“Año de la recuperación y consolidación de
la economía peruana"
TÉCNICO EN ENFERMERIA
Curso: Aplicaciones de Internet.
Docente: Rebeca Quintanilla Rebaza.
Sección: I – B
Alumna: Heydi Mariella Choque Cuba.
2025
El Alzheimer
La enfermedad de Alzheimer es la causa más común de demencia. La enfermedad
de Alzheimer es el proceso biológico que comienza con la aparición en el cerebro
de una acumulación de proteínas en forma de placas amiloides y ovillos
neurofibrilares. Esto hace que las neuronas cerebrales mueran con el tiempo y el
cerebro se encoja.
En EE. UU., unos 6,9 millones de personas de 65 años o más viven con enfermedad
de Alzheimer. Entre ellos, más del 70 % tiene 75 años de edad o más. De los más
de 55 millones de personas con demencia en el mundo, se estima que entre el 60 %
y el 70 % tiene la enfermedad de Alzheimer.
Los primeros síntomas de la enfermedad de Alzheimer son olvidarse de eventos o
conversaciones recientes. Con el tiempo, la enfermedad de Alzheimer deriva en
graves pérdidas de memoria y afecta la capacidad de la persona para realizar las
tareas cotidianas.
La enfermedad de Alzheimer no tiene cura. En las etapas avanzadas, la pérdida de
la función cerebral puede causar deshidratación, una mala nutrición o una infección.
Estas complicaciones pueden llevar a la muerte.
No obstante, los medicamentos pueden mejorar los síntomas o desacelerar el
deterioro del pensamiento. Los programas y servicios pueden brindar apoyo a las
personas con enfermedad de Alzheimer y a sus cuidadores.
Síntomas
La pérdida de memoria es el síntoma clave de la enfermedad de Alzheimer. En la
primera etapa de la enfermedad, las personas pueden tener problemas para
recordar eventos o conversaciones recientes. Con el tiempo, la memoria empeora
y se manifiestan otros síntomas.
Al principio, es posible que alguien con la enfermedad reconozca problemas para
recordar las cosas y pensar con claridad. A medida que los signos y síntomas
empeoran, hay más posibilidades de que un familiar o amigo note los problemas.
Los cambios cerebrales de la enfermedad de Alzheimer derivan en los siguientes
síntomas, que empeoran con el tiempo.
Memoria
Todas las personas tienen problemas de memoria de vez en cuando, pero la pérdida
de memoria relacionada con la enfermedad de Alzheimer es permanente. Con el
tiempo, la pérdida de la memoria afecta la capacidad de la persona para
desenvolverse en el trabajo y en casa.
Las personas con enfermedad de Alzheimer podrían pasar por las siguientes
situaciones:
• Repetir afirmaciones y preguntas una y otra vez.
• Olvidar conversaciones, citas médicas o eventos.
• Extraviar artículos y, a menudo, ponerlos en lugares en los que no tiene sentido
hacerlo.
• Perderse en lugares que solían conocer bien.
• Olvidar los nombres de familiares y de objetos de uso cotidiano.
• Tener problemas para encontrar las palabras adecuadas, expresar
pensamientos o mantener conversaciones.
El pensamiento y el razonamiento
La enfermedad de Alzheimer dificulta concentrarse y pensar, en especial sobre
conceptos abstractos, como los números. Hacer más de una tarea a la vez resulta
especialmente difícil. Gestionar la economía, poner al día las cuentas y pagar las
facturas a tiempo puede ser complicado. Con el tiempo, las personas con
enfermedad de Alzheimer pueden llegar a no reconocer los números.
Hacer valoraciones y tomar decisiones
La enfermedad de Alzheimer dificulta tomar decisiones razonables y aplicar la
capacidad de juicio. Las personas con enfermedad de Alzheimer pueden tomar
malas decisiones en ámbitos sociales o usar ropa que no es adecuada para las
condiciones climáticas. Los problemas cotidianos pueden ser difíciles de resolver.
Es posible que una persona con enfermedad de Alzheimer no sepa cómo manipular
alimentos que se están cocinando en una hornalla ni cómo tomar decisiones al
conducir un vehículo.
Planificar y realizar actividades familiares
Las actividades de rutina que implican completar pasos en un orden determinado
también pueden resultar difíciles para las personas con esta enfermedad. Les puede
costar planificar y elaborar una comida, o jugar un juego favorito. A medida que el
alzhéimer avanza, las personas olvidan cómo hacer tareas básicas, como vestirse
y bañarse.
Cambios en la personalidad y en la conducta
Los cambios que la enfermedad de Alzheimer produce en el cerebro pueden afectar
el estado de ánimo y el comportamiento. Los síntomas pueden incluir los siguientes:
• Depresión.
• Pérdida de interés por actividades.
• Aislamiento social.
• Cambios en el estado de ánimo.
• Falta de confianza en los demás.
• Ira o agresividad.
• Cambios en los hábitos de sueño.
• Desorientación.
• Desinhibición.
• Ideas delirantes, como creer que le
han robado algo, cuando no es así.
Habilidades preservadas
A pesar de los cambios importantes en la
memoria y las habilidades, las personas que
tienen la enfermedad de Alzheimer pueden
conservar ciertas habilidades, aun cuando los
síntomas empeoran. Se conocen como
habilidades preservadas. Entre ellas pueden
estar: leer o escuchar libros, contar historias,
compartir recuerdos, cantar, escuchar música,
bailar, dibujar o hacer manualidades.
Estas habilidades pueden conservarse durante
más tiempo porque las controlan partes del
cerebro que se ven afectadas en etapas
posteriores de la enfermedad.
Cuándo debes consultar con un médico
Varias afecciones pueden causar pérdida de la memoria u otros síntomas de
demencia. Algunas de ellas pueden tratarse. Si te preocupa tu memoria u otra
habilidad del pensamiento, habla con un profesional de atención médica.
Si te preocupan las habilidades del pensamiento que observas en un familiar o
amigo, puedes proponerle ir juntos a ver a un profesional de atención médica.
Causas
Cerebro sano y cerebro con la enfermedad de Alzheimer
Las causas exactas de la enfermedad de Alzheimer no se comprenden en su
totalidad. Pero a un nivel básico, las proteínas del cerebro no funcionan de la forma
habitual. Esto interrumpe el trabajo de las células cerebrales, también llamadas
neuronas cerebrales, y desencadena una serie de eventos. Las neuronas se dañan
y pierden las conexiones entre sí. Eventualmente, mueren.
Los científicos creen que, en la mayoría de los casos, la enfermedad de Alzheimer
es causada por una combinación de factores genéticos, ambientales y del estilo de
vida que afectan el cerebro a lo largo del tiempo. En menos del 1 % de las personas,
la enfermedad de Alzheimer ocurre por cambios genéticos específicos que
prácticamente garantizan que una persona tendrá la enfermedad. Para las personas
de este grupo, la enfermedad generalmente comienza en la madurez.
La enfermedad comienza años antes de que aparezcan los primeros síntomas. El
daño comienza más a menudo en la región del cerebro que controla la memoria. La
pérdida de neuronas se extiende en un patrón algo predecible a otras regiones del
cerebro. En la etapa avanzada de la enfermedad, el tejido cerebral está reducido.
Los investigadores que tratan de entender la causa de la enfermedad de Alzheimer
se centran en el papel de dos proteínas:
• Placas. El beta amiloide es un fragmento de una proteína más grande. Cuando
estos fragmentos se agrupan, afectan la comunicación entre las neuronas
cerebrales. Los grupos forman depósitos más grandes llamados placas
amiloides.
• Ovillos. Las proteínas tau juegan un papel en el sistema interno de apoyo y
transporte de las neuronas cerebrales para trasportar nutrientes y otros
materiales esenciales. En la enfermedad de Alzheimer, las proteínas tau
cambian de forma y se organizan en estructuras llamadas ovillos
neurofibrilares. Los ovillos interrumpen el sistema de transporte y ocasionan
daños en las neuronas.
Factores de riesgo
Los factores de riesgo para la enfermedad de Alzheimer incluyen la edad, los
antecedentes familiares, el estilo de vida y otros factores.
Edad avanzada
La edad avanzada es el principal factor de riesgo conocido de la enfermedad de
Alzheimer. La enfermedad de Alzheimer no es parte del proceso normal de
envejecimiento. Pero, al envejecer, aumentan las probabilidades de contraer la
enfermedad.
Según un estudio, cada año hubo cuatro nuevos diagnósticos por cada
1000 personas de 65 a 74 años. Entre las personas de 75 a 84 años, hubo
32 nuevos diagnósticos por cada 1000 personas. Para las personas de 85 años o
más, hubo 76 nuevos diagnósticos por cada 1000 personas.
Antecedentes familiares y genética
El riesgo de desarrollar la enfermedad de Alzheimer es mayor si un familiar de
primer grado, como el padre o la madre, o un hermano, ha recibido el diagnóstico
de la enfermedad. No se entiende casi nada respecto a cómo los genes de una
familia influyen en el riesgo. Es probable que los factores genéticos sean complejos.
Un factor genético más estudiado es una forma del gen apolipoproteína E (APOE).
Tener la forma del gen conocida como APOE e4 aumenta el riesgo de enfermedad
de Alzheimer. Aproximadamente del 25 % al 30 % de la población es portadora de
la forma APOE e4. Pero no todas las personas con esta forma del gen desarrollan
la enfermedad. Tener dos copias de APOE e4 aumenta el riesgo de enfermedad de
Alzheimer más que tener una copia.
Los científicos han encontrado cambios poco frecuentes en tres genes que
prácticamente garantizan que una persona que hereda uno de ellos desarrollará la
enfermedad de Alzheimer. Sin embargo, estos cambios representan menos del 1 %
de las personas con esta enfermedad.
Síndrome de Down
Muchas personas con síndrome de Down desarrollan la enfermedad de Alzheimer.
Esto probablemente esté relacionado con tener tres copias del cromosoma 21. El
cromosoma 21 es el gen implicado en la producción de la proteína que lleva a la
creación de beta amiloide. Los fragmentos de beta amiloide pueden convertirse en
placas en el cerebro. Los síntomas suelen aparecer entre 10 y 20 años antes en las
personas con síndrome de Down en comparación con la población general.
Sexo asignado al nacer
En general, hay más casos de mujeres con la enfermedad porque suelen vivir más
que los hombres.
Deterioro cognitivo leve
Las personas con deterioro cognitivo leve presentan un deterioro de la memoria o
de otras habilidades del pensamiento mayor de lo habitual para su edad. Pero dicho
deterioro no les impide desenvolverse laboral o socialmente.
Sin embargo, las personas con deterioro cognitivo leve tienen más riesgo de
desarrollar demencia que aquellas que no lo padecen. Cuando el deterioro cognitivo
leve afecta principalmente la memoria, es más probable que la afección avance
hasta una demencia debida a la enfermedad de Alzheimer. Un diagnóstico de
deterioro cognitivo leve ofrece a las personas la posibilidad de enfocarse en hacer
cambios para un estilo de vida saludable y en crear estrategias para compensar la
pérdida de memoria. También se pueden programar citas médicas periódicas para
controlar los síntomas.
Lesión en la cabeza
Varios estudios grandes descubrieron que las personas de 50 años o más que
tuvieron una lesión cerebral por traumatismo corrían más riesgo de desarrollar
demencia o enfermedad de Alzheimer. El riesgo es aún mayor en personas con
graves lesiones cerebrales por traumatismo o múltiples lesiones cerebrales por
traumatismo.
Contaminación del aire
Según los estudios hechos en animales, las partículas de la contaminación del aire
pueden acelerar la degeneración del sistema nervioso. Los estudios en humanos
han mostrado un vínculo con un riesgo más alto para demencia de la exposición a
la contaminación del aire, especialmente los gases liberados por los escapes de los
vehículos y la quema de madera.
Consumo excesivo de alcohol
Se sabe desde hace tiempo que el consumo de grandes cantidades de alcohol
ocasiona cambios en el cerebro. En varios estudios y revisiones grandes se
determinó que el abuso de alcohol estaba relacionado con más riesgo para
demencia, en particular, la demencia de aparición temprana.
Patrones de sueño deficientes
Según las investigaciones, los patrones de sueño irregulares, como la dificultad para
conciliar el sueño o permanecer dormido, se asocian con más riesgo de la
enfermedad de Alzheimer. La apnea del sueño también puede aumentar el riesgo
para demencia.
Estilo de vida y salud del corazón
La investigación ha demostrado que los mismos factores de riesgo de enfermedad
cardíaca pueden aumentar el riesgo de tener demencia. No está claro si estos
factores aumentan el riesgo al empeorar los cambios del alzhéimer en el cerebro o
al causar cambios en los vasos sanguíneos del cerebro. Los factores son los
siguientes:
• Falta de ejercicio
• Obesidad
• Hábito de fumar o exposición al humo de segunda mano
• Presión arterial alta
• Colesterol alto
• Diabetes tipo 2 mal controlada
Los niveles altos de lipoproteína de baja densidad, también llamado colesterol LDL,
en particular en la mediana edad, aumentan el riesgo para demencia. Las
investigaciones han revelado que las personas menores de 65 años con niveles
elevados de colesterol LDL tienen un mayor riesgo de demencia. No obstante, la
administración de medicamentos para reducir el colesterol LDL no aumentó el
riesgo.
Todos estos factores pueden modificarse, por lo que cambiar los hábitos del estilo
de vida puede alterar el riesgo en un determinado grado. Por ejemplo, hacer
ejercicio periódicamente y llevar una alimentación baja en grasas y rica en frutas y
verduras se relacionan con un menor riesgo de tener enfermedad de Alzheimer.
Pérdida auditiva
Los estudios han encontrado que las personas que tienen pérdida auditiva tienen
riesgo de sufrir demencia. Cuanto peor es la pérdida auditiva, mayor es el riesgo.
Sin embargo, usar audífonos protege contra la demencia.
Pérdida de la visión no tratada
Las investigaciones más recientes sugieren que la pérdida de la visión no tratada
es un factor de riesgo para el deterioro cognitivo y la demencia. El vínculo puede
deberse a una enfermedad como la diabetes que puede aumentar el riesgo de
pérdida de la visión y demencia. Pero algunas investigaciones sugieren que la
pérdida de la visión en sí misma puede aumentar el riesgo de demencia.
Educación permanente y participación en actividades sociales
Los estudios han demostrado que ser sociable y realizar actividades que estimulen
la mente a lo largo de la vida puede reducir el riesgo de la enfermedad de Alzheimer.
Los niveles educativos bajos, inferiores a la formación secundaria, parecen ser un
factor de riesgo de desarrollar la enfermedad de Alzheimer.
Complicaciones
La enfermedad de Alzheimer puede derivar en una variedad de complicaciones. Los
síntomas, como la pérdida de la memoria y del lenguaje, el deterioro del juicio y
otros cambios en el cerebro, pueden dificultar el control de otras enfermedades. Es
posible que una persona con la enfermedad de Alzheimer no sea capaz de hacer lo
siguiente:
• Hacer saber a alguien que siente dolor.
• Explicar los síntomas de otra enfermedad.
• Seguir un plan de tratamiento.
• Explicar los efectos secundarios de los medicamentos.
A medida que la enfermedad de Alzheimer avanza hacia las últimas etapas, los
cambios en el cerebro comienzan a afectar las funciones físicas. Estos cambios
pueden afectar la capacidad de tragar, de mantener el equilibrio y de controlar la
evacuación de las heces y los movimientos de la vejiga. Dichos efectos pueden
derivar en otros problemas de salud, como los siguientes:
• Inhalación de alimentos o líquidos hacia los pulmones.
• Gripe, neumonía y otras infecciones.
• Caídas.
• Fracturas.
• Escaras.
• Malnutrición o deshidratación.
• Estreñimiento o diarrea.
Prevención
La enfermedad de Alzheimer no se puede prevenir. Pero hacer cambios en el estilo
de vida puede reducir el riesgo de contraer esta enfermedad.
Según investigaciones, tomar medidas para reducir el riesgo de enfermedades
cardiovasculares también puede disminuir el riesgo de demencia. Estas son algunas
opciones de un estilo de vida saludable para el corazón que se pueden seguir para
reducir el riesgo de demencia:
• Hacer ejercicio con regularidad.
• Llevar una alimentación de frutas y verduras frescas, aceites saludables y
alimentos bajos en grasas saturadas, como la dieta mediterránea.
• Trabajar con el profesional de atención médica para controlar la presión arterial
alta, la diabetes y el colesterol alto. Presta especial atención a los niveles de
lipoproteína de baja densidad, conocida como colesterol de las lipoproteínas
de baja densidad. Los niveles altos de colesterol de lipoproteínas de baja
densidad en personas menores de 65 años aumentan el riesgo para demencia.
Pero tomar medicamentos para reducir el colesterol de las lipoproteínas de
baja densidad no aumenta el riesgo.
• Si fumas, pide al profesional de atención médica que te ayude a dejar el hábito.
En un estudio grande y prolongado que se hizo en Finlandia, se descubrió que los
cambios en el estilo de vida ayudaban a reducir el deterioro cognitivo en personas
que corrían el riesgo de tener demencia. Se impartió a los sujetos del estudio
sesiones individuales y grupales centradas en alimentación, ejercicio y actividades
sociales.
Varios estudios han descubierto que seguir una dieta mediterránea deriva en una
mejor función cognitiva y un deterioro cognitivo más lento con la edad. Una dieta
mediterránea se centra en alimentos de origen vegetal como frutas, verduras,
cereales, pescado, aves, frutos secos y aceite de oliva. La dieta incluye menos
alimentos con alto contenido de grasas saturadas y grasas trans, como mantequilla,
margarina, queso, carne roja, alimentos fritos y pasteles.
También es importante tratar la pérdida auditiva y de la visión. En los estudios se
ha descubierto que la pérdida de la visión no tratada es un factor de riesgo para la
discapacidad cognitiva y la demencia. Los estudios también descubrieron que las
personas con pérdida auditiva tienen más riesgo para demencia. Pero usar
audífonos hizo a las personas menos propensas a la demencia.
Otros estudios demostraron que continuar participando mental y socialmente se
vincula con la conservación de las capacidades de pensamiento más adelante en la
vida y con un riesgo más bajo para la enfermedad de Alzheimer. Esto incluye
participar en eventos sociales, leer, bailar, jugar juegos de mesa, realizar tareas
artísticas, tocar un instrumento y otras actividades.
ETAPAS
Alzheimer Leve
Etapa 1: Comportamiento Exterior Normal
El Alzheimer comienza sin ningún síntoma externo. En la etapa inicial, el Alzheimer
normalmente pasa desapercibido, ya que sólo se encuentran signos de la
enfermedad en una exploración por TEP. Las exploraciones TEP se utilizan para
detectar las placas de proteínas que son indicativas de la enfermedad de Alzheimer.
Etapa 2: Cambios muy leves
Los primeros síntomas del Alzheimer son pequeños y, a menudo, similares a los
síntomas típicos del envejecimiento, como olvidar palabras o extraviar objetos. La
vida diaria generalmente no se ve interrumpida ni comprometida por esta etapa
temprana.
Etapa 3: Disminución leve
En la última etapa del nivel de Alzheimer, los síntomas de la enfermedad volverán
más evidentes.
Una persona en la etapa de declive leve con frecuencia perderá objetos, olvidará la
información que recibió recientemente, tendrá dificultades para recordar palabras y
nombres, hará la misma pregunta una y otra vez y tendrá problemas para hacer
planos y mantenerse organizado.
Alzheimer moderado
Etapa 4: Disminución Moderada
A medida que una persona con Alzheimer pasa a la fase moderada de su
enfermedad, su condición volverá mucho más evidente, incluso para aquellos que
no la conocen bien. Durante la etapa de declive moderado, tendrán problemas para
realizar las tareas domésticas básicas. Es posible que tampoco puedas recordar la
fecha, el mes o la temporada. Las funciones cotidianas básicas, como preparar una
comida o pedir comida, también se volverán difíciles.
Etapa 5: Disminución Moderadamente Grave
Cuando el Alzheimer avanza a la etapa de declive severo, la persona olvidará qué
hora es y dónde se encuentra en ese momento. A medida que la persona pierde
cada vez más funciones mentales, es probable que se ponga de mal humor, retraída
y tenga problemas para dormir. Las personas con una etapa de deterioro
moderadamente grave de la enfermedad de Alzheimer pueden deambular o
perderse.
Alzheimer severo
Etapa 6: Disminución severa
La fase de deterioro severo del Alzheimer se caracteriza por una mayor dificultad
para reconocer rostros familiares, así como pensamientos delirantes. Una persona
que entra en la fase grave del Alzheimer también acabará perdiendo la conciencia
de su entorno y no recordará los acontecimientos recientes.
Etapa 7: Disminución muy severa
Durante la etapa final del Alzheimer, una persona perderá la capacidad de realizar
funciones básicas como tragar, caminar, sentarse, ir al baño y comunicarse. La
persona necesitará cuidados y atención las 24 horas del día para garantizar que
esté lo más cómodo posible.
El Alzheimer es un diagnóstico desalentador, pero al comprender mejor lo que se
puede esperar de la enfermedad, se puede disminuir la ansiedad en torno al futuro
y crear un ambiente más cómodo para la persona que vive con la enfermedad.
¿Cuántos años puede vivir una persona con Alzheimer?
Visión general creada por IA
Una persona con Alzheimer puede vivir de 4 a 20 años después del diagnóstico,
dependiendo de varios factores. En promedio, la expectativa de vida es de 8 años,
pero algunos pueden vivir mucho más tiempo.
Factores que influyen en la expectativa de vida:
Edad al momento del diagnóstico:
Si se diagnostica a una persona mayor de 80 años, la expectativa de vida puede
ser menor (3-4 años) que si se diagnostica a una persona más joven (10 años o
más).
Gravedad de los síntomas al momento del diagnóstico:
Una persona con síntomas más avanzados al momento del diagnóstico puede
tener una expectativa de vida más corta.
Otros factores de salud:
La presencia de otras enfermedades o condiciones médicas puede afectar la
progresión de la enfermedad y la expectativa de vida.
Progresión de la enfermedad:
La enfermedad de Alzheimer progresa a lo largo del tiempo, y los síntomas se vuelven
más severos.
En las etapas avanzadas, la persona puede experimentar problemas para comer,
beber, y respirar, lo que aumenta el riesgo de infecciones y complicación. La etapa final
de la enfermedad puede durar desde semanas hasta varios años, y la persona requiere
cuidados constantes.
Alzhéimer y vitamina D
La mayoría de la población conoce la importancia que tiene la vitamina D en el
crecimiento esquelético y en la salud de los huesos. Por ello, los padres se
preocupan de que sus hijos la consuman adecuadamente, ya saben que una
deficiencia severa de la misma favorece la aparición de raquitismo en los niños
y de diferentes enfermedades óseas en la edad adulta. La ingesta diaria
adecuada de vitamina D en la población adulta se sitúa alrededor de los 10
microgramos durante todo el año.
La principal fuente de vitamina D es la exposición de la piel a la luz solar. Se
genera hasta un 90% con una exposición, entre 10 y 15 minutos, de la cara, los
brazos y las piernas al sol, tres veces por semana. Pero para que se produzca
la síntesis cutánea de vitamina D, la luz solar ha de tener un nivel de ultravioletas
adecuado. En nuestro medio, este nivel disminuye de una manera considerable
durante los meses invernales (octubre hasta abril), en los que la producción de
vitamina D a través de la piel se reduce e incluso desaparece. Con la edad, la
capacidad de la piel para sintetizar vitamina D baja progresivamente, y a partir
de la tercera edad se produce aproximadamente la mitad. No todos los expertos
están de acuerdo en que la exposición al sol sea la mejor manera de obtener la
vitamina D, ya que la radiación ultravioleta es un carcinógeno cutáneo, por ello
algunos médicos recomiendan el consumo de vitamina D a través de la
alimentación.
La mayoría de las dietas no proporcionan la cantidad diaria necesaria de
vitamina D, siendo más evidente en los lugares donde los alimentos contienden
bajas concentraciones de la vitamina y en aquellas personas que padecen
enfermedades que les afectan a la absorción intestinal. Es por ello por lo que
a menudo se hace necesario la administración oral de vitamina D.
Los alimentos que contienen mayor cantidad de vitamina D son el pescado azul
(sardinas, arenque, atún, caballa, salmón y aceite de hígado de bacalao), la
yema de huevo, las carnes rojas, los hongos shiitake, el hígado en general y casi
todas las vísceras. La edad avanzada no modifica la absorción intestinal de
vitamina D.
La deficiencia de vitamina D provoca en los niños raquitismo y en toda la
población osteoporosis, así como una mayor incidencia de caídas y de fracturas,
alteraciones en la circulación sanguínea (sobre todo rigidez de las arterias),
aumento del grosor de los músculos cardiacos, hipertensión e hiperlipidemia y
descompensación de la diabetes, siendo además un factor de riesgo para el
desarrollo de algunos cánceres.
Estudios muy recientes realizados en animales de experimentación que sufren
la enfermedad de Alzheimer, señalan cómo la vitamina D puede estar implicada
en las fases tempranas del desarrollo de la misma, actuando en el área del
hipocampo, que es donde se inicia la enfermedad, como reguladora de la
neurogénesis. Se observó que los animales que tenían déficit de vitamina D
desarrollaban las placas de amiloide, responsables de la enfermedad de
Alzheimer, al mismo tiempo que empeoraban su memoria. Cuando se les
aumentaba la dosis de vitamina D el proceso revertía. Los investigadores
mostraron que la suplementación con alto contenido de vitamina D era eficaz en
la enfermedad de Alzheimer en la mejora de la memoria de trabajo y de la
neurogénesis endógena, solo cuando se administraba a los animales antes de
la aparición de los síntomas principales. No hay evidencia de ello en los
humanos.
En diferentes estudios realizados en grupos extensos de población, comparando
personas con niveles bajos de vitamina D con otras con niveles adecuados, se
ha puesto de manifiesto la mayor predisposición del primer grupo para
desarrollar deterioro cognitivo, observándose en algunos estudios una
asociación entre los niveles de vitamina D y la cognición. Estos déficits consisten
sobre todo en un bajo rendimiento en la memoria y en las habilidades de la vida
diaria, y mayor lentitud a la hora de procesar la información. Algunos
investigadores han constatado que concentraciones elevadas de vitamina D se
asociaban a mayores habilidades cognitivas.
A pesar de que está demostrado que las personas que padecen enfermedad de
Alzheimer presentan concentraciones más bajas de vitamina D en comparación
con otros grupos poblacionales, y que algunos estudios longitudinales de larga
duración (hasta de 30 años de seguimiento) hayan observado una clara
asociación entre los niveles bajos de vitamina D y el riesgo de esta
enfermedad, no existe un acuerdo unánime respecto a si esta vitamina está
implicada en el desarrollo de la misma. Sin embargo, en todos los estudios
realizados en mujeres se ha observado una clara asociación entre la
hipovitaminosis D y el deterioro cognitivo. También se ha publicado la asociación
clara entre los niveles de vitamina D en personas de 65 años o más y la función
cognitiva.
Existen pocos estudios que se hayan centrado en la investigación del efecto
positivo de una toma diaria complementaria de vitamina D en las personas que
sufren enfermedad de Alzheimer. Hasta el momento actual no se han observado
claros beneficios, aunque sí en algunos casos una ligera mejoría.
Mientras que la suplementación con vitamina D en los animales de
experimentación mejora sus funciones cognitivas a la vez que disminuyen los
componentes tóxicos de la enfermedad de Alzheimer, en los humanos solo
existe una clara evidencia de que en la población de edad avanzada la
insuficiencia de vitamina D se asocia con el deterioro cognitivo.
El 80% de la población de mayores de 65 años en España presentan niveles
bajos de Vitamina D (con niveles en suero por debajo de 20 ng/ml). El Instituto
de Medicina de Estados Unidos recomienda la ingesta diaria de 800 UI de esta
vitamina, con esta dosis el 97.5% de las personas alcanzarán el nivel adecuado
de la misma y, además de evitar el deterioro cognitivo, ayudará a mantener la
fuerza muscular y disminuir las caídas.
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Trabajo informativo Enfermedad del Alzheimer

  • 1. “Año de la recuperación y consolidación de la economía peruana" TÉCNICO EN ENFERMERIA Curso: Aplicaciones de Internet. Docente: Rebeca Quintanilla Rebaza. Sección: I – B Alumna: Heydi Mariella Choque Cuba. 2025
  • 2. El Alzheimer La enfermedad de Alzheimer es la causa más común de demencia. La enfermedad de Alzheimer es el proceso biológico que comienza con la aparición en el cerebro de una acumulación de proteínas en forma de placas amiloides y ovillos neurofibrilares. Esto hace que las neuronas cerebrales mueran con el tiempo y el cerebro se encoja. En EE. UU., unos 6,9 millones de personas de 65 años o más viven con enfermedad de Alzheimer. Entre ellos, más del 70 % tiene 75 años de edad o más. De los más de 55 millones de personas con demencia en el mundo, se estima que entre el 60 % y el 70 % tiene la enfermedad de Alzheimer. Los primeros síntomas de la enfermedad de Alzheimer son olvidarse de eventos o conversaciones recientes. Con el tiempo, la enfermedad de Alzheimer deriva en graves pérdidas de memoria y afecta la capacidad de la persona para realizar las tareas cotidianas. La enfermedad de Alzheimer no tiene cura. En las etapas avanzadas, la pérdida de la función cerebral puede causar deshidratación, una mala nutrición o una infección. Estas complicaciones pueden llevar a la muerte. No obstante, los medicamentos pueden mejorar los síntomas o desacelerar el deterioro del pensamiento. Los programas y servicios pueden brindar apoyo a las personas con enfermedad de Alzheimer y a sus cuidadores. Síntomas La pérdida de memoria es el síntoma clave de la enfermedad de Alzheimer. En la primera etapa de la enfermedad, las personas pueden tener problemas para recordar eventos o conversaciones recientes. Con el tiempo, la memoria empeora y se manifiestan otros síntomas. Al principio, es posible que alguien con la enfermedad reconozca problemas para recordar las cosas y pensar con claridad. A medida que los signos y síntomas empeoran, hay más posibilidades de que un familiar o amigo note los problemas. Los cambios cerebrales de la enfermedad de Alzheimer derivan en los siguientes síntomas, que empeoran con el tiempo.
  • 3. Memoria Todas las personas tienen problemas de memoria de vez en cuando, pero la pérdida de memoria relacionada con la enfermedad de Alzheimer es permanente. Con el tiempo, la pérdida de la memoria afecta la capacidad de la persona para desenvolverse en el trabajo y en casa. Las personas con enfermedad de Alzheimer podrían pasar por las siguientes situaciones: • Repetir afirmaciones y preguntas una y otra vez. • Olvidar conversaciones, citas médicas o eventos. • Extraviar artículos y, a menudo, ponerlos en lugares en los que no tiene sentido hacerlo. • Perderse en lugares que solían conocer bien. • Olvidar los nombres de familiares y de objetos de uso cotidiano.
  • 4. • Tener problemas para encontrar las palabras adecuadas, expresar pensamientos o mantener conversaciones. El pensamiento y el razonamiento La enfermedad de Alzheimer dificulta concentrarse y pensar, en especial sobre conceptos abstractos, como los números. Hacer más de una tarea a la vez resulta especialmente difícil. Gestionar la economía, poner al día las cuentas y pagar las facturas a tiempo puede ser complicado. Con el tiempo, las personas con enfermedad de Alzheimer pueden llegar a no reconocer los números.
  • 5. Hacer valoraciones y tomar decisiones La enfermedad de Alzheimer dificulta tomar decisiones razonables y aplicar la capacidad de juicio. Las personas con enfermedad de Alzheimer pueden tomar malas decisiones en ámbitos sociales o usar ropa que no es adecuada para las condiciones climáticas. Los problemas cotidianos pueden ser difíciles de resolver. Es posible que una persona con enfermedad de Alzheimer no sepa cómo manipular alimentos que se están cocinando en una hornalla ni cómo tomar decisiones al conducir un vehículo. Planificar y realizar actividades familiares Las actividades de rutina que implican completar pasos en un orden determinado también pueden resultar difíciles para las personas con esta enfermedad. Les puede costar planificar y elaborar una comida, o jugar un juego favorito. A medida que el alzhéimer avanza, las personas olvidan cómo hacer tareas básicas, como vestirse y bañarse.
  • 6. Cambios en la personalidad y en la conducta Los cambios que la enfermedad de Alzheimer produce en el cerebro pueden afectar el estado de ánimo y el comportamiento. Los síntomas pueden incluir los siguientes: • Depresión. • Pérdida de interés por actividades. • Aislamiento social. • Cambios en el estado de ánimo. • Falta de confianza en los demás. • Ira o agresividad. • Cambios en los hábitos de sueño. • Desorientación. • Desinhibición. • Ideas delirantes, como creer que le han robado algo, cuando no es así. Habilidades preservadas
  • 7. A pesar de los cambios importantes en la memoria y las habilidades, las personas que tienen la enfermedad de Alzheimer pueden conservar ciertas habilidades, aun cuando los síntomas empeoran. Se conocen como habilidades preservadas. Entre ellas pueden estar: leer o escuchar libros, contar historias, compartir recuerdos, cantar, escuchar música, bailar, dibujar o hacer manualidades. Estas habilidades pueden conservarse durante más tiempo porque las controlan partes del cerebro que se ven afectadas en etapas posteriores de la enfermedad. Cuándo debes consultar con un médico Varias afecciones pueden causar pérdida de la memoria u otros síntomas de demencia. Algunas de ellas pueden tratarse. Si te preocupa tu memoria u otra habilidad del pensamiento, habla con un profesional de atención médica. Si te preocupan las habilidades del pensamiento que observas en un familiar o amigo, puedes proponerle ir juntos a ver a un profesional de atención médica. Causas
  • 8. Cerebro sano y cerebro con la enfermedad de Alzheimer Las causas exactas de la enfermedad de Alzheimer no se comprenden en su totalidad. Pero a un nivel básico, las proteínas del cerebro no funcionan de la forma habitual. Esto interrumpe el trabajo de las células cerebrales, también llamadas neuronas cerebrales, y desencadena una serie de eventos. Las neuronas se dañan y pierden las conexiones entre sí. Eventualmente, mueren. Los científicos creen que, en la mayoría de los casos, la enfermedad de Alzheimer es causada por una combinación de factores genéticos, ambientales y del estilo de vida que afectan el cerebro a lo largo del tiempo. En menos del 1 % de las personas, la enfermedad de Alzheimer ocurre por cambios genéticos específicos que prácticamente garantizan que una persona tendrá la enfermedad. Para las personas de este grupo, la enfermedad generalmente comienza en la madurez. La enfermedad comienza años antes de que aparezcan los primeros síntomas. El daño comienza más a menudo en la región del cerebro que controla la memoria. La pérdida de neuronas se extiende en un patrón algo predecible a otras regiones del cerebro. En la etapa avanzada de la enfermedad, el tejido cerebral está reducido. Los investigadores que tratan de entender la causa de la enfermedad de Alzheimer se centran en el papel de dos proteínas: • Placas. El beta amiloide es un fragmento de una proteína más grande. Cuando estos fragmentos se agrupan, afectan la comunicación entre las neuronas
  • 9. cerebrales. Los grupos forman depósitos más grandes llamados placas amiloides. • Ovillos. Las proteínas tau juegan un papel en el sistema interno de apoyo y transporte de las neuronas cerebrales para trasportar nutrientes y otros materiales esenciales. En la enfermedad de Alzheimer, las proteínas tau cambian de forma y se organizan en estructuras llamadas ovillos neurofibrilares. Los ovillos interrumpen el sistema de transporte y ocasionan daños en las neuronas. Factores de riesgo Los factores de riesgo para la enfermedad de Alzheimer incluyen la edad, los antecedentes familiares, el estilo de vida y otros factores. Edad avanzada La edad avanzada es el principal factor de riesgo conocido de la enfermedad de Alzheimer. La enfermedad de Alzheimer no es parte del proceso normal de envejecimiento. Pero, al envejecer, aumentan las probabilidades de contraer la enfermedad. Según un estudio, cada año hubo cuatro nuevos diagnósticos por cada 1000 personas de 65 a 74 años. Entre las personas de 75 a 84 años, hubo 32 nuevos diagnósticos por cada 1000 personas. Para las personas de 85 años o más, hubo 76 nuevos diagnósticos por cada 1000 personas. Antecedentes familiares y genética El riesgo de desarrollar la enfermedad de Alzheimer es mayor si un familiar de primer grado, como el padre o la madre, o un hermano, ha recibido el diagnóstico de la enfermedad. No se entiende casi nada respecto a cómo los genes de una familia influyen en el riesgo. Es probable que los factores genéticos sean complejos. Un factor genético más estudiado es una forma del gen apolipoproteína E (APOE). Tener la forma del gen conocida como APOE e4 aumenta el riesgo de enfermedad de Alzheimer. Aproximadamente del 25 % al 30 % de la población es portadora de la forma APOE e4. Pero no todas las personas con esta forma del gen desarrollan la enfermedad. Tener dos copias de APOE e4 aumenta el riesgo de enfermedad de Alzheimer más que tener una copia. Los científicos han encontrado cambios poco frecuentes en tres genes que prácticamente garantizan que una persona que hereda uno de ellos desarrollará la enfermedad de Alzheimer. Sin embargo, estos cambios representan menos del 1 % de las personas con esta enfermedad. Síndrome de Down
  • 10. Muchas personas con síndrome de Down desarrollan la enfermedad de Alzheimer. Esto probablemente esté relacionado con tener tres copias del cromosoma 21. El cromosoma 21 es el gen implicado en la producción de la proteína que lleva a la creación de beta amiloide. Los fragmentos de beta amiloide pueden convertirse en placas en el cerebro. Los síntomas suelen aparecer entre 10 y 20 años antes en las personas con síndrome de Down en comparación con la población general. Sexo asignado al nacer En general, hay más casos de mujeres con la enfermedad porque suelen vivir más que los hombres. Deterioro cognitivo leve Las personas con deterioro cognitivo leve presentan un deterioro de la memoria o de otras habilidades del pensamiento mayor de lo habitual para su edad. Pero dicho deterioro no les impide desenvolverse laboral o socialmente. Sin embargo, las personas con deterioro cognitivo leve tienen más riesgo de desarrollar demencia que aquellas que no lo padecen. Cuando el deterioro cognitivo leve afecta principalmente la memoria, es más probable que la afección avance hasta una demencia debida a la enfermedad de Alzheimer. Un diagnóstico de deterioro cognitivo leve ofrece a las personas la posibilidad de enfocarse en hacer cambios para un estilo de vida saludable y en crear estrategias para compensar la pérdida de memoria. También se pueden programar citas médicas periódicas para controlar los síntomas. Lesión en la cabeza Varios estudios grandes descubrieron que las personas de 50 años o más que tuvieron una lesión cerebral por traumatismo corrían más riesgo de desarrollar demencia o enfermedad de Alzheimer. El riesgo es aún mayor en personas con graves lesiones cerebrales por traumatismo o múltiples lesiones cerebrales por traumatismo. Contaminación del aire Según los estudios hechos en animales, las partículas de la contaminación del aire pueden acelerar la degeneración del sistema nervioso. Los estudios en humanos han mostrado un vínculo con un riesgo más alto para demencia de la exposición a la contaminación del aire, especialmente los gases liberados por los escapes de los vehículos y la quema de madera. Consumo excesivo de alcohol
  • 11. Se sabe desde hace tiempo que el consumo de grandes cantidades de alcohol ocasiona cambios en el cerebro. En varios estudios y revisiones grandes se determinó que el abuso de alcohol estaba relacionado con más riesgo para demencia, en particular, la demencia de aparición temprana. Patrones de sueño deficientes Según las investigaciones, los patrones de sueño irregulares, como la dificultad para conciliar el sueño o permanecer dormido, se asocian con más riesgo de la enfermedad de Alzheimer. La apnea del sueño también puede aumentar el riesgo para demencia. Estilo de vida y salud del corazón La investigación ha demostrado que los mismos factores de riesgo de enfermedad cardíaca pueden aumentar el riesgo de tener demencia. No está claro si estos factores aumentan el riesgo al empeorar los cambios del alzhéimer en el cerebro o al causar cambios en los vasos sanguíneos del cerebro. Los factores son los siguientes: • Falta de ejercicio • Obesidad • Hábito de fumar o exposición al humo de segunda mano • Presión arterial alta • Colesterol alto • Diabetes tipo 2 mal controlada Los niveles altos de lipoproteína de baja densidad, también llamado colesterol LDL, en particular en la mediana edad, aumentan el riesgo para demencia. Las investigaciones han revelado que las personas menores de 65 años con niveles elevados de colesterol LDL tienen un mayor riesgo de demencia. No obstante, la administración de medicamentos para reducir el colesterol LDL no aumentó el riesgo. Todos estos factores pueden modificarse, por lo que cambiar los hábitos del estilo de vida puede alterar el riesgo en un determinado grado. Por ejemplo, hacer ejercicio periódicamente y llevar una alimentación baja en grasas y rica en frutas y verduras se relacionan con un menor riesgo de tener enfermedad de Alzheimer. Pérdida auditiva
  • 12. Los estudios han encontrado que las personas que tienen pérdida auditiva tienen riesgo de sufrir demencia. Cuanto peor es la pérdida auditiva, mayor es el riesgo. Sin embargo, usar audífonos protege contra la demencia. Pérdida de la visión no tratada Las investigaciones más recientes sugieren que la pérdida de la visión no tratada es un factor de riesgo para el deterioro cognitivo y la demencia. El vínculo puede deberse a una enfermedad como la diabetes que puede aumentar el riesgo de pérdida de la visión y demencia. Pero algunas investigaciones sugieren que la pérdida de la visión en sí misma puede aumentar el riesgo de demencia. Educación permanente y participación en actividades sociales Los estudios han demostrado que ser sociable y realizar actividades que estimulen la mente a lo largo de la vida puede reducir el riesgo de la enfermedad de Alzheimer. Los niveles educativos bajos, inferiores a la formación secundaria, parecen ser un factor de riesgo de desarrollar la enfermedad de Alzheimer. Complicaciones La enfermedad de Alzheimer puede derivar en una variedad de complicaciones. Los síntomas, como la pérdida de la memoria y del lenguaje, el deterioro del juicio y otros cambios en el cerebro, pueden dificultar el control de otras enfermedades. Es posible que una persona con la enfermedad de Alzheimer no sea capaz de hacer lo siguiente: • Hacer saber a alguien que siente dolor. • Explicar los síntomas de otra enfermedad. • Seguir un plan de tratamiento. • Explicar los efectos secundarios de los medicamentos. A medida que la enfermedad de Alzheimer avanza hacia las últimas etapas, los cambios en el cerebro comienzan a afectar las funciones físicas. Estos cambios pueden afectar la capacidad de tragar, de mantener el equilibrio y de controlar la evacuación de las heces y los movimientos de la vejiga. Dichos efectos pueden derivar en otros problemas de salud, como los siguientes: • Inhalación de alimentos o líquidos hacia los pulmones. • Gripe, neumonía y otras infecciones. • Caídas.
  • 13. • Fracturas. • Escaras. • Malnutrición o deshidratación. • Estreñimiento o diarrea. Prevención La enfermedad de Alzheimer no se puede prevenir. Pero hacer cambios en el estilo de vida puede reducir el riesgo de contraer esta enfermedad. Según investigaciones, tomar medidas para reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares también puede disminuir el riesgo de demencia. Estas son algunas opciones de un estilo de vida saludable para el corazón que se pueden seguir para reducir el riesgo de demencia: • Hacer ejercicio con regularidad. • Llevar una alimentación de frutas y verduras frescas, aceites saludables y alimentos bajos en grasas saturadas, como la dieta mediterránea. • Trabajar con el profesional de atención médica para controlar la presión arterial alta, la diabetes y el colesterol alto. Presta especial atención a los niveles de lipoproteína de baja densidad, conocida como colesterol de las lipoproteínas de baja densidad. Los niveles altos de colesterol de lipoproteínas de baja densidad en personas menores de 65 años aumentan el riesgo para demencia. Pero tomar medicamentos para reducir el colesterol de las lipoproteínas de baja densidad no aumenta el riesgo. • Si fumas, pide al profesional de atención médica que te ayude a dejar el hábito. En un estudio grande y prolongado que se hizo en Finlandia, se descubrió que los cambios en el estilo de vida ayudaban a reducir el deterioro cognitivo en personas que corrían el riesgo de tener demencia. Se impartió a los sujetos del estudio sesiones individuales y grupales centradas en alimentación, ejercicio y actividades sociales. Varios estudios han descubierto que seguir una dieta mediterránea deriva en una mejor función cognitiva y un deterioro cognitivo más lento con la edad. Una dieta mediterránea se centra en alimentos de origen vegetal como frutas, verduras, cereales, pescado, aves, frutos secos y aceite de oliva. La dieta incluye menos alimentos con alto contenido de grasas saturadas y grasas trans, como mantequilla, margarina, queso, carne roja, alimentos fritos y pasteles. También es importante tratar la pérdida auditiva y de la visión. En los estudios se ha descubierto que la pérdida de la visión no tratada es un factor de riesgo para la discapacidad cognitiva y la demencia. Los estudios también descubrieron que las
  • 14. personas con pérdida auditiva tienen más riesgo para demencia. Pero usar audífonos hizo a las personas menos propensas a la demencia. Otros estudios demostraron que continuar participando mental y socialmente se vincula con la conservación de las capacidades de pensamiento más adelante en la vida y con un riesgo más bajo para la enfermedad de Alzheimer. Esto incluye participar en eventos sociales, leer, bailar, jugar juegos de mesa, realizar tareas artísticas, tocar un instrumento y otras actividades. ETAPAS Alzheimer Leve Etapa 1: Comportamiento Exterior Normal El Alzheimer comienza sin ningún síntoma externo. En la etapa inicial, el Alzheimer normalmente pasa desapercibido, ya que sólo se encuentran signos de la enfermedad en una exploración por TEP. Las exploraciones TEP se utilizan para detectar las placas de proteínas que son indicativas de la enfermedad de Alzheimer. Etapa 2: Cambios muy leves Los primeros síntomas del Alzheimer son pequeños y, a menudo, similares a los síntomas típicos del envejecimiento, como olvidar palabras o extraviar objetos. La vida diaria generalmente no se ve interrumpida ni comprometida por esta etapa temprana. Etapa 3: Disminución leve En la última etapa del nivel de Alzheimer, los síntomas de la enfermedad volverán más evidentes. Una persona en la etapa de declive leve con frecuencia perderá objetos, olvidará la información que recibió recientemente, tendrá dificultades para recordar palabras y nombres, hará la misma pregunta una y otra vez y tendrá problemas para hacer planos y mantenerse organizado. Alzheimer moderado Etapa 4: Disminución Moderada A medida que una persona con Alzheimer pasa a la fase moderada de su enfermedad, su condición volverá mucho más evidente, incluso para aquellos que no la conocen bien. Durante la etapa de declive moderado, tendrán problemas para realizar las tareas domésticas básicas. Es posible que tampoco puedas recordar la fecha, el mes o la temporada. Las funciones cotidianas básicas, como preparar una comida o pedir comida, también se volverán difíciles.
  • 15. Etapa 5: Disminución Moderadamente Grave Cuando el Alzheimer avanza a la etapa de declive severo, la persona olvidará qué hora es y dónde se encuentra en ese momento. A medida que la persona pierde cada vez más funciones mentales, es probable que se ponga de mal humor, retraída y tenga problemas para dormir. Las personas con una etapa de deterioro moderadamente grave de la enfermedad de Alzheimer pueden deambular o perderse. Alzheimer severo Etapa 6: Disminución severa La fase de deterioro severo del Alzheimer se caracteriza por una mayor dificultad para reconocer rostros familiares, así como pensamientos delirantes. Una persona que entra en la fase grave del Alzheimer también acabará perdiendo la conciencia de su entorno y no recordará los acontecimientos recientes. Etapa 7: Disminución muy severa Durante la etapa final del Alzheimer, una persona perderá la capacidad de realizar funciones básicas como tragar, caminar, sentarse, ir al baño y comunicarse. La persona necesitará cuidados y atención las 24 horas del día para garantizar que esté lo más cómodo posible. El Alzheimer es un diagnóstico desalentador, pero al comprender mejor lo que se puede esperar de la enfermedad, se puede disminuir la ansiedad en torno al futuro y crear un ambiente más cómodo para la persona que vive con la enfermedad.
  • 16. ¿Cuántos años puede vivir una persona con Alzheimer? Visión general creada por IA Una persona con Alzheimer puede vivir de 4 a 20 años después del diagnóstico, dependiendo de varios factores. En promedio, la expectativa de vida es de 8 años, pero algunos pueden vivir mucho más tiempo. Factores que influyen en la expectativa de vida: Edad al momento del diagnóstico: Si se diagnostica a una persona mayor de 80 años, la expectativa de vida puede ser menor (3-4 años) que si se diagnostica a una persona más joven (10 años o más). Gravedad de los síntomas al momento del diagnóstico: Una persona con síntomas más avanzados al momento del diagnóstico puede tener una expectativa de vida más corta. Otros factores de salud: La presencia de otras enfermedades o condiciones médicas puede afectar la progresión de la enfermedad y la expectativa de vida. Progresión de la enfermedad: La enfermedad de Alzheimer progresa a lo largo del tiempo, y los síntomas se vuelven más severos.
  • 17. En las etapas avanzadas, la persona puede experimentar problemas para comer, beber, y respirar, lo que aumenta el riesgo de infecciones y complicación. La etapa final de la enfermedad puede durar desde semanas hasta varios años, y la persona requiere cuidados constantes. Alzhéimer y vitamina D La mayoría de la población conoce la importancia que tiene la vitamina D en el crecimiento esquelético y en la salud de los huesos. Por ello, los padres se preocupan de que sus hijos la consuman adecuadamente, ya saben que una deficiencia severa de la misma favorece la aparición de raquitismo en los niños y de diferentes enfermedades óseas en la edad adulta. La ingesta diaria adecuada de vitamina D en la población adulta se sitúa alrededor de los 10 microgramos durante todo el año.
  • 18. La principal fuente de vitamina D es la exposición de la piel a la luz solar. Se genera hasta un 90% con una exposición, entre 10 y 15 minutos, de la cara, los brazos y las piernas al sol, tres veces por semana. Pero para que se produzca la síntesis cutánea de vitamina D, la luz solar ha de tener un nivel de ultravioletas adecuado. En nuestro medio, este nivel disminuye de una manera considerable durante los meses invernales (octubre hasta abril), en los que la producción de vitamina D a través de la piel se reduce e incluso desaparece. Con la edad, la capacidad de la piel para sintetizar vitamina D baja progresivamente, y a partir de la tercera edad se produce aproximadamente la mitad. No todos los expertos están de acuerdo en que la exposición al sol sea la mejor manera de obtener la vitamina D, ya que la radiación ultravioleta es un carcinógeno cutáneo, por ello algunos médicos recomiendan el consumo de vitamina D a través de la alimentación. La mayoría de las dietas no proporcionan la cantidad diaria necesaria de vitamina D, siendo más evidente en los lugares donde los alimentos contienden bajas concentraciones de la vitamina y en aquellas personas que padecen enfermedades que les afectan a la absorción intestinal. Es por ello por lo que a menudo se hace necesario la administración oral de vitamina D. Los alimentos que contienen mayor cantidad de vitamina D son el pescado azul (sardinas, arenque, atún, caballa, salmón y aceite de hígado de bacalao), la yema de huevo, las carnes rojas, los hongos shiitake, el hígado en general y casi todas las vísceras. La edad avanzada no modifica la absorción intestinal de vitamina D.
  • 19. La deficiencia de vitamina D provoca en los niños raquitismo y en toda la población osteoporosis, así como una mayor incidencia de caídas y de fracturas, alteraciones en la circulación sanguínea (sobre todo rigidez de las arterias), aumento del grosor de los músculos cardiacos, hipertensión e hiperlipidemia y descompensación de la diabetes, siendo además un factor de riesgo para el desarrollo de algunos cánceres. Estudios muy recientes realizados en animales de experimentación que sufren la enfermedad de Alzheimer, señalan cómo la vitamina D puede estar implicada en las fases tempranas del desarrollo de la misma, actuando en el área del hipocampo, que es donde se inicia la enfermedad, como reguladora de la neurogénesis. Se observó que los animales que tenían déficit de vitamina D desarrollaban las placas de amiloide, responsables de la enfermedad de Alzheimer, al mismo tiempo que empeoraban su memoria. Cuando se les aumentaba la dosis de vitamina D el proceso revertía. Los investigadores mostraron que la suplementación con alto contenido de vitamina D era eficaz en la enfermedad de Alzheimer en la mejora de la memoria de trabajo y de la neurogénesis endógena, solo cuando se administraba a los animales antes de
  • 20. la aparición de los síntomas principales. No hay evidencia de ello en los humanos. En diferentes estudios realizados en grupos extensos de población, comparando personas con niveles bajos de vitamina D con otras con niveles adecuados, se ha puesto de manifiesto la mayor predisposición del primer grupo para desarrollar deterioro cognitivo, observándose en algunos estudios una asociación entre los niveles de vitamina D y la cognición. Estos déficits consisten sobre todo en un bajo rendimiento en la memoria y en las habilidades de la vida diaria, y mayor lentitud a la hora de procesar la información. Algunos investigadores han constatado que concentraciones elevadas de vitamina D se asociaban a mayores habilidades cognitivas. A pesar de que está demostrado que las personas que padecen enfermedad de Alzheimer presentan concentraciones más bajas de vitamina D en comparación con otros grupos poblacionales, y que algunos estudios longitudinales de larga duración (hasta de 30 años de seguimiento) hayan observado una clara asociación entre los niveles bajos de vitamina D y el riesgo de esta enfermedad, no existe un acuerdo unánime respecto a si esta vitamina está implicada en el desarrollo de la misma. Sin embargo, en todos los estudios realizados en mujeres se ha observado una clara asociación entre la hipovitaminosis D y el deterioro cognitivo. También se ha publicado la asociación clara entre los niveles de vitamina D en personas de 65 años o más y la función cognitiva.
  • 21. Existen pocos estudios que se hayan centrado en la investigación del efecto positivo de una toma diaria complementaria de vitamina D en las personas que sufren enfermedad de Alzheimer. Hasta el momento actual no se han observado claros beneficios, aunque sí en algunos casos una ligera mejoría. Mientras que la suplementación con vitamina D en los animales de experimentación mejora sus funciones cognitivas a la vez que disminuyen los componentes tóxicos de la enfermedad de Alzheimer, en los humanos solo existe una clara evidencia de que en la población de edad avanzada la insuficiencia de vitamina D se asocia con el deterioro cognitivo. El 80% de la población de mayores de 65 años en España presentan niveles bajos de Vitamina D (con niveles en suero por debajo de 20 ng/ml). El Instituto de Medicina de Estados Unidos recomienda la ingesta diaria de 800 UI de esta vitamina, con esta dosis el 97.5% de las personas alcanzarán el nivel adecuado de la misma y, además de evitar el deterioro cognitivo, ayudará a mantener la fuerza muscular y disminuir las caídas.