Este documento discute el concepto de "unidad en la diversidad" y argumenta que no es bíblico. Señala que la verdadera unidad requiere sumisión a la enseñanza de Cristo y los apóstoles registrada en el Nuevo Testamento. No debe haber comunión con aquellos que enseñan doctrinas erróneas o pecaminosas, aunque digan ser hermanos. Concluye que la doctrina es la base de la unidad en la iglesia de Cristo.