Un nuevo horizonte para la recreación española
de David Nievas Muñoz, el El Domingo, 7 de octubre de 2012 a la(s) 20:41



Entre los asistentes a la recreación de San Miguel de Foces la frase “un nuevo horizonte” ha sido utilizada en

diversas ocasiones. No obstante, creo conveniente precisar de que puntos se compone este “nuevo horizonte

recreador”, en un intento que lo propugnado en esta recreación, con lo cual concuerdo al 100%, no caiga en

saco roto.



El modelo imperante



A día de hoy, recreación histórica es sinónimo de recreación militar y guerrera. Basta con escribir la palabra

“reenactment” en google para darse cuenta de este hecho. La recreación histórica nació, ciertamente, en este

entorno, el militar. Las primeras “recreaciones”, se realizaron en Estados Unidos centradas en el ámbito de la

Guerra Civil Americana, y desde ahí se dilataron hasta nuestros días en esta curiosa asociación.



Ya he hablado en otras ocasiones acerca de lo curioso que resulta que en el ámbito de los aficionados a la

historia, lo que abunde sea precisamente una tendencia historiográfica que ya fue denostada en el ámbito

académico a partir de los años 30 y 40 del siglo XX con la llamada Escuela de Annales: la de historia “de los

acontecimientos”, de grandes personajes y gestas como si esto fuera lo que marcara el devenir histórico. He

escuchado varias veces las palabras, formuladas con gran convencimiento de que eran las “guerras lo que

definía la historia del mundo”. Esta es, sin embargo, una verdad a medias. Si algo cambia una guerra,

normalmente, es la supraestructura, el gobierno, las tendencias políticas. Pero, normalmente, y especialmente

en tiempos medievales (época más usualmente recreada en España) no suponía un cambio más profundo a nivel

social, simplemente un desplazamiento y una tensión generada entre las élites por el control de unos

determinados recursos, fueran tierras o bienes del más diverso tipo.



Las grandes citas de la recreación europea inciden en este tipo de hechos, que se corresponden asimismo con lo

que se consideran “hitos de la historia nacional”, donde las batallas tienen un papel tan importante como las

conjuras políticas. Pero, esto no es sino fruto de la propia forma en que se gestan las construcciones

nacionalistas durante el siglo XIX, a través de grandes figuras y mitos fundacionales. Esta historia “de los

acontecimientos” se remonta a este siglo XIX, y se prolonga durante el XX, donde sin embargo será desplazada

del ámbito de la historia “profesional”. Algo, sin embargo, que hoy en día muchos recreadores parecen no

conocer.
Hastings, Gettysburg, Grunwald, Waterloo, Grolle. Son nombres de batallas, de grandes batallas, a las que se

atribuye un carácter de “gestar el carácter” o definir la historia de una determinada nación. ¿Es esta la única

manera de recrear, el único modelo al que aspirar?




Noble del siglo XIII jugando al escaque (foto de JM Gali)
Recreación militar, virtudes y limitaciones



No voy a reaccionar contra la recreación militar de un modo visceral, ni mucho menos condenarla o denostarla.

Es un hecho. Y como todo hecho, hay que aprender a convivir con él, y al mismo tiempo, tratar siempre de

mejorarlo.



Se han escrito cientos de artículos en torno a la cuestión de la seguridad en los combates, de las guías de

recreación y del equipo mínimo para combatir. No voy a incidir más en estas cuestiones, aunque sin embargo

me gustaría aportar una nueva reflexión a las mismas. ¿Es necesario combatir? Muchos considerarán que si, que

no se puede recrear el mundo militar sin llegar a combatir, a usar las armas. Pero como muchos han planteado,

la cuestión está en el cómo. Y a ese cómo, yo añado el ¿Por qué? Muchos recreadores entienden que existen

varios tipos de combate, aunque siempre tratan de aspirar al combate a plena potencia, o al menos a un

combate táctico muy depurado, de formaciones cerradas que actúan de manera coordinada y casi sincronizada.



De cualquier modo, tanto uno como otro tipo de combate están, de hecho, falseando la realidad de la historia

militar. ¿Dónde están las tropas de leva? ¿Dónde está la infantería básica? ¿Dónde están los escuderos del

caballero, y los encargados de la logística? ¿Dónde están las mujeres públicas, las tabernas de campaña, los

oficiales de justicia que controlen el desmán de las tropas? Algunos recreadores, de hecho, me han expresado

sus reticencias acerca de la logística en los campamentos, especialmente en los medievales. Esto no resiste a

cualquier análisis serio. ¿Iba a cargar un señor feudal con todos sus pertrechos? ¿Y sus hombres de armas? En

la antigua Grecia, se decía que por cada guerrero espartano había varios “metecos”, parte escuderos, parte

guerreros, parte esclavos. Y sin ellos, ninguna campaña habría sido posible.



Incluso en la recreación militar, debemos fijar una nueva dimensión. Los soldados no eran, normalmente,

personas íntegras ni especialmente valerosas. Esto forma parte de la mitología. Como en todo grupo humano,

cabría diversidad: el honorable, el cobarde, el valiente, el gracioso, el ladrón… Y no solo la personalidad del

recreador, sino el tipo de combatiente o no-combatiente que representa. ¿No podríamos, simplemente, dejar

que uno o dos miembros del grupo fueran “el caballero”, y el resto representara a infantes básicos, escuderos,

especialistas, etc? Imagino que esto choca un poco con una de las motivaciones secretas, casi infantiles, que

anida en el corazón de muchos recreadores: ser alguien especial, único, y sobretodo, ser “un héroe”. Pero a

continuación vamos a explicar como ser especial, único, perfectamente histórico y no tener que representar

forzosamente a un infante de élite de una época determinada.
Recreación civil, qué cosa sea



Muchas personas han escuchado este nombre, “recreación civil”, y estoy convencido de que en realidad no

entienden bien qué queremos decir con esta palabra. Algunos, la mayoría, piensan que simplemente la

recreación civil se circunscribe al ámbito de la artesanía, del trabajo gremial. La alternativa, de momento, era

únicamente esta: o combates, o realizas trabajo artesano.



El trabajo artesano es una gran aportación a la recreación, y no seré yo quien niegue este hecho. Pero el

concepto de recreación civil, en realidad el concepto de recreación en general, trasciende mucho más allá de

estas artesanías. La mayoría de la población, ayer y hoy, la conformaban gentes del común, gentes que no solo

se definían por su oficio, sino por estar insertos en la cultura y una mentalidad propia de su tiempo. Este asunto,

sobre el que incidiremos a continuación, se aleja sin embargo de cualquier veleidad, “teatreo” cutre o empleo de

un lenguaje “arcaico” usando el vos y demás topicazos al uso.

Una sociedad como la de siglo XIII, por poner un ejemplo, tenía una gran diversidad de espacios, de áreas

definidas, que podían encontrarse y convivir, o desarrollarse grosso modo como compartimentos estancos. Basta

asomarse a las cantigas o a obras como “La España del siglo XIII leída en imágenes” para ver que no cabía

mayor diversidad: pastores de la mesta, clero regular y secular, campesinos en sus labores, los gremios,

comerciantes y usureros, la convivencia fronteriza entre cristianos y musulmanes, bodas, entierros, grandes

mercados, embajadas en la corte, la actividad de un molino, una fiesta popular… Las posibilidades son enormes,

y casi tan variadas como la ropa que visten las más diversas clases sociales, y de la que, de momento, solo

hemos visto recreada una pequeña fracción, apenas un atisbo del total, dentro de la propia época.



Esto, en suma, es recreación civil. La voluntad de recrear lo que, de hecho, era lo más corriente, y lo que podría

recrearse en cualquier pueblo de este país. En cualquier lugar, tuviera o no castillo, o fuera o no marco de una

batalla, se desarrollaría la vida tal y como la conocían las personas de su época, la vida de los que realmente

hacen la historia: la gente. El común de la gente.
Construcción de una cabaña por parte de miembros de Casus Bellic (foto de JM Gali)



Actividades alternativas



Una primera manera de afrontar este nuevo horizonte recreador es la cuestión de las actividades, los actos

principales de una recreación. En San Miguel de Foces, por ejemplo, se decidió conscientemente cambiar estos

actos, planteando nuevas propuestas. Generalmente, los actos principales de una recreación “pública” al uso

son: la batalla o algarada, el entrenamiento o liza y el desfile. Este trinomio tan simple y reductor es el pan

nuestro de cada día de la recreación española, aunque a mi entender vicia y reduce a la recreación a un

determinado número de propuestas muy simple, y que todos pasan a continuación a imitar.

Ha sucedido en algunas ocasiones que los recreadores, que normalmente me han dicho frases como “es que es

lo que piden los ayuntamientos e instituciones” han creado recreaciones nuevas, exprofeso, y en ellas, se han

limitado a ofrecer este sencillo trinomio, acompañando de otras actividades que comienzan a verse en recreación

española, y que sin embargo son copias de otras propuestas extranjeras: vestir al caballero, bailas de época,

gastronomía histórica… ¿Es solo un problema de los organismos que financian, o también un problema de los

recreadores por no saber plantear propuestas alternativas?
Siguiendo el ejemplo de Foces, el cambio comenzó por los propios actos principales. De batalla, se pasó a

     cortejo fúnebre y entierro de un señor feudal, estrictamente documentado según los usos y costumbres de su

     época. De desfile, se pasó a “pésame de los visitantes al nuevo señor”. Y aunque se incluyó una liza, esta fue sin

     embargo algo más que un mero torneo con unos jueces: tuvo la aspiración de representar unas justas

     auténticas, realizadas como espectáculo para el disfrute de la nobleza y el público, con un determinado

     reglamento, y donde los personajes fueron algo vivo, y no solo alguien “disfrazado de guerrero y que combatía”.



     En Foces llevamos a cabo un número de actos y actividades alternativas que pueden dar una idea de que se

     puede aportar a un campamento al uso, sin llegar a hacer uso de las armas.


§            Construcción de una cabaña con materiales locales y herramientas de época.

§            Costura por parte de las damas, y artesanía de cuero y cota al uso.

§            Espacio de la capilla, donde se practicaban rezos, ritos y confesiones.

§            Cena amenizada con música y charlas usando el lenguaje del periodo.

§            Rito de la extremaunción del moribundo con corrección de su testamento.

§            Ronda de guardia y puestos fijos de guardia en el campamento.

§            Impartición de justicia mediante la detención de un ladrón.

§            Juegos de mesa de época.

§            Pésame al nuevo señor feudal y la viuda, con presentación de recreadores y grupos.

         §   Cortejo fúnebre con: partida, recorrido y correr les armes, siguiendo la disposición de un cortejo del

              siglo XIII, incluyendo plañideras, caballos, perros de acaza…

§            Rito de despedida del difunto.

§            Bautismo de un musulmán.

§            Explicación del monumento (iglesia de San Miguel) por parte de un guía cualificado.

§            Torneo o justas.

§


     Como puede apreciarse, la propuesta de actividades difería mucho de lo usual, si exceptuamos a la liza.

     Propuestas, como esta, pueden hacerse decenas, y todas ellas diferentes entre si.
Procesión fúnebre en San Miguel de Foces (foto de Luis Sorando)



Recrear un personaje



Bajo la queja “el recreador no es un actor”, muchos recreadores han rechazado frontalmente el dar el salto hacia

recrear un personaje. Pero, ¿Qué es un personaje? Nuestro alter ego del pasado, al cual recreamos, no es

alguien plano, ni debería serlo. No es un “yo vestido de templario”, ni nada similar. Es, o debería ser, un

personaje completo, con una historia previa, un trasfondo y una determinada personalidad, que se refleje en sus

actos y palabras tanto como en su vestimenta.



Investigando en torno a estas cuestiones, también se desarrolla un gran trabajo. Está claro que si lo hacemos

“fácilmente”, o de modo improvisado, puede resultarnos muy sencillo. Pero la creación de un personaje no debe

tomarse a la ligera. ¿Quién es?, ¿cómo piensa?, ¿por qué es así?, ¿cómo viste?, ¿por qué?, ¿cómo se expresa?

Estas y otras preguntas deberían formularse a su creación. Guillermo Cózar, en otro artículo/nota de reflexión,

planteó el llamar a la recreación como “rol histórico”, y abrazar el carácter rolero tradicional. Ciertamente, un

recreador podría aprender mucho de un rolero, en lo que se refiere a creación de un personaje y su

interpretación. Cada personaje debe ser planteado como un desafío, y debemos tener en cuenta que dentro de

un mismo grupo social existe gran diversidad: entre un grupo de templarios, existirá alguien más devoto, otro
más descreído, el sanguinario y el piadoso, el que sea gracioso y el que sea serio. No serán, ni mucho menos,

todos iguales. Ni siquiera una regla de convivencia relativamente estricta anula la capacidad de recrear a un

personaje con una personalidad única e irrepetible. ¿Y si tu templario se encarga de las finanzas?, ¿y si es

alguien que se toma muy en serio su religiosidad, y trata de ayudar a los más desfavorecidos?



Investigar para saber como el personaje se comportaría, como pensaría, como oraría delante de una capilla o

como hablaría con un semejante puede conllevar un intenso trabajo de documentación, que no desmerece nada

a la propia investigación en torno al material que usaría o los enseres de los que se ayudaría. ¿No es un reto

aprender a hablar y pensar como un hombre del siglo XV? ¿No es un reto rescatar de la historia aquellos

pasajes, cientos, incluso miles, que yacen olvidados en archivos y bibliotecas, y que ayudarían a crear una gran

sensación de inmersión histórica dentro de un campamento o en cualquier tipo de recreación? ¿No es fascinante

la idea de “vivir la historia”?



Os aseguro que en Foces tuvimos un poco de esto, y la experiencia fue inolvidable. Pero también, agotadora. Y

es que recrear de esta manera, hacerlo aportando una nueva dimensión, una vuelta de tuerca, es tan cansado

como combatir con espada y un escudo. El cerebro trabaja duro, y consume nuestras energías. Y sin embargo,

quedaréis satisfechos con la recreación a un nivel que no podéis ni imaginar. O sí.



Para terminar en torno a la cuestión de “recrear a un personaje”, he propuesto esta reflexión en varias ocasiones

a mis amigos. Imaginaos que a vuestro personaje le roban, y le dejan “a la cordobesa” (esto es, desnudo o en

ropa interior). Es algo perfectamente histórico. Ahora bien, el ejercicio que se propondría a este recreador, es

que aún vistiendo en “ropa interior”, trate de convencernos de que es un hombre o una mujer de una época

determinada. ¿Cómo lo consigue sin el componente material? Evidentemente, porque el material no es, ni

debería ser, lo único en recreación. Y me atrevería a decir que, en realidad, la base de un buen recreador

debería ser esta, y no otra. Porque el material siempre puede cambiarse, o mejorarse, al ser una inversión de

tiempo, documentación y dinero. Pero los conocimientos, el trasfondo, su personaje… esto es algo que no puede

cuantificarse en dinero, pero si en tiempo y esfuerzo.



Compromiso divulgador



Citando nuevamente al artículo/reflexión de Guillermo Cózar, hay una idea que me gustaría plantear, y que

considero otro de los pilares fundamentales de la recreación: el compromiso divulgador.



Muchos recreadores entienden la divulgación a un nivel muy básico. Este nivel, usualmente, suele ser el de la

explicación in situ, o el llamado “campamento musealizado”. Sin embargo, estos conceptos o ideas se basan,

nuevamente, en posturas anquilosadas acerca de lo que es un guía o un museo. Hace tiempo que un museo, un

buen museo, no es un lugar lleno de vitrinas y carteles, donde el visitante va a “leer”. Es un lugar lleno de
contenidos de las más diversa índole: reconstrucciones gráficas, maquetas, audiovisuales… La visita se realiza de

modo que aquel que pasea por el museo tenga una “inmersión cultural” en múltiples niveles.



Para mí, al menos, está claro que una recreación pública no debe disociarse de la divulgación. Pero esta

divulgación debe ser algo activo, y no pasivo. Es comprensible, y todos lo hemos sufrido, que en un lugar

concurrido y con muchos visitantes, al cabo de 2 o 3 explicaciones en torno a lo mismo, el recreador se cansa y

contesta con monosílabos. Es comprensible, como digo, porque su trabajo no es el de estar siempre explicando

como si fuera un guía turístico. No obstante, si es deseable que todo recreador conozca y tenga claro su

personaje, y al menos por qué viste así, y por qué está allí, y usa unos determinados artefactos, o realiza sus

actividades cotidianas.



No obstante, el problema de la divulgación tiene varias soluciones, y una de ellas, quizá la más fácil, son las

visitas guiadas de grupo. En ellas, un recreador especialmente hábil, comunicativo y con extensos

conocimientos, se compromete a guiar en un horario determinado a un grupo de gente en número determinado

para que realicen un paseo por el campamento, durante el cual los recreadores, anunciado este acto como parte

del programa, pasen a explicar determinadas parcelas de la historia, en varios niveles: qué es esto, por qué es

así, para que se usa y por qué. Todo esto podría, de hecho, ser combinado sabiamente con entrenamientos,

teatralizaciones, conversaciones con lenguaje de época y demás escenas de campamento que ayudaran al grupo

a “creer que están en la época”. Y la recreación ganaría, de hecho, muchos enteros en cuanto a divulgación.

Obviamente, aquel que no estuviera interesado en una visita guiada de estas características, siendo avisado en

un sencillo folleto, siempre podría pasarse a curiosear, darse una vuelta y marcharse. De todo, y para todos los

gustos. Y lo más importante: sin fatigar al recreador en el proceso.



Nuevos horizontes



El nuevo horizonte no es uno, sino diverso. Horizontes hay tantos como propuestas podamos hacer. Lo principal,

sin embargo, es pensar en alternativas, y en alternativas documentadas y justificadas para un determinado

territorio y periodo histórico. La historia supera a la ficción, y os invito a leer obras especializadas sobre los más

diversos temas: la muerte y el luto, la religiosidad, las fiestas populares, los mercados de ganado… en todos

ellos, sacaréis ideas, y entre todos podremos generar nuevas propuestas.



He comenzado el artículo hablando de las “grandes citas recreadoras” como Hastings, y de los modelos que han

sido imitados. La imitación es algo que, hablemos claro, funciona muy bien en recreación. Pero no debemos

limitarnos a imitar, sino a ser creativos, a plantear nuevas propuestas. Si somos creativos, tarde o temprano,

seremos los pioneros de algo grande, de algo interesante, que otros imitarán, dentro y fuera de nuestras

fronteras. El tesón de grupos organizadores y la connivencia de otros organismos interesados son lo único que

puede bastar para que un evento estilo “La corte del rey Alfonso X el sabio” se convierta en el nuevo Hastings de

aquellos que desean recrear algo diferente, y para que ocupe espacios en revistas y telenoticias.
Si queremos, entre todos, podemos. ¿Por qué no?




Recrear el personaje, algo más que teatro: cultura, lenguaje, mentalidad... (Foto de Javier Nievas)

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Un nuevo horizonte para la recreación española

  • 1. Un nuevo horizonte para la recreación española de David Nievas Muñoz, el El Domingo, 7 de octubre de 2012 a la(s) 20:41 Entre los asistentes a la recreación de San Miguel de Foces la frase “un nuevo horizonte” ha sido utilizada en diversas ocasiones. No obstante, creo conveniente precisar de que puntos se compone este “nuevo horizonte recreador”, en un intento que lo propugnado en esta recreación, con lo cual concuerdo al 100%, no caiga en saco roto. El modelo imperante A día de hoy, recreación histórica es sinónimo de recreación militar y guerrera. Basta con escribir la palabra “reenactment” en google para darse cuenta de este hecho. La recreación histórica nació, ciertamente, en este entorno, el militar. Las primeras “recreaciones”, se realizaron en Estados Unidos centradas en el ámbito de la Guerra Civil Americana, y desde ahí se dilataron hasta nuestros días en esta curiosa asociación. Ya he hablado en otras ocasiones acerca de lo curioso que resulta que en el ámbito de los aficionados a la historia, lo que abunde sea precisamente una tendencia historiográfica que ya fue denostada en el ámbito académico a partir de los años 30 y 40 del siglo XX con la llamada Escuela de Annales: la de historia “de los acontecimientos”, de grandes personajes y gestas como si esto fuera lo que marcara el devenir histórico. He escuchado varias veces las palabras, formuladas con gran convencimiento de que eran las “guerras lo que definía la historia del mundo”. Esta es, sin embargo, una verdad a medias. Si algo cambia una guerra, normalmente, es la supraestructura, el gobierno, las tendencias políticas. Pero, normalmente, y especialmente en tiempos medievales (época más usualmente recreada en España) no suponía un cambio más profundo a nivel social, simplemente un desplazamiento y una tensión generada entre las élites por el control de unos determinados recursos, fueran tierras o bienes del más diverso tipo. Las grandes citas de la recreación europea inciden en este tipo de hechos, que se corresponden asimismo con lo que se consideran “hitos de la historia nacional”, donde las batallas tienen un papel tan importante como las conjuras políticas. Pero, esto no es sino fruto de la propia forma en que se gestan las construcciones nacionalistas durante el siglo XIX, a través de grandes figuras y mitos fundacionales. Esta historia “de los acontecimientos” se remonta a este siglo XIX, y se prolonga durante el XX, donde sin embargo será desplazada del ámbito de la historia “profesional”. Algo, sin embargo, que hoy en día muchos recreadores parecen no conocer.
  • 2. Hastings, Gettysburg, Grunwald, Waterloo, Grolle. Son nombres de batallas, de grandes batallas, a las que se atribuye un carácter de “gestar el carácter” o definir la historia de una determinada nación. ¿Es esta la única manera de recrear, el único modelo al que aspirar? Noble del siglo XIII jugando al escaque (foto de JM Gali)
  • 3. Recreación militar, virtudes y limitaciones No voy a reaccionar contra la recreación militar de un modo visceral, ni mucho menos condenarla o denostarla. Es un hecho. Y como todo hecho, hay que aprender a convivir con él, y al mismo tiempo, tratar siempre de mejorarlo. Se han escrito cientos de artículos en torno a la cuestión de la seguridad en los combates, de las guías de recreación y del equipo mínimo para combatir. No voy a incidir más en estas cuestiones, aunque sin embargo me gustaría aportar una nueva reflexión a las mismas. ¿Es necesario combatir? Muchos considerarán que si, que no se puede recrear el mundo militar sin llegar a combatir, a usar las armas. Pero como muchos han planteado, la cuestión está en el cómo. Y a ese cómo, yo añado el ¿Por qué? Muchos recreadores entienden que existen varios tipos de combate, aunque siempre tratan de aspirar al combate a plena potencia, o al menos a un combate táctico muy depurado, de formaciones cerradas que actúan de manera coordinada y casi sincronizada. De cualquier modo, tanto uno como otro tipo de combate están, de hecho, falseando la realidad de la historia militar. ¿Dónde están las tropas de leva? ¿Dónde está la infantería básica? ¿Dónde están los escuderos del caballero, y los encargados de la logística? ¿Dónde están las mujeres públicas, las tabernas de campaña, los oficiales de justicia que controlen el desmán de las tropas? Algunos recreadores, de hecho, me han expresado sus reticencias acerca de la logística en los campamentos, especialmente en los medievales. Esto no resiste a cualquier análisis serio. ¿Iba a cargar un señor feudal con todos sus pertrechos? ¿Y sus hombres de armas? En la antigua Grecia, se decía que por cada guerrero espartano había varios “metecos”, parte escuderos, parte guerreros, parte esclavos. Y sin ellos, ninguna campaña habría sido posible. Incluso en la recreación militar, debemos fijar una nueva dimensión. Los soldados no eran, normalmente, personas íntegras ni especialmente valerosas. Esto forma parte de la mitología. Como en todo grupo humano, cabría diversidad: el honorable, el cobarde, el valiente, el gracioso, el ladrón… Y no solo la personalidad del recreador, sino el tipo de combatiente o no-combatiente que representa. ¿No podríamos, simplemente, dejar que uno o dos miembros del grupo fueran “el caballero”, y el resto representara a infantes básicos, escuderos, especialistas, etc? Imagino que esto choca un poco con una de las motivaciones secretas, casi infantiles, que anida en el corazón de muchos recreadores: ser alguien especial, único, y sobretodo, ser “un héroe”. Pero a continuación vamos a explicar como ser especial, único, perfectamente histórico y no tener que representar forzosamente a un infante de élite de una época determinada.
  • 4. Recreación civil, qué cosa sea Muchas personas han escuchado este nombre, “recreación civil”, y estoy convencido de que en realidad no entienden bien qué queremos decir con esta palabra. Algunos, la mayoría, piensan que simplemente la recreación civil se circunscribe al ámbito de la artesanía, del trabajo gremial. La alternativa, de momento, era únicamente esta: o combates, o realizas trabajo artesano. El trabajo artesano es una gran aportación a la recreación, y no seré yo quien niegue este hecho. Pero el concepto de recreación civil, en realidad el concepto de recreación en general, trasciende mucho más allá de estas artesanías. La mayoría de la población, ayer y hoy, la conformaban gentes del común, gentes que no solo se definían por su oficio, sino por estar insertos en la cultura y una mentalidad propia de su tiempo. Este asunto, sobre el que incidiremos a continuación, se aleja sin embargo de cualquier veleidad, “teatreo” cutre o empleo de un lenguaje “arcaico” usando el vos y demás topicazos al uso. Una sociedad como la de siglo XIII, por poner un ejemplo, tenía una gran diversidad de espacios, de áreas definidas, que podían encontrarse y convivir, o desarrollarse grosso modo como compartimentos estancos. Basta asomarse a las cantigas o a obras como “La España del siglo XIII leída en imágenes” para ver que no cabía mayor diversidad: pastores de la mesta, clero regular y secular, campesinos en sus labores, los gremios, comerciantes y usureros, la convivencia fronteriza entre cristianos y musulmanes, bodas, entierros, grandes mercados, embajadas en la corte, la actividad de un molino, una fiesta popular… Las posibilidades son enormes, y casi tan variadas como la ropa que visten las más diversas clases sociales, y de la que, de momento, solo hemos visto recreada una pequeña fracción, apenas un atisbo del total, dentro de la propia época. Esto, en suma, es recreación civil. La voluntad de recrear lo que, de hecho, era lo más corriente, y lo que podría recrearse en cualquier pueblo de este país. En cualquier lugar, tuviera o no castillo, o fuera o no marco de una batalla, se desarrollaría la vida tal y como la conocían las personas de su época, la vida de los que realmente hacen la historia: la gente. El común de la gente.
  • 5. Construcción de una cabaña por parte de miembros de Casus Bellic (foto de JM Gali) Actividades alternativas Una primera manera de afrontar este nuevo horizonte recreador es la cuestión de las actividades, los actos principales de una recreación. En San Miguel de Foces, por ejemplo, se decidió conscientemente cambiar estos actos, planteando nuevas propuestas. Generalmente, los actos principales de una recreación “pública” al uso son: la batalla o algarada, el entrenamiento o liza y el desfile. Este trinomio tan simple y reductor es el pan nuestro de cada día de la recreación española, aunque a mi entender vicia y reduce a la recreación a un determinado número de propuestas muy simple, y que todos pasan a continuación a imitar. Ha sucedido en algunas ocasiones que los recreadores, que normalmente me han dicho frases como “es que es lo que piden los ayuntamientos e instituciones” han creado recreaciones nuevas, exprofeso, y en ellas, se han limitado a ofrecer este sencillo trinomio, acompañando de otras actividades que comienzan a verse en recreación española, y que sin embargo son copias de otras propuestas extranjeras: vestir al caballero, bailas de época, gastronomía histórica… ¿Es solo un problema de los organismos que financian, o también un problema de los recreadores por no saber plantear propuestas alternativas?
  • 6. Siguiendo el ejemplo de Foces, el cambio comenzó por los propios actos principales. De batalla, se pasó a cortejo fúnebre y entierro de un señor feudal, estrictamente documentado según los usos y costumbres de su época. De desfile, se pasó a “pésame de los visitantes al nuevo señor”. Y aunque se incluyó una liza, esta fue sin embargo algo más que un mero torneo con unos jueces: tuvo la aspiración de representar unas justas auténticas, realizadas como espectáculo para el disfrute de la nobleza y el público, con un determinado reglamento, y donde los personajes fueron algo vivo, y no solo alguien “disfrazado de guerrero y que combatía”. En Foces llevamos a cabo un número de actos y actividades alternativas que pueden dar una idea de que se puede aportar a un campamento al uso, sin llegar a hacer uso de las armas. § Construcción de una cabaña con materiales locales y herramientas de época. § Costura por parte de las damas, y artesanía de cuero y cota al uso. § Espacio de la capilla, donde se practicaban rezos, ritos y confesiones. § Cena amenizada con música y charlas usando el lenguaje del periodo. § Rito de la extremaunción del moribundo con corrección de su testamento. § Ronda de guardia y puestos fijos de guardia en el campamento. § Impartición de justicia mediante la detención de un ladrón. § Juegos de mesa de época. § Pésame al nuevo señor feudal y la viuda, con presentación de recreadores y grupos. § Cortejo fúnebre con: partida, recorrido y correr les armes, siguiendo la disposición de un cortejo del siglo XIII, incluyendo plañideras, caballos, perros de acaza… § Rito de despedida del difunto. § Bautismo de un musulmán. § Explicación del monumento (iglesia de San Miguel) por parte de un guía cualificado. § Torneo o justas. § Como puede apreciarse, la propuesta de actividades difería mucho de lo usual, si exceptuamos a la liza. Propuestas, como esta, pueden hacerse decenas, y todas ellas diferentes entre si.
  • 7. Procesión fúnebre en San Miguel de Foces (foto de Luis Sorando) Recrear un personaje Bajo la queja “el recreador no es un actor”, muchos recreadores han rechazado frontalmente el dar el salto hacia recrear un personaje. Pero, ¿Qué es un personaje? Nuestro alter ego del pasado, al cual recreamos, no es alguien plano, ni debería serlo. No es un “yo vestido de templario”, ni nada similar. Es, o debería ser, un personaje completo, con una historia previa, un trasfondo y una determinada personalidad, que se refleje en sus actos y palabras tanto como en su vestimenta. Investigando en torno a estas cuestiones, también se desarrolla un gran trabajo. Está claro que si lo hacemos “fácilmente”, o de modo improvisado, puede resultarnos muy sencillo. Pero la creación de un personaje no debe tomarse a la ligera. ¿Quién es?, ¿cómo piensa?, ¿por qué es así?, ¿cómo viste?, ¿por qué?, ¿cómo se expresa? Estas y otras preguntas deberían formularse a su creación. Guillermo Cózar, en otro artículo/nota de reflexión, planteó el llamar a la recreación como “rol histórico”, y abrazar el carácter rolero tradicional. Ciertamente, un recreador podría aprender mucho de un rolero, en lo que se refiere a creación de un personaje y su interpretación. Cada personaje debe ser planteado como un desafío, y debemos tener en cuenta que dentro de un mismo grupo social existe gran diversidad: entre un grupo de templarios, existirá alguien más devoto, otro
  • 8. más descreído, el sanguinario y el piadoso, el que sea gracioso y el que sea serio. No serán, ni mucho menos, todos iguales. Ni siquiera una regla de convivencia relativamente estricta anula la capacidad de recrear a un personaje con una personalidad única e irrepetible. ¿Y si tu templario se encarga de las finanzas?, ¿y si es alguien que se toma muy en serio su religiosidad, y trata de ayudar a los más desfavorecidos? Investigar para saber como el personaje se comportaría, como pensaría, como oraría delante de una capilla o como hablaría con un semejante puede conllevar un intenso trabajo de documentación, que no desmerece nada a la propia investigación en torno al material que usaría o los enseres de los que se ayudaría. ¿No es un reto aprender a hablar y pensar como un hombre del siglo XV? ¿No es un reto rescatar de la historia aquellos pasajes, cientos, incluso miles, que yacen olvidados en archivos y bibliotecas, y que ayudarían a crear una gran sensación de inmersión histórica dentro de un campamento o en cualquier tipo de recreación? ¿No es fascinante la idea de “vivir la historia”? Os aseguro que en Foces tuvimos un poco de esto, y la experiencia fue inolvidable. Pero también, agotadora. Y es que recrear de esta manera, hacerlo aportando una nueva dimensión, una vuelta de tuerca, es tan cansado como combatir con espada y un escudo. El cerebro trabaja duro, y consume nuestras energías. Y sin embargo, quedaréis satisfechos con la recreación a un nivel que no podéis ni imaginar. O sí. Para terminar en torno a la cuestión de “recrear a un personaje”, he propuesto esta reflexión en varias ocasiones a mis amigos. Imaginaos que a vuestro personaje le roban, y le dejan “a la cordobesa” (esto es, desnudo o en ropa interior). Es algo perfectamente histórico. Ahora bien, el ejercicio que se propondría a este recreador, es que aún vistiendo en “ropa interior”, trate de convencernos de que es un hombre o una mujer de una época determinada. ¿Cómo lo consigue sin el componente material? Evidentemente, porque el material no es, ni debería ser, lo único en recreación. Y me atrevería a decir que, en realidad, la base de un buen recreador debería ser esta, y no otra. Porque el material siempre puede cambiarse, o mejorarse, al ser una inversión de tiempo, documentación y dinero. Pero los conocimientos, el trasfondo, su personaje… esto es algo que no puede cuantificarse en dinero, pero si en tiempo y esfuerzo. Compromiso divulgador Citando nuevamente al artículo/reflexión de Guillermo Cózar, hay una idea que me gustaría plantear, y que considero otro de los pilares fundamentales de la recreación: el compromiso divulgador. Muchos recreadores entienden la divulgación a un nivel muy básico. Este nivel, usualmente, suele ser el de la explicación in situ, o el llamado “campamento musealizado”. Sin embargo, estos conceptos o ideas se basan, nuevamente, en posturas anquilosadas acerca de lo que es un guía o un museo. Hace tiempo que un museo, un buen museo, no es un lugar lleno de vitrinas y carteles, donde el visitante va a “leer”. Es un lugar lleno de
  • 9. contenidos de las más diversa índole: reconstrucciones gráficas, maquetas, audiovisuales… La visita se realiza de modo que aquel que pasea por el museo tenga una “inmersión cultural” en múltiples niveles. Para mí, al menos, está claro que una recreación pública no debe disociarse de la divulgación. Pero esta divulgación debe ser algo activo, y no pasivo. Es comprensible, y todos lo hemos sufrido, que en un lugar concurrido y con muchos visitantes, al cabo de 2 o 3 explicaciones en torno a lo mismo, el recreador se cansa y contesta con monosílabos. Es comprensible, como digo, porque su trabajo no es el de estar siempre explicando como si fuera un guía turístico. No obstante, si es deseable que todo recreador conozca y tenga claro su personaje, y al menos por qué viste así, y por qué está allí, y usa unos determinados artefactos, o realiza sus actividades cotidianas. No obstante, el problema de la divulgación tiene varias soluciones, y una de ellas, quizá la más fácil, son las visitas guiadas de grupo. En ellas, un recreador especialmente hábil, comunicativo y con extensos conocimientos, se compromete a guiar en un horario determinado a un grupo de gente en número determinado para que realicen un paseo por el campamento, durante el cual los recreadores, anunciado este acto como parte del programa, pasen a explicar determinadas parcelas de la historia, en varios niveles: qué es esto, por qué es así, para que se usa y por qué. Todo esto podría, de hecho, ser combinado sabiamente con entrenamientos, teatralizaciones, conversaciones con lenguaje de época y demás escenas de campamento que ayudaran al grupo a “creer que están en la época”. Y la recreación ganaría, de hecho, muchos enteros en cuanto a divulgación. Obviamente, aquel que no estuviera interesado en una visita guiada de estas características, siendo avisado en un sencillo folleto, siempre podría pasarse a curiosear, darse una vuelta y marcharse. De todo, y para todos los gustos. Y lo más importante: sin fatigar al recreador en el proceso. Nuevos horizontes El nuevo horizonte no es uno, sino diverso. Horizontes hay tantos como propuestas podamos hacer. Lo principal, sin embargo, es pensar en alternativas, y en alternativas documentadas y justificadas para un determinado territorio y periodo histórico. La historia supera a la ficción, y os invito a leer obras especializadas sobre los más diversos temas: la muerte y el luto, la religiosidad, las fiestas populares, los mercados de ganado… en todos ellos, sacaréis ideas, y entre todos podremos generar nuevas propuestas. He comenzado el artículo hablando de las “grandes citas recreadoras” como Hastings, y de los modelos que han sido imitados. La imitación es algo que, hablemos claro, funciona muy bien en recreación. Pero no debemos limitarnos a imitar, sino a ser creativos, a plantear nuevas propuestas. Si somos creativos, tarde o temprano, seremos los pioneros de algo grande, de algo interesante, que otros imitarán, dentro y fuera de nuestras fronteras. El tesón de grupos organizadores y la connivencia de otros organismos interesados son lo único que puede bastar para que un evento estilo “La corte del rey Alfonso X el sabio” se convierta en el nuevo Hastings de aquellos que desean recrear algo diferente, y para que ocupe espacios en revistas y telenoticias.
  • 10. Si queremos, entre todos, podemos. ¿Por qué no? Recrear el personaje, algo más que teatro: cultura, lenguaje, mentalidad... (Foto de Javier Nievas)