La reforma laboral de 2012 en México facilita despidos más económicos y cambios en las condiciones laborales, beneficiando al empresario pero debilitando la estabilidad laboral de los trabajadores. Aunque se argumenta que generará más empleo, este será precario y sin garantías, similar a experiencias negativas en otros países como España. Además, la reforma no aborda adecuadamente la creación de empleo de calidad ni la necesidad de fortalecer el mercado interno a través de mejores salarios.