Los trastornos de la personalidad se caracterizan por patrones inflexibles y desadaptados que afectan la percepción y las relaciones interpersonales, manifestándose en la edad adulta y a menudo de forma duradera. Se clasifiquen en tres grupos: A (raro y excéntrico), B (dramático, emocional o errático) y C (ansioso o temeroso), cada uno con características y tratamientos específicos. La presencia de estos trastornos puede complicar el tratamiento de problemas como la ansiedad, la depresión o el abuso de sustancias, destacando la necesidad de generar un vínculo de confianza entre terapeuta y paciente.