dios les dice: “Pero yo te planté de vid noble, toda de simiente derecha; ¿cómo, pues, te me has vuelto sarmiento de vid extraña?” Estos producen los frutos de la carne en abundancia, que son mortales como las calabazas silvestres de la vid silvestre. II. ¿Cómo Y EN QUÉ OBSTÁCULOS OBSTRUYEN EL TERRENO? 1. Ocupan espacio, precioso espacio, que quizás esté mejor ocupado. 2. No hay ventaja para el propietario de la parte del suelo que ocupa.
  • 62. 3. No hay consuelo para los labradores en la parte de la tierra que ocupan, aunque de otra manera podría sacar mucho de ella, si estuviera plantada con otros árboles. Los dolores de los trabajadores se pierden en tales árboles. 4. La savia de la tierra que atraen los árboles estériles, de los cuales no son aún mejores, podría nutrir árboles fructíferos. Por último, impiden la fecundidad de otros árboles de la viña; sacando la savia de ellos. Por lo tanto, no solo no son rentables, sino perjudiciales. III. CONSULTE POR QUÉ LOS CUMBERERS O EL SUELO SE AHORRAN TANTO TIEMPO. 1. Para probar si se arreglan. 2. Por las oraciones de los piadosos. 3. Por causa de su simiente destinada a vasos de misericordia. 4. Que los pecadores impenitentes sean totalmente inexcusables. Hay una medida de iniquidad que hay que llenar, y el Señor soportará a los pecadores, y no más (Rom 2:5; Gn 15:16). Queda– IV. A CONSIDERAR LA IMPORTANCIA DE TALA. Denota– 1. Paciencia al final. 2. Nunca más fruto que crecer sobre ellos. 3. La nitidez del trazo. 4. La brusquedad del golpe.
  • 63. 5. La destructividad de la misma. 6. El echarlo fuera de la viña. 7. Que el árbol estéril sea echado al fuego. Usos. 1. La infructuosidad bajo el evangelio que prevalece en nuestra tierra, presagia un tiempo de labranza y tala. Nuestros privilegios han sido señales, nuestra señal de mala mejora; así será también nuestro golpe. 2. Los pecadores impenitentes tienen una posición peligrosa en la viña de Dios. Un árbol estéril puede estar mucho más seguro en el bosque que en el jardín. 3. Mirad qué papel hacéis en la viña de Dios. Preocúpate de saber para qué te sirve. Cuidado con ser estorbos del suelo. 4. No ponga más peso sobre los privilegios externos de la Iglesia de lo que ellos puedan soportar. Felices los que moran en la casa de Dios, si aprenden las verdaderas costumbres de la casa. Pero si en la casa de Dios viven vidas impías, mejor les hubiera sido no haberlo sabido nunca. Por último, considerad qué frutos traéis bajo los medios de la gracia; y no descuides los privilegios que disfrutas. Los ministros siembran la semilla, Cristo mismo cuidará del fruto, y se dará cuenta de quién produce el fruto de un evangelio predicado, y quién estorba el suelo. (T. Boston, DD) Estos tres años Tres años Viene a hombre particular tres años. Primero, en la juventud. Te he plantado en Mi viña, te he dado la influencia de Mis misericordias; ¿Dónde está tu fecundidad? ¡Pobre de mí! el joven lo despide con un Nondum tempus
  • 64. ficorum–Es demasiado pronto para caer en la mortificación; ¿Me haríais penitencia antes de que haya tenido el ocio y el placer de ofender? Está listo para despedir a Cristo en el lenguaje de ese espíritu inmundo: “¿Has venido a atormentarme antes de tiempo?” Pero, ¿de quién es el cargo de “Acuérdate de tu Creador” diebus juventutis?. Entonces la conquista es más gloriosa, porque entonces es más difícil. Tú dices, nunca es demasiado tarde; pero estoy seguro de que nunca es demasiado pronto para ser misericordioso y santo. En segundo lugar, en la mediana edad; y ahora la “compra de haciendas”, y la “prueba de animales”, los placeres del matrimonio, los cuidados por la posteridad, ocupan todos los espacios del alma. Los hombres se ocupan más bien de recoger los frutos de la tierra que de dar los frutos del cielo. Aquí hay fuerza de naturaleza y plenitud de estatura, pero todavía un defecto de gracia. Quizá Cristo tiene ahora algunas buenas promesas de frutos en el más allá: “Entonces, déjame ir primero a enterrar a mi padre” (Luk 9:61). En tercer lugar, en la vejez. Ahora bien, la decadencia del cuerpo debería argumentar la decadencia del pecado. El gusto no encuentra deleite en el alboroto, los oídos no pueden distinguir la música, los ojos están nublados para los objetos agradables, el mismo “falla el deseo”: ahora todas las cosas prometen mortificación. El que no puede moverse por el mundo, ¿qué debe hacer sino recordarse a sí mismo y fijar sus pensamientos en el mundo venidero? Ahora frutas, o nunca. No todavía; el mal humor, el orgullo y la avaricia son las tres enfermedades de la vejez. Los hombres codician más cuando tienen menos tiempo para gastar; como comerciantes estafadores, entonces levantan la mayoría de las mercancías en sus manos cuando tienen la intención de romperlas. Todavía viene buscando fruto, y se lo devuelve con un Non inventa. Pero, ¿soportará Él a todos los árboles por tanto tiempo? No; algunos son arrebatados en la flor y orgullo de su vida; sí, no son pocos los que no se permiten vivir, sino que con alboroto e intemperancia aceleran sus propios fines, antes de haber comenzado bien o aprendido lo que es la vida; como malos eruditos, que adormecen sus libros antes de haber aprendido sus lecciones. Que en lugar de Non est fruetus, podemos decir, Non est ficus, el árbol mismo se ha ido. Y esa hermosa persona, que como un hermoso barco lleva mucho tiempo construyéndose, y ayer se hizo a la mar, hoy se hunde en su mayor parte. No comemos, ni bebemos, ni dormimos, y tomamos tales reflejos de la naturaleza, ut non moriamur, para que no muramos -eso es imposible-, pero para que no muramos estériles,
  • 65. sino que llevemos algunos frutos con nosotros al que hizo el árbol. (T. Adams, DD) Dios y el hombre lidiando con la falta de fruto Un agricultor , que había centrado su atención en la producción de frutos, le dijo a un amigo mientras estaban sentados a la mesa: “Hoy he cortado más de cincuenta melocotoneros”. “¿Por qué es esto?” “Porque la fruta no era buena. Los duraznos eran demasiado pequeños”. Después, caminando por la huerta, el amigo vio dónde habían estado los árboles, y también el lugar donde, después de ser cortados, habían sido quemados. Este procedimiento trajo a su mente de inmediato la parábola del Salvador de la higuera estéril. ¡Oh, si Dios tratara con los hombres como ellos tratan con los árboles en sus huertos, qué terrible destrucción se produciría para nuestra raza! Fruto Nada es creado para sí mismo, sino puesto por la sabia providencia, que confiera algo al bien público, aunque sea pero como las dos blancas de la viuda para el arca, la más pobre de las criaturas da algún fruto, en el cual imita la bondad del Hacedor. No sabemos fácilmente lo que pueden hacer las buenas serpientes y sabandijas; sin embargo, ciertamente tienen su fruto, tanto en aspirar ese veneno de la tierra, que sería contagioso para el hombre; al resaltar la belleza de las mejores piezas de la creación, porque aunque la misma mano hizo tanto a los ángeles en el cielo como a los gusanos en la tierra, sin embargo, los ángeles parecen más gloriosos, al ser comparados así, además de sus virtudes ocultas abstraídas de nuestro conocimiento. De las piedras hacen hierro, la basura sirve para levantar baluartes, el guijarro para la honda, los gusanos y las moscas son cebos para los peces; todo está habilitado con algún don para el beneficio universal, y así producir esos frutos es su trabajo natural. El sol sale de su cámara como un novio, fresco y vivo; y se regocija como un gigante, para correr su curso diurno, para alumbrarnos con sus rayos refulgentes, para engendrar, alegrar y madurar las cosas con su calor paternal: este es su fruto. En su ausencia, la luna y las estrellas adornan el dosel del cielo, reflejando su influencia operativa para vivificar el mundo inferior: estos son sus frutos. Las nubes
  • 66. rizadas, esas botellas de lluvia, delgadas como el licor que contienen, vuelan arriba y abajo en las alas del viento, entregando sus cargas húmedas sobre la tierra, tetinas de las que maman los campos y pastos hambrientos; sin embargo, no esperan de nosotros ninguna cosecha: estos son sus frutos. Los vientos sutiles salen resoplando de sus cavernas, para hacer movimientos artificiales, aires saludables y mares navegables; mas ni la tierra, ni el aire, ni el mar les devuelven recompensa: estos son sus frutos. La tierra, en agradecida imitación de los cielos, no encierra sus tesoros dentro de sus propias arcas; pero sin respeto por su beneficio privado, es generosa con su asignación, entregando su gordura y riquezas a innumerables criaturas que cuelgan de sus pechos y dependen de ella como su madre común para su mantenimiento. De las bestias que se alimentan de ella, las vacas nos dan su leche, lustran su lana; cada uno paga un tributo al hombre, su señor usufructuario: estos son sus frutos. Los árboles frutales no gastan en sí mismos toda su savia y humedad, ni el aumento de sus propias magnitudes; pero la parte principal y más pura de ella se mezcla en algunos frutos agradables, de los cuales ni ellos ni sus manantiales llegan nunca a probar; pero nos la ofrecen, y cuando está madura, voluntariamente la dejan caer a los pies de sus amos. Jamás el olivo se ungió con su propio aceite, ni la vid se embriagó con sus propias uvas, ni el árbol de mi texto devoró sus propios higos: sin embargo, todos se esfuerzan por abundar en frutos. Déjame elevar tus meditaciones de la tierra al cielo: los santos ángeles allí son llamados “espíritus ministradores”; esos ejércitos reales pelean por nosotros contra nuestros enemigos; como nodrizas, nos llevan en sus brazos y, aunque invisibles, nos hacen oficios gloriosos: esto es parte de su fruto. La santísima Trinidad siempre está trabajando: “Hasta aquí mi Padre trabaja, y yo trabajo” (Juan 5:17). El Padre por Su providencia y protección, el Hijo por Su misericordia y mediación, el Espíritu Santo por Su gracia y santificación; todos dividiendo las corrientes de su bondad para el mejor beneficio del mundo. Cuanto más promueve cualquier cosa el bien común, más noble es su naturaleza y más parecida al Creador. La tierra es fecunda; el mar, el aire, los cielos son fecundos; ¿Y no dará fruto el hombre, para quien todo esto es fructífero? Mientras todos los ejércitos del cielo y de la tierra se ocupan en fructificar, ¿estará el hombre, de más singulares gracias y facultades, ocioso, una carga para el mundo y para sí mismo? Tanto la Iglesia de Dios para la propagación de la piedad, como el mundo mismo para la defensa de Su estado, requieren de nuestros frutos. Si la felicidad consistiera en no hacer nada, Dios, que hizo tan feliz a Adán, nunca lo habría
  • 67. puesto a trabajar; pero así como el paraíso era su almacén, así también su obrador: su placer era su tarea. No hay estado del hombre que pueda privilegiar una mano doblada. (T. Adams.) Ninguna fruta Ninguna? Tal vez no tan lleno de frutas como las “vides de Engedi”; toda tierra no es Canaán, para fluir leche y miel. Pero, sin embargo, alguna medida competente, suficiente para pagar la renta del propietario por el terreno en el que se encuentra; ninguno.” Si no hay nada de sobra, con lo cual el propietario puede hacer dinero, pero suficiente ad usum suum, ad esum suum–para que pueda comer el trabajo de sus propias manos; ninguno.” Si el número no es “como la arena”, que quede “un remanente” (Rom 9:27). Si no puede haber toda una cosecha, que haya “un décimo” (Isa 6:13). Si no un décimo, que haya algunos “rebuscos” (Miq 7:1); y eso es una penosa escasez. Si no se permiten las espigas, que haya aquí y allá un higo, una uva, una baya, “en las ramas más externas” (Isa 17:6 ), que el sembrador puede tener un gusto. Es demasiado defectuoso, cuando non florebit ficus–el árbol no florece; pero quando non erit uva in vitibus, non ficus in ficulneis Hab 3:17)—cuando no ser “uva en la vid, ni higo en el árbol” (Jer 8,13), es una esterilidad miserable. Algo tiene algún sabor, pero ninguno sirve para nada. De hecho, todos los árboles no tienen la misma carga; hay la medida de cien, de sesenta, de treinta; un gomer y un efa; pero los sagrados rocíos del cielo, las gracias del evangelio, ¡bendícenos por no tenerlas! “No encuentro ninguno”. ¿Ninguna? Tal vez ninguno como Él busca, porque no hay frutos lo suficientemente delicados para el gusto del Todopoderoso. De hecho, nuestros mejores frutos nunca son perfectos y amablemente maduros; todavía les gusta lo agrio y lo terrenal, y tienen el sabor del caldo del que fueron tomados. Son plantas celestiales, pero crecen en un clima extraño y frío; no está bien inventado, no es digno de los cargos y cuidados que se nos otorgan. Ponga naranjos o higueras en este nuestro país frío, la fruta no disminuirá el costo de la plantación y el mantenimiento. Pero la queja no es aquí de la imperfección o escasez de frutos, sino de la nulidad: “ninguno”. Algunos leyendo ese texto con ojos ociosos, que después de todos nuestros frutos, seguimos siendo “árboles inútiles” (Luk 17:10), porque no pueden encontrar validez de mérito en sus obras, tiran el arado en el seto y hacen vacaciones. ¿Pero el siervo no hará los negocios de su amo, porque no puede
  • 68. ganar la herencia de su amo? ¿Dirá el albañil: Yo compartiré con mi soberano su reino, o no pondré piedra en su edificio? Los buenos frutos netos tienen su recompensa; aunque no por el mérito del hacedor, sino por la misericordia del que acepta. Son amargos por sí mismos, pero en Cristo tienen su dulzura; y los ínfimos frutos que aquel gran “Ángel de la Alianza” presentará a Su Padre, con la añadidura de Su propio “incienso precioso” (Ap 8:4 ), son recibidos y recompensados. En su propia naturaleza pueden ser corruptos; pero siendo teñidos en la sangre de Cristo, son hechos agradables a Dios: sí, también útiles a la Iglesia, y útiles a los hombres, nunca parecen tan pobres. Incluso una primavera turbulenta sacia a menudo la sed de un soldado angustiado; una pequeña vela hace bien donde las luces mayores están ausentes; y el fruto más insignificante de la santa caridad, incluso una copa, aunque no sea del jugo de las uvas de la viña, sino del agua fría de la jarra, en el nombre de Cristo, tendrá su recompensa (Mateo 10:42). Pero aquí la queja no es por la mezquindad o la escasez, sino por la esterilidad: ninguna en absoluto. (T. Adams.) Infructuosidad agravada por privilegio Sin embargo Dios puede soportar la esterilidad fuera de la Iglesia, en la falta de medios, sin embargo, Él nunca lo soportará bajo los medios. Más vale una zarza en el desierto que en un huerto; que la cizaña esté fuera, que en un jardín, donde es seguro ser quitada, como la otra ser cortada. Si un hombre es inútil, que sea inútil fuera de la Iglesia. Pero serlo donde tiene el rocío de la gracia cayendo sobre él, en los medios de salvación, donde están todos los dulces favores de Dios, ser zarza en el huerto, ser mala hierba en el jardín, ser ruidoso en un lugar donde debemos ser fructíferos, ¿Soportará esto Dios, el gran Labrador? Todo lo que no es para el fruto es para el fuego Mat 3:10). (R. Sibbes.) Cristianos nominales Una vez un caballero entró en un salón con su hijito, cuando vieron una multitud de personas bien vestidas, algunas de ellas de pie juntas en grupos, mientras que otras estaban sentadas a sus anchas. La atención del muchacho fue captada por un hombre de aspecto agradable, vestido de forma llamativa, y le preguntó a su padre quién podía ser. —Pregúntale al
  • 69. señor que está cerca de ti —respondió el padre, con seriedad inmóvil. “Si es tan amable”, dijo el niño, dirigiéndose al extraño, “¿puede decirme quién es ese caballero que está enfrente?” No hubo respuesta, y el muchacho parecía asombrado. Finalmente el padre le dijo: “Esas cosas que tanto se parecen a hombres y mujeres son sólo figuras de cera. No hay vida en ellos, por naturales que parezcan. Hermosos a la vista, no tienen alma; todo afuera, y nada más.” ¿Son los meros cristianos nominales mucho más que estas figuras de cera? Podemos admirar la habilidad artística que puede modelar la materia en formas de belleza; pero ¿qué son todas las apariencias externas de la religión en el fariseo engañoso en comparación con la santidad de vida en el corazón del verdadero creyente? Feliz sería para nosotros si todos buscáramos “el fruto del buen vivir” en nuestras propias vidas antes de que Dios mismo venga a buscarlo. Los antiguos griegos solían citar el proverbio de que “los pies de las deidades vengadoras están calzados con lana”, insinuando así la manera silenciosa e inesperada en que se acercan a sus víctimas. Gracias a la tierna paciencia de Dios, Él siempre nos da una advertencia oportuna antes de que se dé el golpe fatal. La parábola de la higuera estéril, de la cual se toma el texto, fue diseñada por nuestro bendito Señor para ser una advertencia a la nación judía, cuyas misericordias habían sido tantas, pero cuyo día de gracia pronto terminaría. Sin embargo, no es menos aplicable a todos, de toda época y país, que tienen la oportunidad de recibir los medios de gracia y de asegurar la esperanza de la gloria. (JN Norton, DD) Vidas sin fruto Cuántos de los que se llaman cristianos viven vidas tan completamente infructuosas que podrían tener obituarios escritos de ellos como este: “Mientras profesaban ser seguidores de Aquel que anduvo haciendo el bien, nunca fueron conocidos por salir de su camino para hablar bondadosamente a los pobres y a los sin amigos, o para invitar a cualquier extraño a la iglesia. A menudo se les señalaban campos de utilidad cercanos a sus propias viviendas, pero no mostraban ambición de ser imitadores ‘de los que por la fe y la paciencia heredan las promesas’. Una caridad ampliada puede esperar que sea suya la bienaventuranza de los que ‘mueren en el Señor’, pero no podemos añadir (en las expresivas palabras de elogio del
  • 70. apóstol) que ‘descansan de sus trabajos’ y que ‘sus obras los siguen’. .’” (T. Adams.) Señor, déjalo solo este año también La pena suspendida I. LA INTERCESIÓN DE JESÚS–SU NATURALEZA MISERICORDIOSA. 1. El fundamento de la súplica está en Él mismo. Dios perdona al pecador por causa de Jesús. 2. La eficacia prospectiva de la súplica radica en lo que el Salvador ha hecho por el pecador. Pensamientos de paz acerca de él han dado vueltas dentro de su pecho. Él ha establecido el plan de su recuperación. Se ha gastado una vida de la más dulce virtud y del más completo sacrificio personal para llevar a cabo el plan. II. LA INTERCESIÓN DE JESÚS–SU FIN ESPECIAL. Las raíces tienen la culpa; el corazón del pecador debe ser cambiado. 1. El poder de los medios. Históricamente, el registro es grandioso; intrínsecamente el poder es el mismo hoy. Los corazones más valientes han sido quebrantados y las conciencias más culpables han sido lavadas. 2. El corazón obstinado puede ceder. Árboles poco prolíficos se han puesto en marcha, algunos por un invierno muy duro, otros por un verano muy cálido, para dar fruto. Una vez que la savia fue arrojada a su canal adecuado, el árbol continuó dando frutos. Así que los tratos de Dios con los hombres son medios para mover el corazón. Incluso Acab no está fuera de su alcance. El horno de la aflicción ha derretido a muchos. Dios envió a su pueblo a Babilonia y dijo: “He aquí, los fundiré y los probaré; porque ¿qué haré con la hija de mi pueblo? Todos los demás medios habían fallado. Hay, por lo tanto, probabilidades de que influencias secundarias produzcan tales cambios en
  • 71. la condición de los hombres, a fin de dejarnos posibilidades de que las verdades del evangelio al final produzcan los mayores cambios para la vida. III. LA INTERCESIÓN DE JESÚS–LIMITADA EN CUANTO A SUS TÉRMINOS. “Pero si no, lo cortarás”. Esta es la voz solemne, no de justicia, sino de la intercesión misma. 1. Tal estado de impenitencia es terrible de contemplar. El final es la parte más difícil. El curso ininterrumpido de la maldad conduce a la destrucción inevitable. 2. La sentencia cumplida. Córtalo. Con mucho gusto cerraríamos los ojos y no seríamos testigos de la escena, pero la autoridad del texto nos invita a seguir mirando. Dios deja de ser Padre, Cristo ya no es Hermano, la luz se apaga para siempre, el alma es arrojada a las tinieblas exteriores, y el corazón traspasado por mil pesares. “Córtalo”, siendo infructuoso; quemarlo, siendo inútil. Que una advertencia como esta sirva para avivar el pensamiento, para que podamos observar el tiempo de la misericordia. (The Weekly Pulpit.) Misericordia en simpatía con la justicia La restricción de la la intercesión del viñador por una prolongación del experimento a un solo año indica la simpatía del mismo Cristo con este rigor divino. Él es el viñador, y su ministerio de gracia y verdad es el medio por el cual se espera débilmente que Israel pueda, en la hora undécima, ser espiritualmente fructífero. Pero, aunque lleno de gracia, Él no espera ni desea una extensión indefinida del día de gracia de Israel. Él sabe que aunque Dios es paciente, su paciencia, como se muestra en la historia de sus tratos con los hombres, es agotable; y que en el caso de Israel ahora está casi agotado. Y se compadece de la impaciencia divina con la esterilidad crónica e incurable. Porque aunque predica con entusiasmo un evangelio de la gracia, lo hace con el fin de producir santidad en los receptores de las buenas nuevas, y con la convicción de que la fe en el evangelio es la causa más eficaz de santidad. Un reino de Dios debe ser un reino de justicia, y si
  • 72. Jesús lo presentó como un reino de gracia, fue porque creía que era el camino más directo para alcanzar el ideal. Se hizo un reino de gracia al principio, para que pudiera llegar a ser un reino de justicia al final. A este respecto hay un acuerdo absoluto entre Cristo y Pablo. El Heraldo del reino, no menos enérgicamente que el apóstol de los gentiles, repudia la idea de que los hombres puedan pecar con impunidad porque la gracia sobreabundó. La intercesión puesta en la boca del viñador es un acto solemne de repudio, similar en importancia a la protesta de Pablo en el sexto capítulo de su Epístola a los Romanos. Dejadlo también este año, hasta que cave alrededor de él y lo destierre; y si da fruto el año que viene, bien; y si no, lo cortarás. (AB Bruce, DD) La misericordia de la nueva libertad condicional I. AQUÍ SE ESTABLECEN LAS CONDICIONES Y RESPONSABILIDADES DE LA VIDA BAJO EL EVANGELIO. 1. La individualidad de los tratos de gracia de Dios. 2. Una imagen de provisiones graciosas disfrutadas. 3. La responsabilidad que implica la posesión de las bendiciones del evangelio. II. EL MAL USO DEL PRIVILEGIO Y LA OPORTUNIDAD DEL EVANGELIO COMO SE DECLARÓ AQUÍ. En lugar de fecundidad había esterilidad. La gracia del evangelio demuestra en muchos casos haber sido todo en vano. Las fallas no se corrigen. Los pecados no se quitan. La nueva vida no se vive. La salvación no se disfruta. 1. Ahora bien, esta inutilidad del ministerio de la Palabra no implica ningún defecto necesario en su presentación humana, especialmente donde la esterilidad se ve junto a la creciente fuerza y abundante fecundidad. . Tampoco implica ninguna retención de ningún elemento de gracia o Divino
  • 73. único necesario para el resultado. Tampoco implica decreto o principio alguno que limite la aplicación de lo que se admite como remedio adecuado y universal. Cuando preguntamos por qué los hombres son y permanecen no salvos bajo el sonido de un ministerio evangélico fiel y pleno, no podemos encontrar refugio ni en la intención divina, ni en el carácter de la provisión, ni en el modo de su presentación, ni en la ausencia del poder. del Espíritu Santo de Dios. Agotamos todas las razones posibles y tenemos que volver a una, y sólo una: la obstinación humana. La voluntad-no de la incredulidad anula la gracia de Dios. 2. La segunda cosa aquí es la paciencia Divina con estos oyentes infructuosos. 3. Los males que acompañan a los infructuosos y son hechos por ellos. “¿Por qué estorba también el suelo?” El “también” quedó fuera de la versión anterior y, por lo tanto, el sentido se debilitó. La idea expresada no es sólo que el árbol es inútil, sino que también es nefasto. La palabra “cumbre” significa ahora ocupar un lugar en desventaja. Pero tenía un sentido más amplio de antiguo, y la palabra aquí realmente significa que estropeó, envenenó, hizo daño al suelo. Su sombra era perjudicial. Pero también atrajo hacia sí la grosura del suelo, el alimento que otros árboles necesitaban, y los empobreció tanto a ellos como a ella. III. HAY UN TIEMPO ESPECIAL DE GRACIA, CON CIERTA CATÁSTROFE SI NO SE MEJORA PARA BUEN PROPÓSITO. 1. Los beneficios de la intercesión a favor de aquellos que son incrédulos e infructuosos. 2. La temporada extendida y las mayores facilidades para un crecimiento fructífero que así se brinda. (The Preachers’ Monthly.) Los ordenamientos secretos de la vida del alma
  • 74. O si se presentaran ante nuestros ojos las obras secretas y maravillosas, el cuidado incesante y ansioso de que es objeto la vida interior de cualquier alma, ¿cómo nos perderíamos en el asombro ante el amor inmerecido, maravillosamente constante, de ¡Dios! ¿Quién puede hablar como debe del orden intrincado y minucioso de los acontecimientos de la vida diaria, tan dispuestos y gobernados que cada uno puede hacer su parte en entrenarnos para nuestro verdadero descanso? ¿Quién puede hablar de los secretos atractivos del amor, de las inspiraciones ocultas, de la disciplina del dolor, de las lecciones del castigo, que se ejercen sobre nosotros uno por uno? Dios nos habla unas veces en medio del dulce aliento del consuelo celestial, otras en medio del horno de la aflicción; Él multiplica a nuestro alrededor los medios de gracia; Él nos pone dentro de la influencia de tiempos santos, o lugares, o personas; Él nos presenta motivos que son lo suficientemente fuertes para vencer cualquier cosa menos la impenitencia más endurecida; Él nos persigue con las solicitudes de su amor; Él hace todo menos quitarnos nuestro libre albedrío, esa voluntad cuyo poder de elegir libremente su propia felicidad superior implica necesariamente la alternativa de rechazarlo. Y cuando aparentemente ya no queda nada por hacer, cuando hasta las energías del amor divino parecen haberse agotado en vano sobre la dureza de un corazón resueltamente empeñado en el pecado; aun en ese momento supremo, esa crisis de los destinos del alma, cuando sale el grito de la Justicia Eterna: “Cortadlo, ¿por qué estorba el suelo?” surge de la profundidad de la compasión divina que mora en el corazón del Redentor la suplicante petición de una extensión aún mayor del día de gracia: “Señor, déjalo también este año”. Todavía se puede encontrar algún remedio curativo, alguna apelación puede incluso obtener una entrada; la puerta ante la cual el Señor ha estado parado y llamando por tanto tiempo con la paciencia y el dolor divinos, aún puede abrirse para Él, para que Él pueda entrar y sup—el labrador de la viña una vez más cavará alrededor del árbol estéril y lo abonará—y si da fruto—bien. Si da fruto, bien. Sí, hermanos míos, pero hay una alternativa, una posibilidad, terrible de considerar, pero que sin embargo forma una parte importante de la enseñanza de esta parábola, y que no podemos pasar por alto. “Si no, entonces después de eso lo cortarás”. Sí, llega un momento escondido en los eternos concilios del Altísimo, en el que hasta la voz del Gran Intercesor cesa de suplicar, y se asiente en el justo juicio de Dios. (SW Skeffington, MA)
  • 75. Este año también El viñador intercesor suplicó para la higuera infructuosa, “déjala también este año”, fechando, por así decirlo, un año desde el momento en que él habló. Los árboles y las plantas que dan fruto, tienen una medida natural para su vida: evidentemente, un año llegaba a su fin cuando era tiempo de buscar fruto en la higuera, y otro año comenzaba cuando el viñador comenzaba de nuevo su excavación y poda. trabajar. Los hombres son cosas tan estériles que su fruto no marca períodos determinados, y se hace necesario hacer divisiones artificiales de tiempo para ellos; parece que no hay un período establecido para la cosecha espiritual del hombre o la vendimia, o si lo hay, las gavillas y los racimos no vienen en su tiempo, y por lo tanto tenemos que decirnos unos a otros, “Este será el comienzo de un nuevo año .” Yo. El comienzo de un nuevo año SUGIERE UNA RETROSPECTIVA. Asumámoslo, deliberada y honestamente. “También este año”—entonces hubo años anteriores de gracia. El labrador de la viña no se percató por primera vez del fracaso de la higuera, ni el dueño había venido por primera vez a buscar higos en vano. Dios, que nos da “también este año”, nos ha dado otros antes; Su misericordia parca no es ninguna novedad, Su paciencia ya ha sido puesta a prueba por nuestras provocaciones. 1. Años de gran misericordia. 2. Años de aguda aflicción. 3. Oportunidades de utilidad, que han ido y venido. 4. Resoluciones no cumplidas. II. El texto MENCIONA UNA MISERICORDIA. “También este año”: una concesión de la gracia infinita, como resultado de las súplicas del amor, y en la prosecución de los designios del amor.
  • 76. 1. El impío debe considerar que la paciencia del Señor apunta a su salvación, y debe permitir que las cuerdas del amor lo atraigan a ella. ¡Oh, que el Espíritu Santo hiciera que el blasfemo, el quebrantador del sábado y el abiertamente vicioso sintieran cuán maravilloso es que sus vidas se prolonguen “este año también”! ¿Están a salvo de maldecir, amotinarse y desafiar a su Hacedor? ¿Será este el único fruto de la misericordia paciente? El procrastinador que ha desanimado al mensajero del cielo con sus retrasos y promesas a medias, ¿no debería sorprenderse de que se le permita ver “este año también”? El creyente se mantiene fuera del cielo “este año también” en amor, y no en ira. Hay algunos por quienes es necesario que permanezca en la carne, algunos para ser ayudados por él en su camino hacia el cielo, y otros para ser guiados a los pies del Redentor por su instrucción. Seguramente, por el bien de las almas, por el deleite de glorificar a nuestro Señor, y por el aumento de las joyas de nuestra corona, podemos alegrarnos de esperar abajo “también este año”. III. “Este año también” IMPLICA UN LÍMITE. Incluso cuando Jesús es el intercesor, la petición de misericordia tiene sus límites y tiempos. Vendrá un último año para cada uno de nosotros: por lo tanto, que cada uno se diga a sí mismo: ¿Es este mi último año? (CHSpurgeon.) Otro año concedido I . LA VIDA PROLONGADA ES PRINCIPALMENTE VALIOSA PARA LA AMPLIACIÓN DE LA OPORTUNIDAD ESPIRITUAL. II. LA OPORTUNIDAD DESGASTADA PROPORCIONA LA RAZÓN POR LA QUE EL MISMO INTERCESOR TOMARÁ NUESTRA CONDENACIÓN. (S. Robins, MA) La paciencia de Dios con la higuera estéril
  • 77. Yo. PETICIÓN Y PETICIÓN DEL VIÑEDOR. 1. El asunto de la petición: “Señor, déjalo”. Es el deber especial de los ministros, pastores y trabajadores fieles en la viña de Dios, desviar y alejar esa ira, venganza y juicio que Él amenaza, y que está cerca de su pueblo (ver Joe 1:13; Joe 2:17; Is 62:6-7). El fundamento de esto es este. 1. Porque los ministros son como intermediarios entre Dios y el pueblo: median y tratan entre ambos; como se declara expresamente de Éxodo 19:1). Esto es una cosa que hace que este trabajo sea realizado por ellos; y luego, lo que podemos añadir aquí, el afecto que les pertenece por esta relación. Esto lo hace también. Cuando un niño está en peligro, ¿quién debería hablar por él antes que el padre? Cuando una oveja está a punto de ser tragada, ¿quién debería interponerse antes que el pastor? Cuando una ciudad está lista para ser traicionada, ¿quién se animaría antes que el centinela y gobernador de ella? Pues así es ahora con los que son ministros y pastores de la Iglesia. Son padres, son pastores, son centinelas espirituales, y qué no, para trabajarlos, y para ocuparlos en esto. Esta misma expresión en el texto lleva consigo un argumento, en el que se les llama labradores de la viña, que se preocupan mucho por la seguridad de los árboles que pertenecen a ella, como obra de su propia mano. Esto nos muestra ante todo, cómo los ministros no sólo sirven para instruir al pueblo de Dios, sino para protegerlo; no sólo para mostrarles su deber, sino para evitar su ruina. 2. La determinación del tiempo para el ejercicio y la continuación de esta indulgencia: “También este año”. (1) Esto implica que ya lo había dejado en paz durante algún tiempo (ver Gen 6: 3; 2Cr 36:15-16). El Señor se complace en hacer esto sobre diversas consideraciones. (a) Por Su nobleza, realeza y generosidad mental, como podemos expresarlo así. Para mostrar que Él no se complace ni se deleita en la muerte
  • 78. de los pecadores, como algunas veces nos ha dicho. Él no ama destruir allí donde Él puede prescindir de alguna manera. (b) Así hace el Señor con muchos pueblos, para que así los deje tanto más inexcusables, y sea justificado en sus procederes contra ellos, cuando venga a juicio ciertamente; para que la boca de todos los hombres se tape, y para que crean tanto más plenamente en Dios. (c) A veces, para ejercitar esta paciencia de los mismos labradores, que trabajan y se esfuerzan por estas higueras, Dios les probará algunas veces, y Dios a veces los molestará por este medio; como san Pablo lo observa en sí mismo, de la ineptitud e impeniencia de los corintios (2Co 12,1-21 .ult). Y por Su propia paciencia y tolerancia de tales personas, Dios dejará a sus ministros con un espíritu de paciencia y tolerancia en sí mismos, en conformidad con el propio ejemplo de Dios. (2) Esto implica un mayor deseo de paciencia y tolerancia continuas; que procede por estos motivos. (a) Esas palabras, amor y afecto que les tienen. El odio es todo para destruir; y eso fuera de control. Pero el amor, está deseoso de ahorrar, y de preservar la parte amada, tanto como puede. (b) Hay fundamento para este deseo y petición de los ministros en favor de su pueblo, desde esa esperanza que están dispuestos a concebir de su enmienda y reforma. (c) Esta disposición en los ministros procede del respeto a sí mismos, y de un santo celo y sospecha que pueden concebir de su propia negligencia. II. LAS CONDICIONES SOBRE LAS QUE PROCEDE ESTA PETICIÓN. Estos son dobles. El uno es tomado de sí mismo “Hasta que cave alrededor de él y lo excreme”. Y el otro es tomado de la higuera, por suposición, ya sea de enmienda o incorregible. “Si da fruto, bien; si no, entonces después de eso lo cortarás.” Comenzamos en primer lugar con lo primero, a saber, lo que se
  • 79. toma de sí mismo: “Hasta que cavaré”, etc. Donde hay dos cosas observables de nosotros. 1. La frase o expresión. 2. La doctrina o noción que está contenida bajo él, y que nos es exhibida a partir de él. Para el Primero: La frase o expresión. Aquí podemos tomar nota de la naturaleza y condición del trabajo y empleo de un ministro; lo cual, debido a que se nos expresa cavando y extirpando, aquí se significa que es un servicio muy difícil y laborioso. Ahora, en segundo lugar: por la cosa misma, o noción. Tomando este pasaje en su alcance y conexión, hasta aquí se nos indica e insinúa la eficacia y la ventaja del ministerio para el propósito que aquí se expresa. “Hasta que cavaré alrededor de él y lo abonaré”; como quien dirá, eso lo haría. De donde podemos notar tanto: Que el trabajo y las penas de los ministros es un medio por el cual Dios ha santificado y designado para el bien y la edificación del pueblo. Si algo les hace bien y les hace ser lo que deben ser, esto es lo que debe hacerlo: predicarles y esforzarse con ellos. El segundo está tomado de la higuera, por medio de una doble suposición. O bien, en primer lugar, de futura fecundidad. “Si da fruto, bien”; o, en segundo lugar, de mayor incorregible; y, “si no, entonces,” etc. Primero, para hablar de los primeros; a saber, la suposición de fecundidad futura. “Si da fruto, bien”. Esta palabra, “bien”, no está expresada en el texto original, pero es necesariamente suministrada aquí en nuestra traducción al inglés, para completar el sentido. Primero, “Bien”: es decir, bien para el Señor y Dueño de la viña: bien para ti; estará bien. Así que, cuando la higuera da fruto, bien le va a su dueño (Pro 27:18). Y aquí está; cuando un pueblo resulta fructífero, Dios mismo es mucho mejor por ello. Esto no debe tomarse estricta y rigurosamente, sino a modo de dispensación. Dios cuenta y se considera beneficiado cuando hacemos lo que es nuestro deber delante de Él; cuando somos activos y fructíferos en bondad, y respondemos a esas graciosas oportunidades y ventajas de ser mejores que Dios en bondad nos brinda, por lo tanto, honramos más a Dios y expresamos Su gracia en nosotros, según nos corresponde. “En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto”, dice el mismo Cristo a sus discípulos (Juan 15:8). En segundo lugar, “Bien”: es decir, bien para el labrador y labrador de la viña. “Bien”, es decir, bien por ti. Es bueno para el ministro cuando el pueblo prospera en bondad, y es fructífero en toda
  • 80. buena obra: a saber, por esta razón; porque ve algún buen éxito y efecto de su trabajo entre ellos. En tercer lugar, bien por la viña y el resto de los árboles que hay en ella. Una higuera estéril e infructuosa puede echar a perder toda una hilera de árboles. Perjudica a otras plantas que están cerca de él. Por otra parte, cuando alguno es fructífero y activo, y celoso en la bondad; su celo, provoca tanto más a la piedad a muchos otros. Y así le va bien a la viña. Por último, y más especialmente; bueno, para la higuera misma. Bien le conviene a toda persona, cuando de estéril, llega a ser fecunda en toda buena obra (Sal 128:2). Y tanto puede bastar para hablar aquí de la primera suposición mencionada; a saber, de fecundidad futura, en estas palabras: “Si da fruto, bien”. El segundo es, de mayor incorregible; en estos; “y si no, entonces, después de eso, lo cortarás”. Qué palabras, “después de eso”, parecen llevar consigo una doble referencia y respeto. Uno es al Señor de la viña; paciencia y tolerancia hacia ella. “Después”; esto es, después de que lo hayas dejado solo por un año más, como yo deseo de ti; si después de eso sigue resultando infructuoso, entonces haz así y así con él. El segundo es, a los dolores y trabajos del viñador al respecto. “Después de eso”, es decir, después de eso he cavado alrededor de él y lo he abonado; si después de eso todavía no resulta mejor, sino que permanece estéril e infructuoso todavía; entonces, digo, no más, sino esto; que “lo cortarás”. Y aquí, de nuevo, esta expresión: “Tú lo cortarás”, tiene un doble énfasis. Primero, un énfasis de predicción; y en segundo lugar, un énfasis de permiso. Un énfasis de predicción “Tú lo cortarás”, es decir, tú lo cortarás: no hay nadie que te lo pueda impedir. Un énfasis de permiso: “Tú lo cortarás”; es decir, puedes cortarlo; no hay nadie que te lo impida. De ambos juntos, tenemos estos dos puntos observables de nosotros: Primero, que la infructuosidad continua de un pueblo, después de las largas expectativas de Dios de ellos, y la paciencia de ellos, hace que Sus juicios caigan inevitable e irrecuperablemente sobre ellos. Después de eso, lo cortarás; es una palabra de predicción o conminación. En segundo lugar, que la continua esterilidad de un pueblo, después de haber disfrutado mucho de los medios y trabajos de los ministros entre ellos, quita las oraciones e intercesiones de los ministros por ellos. Después de eso, puedes cortarlo. Y entonces es una palabra de permiso, o sumisión, a la voluntad y mente del Señor de la viña. (Thomas Herren, DD) El uso de la disciplina prolongada
  • 81. Creo que algo puede se gana aquí descendiendo a los detalles. Una de estas operaciones agrícolas imparte al árbol los elementos de la fecundidad, y la otra permite que el árbol haga suyos estos elementos. Cavar no da nada al árbol; pero abre oportunidades por las cuales los obsequios de otra parte pueden estar prácticamente disponibles. El estiércol contiene el alimento que la planta debe recibir, asimilar y convertir en fruto; pero si la tierra endurecida no se aflojaba cavando, el alimento necesario nunca llegaría a su destino. Procesos similares se aplican en la cultura espiritual: ciertas excavaciones tienen lugar alrededor y entre las raíces de las almas estériles, así como de las higueras estériles. Duelos y pruebas de varios tipos golpean y desgarran; pero éstos no pueden por sí mismos renovar y santificar. Pueden causar dolor, pero no pueden impartir fertilidad; el espíritu muy angustiado puede ser tan infructuoso como los espíritus que están tranquilos en Sión. Estos desgarramientos, sin embargo, son preciosos como medios para abrir un camino por el cual los elementos de vida espiritual transmitidos por la Palabra y el Espíritu puedan llegar a su destino. El Señor, que vierte el alimento para el sustento de un alma, agita esa alma con Su providencia, para que la gracia llegue a la raíz y sea asimilada. llegar a la planta cuyas raíces yacen bajo un suelo intacto y endurecido durante mucho tiempo, para que la gracia de Dios contenida en el evangelio predicado se mantenga a raya por una mente carnal y una conciencia cauterizada. Es cuando las aflicciones desgarran el corazón, como la reja del arado rompe la tierra, que los elementos de la vida ofrecidos por mucho tiempo son finalmente recibidos. Es así que la providencia y la gracia conspiran para lograr el propósito de Dios en la salvación de los hombres. En esta obra se encuentran la misericordia y el juicio; y pecadores salvados, en la tierra y en el cielo, juntaron ambos en su canto de alabanza (Sal 101:1). (W. Arnot.) Plegando por un respiro “Si alguna circunstancia particular podría considerarse como una impresión más profunda, duradera y seria que otras, fue un sueño que tuve cuando estaba en la escuela. Sentí la aprensión de la proximidad del último gran día del juicio. Después de haber visto grandes multitudes de la raza humana que se presentaban ante el trono de Cristo, algunos aprobados y otros rechazados, finalmente vi a mi amado padre y madre, y a varios de la familia.
  • 82. Los escuché claramente examinados, y con la misma claridad escuché al juez decir: ‘Bien hecho’. En este período toda mi alma se llenó de horror, siendo consciente de que no estaba preparado para pasar mi escrutinio final. Finalmente, se anunció mi nombre y sentí todas las agonías de una mente que espera ser desterrada de la presencia de Dios. El juez, entonces, en un lenguaje que me impresionó con una mezcla de vergüenza y esperanza, dijo: ‘Bueno, ¿qué dices? ‘Me postré a Sus pies, e imploré misericordia, y oré: ‘Señor, permíteme un poco más, y cuando vuelvas a llamarme, espero estar listo’. Con una sonrisa que me tranquilizó el ánimo, el Señor respondió: ‘Ve, pues, y aprovecha el tiempo que te ha sido dado’. Me despertó la extrema agitación; pero tan profunda fue la impresión, que nunca la he olvidado.” (Herbert Mends.) Más tiempo para el arrepentimiento John Hardonk, mientras estaba a bordo , soñó una noche que había llegado el día del juicio, y que la nómina de la tripulación del navío era llamada menos su propio nombre, y que esta tripulación era toda desterrada; y en su sueño le preguntó al lector por qué se omitió su propio nombre, y se le dijo que era para darle más oportunidad de arrepentirse. Despertó a un hombre diferente. Llegó a ser ilustre por sus logros cristianos. (Dr. Talmage.) Fruto buscado por Dios Lo primero que golpea nosotros, quizás, en la transacción, es SU INDIVIDUALIDAD. Debe haber habido muchas vides y muchas higueras en la viña; pero la historia se cuenta como si toda la viña fuera para ese solo árbol; y como si el gran Propietario sólo se preocupara por él. Ya sea que recordemos qué tan pronto comenzó, o con qué frecuencia o cuánto tiempo ha estado, Él no se olvida, Él lo ha catalogado y registrado. “He aquí”, implica que la persona a la que se dirige es muy consciente de lo largo que ha sido el tiempo, y de lo ansioso y paciente que ha sido el Aparador: “He aquí, estos tres años vengo a buscar fruto en esta higuera, y no halléis nada: cortadlo. ¡Vaya! es un recuerdo muy humillante, esos años de amor y cuidado, es muy humillante, si no más, esos años de infidelidad y vacío que Dios ha ido contando todo el tiempo. Y obsérvelo: es el Dresser quien ha sido el buscador, y Aquel que hizo todo por usted es el que ha estado
  • 83. buscando algo de usted. Y la verdadera medida del vacío es la extensión de la cultura. Si el aderezo no hubiera sido lo que es, la maravilla hubiera sido menor. ¿QUÉ ES “FRUTA”? ¿Qué es para el hombre lo que los higos para la higuera? Respondo, primero, sería algo propio de su naturaleza, acorde con su ser. “Porque los hombres no recogen uvas de los espinos, ni higos de los cardos”. ¿Y cuál es la naturaleza del ser de un hombre? Físico, intelectual, apasionado, espiritual. Tales, pues, deben ser frutos, reales y tangibles, visibles y sentidos, razonables, reflexivos, equilibrados, afectuosos, fervorosos, de espíritu en expansión a espíritu, asemejándose a Dios. Y debe ser “fruto” en su tiempo. No esperamos el fruto del hombre a la edad del niño. Puede haber frutos separados para un hombre y frutos separados para una mujer. Y cada hombre tiene su propio fruto especial, que debe dar. Y luego, debe estar en el hombre como está en el árbol natural. El árbol toma de su propio suelo, y por un extraño proceso de transformación, lo que tomó en una forma, terrenal, aparece finalmente en otra, por su belleza y utilidad, celestial. Así debe ser en un hombre. Lo que debe dar a Dios no es un servicio angélico, sino humano. Debe sacarlo de “la tierra, pero asume un carácter diferente, no el suyo propio. ¿Cómo ocurre eso? La savia que fluye de la raíz a través del tallo, corre hacia las ramas, y allí se difunde a cada zarcillo, hace un depósito y forma así el fruto. Así también el Espíritu Santo, brotando del amor eterno del Padre, por medio del Hijo, el Señor Jesucristo, se abre paso a cada miembro injertado en el cuerpo místico, y sale a cada parte, la más débil, la más diminuta. del hombre—cada sentimiento, cada pensamiento, cada palabra, cada movimiento, haciendo santidad. Pero muchas tormentas y muchos rayos de sol; muchas noches oscuras y muchos días claros; muchos vientos, y muchas lluvias, y muchos fríos, van a hacer cada uno su propio trabajo, hasta que florece; y cuando se asienta, una y otra vez, hasta que el capullo se convierte en “fruto”, y este fruto, hasta que es dulce. Debe tener su propio sabor verdadero y propio. Así es contigo. Debéis pasar por todos los cambios de vuestra atmósfera moral, debéis conocer varias disciplinas, hasta que, poco a poco, por esa savia, que es el Espíritu de Dios, viniendo a vosotros por medio de Jesucristo, obtengáis el amor, el amor de Dios. , el dulce sabor del amor, sin el cual nada es fruto. (J. Vaughan, MA) Fruta o no fruta
  • 84. Supongamos ahora que la pasa el tiempo predestinado, y no eres fructífero? Ya no habrá más aviso, vendrá en voz baja, solemne, instantánea, abrupta, irrevocable, “Córtalo”. Entonces “el hacha será puesta a la raíz,” y subirás a tu cama, y comenzarás a decaer y a desvanecerte. O un golpe lo hará en un momento, y te acostarás, cosa que nunca ha cumplido su propósito de vida; entonces, ¿cómo es vivir para siempre? Pero si de lo contrario, si comienzas ahora, en cualquier grado, realmente a vivir para Dios, y pagar el cuidado de Dios, y honrarlo, ¿qué tendrás entonces? No hay respuesta dada en el original. Hemos puesto “bien”. Dios lo había dejado en blanco, para que cada uno lo llenara como quisiera; y no podemos llenarlo con demasiado. Pero déjalo así, “bueno”. “Si da fruto, bien”. “Bien”, toda salud, toda gozosa salud para el alma, “bien”. “Bien” será vivir bien, morir bien, encontrarse bien con Dios. “Bien” será para seguir dando más fruto por los siglos de los siglos. “Bien” será para ti ser eternamente feliz, y Cristo para “ver el fruto de la aflicción de su alma en ti, y quedar satisfecho”. “Bien.” Entonces, ¿cuál es la conclusión? No sigas viviendo una vida inútil. Deja que Dios tenga alguna satisfacción en ti. Comience de una vez. Hacer algo. Que se vea algún “fruto”: en el hogar, en su temperamento, en sus relaciones sexuales, en su conducta diaria, en su propia familia. Que haya más “fruto” en nuestro propio armario, en una comunión más real con Dios en privado. Que haya un “fruto” en el mundo, en algo asumido y hecho definitivamente para el Señor Jesucristo. Que haya un “fruto” en la Iglesia: adoración más verdadera, uso más frecuente de las ordenanzas, más simpatía y amor mostrado a todos los hermanos. Y que haya un “fruto”, el mejor fruto, en tu propia alma, más de Jesús allí, una humildad, una ternura, una santa sencillez, que mostrará a Jesús, tal como las uvas muestran a la vid. (J. Vaughan, MA) Fructicidad el indicador de valor Hace años en Los hombres dicen que estimaron el valor de la tierra por el número de olivos que había en ella. ¿Cuántos portadores del precioso aceite estaban dando su producto? Esa fue la cuestión que resolvió el valor de la trama. ¿No es esta la verdadera manera de estimar la importancia de una Iglesia cristiana? El mero tamaño no es un criterio; la riqueza es una medida aún más engañosa, y el rango y la educación no son mejores. ¿Cuántos están
  • 85. dando fruto para el Señor en una vida santa, en intercesión devota, en esfuerzos fervientes para ganar almas y en otros métodos por los cuales se produce fruto para el Señor? Jesús busca fruto (Mar 11:13), Sus operaciones sobre nosotros están destinadas a producir fruto (Luk 13:9), y si no hay ninguno en una iglesia, podemos esperar escucharlo decir de ella como lo hizo en la antigüedad: “Y ahora ve; Os diré lo que haré con mi viña: quitaré su vallado, y será comida; y derribad su muro, y será hollado; y yo lo asolaré; no será podado, ni excavado; pero subirán cardos y espinos; también mandaré a las nubes que no llueva sobre ella. (CHSpurgeon.) ¿Cuántas veces el Señor nos habló de la importancia de dar fruto? ¿Y qué es el fruto? Cuando Jesús habla del fruto habla de llevar, una vida que agrada a Dios. Una vida que refleje el obrar de Dios en nuestras vidas: en paciencia, en humildad, en confianza y fe, en amor a otros, en servicio, en dedicación, en sacrificio. La higuera de la parábola era una higuera privilegiada, estaba en una tierra fértil, y sin embargo no estaba dando fruto. El viñador piensa en cortarla pero decide darle una nueva oportunidad. Eso tiene que hacernos reflexionar a nosotros, acerca de nuestra propia vida. Si examinamos nuestro andar ¿estamos dando frutos? Dos lecciones valiosas que podemos considerar: Una señal de que somos hijos de Dios es que estamos creciendo y desarrollando nuestro espíritu, estamos produciendo fruto. No es posible decir que somos creyentes y que eso no se vea reflejado en nuestro caminar diario. El Señor nos brinda una segunda oportunidad. Si al considerar nuestro camino vemos que estamos estancados, que necesitamos rendir áreas de nuestra vida al Señor, que necesitamos que Él trabaje en nuestro carácter, aún estamos a tiempo.
  • 86. † Cuales son mis esterilidades, † Cuales son mis tibiezas † Cuales son los frutos que quiero ofrecer 7. Permanecer en Cristo 8. 1. Oración inicial 9. 10. EVANGELIO 1. Oración inicial ¡Señor, Tú eres! Y esto nos basta para vivir, para continuar esperando cada día, para caminar en este mundo, para no escoger el camino errado del aislamiento y de la soledad. Sí, Tú eres por siempre y desde siempre; eres y permaneces, ¡oh Jesús! Y este tu ser es un don continuo también para nosotros, es fruto siempre maduro, porque nos alimentamos y nos hacemos fuertes por Ti, de tu Presencia. Señor, abre nuestro corazón, abre nuestro ser a tu ser, ábrenos a la Vida con el poder misterioso de tu Palabra. Haznos escuchar, haznos comer y gustar este alimento del alma; ¡ve cómo nos es indispensable! Envía, ahora, el buen fruto de tu Espíritu para que realice en nosotros lo que leamos y meditemos sobre Ti. Juan 15, 1- 8.
  • 87. En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el viñador. A todo sarmiento mío que no da fruto lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto. Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará. Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos». ESTUDIO DEL TEXTO ¿Qué dice el texto? El texto que vamos a orar hoy se sitúa en el inicio/apertura del capítulo 15 del Evangelio de San Juan. Estos versículos pertenecen a la primera unidad literaria 15, 1-17 que desarrolla la relación de reciprocidad que existe entre Jesús y sus discípulos. Los versículos 1-8 presentan la metáfora de la vid, el amor de Jesús hacia sus discípulos y están marcados por la repetición de la expresión: “permaneced en mi amor”, permanecer es la palabra clave de todo el fragmento. Este capítulo junto a Jn 5 pertenece a los discursos más largos de Jesús en el evangelio de Juan. Algunos biblistas afirman que Jn 15 es un añadido tomado de una supuesta escuela de Juan. La primera parte de este monologo de Jesús está caracterizado por las palabras “permanecer” y “amor”. El amor en este trecho es el motivo vinculante entre Jesús y sus discípulos. 15, 1 inicia con el “Yo soy” que se complementa con “mi Padre” y “vosotros sois” así: yo soy la vid verdadera (15,1) yo soy la vid (15,5), mi Padre es el viñador (15, 1) y vosotros sois los
  • 88. sarmientos/las cepas (15,5) todo hace referencia a un trabajo conjunto y vida en común. La metáfora de la vid por su parte es todo lo que necesita Jesús para poner a sus oyentes a reflexionar sobre él, su Padre y sobre sí mismos como discípulos, él mismo es la vid. La imagen sugiere una forma física de vida en común, de ser fructíferos juntos, de crecimiento conjunto, para esto los discípulos ya están limpios (15,3) ellos por la palabra de Dios pronunciada a través de Jesús están consagrados a Dios, le pertenecen, es la palabra de Jesús la que purifica y los une a Dios mismo. Aunque Jesús va a enfrentarse a la muerte es para los suyos fuente de vida y de santidad, por eso es posible producir frutos (15,6). El demuestra la gran fecundidad que tiene permanecer en él y muestra a sus discípulos que compromiso implica asumir y cuáles son las expectativas de Dios. Para finalizar precisa algo muy importante: para que el fruto sea copioso el padre-viñador es quien realiza todos los cuidados para que así sea, él corta y poda, este proceso de purificación se realiza cuando el discípulo acoge la palabra de Jesús. MEDITACIÓN ¿Qué mensaje tiene Dios para mí a través del texto? Comunión, unión, entrar en relación es el ambiente vital del discipulado, somos seguidores de Jesús porque en nuestro corazón resuena el “yo soy” como expresión de una identidad que atrae al seguimiento, aun si este trae la cruz, aún si este supone morir para vivir como posibilidad de dar fruto. Esta común-unión con Jesús vivida en clave de permanencia es la fuente del amor verdadero, el amor de Dios comunicado a nosotros a través de Jesús, él nos llamó, nos hizo sus amigos, nos permitió ser parte de los suyos, de su familia. Una familia que tiene al Padre como meta, como el que cuida la vid: nuestra vida, nuestra familia, la comunidad, la Iglesia, el mundo. Él nos conoce, nos ama como ama a su hijo, en su hijo nos hizo sus hijos por eso poda, corta para limpiar, purificar nuestra vida y nuestro corazón (lugar de las decisiones que tomamos), para darnos la oportunidad de amar como él ama.
  • 89. Por otra parte, como el sarmiento participa de la vida de la vid, así nosotros los discípulos de Jesús por nuestra adhesión a él participamos de su relación de intimidad con el Padre, con quien Jesús es uno, y nosotros podemos ser uno, por opción, por amor. Por eso si Jesús permanece en nosotros, nos habita y nosotros permanecemos en él, tenemos la posibilidad de dar fruto, los frutos de la santidad, de la configuración con Cristo. En este sentido el permanecer unidos a la Palabra (Jn 8,31), en el amor (Jn 15,9-10), en la luz (1 Jn 2, 10) en Dios (1 Jn 4, 13-16) se convierte en nuestra oportunidad para manifestar en nuestra vida su gloria, su acción salvadora, porque somos conscientes de que sin Él no podemos hacer nada. Pidamos entonces lo que necesitamos, lo que necesita el mundo porque tenemos la seguridad de que seremos escuchados y aquello que pidamos se realizará… porque somos sus discípulos, sus amigos. Algunas preguntas que me ayuden a permanecer, a descubrir la belleza de la vida, que es Jesús; que me guíen al Padre, para dejarme asir de Él y trabajar, seguro de su buen trabajo de amoroso Agricultor ; y que me sostenga dentro de la savia vital del Espíritu, para encontrarme con Él como única cosa necesaria, para pedir sin cansarme. a) "Yo soy": es muy bello que el pasaje comience con esta afirmación, que es como un canto de alegría, de victoria del Señor, que a Él le gusta cantar continuamente dentro de la vida de cada uno de nosotros. "Yo soy: y lo repite al infinito, cada mañana cada tarde, cuando llega la noche, mientras dormimos y de Él no nos acordamos. Él en cambio vive propiamente en función de nosotros: existe por su Padre y por nosotros, para nosotros. Me reposo sobre estas palabras y no sólo las escucho, sino que las hago entrar dentro de mí, en mi mente, en mi más recóndita memoria, en mi corazón, en todos los sentimientos que me embargan y la retengo para rumiarla y absorber aquel su Ser en mi ser. Comprendo, ahora, dentro en esta Palabra, que yo no soy, sino en Él y que no puedo ser nada, sino permanezco dentro del ser de Jesús. Pruebo a descender a lo más profundo de mi ser, venciendo los miedos, atravesando toda la oscuridad que puedo encontrar y recojo aquella parte de mi ser, de mí, que mayormente siento sin vida. La tomo en la mano y la porto a Jesús, la consigno al su "Yo soy".
  • 90. b) La vid me hace traer a la mente el vino, ese fruto tan bueno y precioso, me hace pensar en la alianza que Jesús cumple con nosotros, nueva y eterna, alianza de amor, que nada ni nadie podrá romper. ¿Estoy dispuesto a permanecer dentro de este abrazo, dentro de este sí continuo de mi vida, que se deja entrelazar con la suya? ¿Alzaré también yo, como el salmista, el cáliz de la alianza, invocando el nombre del Señor y diciéndole que, sí, que yo lo amo? c) Jesús define a su Padre como "agricultor" o "viñador", utilizando un término muy bello que lleva dentro de sí toda la fuerza del amor del que se dedica al trabajo de la tierra; expresa un doblarse sobre la tierra, un acercarse del cuerpo y del ser, un contacto prolongado, un intercambio vital. ¡El Padre hace exactamente esto con nosotros! San Pablo dice sin embargo: "El agricultor, que se fatiga, debe ser el primero en recoger los frutos de la tierra" (2 Tim 2,6) y con él Santiago nos recuerda que "el agricultor espera pacientemente los frutos de la tierra". (Sant 5,7). ¿Desilusionaré, yo tierra, la esperanza del Padre que me cultiva cada día, cavando la tierra, limpiándome de piedras, poniéndome buen abono y construyéndome una valla alrededor, para que yo permanezca protegido? ¿A quién consigno yo los frutos de mi existencia? ¿Para qué existo yo, para quién decido y escojo el vivir de cada día, cada mañana, cuando me levanto? d) Sigo con atención el texto y subrayo dos verbos, que se repiten con mucha frecuencia: "llevar fruto" y "permanecer"; entiendo que estas dos realidades son símbolo de la misma vida y están las dos entrelazadas, una depende de la otra. Solamente permaneciendo es posible llevar fruto y, en realidad, el único verdadero fruto que nosotros, sus discípulos, podemos llevar en este mundo es precisamente el permanecer. ¿Dónde permanezco yo, cada día, por todo el día? ¿Con quien permanezco? Jesús une siempre este verbo a esta partícula estupenda, gigantesca "in me". ¿Me confronto con estas dos palabras: yo estoy "in", o sea, estoy dentro, vivo en lo profundo, excavo para buscar al Señor, como se excava para hacer un pozo (cfr Gén 26, 18) o para buscar un tesoro (Prov 2, 4), o más bien, estoy fuera, siempre disperso sobre las diversas superficies de este mundo, lejos lo más posible de la intimidad, de la relación y del contacto con el Señor?
  • 91. e) Por dos veces Jesús nos coloca delante la realidad de su Palabra y nos revela que es élla la que nos vuelve puros y es también élla la que nos abre el camino de la oración verdadera; La Palabra se nos anuncia y se nos da como presencia permanente en nosotros; también ella, de hecho, tiene la capacidad de permanecer, de fabricar su casa en nuestro corazón. Por tanto debo preguntarme: ¿Qué oídos tengo yo para escuchar este anuncio de salvación y de bien, que el Señor me envía a través de sus Palabras? ¿Dejo espacio a la escucha, a esta escucha profunda, de la que toda la Escritura me habla continuamente, en la Ley, en los Profetas, en los Salmos, en los Escritos apostólicos? ¿Me dejo encontrar y alcanzar hasta el corazón por la Palabra del Señor en la oración, o prefiero fiarme de otras palabras, más suaves, más humanas y semejantes a las mías? ¿Tengo miedo de la voz del Señor, que me habla urgentemente y siempre? 5. Una clave de lectura Como sarmiento, busco el modo de estar siempre más injertado en mi Vid, que es el Señor Jesús. Bebo, en este momento, de su Palabra y de su savia buena, tratando de penetrar más en profundidad para absorber el escondido alimento, que me transmite la verdadera vida. Estoy atento a las palabras, a los verbos, a las expresiones que Jesús usa y que me reclaman a otros pasajes de las divinas Escrituras y me dejo, así, purificar. El encuentro con Jesús, el Yo Soy Este pasaje nos ofrece uno de los textos en el que aparece esta expresión tan fuerte, que el Señor nos envía para revelarse a sí mismo. Es muy bello recorrer en un largo paseo toda la Escritura, a la búsqueda de otros textos como éste, en el que la voz del Señor nos habla así directamente de él, de su esencia más profunda. Cuando el Señor dice y repite hasta el infinito y de mil modos, de mil formas diversas "Yo Soy", no lo hace para anonadarnos o humillarnos, sino por la fuerza portentosa de su amor hacia nosotros, que nos quiere hacer partícipes y vivos de esta vida que a le pertenece. Si dice "Yo Soy", es para decir también: "Tú Eres" y decirlo a cada uno de nosotros, a todo hijo suyo o hija suya que viene a este mundo. Es una transmisión fecunda e ininterrumpida de ser, de esencia y yo no quiero dejarla caer en el
  • 92. vacío, sino que quiero recogerla y acogerla dentro de mi. Sigo, pues, la huella luminosa del "Yo Soy" y trato de pararme a cada paso. "Yo soy tu escudo" (Gén 15, 1), "Yo soy el Dios de Abrahán tu padre" (Gén 24, 26), "Yo soy el Señor, que te ha librado y te librará de Egipto" (cfr Ex 6,6) y de cualquier faraón, que atente a vuestra vida, "Yo soy el que te cura" (Ex 135, 26). Me dejo envolver de la luz y de la potencia de estas palabras, que realizan el milagro de que hablan: lo cumplen también hoy, precisamente para mi, en esta Lectio. Y luego continúo y leo, en el libro del Levítico, por lo menos 50 veces, esta afirmación de salvación: "Yo soy el Señor" y creo en esta palabra y me adhiero a ella con todo mi ser, con mi corazón y digo: "Si, en verdad el Señor es mi Señor; fuera de Él no hay otro". Noto que la Escritura cada vez profundiza más, a medida que el camino avanza, también ella avanza dentro de mí y me lleva a una relación siempre más intensa con el Señor; el libro de los Números, en efecto, comienza a decir: "Yo soy el Señor que moro en medio de los Israelitas (Núm. 35-44). "Yo soy" es el presente, aquél que no se aleja, que no da las espaldas para irse; es aquél que cuida de nosotros de cerca, desde dentro, como solo Él puede hacerlo: leo a Isaías y recibo vida: 41,10; 43,3; 45,6 etc. El santo Evangelio es una explosión de ser, de presencia, de salvación; lo recorro, sobre todo haciéndome guiar de Juan: 6,48; 8,12; 10,9.11; 11,15; 14, 6; 18,37. Jesús es el pan, la luz, la puerta, el pastor, la resurrección, el camino, la verdad, la vida, es el rey; y todo esto por mi, por nosotros y así quiero acogerlo, conocerlo, amarlo y quiero aprender, dentro de estas palabras, a decirle: ¡Señor, Tú eres! Y este "Tú" que da significado al mío yo, que hace de mi vida una relación, una comunión; sé con certeza que sólo aquí gozo yo plenamente y vivo por siempre. La viña, la vid verdadera y el buen fruto Viña de Dios es Israel, viña predilecta, escogida, plantada sobre una fértil colina, en un lugar con tierra limpia, labrada, libre de piedras, custodiada, cuidada, amada, extendida y que el mismo Dios la ha plantado (cfr Is 5,1s: Jer 2, 21). Es tan amada esta viña, que nunca ha dejado de resonar, para ella, el cántico de amor de su amado; notas fuertes y dulces al mismo tiempo, notas portadoras de vida verdadera, que han atravesado la antigua alianza y han llegado, todavía más claras, a la nueva alianza. Primero cantaba el Padre, ahora canta Jesús, pero en los dos es la voz del Espíritu la que se hace sentir, como dice el Cantar de los Cantares: "La voz de la tórtola todavía se
  • 93. oye…y las vides esparcen su aroma" (Cant 2, 12s). Es el Señor Jesús quien nos atrae, quien nos lleva del antiguo al nuevo, de amor en amor, hacia una comunión siempre más fuerte hasta la identificación: "Yo soy esta viña, pero lo soy también vosotros en mi". Por tanto está claro: la viña es Israel, es Jesús y somos nosotros. Siempre la misma, siempre nueva, siempre más elegida y predilecta, amada, cuidada, custodiada, visitada: visitada con las lluvias y visitada con la Palabra; enviada por los profetas día a día, visitada con el envío del Hijo, el Amor, que espera amor, o sea, el fruto. "El esperó que produjese uva, pero dió uvas agraces" (Is 5,2); la desilusión está siempre al acecho, en el amor. Me detengo sobre esta realidad, me miro dentro, intento buscar el lugar de cierre, de aridez, de muerte: ¿Por qué la lluvia no ha llegado?. Me repito esta palabra, que resuena a menudo en las páginas bíblicas: El Señor espera…" (ver Is 30, 18; Lc 13, 6-9). Quiere el fruto de la conversión (cfr Mt 3,8), como nos manda a decir por boca de Juan; los frutos de la palabra, que nacen de la escucha, de la acogida y de su custodia, como nos dicen los sinópticos (cfr. Mt 13, 23; Mc 420 y Lc 8,15), los frutos del Espíritu, como explica San Pablo (cfr Gál 5, 22). Quiere que "llevemos frutos de toda clase de obra buena" (Col 1, 10), pero sobre todo, me parece, el Señor espera y desea "el fruto del seno" (cfr Lc 1, 42), o sea, Jesús, por el que somos verdaderamente benditos y dichosos. Jesús, en efecto, es la semilla que, muriendo, lleva mucho fruto dentro de nosotros, en nuestra vida (Jn 12, 24) y reta a toda soledad, cerrazón, lanzándonos a los hermanos. Este es el fruto verdadero de la conversión, sembrado en la tierra de nuestro seno; este convertirse en sus discípulos y, en fin, esta es la verdadera gloria del Padre. La poda como purificación que da gozo En este pasaje evangélico, el Señor me ofrece otro camino que recorrer detrás de Él y junto a Él: es un camino de purificación, de renovación, de resurrección y vida nueva: está oculto por el vocablo "podar", pero puedo descubrirlo mejor, de iluminarlo gracias a su misma Palabra, que es la única maestra, la única guía segura. El texto griego usa el término "purificar", para indicar esta acción del viñador con sus vides; cierto, queda claro que Él poda, que corta con la espada afilada de su Palabra (Heb 4, 12) y que nos hace sangrar, a veces; pero es más cierto todavía, que permanece su amor, que sólamente penetra, cada vez más y así nos purifica, nos refina, Sí, el Señor se sienta como lavandero para purificar, o es como un orífice para hacer más
  • 94. resplandeciente y luminoso el oro que tiene en sus manos (cfr Mal 3, 3). Jesús trae consigo una purificación nueva, la prometida desde hace tanto tiempo por las Escrituras y esperada para los tiempos mesiánicos; no es una purificación que llega mediante el culto, mediante la observancia de la ley o sacrificios, purificación sola provisional, incompleta, temporal y figurada. Jesús realiza una purificación íntima, total, la del corazón y la conciencia, que cantaba Ezequiel: "Os purificaré de todos vuestros ídolos; os daré un corazón nuevo…Cuando yo os purifique de todas vuestras iniquidades, os haré habitar en vuestras ciudades y vuestras ruinas serán reconstruidas…(Ez 36, 25ss.33). Leo también en Ef 5,26 y Tit 2, 14, muy buenos y grandes testigos, que me ayudan a entrar mejor dentro de la luz y la gracia de esta obra de salvación, de esta poda espiritual que el Padre cumple en mi. Hay un versículo del Cantar que puede ayudarme todavía más a comprender; dice así: "El tiempo del canto ha vuelto" (Cant 2,12), usando sin embargo, un verbo que significa al mismo tiempo "podar", "tallar" y "cantar". Por tanto la poda es tiempo de canto, de gozo. Es mi corazón el que canta, delante y dentro de la Palabra, es mi alma la que se regocija, por la fe, por que sé que a través de esta larga pero magnifica peregrinación por las Escrituras, también yo me hago partícipe de la vida de Jesús, consigo unirme a Él, el puro, el santo, el Verbo inmaculado y permaneciendo así, en Él, también yo soy lavado, purificado con la pureza infinita de su vida. No para mí, no para permanecer solo, sino para llevar mucho fruto, para dar hojas y frondas que no se marchitan, para ser sarmiento, junto a otros sarmientos, en la vida de Jesucristo. 6. Un momento de oración: Salmo 1 Meditación sobre la felicidad del que vive de la Palabra y gracias a ella produce fruto Rit. ¡Tu palabra es mi gozo, Señor! Feliz quien no sigue consejos de malvados ni anda mezclado con pecadores ni en grupos de necios toma asiento,
  • 95. sino que se recrea en la ley de Yahvé, susurrando su ley día y noche. Rit. Será como árbol plantado entre acequias, da su fruto en sazón, su fronda no se agosta. Todo cuanto emprende prospera: pero no será así con los malvados. Rit. Serán como tamo impulsado por el viento. No se sostendrán los malvados en el juicio, ni los pecadores en la reunión de los justos. Pues Yahvé conoce el camino de los justos, pero el camino de los malvados se extravía. Rit. 7. Oración final ¡Señor, todavía tengo la luz de tu Palabra dentro de mí; toda la fuerza sanadora de tu voz resuena dentro de mi todavía! ¡Gracias Viña mia, mi savia; gracias mi morada en la cual puedo y deseo permanecer; gracias, mi fuerza en el obrar, en el cumplir cada cosa; gracias maestro mío! Tú me has llamado a ser sarmiento fecundo, a ser yo mismo fruto de tu amor por los hombres, a ser vino que alegre el corazón; ¡Señor, ayúdame a realizar esta tu Palabra bendita y verdadera! Solo así, seguro, viviré verdaderamente y seré como tú eres y permaneces. No permitas Señor, que yo me equivoque de tal modo, que quiera permanecer en Ti, como sarmiento en su vid, sin los otros sarmientos, mis hermanos y hermanas; sería el fruto más amargo, más desagradable de todos. ¡Señor, no sé rezar: enséñame Tú y haz que mi oración más bella sea mi vida, transformada en un grano de uva, para el hambre y para la sed, para el gozo y compañía del que venga a la Vid, que eres Tú. ¡Gracias, porque Tú eres el vino del Amor! ORACIÓN
  • 96. ¿Qué le decimos a Dios como respuesta a su mensaje? «Cuando se poda la vid, se la despoja de todas las ramas, los sarmientos. Sólo queda un tronco áspero y oscuro, sin la más mínima hoja verde. Cualquiera que no sepa de podas, dirá que la vid está absolutamente muerta en medio del invierno. Sólo quedan pegados al tronco unos centímetros de algunas ramas que dieron fruto en otro tiempo y que ahora parecen muñones sin futuro». (P. Arrupe S.J) Agradezco a Dios todos los momentos de poda que he vivido a lo largo de mi vida, y la vida nueva que me permitieron recibir y compartir. «Cuando se poda una rama, pueden seguir saliendo por los cortes pequeñas gotas de savia como si llorasen la pérdida, buscando desorientadas el mismo camino de siempre que ya no existe». (P. Arrupe S.J) Reviso mi vida y agradezco los duelos vividos y pido perdón por querer en tantos momentos no morir a aquello que necesito morir para purificar mi vida y dar fruto, los frutos que Dios quiere. «Cuando llega la primavera, frágil pero indetenible, la corteza reseca y endurecida de la vid empieza a abrirse desde dentro por la fortaleza de la vida que ha crecido en su interior. El rigor del frío se va alejando de su entorno. Aparecen los brotes, las ramas, las hojas, y los racimos de uvas.
  • 97. Es tiempo de sorpresa, una toma de conciencia de una vitalidad asombrosa en su pequeñez y vulnerabilidad, que ya es imposible de esconder y detener bajo la cáscara». (P. Arrupe S.J) Agradezco a Dios mi debilidad, mi vulnerabilidad, le pongo nombre a aquello que me permite sentirme necesitada de él, porque sin él no puedo hacer nada. CONTEMPLACIÓN ¿Cuál es mi compromiso? Una palabra se repite once veces en una parábola tan breve como la de Jn 15, esta palabra es permanecer. Es como una idea fija del escritor/narrador que teje todo el texto, la clave que explica el texto. En las podas que vivimos lo más importante es permanecer pegados al tronco de donde nos llega la vida, aunque todo parece muerte. Nuestra invitación es a hacer de los momentos de poda, de purificación, momentos de gracia donde dejemos que Dios nos hable al corazón, nos abrace, nos consuele para continuar nuestra vida y así dar fruto. «Durante semanas en la vid podada no sucede nada por fuera, pero dentro, célula a célula, se va gestando la primavera con procesos diminutos e invisibles. El ritmo es lento y no responde a las impaciencias del agricultor ni a la hostilidad del clima que la rodea. Todo el trabajo es interior y silencioso». (P. Arrupe S.J) 11. Celebración de la Santa MISA.